31 octubre 2026

Los tres diálogos y el relato del Anticristo

Si esta obra es en gran parte, como aclara el prólogo y como se deduce de su lectura, una refutación del “cristianismo” tolstoiano, se me antoja que tal tolstoianismo se parece un montón al progresismo eclesiástico de nuestros días. El príncipe de los diálogos sería la representación literaria del autor de Guerra y paz, que reduce el mensaje de Cristo a una moral a lo Gandhi trufada de un optimismo terrenal con poco que ver con la auténtica esperanza cristiana.

Los diálogos los mantienen el político, el príncipe, el señor Z, el general y la señora. Es difícil decir si alguno de ellos es el portavoz de las ideas de Soloviev (no desde luego el príncipe), que más bien parece repartido entre varios, según el diálogo de que se trate: el general en el primero, el político en el segundo y el señor Z en el tercero parecen llevar la voz cantante, como confirma el propio autor en el prefacio. Igualmente es difícil referir cada diálogo a un tema concreto, pues son muchos los que se abordan. Entre ellos, la licitud de la defensa en el cristianismo, la realidad del progreso, la suficiencia de la moral o el fin de los tiempos. El Relato del Anticristo es leído por uno de los personajes y retrata a la figura en cuestión como una criatura llena de soberbia, inteligente como Lucifer y desengañada como Judas del auténtico Mesías, que decide hacerse con las voluntades de los seres humanos seduciéndolos con el ideal de una paz mundana.

 

27 octubre 2026

El asesinato de Laura Olivo

Mi primer contacto con Jorge Eduardo Benavides es sumamente grato. Se trata de una estupenda novela de intriga, aderezada con un suave y bien medido toque de humor, que además nos hace conocer el mundo de las agencias literarias. La directora de una de estas, Laura Olivo, resulta muerta, según todos los indicios a manos de una amiga con la que mantenía una relación lésbica. Alberto Larrazabal (sin tilde), “el Colorado”, antiguo policía en Perú y ahora afincado en Madrid, se ve envuelto en la trama por ser su casera tía de la acusada. Lo del mote es uno de los primeros rasgos de chufla de la novela, puesto que allá en Perú colorado se dice del que tiene la piel pálida y con rubor, y Larrazabal es mulato.

El caso es que el Colorado intuye que Lucía, la acusada, es inocente, tal como ella se proclama con convicción, y se lanza con entusiasmo a descubrir al culpable, que puede figurar entre las antiguas colegas de la finada o entre los muy vanidosos autores que forman su clientela, de la una y de las otras. El retrato de este arrogante female urban professional people, por así decir, es realmente jugoso, así como el de los autores, desde el maldito que dejó sus irreverentes historias para regentar un tugurio hasta el pulido productor de bestsellers.

Benavides domina los resortes de la escuela Hammett/Chandler, y así vemos a Colorado deambular por los bajos fondos de Madrid y Barcelona en busca de pistas y en contacto con matones y gente de dudoso vivir, y además viendo cómo se le complica la existencia con otro asesinato, el de su amigo el abogado Tejada, también peruano. Se divierte además el autor introduciendo en la trama a algún personaje real, como Jorge Edwards, y otros ficticios que podrían ser trasunto de alguno real, como Marcelo Chiriboga, joya escondida del boom cuya obra inédita desempeña un papel fundamental en la historia.

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23 octubre 2026

Versos humanos

Este poemario apareció en Madrid, editorial Renacimiento, en 1925, recogiendo poemas escritos desde el 1919. En pleno ultraísmo Gerardo Diego vuelve, en una pirueta muy suya, a lo más tradicional: sonetos, letrillas, décimas... Lo que no quiere decir, claro, que sea un pastiche de épocas pasadas. Soria y el Duero, los amigos vivos y muertos, requiebros a amantes soñadas, filosofía (“Secreto panteísmo. /Mi oración es así. /Tú estás en todo/y todo en mí”). Y también esa geometría muy propia de las vanguardias, a pesar de todo (“Arquitectura plena. /Equilibrio ideal. /Las olas verticales/y el mar horizontal”).

Todo muy bien adjetivado, pero todavía sigo sin saber por qué califica de dulce al ciprés de Silos...

