15 abril 2024

Mañanas de abril y mayo

Es una comedia de enredo, de esas que se siguen mejor en la representación que en la lectura, sobre todo si el texto carece de indicaciones de aparte y otras acotaciones que faciliten el saber qué hace cada personaje en escena. La trama se basa en la confusión entre las identidades de doña Ana y doña Clara, que visten igual y muy tapadas, y además se hallan en el mismo espacio con frecuencia. La primera es pretendida por don Juan, que se refugia en casa de don Pedro, vecino de doña Ana. Y la segunda es la esposa de don Hipólito, figurón jactancioso que se prenda también de Ana sin saber cuándo se dirige realmente a ella o a su mujer. Hay un don Luis, amigo del figurón, que pretende vengar una muerte causada por don Juan, y hay un criado (gracioso por supuesto), dos damas de compañía y un viejo. Todo se desenreda, por supuesto, felizmente al final, y el parque donde sucede buena parte de la obra y esas mañanas de abril y mayo, aludidas al final de cada acto, contribuyen al ambiente placentero y desenfadado.

Esta, por cierto, es la comedia en que Valverde vio una anticipación a ciertas técnicas del teatro contemporáneo (¿Brecht?), cuando el criado Arceo habla como siendo consciente de ser un personaje: “¡Pues no acaba la comedia!”

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12 abril 2024

El dios salvaje

En la secuencia original de las aventuras de Alix, este título sigue a La tumba etrusca, y no a La isla maldita como en la vieja edición de Oikos-Tau, que las sacó de modo un tanto caótico. De todos modos, se agradece a Oikos-Tau que nos diera a conocer a este personaje: ¡oh el olor embriagador de esos álbumes apilados en la librería de Galerías Preciados, junto con Los cuatro ases y las Alegres historietas de Bruguera! Bien, el caso es que El dios salvaje sucede a esa fenomenal trilogía que componen Las legiones perdidas, El último espartano y La tumba etrusca. Podría decirse que es una secuela de El último espartano, con la reaparición de Adrea, la reina de aquella ciudadela escondida que aspiraba, nada menos, a restaurar el esplendor de Esparta. La historia tiene lugar en la Cirenaica, en el norte de África, y, como de costumbre, Alix Graccus tiene sus más y sus menos con los naturales de la zona, pero también con los romanos, asentados en la ciudad de Apolonia, aún en construcción, ya que entra (Alix) con mal pie en la vida del jefe del campamento militar.

Como es habitual últimamente (en los últimos…  ¿treinta años?), el volumen va acompañado de comentarios sobre el autor y su obra. Me alegra ver que el comentarista llama “la edad dorada de Alix” a esos cuatro álbumes, porque, en efecto, el dibujo siempre me gustó mucho más que el de los episodios anteriores, de los que de chico solo conocía La garra negra. Las legiones perdidas me parecía que albergaba una gran superproducción cinematográfica.

En este número Jacques Martin sigue acercándonos a diferentes zonas del imperio, en este caso al norte de África. Es una de las señas de identidad de este cómic, uno de los más instructivos que conozco y no solo por los guiones: el dibujo es admirable, aunque más en lo paisajístico (y me refiero a paisaje rural y urbano) que en las figuras humanas, que se parecen demasiado unas a otras; para ser exactos, diríamos que tiene cuatro o cinco moldes. No deja de ser otra seña de identidad.

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09 abril 2024

Padres fuertes, hijas felices

El título es de por sí todo un epítome del libro. Pero, ¿qué significa ser un padre fuerte, en el contexto actual? Básicamente (y me refiero a o que se deduce del libro de Meg Meeker) se trata de no ceder al ambiente permisivo y ser capaz de poner a tu hija unas normas de comportamiento de las que no debe apearse mientras viva en tu casa. Y siendo consciente, además, de que eso no va en detrimento del amor que te profesa tu hija, por más que de momento te grite o se ponga de morros. Porque la idea central del libro es que el primer amor de una hija es su padre, y este debe hacerse merecedor, día a día, de ese amor. Usted es el héroe de su hija, dice de mil modos la doctora Meeker a los padres que la leen. Y eso es importante porque según sea el padre será el marido: ella va a elegir conforme a lo que conoce.

Y así, la autora se muestra implacable con el permisivismo reinante: ha conocido (una gran parte del libro se dedica a narrar casos reales que han pasado por su consulta, y esto es importante, porque ya sabemos que la gente responsable, la fachosfera que dicen los otros, acusa un déficit de relato que no compensa el superávit de argumentación), ha conocido, decía, demasiados casos de depresión, suicidio o enfermedad irreversible causados por una iniciación sexual temprana como para andarse con chiquitas en ese sentido. Y le basta para considerar la depresión como una enfermedad de transmisión sexual, lo cual es una de las afirmaciones más llamativas del libro, no cabe duda, pero bien cierta, a tenor de lo que vemos. Corren malos tiempos (esto lo digo yo) para ser mujer, tanto como para ser hombre, pero sin duda las mujeres lo pagan más caro, al menos a corto plazo.

Por supuesto, no se trata solo de poner normas: hay que ser un padre, no un legislador. Se trata de pasar tiempo con ellas, detraerlo incluso de esas cosas que parecen muy importantes. Y sin pararse en barras de que eso no le va a gustar porque son cosas de hombres y tal: a las chicas les gusta estar con sus padres, de cualquier modo: llevarlas al fútbol, de excursión en bici, a lavar el coche… Y mostrarles siempre que, si tú eres su héroe, ella es también para ti el amor de tu vida. En una época en que hay que desenvainar la espada para defender que el pasto es verde, un libro como este debería ser un catecismo para todo aspirante a padre de familia.

