29 noviembre 2023

Varia

Al parecer, han desafinado lo suyo al tocar el himno en la apertura de la legislatura. Hay quien se ha enfadado por ello: ¡una más del sanchismo! Hombre, a mí me parece lo más adecuado: justicia poética, que le dicen.

Creo que quienes instan a Felipe VI a tomar posición contra el gobierno desconocen que, aparte de ser el rey, es el marido de Letizia. Una semejante toma de posición haría peligrar el trono, que es lo último que quiere la que “no iba a estar toda la vida presentando telediarios”. No, el ser una reina en el exilio no va con ella. Y no creo que la conciencia patriótica de Felipe pase por encima de la seguridad de su matrimonio.

Para mí que el ejército de asesores del presidente del gobierno tiene como labor prioritaria hacer ofertas que no puedan rechazar… Si no, no se explica cómo a este hombre todo se le allana con tanta facilidad. Ahora, Casero: el tipo que se equivocó al votar la reforma laboral era, si hacemos caso a la Audiencia de turno, un prevaricador de cuidado. Se equivocó…



26 noviembre 2023

Varia

Me pasé por la sede del PSOE, en Valladolid, por primera vez desde que empezaron las movilizaciones. Poca gente pero animosa, y no tan sosa como suelen ser los de derechas para estos asuntos. Gritos primarios, a veces groseros, pero constantes. De no ser el más soso de todos habría gritado “No tienes hxxxxx, Pucela no tienes hxxxxx”, con la música de Guantanamera, como es habitual, a ver si la gente se animaba, porque era un poco grimoso ver tan poca gente.

Cinco violadores magrebíes recibirán un curso de educación sexual, por malos. Oh, tiempos en que semejante expresión, “recibir un curso de educación sexual”, sería sin lugar a dudas un eufemismo para sugerir una buena somanta con varas de avellano, incluso con un principio de empalamiento. Aunque, si les dieran a elegir, me pregunto yo con qué se quedarían. Al menos, yo sé qué pingüe tendría que ser la compensación que me ofrecieran si por lo que fuere me rogasen la asistencia a un curso de esos.

“Se habla mucho de amnistía e independencia, pero se debería hablar más de precios” y otras cosas, se pone Feijoo. Di “violencia de género” en lugar de amnistía e independencia y verás lo que te cae. De qué querrá que se hable, nuestro aguerrido líder de la oposición. Creo que un día de estos bloquearé todas las notificaciones sobre el PP. No tengo el hígado para bromas.



22 noviembre 2023

Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel

Ha sido sorprendente, porque, no conociendo nada del teatro de los Machado, más que la Lola, no esperaba encontrarme con un pastiche del teatro áureo, y menos con un pastiche tan perfecto. Unos versos impecables, unas réplicas llenas de ingenio y un buen calco, sin exagerar la nota, del español de aquel momento, te hacen creer, por momentos, que estás leyendo a Lope o a Tirso. Solo no cuadra encontrarte con un acto cuarto. Y, ahora que lo pienso, falta el gracioso. Hay un criado muy agudo, Gil Blas, pero tan serio como el resto del reparto.

Julianillo Valcárcel es un bastardo del conde-duque de Olivares, llamado en realidad Enrique, a quien su padre colma de prebendas que a él le traen sin cuidado. Su drama es el de su amor por la dama Leonor: drama porque él ya está casado (lo han casado) con una Juana. Y Leonor, que le corresponde, sabe también que lo suyo no puede llegar a buen término. Hay una desavenencia al final del acto segundo, cuando Julián piensa que ella se entiende con un tal don Abel. Pero vuelven a entenderse, hasta el punto de recurrir Leonor al disfraz de hombre (otro tópico del teatro barroco). Pero a Leonor le entra la responsabilidad y a Enrique la calentura.

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16 noviembre 2023

Hay un momento en el Don Juan

de Torrente Ballester en que los diablos se hacen cruces (o lo que se hagan los diablos) de que Dios, al crear al hombre, haya caído una vez más en la debilidad de hacerle libre, con el riesgo que eso conlleva, como bien sabían ellos. La historia de la humanidad, al final, no es más que un combate entre el bien y el mal, donde el bien parece llevar las de perder, tantas veces, por eso mismo: porque no puede renunciar a la libertad, sino a costa de dejar de ser bien. En el pasado reciente de España, la izquierda se viene atribuyendo el haber sido el artífice de la democracia, a la que los franquistas (las derechas) no tuvieron más remedio que avenirse. Lo difunden por interés, claro, pero tengo la impresión de que han acabado creyéndoselo porque les resulta sumamente difícil aceptar que el régimen anterior tuviese la debilidad de volver a admitirles al juego político, cuando tenían todo atado y bien atado. Y atado y bien atado habría seguido si no fuera por la creencia en la libertad de la mayor parte de las personalidades que configuraban el régimen. Desde la ley de reforma política para acá, tal como se ve desde la atalaya del 2023, no hay sino una obscena carcajada de triunfo de la izquierda, subsecuente a la gran perplejidad que les causa la dicha debilidad del rival, al que no aspira sino a anular políticamente. Como la libertad humana para los demonios, las libertades políticas y civiles no son, para socialistas y adláteres, más que ocasión para “la gran venganza”, en expresión de Jesús Lainz.



14 noviembre 2023

Judas

 no trató de justificarse con argumentos pueriles.

Bien es cierto que tampoco tenía un proyecto político que realizar a toda costa. 

De todos modos, unas cuantas cuerdas de cáñamo salvarían aún la dignidad de algunos de los 179.



06 noviembre 2023

El otro

El Otro es un tipo convencido de no ser él mismo sino su hermano gemelo, que yace muerto en una dependencia de la casa donde tiene lugar la acción. Las esposas de los gemelos también están obsesionadas con amar al Otro, hasta el punto de que nunca sabemos si Cosme es marido de Laura y Damián de Damiana o viceversa. La confusión de identidades es total. Al margen del conflicto, pero padeciéndolo, están el Ama (de cría de ambos gemelos), el hermano de Laura, Enrique, y el psiquiatra don Juan.

Desde luego, el drama pide parodia desde el minuto uno, como hoy dicen. Ha de haber maneras más inteligentes, creo, de plantear el problema de la identidad, si es que es un problema desde el punto de vista filosófico, que no lo sé. Si La ternura del hombreinvisible me pareció un exceso, este disparate de Unamuno, que sin duda conoció Carlos Rojas y está en la base de su novela, roza peligrosamente el diálogo de besugos, pero sin la gracia de los de Armando Matías Guiu ni de las comedias de Jardiel. Y si soy un ignorante por decir que Unamuno escribía disparates, pues sea.

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05 noviembre 2023

Tarancón al paredón

Forma parte de una colección que lanzó Ricardo de la Cierva allá por los 90, titulada “Episodios históricos de España”. No son novela, como los de don Benito, sino divulgación histórica. Este se dedica al año 1974, un año decisivo, como recalca el autor, porque en él se jugaba el destino del régimen y de España, por supuesto. La partida era entre el llamado búnker y los llamados aperturistas. Aquéllos, partidarios de continuar con el Estado de las Leyes Fundamentales; estos, trabajando para mover las cosas de modo que acabáramos pareciéndonos a una democracia estilo occidental. Franco, por la edad y la enfermedad, era cada vez más una sombra de sí mismo. El asesinato de Carrero, además, le había dado, si no la puntilla, el rejón de muerte. Estas luchas políticas hacen que en España nadie haga demasiado caso a la crisis internacional desatada por el asunto del petróleo el año anterior.

