José Ignacio Escobar,
marqués de Valdeiglesias, formaba en el grupo de
Acción española, que nunca
aceptó la república como forma de gobierno y se mostró partidario de cualquier
acto de fuerza para derribarla. En ese sentido, se oponía a la
CEDA y a su posibilismo,
y no deja de manifestarlo así el autor, que en su libro repudia siempre como
colaboracionistas a
Gil-Robles y los
suyos. Era un sector monárquico tradicionalista que solo se diferenciaba del
carlismo en la cuestión dinástica, pues eran partidarios de
Alfonso XIII y
don Juan. Como tales, apoyaron el
Alzamiento en la esperanza de que
restauraría la monarquía, como así fue, aunque luego ésta se orientara por
otros derroteros. Don
José Ignacio
permaneció como procurador en Cortes hasta la reforma política, a la que votó
negativamente, y su fidelidad a
Franco,
al contrario que
Sáinz Rodríguez y
algún otro de su grupo, no conoció fisuras.
El Así empezó de
su libro es engañoso, puesto que nos cuenta no solo en comienzo de la guerra,
sino todo su transcurso, siempre, por supuesto, desde su intervención en ella.
Realizó gestiones en Berlín para conseguir armamento para Mola, fue capitán de requetés y se ocupó de la propaganda con
escritos como el que nos cuela casi entero el su libro y recabando la colaboración
de figuras intelectuales del momento simpatizantes con la causa. Dedica un amplio
capítulo a la unificación de Falange y requetés en FET y de las JONS, de la que
se muestra partidario, aunque le decepcionara la postergación que, según él,
sufrió su propio grupo dentro del movimiento: hay que decir que, ahí, todos se
sintieron postergados, pero era el predio a pagar por no echar a perder el
movimiento a base de luchas partidistas. Llama la atención también el espacio
que dedica a las andanzas de Agapito García Atadell, el socialista que asesinó y rapiñó en su propio beneficio
hasta que, en trance de ejecución, manifestó un ejemplar arrepentimiento: “Muero
como católico”, escribió a Indalecio Prieto. Los martirios empezaban a dar frutos…
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