24 enero 2024

Varia

Siguiente conferencia del profesor Iglesias Feijoo: la narrativa esperpéntica de Valle. Podemos pensar, en efecto, que la corte de Isabel II no era de la devoción del carlista que se deja ver en las Sonatas y las primeras novelas. El problema es que, al tiempo que ridiculiza el régimen liberal, cae en el más ramplón antiespañolismo, esa endofobia que denunciaba el otro día José Javier Esparza y que está metida en el tuétano del mundo académico español. No tienen nada mejor esos profesores para ofrecer de lectura a los futuros bachilleres que Luces de bohemia, por ejemplo, donde la asunción de la leyenda negra es explícita y descarada.

Por el programa que Fernando Díaz Villanueva dedica al Sahara me entero de que lo de Polisario es un acrónimo: Frente por la liberación del Sa[…] y Río de Oro. No cogí al oído cómo se llamaba esa otra parte que junto con Río de Oro formaba la antigua provincia española. Ingeniosos, los chicos. Toda la vida preguntándome por el origen de ese que parecía un adjetivo y no.

Sobre el Sahara como provincia: me hubiera encantado que siguiera en nuestro poder. Claro que habría opinado otra cosa si me lo llegan a dar como destino profesional… Pero oh, esos coches con la matrícula SH…

Tu quoque, fili… Et tu, Brute… Mi admirado viñetista Nieto se descuelga con un “el otro día bendije a un cuarteto de cuerda, sin preguntarles por su repertorio” … Que no es lo mismo, Nieto, caramba. Se bendice (= se ensalza, se loa, se exalta, se honra, se encumbra) a una sociedad cuando sus fines son beneméritos, loables, honrados, es decir, acordes con la voluntad de Dios. Bendecir a una banda de ladrones, al personal de un prostíbulo o al equipo quirúrgico de un abortorio es bendecir el latrocinio, el fornicio o el aborto, por más que te quieras engañar diciendo que no bendices al vosotros sino al tú + tú + tú, o que es una bendición pero pequeña. La ingesta de ruedas de molino está desaconsejada por todos los endocrinólogos.



19 enero 2024

Norte y sur

Margaret ha de dejar su casa de Heldale (sur de Inglaterra, al parecer) cuando su padre, pastor anglicano, presa de unas dudas que no se aclaran mucho, decide abandonar su empleo y marchar al norte, a Milton. Allí el concienzudo clérigo se dedica a dar clases particulares, entre otros al joven señor Thornton, industrial de la zona. Entre Margaret y los Thornton se cruzan conversaciones en torno a la incipiente cuestión obrera y la diferencia entre los modos de vida del norte y el sur. Cuando Thornton contrata irlandeses como esquiroles, los obreros están a punto de lincharlo, pero Margaret, con sus armas de mujer, salva la situación, a costa de una pedrada en la cabeza. A partir de aquí se acentúan los tintes melodramáticos, con la enfermedad y muerte de la señora Hale (la madre de Margaret) y la llegada de Frederick, el hermano mayor, exiliado en España a causa de un motín que protagonizó. La historia de amor está latente, y Elizabeth Gaskell la va desarrollando con buena mano: Thornton está como un cencerro por la damisela pero en ella, que juega a la pastora Marcela (rechazó también a otro pretendiente) hay un amor-odio cuya primera parte permanece oculta salvo para el señor Bell y para el lector avisado. Además hay un malentendido provocado involuntariamente por Frederick, a quien Thornton cree enamorado de Margaret. Paralelamente se desarrolla el conflicto social, protagonizado por Thornton por una parte y por otra por el señor Higgins y el señor Boucher, trabajadores que mantienen posturas diversas ante la huelga que está teniendo lugar: más ponderado Higgins y más exaltado Boucher. Margaret actúa como una especie de ángel mediador entre todos.

La última parte, tras la muerte del padre, se mueve entre la suave nostalgia del sur y los pequeños roces de Margaret con sus parientes, en una muestra más de su recio carácter. Y entonces vuelve él.

Una novela, pues, con ingredientes de folletín: amor, lágrimas, conflictos de clase, pero llevada por una mano que sabe para qué sirve una pluma, y con un buen carácter protagonista. Uno de esos novelones decimonónicos que se cierran, como diría Bécquer, “con una suave sonrisa de satisfacción”.

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18 enero 2024

La beata y la píldora

La de Pablo Pérez López en la Asociación Argumenta, de León, es una de esas conferencias que te proporcionan una visión clara del mundo que estás viviendo. Aunque la mayor parte de los datos me resulten conocidos, la coherencia de la exposición y la fluidez expresiva da como resultado una pieza que merece la pena escuchar de la cruz a la fecha. Me resultan muy aleccionadores, en concreto, los minutos que dedica a la Humanae vitae y su contexto, y sobre todo esa conversación de De Gaulle con el ministro Peyrefitte acerca de la píldora anticonceptiva.