Vemos sucederse episodios como el discurso de Arias Navarro el 12 de febrero (el del famoso “espíritu”), el caso Añoveros (obispo al que se podría aplicar ese calificativo grosero, muy utilizado hoy, derivado del verbo tocar), el artículo de Girón llamando a cerrar filas contra el cambio (el gironazo), el atentado de la calle del Correo, la asunción interina de la jefatura del Estado por Juan Carlos o la amenaza de Marruecos al Sahara, junto a otros sucesos más chuscos, que el autor, que escribe aquí mejor que en otros libros que le conozco, utiliza como salsilla.

De la Cierva, que parte en buena medida de sus propios recuerdos como cargo destacado en el ministerio de Información y Turismo, concede protagonismo en su relato a aquellas personas a las que conoció más de cerca, como el ministro Pío Cabanillas, que acabó destituido por demasiado aperturista; o el médico de Franco, Vicente Gil, más bien cercano al búnker, que gozaba de la ventaja que puede suponerse a la hora de influir en el Caudillo. El título habla de la importancia que concede al autor a la jerarquía eclesiástica en la transición, y en concreto al cardenal arzobispo de Madrid, bestia negra, ciertamente, para los del búnker. Pero en este volumen no pasa de protagonizar, pasivamente, esas amenazas que no pasaron de ripios.

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02 noviembre 2023

LOMLOE

Un cuento contado por un idiota, lleno de esdrújulos y polisílabos, y que nada significa.

Más que ley Celaá, habría que llamarla ley Macbeth.



01 noviembre 2023

Digan

En mi casa solía utilizarse un dicho para expresar que te daban igual las habladurías: “si dicen que dizan, mientras no hazan…” En Yo, el supremo, de Augusto Roa Bastos, que a pesar de su volumen emplea una expresión bastante lacónica, me encuentro con otro menos tosco y muy sabio: “Digan, que de Dios dijeron”.


 


27 octubre 2023

Derribos

Mercedes Salisachs nos cuenta su infancia con el mismo talento narrativo que exhibe en sus novelas. De hecho, Derribos parece una colección de cuentos, construidos con episodios ciertamente notables de la vida de la autora. Destacan su enamoramiento infantil de un emperador, nada menos, en concreto el príncipe heredero del reino de Anam, en Indochina, a quien conoció en un balneario y que por entonces andaba por los quince años; su fascinación por el primo de Francia, en un capítulo que me recordó una película de Hitchcock con un tema similar, aunque en esa ocasión era el tío Charlie (Joseph Cotten) el sujeto del hechizo de la adolescente: en ambos casos, el ídolo resulta un ladrón sin escrúpulos; la muerte violenta de un socio de su padre, el señor Vilalta, impenitente en su ateísmo, cuya voz creyeron reconocer en unos misteriosos gritos que se apagaron (“es el señor Vilalta pidiendo oraciones”) cuando comenzaron a rezar por su alma; la misteriosa ausencia de su madre durante una temporada, y de la que la autora no nos da a conocer el motivo, sea por pudor o porque nunca lo supo; la historia triste de la chica que se casó por amor con un bohemio que solo al final sabemos que se llamaba Andrés Segovia; y, por último, ese desahogo público de su mala conciencia por no haber atendido como debiera a su hermana débil mental, aunque lo que leemos deja la impresión de que no fue para tanto, y que renunciar al matrimonio para cumplir una promesa infantil le habría amargado aún más la vida.

Y, hablando de amargura, ese es el tono que yo diría que prevalece en estas memorias, lo que no deja de chocarme, tratándose de una persona conocida por su fe cristiana, presente también, por otra parte, en el relato, aunque en el modo infantil que corresponde a la protagonista. El título es de por sí significativo, y la muerte y el desengaño están presentes por doquier. En fin, qué sabe nadie.

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25 octubre 2023

La vida sale al encuentro, libro I

No consigo que me interese La vida sale al encuentro, de José Luis Martín Vigil, así que la abandono al final del libro primero, con la intención, como de costumbre, de apurar el segundo algún otro día de estos. Lo cierto es que las inquietudes de este chaval de buena familia que estudia en los jesuitas podrían ser recogidas en el diario de cualquier chico real de su momento y edad: inquietudes de tipo religioso, escolar, o sobre el futuro profesional… También de orden amoroso, aunque él deje este asunto bastante en sordina, como indigno de un chico responsable. El propósito edificante está claro, y no faltan los sabios consejos del director espiritual del mozo, que son quizá lo más enjundioso. El envoltorio de los trabajos y días en el colegio y en casa, los diálogos con hermanos, padres y amigos, no superan el vuelo rasante, aunque a los lectores de la época debió de parecerles otra cosa. Imagino que se utilizó mucho como premio a los alumnos de buenas notas en los colegios de la Compañía, sustituyendo a las Veladas de San Petersburgo de De Maistre



24 octubre 2023

El respeto político a la creencia

El tema laicidad frente a laicismo estuvo muy de moda hace unos años, los que tiene este folleto que reúne artículos publicados en la Nueva Revista fundada por Antonio Fontán. Hoy se habla menos del asunto aunque no es que haya perdido vigencia. Olegario González de Cardedal firma la pieza más extensa, en la que parte de la libertad del ser humano como fundamento de la laicidad, siendo el laicismo la opresión ilegítima de una parte de la sociedad sobre otra. El artículo de Andrés Ollero lo abandono al notar una punzada en el estómago producida por su referencia al “racismo de los españoles frente a los conciudadanos de etnia gitana”. Ignacio Sánchez Cámara considera, con razón, artificial la reapertura, desde 2004, de una “cuestión religiosa” que estaba solventada en nuestro ordenamiento jurídico. No lo ven, sin embargo, quienes consideran que todo espacio público es, por definición, ateo, lo que supone no solo la marginación política de los creyentes, sino la asunción del poder espiritual por parte del poder temporal, lo que abre el camino al totalitarismo. Una para mí desconocida Cristina Hermida del Llano apuesta por una “laicidad de diálogo o activa” que lleve a una colaboración entre el Estado y la sociedad civil en el ámbito religioso. Angelo Scola reivindica un lugar para la religión en el espacio público, ya que esta puede contribuir a mejorar las relaciones sociales y las prácticas virtuosas.

El volumen se cierra con un fragmento de la homilía (¿diría “programática”?) de san Josemaría Escrivá, “Amar al mundo apasionadamente”, como un reconocimiento de su aporte fundamental a esta cuestión cardinal de nuestro tiempo. Hay también una presentación del editor de Nueva Revista, Miguel Ángel Garrido Gallardo, filólogo, acerca de la palabra laico.

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16 octubre 2023

No estamos solos

André Frossard escribe una segunda parte de su testimonio sobre la propia conversión. Nunca en su vida dejó de asombrarse de cómo pasó de ateo a católico en un instante, por una iluminación recibida en una iglesia. Y, sin embargo, pienso que estaba predispuesto, ya que, según él mismo dice, era un ateo de verdad, de esos a quienes la Iglesia les importa bastante poco, y Dios sencillamente sabemos que no existe. Aquello no puede ocurrirle a un anticristiano de esos cuya vida se funda en atacar a la Iglesia porque Dios les ha interpelado y lo han rechazado, esos que cuando rechazan a Cristo están huyendo de su propia fe, como el Juliano de la obra de Ibsen.

