29 diciembre 2020

Pues estamos a punto de verlo...

 Exageramos la constancia hasta luchar ocho siglos contra los moros; exageramos la religión hasta inventar la Inquisición; un día exageraremos el socialismo y ya veremos a dónde llegamos. 

Juan Donoso Cortés, citado por Waldo de Mier en La herencia.

...y si no lo vimos hace ochenta años, fue porque alguien lo evitó. 






23 diciembre 2020

John Le Carré

 En mi temprana adolescencia, ese nombre, junto con el de Graham Greene, venía asociado a películas de complejo argumento protagonizadas por unos tipos fríos y calculadores que, en medio de los peligros, se pegaban una vidorra viajando de acá para allá entre hoteles y locales de ocio más o menos glamuroso. Es cierto que el mundo del espionaje tiene un gran poder de fascinación a esas edades. Hasta el punto de que, más tarde, cuando La chica del tambor se vendía por ahí como un best-seller, tuve la impresión de que el nombre, al comercializarse, perdía parte de su hechizo. Como si sus libros anteriores no hubieran vendido igual.

Pero un día, ojeando un folleto no sé si del Círculo de Lectores, o algo así, leo que La chica del tambor está protagonizada por una chica antisionista. Por entonces yo creía en las conspiraciones mundiales, y los sionistas tenían una parte importante en ellas, según mis lecturas… ¿diré tóxicas? de aquel momento. Y encima ilustraban la reseña con una jovencita en pose tariro tariro (que, por cierto, no responde al tipo de la protagonista de la novela). Así que no debió de pasar mucho tiempo hasta que empezase a leer La chica del tambor con auténtica veneración. Y en ella me enteré, entre otras cosas, de que el antisionismo no era solo cosa de las tendencias políticas que yo por entonces frecuentaba, sino también de los rojillos, que estaban por los palestinos y tal. La chica del tambor (todavía no sé por qué ese título) era una roja ingenua a la que los israelíes consiguen reclutar. Y resulta que los judíos y los palestinos representaban, respectivamente, el papel de los occidentales y de los rusos en otras novelas del autor, es decir, los buenos y los malos, con todos los matices que un buen escritor debe considerar, claro. Allí empecé a matizar también mis posturas.

Mis experiencias posteriores con Le Carré pasan por la serie protagonizada por Alec Guinness y, mucho más tarde, por algunas lecturas de las que he dejado constancia en este cartapacio, aparte del Espía que surgió del frío, leída antes de que me diera por escribir reseñas, y con bastante gustito. Las obras posteriores a La chica, no sé por qué, no me atraen demasiado.



20 diciembre 2020

La danza de los salmones


 La única razón que se me ocurre para que Mercedes Salisachs escribiera esto es que quisiera dar la réplica al Juan Salvador Gaviota de Richard Bach, desde una perspectiva que sería fácil llamar burguesa, pero que quizá no sea más que un elogio de la vida sencilla y familiar frente a los excesos retóricos de esas espiritualidades sincretistas, con sus frases de hoja de calendario, que a base de voluntarismo abocan a la pura vanidad. Así sucede con el salmón llamado Trueno, el que renuncia a la danza (al apareamiento) y a las costumbres inveteradas de estos peces, para vivir en una solitaria superhombría (supersalmonería, en este caso) cuyas relaciones con los demás se limitan a ser el gurú de un coro de admiradores que repiten sus mantras. El salmón Patricio cae en esa trampa hasta el punto de erigirse en el más rendido admirador de Trueno y abandonar su romance con Potámide, convertido a la utopía a cambio de volverse un tipo altivo y rarito. Pero, como en una buena fábula, acabará escarmentando.

Dije que me parece la única razón porque Salisachs ha demostrado su capacidad para crear tramas novelescas sólidas, más allá de esta fabulilla superficial, como lo es la de Bach, por supuesto, hoy sumida en el olvido aunque sus frases adornaran tantas carpetas en los 70.

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29 noviembre 2020

Memoria (democrática o de la otra)

 Josep Pla:

Gracias a Dios hubo en España fuerzas sociales suficientemente sanas para que al impulso de un hombre providencial y la clase militar que nos ha salvado tantas veces en el curso de la historia -cosa que no existió en Rusia- pudiéramos invertir la situación.

Citado por Jordi Amat, 26 de noviembre de 2020



28 octubre 2020

Los progres de 1868

 Revolución gloriosa. Decreto sobre libertad de cátedra, 22de octubre:

 Llegará un tiempo en que, como ha sucedido en la industria, la competencia entre los que enseñan se limite a los particulares, desapareciendo la enseñanza oficial. Así lo aconseja el estudio de los móviles de la actividad humana, y así será, porque no puede menos de ser. Es propio del Estado hacer que se respete el derecho de todos, no encargarse de trabajos que los individuos pueden desempeñar con más extensión y eficacia. La supresión de la enseñanza pública, es, por consiguiente, el ideal a que debemos aproximarnos, haciendo posible su realización en un porvenir no lejano.

Tampoco parecen muy cercanos a ellos los del PSOE…







24 octubre 2020

La moción.

Casado actuó como el colegial al que malmeten diciéndole que fulano quiere fastidiarle, y se lo cree, y saca uñas y dientes, demostrando que sabe defenderse, ante la hilaridad de los cizañeros, que le dan cariñosas palmaditas. Sí, señor, tú vales…

Y el caso es que quizá fuese cierto que un éxito relativo de Abascal le apearía del liderazgo de la oposición. En ese sentido, estuvo también acertado al no poner buena cara a las palmaditas y enseñarle también los dientes al pelos. Ni ese me va a desbancar ni vosotros me vais a amansar, o así.

La pena es que no sea tiempo de mordiscos entre la oposición, sino de plantar cara al monstruo. Por eso perdieron los dos. Y perdemos todos, claro.

Paso por el Re-read y me hago con un tomo de obras de Muñoz Seca, más de mil páginas en papel biblia de obras de las que, salvo La venganza de don Mendo, nunca había oído hablar. Títulos como Adán y Evans o John y Thum ya dan el tono de lo que es el teatro de este hombre.

Me pregunta el librero si quiero que me avise cuando haya desembalado los otros tomos que obran en su poder. No soy tan devoto del autor, le digo. De momento, tengo para reírme un rato largo.

Sigo la lectura de Línea Siegfried, de Giménez-Arnau (padre), aún perplejo por el tono más bien rosáceo de una trama que imaginé ante todo bélica. Voy promediando el volumen y ya va adquiriendo algo de ese carácter documental que proclama la contraportada. Aun así, no lo pondría yo junto a un Embajador en el infierno o un Tres días de julio, por ejemplo.