No quiero dejar de hacer notar que el título original es Strong fathers, strong daughters. No sé por qué esa sustitución por “hijas felices”, que parece una concesión a esa búsqueda obsesiva de la felicidad propia de nuestro tiempo. Habían hecho lo más difícil, que era publicar una traducción, y mira tú…

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07 abril 2024

Si quieren un buen resumen

de lo que fue el Concilio Vaticano II, les recomiendo esta conferencia de don Onésimo Díaz. Se trata de un hombre que conoce bien la historia de la Iglesia en el siglo XX. Solo le haría una sugerencia: a la hora de poner ejemplos de intolerancia religiosa (lo hace a propósito del documento Dignitatis humanae), se puede escoger entre muchos sucesos y no necesariamente hay que echar mano de la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos. Hay ya mucha gente empeñada en sacudirse ese complejo de inferioridad del español y plantar cara a una leyenda negra que ha durado demasiado: vamos a secundarlos en lo posible. Don Onésimo trata de salvar (es muy plausible) a la jerarquía eclesiástica en esos casos de intolerancia, haciendo notar, por ejemplo, que era el brazo secular quien aplicaba las penas a los declarados herejes por la inquisición. Pero no hay que olvidar que fue el propio Papa quien alentó, por ejemplo, la cruzada contra los cátaros, que fue, desde luego, más cruenta que la expulsión de los judíos. Durante mucho tiempo la preservación de la sociedad cristiana fue entendida como competencia de los príncipes (no diré el Estado, que es algo más reducido en el tiempo). No es solo, pues, que por entonces “pareciera algo bueno”, como dice don Onésimo, la expulsión de los judíos. Conviene precisar algo más, porque si no, estamos en lo de siempre: esos bárbaros medievales frente a los hijos de la Ilustración y la democracia, que somos nosotros.



05 abril 2024

Corrigan agente X9 1968-70

En esos años 68-70 el personaje de Corrigan era ya bastante veterano, aunque, como suele suceder con los héroes del cómic, no envejecía. Archie Goodwin es el guionista de esta etapa. Curioso: pensé que sería un seudónimo, porque el nombre coincide con el del ayudante de Nero Wolfe, el personaje de Rex Stout. Pero, según la Wiki, no, y de hecho alguna dificultad tuvo por ello. El dibujante es un tal Al Williamson, y es bastante bueno. Sus mujeres malvadas (Goodwin, por lo que veo, tiene querencia a las mujeres malas) son auténticos pósters, pero no iguales las unas a las otras. También dibuja bien la figura masculina, desde el adonis del prota (adonis de los de antes, no en plan Matt Damon) hasta los esbirros simiescos.

Las tramas suelen ser de espionaje, aunque Corrigan sea del FBI y no de la CIA, y bastante convencionales. Además, se ve que se estrenaron en tiras periódicas, porque hay una tendencia visible a “resumir lo publicado”, sobre todo en las primeras viñetas de cada página, y a explicar la situación aun a costa de repetirse: vamos, todo lo contrario de las películas del género, tan elípticas siempre. Luego están lo que algunos suelen llamar “fantasmadas”, es decir, esa enorme suerte del protagonista, que se libra del malo del modo más inverosímil, y aprovechando esa tendencia de los malotes a no liquidar al bueno cuando tienen la oportunidad, sino regodearse a la espera de matarlo del modo más sádico posible.

En definitiva, el producto se salva por el dibujo. Por eso tengo curiosidad por las primeras entregas del personaje, donde al parecer el guionista era Dashiell Hammett, aunque, según Wiki, a partir de uno de los primeros números se limitó a sugerir argumentos a Alex Raymond.

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03 abril 2024

Galdós visto por sí mismo

No se trata de una biografía propiamente dicha, sino de una semblanza al hilo de lo que Galdós dejó escrito en cartas y memorias. Es más bien la historia de su obra que la de su vida, y de hecho solo se habla de pasada de una hija suya, sin decir de quién la hubo ni cuándo. Sí que empieza por presentarnos al Galdós joven, más paseante que estudiante, pero más que nada para darnos cuenta de sus primeros escritos en la prensa. El resultado es la visión que de Galdós han dado los manuales: comienzos con novelas de tesis, naturalismo a partir de La desheredada, sesgo “espiritualista” en sus últimas producciones, teatro y “Episodios Nacionales” a lo largo de toda su trayectoria. Su documentación sobre el terreno, tanto para las novelas como para los Episodios (hay abundantes fotos, algunas de las cuales nos presentan al novelista en tierra de moros, documentándose para los episodios de la guerra de África). Su recepción de las críticas (interesante la relación con Pereda, siempre un amigo a pesar de las diferencias político-religiosas), sus manías anticlericales y su aprecio por la caridad y la justicia, reflejado todo en sus obras…

Con respecto al naturalismo, ceo que Carmen Bravo-Villasante se queda corta al valorar novelas como Lo prohibido o El doctor Centeno como meros productos naturalistas: creo más bien que Galdós enlaza con Cervantes al presentar personajes capaces de virtud y hasta cierto punto heroicos en lo cotidiano. Galdós era más cristiano de lo que él pensaba, con todo su anticlericalismo y su falta de fe, y lo es más en novelas como esas que en sus cristianos sin Iglesia de sus últimos años.

Se lee con gusto el volumen, no solo los párrafos galdosianos sino también el propio texto de la autora.

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27 marzo 2024

De las letras y las artes

Se divide en cuatro partes: la primera, “El mundo de las letras”; la segunda, “Los autores y sus obras”; la tercera, “Con los genios de las artes”, y la cuarta, “Poemas de artes y letras”. La primera se diferencia de la segunda en lo que se puede imaginar: si la primera contiene artículos sobre la literatura en general, la segunda se ocupa de autores concretos, desde Homero hasta Alfonso Sastre. Si algo destaca en esta es la ausencia de parcialidad ideológica a la hora de juzgar (con gran estima, por lo general) a los autores de referencia, y no es que se limite a valorar su estilo, sino que incide en lo que de humano se transparenta en sus obras. Tratándose de un hombre que vivió la guerra civil en la trinchera opuesta a la de Buero, Sastre o León Felipe, es de agradecer.  Algunos de estos contemporáneos, como Juan Ramón, Buero Vallejo o García Lorca merecen el honor de más de un artículo.

En el apartado de artes, el autor con que más se prodiga Pemán es Manuel de Falla, con quien le unió una gran amistad, al parecer. Y, en concreto, se dedica a comentar por extenso la composición de la Atlántida, de cuyas vicisitudes fue testigo.

La edición de Edibesa es bonita, pero algo descuidada, y no por la tipografía, pues apenas encontramos erratas, sino por la total ausencia de referencias al lugar y la fecha en que fueron publicados estos artículos. Con todo, se agradece a los editores que nos permitan disfrutar de ellos, ya que Pemán es difícilmente editable por el no vayan a pensar ustedes que yo, por Dios.

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25 marzo 2024

Cancelar

El verbo cancelar se usa últimamente, de modo un tanto abusivo, para significar el acto de proscribir, borrar de la memoria, condenar a las tinieblas de lo tabú, aquellas cosas que los woke u otros nuevos puritanos de nuestro tiempo consideran propias de tiempos afortunadamente superados o en vías de superación gracias a ellos.