Frossard repasa aquí, como en una meditación personal, fragmentos de su propia vida en relación con su descubrimiento de Dios, deteniéndose de modo especial en su experiencia de los campos de concentración, piedra de toque para cualquier esperanza, ciertamente. Me quedo, sin embargo, con la definición que hace del socialismo como un rechazo de la condición humana tal como ha sido querida por Dios:

El socialismo no es una economía; es una metafísica a base de rechazo: rechazo de la condición humana, tal como ha sido formada por los siglos considerados oscurantistas y opresores; rechazo a un creador y a un legislador supremo; rechazo del orden impuesto, aunque éste venga impuesto por la naturaleza, y […] rechazo a convertirse en imagen de otro, tal como la Biblia nos dice que somos […], aunque este otro fuera aquel ser refulgente que los cristianos llamaban Dios y predicaban Adorable antes de denominarlo Omega y de adorarse tan solo a sí mismos.

Es curioso, porque esto define mejor al socialismo de hoy, comprometido con lo queer, lo woke y demás paridas, que a aquel socialismo que aún podía seducir a mentes normalmente desarrolladas. Me apunto también la defensa que hace de María medianera, tomando pie del papel mediador de toda mujer:

No se podía –se nos decía—reconocerle esta cualidad sin retirarle a su Hijo; si bien todas las mujeres (que basan su existencia en interponerse entre el padre y los hijos, entre el mundo y el marido, entre los chicos y las chicas; que son las primeras en recibir todos los golpes de la vida, esforzándose en proteger de ellos a sus íntimos; que son las delegadas de oficio en los duelos y sinsabores…), todas las mujeres serían mediadoras por naturaleza, exceptuada la Virgen María.

Lo último es ironía, claro. He de añadir que no comparto el entusiasmo de José Ramón Ayllón, que lo prologa, por su prosa "bellísima" ni creo que sea un libro tan interesante. 

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10 octubre 2023

Deseo bajo los olmos

El clásico conflicto entre padre, hijo y madrastra joven, esta vez con intereses crematísticos de por medio. Esos intereses crematísticos llevan el nombre de la granja en que viven, cuya posesión se disputan el hijo, llamado Eben, y la madrastra, llamada Abbie, porque el padre es ya vejete. Hay otros dos hijos, hermanastros de Eben, que han aceptado la oferta de este de comprarles su parte de la heredad, con un dinero que tenía escondido bajo un listón de madera. Peter y Simon (que así se llaman) se van a California, más contentos que unas pascuas, en busca de oro. Cabot, que así se llama el padre, no tarda en lucir cornamenta, a pesar de todo, porque la avidez de Abbie no se limita al dinero. Cuando entre hijastro y madrastra consiguen dar otro heredero a Cabot, Abbie ya ha relegado la granja a segundo plano, y en su pasión por Eben llega a asesinar al bebé, pensando que eso le complacía a su amante. Como bien dice el autor de la “nota previa”, ambos aceptan el castigo como deuda con la sociedad, aunque sin estar arrepentidos.

Uno se acuerda de Medea y de Fedra, y también de El castigo sin venganza, aunque con ventaja para estas, claro. De hecho no comprendo por qué esta obra es tan famosa, salvo por recordarte que los temas y los caracteres de la tragedia clásica son eternos.

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07 octubre 2023

Fe

Después de “Anzuelo, sedal y plomo”, Len Deighton puso a cabalgar de nuevo a su Bernard Samson. Esto era en 1994, aunque la acción de su nueva trilogía comenzaba antes de la caída del muro. Deighton no pierde su vis irónica ni, por supuesto, su capacidad de inventar diálogos en que las operaciones de alto nivel se mezclan con los problemas familiares. Alemania del este es aquí la más contumaz de las repúblicas prosoviéticas. Allá va Samson en una nueva misión, siempre con esa crónica sospecha suya de no ser bienquisto por sus superiores. La misión resulta una pifia, pues el tipo que había que sacar de zona roja resulta muerto y el propio Samson deja seco sin querer a un presunto perseguidor. Pero esto es solo el comienzo.

En lo personal, Samson se debate entre dos amores. Fiona, la esposa ante la que “debería arrodillarse” y “ya lo hago, pero siempre me estalla el pantalón y se me sale el culo”, anda algo tocada, según dicen, por la más que abnegada misión que estuvo acometiendo en las entregas anteriores, y que culminó con la muerte de su hermana. A Gloria Kent no le da la gana quitarse de en medio como debería, y Bernard tampoco parece muy interesado en perderla de vista… Trama negra y trama rosa, como de costumbre, imbricándose en una lectura morrocotuda.

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05 octubre 2023

Más provechosa me resulta

la conferencia de José Luis Orella sobre la formación del Estado nacional en julio del 36. Me quedo con algunos nombres: gente eminente que constituyó la base de aquel régimen, que no eran las canciones o los desfiles sino la voluntad de levantar la nación. Dionisio Martín Sanz, José Larraz, José Antonio Suanzes, son los que recuerdo de una nómina que, si pasas la vista luego por los ministerios y las secretarías de la España actual… bueno, se te cae al suelo algún órgano vital y comprendes la inquina que esos tipos, los que les han precedido y los que les van a seguir incuban contra Franco y el franquismo. Es como Caín golpeando una y otra vez contra su hermano y escupiendo sin tregua en su memoria.



03 octubre 2023

Desbarres buenistas

Me entero por Jesús González Maestro de la obra dramática de Gonzalo Torrente Ballester. Solo conocía un título, El viaje del joven Tobías. Maestro dedica una conferencia a Lope de Aguirre, otro de sus dramas, que, como los demás, tuvo un éxito nulo. Al menos puede presumir de parecerse a Cervantes, que entró en la literatura por el teatro pero acabó ocupando un puesto en el Parnaso gracias a la novela.

Maestro comienza haciendo una de sus afirmaciones… ¿cómo se dice tirada de la moto en fino?, pongamos detonantes: que la literatura no aporta conocimientos sino que los requiere. Temerario me parece. No sé si aporta conocimientos, que me parece que sí, pero en todo caso aporta enriquecimiento. Si no, no merecería la pena perder una hora de tiempo con ella, aunque tampoco lo sea todo, como quería el autor de esta última frase.

Luego enfoca el drama de Torrente desde el concepto buenista (de Gustavo) de la libertad (Maestro, en efecto, es un fiel buenista). Creo que el concepto aristotelicotomista de la libertad es mucho más completo y definitorio que este, y desde luego no hace falta inventar pedantemas como libertad genitiva, dativa y ablativa para comprender que gozamos de libre albedrío como seres humanos y que lo ejercemos en la medida en que las condiciones materiales y morales de la sociedad nos lo permiten. De hecho, el conferenciante ya comienza diciéndonos que la libertad es, según su escuela, aquello que nos dejan hacer para conseguir el poder sobre los demás. Lo que da buena fe del reduccionismo con que conciben tan noble concepto.

Entonces, Lope de Aguirre, constituido en poder, lo que hace es ejercer su libertad ablativa, que es la que tiene el gobernante para limitar la libertad de los demás por el bien de la sociedad. Ahora, bien, Lope de Aguirre lo hace en tirano, limitando la libertad no para el bien sino para el provecho de su propia persona. Cosa que se llama dictadura. Y aquí va y, puesto a poner ejemplos de tal, me mete en el mismo saco al botijo con patas de Corea del Norte y a Franco.

Aquí lo abandoné, por supuesto.