03 octubre 2020

Pues va a ser verdad que el PSOE renunció al marxismo.

 Karl Marx, Crítica del programa de Gotha, IV:

Eso de “enseñanza popular a cargo del Estado” es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc., y velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado, como se hace en los Estados Unidos, y otra cosa completamente distinta es nombrar al Estado educador del pueblo! Lejos de esto, lo que hay que hacer es sustraer la escuela a toda influencia por parte del gobierno y de la Iglesia.

(Citado por José Sánchez Tortosa, El culto pedagógico, parte 2, capítulo 8)

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24 septiembre 2020

Esa capacidad prodigiosa

 

Gregorio Marañón, Vocación y ética:

Lo más corriente es que el instinto sexual y el amor se susciten por detalles momentáneos y accesorios, cuya eficacia de atracción se desvanece después…

Y pienso en tantos matrimonios rotos porque “ya no sentíamos nada el uno por el otro”. Sí, dice Marañón, todo sería desengaño y tragedia

si no existiera esa capacidad prodigiosa que tiene el hombre de crear, a la larga, el amor o la vocación sin vocación y sin amor iniciales, tan solo con el material de la convivencia y la buena voluntad. Esta aptitud, la más noble de nuestra especie, la que más nos acerca al Dios creador, rectifica el error del principio; y quién sabe si no es, en definitiva, la fuente más pura y elevada de la humana felicidad.

(Pp. 41 y 42 de la edición de Austral, 1966)



19 septiembre 2020

“Detesto lo que usted dice, pero

 

daría mi vida por que pudiera decirlo”. Esta frase, atribuida no sé si a Voltaire, suele usarse para definir gráficamente la libertad de expresión. Curiosamente (dejémoslo en curiosamente), el PSOE llama democrática a la ley con la que pretende castigar con la miseria a todo aquel que disienta de su visión de la historia; siendo así que, según tengo entendido, uno de los pilares de la democracia es la libertad de expresión. Pero es que la idea de la democracia que tiene el PSOE coincide de hecho con ellos mismos. Es, sí, el rótulo que se ponen en la frente y que les habilita, según creen, para cualquier tropelía. La democracia son ellos, como el estado era Luis XIV.

Lo malo es que, en esta bufonada, el PP ha elegido el papel del patético. Cada vez que el PSOE, con una de sus leyes o decretos, pronuncia su “la democracia soy yo”, me los imagino dando saltitos y levantando el dedo: “¡y yo también!, ¡y yo también!”

Lo serán… pero menos. De eso se trata, claro.



16 septiembre 2020

La justificación por la democracia

 Los gobiernos socialistas me recuerdan a menudo la polémica sobre la justificación: ¿por la fe o por las obras? Ellos han inventado la justificación por la democracia, y se adornan la frente con el rótulo de demócrata como los fariseos con sus filacterias, erigiéndose en los buenos del sistema y con el escándalo siempre a punto contra aquellos que osan relativizar de algún modo la justificación por esa vía: así Abascal con sus ochenta años.

Pero la democracia no es un rótulo, sino unas disposiciones y unas actitudes. Desde una dictadura se pueden poner las bases para una democracia, con medidas educativas, económicas, sociales; mientras que desde un sistema democrático se puede trabajar para sumir al pueblo en el analfabetismo funcional y acabar aprovechando cualquier coyuntura, una pandemia por ejemplo, para llevarlo a la ruina y edificar desde allí el primer régimen de “socialismo del siglo XXI” en Europa. Es la diferencia entre los primeros cuarenta años y los segundos.



10 septiembre 2020

Genitales como ángeles

 Paso la mañana examinando un libro de texto de Casals. El contenido doctrinal es tan profuso que resulta obsceno. Ya en la portada, “Don Quijote frente a las apuestas”, o algo así, se lo juro. Luego, textos sobre la Greta ecolojeta, sobre la igualdad de las especies, la violencia en la “pareja” …; don Quijote defiende la libertad de conciencia y Cervantes critica la violencia machista… y feminismo, feminismo en cada página. Junto a Fray Luis y San Juan de la Cruz, una Luisa de cuyo apellido ni me acuerdo; junto a Lope y Calderón, otra que tal; sor Juana Inés a la par de Góngora y recordada por su “Hombres necios…”; de Santa Teresa, junto a su doctorado (menos mal) se recuerda, cómo no, su episodio con la Inquisición, y no se menciona una sola autora sin traer a cuento las dificultades que le trajo su sexo y su lucha contra los estereotipos. El material escolar de los años 40, con su exaltación de las glorias patrias, palidece de envidia.

La última ocurrencia de esas mentes erráticas que se rotulan con las siglas LGBTI (de momento) se ha presentado en una exposición de tema trans en Barcelona. Según ellos, el binarismo es una forma de opresión que nos clasifica arbitrariamente en hombres y mujeres. Y no: los genitales, sépanlo, son individuales, personales e inclasificables. Cada uno agota su propia especie, como los ángeles. Por supuesto, el consistorio les apoya.

Me sorprende gratamente el estilo divulgativo, como de documental televisivo, de un ensayo tan famoso como La crisis de la conciencia europea, de Paul Hazard. Un estupendo relax frente a tanta memez.




 

06 septiembre 2020

Empezar una novela de Antonio Prieto

 es preguntarse qué capricho lingüístico habrá tenido nuestro hombre esta vez. En Carta sin tiempo, por ejemplo, le da por utilizar de modo peculiar la preposición en, cosa que también se advierte, por ejemplo, en su estudio Morfología de la novela. En Isla blanca, cuya lectura acabo de emprender, la ocurrencia estriba en el uso transitivo del verbo caminar (caminar la calle), pero casi siempre como metáfora: caminar la vida, etc.

Es uno de sus atractivos… hasta que deja de tener gracia, por lo reiterativo.

Otra de las constantes de Prieto es la inclusión en sus novelas de personajes históricos, sobre todo del campo de la literatura. En Isla blanca hay extras como Gerardo Diego, Benavente o Galdós, y entre otras se cita una novela de un tal José Francés que me es desconocido: figura menor, al parecer, del mundo literario de la Edad de plata, según la Wiki reputado crítico de arte y novelista a ratos, que durante la guerra civil se refugió del interés de la izquierda por la cultura en la embajada de Rumanía, eludiendo así el destino de los Maeztu, Hinojosa o Maura Gamazo.