Pensé que era un neologismo semántico; por eso me choca encontrarlo en un artículo de Pemán, de estos reunidos en el volumen que me ocupa actualmente, y con el mismo sentido: el de olvidar, por inútil (al menos) nuestra tradición humanística.

Yo no querría polemizar sobre esto de un modo largo y concreto. Querría preguntar, a los que piensan ligeramente de ese modo, si la tendencia retrospectiva de venerar las fuentes de nuestra formación humana ha sido tan cancelada como muchos creen ante la urgente técnica, vital y realista, característica de esta hora. Si el “americanismo”, con su tendencia practicista, significa una abolición plena y expeditiva de ese sentido de retrospección.



21 marzo 2024

Schlegel dijo

 

que Shakespeare presentaba problemas y Calderón presentaba soluciones. Hamlet vacila sobre el “ser o no ser”. Segismundo dice cómo tiene que “ser” la vida. Por eso todo nuestro teatro es el teatro de la afirmación y la Esperanza.

Me gusta. Es, de nuevo, Pemán en el artículo “Pureza y encarnación de nuestras letras”, en el volumen citado aquí los días anteriores.



20 marzo 2024

Continuando

con lo anterior, critica Pemán la táctica de ignorar a los adversarios ideológicos por el procedimiento de evitar citarlos, mientras se cita constantemente a los próximos. Actitud comparable, dice, a los novios “que están de morros”. Pero esto es tan incómodo como “pasear evitando transeúntes”.

Además, uno, citando a cualquiera, se siente colocado en la buena línea cristiana, asimiladora de todo. Los Santos Padres se hartan de citar autores paganos. Uno no se imagina a Santo Tomás, el más audaz de los asimiladores, “echándose fuera de la suerte” como los malos matadores y evitando al sesgo el nombre de Averroes, para decir: “como ha dicho cierto escritor árabe” …

(Costumbre que a mí también me irrita, dicho sea de paso, aunque no se haga con la intención de ningunear a nadie. Esos que dicen “decía un poeta francés…”: ¿se puede saber quién, por favor? Da la impresión de que a tus oyentes no les interesa, porque no les va a decir nada: es una descortesía con el auditorio).



18 marzo 2024

Es interesante esto

de José María Pemán:

El arma de los tradicionales fue la polémica […] El arma de los antitradicionales fue el silencio. Contra los krausistas se defendió Menéndez y Pelayo diciendo muchas cosas gordas de ellos. Contra Menéndez y Pelayo se defendieron los krausistas y sus hijos no diciendo ninguna cosa de él ni gorda ni flaca.*

No nos cuesta reconocer el cuadro. Nadie puede decir que los de derechas no se defienden. Antes bien, puede decirse que entran al trapo como miuras, unas veces en tono airado, otras veces con lógica y racionalidad.

¿Qué hacen los de izquierdas? Es cierto que manejan bien el silencio, no el silencio de poner la otra mejilla, sino el de silenciar a los del otro lado. Pero además del silencio, manejan bien otro elemento, que es el relato. En lugar de argumentar racionalmente, cuentan historias. ¿Cuántas de ellas llevamos vistas sobre tradicionalistas, cristianos, etc. malotes, hipócritas, explotadores, insensibles… y sobre progresistas, ateos, etc. nobles, simpáticos, coherentes, sufridores de injusticias…?

Júzguese qué es más eficaz.

(Identifico, quizá temerariamente –y sé que muchos cristianos me lo reprocharían—derecha con cristianismo. Pero, en este contexto, es demostrablemente válido).



*"Astucia y amor", artículo recogido en De las letras y las artes, Edibesa, sin más referencias por parte del editor. 

14 marzo 2024

Quiero un hijo de Julio

Ya ni me acordaba del tal Christo, el “artista” búlgaro cuya especialidad era empaquetar monumentos. Esta novela de Ángel Palomino hace chacota de tal ocurrencia, suponiendo que el tipo quiere envolver todo el Toledo monumental. La polémica subsiguiente le sirve también al autor para hacer una crítica de los comportamientos políticos, sobre todo en el eterno tema del rey desnudo: todo el mundo sabe que está ante una mamarrachada, pero hay que decir que Toledo entra en la posmodernidad, en el tercer milenio, y tal. Solo que, como esto es novela y no cuento, Palomino prescinde de un final moralizante y se quedan todos contentos, o más o menos, con la ideíca, que finalmente se lleva a cabo.

Y hay también una trama particular, si entendemos que la otra es pública o colectiva, ya que afecta a toda la ciudad. La trama particular es la que da título a la novela, y toca también un tema entonces muy de actualidad, como es la inseminación artificial. Chancha, una joven viuda, quiere tener un hijo póstumo de su difunto marido, Julio, un sesentón que murió de infarto pero conservando, al parecer, su potencial genesíaco, enfrascado por un amigo veterinario.

Hay también alguna que otra trama secundaria, lo que da lugar no sé si decir a una novela coral, rótulo que me parece excesivo para un producto que no da mucho de sí, ya que la temática, digamos, de circunstancias, no se ve compensada por el ingenio, la tensión o alguna otra virtud. Creo que a estas alturas (1987, creo) el antiguo superventas estaba ya amortizado, al menos como narrador.

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09 marzo 2024

Habas alemanas

Una sentencia judicial humillante, y de terrible lectura para un abatido Klaus Mann, ya en la posguerra, impediría la difusión de su novela [Mefisto] en Alemania al ofrecer un retrato demasiado “realista y vívido” del oportunista Gründgens.

En Mercedes Monmany, Sin tiempo para el adiós, p. 30, 1ª edición

No me jorobes… ¡También mandaba Franco en Alemania, macho!



08 marzo 2024

Textos para preparar el gran día (y IV)

De nuevo Javier Garisoáin:

…ni las pálidas desmayadas de mediados del XIX, ni la mujer florero de mediados del XX tienen nada que ver con el camino que transitaban las grandes damas del Cristianismo. El camino hacia un mundo matriarcal propio, que las mujeres estaban llamadas a reconstruir o a recrear, es el verdadero enemigo de todo aquello que la Revolución denomina progreso: el destape, el divorcio estéril o la infidelidad son la autopista que vuelve al paganismo; un retroceso hacia la sumisión generalizada. No es el cambio del patriarcado por el matriarcado, no. Es el derrumbamiento absoluto de la dignidad femenina –y de la masculina—que, disfrazado de igualitarismo, desemboca en la masculinización de la mujer, feminización del hombre, y ganancia de pescadores sin escrúpulos que no quieren familias ni gente libre, sino masas de borregos –y de borregas—entremezclados para disponer de cuerpos y almas como mejor convenga.