30 septiembre 2023

Y luego fueron tres

Geoffrey Homes es el nombre de pluma de Daniel Mainwaring, novelista y guionista. Su fama se debe a Eleven mi horca (Build my gallows high) y su adaptación cinematográfica, hecha por él mismo, Retorno al pasado (Out of the past). El otro día justamente oía a José Luis Garci decir que Out of the past sería más bien Fuera del pasado, que además es donde quiere estar el protagonista; pero también es cierto que el pasado vuelve, como suele suceder en los dramas.

Y luego fueron tres es más bien una historia del tipo quienlohizo, o sea, de descubrir al asesino, de las que por lo visto el propio Mainwaring acabó aburrido. El investigador es en este caso el periodista Robin Bishop, secundado por el detective Humphrey Campbell, siempre en segundo plano pero eficiente. En Los Pinos, California, asesinan a una joven forastera de familia rica que huía de un matrimonio semiforzado. El caso parece combinarse extrañamente con la desaparición de un perro gran danés, propiedad de otro tipo adinerado de la localidad. Más tarde matan también al padre de la joven… y luego fueron tres. A los editores franceses no les gustó este título y, como tienen por costumbre, lo cambiaron, llamando a la novela Marjorie n´est pas rentrée, o sea, Marjorie no volvió. Así entre nosotros, la ocultaron en el ataúd de un perro. Y no destripo más.

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29 septiembre 2023

Tratado de amores de Arnalte y Lucenda

El narrador se encuentra en un lugar inhóspito con una morada siniestra y unos tipos que hacen de plañideros de la suerte de su casero, Arnalte. Este le cuenta al autor sus penas de amor por Lucenda, que no le corresponde ni a tiros, a pesar de sus cartas incendiarias, de sus citas en lo oscuro de la iglesia (en la que Arnalte llega a vestirse de mujer para no dar que hablar) y del celestineo de su hermana, Belisa. Si Leriano, en Cárcel de amor, se deja morir de hambre, Arnalte prefiere una muerte en vida, después, además, de haber matado en duelo a su amigo Elierso, que le traiciona casándose con Lucenda, con la cínica excusa de curarle de su mal de amor.

Estas cosas encandilaban, al parecer, a las damas de la corte en el siglo XV. Estas señoras, a las que se les negaba la educación y todo eso, eran capaces de disfrutar con un estilo latinizante y enmarañado y unos parlamentos donde “todo me pasa a mi” se dice así, por ejemplo:

¡Oh morada de desdichas! ¡Oh edificio de trabajos! ¿Qué es de ti? ¿Adónde estás, qué esperas?, pues claramente las señales presentes la perdición por venir te manifiestan, y guarecer del mal que tienes no podrás, porque tus ojos las escalas de tu fe en tan alto muro pusieron que antes tú caimiento que subida de él esperas. El que más mal tendrá tú serás, y el que menos bien espera tú eres.

Lo mejor de la obra es, sin duda, la serie de décimas que Arnalte dedica a las siete angustias de Nuestra Señora. No sabía de esta devoción de las siete angustias, y mira por donde me vengo a enterar por Diego de San Pedro del sentido del título que se da en Valladolid a la Piedad de Gregorio Fernández sita en la iglesia de San Martín, “La quinta angustia”. La cual es, al parecer, el momento de acoger la Madre en sus brazos al Hijo tras bajarlo de la cruz.

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25 septiembre 2023

Mis amigas las santas

No sé si Colleen Carroll Campbell será canonizada algún día, pero su historia se lee como la de una santa, y lo es, al menos si hacemos caso a Pilar Urbano cuando dice que un santo es un mendigo de Dios, alguien que se dedica a sacarle gracias a Dios a base de petición perseverante. Un santo no es un ser perfecto y la Campbell no lo es: al menos, desde el punto de vista humano, es eso que algunos llaman una agonías: si no hubiera sido por “sus amigas las santas”, se habría puesto al tren un día de estos, teniendo en cuenta como sufría cada vicisitud de su vida, por otra parte no tan arrastrada, o al menos por encima de la media de la humanidad: inteligente, de buen ver, buena estudiante, de familia católica devota… Sin embargo, en el libro te cuenta sus sufrimientos de modo que sales agotado: la dificultad de conciliar matrimonio y trabajo, la muerte de su padre, la esterilidad…

Es el retrato de una mujer sumamente pasional, sí. Que quiere tanto a su novio como a su profesión, que llora a mares por su padre y por la falta de hijos… El episodio de su primer embarazo, casi descartado por los médicos, pero tan pedido que deja en una broma a la viuda del Evangelio, la del juez inicuo, ese episodio, digo, te pone en un sinvivir, porque resulta que estuvo en un tris de perder al menos a uno de los gemelos (eran gemelos, qué menos, después de tanta paliza). Me hizo ir a internet, a ver si me enteraba del desenlace antes de que me lo contara: di un profundo suspiro cuando la vi en una foto junto al marido y cuatro churumbeles.

Bien, el hecho es que la Campbell nos cuenta cómo superó todas esas crisis de la mano de seis grandes santas: cuatro Teresas (la nuestra, la franchute, Edith Stein y la de Calcuta), Faustina Kowalska y la propia Virgen María. Es posible que no fuera todo tan cuadrado, pero ella lo cuenta como si cada crisis hubiera venido acompañada del descubrimiento y de la intercesión de una de ellas. Sin estas amigas, probablemente su vida habría transcurrido como la de tantas otras: divorcios, amantes, antidepresivos… No hizo más que corresponder al eh, tú de lo alto. Y no me refiero al presidente Bush, que la llamó para que le escribiera sus discursos. De esas alturas humanas y sobrenaturales estamos hablando. John, qué suerte tienes, ladrón.

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21 septiembre 2023

De poética y poéticas

Reúne este volumen de la editorial Cátedra (1990) diversos artículos de Fernando Lázaro Carreter. Los cinco primeros, agrupados bajo el rótulo de “Poética”, se dedican a uno de sus temas favoritos, el lenguaje del poema. “Poéticas” incluye unos trabajos sobre la metáfora en Ortega y Gasset (ese “suplemento del brazo” o ese “fusil” que era para él dicha figura literaria) y sobre los autores que se opusieron al realismo literario en torno a 1902 (Unamuno, Baroja, Azorín), con un artículo dedicado en particular a Valle-Inclán. Antonio Machado y Jorge Guillén protagonizan el tercer apartado, mientras que el ultimo, “Figuras”, lo constituyen sendos monográficos sobre la metáfora impresionista y la aliteración.

Seguramente lo que más recuerde sean dos cosas: una, la palabra catacresis, que al parecer designa aquella metáfora que ha ingresado en el léxico del idioma (los ojos del puente, por ejemplo), y nada que ver, por lo tanto, con la cataquesis de mi viejo tendero. Otra, esa filigrana de Jorge Guillén de nunca rimar dos palabras pertenecientes a la misma clase (dos nombres, dos adjetivos), en la que yo nunca había caído, claro. Don Fernando justifica ese alarde desde al punto de vista de la poética, ya que, según él, la rima no es una cuestión musical, sino de relacionar por vía subconsciente (este adjetivo lo pongo yo) dos conceptos en principio sin nada que ver entre sí.