Y luego están esas manoletinas que se permite con la composición narrativa. En este caso, le da por partir los capítulos en medio de una carta, la que escribe Andrés a Helena o Helena a Andrés, dejándola a veces a la mitad de una frase. Por supuesto, es inútil buscar sentidos ocultos a tal proceder. Son cosas de virtuoso.



 

02 septiembre 2020

Buero Vallejo (q. e. p. d.)

 se une a los que dicen que Casa de muñecas es una obra feminista*. Tu quoque. Triste feminismo si el modelo es una mujer que abandona a su familia en pro de no sé qué “deberes consigo misma”. Bueno, es feminista si entendemos que es humanista. Lo que hay en Casa de muñecas es una afirmación de la dignidad de la persona, que en este caso es una mujer; por muchos deberes que una tenga hacia el marido y los hijos, sigue siendo una persona a la que no se puede tratar como una muñeca, quitándole toda iniciativa y responsabilidad.

Y el espectador comprende la reacción de Nora. No es una mujer débil que se someta al abuso de autoridad ni una santa que lo sufra en aras de un bien mayor. Otra cuestión es erigir esa conducta en norma para toda mujer. Elegirse a uno mismo es el camino más corto a la infelicidad, como bien sabemos.

Y hay aún algo que separa a Casa de muñecas del feminismo de hoy. ¿Qué dice Nora? “Mis deberes conmigo misma”. Deberes. El feminismo actual, como todos los victimismos actuales, solo habla de derechos. Como todos los victimismos actuales, es un movimiento adolescente.

*En su, por lo demás, interesante conferencia en la Fundación Juan March.






 

 

29 agosto 2020

Estercoleros...

En efecto, en Vox deberían pensar lo que dicen si no quieren ajustarse a esa imagen de chusma racista que les quieren colgar. No habría estercoleros si se dieran atribuciones a las fuerzas del orden para cortar de raíz cualquier acción delictiva o alborotadora, cometida por magrebíes o por cacereños; si se impeliera a todo el mundo a cumplir sus deberes de ciudadano y si se hiciera efectiva la igualdad ante la ley. Estercoleros serán esos lugares, aunque estén poblados por impolutos descendientes de los godos, si sale más caro a un policía un rasguño infligido a un delincuente que a ese mismo delincuente matar al policía. Más que la multiculturalidad, el problema es el Estado permisivo.

Por cierto, en Estado de alarma uno llama estercolero, varias veces (incluso una vez “pandilla de estercolero”, cosas del directo) a los proetarras que saldrán hoy en manifa. Apuesto a que el terminillo se pone de moda.

Más Estado de alarma: Hablan del prototema (el virus) y coinciden todos en que el gobierno no sabe qué hacer… Un cuerno. Van a ilegalizar la Fundación Francisco Franco y a meter en la cárcel a todos los que hablen bien de Franco. Ahí van como motos.

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28 agosto 2020

Anunciación y otras cosas

 

Bonito cuento de Luis Julio sobre la Anunciación a María, “La Niña”, dentro de sus Cuentos desde la orilla. Destaca a la vez la sencillez de María y su convicción de estar llamada a algo especialmente grande. “Esta muchacha, no sé, parece como si estuviera esperando un ángel”.

De la misma tacada leo otras piezas del mismo volumen. Melancolía ante el paso del tiempo, mirada amable a la naturaleza y compasión por los que bregan día tras día contra toda esperanza. “La frontera” es casi una alegoría de la propia vida humana.

Dicen que en Francia cambian el título a Diez negritos, de Agatha Christie, para no molestar y tal. El que se moleste es [aquí cualquier término del nonnato Diccionario de tontos de Jaime Campmany], pero además se trata de un atentado cultural (otro más), en nombre de un buenismo que amenaza con matarnos lentamente, como el tabaco.

(Suerte que Enrique, como siempre, se lo toma con humor. Qué haríamos sin él)

Green book. Cuando toda una sociedad se hallaba convencida de que tenía razón en sus brutales prejuicios y acabó desengañándose por la vía de los hechos, ¿será difícil convencerla de que el rechazo al “matrimonio gay”, por ejemplo, es fruto de un prejuicio similar? Lo sé, no tiene nada que ver lo uno con lo otro, pero la mala conciencia histórica puede pesar más que la razón, sobre todo en tiempos en que se fía más al sentir que al pensar. El mal siempre trae consecuencias.

Por cierto, el tema principal de esa película no es la denuncia de los prejuicios. Eso queda anulado, por supuesto, ante el fenomenal elogio de la amistad que es la historia del italiano y el negro y su mutuo enriquecimiento personal. Para los incondicionales de Cervantes, es inevitable recordar a Don Quijote y Sancho.



29 julio 2020

Guía espiritual de Castilla


De esta Guía espiritual de Castilla hizo Ámbito una edición de lujo, con buenas fotografías de un señor llamado Miguel Marín. Me encontré en Maxtor unos ejemplares nuevos de trinca a diez eurillos y salí con uno de ellos bajo el brazo. Liquidación de restos de la extinta editorial, me explicó el librero.

El aspecto es de libraco bonito para adornar mesitas, pero en realidad es un ameno ensayo, como todos los de Jiménez Lozano. No se trata de un análisis exhaustivo de los templos de Castilla ni de una reflexión de calado teológico, como puede llevar a pensar el título, sino más bien de un repaso a la vida cotidiana de las “tres culturas” en la España medieval: un concepto, este de las tres culturas, hoy puesto con frecuencia en irónico entredicho pero que en la época en que se publicó el libro podía suscitar entusiasmos. La interacción entre vida y arte, entre creencias e iconografía, queda aquí plasmada de forma convincente. En su debe pondría cierta tendencia a evocar los pecados cuando se trata de los cristianos (y me refiero sobre todo al pecado de la Inquisición) y las virtudes cuando se trata de las otras dos culturas, víctimas de aquella. Supongo que es también signo de los tiempos. Incluso en las figuras de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, devociones del autor, lo que más parece admirar son sus rasgos genéticos judeomoriscos.

Por lo que ese refiere a las fotografías, es curioso cómo el paisaje de Castilla puede llegar a parecerse a una pintura de Tapies, y si no véanse esas panorámicas compuestas de dos o tres franjas, suelo, cielo y a veces nubes.

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02 julio 2020

Empoderamiento


La mujer pierde su encanto no solo por permitirse palabras indelicadas, sino también por lo que escucha, es decir, por lo que osan decir en su presencia. En el seno de la familia la modestia y la sencillez se bastan para mantener las consideraciones que a una mujer se deben, pero en la calle hace falta más. La elegancia de su lenguaje y la nobleza de sus maneras forman parte de su dignidad misma y solo mediante ellas se ganará el respeto de la sociedad.