En La Antorcha, nº 3, julio 2023



07 marzo 2024

Textos para preparar el gran día (III)

Javier Garisoáin:

¿Qué es eso de que ahora las mujeres trabajan? Siempre trabajaron. Lo que de un tiempo a esta parte se ha producido es un cambio en sus trabajos, y un giro denominado “incorporación de la mujer al mercado laboral”, que nos venden como si fuera un logro. Como dando por hecho que las cosas son valiosas por estar en un mercado… Las cosas grandes e imprescindibles para la vida como la amistad, el amor, el mar, la fe, las nubes o la sabiduría ni se compran ni se venden. Están fuera del mercado. Así vivían antes las mujeres decentes: fuera del mercado, la política, las armas, las sacristías y casi fuera de la ley. Porque existía un mundo femenino, hecho por y para la mujer. Un mundo imperfecto como todo lo humano. Un mundo bendito, levantado sobre la pura presencia femenina, que es lo que daba consistencia a los hogares en un reflejo de lo que pudo ser el legendario matriarcado original. Cada vez que los avatares de la historia han corrompido esa cáscara social típicamente masculina que llamamos patriarcado, ha quedado al descubierto el corazón de cada pueblo, que es ese corazón materno al que recurren llamando a su madre los hombretones más fornidos cuando se hallan de verdad en apuros.

En La antorcha, nº 3, julio 2023



06 marzo 2024

Textos para preparar el gran día (II)

 Otra vez Sarah:

…en contra de lo que pueda parecer, tanto en África como en Asia la mujer goza de un profundo respeto. Jamás se atreverían a reducirla a algunas de las imágenes degradantes que encontramos en Occidente. Se me podrá objetar que la mujer africana está condicionada por el hecho de tener hijos. Esta manera de caricaturizar a la familia numerosa africana es ofensiva. Quiero denunciar la hipocresía que supone hacernos creer que la mujer occidental es respetada y se siente plenamente realizada porque se ha liberado del “peso” de la maternidad y es igual que el hombre en todos los aspectos.




05 marzo 2024

Textos para preparar el gran día

 Sarah:

Sin darse cuenta, cierto feminismo lleva a las mujeres a mirarse a sí mismas con la misma visión de esos hombres depravados y arrogantes que las reducen a un objeto de disfrute.




Él dice "sin darse cuenta"... Yo no lo veo tan claro...

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04 marzo 2024

Hablando del Príncipe Valiente,

veo que todas las ediciones en español adolecen de un defecto, muy común por otra parte, que es la omisión del artículo. Muy común porque se advertía ya en los cómics de Vértice, donde decían Capitán América o Sargento Furia; y, más allá aún, en películas como Doctor Zhivago [sic]. Se trata de un anglicismo muy difundido, que sin embargo no se extiende a los textos, donde, por supuesto, el personaje es El príncipe Valiente, el sargento Furia o el doctor Zhivago. Víctor Mora, en cambio, tuvo buen cuidado de titular las aventuras de su héroe El Capitán Trueno, en buen español.



02 marzo 2024

Príncipe Valiente 1940-1942

Causa perdida tratar de adquirir series de comics a lo largo de los años, porque, aunque el personaje se siga editando, los editores van cambiando. Tengo dos volúmenes del Príncipe Valiente en Burulan y otros tres en Planeta De Agostini, pero, como el total de páginas es diferente, ya me he perdido algunos episodios. Este que comento es el segundo de los de Planeta (volumen 3, en concreto, pensé que no merecía la pena coger el 1, que se correspondería con los de Burulan, pero no, ya digo).

Arranca esto en las cercanías de Roma, con Valentiniano de emperador. Sí, pues, por medievales que sean los aspectos de los caballeros británicos, el rey Arturo vivió en las postrimerías del Imperio por antonomasia. Valiente va acompañado por Gawain y Tristán. Luego se separan y tenemos las aventuras de Val en solitario por las islas griegas y por el Oriente próximo: toda una odisea con un Ulises de 17-18 años tan sagaz y fuerte como el de Homero. En efecto, Val se encuentra con reyes, magos, monstruos, piratas y bellas princesas, sin que falte algún lance entre cómico y fantástico, como el del mago malmaridado Belsatán.

El guion es soberbio, pero, sin duda, donde sobresale Hal Foster es en los dibujos. No es extraño que optara por los textos sobreescritos en la viñeta, sin bocadillo, porque cada viñeta es una obra de arte en sí misma. En concreto, la que muestra a la princesa Melody y su amado en la frágil embarcación que los lleva a ninguna parte podría competir con cualquiera de los artistas románticos del XIX. Chrétien de Troyes y sus epígonos no podrían imaginar mejor traductor en imágenes de sus historias.

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29 febrero 2024

¿Por qué piden

que se juzgue un asesinato como un “delito de odio”? ¿Es que ahora sale más caro odiar que asesinar? Me temo que algo hay de eso; lo malo es pensar que, dado que el odio como tal no se puede probar judicialmente (por odiar responderé ante Dios, pero no ante los tribunales, a no ser que mate, hiera o injurie), el tal “delito de odio” lo que hace es penalizar la libre expresión de los sentimientos, con el objetivo poco disimulado de penalizar, de hecho, el pensamiento. Estar en desacuerdo con ciertas cosas es ya odio, lo que nos lleva a acabar con el fundamento de toda democracia, al menos tal como me han enseñado que es la democracia, que se fundamenta en el libre contraste de pareceres. El parlamento, de llevar al extremo este planteamiento, no sería más que un nido de odios. El delito de odio es un ejemplar acabado de instrumento totalitario.




28 febrero 2024

Cuando oigo

a alguien decir que las supuestas pedagogías modernas, consistentes básicamente en reducir contenidos y desvalorizar los exámenes, son cosa de los neoliberales o los capitalistas, me pregunto quién de los dos está fuera del mundo real.

Parecen sugerir que los gobiernos socialistas no tienen más remedio que aplicar esas políticas, urgidos por no se sabe qué poder oculto, que es así el auténtico responsable del rechazo al estudio y los conocimientos; o bien que Maravall, Zapatero y Celaá-Sánchez son en realidad unos neoliberales de tomo y lomo bajo su disfraz socialista.