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18 septiembre 2023

Don Quijote y La vida es sueño

Leopoldo Eulogio Palacios utiliza estas dos obras cumbre para ilustrar su teoría del prudencialismo. Don Quijote es un hombre magnánimo a quien lleva al fracaso su doctrinarismo, es decir, la confusión de la realidad con sus fantasías. Algo así como lo que yo llamé en su día (modestamente) Don Quijote ideólogo (véase este artículo, en varias entradas, si tienen curiosidad). Sancho es un buen hombre lastrado por su oportunismo: “la postura del hombre que busca a toda costa el medro personal, pasando por alto la validez universal de los principios morales”. Uno tiene un buen fin y escoge malos medios. Lo contrario de lo que sucede con Sancho. Por fortuna, ambos acaban convergiendo en un punto no vicioso que es lo que Palacios llama prudencialismo, es decir, el arte de ejercitar la prudencia como esta ha sido concebida desde los griegos.

En cuanto a La vida es sueño, Palacios sostiene que lo que está en cuestión allí no es el libre albedrío, del que no dudan ni Basilio (que afirma que las estrellas pueden inclinar, pero no forzar la voluntad) ni Segismundo, que de hecho lo presupone en su monólogo inicial: “…y yo, con más albedrío, ¿tengo menos libertad?”. Lo que enfrenta la obra mayor calderoniana es la tiranía y la “idea de un príncipe político cristiano”, que diría Saavedra. El Segismundo de su primer sueño es, como Sancho, un oportunista, uno que aprovecha el poder para darse gusto; mientras que en su “segunda salida” ha aprendido que lo único que no se pierde, ni aun en sueños, es hacer el bien. Se ha convertido al prudencialismo.

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13 septiembre 2023

La estrella del capitán Chimista

El título es discutible, porque la mayor parte de la novela se dedica a contarnos las peripecias de Embil, mientras que Chimista queda en segundo plano, eso sí, como el más resabiado de los dos y aquel a quien siempre se vuelve en busca de ayuda o de inspiración. Se diría que es él mismo la estrella, más que su buena suerte, que es a la que se refiere el título en cuestión.

La novela, como es frecuente en Baroja, resulta deshilachada, es una sarta de aventuras de corta duración y no demasiado espectaculares, unidas a la descripción de los mares y las costas de extremo Oriente. A veces recuerda a los lances marinos de Pablo narrados en los Hechos. Embil, como Chimista, es un tipo sin demasiados escrúpulos que sabe dominar a la canalla que puebla aquellos puertos y tiene como único norte la aventura y la búsqueda de fortuna. Chimista, sin embargo, sienta la cabeza en las últimas partes de la narración, feliz en su matrimonio con una mujer inglesa.

Diría que la auténtica novela de aventuras está en la primera parte, cuando Chimista y Embil han de enfrentarse al doctor Mackra, un malote antropófago con algo de Fu-Manchú, que nunca se sabe si sobrevivió a la última derrota. Chimista es “relámpago”, al parecer, en vascuence (así lo decía Baroja, que conste): ¿se sacó de aquí Víctor Mora lo del Capitán Trueno?

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11 septiembre 2023

La epopeya de Gilgamesh

Bueno, al parecer el nombre Gilgamesh es paroxítono, según el benemérito editor del poema en Penguin. Yo solía decir Gilgamésh, con acento en el mesh. Pero es cierto que si pronuncias los versos con acento en el ga quedan más eurítmicos. No es bobada.

Digo benemérito porque es admirable eso de dedicar la vida a un idioma arcaico con caracteres endiablados como el acadio o el sumerio, y quemarte la vista entre tablillas. Como decía el Gallo, hay gente pa tó.

Se trata de un poema épico del tercer milenio antes de Cristo que se va desvelando a medida que se descubren nuevos fragmentos. Con lo que hay tenemos una idea bastante aproximada. El citado editor, Andrew George, tapa los agujeros, hasta donde es posible, con versiones provenientes de fuentes diversas, como hizo Menéndez Pidal con el Cantar del Cid.

El argumento del poema es asequible en un susurro a Google (aquí por ejemplo) y los temas, amistad, amor, muerte, poder, no sé si les suena. Lo único difícil son los nombres de algunos personajes. Me suena la diosa Ishtar, por Conan (Howard era tan copión como Víctor Mora, a la hora de inventar nombres). Sí, porque esto es un cuento de dioses y hombres, como los de Homero. Tres milenios creyendo en tonterías. Espero que no nos tiremos otros tres creyendo en los cien géneros y en la transexualidad. En todo caso, lo mejor que dejó el politeísmo fue literatura.

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09 septiembre 2023

Cartas a Tina

Plaza y Janés las publicó en volumen en 1967, al cuidado del poeta Jaime Ferrán, antes de que lo hiciera ya en nuestro siglo Áltera con el título original de Tina y la guerra grande. Salieron periódicamente como una serie de glosas, que son a Eugenio d´Ors como las greguerías a Ramón Gómez de la Serna, y tienen como motivo el estallido de la Primera Guerra Mundial, que preocupó hondamente a Xenius porque la entendió como una guerra civil europea.

Tina es una imaginaria niña de siete años que uno puede interpretar como le parezca, pero no cabe duda de que es símbolo de algo, tal vez de un nuevo renacimiento de Europa: una vida incipiente y frágil, amenazada por la guerra. Inmediatamente me recordó a la Rosa Krüger de Sánchez Mazas, por lo que comparten con la Beatriz dantesca: belleza caucásica impalpable, angelicalizada, preñada de simbolismo. Tina es alemana y pariente del yo elocutivo, que se dirige a ella como en una oración intercesora por su país y por la vecina Francia, en las que sigue contemplando el esplendor del Sacro Imperio. A diferencia de las donnas citadas, Tina tiene familia, entre la cual un hermano soldado, por lo que me recuerda también a la Natasha de Guerra y paz. Sin embargo, ella misma no suele aparecer más que como tú epistolar, sin realizar acciones, lo que acrecienta su carácter de ideal, de Europa Dulcinea, por parafrasear a García Nieto.

Solo en la otra vida está nuestra esperanza, está claro. Eugenio d´Ors estaba lejos de imaginar que, lejos del gran Camelot que él parecía soñar, al cabo de un siglo Europa estaría en manos de unos impresentables bufones empeñados en hacer tragar ruedas de molino a una ciudadanía de gordos infecundos. ¿Cómo consecuencia de aquella guerra? Quién sabe.

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06 septiembre 2023

En defensa del fervor

Se trata de una colección de ensayos, o artículos, de Adam Zagajewski, a la que en El Acantilado han dado el título de el primero de ellos. Voy a destacar la necrológica que dedica al pintor y poeta Czapski, “amigo y maestro”, interesante personaje que vivió las vanguardias artísticas de Polonia pero que hoy es, ante todo, el personaje al que fue dado investigar la matanza de Katyn, investigación que recogió en un libro publicado también por El Acantilado junto con las memorias de aquellos “años de hierro”. Era el hombre del “no lo sé”, que por lo que leemos tiene un significado socrático, de humildad intelectual, y no de agnosticismo, pues era hombre de fe, y tampoco es el “no lo sabía” que denunciaba Nicolae Steinhardt, ya que, por ejemplo,

…en 1949 declaró en el proceso de David Rousset que en la Unión Soviética sí que había campos de concentración y lo hizo delante de los fanáticos comunistas franceses que lo acusaban de ser un agente de Goebbels.

Sencillamente,

había conservado la libertad de un niño eterno, al igual que el sentido del humor de un eterno adolescente. El sufrimiento lo fascinaba, pero también le gustaba reír; el talante religioso no mata el sentido del humor, sino que lo cultiva y desarrolla.