Madame de Staël, 1766-1817, novelista, autora de ensayos filosóficos, politóloga, crítica literaria, salonnière y exiliada antibonapartista. En La literatura y su relación con la sociedad, segunda parte, capítulo II.

Gracias, Madame…





24 junio 2020

La juventud de 1936


Francisco de Cossío, en Manolo:

Los predicadores se desgañitan en los púlpitos escandalizados por los hábitos de esta juventud. El teatro de costumbres nos la ofrece como una juventud medio tonta, sin ideales, entregada no más que a los estímulos de la sensualidad y del ocio. Se anuncia la disolución de la sociedad, por la pendiente en que se halla esta juventud. Ni padres ni maestros pueden con ella. Los hijos saben más de todo que los padres. No existe disciplina. El concepto de la jerarquía se ha perdido. “Estas son ideas rancias”. “Hay que marchar con los tiempos”, “los viejos están chochos”… Las normas morales las da el cinematógrafo, y por cualquier parte advertimos síntomas de disociación familiar. ¿Para qué va a servir esta juventud, Dios mío?

Citado por Rafael García Serrano en Diccionario para un macuto, el cual prosigue:

Esa juventud fue la de la generación de los voluntarios, la que siguió con fidelidad celtibérica, hasta más allá de la muerte, la bandera que habían levantado unos cuantos hombres jóvenes y a la que sirvieron ejemplarmente, como una alegre guerrilla, como una venturosa profecía, los jóvenes que ya luchaban por España antes de que el ejército levantase su espada.

¿Quién puede decir que todo está perdido?




16 junio 2020

Perplejidad


Juan Meseguer, en Aceprensa:

La libertad religiosa pinchó en ese país [España] la “burbuja católica”; esto es, la apariencia inflada de consenso en torno a unos valores y unas creencias que el régimen franquista consideraba intocables. Y de paso, se llevó por delante el caldo de cultivo para un anticlericalismo resentido, que no dejaba de ser una reacción al hecho de que alguien fuera obligado a actuar en contra de sus convicciones íntimas.

Me quedo pasmado. ¿Se puede afirmar, con la cara en su sitio, que el “anticlericalismo resentido” está ausente en la España actual? ¿Que hay menos anticlericalismo ahora que en 1967? Y, si efectivamente no es así, ¿se puede afirmar con semejante cuajo que la causa de ese anticlericalismo era la falta de libertad religiosa?

No dejo de tener la impresión de que, por lo que se refiere a cuando entonces, hasta los cerebros más juiciosos parecen incapaces de pensar fuera de los cauces impuestos como correctos hace ya demasiado tiempo…





13 junio 2020

Es mejor


Es mejor, en términos generales, que las mujeres se consagren únicamente a las virtudes domésticas…

Madame de Staël (1766-1817), novelista, autora de ensayos filosóficos, politóloga, crítica literaria, salonnière y exiliada antibonapartista.

(En su contexto, lo importante es el pero que viene a continuación, donde se queja de que los hombres perdonen mejor la falta de esas virtudes que el que las mujeres sobresalgan por su talento. Pero no me negarán que, como premisa, resulta impactante, viniendo de quien viene.)



05 junio 2020

El fin de la eternidad


Las novelas de ciencia ficción tienen con frecuencia un elemento de distopía, ya saben, ese tipo de relatos que nos muestran un mundo sometido a un poder omnímodo y deshumanizador a base de aplastar derechos y libertades, pero a menudo convencido de que hace lo mejor para la humanidad: “comunidad, identidad, estabilidad”, era el lema de los dirigentes del mundo feliz de Huxley.

En el caso de El fin de la eternidad, ese poder se ejerce desde más allá del tiempo, y se trata de reencauzar acontecimientos para que resulten lo más inocuos posible: un cambio de realidad lo llaman. Eso está reservado a una élite de funcionarios de la Eternidad agrupados en funciones que son casi castas: computadores, técnicos, operarios y no sé qué más. Aquí Asimov se enfrenta a las aporías del viaje en el tiempo, un desatino conceptual ya que el viaje como tal es en el espacio forzosamente, pero una idea atractiva desde que Einstein o quien fuese vinculó el espacio con el tiempo. Asimov hace encaje de bolillos para lidiar con estas aporías, entre las que se incluye la típica y chusca situación de encontrarse uno consigo mismo en el pasado. Pero no llega a convencer, claro. El tiempo sería aquí lo más parecido a un río en que cada punto es infinitamente cambiante, según aquello de Heráclito de que nunca te bañas en el mismo río; de modo que una persona tendría infinitos análogos en el mismo punto del tiempo. Una auténtica demencia.

La eternidad, ya se ve, aparece aquí como algo ajeno a la metafísica, es decir, no es ni de lejos la morada de Dios o de los ángeles, sino algo totalmente integrado en el universo físico, aunque la mayor parte de los temporales ni siquiera sospechen su existencia. Pero tampoco convence, pues esta eternidad acaba teniendo también su tiempo, que miden en fisioaños, fisiohoras…

Y, como en otras distopías, el tinglado entra en crisis cuando entra en escena el amor, prácticamente prohibido a los eternos. El prota, un técnico llamado Harlan, se propone nada menos que destruir la eternidad cuando ha de elegir entre ella o su amada. Y ahí lo tenemos pensando que es el caballero andante que va a salvar a la chica, ***SPOILER pero sí, sí…***

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02 junio 2020

Nihil novum


La libertad de opinión empezó en Francia con los ataques contra la religión católica porque eran los únicos actos de osadía sin consecuencias para el autor…


Madame de Staël (1766-1817), La literatura y su relación con la sociedad, parte I, capítulo XX.




18 mayo 2020

De la ética al control


"...ya no hay ámbito de la vida en el que no se hable de ética. Todo se ha moralizado minuciosamente. Observemos lo fácil que es, a continuación, transformar lo ético en político a base de promulgar una ley para cada norma moral, un escrache mediático para cada opinión o conducta políticamente incorrecta. Y el siguiente paso, una vez que hemos convertido ya todo lo personal en político, consiste en poner todo lo político bajo el control total de unos pocos."

Del artículo "La perversión de las causas justas", de Alfredo Marcos





14 mayo 2020

Transhumanismo


Nicolás Gómez Dávila:

El individuo se rebela hoy contra la inalterable naturaleza humana para abstenerse de enmendar su corregible naturaleza propia.

