11 junio 2026

El bien es universal

El azar me ha llevado a leer, uno detrás de otro, un libro que defiende la existencia de la verdad y otro que hace lo propio con el bien. David Cerdá reivindica la moral como ciencia, lo que implica que es capaz de llegar a conclusiones ciertas y válidas universalmente, contra la difundida creencia acerca de lo contrario. Y, a la vez, defiende la identidad entre ética y moral, contra quienes piensan que aquella se refiere a lo que es válido para todos y en todo momento, mientras que ésta tiene como objeto lo que es válido solo para una comunidad humana determinada: la ética sería, pues, universal, y la moral relativa.

“Cualquier otra ciencia es perjudicial para quien carece de la ciencia de la bondad”, asegura Montaigne en cita que encabeza el volumen. Como ciencia, la moral es capaz de progresar, pero al hombre de cada tiempo le compete asumir ese progreso o por el contrario rechazarlo y refugiarse en posturas que suponen un subdesarrollo, como son el amoralismo, el nihilismo y el subjetivismo, que el autor desarrolla en uno de sus capítulos. Dedica también un espacio interesante a desmontar la importancia concedida a los “valores”, concepto vaporoso del que con frecuencia se echa mano para evitar hablar del bien.

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08 junio 2026

Príncipe Valiente, 1942-1944

Val deja en estos números sus aventuras romanas para partir hacia nuevos lances heroicos, con algún receso en Camelot. Damas vengadoras, vikingos, ladrones, caballeros presuntuosos y doncellas bravas, junto con las propias fuerzas de la naturaleza (él y sus hombres llegan a encontrarse con el Kraken, que los ignora olímpicamente), son sus oponentes. Vemos a Gawain ceder alguna vez a las debilidades humanas pero siempre resurgiendo, y a Val, como siempre, sucumbiendo solo a su pundonor. Sus cualidades de luchador, estratega y artífice de todo tipo de trucos no varían, mientras que en las temporadas de descanso sigue ejerciendo de trovador y galanteador de doncellas. Hay un reencuentro con su padre, cuyo reino habrá de defender de nuevo, y con el viejo usurpador Sligon, convertido en personaje de comedia. La edición, como el tomo anterior que comenté, es de Planeta de Agostini, 2006.

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04 junio 2026

El destronamiento de la verdad

Rialp publica bajo este título tres breves textos de Dietrich von Hildebrand: el primero y el tercero aparecieron como artículos en revistas y el segundo es un capítulo dentro de una obra mayor. La idea común es, claro, la que expresa el título: el desprecio de la noción de verdad en la actividad filosófica y, como consecuencia, el escepticismo instalado en la vida cotidiana.

El primer artículo, que se titula como el libro, ofrece un repaso a las diferentes tendencias negadoras de la verdad: nihilismo, historicismo, relativismo, y su plasmación en los regímenes totalitarios, y señala a Kant como predecesor de todo ello, al sustituir la verdad objetiva por el postulado. Para Hildebrand, hay que devolver a la razón su ordenación hacia la verdad: en último término, volver a la luz suprarracional de Cristo.

Porque Cristo es la verdad hecha persona, y la fe en Él no puede separarse de lo que Él es. El segundo texto (“El debilitamiento de la verdad”) pone de manifiesto que la fe en presupone la fe que: es lo que los teólogos llaman, respectivamente, fides qua y fides quae. La absoluta confianza en Cristo, la fe de los protestantes, no puede obviar la adhesión a los misterios revelados.

Enlazando con esto, el último ensayo, “Falsos frentes”, muestra cómo “...a lo largo de los dos mil últimos años en el mundo solo ha habido dos frentes: el frente a favor de Cristo y el frente en contra de Cristo. Él es la piedra angular que distingue a todos los espíritus. Cualquier otra antítesis evita la cuestión fundamental y, por tanto, es superficial”. Esto no presupone una fe personal, sino que “el criterio es la cuestión de en qué medida nos adherimos a los principios del Occidente cristiano en el aspecto moral, legal, sociológico y cultural”. Adhesión que se manifiesta, como condición sine qua non, en “el respeto profundo a la verdad”.

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01 junio 2026

Memorias políticas

Federico Silva Muñoz fue un competente ministro de Obras Públicas en los años del desarrollo y serio candidato a presidir el gobierno tanto a la muerte de Carrero como tras la dimisión de Arias. Al menos, según estas memorias, que divide en tres partes: antes, durante y después del ministerio. De la primera destacan sus empresas culturales en el seno de la Asociación católica de propagandistas (de la que fue secretario general), junto con otros que después serían importantes actores de la transición: Leopoldo Calvo Sotelo, Landelino Lavilla o Alfonso Osorio, entre otros. La parte central se dedica, por supuesto, a glosar su labor al frente del ministerio en el contexto de las sucesivas crisis de gobierno de aquel régimen, mientras que la última se centra sobre todo en la puesta en marcha de Alianza Popular y en los Pactos de la Moncloa, en los que Silva tomó parte activa.