¿La píldora? ¡Jamás! ¡Mi gobierno nunca presentará un proyecto de ley como ese! No se puede reducir a la mujer a una máquina de hacer el amor. Iría usted contra lo más precioso que tiene la mujer, la fecundidad. Está hecha para tener hijos. ¡Si se tolera la píldora, no se sostendrá ya nada!, ¡el sexo lo invadirá todo! Introducir la píldora, eso es sacrificar los bienes a largo plazo por unas pocas satisfacciones inmediatas. ¡No vamos a sacrificar Francia a la carne!

Sin embargo, acuciado por unos consejeros dignos de mejor causa, el general consultó el asunto con su mujer, “la Bigote”, la beata, la cual le dio el visto bueno a la dichosa píldora: su director espiritual era partidario.

 

Atención, primeros ministros de países donde aún existe el matrimonio: si les plantean la cuestión del matrimonio homosexual, no se les ocurra consultar con sus directores espirituales.



14 enero 2024

Varia

Luis Iglesias Feijoo diserta sobre Valle-Inclán en un ciclo de conferencias de cuya fecha no me acuerdo. Alguna resulta inaudible por el bajo volumen. El orador pone el acento en la nostalgia de Valle por un mundo feudal que alcanzó a ver de niño y que terminó con la llegada del industrialismo y el liberalismo. Según Iglesias, Valle mantuvo siempre esa postura de adhesión a lo tradicional, visible en la primera parte de su producción, pero en la segunda parte, a partir de Divinas palabras, nos muestra el envés de esa ideología, si así puede llamarse, con el rechazo visceral de lo moderno. ¿Fue su apuesta última por el fascismo y el comunismo un modo de empujar lo que había (“si algo está cayendo, empújalo”, dijo Nietzsche) para sepultarlo junto con lo tradicional? Esperaremos a las últimas conferencias.

No puedo con los comunicadores de la derecha cuando aún dan muestras de esperanza de que este tinglado caiga en breve. El martes, Dieter Brandau hablaba de nerviosismo en el PSOE y del primer batacazo de la legislatura, a propósito de los decretos que se votaban el miércoles. Que no, hombre: lasciate ogni speranza. ¿Es que no habéis tenido bastantes muestras? A este tipo le acompaña la suerte como a la criatura diabólica que es, y no es que vaya a ceder en todo, es que todo lo tiene cedido de antemano. No es que se humillen ante los separatistas, es que son la misma cosa. Quieren ser la misma cosa, al menos. Todos ellos han venido para ganar la guerra civil, y están arrogándose la representación del viejo Frente Popular, porque no tienen otra idea en la cabeza. Los desastres colaterales no son más que una consecuencia de esa obsesión alocada.

No suelo estar muy de acuerdo con Jesús Gonzalez Maestro, pero hay que reconocer que te lo pasas como un enano con sus críticas literarias. Acabo de oír la charla que dedica a la inactualidad de los cuentos de Cortázar. Según él, ya nadie se interesa por esa obra porque el psicoanálisis (que es “un cuento que interpreta otros cuentos”) ha pasado de moda hace tiempo: si en la segunda mitad del siglo XX eras poco menos que tonto si no lo conocías  y lo apreciabas, ahora ha sido sustituido por ideologías como el woke, más disparatadas si cabe, desde las cuales es imposible apreciar “Casa tomada” u otras piezas del argentino. Lo cierto es que a mí esos cuentos me parecen bastante estimables, pero me encanta oír este tipo de desmitificaciones: te hacen sentir más cómodo si dices que prefieres Galdós a Proust, o Luca de Tena a Sánchez Ferlosio.

 


04 enero 2024

Galería de espejos sin fondo

Este volumen, que data de los años 60, creo, recoge una serie de artículos que fueron publicados por Perucho en alguna parte que no se detalla, al menos en esta edición kiosquera de Orbis. Podría decirse que es una especie de “paisaje con figuras”, como la serie de Antonio Gala, siendo aquí las figuras unas reales y otras de ficción. De ficción son las que pueblan la primera parte, titulada precisamente “Las figuras”: una señorita de la buena sociedad barcelonesa de fin de siglo (XIX); un sabio aristócrata francés del XVIII; un conde teósofo de Bohemia; un irlandés combatiente en la guerra española de la independencia; o el caballero bizantino Kosmas, cuya vida ampliará luego en una novela, entre otros. “La huella en el espejo” comprende visiones impresionistas, a lo Azorín, de lugares reales, sobre todo de Cataluña y Aragón, pero con una incursión en el sur de Francia, con Toulouse-Lautrec de invitado. La tercera sección, “Los testigos del tiempo”, la constituyen semblanzas muy personales de personajes como Azorín, Álvaro Cunqueiro, Carles Riba o Joan Miró. La última la dedica a “Los vampiros” y es un monográfico, por así decir, sobre tales seres.