No sé si habrá una relación causal/final, pero al menos es llamativo que coincida el afán de hacer ingeniería biológica con la mentalidad de “a mí nadie me dice lo que tengo que hacer”.




09 mayo 2020

La sustancia del mal


Creo que los cineastas llaman macguffin a un episodio inicial que parece que va a convertirse en eje de la trama pero no: su función es secundaria y sirve para dar paso a la acción principal. Según eso, sería un macguffin el drama con que arranca esta novela, en que el protagonista ve morir a sus compañeros de expedición en una acción de rescate en la montaña. Él, documentalista de televisión, había querido acompañarles y por mi culpa y tal.

El caso es que en el pueblo tirolés donde vive su suegro, y donde él espera recuperarse de la terrible neura que le aflige desde entonces, sucedió hace años un horrible asesinato múltiple. Salinger (que así se llama) se obsesiona con el caso, y aunque mil veces quiere dejarlo otras mil vuelve a ello, llegando a concitar la enemiga de los del pueblo y a hacer casi naufragar su matrimonio, cosa que no sucede, dicho sea por lo raro del asunto.

Hay comedias de Jardiel Poncela donde, cuando parece que todo se ha descubierto, viene otra vuelta de tuerca y lo que parecía no era, y así varias veces. Algo parecido sucede aquí, y no sé si decir que eso mejora la trama o no. El caso es que Luca d´Andrea consigue mantener la expectación, adornando su relato con terrores clásicos y terrores psicológicos. Llamo terrores clásicos a la presencia de seres horráibols, que diría Forges, que nunca sabes si serán o no reales, y al paisaje nocturno y nebuloso, todo lo cual confiere a la novela un carácter híbrido entre relato de terror y ficción policíaca. Muy eficaz, ciertamente.
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06 mayo 2020

Antitipo


La señora [Mercedes] Ballesteros no respondía al tipo de la feminista al uso. Bonita, delicada, con el dulce seseo de su Colombia natal […] Trabajadora infatigable, ama de casa excelente y buena deportista, supo armonizar su vocación por la historia, sus cuidados a sus hijos y marido, y su afición al esquí.

En Mercedes Formica, Escucho el silencio, p. 48



01 mayo 2020

Pero yo os digo


En plena batalla del Ebro, el cura castrense de un regimiento navarro que solía rezar un rosario al anochecer, se encontró sorprendido con que la tropa le hacía una huelga de padrenuestros al llegar el momento de orar por nuestros caídos. “¿Qué pasa?”, preguntó. Y un barbudo navarro le contestó con voz varonil: Que se diga por nuestros caídos y por los de nuestros hermanos de enfrente”.

En Salvador de Madariaga, España, citado por Rafael García Serrano, Diccionario para un macuto, s. v. requeté.





27 abril 2020

Se hace tarde y anochece


Este libro viene a ser una especie de nuevo “Informe sobre la fe”, a semejanza del que publicó el entonces cardenal Ratzinger en conversación con Vittorio Messori. De hecho, el Informe sobre la fe es citado con frecuencia por el cardenal Sarah en esta su tercera entrevista con Nicolas Diat. Como en aquel, aquí se trata fundamentalmente de dar una voz de alarma ante ciertas tendencias diríamos viciadas en la Iglesia actual. En concreto, Sarah pone el acento en algo a lo que Julián Marías aplicaba el chiste de Quevedo, ese de “¿Quieres que las mujeres vayan detrás de ti? Ponte delante de ellas”. Es decir, la manía de querer acaudillar aquellas causas que tienen predicamento en la sociedad actual, tales como ecologismo o feminismo, por ejemplo, en detrimento de lo más sustancial de la doctrina y pensando que así se atraerán fieles.

Pero no se trata solo de un intento de corrección de líneas pastorales, sino de un diagnóstico de su mundo. Y con respecto a la Europa actual, ese diagnóstico es terrible: se trata de una sociedad que está muriendo y que quiere morir matando las identidades de los pueblos que no comparten los usos que han llevado a la ruina moral a los europeos, como África por ejemplo, aunque es de destacar también la defensa que hace de Rusia en ese sentido. La perdición de Europa es que ha optado por la desesperanza al rechazar a Dios, de modo que

…Occidente vive la experiencia de la soledad radical y deliberadamente deseada de los condenados.

Creo que nunca se había emitido un juicio tan feroz y al mismo tiempo certero sobre nuestra situación. Así las cosas, solo cabe borrar ya del mapa de una vez semejante pudridero, mediante una pandemia asoladora, por ejemplo, y esto ya lo digo yo. Pero, al contrario que Europa, Sarah no ha perdido la esperanza. Esta radica en esos cristianos que aún alimentan el fuego de la fe en Europa, cuya responsabilidad no consiste en salvar una civilización sino en

…vivir fielmente y sin componendas la fe que habéis recibido de Cristo. […] ¡Cuidad ese fuego sagrado! Que sea vuestro calor en medio del invierno de Occidente. Cuando un fuego ilumina la noche, los hombres van reuniéndose poco a poco en torno a él. Esa debe ser vuestra esperanza.

Pero hay muchas más cosas que merece la pena reseñar en este libro y así lo haré en entradas posteriores. Estamos ante uno de los títulos más importantes que se han publicado en su género, en los últimos años.
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25 abril 2020

Karenin vencedor


La compasión por Anna, el arrepentimiento por haber deseado su muerte y, sobre todo, la misma alegría del perdón, no solo habían aliviado sus sufrimientos, sino que le habían comunicado una paz interior desconocida hasta entonces. De pronto comprendió que lo mismo que había sido fuente de padecimiento se había convertido en fuente de alegrías espirituales, y lo que le había parecido insoluble cuando condenaba, reprochaba y odiaba, se había vuelto claro y sencillo ahora que amaba y perdonaba.*

Aunque aún le tocará sufrir…

*(Cuarta parte, capítulo XIX. De Anna Karenina, por supuesto)





23 abril 2020

Memorias del subsuelo


Hoy diríamos que el problema de este señor que se nos confiesa aquí es de falta de autoestima. Piensa que es malo, pero en el fondo se diría que lo que le corroe es que esa maldad no se traduzca en actos que le permitan adquirir fama o ascendiente sobre los demás. Ser malo siendo un pobre diablo no resulta nada grato. Y, además, no es tan malo, no como él lo supone. Pero como tampoco es un santo, vuelve a aparecer la frustración: ni santo ni famoso criminal. Es una criatura consumida por el orgullo no satisfecho.