La verdad, prefiero creer que las cosas son lo que parecen, y que son los socialistas los empeñados en lograr analfabetos funcionales o de los otros, disfrazando con hojarasca retórica y metodologías innovadoras su rechazo a la instrucción y el auténtico aprendizaje.



24 febrero 2024

La tabla de Flandes

La trama es a todas luces inverosímil pero resulta subyugante. Una vez más me sorprende la capacidad de este tipo para contar una historia. Tal vez tanto los personajes como el narrador caigan un poco en la altisonancia, pero eso es pasarse un poco con la levadura, y nada más.

Sucede que a Julia, restauradora del museo del Prado, joven y bella (princesa y héroe a la vez), le da por buscar tres pies al gato en una pintura flamenca titulada Partida de ajedrez… y los encuentra. El misterio escondido en el cuadro (el asesinato de uno de los jugadores, nobles reales de la época) lo revalorizaría enormemente en las subastas. Y lo que podría ser solo un conflicto de intereses se transforma en una pesadilla cuando un diabólico personaje que actúa en la sombra decide jugar aquella partida con muertos reales de por medio.

La inverosimilitud a la que me refiero está en esa perfección matemática con que se desarrolla la trama, con el malo ejecutando sus estrategias y uno de los buenos, lumbrera del ajedrez, respondiendo. Ya digo, nada importa esto gracias a la facultad de Pérez-Reverte de crear personajes fuertes (César, el árbitro de la elegancia homosexual, o Muñoz, el Sherlock Holmes del ajedrez en figura de oficinista astroso) y a su habilidad complementaria para retratar a los estúpidos. También, ya lo dije, a su maestría para conducir la historia.

Lo de diabólico no es un decir: el jugador en la sombra es, como Satanás, alguien a quien una herida mortal en su orgullo lleva a perderse y a perder a otros, ejerciendo de paso un poder seductor compatible con su refinamiento en el mal. ¿Excesivo? Novelesco.

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21 febrero 2024

Tal como

esperaba, Julia Escobar se muestra bastante independiente (aunque no del todo) de los puntos de vista establecidos sobre el tema mujer en su conferencia sobre Emilia Pardo Bazán. Es una exposición centrada más bien en lo anecdótico de la vida de la condesa, con abundantes datos sobre sus amigos y enemigos, sobre las ocurrencias más o menos crueles del buen pueblo acerca de su persona, en definitiva sobre su popularidad, que fue amplia, por lo que podemos oír. De esta intervención de Julia Escobar me quedo con algunas cosas. Primero, eso de que en Antonio Maura, que fue uno de sus grandes partidarios, al parecer, encontró un gran apoyo para su combate en pro de los derechos de la mujer, signifique eso lo que signifique, y recordemos que Antonio Maura fue uno de los conservadores más significados de la historia contemporánea española. Segundo, su corrección, al vuelo, de la expresión feminismo radical, que no debió de parecerle adecuada (a mí tampoco), corregida, digo, como feminismo desquiciado, lo cual resulta, efectivamente, más ajustado. Tercero, su insinuación sobre el feminismo ful de los krausistas, que nos remite a la biografía de Giner de los Ríos escrita por José María Marco, que leí pero de la que no recuerdo nada sobre ese particular. Tendré que repasarlo.



17 febrero 2024

Cancionero y romancero de ausencias

Sabido es que las “Nanas de la cebolla”, aun siendo una obra maestra, resultan aún más patéticas conociendo el contexto. Los editores (Jauralde, el quevedista, y otro) nos reproducen la carta que acompañaba el poema, de Hernández a su mujer. Es enternecedor oírle hablar de “unas coplillas que le he hecho”, no solo porque parece que no fuera consciente de la magnitud de la obra y que lo que le importa es hacer un regalo al niño, sino porque te imaginas al ilusionado papá dando lo mejor de sí mismo en homenaje al rorro, como quien fabrica un juguete sacando la lengua. A estas alturas has perdonado al poeta su complicidad con asesinos para fijarte solo en el padrazo.

Aunque hay expresiones herméticas en las Nanas, en su mayor parte son transparentes y llegan al corazón. Más intrincado resulta “Hijo de la luz y de la sombra”, aunque se transparente el homenaje al amor fecundo (“te quiero en tu ascendencia y en cuanto de tu vientre descenderá mañana”). “Llegó con tres heridas” siempre me pareció un prodigio de condensación expresiva, siglos de poesía y abismos de meditación concentrados en tres coplas prácticamente iguales. El resto me ha parecido muy ajustado a lo que dice el título, si entendemos “cancionero” en el sentido medieval, puesto que se trata en su mayoría de coplas de arte menor con abundancia de reiteraciones y paralelismos (salvo cuando le da por el alejandrino, que también maneja a la perfección). Eso sí, las imágenes y la adjetivación resultan plenamente herederas de las vanguardias. Puro 27.

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11 febrero 2024

Estos trece

Faulkner aburre a las ovejas, eso es un hecho cierto. Y pienso que sus admiradores lo que admiran en él es ese arte de contar las cosas de la manera más enojosa posible. No solo la famosa sección del El ruido y la furia, sino toda su obra parece escrita bajo el punto de vista de alguien con problemas mentales. En esta colección, que lleva el título original que le puso Faulkner, agrupa los trece cuentos en tres partes. La primera tiene como escenario la Primera Guerra Mundial, la segunda se desarrolla en su profundo Sur y la tercera incluye dos piezas ambientadas en Italia y una tercera que viene a ser un poema en prosa que parece transcribir las sensaciones de alguien a las puertas del otro mundo: hablo del relato titulado, no sé por qué, “Carcassone”.

No es que no haya anécdota. Al menos en los de las partes segunda y tercera la hay. Pero, cuando esperas que al final pase algo, te deja de un aire. Y lo mortificante es que tienes la sensación de que sí que ha pasado algo pero tú no te has enterado, de tal manera está implícito. Me ocurre como con los cuentos de Flannery O´Connor y sus famosos golpes de gracia. O pasa algo al final y tú no te enteras (con este tú me refiero a mí, lector limitado de entendederas como soy, claro) o ese algo está pasando a lo largo de toda la narración y tampoco te enteras a causa del endiablado estilo elusivo del autor, que cuenta las cosas atendiendo a lo colateral, por así decir, mientras lo principal queda sobreentendido. Lo que no deja de humillarme cantidad.

