01 junio 2026

Memorias políticas

Federico Silva Muñoz fue un competente ministro de Obras Públicas en los años del desarrollo y serio candidato a presidir el gobierno tanto a la muerte de Carrero como tras la dimisión de Arias. Al menos, según estas memorias, que divide en tres partes: antes, durante y después del ministerio. De la primera destacan sus empresas culturales en el seno de la Asociación católica de propagandistas (de la que fue secretario general), junto con otros que después serían importantes actores de la transición: Leopoldo Calvo Sotelo, Landelino Lavilla o Alfonso Osorio, entre otros. La parte central se dedica, por supuesto, a glosar su labor al frente del ministerio en el contexto de las sucesivas crisis de gobierno de aquel régimen, mientras que la última se centra sobre todo en la puesta en marcha de Alianza Popular y en los Pactos de la Moncloa, en los que Silva tomó parte activa.

Hay que decir que estas memorias resultan menos ácidas que otras del mismo estilo, sobre todo porque Silva no busca el ajuste de cuentas con nadie: de hecho, apenas se notan malquerencias y cuando hay que decir algo menos bueno de alguien no lo cita, “porque ya murió” o con algún otro pretexto. De este libro me quedaría con la semblanza que hace de Franco, que como buen técnico resume en una serie de puntos que él desarrolla y que yo aquí simplemente enumero: una mente analítica; una prudencia rayana en la desconfianza de todo y de todos; un profundo sentido del deber y de su cumplimiento; una ironía y un sentido del humor poco comunes; un ejercicio constante de la moderación; un valor extraordinario.

Destaco también la siguiente anécdota, sucedida en el contexto de una cena-tertulia de la etapa anterior al ministerio, y que revela el lado jocoso de un personaje normalmente tenido por adusto y carilargo:

Acababa de producirse la crisis de 1957, entonces Fueyo, dirigiéndose a Pérez Embid que ocupaba el centro de una de las bandas de la mesa rectangular, le preguntó: “¿Cuántos ministros hay del Opus Dei en el actual gobierno?” Pérez Embid respondió: “Salvo Alberto Ullastres, que lo es conocidamente como yo –y mostraba su anillo–, de los demás nada sé, al igual que si me preguntaran cuántos socios de la Obra hay en esta mesa.” Se produjo un silencio embarazosísimo, que rompió Leopoldo Calvo Sotelo, quien llevándose la mano al pecho y dirigiéndose a Pérez Embid le preguntó: “Por ventura, ¿seré yo, maestro?” Fue difícil seguir hablando.

Entre los habituales anexos, coloca Silva Muñoz unos versos que Torcuato Luca de Tena dirigió a los mismos contertulios agradeciendo un homenaje. Son ingeniosos, pero me llaman la atención porque revelan quién inventó aquello del “ten con ten entre el cilicio y el Rémy Martin” que creo que resucitó Alfonso Guerra para meterse con los del Opus Dei. Don Torcuato lo dirigía a Pérez Embid y, desde luego, sin el menor ánimo de fastidiar:

Maquiavélico del bien,

por hábil, astuto y fino

—cilicio y Rémy Martin,

cielo y tierra ten con ten—,

le decimos “florentino”.

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26 mayo 2026

Sana doctrina

[Habla de mortificar las potencias del alma]

Finalmente, dominad vuestra voluntad. A todos nosotros nos gusta hacer nuestra propia voluntad; consultemos la voluntad de los demás. Muchas personas están obligadas a hacerlo. Los sirvientes están obligados a hacer la voluntad de sus señores; los trabajadores, la de sus patronos; los niños, la de sus padres, y los maridos, la de sus mujeres.

John Henry Newman, Sermones católicos. Subrayado mío.

Puedo asegurar que no hay ironía alguna. No la hay en el conjunto del texto y por tanto aquí sería extemporánea.



24 mayo 2026

Rosario de sonetos líricos

No sorprende comprobar que la característica más acentuada, en lo formal, de estos sonetos unamunianos es la frecuencia del encabalgamiento, y además abrupto, y a mayor abundamiento entre estrofas: muy propio de la inquietud y la vehemencia del personaje. Por lo demás, Unamuno demuestra su dominio del léxico, que le permite, entre otras cosas, ligar unos consonantes rotundos: saldo/gualdo, cincho/pincho, empeño/sedeño, gonces/entonces, remedia/acedia, etc. etc. Canta al Cristo que se fabricó, o que se fabricaba a cada paso; a las “tierras de Portugal y España”; y al ansia de vivir, que le lleva hasta la blasfemia, que en buena poesía no es tanto, claro (“de la avaricia/de Dios sea tu vida una protesta”): de hecho, este soneto es desarrollo de la frase que lo encabeza, obra de un/una tal Senancour (no lo/la conozco), que dice: si le néant nous es reservé, ne faisons pas que ce soit une justice. Lo que no deja de ser una afirmación de la inmortalidad de la persona por la vía del absurdo: si el futuro es la nada, no nos queda, en estricta justicia, más que hacer el animal.