Y hasta aquí mi diagnóstico de profano en psicología. Lo cierto es que Dostoievski ha fabricado un personaje que después podía haber utilizado en una novela mayor, como algunos compositores componían oberturas a la espera de una ópera donde encajarlas. Podría haber sido incluso un germen de Raskolnikov. La novela (otro ejemplo de que eso del monólogo interior o flujo de conciencia no se inventó en el siglo XX) comienza con la autopresentación del personaje, tratando de hacérsenos odioso; sigue con una comida de amigos a la que se invita con el oscuro afán de adquirir ese soñado protagonismo y que acaba con una enorme frustración; y acaba con su relación con una prostituta en la que se incluye un vibrante discurso moral que es quizá lo más atractivo de la novela, en el que nos convencemos de que no estamos ante un psicópata sino ante una persona con clara conciencia del bien y del mal.
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20 abril 2020

En el más alto sentido


Pero, en fin, si he hablado de amistad , de estimación, de fraternidad, no cabe duda de que he hablado de amor –aparte de haber hablado también de amoríos—de amor en el más alto sentido y claro está que estoy queriendo decir en el sentido cristiano.


Rosa Chacel, "Volviendo al punto de partida", en Revista de Occidente, 17 (1964). Recogido en Rebañaduras, p. 31



18 abril 2020

Cal viva


Esta experiencia creo no haberla tenido con un libro. Quiero decir el hecho de que su autor me fuese resultando cada vez más antipático a medida que avanzaba, y que lo siguiese siendo durante el visionado de algunas entrevistas realizadas con él. Desde luego, Amedo no trata de justificarse: a esas alturas creo que lo suyo era ya poco justificable. De hecho emplea un tono bastante frío en la narración de su peripecia. Lo único que podría haber evitado esa reacción de antipatía por parte del lector habría sido el presentar a sus víctimas como bestias salvajes, pero tampoco le ha dado por cargar las tintas en ese sentido. Lo que le interesa es subrayar la culpabilidad del gobierno de entonces en la organización de los GAL. Y esto, que de por sí habría provocado la desaparición total de un partido político de no mediar otros factores que no son del caso, es lo que anima a proseguir la lectura.

Hay que decir que el tipo también sabe dar a su relato un aire de novela negra a la europea, en plan todos malos, sobre todo cuando introduce la figura de las mujeres activistas, las que llama Dama negra y Dama rubia, cuya identidad silencia cuidadosamente, dos auténticas asesinas de película, una de ellas al estilo de la vengadora de La novia vestía de negro de Woolrich/Truffaut, pues al parecer se trataba de la esposa de una víctima de ETA. No se puede negar que causa cierto gustillo imaginar a estas tipas disparando contra los etarras. La pena es que al final estaban haciendo el juego a un partido que entonces declaraba la guerra a ETA tan alegremente como luego se entendería con ella, en una política mafiosa que hemos aguantado demasiado tiempo.
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16 abril 2020

Juicios implícitos


El siguiente aforismo de Nicolás Gómez Dávila me hace pensar en los que dicen cosas como pareja, género, machista, homófobo, padres-y-madres… sin formar parte del tinglado.

Quien acepte el léxico del enemigo se rinde sin saberlo. Antes de hacerse explícitos en las proposiciones, los juicios están implícitos en los vocablos.




14 abril 2020

Los trabajos de Persiles y Sigismunda


Es ley inexorable, al parecer: deslumbramiento en la primera lectura, decepción (relativa) en la segunda. En el caso del Persiles, mi fascinación llegó al punto de considerar esta novela como equiparable al Quijote e incluso como su remate: me pareció que era la contrapartida en plan positivo de lo que se había contemplado en negativo en el Quijote: es decir, Cervantes planteaba en el Persiles al auténtico héroe, libre de los engaños pueriles de la caballería y asentado sin más en el terreno firme de la virtud.

En esta segunda visita, en cambio, me ha parecido una obra más bien desestructurada, que hilvana episodios por lo demás muy parecidos entre sí y que insiste una y otra vez en el tema del mal de amor y la bella esquiva. Debe de ser una impresión superficial, sin embargo, porque curioseando por ahí encuentro gente que es capaz de otorgarle una estructura y un propósito bien definidos, aun reconociendo su inferioridad al Quijote. A cambio, me han encantado las frecuentes sentencias a que tan aficionado es Cervantes, y donde se ve quizá a un hombre que, en efecto, ve próximo el tránsito a una mejor vida y va poniendo en orden los muebles, quiero decir, claro, el estado de su alma.

De lo que no se puede dudar es de que nos hallamos ante una reelaboración en sentido cristiano de las viejas novelas griegas, o bizantinas, de amor y aventuras. El peregrinaje a Roma con final feliz a través de vicisitudes sin cuento que van aquilatando el amor de los protagonistas (Luis Rosales pone muy bien de relieve todo esto en el libro que comentaba aquí hace poco); el contraste entre los bárbaros y los bellísimos protagonistas (que es fácil equiparar a las almas privadas de la gracia frente a las adornadas con este don divino); y la insistencia, tan de moda en su tiempo, en el libre albedrío, que hace que uno pueda superar su condición de bárbaro mediante la práctica de la virtud, así lo ponen de manifiesto.


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12 abril 2020

Unos llevan la fama


Buena parte de los libros de los ilustrados franceses estuvo prohibida en Francia, mientras que, por el contrario, circulaban libremente en los ámbitos del imperio español.

En efecto: La mayor parte de las grandes obras literarias que cubrieron de gloria la literatura francesa del siglo XVIII hubieron de ser editadas o bien fuera de su país o bien en imprentas clandestinas. (Sigfrid H. Steinberg, 500 años de imprenta, Zeus, Barcelona, 193, págs. 180-181.) Citado por M. E. Roca Barea, Fracasología, parte 1, capítulo 2, de donde extraigo también la otra cita.




10 abril 2020

Fracasología


No es, evidentemente, una obra de la envergadura de Imperiofobia, pero he de decir que me ha proporcionado también buenos ratos. En concreto, al poner en su sitio a los “afrancesados”. Con frecuencia nos los han vendido como los que querían la modernización de España según las ideas de la Ilustración, pero no dejaban de parecerme el ejemplo de una ola de esnobismo y paletismo que duró demasiado. Por eso, algo interesante que hace Roca Barea es distinguir a estos afrancesados de los liberales, que fueron quizá los auténticos modernizadores. Gente como Jovellanos o como los que pergeñaron la Constitución de Cádiz fueron opositores a Napoleón, mientras que los supuestos progresistas y admiradores rendidos del país vecino acabaron secundando al déspota y a su “rey intruso”, como Meléndez Valdés o Moratín, por ejemplo. Llama la atención también un dato, puesto de relieve por la autora: durante el siglo XVIII hubo en España importantes medievalistas pero un atronador silencio sobre la España de los Austrias, como si los intelectuales españoles se avergonzaran de esa parte de su historia, tan denostada por los ilustrados.