En conjunto, fantasía y realidad dándose la mano en un muestrario de las aficiones del autor.

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02 enero 2024

La filosofía se ha vuelto loca (y III)

Por otro lado, la proyección de nuestra propia naturaleza sobre los animales lo único que consigue es que perdamos el respeto por su propio modo de ser: el torero, el cazador, el visitante de un zoo conocen y respetan a los animales, mientras que las actitudes sentimentaloides

nos impiden estar atentos a lo que es diferente de lo humano, a lo que precisamente nada tiene que ver con lo humano.

El animalismo, en fin, emparenta con las teorías de género al ser incapaz de apreciar las diferencias: “esta incapacidad de concebir la diferencia tiene que ver con otra que no quiere admitir que existen de forma natural hombres y mujeres, que son en general diferentes”. De hecho, añado yo, la famosa “atención a la diversidad” de que tanto se habla en la enseñanza no es más que una atención a la diversidad… para negarla, puesto que se trata de dar cosas iguales a personas diferentes, negando que haya estudiantes con capacidades más altas que otros.

Desconozco el origen del término bioética, pero el hecho es que Braunstein lo aplica a los profesores que hicieron causa de la eutanasia, mientras que hoy, como sabemos, la Bioética es una especialidad, con cátedra y todo, de la que se ocupan más bien los defensores de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. El hecho de que hayan podido ampararse bajo la bandera de la ética cosas como la eutanasia, el aborto voluntario o incluso el infanticidio, horroriza con razón a nuestro hombre:

¿Qué ha sido de la ética para que tales profesores existan? ¿No será acaso su vida la que no merece la pena? ¿En que se ha convertido nuestra sociedad, que se permite semejante profesorado?

Podríamos aplicarlo a la política también, claro. Quienes promueven aberraciones desde el parlamento rara vez las ven con buenos ojos cuando se producen en su propio entorno familiar. Igualmente, “se reconoce fácilmente al militante proeutanasia porque él está pletórico de salud”.  Por otro lado, es fácil pontificar sobre el derecho a la vida cuando eres tú el que dice qué vidas son dignas de vivirse. Como concluye jocosamente Braunstein,

Si se piensa que la vida de una persona humana no puede ser protegida más que cuando esa persona es consciente y ha entendido lo que es la vida y la muerte, ciertamente Singer y sus fieles merecerían la muerte sin tardanza, de manera ética, eso sí.

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01 enero 2024

La filosofía se ha vuelto loca (II)

Por lo que respecta al animalismo, Braunstein hace notar que la imagen que estos doctrinarios tienen del animal es de todo punto ilusorio porque no entienden que su mundo es radicalmente otro con respecto al del ser humano. El animalista no le deja al animal comportarse como tal sino que le fuerza a entrar en los moldes del ser humano:

Para empezar, ¿en nombre de qué el señor Sunstein o su ex esposa… se arrogarían el derecho a convertirse en intérpretes de los animales? ¿Cuál de ellos ha nombrado a estos señores sus representantes en lugar de a adiestradores, cazadores o incluso a empleados de mataderos que viven día tras día con ellos y los conocen infinitamente mejor que unos profesores universitarios anglosajones que proyectan su miseria afectiva en su pobrecito perrito? [negrita mía].

Estos doctrinarios se esfuerzan en establecer que no hay diferencia esencial entre el “animal humano” y otras especies. La ciencia parece que vino en su ayuda cuando reveló que el hombre comparte con el irracional hasta el 99% del material genético. Un uso particular de las teorías de Darwin les sirve también como base. Con razón el médico Raymond Tallis, citado por Braunstein, observa que

es muy paradójico que sean dos de los descubrimientos más geniales de la inteligencia humana, la teoría darwiniana de la evolución y las neurociencias, los que se utilizan habitualmente para demostrar que el hombre no es más que una bestia.

Nada impide, sin embargo, que ese 1% que diferencia el material genético del hombre del del animal no represente una diferencia esencial. Y nuestra propia preocupación por los animales no deja de ser un síntoma de esa diferencia, ya que, como indica otro autor citado por Braunstein,

…si bien ciertamente somos animales como los demás, somos también animales con la capacidad de establecer reglas, sobre todo la de no estar sometidos únicamente a la “ley de la selva”.

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