Me quedo con esto:

Las chicas son diferentes de los chicos. Las chicas nacen destetadas y los chicos nunca llegan a estar destetados.

Y con esto (sobre una chica que falsificaba sus notas):

Ni el diablo entiende cómo los que quieren a una mujer la dejan que les engañe.

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08 febrero 2024

Ah de Santa Marta

La primera caridad que les debemos es la verdad. Que nadie espere de la Iglesia palabras de aquiescencia. La unión de dos personas del mismo sexo jamás será un matrimonio. Esta afirmación no contiene ningún juicio acerca de estas personas, que siempre serán capaces de dar pruebas de cariño y generosidad, pero nunca podrán pretender vivir lo propio de la conyugalidad: el don de los cuerpos en un amor fecundo. Creo que el papa nos invita a no alimentar las ambigüedades a este respecto. Como hijo de san Ignacio, a quien debemos sus maravillosos Ejercicios espirituales, sabe que el estandarte de Cristo no es el de la confusión y los sobreentendidos. Nos invita a la caridad por la verdad y a la verdad en la caridad.

Cardenal Robert Sarah, en Se hace tarde y anochece




06 febrero 2024

Pirados

He venido escuchando una entrevista de Aceprensa con el doctor Miguel Ángel Martínez acerca de las enfermedades mentales de los adolescentes. Ya había barruntado yo algo en estos últimos treinta años, pero parece ser que el problema es más grave de lo que se percibe a simple vista, al menos por la extensión del daño. El doctor culpa en primer lugar a los móviles, con lo que parece que las consecuencias del abuso de este cacharro (el sonajero de adultos, como lo llamaba el profesor Tapia) van más allá de la pérdida de atención. Pero está por medio también la desestructuración familiar, claro, y esto, creo, es más grave que lo de los móviles por cuanto que no se quiere ver. Bueno, en las sesiones de evaluación es frecuente, cuando se trata de dar alguna explicación del mal comportamiento o de los malos resultados, escuchar: “sus padres están separados”. O sea, que, en el fondo, se admite, pero nadie quiere apostar, al menos desde los gobiernos, por políticas de fortalecimiento de la familia. Ni predicar con el ejemplo, porque buena parte de los asistentes a esas sesiones están en la misma situación, con o sin chicos zumbados. El doctor Martínez se muestra también partidario de hablar claro a los adultos que se hallan en esas situaciones irregulares: al fin y al cabo, viene a decir, nadie se corta un pelo para decir al prójimo que no le convienen tantos dulces, o tanto tabaco.

Luego abro el número de diciembre de la revista La antorcha y resulta que es un monográfico sobre la salud mental. Y estamos en lo mismo: los adolescentes y sus neuras, unas de verdad y otras provocadas por esa tendencia actual a patologizar cualquier estado de ánimo más o menos triste. Pero todas derivadas de la confrontación con ese absurdo que es el mundo tal como lo presentan. Es como si a nosotros lo sesentones nos meten de repente en el escenario de la película Tron, o simplemente en un videojuego: ¿qué hago yo aquí?, ¿cómo se sobrevive en este mundo de dos dimensiones?




01 febrero 2024

Orgullo y prejuicio

Esto era un señor que tenía cinco hijas que había que casar a toda costa, ya que, según las leyes del tiempo, la herencia tenía que recaer en un varón, que en su caso es un primo cursi y engreído. El padre, sin embargo, es un tipo bastante sereno y juicioso y carece de las impaciencias de su esposa. Aparece un hombre llamado Bangley que puede ser partido para la mayor, Jane. Por su parte, Elizabeth rechaza las proposiciones del primo Collins, ante el horror de su madre. Entonces Collins va y se casa con la vecina y amiga de la familia, Charlotte Lucas. Bangley desaparece de escena inopinadamente, tal vez por influencia de su amigo Darcy, que querría casarlo con su hermana (de Darcy, claro). Este, no menos inopinadamente que lo otro, pide matrimonio a Elizabeth, que le rechaza en los términos más duros que una novela de Jane Austen conoce. Sin embargo, Darcy no será el hombre que los prejuicios de Elizabeth habían imaginado, ni Wickham, el soldadito que se presentaba como su víctima, el santo varón que ella supuso.

Y va Lydia, la hermana menor, y se fuga con Wickham. La desolación en la familia no es para descrita, teniendo en cuenta los valores de esta sociedad. Pero, tras varios días de zozobra, se sabe que quieren contraer matrimonio. Y el fautor de ese matrimonio, que incluye un generoso préstamo por su parte, dado que Wickham está a dos velas, resulta ser Darcy. Empezamos a oír a lo lejos las campanas de boda entre éste y Elizabeth, pero se adelanta Jane con Bangley. Aún hay que superar los últimos restos de orgullo y prejuicio para que Elizabeth y Darcy se sinceren y se descubran sus sentimientos. La orgullosa y poderosa tía de Darcy no es obstáculo para el firme carácter de la joven.

Y al final todos felices. Y, que yo recuerde, no muere nadie, cosa rara en una narración de más de cien páginas.

Después de leer a Elizabeth Gaskell, se nota el salto de nivel. El humor sutilísimo, tanto en la voz narradora como en algún personaje (el señor Bennett); esos diálogos que parecen un vals vienés, el modo en que en cada personaje se dosifican en cantidades diversas ese orgullo y ese prejuicio que sirven de título y que, en efecto, son los protagonistas… Austen es mucho más, sin duda.

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24 enero 2024

Varia

Siguiente conferencia del profesor Iglesias Feijoo: la narrativa esperpéntica de Valle. Podemos pensar, en efecto, que la corte de Isabel II no era de la devoción del carlista que se deja ver en las Sonatas y las primeras novelas. El problema es que, al tiempo que ridiculiza el régimen liberal, cae en el más ramplón antiespañolismo, esa endofobia que denunciaba el otro día José Javier Esparza y que está metida en el tuétano del mundo académico español. No tienen nada mejor esos profesores para ofrecer de lectura a los futuros bachilleres que Luces de bohemia, por ejemplo, donde la asunción de la leyenda negra es explícita y descarada.

Por el programa que Fernando Díaz Villanueva dedica al Sahara me entero de que lo de Polisario es un acrónimo: Frente por la liberación del Sa[…] y Río de Oro. No cogí al oído cómo se llamaba esa otra parte que junto con Río de Oro formaba la antigua provincia española. Ingeniosos, los chicos. Toda la vida preguntándome por el origen de ese que parecía un adjetivo y no.