Algún otro amigo muerto es también objeto de semblanza, como Zbigniew Herbert o Czeslaw Milosz: del segundo tenía noticia, del primero no. El resto son meditaciones relacionadas con el arte, la literatura y las ciudades de Europa, a las que su prosa brillante consigue comunicar interés. Incluyendo la pregunta del millón:

¿Por qué Brecht se puso al servicio de Stalin? ¿Y por qué Neruda sentía admiración por aquel mismo déspota? ¿Por qué Gottfried Benn confió durante unos meses en Hitler? ¿Por qué los poetas franceses dieron crédito a los estructuralistas? […] ¿Por qué hay tantos poetas mediocres, cuya vulgaridad resulta desesperante? ¿Por qué los poetas contemporáneos –centenares y miles– se conforman con la tibieza espiritual, con sainetes irónicos nimios y artesanales, y con un nihilismo elegante y a veces casi simpático?

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02 septiembre 2023

Pequeño mimo

Al cabo de tantos años de búsqueda infructuosa, por fin me entero del título y la intérprete de la canción que me aficionó a la música country, y que no había vuelto a oír desde que TVE la puso como fondo de un anuncio de hojas de afeitar.

Ha tenido que ser, claro, que un alma buena subiera a internet el dicho anuncio, que antes no estaba o que yo era incapaz de encontrar. Una vez hallado, un toque de Shazam y ¡Eureka!: Get acquainted waltz, de Mary Kay Place, una cantante que desconocía absolutamente a pesar de mis varias décadas de buen aficionado. Ahora, gracias a la radio en streaming y esas cosas, puedo oírla completa.

En fin: un plato de sopas con vino, y algunos me entienden.




01 septiembre 2023

En Flandes se ha puesto el sol

Mi idea sobre esta obra antes de leerla: es un vano ejercicio de nostalgia del teatro del Siglo de Oro y de las glorias imperiales. Otra noticia más matizada: la que me llegaba de un señor experto en teatro (no sé si era Ruiz Ramón o García Lorenzo u otro, en todo caso, de ideas progres) que intenta “salvar” la obra recurriendo al momento en que un personaje flamenco le dice a otro que ellos tienen la libertad, representada por una imprenta, mientras que los de enfrente son la tiranía.

Que la obra exalta a los tercios españoles es cierto. Que hay un verso que dice rotundamente “tú eres la libertad, y ellos España”, también. De lo cual deduzco que Marquina quiere que asistamos al choque entre dos sistemas de valores, el antiguo y el moderno; el que pone por delante las libertades civiles y el que se basa en la hidalguía y el honor (“España y yo somos así, señora”, es otro rotundo verso, más famoso que el otro, por cierto). El matrimonio entre el español don Diego y la flamenca Magdalena vendría a ser una apuesta por la conciliación de ambos mundos.

Aparte de esto, Marquina maneja bien el conflicto dramático que se da en unos personajes sujetos a la vez al deber patriótico y a los lazos familiares. Y no me resultan antipáticas esas “cataratas de versos”, que decía chuscamente don Fernando Lázaro refiriéndose no sé si a él o a Zorrilla. Por lo demás, están ausentes esas truculencias típicas del teatro romántico y que sirvieron de pasto a Muñoz Seca con su Don Mendo.

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30 agosto 2023

Una pena en observación

“Solo fluye en el mundo la tristeza”, decía Dámaso Alonso, y aquí Lewis coincide con él, contemplando la tristeza como un proceso o un camino que atraviesa diversos paisajes. Lewis aprovecha cada uno de esos meandros para diseccionar ese sentimiento desde la propia experiencia.

La muerte pone a prueba todas nuestras convicciones: es fácil confiar en la resistencia de una cuerda cuando solo tiene que arrastrar una caja con poco peso en su interior, pero si se trata de quedar suspendido de ella sobre un precipicio… Es el ejemplo gráfico que resume todas las incertidumbres ante la muerte de su esposa, que Lewis explaya ante el lector en un sorprendente ejercicio de confesión pública. ¿Qué sentido tiene preguntar “dónde está ahora H. [Joy Gresham]”? ¿Está acaso en alguna parte? Pero, inevitablemente, la muerte lleva a pensar en Dios, y si uno lo hace con serenidad y superando la ofuscación causada por la pena, llega a la conclusión de que Dios es esperanza. Pero la esperanza pasa por aceptar que Dios es padre y que nosotros somos el niño que tantas veces no entiende. “El amarillo es cuadrado o redondo? Lo más probable es que la mitad de las cuestiones que planteamos, la mitad de nuestros problemas teológicos y metafísicos, sean algo por el estilo”.

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05 agosto 2023

El libro de Carmen Laforet

Agustín Cerezales ha reunido una buena cantidad de escritos de su madre, junto con fotos, y ha sacado este libro que es un estupendo homenaje con motivo del centenario de Carmen Laforet. El material se acompaña con comentarios del propio Agustín, de modo que tenemos una semblanza bastante completa de doña Carmen, por supuesto desde el amor filial, con ausencia de todo dato negativo sobre su persona, ni falta que hace.

Hay dos cosas que me han gustado. La primera: no sé cómo piensa Agustín Cerezales, pero desde luego no carga las tintas, como suele ser habitual, en lo negro de los años de la dictadura y tal y cual. De hecho, todo eso apenas está presente, salvo alguna fugaz alusión a la censura. Tampoco los escritos de Carmen Laforet reflejan toma de partido, y su narrativa se centra más en los seres humanos que en lo social. Este libro es, de hecho, bastante ponderado en todo, sin filias y, sobre todo, sin fobias.

Lo segundo es el breve homenaje a su padre compendiado en un pie de foto: “Periodista, crítico literario, escritor. Inteligencia, saber y memoria enciclopédicos, sentido del humor, bondad y tolerancia: Carmen supo elegir.” Me gusta porque don Manuel parece siempre un poco orillado cuando se habla de la autora de Nada, y como encima se separaron hacia 1971 parece que se le quiere hacer pasar por la bruja en el cuento de una mujer que amaba la libertad. No es más que una impresión, pero me alegro de este tan breve como intenso homenaje en un libro que, por pudor, imagino, deja más bien de lado las anécdotas familiares.

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01 agosto 2023

El lirio del PP

Es posible que en ese empeño del PP por ver en el PSOE solo una alternativa haya algo más que papanatismo. Es posible que se trate de miedo a la verdad. La historia de España en los últimos cincuenta años se sostiene sobre el empeño en construir una democracia similar a las que se consolidaron en Europa occidental tras la segunda guerra mundial. Esta es, al menos, la visión de los que hicieron la transición desde el anterior régimen. En la visión de estos, los partidos de izquierda (PSOE, PCE) se hallaban en el mismo empeño. Fueron graciosamente invitados a la fiesta, e incluso se les dejó que creyeran que eran los protagonistas del cambio. Hasta que alguien empezó a asomar la pata, alguien llamado Zapatero, y lo hizo urgido por unos acontecimientos que parecían ir a pasarle la legitimidad democrática a la derecha: me refiero a una casi lograda victoria sobre el terrorismo. Ellos, la izquierda, titulares de la legitimidad democrática por graciosa concesión de la derecha, no podían consentir esa victoria, porque para ellos el objetivo no era una democracia europea sino el triunfo final en la guerra civil: objetivo mantenido y visibilizado a través de años y años de “memoria histórica”. El terrorismo no era el enemigo, lo era y lo había sido siempre la derecha. Así que choca esos cinco, ETA, y todos contra el enemigo de siempre.