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20 octubre 2026

Primeras poesías


En la última edición de La realidad y el deseo, Luis Cernuda eliminó el título Perfil del aire e incluyó su contenido bajo el epígrafe Primeras poesías, quizá junto a otro material de la misma época. Es un buen ejemplo de lo que por entonces se llamó poesía pura, etiqueta polémica como todas las etiquetas. Uno cree estar leyendo a Jorge Guillén, por el arte menor, las formas clásicas y el gozo en la naturaleza con ausencia de todo dramatismo. La paz, la claridad, la quietud, cierta sensualidad reinan aquí sin asomo de esa extrema desolación que será después distintivo de la poesía de este hombre.

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17 octubre 2026

A la espera de Dios

A los que estamos en la Iglesia desde niños nos resulta difícil saber por qué una persona tan cercana al cristianismo, que conoce tanto de Jesucristo y se esfuerza por vivir como Él vivió fue tan reacia a entrar en ella. Y más con pretextos tan pueriles como la Inquisición o las cruzadas. Le costó ver a la Iglesia como un organismo sobrenatural, y sin embargo alguna vez se refiere, en este libro, a “la salvación por el conducto que Él estableció”, o algo así. Tampoco convence eso otro de la solidaridad con quienes estaban fuera. Y, sin embargo, Simone Weil parece una persona tan sincera que no queda más remedio que creerla cuando dice que su conciencia le manda permanecer en el umbral.

Algo que nos puede enseñar a los cristianos una persona en esta situación es lo absurdo que resulta rezar limitándose a “menear los labios”, que decía Santa Teresa. Su ensayo sobre el Padrenuestro, contenido aquí, es tan hondo y admirable que le lleva a uno a proponerse no volver a decirlo mecánicamente. Es probablemente la parte más jugosa del libro, compuesto de unas cartas, al padre Joseph Perrin la mayoría, y una serie de ensayos, el más extenso (y complejo) el dedicado a “las diversas formas del amor implícito a Dios”, concepto éste que constituye una de las claves de su sentir religioso. De todo, me quedo con esto:

La belleza del mundo es la sonrisa llena de ternura que Cristo nos dirige a través de la materia.

(“El amor al orden del mundo”)

...es una equivocación reprochar a los místicos la utilización del lenguaje amoroso. Ellos son sus legítimos poseedores.

(Id.)

El reino de Dios es el Espíritu Santo llenando por completo toda el alma de las criaturas inteligentes.

(“Sobre el Padrenuestro”)

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13 octubre 2026

Un ciego con una pistola

En esta, al parecer, última novela de Chester Himes no debe buscarse un “quién lo hizo” sino una radiografía social, una supuesta radiografía social, porque ya se sabe que a estas novelas de denuncia siempre hay que aplicarles el coeficiente de reducción. Si yo fuera de Harlem me quejaría. En fin, lo digo porque en otras novelas de Himes sí que hay desenmascaramiento de asesino. Aquí hay asesinatos, pero sin conexión entre sí. Empieza con un blanco asesinado tras salir de un encuentro non sancto con un negro, sigue con una reunión de unos sectarios bastante grotescos que acaba con varias muertes y se salpica de manifestaciones callejeras de activistas negros, para al final envolverlo todo en la metáfora del título: un caos como el que provocaría un ciego con una pistola, demasiado para los esforzados Jones “el Ataúd” y Johnson “el Sepulturero”.

Un apaño para concluir una historia que no se sabía cómo desenlazar, si quieren mi opinión.

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10 octubre 2026

Karla y otras sombras

Se trata de una serie de historietas sentimentales, de las cuales la más extensa es la que da título al volumen, es decir, “Karla”. El escenario lo constituyen diversos lugares, más rurales que urbanos, de Europa, que se diría al fin unificada y no bajo frías normas políticas sino por su tradición común, como en la Rosa Krüger de Sánchez Mazas. Por cierto que aquí también menudean las Rosas Krüger, frescas bellezas que parecen un símbolo de lo que estamos llamados a ser: María de las Nieves, Jacqueline, Karla, ¡Angélica! (“difusamente idealizada, enormemente hermosa”). Los personajes afrontan los afanes de la vida sin estridencias, con el estoicismo propio del autor que llevaba bordado en la camisa azul el lema “los muertos saludan a los que van a morir”. Algunos recuerdan a los de las fabulillas de Cela, pero el humor de Luys Santa Marina se halla a años luz del negro pesimismo de aquél; al contrario, aquí, se trate de pobres diablos o de hombres de acción, siempre parece “reír la primavera”, en los corazones y en el aire.

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