El siglo XVIII ocupa una buena parte del libro, pero lo que sigue no le va a la zaga en interés. La otra parte destacada, por su atrevimiento podríamos decir, es la dedicada a la Generación del 98 y los regeneracionistas, los autores del mito de la España problemática, o de la España que se desvió de su rumbo. Digo atrevimiento porque estos autores han gozado siempre de un aura de prestigio justamente por haber manifestado un patriotismo crítico, que ponía a España sobre la mesa de operaciones con el loable propósito de enderezar su rumbo y lograr una España mejor. A mí mismo me han caído siempre más simpáticos estos autores que los de la Generación del 27, y justamente por esto. Sin embargo no me parece injusta la crítica de la historiadora malagueña, ya que esa idea de que tu patria es la rara frente a una Europa sana y modélica no deja de tener su punto ridículo cuando se insiste tanto en ella como se hizo por parte de esta generación. Viva el patriotismo crítico, fuera los complejos. Por otro lado, que García Lorca sea el ejemplo de lo que puede dar España cuando arrincona los complejos tampoco me parece lo más acertado. O es que eran menos grandes Unamuno o Valle-Inclán...
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08 abril 2020

Dicho sea de paso

Antonio, en el Persiles:

Llegué a las puertas de la gramática, que son aquellas por donde se entra a las demás ciencias.


06 abril 2020

Liras entre lanzas


José María Martínez Cachero fue un filólogo bastante respetado en Asturias, tierra que no suele regatear el respeto a sus próceres, por lo demás. Es autor de un ameno volumen de memorias titulado Antes que el tiempo muera en nuestros brazos, del que recuerdo el capítulo que dedica a “Don Florentino, el cura que me dio a leer La Regenta”, título de por sí llamativo teniendo en cuenta que se refiere a una de las novelas más anticlericales de nuestra literatura. Uno de sus últimos empeños fue esta Historia de la Literatura “Nacional” en la Guerra Civil, del 2009.

Me lo he leído de corrido, en dos partes bien distanciadas, por curiosidad hacia el tema, pero hay que reconocer que es más que nada un repertorio, un elenco de todo lo que los nacionales escribieron en los tres años de guerra civil, la mayor parte, como puede suponerse, de calidad más bien mala. Es posible que haya también un propósito de reivindicar a los que “ganaron la guerra y perdieron los manuales de historia de la literatura, como diría Trapiello”. Pero si es así el autor se ha impuesto una cota cronológica muy estricta. ¿Pensaba continuarla con la posguerra? No lo sabremos, puesto que al poco de publicar esto “el tiempo murió en sus brazos”.

El autor divide su materia por géneros: teatro, poesía, novela, ensayo, y dedica capítulos especiales a algunos autores, en concreto Pemán, Foxá y Miquelarena, que cultivaron diferentes géneros. Me interesa en especial lo dedicado a Valladolid, con Francisco Pino y sus iniciales fervores nacionales, de los que luego abjuró con el resultado de concitar los mimos oficiales en los años posfranquistas, a pesar de sus galimatías, que lo convierten en el típico escritor más homenajeado que leído. Me encuentro también, entre otros subproductos similares, con la referencia a una obra de la que había oído hablar en mi casa (creo que incluso teníamos un ejemplar) y a la que el tiempo sepultó en su lugar, titulada España inmortal y que le valió a su autor, Sotero Otero del Pozo (esos papás graciosillos…) las mieles del éxito en su día.
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04 abril 2020

Ver la misa por la tele


Somos como el pobre José Bódalo en aquella película de Marisol:

—¡Espera que termine el solomillo!,

dice mientras mira a un tipo en una terraza poniéndose las botas.

Este demonio saldrá mediante la oración y el ayuno, también el ayuno de eucarístía. Benditos sean Sus renglones torcidos.





02 abril 2020

La casta Susana


El otro día leían el pasaje evangélico de Susana y los viejos. Recordé a José Miguel Ibáñez Langlois.

En tiempos de Susana y los jueces malvados
qué de intrigas en el huerto de la bella,
qué alboroto se armaba en la ciudad,
qué fulminante el castigo de Daniel
contra los viejos fornicarios.

Hoy todas las Susanas son adúlteras,
se bañan desnudas ante los jueces,
el fornicar ha caído en desuso
y Daniel, por las calles sin trabajo,
y al Señor de Daniel
empieza ya a colmársele su infinita paciencia.

(En Poemas dogmáticos, parte II)





29 marzo 2020

Cervantes y la libertad


Traía aquí hace unos días una cita del Cervantes y la libertad, de Luis Rosales, que me había entusiasmado. Se trata de una obra magna, también por la extensión, que hizo bien en reeditar Trotta en los 90. En su origen venía precedido por otro ensayo sobre la libertad en general, que luego se editó aparte.


En su mayor parte, es un estudio sobre el Quijote, sobre lo que constituye la “locura” del personaje, que para Rosales es nada menos que un proyecto vital que toma forma en la madurez, un deseo de dar sentido a una vida hasta entonces anodina. En ese proyecto la libertad es una libertad para, y en concreto libertad para el amor, ya que Dulcinea es lo que permanece en una personalidad cambiante y que al final se arrepiente de sus tonterías pero no, al parecer, de haber amado. En el Quijote de 1605 tenemos a un Quijote en busca de su identidad, y por eso se esfuerza por ir creando su mundo, a base de esas alucinaciones que todos conocemos; mientras que en el Quijote de 1615 (la culminación del arte cervantino, también para Rosales) ha logrado su objetivo, hecho protagonista de un libro y agasajado como caballero, lo que hace que renuncie a sus alucinaciones y se muestre cada vez más como la persona juiciosa y virtuosa que siempre fue.

Pero en la primera parte Rosales analiza también otros personajes cervantinos, para llegar a la conclusión de que lo común a todos ellos es, como indica el título, el afán de libertad, en unos casos químicamente pura y sin empleo, como el caso de la pastora Marcela, en otros exquisitamente volcada hacia una disponibilidad para una vida lograda, que diría Alejandro Llano, como es el caso de Preciosa, “la Gitanilla”.