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20 mayo 2026

Machado

 Nada hay más temible que el celo sacerdotal de los incrédulos.

(En Juan de Mairena, claro)



16 mayo 2026

Poesías (Carolina Coronado)

Ediciones Aliar recupera el volumen publicado en vida de la autora, que no recoge toda su producción poética. Vemos en estas Poesías una gran variedad de metros, que la autora maneja con soltura, y unos temas muy propios de la época romántica: a veces canta directamente a los sentimientos de melancolía y de soledad y otras veces estos sentimientos aparecen sugeridos a través de la naturaleza: “Al otoño”, “A una gota de rocío”, “A una estrella” ... En este sentido, aparecen varios poemas dedicados a las flores (“Al jazmín”, “A la siempreviva”...) Hay una serie de cuatro poemas que titula “Los cantos de Safo”, de los que mi desconocimiento de la poetisa griega me impide decir si son traducción, paráfrasis o simple homenaje. Y hay uno que hará las delicias de todos los que ven una feminista en cualquier criatura con faldas que publique algo: “El marido verdugo”.

Digamos que le falta mucho para ser Bécquer, incluso para ser Espronceda, pero no está mal.

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13 mayo 2026

En el artículo “España y Europa”,

publicado en el número 1 de Punta Europa (enero 1956), Christopher Dawson incidía en el complejo de inferioridad de los españoles en cuanto a su historia y su cultura, partiendo de una realidad: lo poco que los extranjeros se ocupan de España.

...mientras la política española ha despertado siempre profundo interés y controversia, la historia de España ha sido extrañamente abandonada por la mayoría de los que han escrito sobre cultura europea [...] [Estos], salvo alguna rara excepción, como Ranke en el pasado o Curtius actualmente, han mostrado una extraordinaria falta de interés y, con frecuencia, una sorprendente ignorancia sobre cuál haya sido la contribución de España a la herencia común de la cultura occidental o sobre la luz que la evolución de España pueda arrojar sobre el proceso de la evolución europea.

Tenga esto o no que ver, lo cierto es que los españoles pasaron mucho tiempo (quizá hasta hoy mismo) cuestionando su europeidad, cuando no, añado por mi cuenta, problematizándose a sí mismos por esa razón.

No hay nación que haya prestado mayor atención a sus relaciones con Europa, al problema de cómo conciliar su propia y característica tradición nacional con la línea general de la cultura europea. Esto ha ocurrido particularmente en los últimos 50 o 60 años, desde 1898, en cuando que la generación del 98 fue profunda y casi morbosamente consciente de la divergencia entre España y Europa, y de la necesidad de una nueva síntesis que asegurase las características esenciales de la cultura española, poniendo fin a la vez al aislamiento en que se había hallado España durante el siglo XVIII y buena parte del XIX.

Si es que ese aislamiento fue real, como vienen dudando, y ya es hora, muchos revisionistas de nuestro siglo. Lo curioso es que

En el Norte, la idea de Europa se asocia a la idea de tradición y especialmente a la idea de Cristiandad como unidad supranacional. En España, por el contrario, el concepto de Europa ha adquirido un carácter antitradicional. Se asocia con innovación e introducción de nuevas formas de vida y de ideas revolucionarias y subversivas.



10 mayo 2026

Enemigos

“El Señor no nos pide no tener enemigos, sino amarlos”, dice el cardenal Sarah. San Josemaría, sin embargo, nos exhortaba a tener sólo amigos, “de la izquierda y de la derecha”; se refería, claro, a no tener enemigos personales. En ese sentido, amar a los enemigos es lo mismo que no tenerlos. Sarah se refiere a los que son enemigos nuestros por serlo de la Iglesia: esos no podemos ignorarlos, pero

la fortaleza cristiana tiene que infundir en nosotros el coraje para enfrentarnos sin miedo a las sonrisas desdeñosas de los biempensantes, de los medios y de las supuestas élites. Debemos recuperar la audacia de hacer frente a la inquisición secularista que expide certificados de buena conducta y estigmatiza desde lo alto de la autoridad que se ha conferido a sí misma.

(En Se hace tarde y anochece, capítulo 17)