Sobre el Sahara como provincia: me hubiera encantado que siguiera en nuestro poder. Claro que habría opinado otra cosa si me lo llegan a dar como destino profesional… Pero oh, esos coches con la matrícula SH…

Tu quoque, fili… Et tu, Brute… Mi admirado viñetista Nieto se descuelga con un “el otro día bendije a un cuarteto de cuerda, sin preguntarles por su repertorio” … Que no es lo mismo, Nieto, caramba. Se bendice (= se ensalza, se loa, se exalta, se honra, se encumbra) a una sociedad cuando sus fines son beneméritos, loables, honrados, es decir, acordes con la voluntad de Dios. Bendecir a una banda de ladrones, al personal de un prostíbulo o al equipo quirúrgico de un abortorio es bendecir el latrocinio, el fornicio o el aborto, por más que te quieras engañar diciendo que no bendices al vosotros sino al tú + tú + tú, o que es una bendición pero pequeña. La ingesta de ruedas de molino está desaconsejada por todos los endocrinólogos.



19 enero 2024

Norte y sur

Margaret ha de dejar su casa de Heldale (sur de Inglaterra, al parecer) cuando su padre, pastor anglicano, presa de unas dudas que no se aclaran mucho, decide abandonar su empleo y marchar al norte, a Milton. Allí el concienzudo clérigo se dedica a dar clases particulares, entre otros al joven señor Thornton, industrial de la zona. Entre Margaret y los Thornton se cruzan conversaciones en torno a la incipiente cuestión obrera y la diferencia entre los modos de vida del norte y el sur. Cuando Thornton contrata irlandeses como esquiroles, los obreros están a punto de lincharlo, pero Margaret, con sus armas de mujer, salva la situación, a costa de una pedrada en la cabeza. A partir de aquí se acentúan los tintes melodramáticos, con la enfermedad y muerte de la señora Hale (la madre de Margaret) y la llegada de Frederick, el hermano mayor, exiliado en España a causa de un motín que protagonizó. La historia de amor está latente, y Elizabeth Gaskell la va desarrollando con buena mano: Thornton está como un cencerro por la damisela pero en ella, que juega a la pastora Marcela (rechazó también a otro pretendiente) hay un amor-odio cuya primera parte permanece oculta salvo para el señor Bell y para el lector avisado. Además hay un malentendido provocado involuntariamente por Frederick, a quien Thornton cree enamorado de Margaret. Paralelamente se desarrolla el conflicto social, protagonizado por Thornton por una parte y por otra por el señor Higgins y el señor Boucher, trabajadores que mantienen posturas diversas ante la huelga que está teniendo lugar: más ponderado Higgins y más exaltado Boucher. Margaret actúa como una especie de ángel mediador entre todos.

La última parte, tras la muerte del padre, se mueve entre la suave nostalgia del sur y los pequeños roces de Margaret con sus parientes, en una muestra más de su recio carácter. Y entonces vuelve él.

Una novela, pues, con ingredientes de folletín: amor, lágrimas, conflictos de clase, pero llevada por una mano que sabe para qué sirve una pluma, y con un buen carácter protagonista. Uno de esos novelones decimonónicos que se cierran, como diría Bécquer, “con una suave sonrisa de satisfacción”.

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18 enero 2024

La beata y la píldora

La de Pablo Pérez López en la Asociación Argumenta, de León, es una de esas conferencias que te proporcionan una visión clara del mundo que estás viviendo. Aunque la mayor parte de los datos me resulten conocidos, la coherencia de la exposición y la fluidez expresiva da como resultado una pieza que merece la pena escuchar de la cruz a la fecha. Me resultan muy aleccionadores, en concreto, los minutos que dedica a la Humanae vitae y su contexto, y sobre todo esa conversación de De Gaulle con el ministro Peyrefitte acerca de la píldora anticonceptiva.

¿La píldora? ¡Jamás! ¡Mi gobierno nunca presentará un proyecto de ley como ese! No se puede reducir a la mujer a una máquina de hacer el amor. Iría usted contra lo más precioso que tiene la mujer, la fecundidad. Está hecha para tener hijos. ¡Si se tolera la píldora, no se sostendrá ya nada!, ¡el sexo lo invadirá todo! Introducir la píldora, eso es sacrificar los bienes a largo plazo por unas pocas satisfacciones inmediatas. ¡No vamos a sacrificar Francia a la carne!

Sin embargo, acuciado por unos consejeros dignos de mejor causa, el general consultó el asunto con su mujer, “la Bigote”, la beata, la cual le dio el visto bueno a la dichosa píldora: su director espiritual era partidario.

 

Atención, primeros ministros de países donde aún existe el matrimonio: si les plantean la cuestión del matrimonio homosexual, no se les ocurra consultar con sus directores espirituales.



14 enero 2024

Varia

Luis Iglesias Feijoo diserta sobre Valle-Inclán en un ciclo de conferencias de cuya fecha no me acuerdo. Alguna resulta inaudible por el bajo volumen. El orador pone el acento en la nostalgia de Valle por un mundo feudal que alcanzó a ver de niño y que terminó con la llegada del industrialismo y el liberalismo. Según Iglesias, Valle mantuvo siempre esa postura de adhesión a lo tradicional, visible en la primera parte de su producción, pero en la segunda parte, a partir de Divinas palabras, nos muestra el envés de esa ideología, si así puede llamarse, con el rechazo visceral de lo moderno. ¿Fue su apuesta última por el fascismo y el comunismo un modo de empujar lo que había (“si algo está cayendo, empújalo”, dijo Nietzsche) para sepultarlo junto con lo tradicional? Esperaremos a las últimas conferencias.

No puedo con los comunicadores de la derecha cuando aún dan muestras de esperanza de que este tinglado caiga en breve. El martes, Dieter Brandau hablaba de nerviosismo en el PSOE y del primer batacazo de la legislatura, a propósito de los decretos que se votaban el miércoles. Que no, hombre: lasciate ogni speranza. ¿Es que no habéis tenido bastantes muestras? A este tipo le acompaña la suerte como a la criatura diabólica que es, y no es que vaya a ceder en todo, es que todo lo tiene cedido de antemano. No es que se humillen ante los separatistas, es que son la misma cosa. Quieren ser la misma cosa, al menos. Todos ellos han venido para ganar la guerra civil, y están arrogándose la representación del viejo Frente Popular, porque no tienen otra idea en la cabeza. Los desastres colaterales no son más que una consecuencia de esa obsesión alocada.