Es interesante también en el libro la controversia de Rosales con otros cervantistas, contra los que ironiza con frecuencia. En concreto, a pesar de estimar como maestro a Américo Castro y de apreciar sus escritos sobre Cervantes, dedica unas cuantas páginas a rebatir la idea de este sobre la moral de don Miguel, que Castro estima como un fatalismo neopagano; capítulo que me parece uno de los más atractivos de la obra. 


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27 marzo 2020

Meditaciones del Quijote


De esta obra inconclusa y primeriza, “ensayos de amor intelectual” que no llegaron a cuajar (de hecho apenas habla del Quijote) me quedo con esto:

Hay dentro de toda cosa la indicación de una posible plenitud. Un alma abierta y noble sentirá la ambición de perfeccionarla, de auxiliarla, para que logre esa plenitud. Esto es amor –el amor a la perfección de lo amado.

Es, aplicado a las personas, lo que algunos llaman agapé, amor efectivo, diverso del eros aunque compatible. De este amor intelectual trata la primera parte, “Meditación preliminar”, mientras que la segunda, “Meditación primera”, es una reflexión sobre la novela en general, de agradable lectura, como todo lo de Ortega, aunque no aporte gran cosa.
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25 marzo 2020

Milicianos, -as


Las chicas venían pegando. Pertenecían a unas compañías formadas bajo la bendición y revista de La Pasionaria. “Pelo teñido, mucho carmín, desenfado en los ojos. Y grandes ojeras.

“--¡Desnúdense!

“Abrieron los ojos con sorpresa.

“--¡Desnúdense!

“—Con que se levanten las faldas es suficiente, comandante.

“Y ellas se levantaron las faldas. Castro [dirigente comunista] se volvió de espaldas. Y esperó a que el capitán se dirigiera a él.

“—Siete con gonorrea, comandante.

“—Siga ya solo, capitán.”

El informe que le entregaron fue desastroso: “Doscientos milicianos enfermos e inutilizados para combatir por un largo período… De doscientas milicianas reconocidas, el 70 por 100 padece de enfermedades venéreas… “¡Hijas de p…! ¡Debería fusilar a unas cuantas!”, pensaba Castro. Entonces se fue a ver a La Pasionaria, a la que llama “la santa roja”. Doña Dolores dijo que aquello era una maniobra de Castro y defendió a las chicas. Castro le hizo una buena pregunta, con el permiso de la santa: “¿Por qué entre los combatientes y las putas das preferencia a estas últimas?” Hubo portazos, pero Castro, de momento, se salió con la suya. En el cuartel reunió a la banda del gonococo. El cuartel, por eso de que el partido comunista siempre ha sido respetuoso con los católicos, ocupaba, entre otras edificaciones, una iglesia. Castro se subió al púlpito y desde allí preguntó:

“--¿Queréis saber por qué os echo?

“Silencio.

“--Por putas; oídlo bien, por putas.”

Y la arenga, precisa, dura, bienintencionada, fue todavía mucho más expresiva. Castro pensaba en que su revolución empezaba a ser “seda. Sífilis. Cornudos al por mayor; y prostitutas en serie”.

Durruti no habló tanto. Cargó en Bujaraloz un tren con rameras y homosexuales. Se fue para la estación con su escolta, mandó correr, por turno, las puertas. Y disparó hasta hartar. No dejó ni una. Ni uno. Gironella lo cuenta, muy bien, por cierto.


De Rafael García Serrano, Diccionario para un macuto, s. v. "Milicianos". Las frases entrecomilladas pertenecen al libro Hombres made in Moscú, de Enrique Castro Delgado.



24 marzo 2020

La Lola se va a los puertos


“Una andaluzada de cierta dignidad”, definió Enrique Baltanás La Lola se va a los puertos. Podría decirse así. Es un homenaje al cante flamenco, encarnado en Lola, esa mujer que parece “el metro de platino iridiado” que nos dibujó Álvaro Pombo en su memorable novela: un compendio de sabiduría, esa que se nos perdió en conocimiento, según Eliot, y que es lo que se quiere que sea el cante, entre otras cosas. Tipos mediocres de diverso pelaje se enamoran de ella, incluyendo el menos mediocre de todos, el guitarrista Heredia, no en vano es el complemento sine qua non de su arte: “Sin Heredia no canta Lola”, viene a decir con orgullo el tocaor. El caso es que se la disputan un padre y un hijo y esa disputa sirve para crear una mínima trama, pero Lola no se queda a ninguno, pues es una especie de Diana del flamenco (“Mis labios se tocan pero no se besan”). El diálogo está compuesto en un verso sonoro que hay que decir, por supuesto, con acento andaluz, de Sevilla o de los puertos, a los de la Meseta nos da igual, y además la localización es incierta, creo recordar. En ese verso sonoro se destaca la esgrima verbal entre Lola y Rosario, la novia despechada que acaba, también, fascinada por la artista. Las acotaciones nos guían demasiado en la lectura, y de hecho supone un auténtico reto para el actor el reproducirlas en la representación.

Nunca agradeceremos bastante a los promotores de la vieja colección Austral que nos facilitaran obras como estas, hoy que apenas se editan, a pesar de sus autores. Que, como todo el mundo sabe, son Manuel y Antonio Machado.
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21 marzo 2020

La libertad de la Gitanilla



Siempre dije que la Gitanilla, como personaje, era la antítesis de Melibea, ésta atontada y sumisa, aquélla dueña de su persona y ejemplo de dignidad. Me alegra ver a don Luis Rosales corroborar genialmente esta mi opinión. Habla de Preciosa, pero podemos intuir a Melibea en el reverso:

Ella no cede a sus pasiones. Su libertad atiende a la virtud, no a la naturaleza. Su libertad no es espontánea, sino esforzada, creyente y voluntaria. No estriba en sujetarse a las pasiones, sino, antes bien, en sujetarlas, en liberarse de ellas. En mantener en todo instante su vida en situación de disponibilidad. Para desarraigarle de sus costumbres, somete a larga y dura prueba la continencia de su amante. Lo que pretende con ello, en definitiva, es espiritualizar la inclinación de su naturaleza y convertir su pasión en un instinto espiritualizado. La castidad puede llegar a ser para nosotros más espontánea y natural que la sensualidad. Todo depende de la exigencia de perfección y de sentido que pongamos en nuestra vida. La estimación de esta prueba –el noviciado del amor—como un rito de purificación me parece indudable.

(En Cervantes y la libertad, segunda parte, capítulo II: “La libertad de los gitanos”)