Para el PP, es duro mirar de frente la realidad, es decir, que para el PSOE y su izquierda ellos no son una alternativa democrática, sino el enemigo a batir. Cualquier otro actor, como los separatistas, será circunstancialmente un aliado o un rival: desde matarlos con mercenarios a modificar el código penal para exonerarlos de sus delitos, cabe toda una gama de entendimientos/desentendimientos.

No quiere mirar la realidad, el PP: No quiere oír los no pasarán. Es demasiado duro. Prefieren encapsularse en su virtual mundo democrático donde los únicos malos son los extremos. Siguen paseando su lirio. Morirán en la inopia voluntaria.



28 julio 2023

El gran Gatsby

Si hacemos caso al lema*, Jan (Gatz) Gatsby dedicó su vida a convertirse en un hombre rico para recuperar el amor de Daisy (en la novela casada con el infiel Tom Buchanan). Entonces la tragedia vendría a ser que, en un mundo donde las grandes palabras ya no significan nada, semejante lucha titánica aboca al infierno de los aburridos, que diría el otro. En realidad, todos los personajes parecen no saber a dónde tirar con sus vidas, y ni la infidelidad amorosa resulta excitante.

Según un crítico, la película de 1974 resultaba “una sesión de fuegos artificiales de excesiva duración”. Aquí los fuegos artificiales, que imagino aluden a la espectacularidad de los fiestorros que da Gatsby en su mansión, se hallan bastante atenuados y se da más cancha a lo psicológico, la psique de unos hombres y mujeres, ya digo, bastante vacíos. La historia avanza conducida por el otro protagonista, Nick Carraway, para quien su vecino, Gatsby, resulta una incógnita a cuyo despeje nos invita a contribuir.

Una de las grandes novelas del siglo XX, dicen. Seralo.

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*Ponte el sombrero de oro, si eso la conmueve; si puedes saltar alto, salta también para ella, hasta que grite “Amante del sombrero de oro, amante saltarín, ¡tienes que ser mío!


26 julio 2023

Elvira Coloma

Elvira Coloma es una novela decimonónica publicada en 1942. Y no estoy haciendo ningún reproche: podría figurar sin desmerecer entre lo mejor de Juan Valera o de Pereda, no me atrevo a subir hasta Galdós o Clarín. La protagonista es una de esas mujeres infelices de que está poblada esa narrativa, no solo la española: Madame Bovary, La Regenta, Ana Karenina, Effi Briest. Hay mucho de La Regenta, en concreto, pero más que nada en el retrato de los personajes secundarios, ridículos a fuer de vanidosos, cada uno con su tema y sus muletillas, dialogando en el Círculo de Recreo y los salones aristocráticos.  Elvira es infeliz en su matrimonio pero no padece las neuras de Ana Ozores, sobre todo porque es una criatura mucho más frívola y apenas aspira a nada en la vida, de modo que se conforma con suscitar esperanzas, para divertirse, en sus admiradores, sobre todo el otro protagonista, Evaristo Uría. Lo suyo es un aburrimiento superficial. Su marido no es tampoco el grotesco Víctor Quintanar sino el no menos escéptico (que ella) Evencio Pascual, seguro de la virtud de su esposa y que por ello no pone reparos a que se vea a solas con cualquier otro.

Con estos mimbres sale una trama de guante blanco, donde no hay adulterios consumados ni violencias mortales y donde, al cabo, prevalece la sensatez, lo que satisface desde el punto de vista moral pero menos desde el novelesco. No falta un duelo, pero la víctima se recupera en seguida. Podríamos decir que la trama arranca, después de unos cuantos capítulos de presentación, cuando la hija de Elvira se pone de largo y Uría se ve dividido entre madre e hija, que le corresponden de diferente modo, siempre limpio. Mantiene el interés la prosa impecable del sepulvedano Francisco de Cossío, que ha ambientado la obra en un Valladolid que conocía bien pero que nunca nombra como tal.

Podría ser, de hecho, la novela vallisoletana que no vio el XIX. Para que no falte nada a su aire de realismo tradicional, el narrador es externo y omnisciente, y cuenta su historia de manera lineal salvo el prólogo y el epílogo, que ocurren unos treinta años más tarde, a lo Retorno a Brideshead, con un Evaristo Uría que revisita la ciudad tras una prolongada ausencia.

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23 julio 2023

Matanzas en el Madrid republicano (y IV)

La prepotencia de las milicias frente al gobierno republicano se explica suficientemente si consideramos que la obediencia de aquellas era para los jerarcas soviéticos y no para unos ministros que estaban literalmente de adorno y a los que dichos jerarcas trataban como auténticos peleles. Dos ejemplos.

Estaba yo, sentado, de conversación con el Presidente [del Consejo de Ministros, Largo Caballero], en su despacho. De repente, se abrió la puerta, sin previo aviso, y entró un hombre con el gabán puesto y el sombrero hongo echado para atrás. Nos echó un vistazo y se sentó en un sillón sin pronunciar una palabra ni hacer el menor saludo, con el abrigo puesto y el sombrero en el cogote. Se sacó un periódico del bolsillo y se puso a leer. Yo me quedé con la boca abierta. ¡Se trataba de Rosenberg, embajador de Rusia!

[…]

Miaja [ministro de la Guerra] sentado ante su mesa de trabajo a un extremo del gran despacho y yo a su lado. En ese momento empezamos a hablar. Entonces, al otro extremo de la estancia, se abre una puerta, entra un hombre con uniforme ruso, un oficial, probablemente capitán…, nos mira y se dirige al General, sin la menor muestra de deferencia, como se habla a un ordenanza: Où est un tel (¿dónde está fulano de tal?) El General balbucea: Il est sorti par là (ha salido por allí) y señala una puerta. El ruso atraviesa la sala, sale por esa puerta, sin dignarse dirigir al General otra mirada, sin más palabras. De hecho, ni siquiera dijo ¡gracias!

El mismo Miaja, además capitán general de Madrid y presidente de la Junta de Defensa, se negó a facilitar a Ricardo de la Cierva (hermano del aviador y protegido de Schlayer) la salida de España por miedo a que los milicianos lo reconocieran en el aeropuerto. “Si en Barajas lo reconoce un miliciano lo mata sin más” …

En fin, este es el “gobierno legítimo de la República” que pudo ver en Madrid el cónsul de Noruega. Todo muy bello e instructivo, que diría el otro, si tienen la paciencia de soportar las continuas comas entre sujeto y predicado que perpetra el editor. Mejor cojan la edición de Espuela de Plata, a ver si está más cuidada.



21 julio 2023

F.Ibáñez

Tengo que interrumpir mi cadena de comentarios sobre el libro del señor Schlayer, pero qué remedio: ha muerto el hombre que más ratos divertidos me ha hecho pasar en esta vida, quizá junto a los guionistas, dibujantes y dobladores de la serie Merrie melodies de la Warner, y hay que decir algo, aunque ya se haya dicho casi todo.

Cuando me empezaron a comprar tebeos de Bruguera estaban a cinco pesetas, aunque eso duró poco: en seguida subieron a seis, siete, ocho… Bien, el caso es que en las historietas que más destacaba cada tebeo, por más largas y por ir en las primeras páginas, aparecía la firma F. Ibáñez, con un asterisco en lugar de punto. Era el primer Ibáñez que conocía, no en vano uno tenía ¿seis? ¿siete años? y no tenía noticia del señor Blasco ni del tipo que berreaba poemas de Alberti y de Góngora y que por esas mismas fechas seducía a todos los que jugaban a jugarse la vida contra el dictador.