Hay que decir que estas memorias resultan menos ácidas que otras del mismo estilo, sobre todo porque Silva no busca el ajuste de cuentas con nadie: de hecho, apenas se notan malquerencias y cuando hay que decir algo menos bueno de alguien no lo cita, “porque ya murió” o con algún otro pretexto. De este libro me quedaría con la semblanza que hace de Franco, que como buen técnico resume en una serie de puntos que él desarrolla y que yo aquí simplemente enumero: una mente analítica; una prudencia rayana en la desconfianza de todo y de todos; un profundo sentido del deber y de su cumplimiento; una ironía y un sentido del humor poco comunes; un ejercicio constante de la moderación; un valor extraordinario.

Destaco también la siguiente anécdota, sucedida en el contexto de una cena-tertulia de la etapa anterior al ministerio, y que revela el lado jocoso de un personaje normalmente tenido por adusto y carilargo:

Acababa de producirse la crisis de 1957, entonces Fueyo, dirigiéndose a Pérez Embid que ocupaba el centro de una de las bandas de la mesa rectangular, le preguntó: “¿Cuántos ministros hay del Opus Dei en el actual gobierno?” Pérez Embid respondió: “Salvo Alberto Ullastres, que lo es conocidamente como yo –y mostraba su anillo–, de los demás nada sé, al igual que si me preguntaran cuántos socios de la Obra hay en esta mesa.” Se produjo un silencio embarazosísimo, que rompió Leopoldo Calvo Sotelo, quien llevándose la mano al pecho y dirigiéndose a Pérez Embid le preguntó: “Por ventura, ¿seré yo, maestro?” Fue difícil seguir hablando.

Entre los habituales anexos, coloca Silva Muñoz unos versos que Torcuato Luca de Tena dirigió a los mismos contertulios agradeciendo un homenaje. Son ingeniosos, pero me llaman la atención porque revelan quién inventó aquello del “ten con ten entre el cilicio y el Rémy Martin” que creo que resucitó Alfonso Guerra para meterse con los del Opus Dei. Don Torcuato lo dirigía a Pérez Embid y, desde luego, sin el menor ánimo de fastidiar:

Maquiavélico del bien,

por hábil, astuto y fino

—cilicio y Rémy Martin,

cielo y tierra ten con ten—,

le decimos “florentino”.

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26 mayo 2026

Sana doctrina

[Habla de mortificar las potencias del alma]

Finalmente, dominad vuestra voluntad. A todos nosotros nos gusta hacer nuestra propia voluntad; consultemos la voluntad de los demás. Muchas personas están obligadas a hacerlo. Los sirvientes están obligados a hacer la voluntad de sus señores; los trabajadores, la de sus patronos; los niños, la de sus padres, y los maridos, la de sus mujeres.

John Henry Newman, Sermones católicos. Subrayado mío.

Puedo asegurar que no hay ironía alguna. No la hay en el conjunto del texto y por tanto aquí sería extemporánea.



24 mayo 2026

Rosario de sonetos líricos

No sorprende comprobar que la característica más acentuada, en lo formal, de estos sonetos unamunianos es la frecuencia del encabalgamiento, y además abrupto, y a mayor abundamiento entre estrofas: muy propio de la inquietud y la vehemencia del personaje. Por lo demás, Unamuno demuestra su dominio del léxico, que le permite, entre otras cosas, ligar unos consonantes rotundos: saldo/gualdo, cincho/pincho, empeño/sedeño, gonces/entonces, remedia/acedia, etc. etc. Canta al Cristo que se fabricó, o que se fabricaba a cada paso; a las “tierras de Portugal y España”; y al ansia de vivir, que le lleva hasta la blasfemia, que en buena poesía no es tanto, claro (“de la avaricia/de Dios sea tu vida una protesta”): de hecho, este soneto es desarrollo de la frase que lo encabeza, obra de un/una tal Senancour (no lo/la conozco), que dice: si le néant nous es reservé, ne faisons pas que ce soit une justice. Lo que no deja de ser una afirmación de la inmortalidad de la persona por la vía del absurdo: si el futuro es la nada, no nos queda, en estricta justicia, más que hacer el animal.

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20 mayo 2026

Machado

 Nada hay más temible que el celo sacerdotal de los incrédulos.

(En Juan de Mairena, claro)