No suelo estar muy de acuerdo con Jesús Gonzalez Maestro, pero hay que reconocer que te lo pasas como un enano con sus críticas literarias. Acabo de oír la charla que dedica a la inactualidad de los cuentos de Cortázar. Según él, ya nadie se interesa por esa obra porque el psicoanálisis (que es “un cuento que interpreta otros cuentos”) ha pasado de moda hace tiempo: si en la segunda mitad del siglo XX eras poco menos que tonto si no lo conocías  y lo apreciabas, ahora ha sido sustituido por ideologías como el woke, más disparatadas si cabe, desde las cuales es imposible apreciar “Casa tomada” u otras piezas del argentino. Lo cierto es que a mí esos cuentos me parecen bastante estimables, pero me encanta oír este tipo de desmitificaciones: te hacen sentir más cómodo si dices que prefieres Galdós a Proust, o Luca de Tena a Sánchez Ferlosio.

 


04 enero 2024

Galería de espejos sin fondo

Este volumen, que data de los años 60, creo, recoge una serie de artículos que fueron publicados por Perucho en alguna parte que no se detalla, al menos en esta edición kiosquera de Orbis. Podría decirse que es una especie de “paisaje con figuras”, como la serie de Antonio Gala, siendo aquí las figuras unas reales y otras de ficción. De ficción son las que pueblan la primera parte, titulada precisamente “Las figuras”: una señorita de la buena sociedad barcelonesa de fin de siglo (XIX); un sabio aristócrata francés del XVIII; un conde teósofo de Bohemia; un irlandés combatiente en la guerra española de la independencia; o el caballero bizantino Kosmas, cuya vida ampliará luego en una novela, entre otros. “La huella en el espejo” comprende visiones impresionistas, a lo Azorín, de lugares reales, sobre todo de Cataluña y Aragón, pero con una incursión en el sur de Francia, con Toulouse-Lautrec de invitado. La tercera sección, “Los testigos del tiempo”, la constituyen semblanzas muy personales de personajes como Azorín, Álvaro Cunqueiro, Carles Riba o Joan Miró. La última la dedica a “Los vampiros” y es un monográfico, por así decir, sobre tales seres.

En conjunto, fantasía y realidad dándose la mano en un muestrario de las aficiones del autor.

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02 enero 2024

La filosofía se ha vuelto loca (y III)

Por otro lado, la proyección de nuestra propia naturaleza sobre los animales lo único que consigue es que perdamos el respeto por su propio modo de ser: el torero, el cazador, el visitante de un zoo conocen y respetan a los animales, mientras que las actitudes sentimentaloides

nos impiden estar atentos a lo que es diferente de lo humano, a lo que precisamente nada tiene que ver con lo humano.

El animalismo, en fin, emparenta con las teorías de género al ser incapaz de apreciar las diferencias: “esta incapacidad de concebir la diferencia tiene que ver con otra que no quiere admitir que existen de forma natural hombres y mujeres, que son en general diferentes”. De hecho, añado yo, la famosa “atención a la diversidad” de que tanto se habla en la enseñanza no es más que una atención a la diversidad… para negarla, puesto que se trata de dar cosas iguales a personas diferentes, negando que haya estudiantes con capacidades más altas que otros.

Desconozco el origen del término bioética, pero el hecho es que Braunstein lo aplica a los profesores que hicieron causa de la eutanasia, mientras que hoy, como sabemos, la Bioética es una especialidad, con cátedra y todo, de la que se ocupan más bien los defensores de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. El hecho de que hayan podido ampararse bajo la bandera de la ética cosas como la eutanasia, el aborto voluntario o incluso el infanticidio, horroriza con razón a nuestro hombre:

¿Qué ha sido de la ética para que tales profesores existan? ¿No será acaso su vida la que no merece la pena? ¿En que se ha convertido nuestra sociedad, que se permite semejante profesorado?

Podríamos aplicarlo a la política también, claro. Quienes promueven aberraciones desde el parlamento rara vez las ven con buenos ojos cuando se producen en su propio entorno familiar. Igualmente, “se reconoce fácilmente al militante proeutanasia porque él está pletórico de salud”.  Por otro lado, es fácil pontificar sobre el derecho a la vida cuando eres tú el que dice qué vidas son dignas de vivirse. Como concluye jocosamente Braunstein,

Si se piensa que la vida de una persona humana no puede ser protegida más que cuando esa persona es consciente y ha entendido lo que es la vida y la muerte, ciertamente Singer y sus fieles merecerían la muerte sin tardanza, de manera ética, eso sí.

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01 enero 2024

La filosofía se ha vuelto loca (II)

Por lo que respecta al animalismo, Braunstein hace notar que la imagen que estos doctrinarios tienen del animal es de todo punto ilusorio porque no entienden que su mundo es radicalmente otro con respecto al del ser humano. El animalista no le deja al animal comportarse como tal sino que le fuerza a entrar en los moldes del ser humano:

Para empezar, ¿en nombre de qué el señor Sunstein o su ex esposa… se arrogarían el derecho a convertirse en intérpretes de los animales? ¿Cuál de ellos ha nombrado a estos señores sus representantes en lugar de a adiestradores, cazadores o incluso a empleados de mataderos que viven día tras día con ellos y los conocen infinitamente mejor que unos profesores universitarios anglosajones que proyectan su miseria afectiva en su pobrecito perrito? [negrita mía].

Estos doctrinarios se esfuerzan en establecer que no hay diferencia esencial entre el “animal humano” y otras especies. La ciencia parece que vino en su ayuda cuando reveló que el hombre comparte con el irracional hasta el 99% del material genético. Un uso particular de las teorías de Darwin les sirve también como base. Con razón el médico Raymond Tallis, citado por Braunstein, observa que

es muy paradójico que sean dos de los descubrimientos más geniales de la inteligencia humana, la teoría darwiniana de la evolución y las neurociencias, los que se utilizan habitualmente para demostrar que el hombre no es más que una bestia.

Nada impide, sin embargo, que ese 1% que diferencia el material genético del hombre del del animal no represente una diferencia esencial. Y nuestra propia preocupación por los animales no deja de ser un síntoma de esa diferencia, ya que, como indica otro autor citado por Braunstein,

…si bien ciertamente somos animales como los demás, somos también animales con la capacidad de establecer reglas, sobre todo la de no estar sometidos únicamente a la “ley de la selva”.

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