En el DDT eran Pepe Gotera y Otilio, en el Din Dan Rompetechos, en el Tío Vivo el botones Sacarino, y en cuanto a Mortadelo y Filemón, creo que aparecían primero en Pulgarcito, antes de que saliera la revista titulada con el nombre del calvo con gafas. Se trataba de las estrellas de cada semanario y, como digo, llevaban la misma firma. Hay que decir que pillé a Ibáñez en su mejor momento, a raíz de publicar El sulfato atómico, que inauguraba las historias seriadas de la pareja de la TIA y que le consagró de modo definitivo. Si me preguntan qué selección se puede hacer de Ibáñez, mencionaría sin dudar esos títulos que van, aproximadamente, del 70 al 80, junto con las contemporáneas de los otros personajes citados.

¿Qué tenía de especial? Una capacidad sin límites para hacer un gag cuando todavía no te habías repuesto del anterior, de modo que te veías obligado a hacer una pausa para no fenecer de un shock. Y un arte sin igual para las caras de susto o de cabreo, sentimientos que eran todo el sustrato de sus historietas, y que nos servían, sin duda, de catarsis, como habrían dicho los griegos. Todo ello potenciado por los surrealistas “efectos especiales”, como los disfraces de Mortadelo o las increíbles armas ofensivas que se sacaban de la manga las víctimas de las meteduras de pata del socio.

En mis estantes luciría en lugar de honor una recopilación de toda su obra en ese período. Sin comentarios, por supuesto, y menos comentarios de listillos que quieran incidir en lo sociológico, como es tan desafortunadamente habitual.



14 julio 2023

Matanzas en el Madrid republicano (III)

De hecho, una vez en las checas, uno no podía esperar nada de la policía, que “quedaba limitada a registrar la masa de personas denunciadas o traídas al azar”.

La custodia y vigilancia de los presos en las cárceles ya no incumbía a los órganos policiales sino a los milicianos de cada partido político […] Nadie controlaba estas cuevas de bandidos, nadie sabía la identidad de los hombres y mujeres que allí languidecían injustamente […] En calidad de jueces actuaban, en parte, golfillos de dieciocho a veinte años.

Tampoco se trataba de algo que al gobierno se le hubiera ido de las manos. En realidad,

tan perfecta era la conexión entre el gobierno y los asesinos, que [a raíz de una protesta del propio Schlayer ante Álvarez del Vayo, ministro de Estado, por la profusión de cadáveres en la vía pública] toda la organización existente se transformó en pocas horas: ahora ejecutaban a las víctimas fuera de Madrid, en lugares apartados…

Una tragedia añadida, de la que había oído hablar poco, fue la de los que abandonaron sus pueblos por instigación de las milicias, cuando la llegada de los nacionales era inminente. Abandonaban todos sus bienes y constituían largas columnas de refugiados, que en buena parte alimentaron luego las propias milicias, al carecer de otro modo de ganarse la vida; pero también suponían un lastre para los propios rojos, que los empujaban cada vez más lejos. Los nacionales “encontraban a su paso siempre pueblos vacíos”.

Las milicias entraron en el pueblo y nos dijeron: “dentro de dos horas os tenéis que marchar todos, y al que se quede lo fusilamos.”

Este afán por dar gusto al gatillo no lo era tanto cuando había que enfrentarse cara a cara al enemigo. Regresando a su pueblo, Schlayer se encuentra con unos guardias de asalto de su confianza, que le cuentan que se hallan allí con la misión de disparar contra los suyos que escapan del combate:

Tan pronto como los otros empiezan a disparar, echan a correr, escapando.

El responsable político de aquella posición se hallaba a dos kilómetros del frente, con el Estado Mayor:

No quería que fuéramos hasta allí [hasta la línea del frente] porque había demasiado peligro. (Probablemente para él…)

Y quizá el peligro no era solo de los nacionales, porque las milicias eran poco receptivas a las órdenes:

…unos milicianos, a quienes el Director General de Seguridad recibió en su pomposo despacho para reprocharles unas acciones nada honrosas, le hicieron la siguiente declaración: “Si no cierras el pico, te damos a ti el paseo”.

Sin las Brigadas Internacionales, dice Schlayer, “las milicias se hubieran dispersado ya a finales de 1936”. Lo que no deja de tocarme un poco el orgullo patrio, pero hay que tener en cuenta que los Internacionales venían con el objetivo expreso de combatir y estaban sometidos a una disciplina férrea, al contrario que los milicianos, que se encontraron de repente con un fusil en la mano.



 

10 julio 2023

Matanzas en el Madrid republicano (II)

Ni que decir tiene que, ante el espectáculo diario de los paseos, las pretensiones culturales de ciertos grupos resultasen un sarcasmo:

¡Cómo se profanaba el nombre clásico de Atenas, en todos los barrios de la ciudad, al asociarlo con los “ateneos libertarios”, cuya única finalidad consistía en el robo y el asesinato colectivo!

No se trataba ya solo del asesinato, sino del ensañamiento:

Invitaban a las víctimas a que se escaparan para salvarse, a continuación les herían con disparos sueltos y, al caer, les mataban, disparando a bocajarro.

[…]

Prefiero no describir en qué circunstancias tan horrendas, con qué bestialidad y en medio de qué tormentos físicos y psíquicos se practicaron muchos de dichos asesinatos.

A lo que se añadía la exhibición de la muerte:

Hombres, mujeres y niños peregrinaban cada mañana, sobre todo en el propio Madrid, a los lugares, concretos y conocidos, donde se perpetraban los asesinatos nocturnos y contemplaban, con interés y con toda clase de comentarios, el “botín” de la cacería. Se había convertido aquello en un horrendo espectáculo popular, en el que así se destruía todo sentimiento de respeto hacia el carácter sagrado de la muerte, en un país en el que, antes, no había nombre, ni maduro ni joven, que pasara cerca de un coche mortuorio sin descubrirse.

(Se me ocurren dos cosas: una, la comparación con algo que cuenta Andrés Trapiello con cierta sorna, sobre un llamamiento hecho desde El Norte de Castilla para que la gente no acudiese a las ejecuciones públicas, hechas por los nacionales, claro: “…son públicos, en verdad, tales actos, pero la enorme gravedad de los mismos, el respeto que se debe a los desgraciados…”. Otra, el espectáculo dado por los socialistas de hoy con su afán sacar de sus tumbas a los enemigos políticos de ayer, en antítesis a ese “respeto hacia el carácter sagrado de la muerte”. Llamad hipocresía a lo del Norte, si queréis. Para lo otro hay nombres mucho peores.)

Hemos aludido a la entrega de la autoridad por parte del gobierno. Hay que añadir que la judicatura tampoco estaba en condiciones de impartir justicia, pues, aunque se dieran casos de jueces que se atrevieran a detener a criminales (Schlayer relata un caso) la mayoría se inhibían: sabían que

eran muy pocos los que salían con vida, una vez que caían en una de esas semioficiales “checas”, como en Madrid las llamaba la gente.

Eran, también, conscientes de que la policía colaboraba con los asesinos:

Un bandido de 28 años, García Atadell, estaba al frente de una brigada de la Policía estatal, por medio de la cual no solamente cometía los más inauditos desvalijamientos, sino que, en cientos de casos, entregaba a las víctimas de los mismos, no a la Policía sino a las “checas” sanguinarias.