El caso es que el Colorado intuye que Lucía, la acusada, es
inocente, tal como ella se proclama con convicción, y se lanza con entusiasmo a
descubrir al culpable, que puede figurar entre las antiguas colegas de la
finada o entre los muy vanidosos autores que forman su clientela, de la una y
de las otras. El retrato de este arrogante female
urban professional people, por así decir, es realmente jugoso, así como el
de los autores, desde el maldito que
dejó sus irreverentes historias para regentar un tugurio hasta el pulido
productor de bestsellers.
Benavides domina los resortes de la escuela Hammett/Chandler, y así vemos a Colorado deambular por los bajos fondos de
Madrid y Barcelona en busca de pistas y en contacto con matones y gente de
dudoso vivir, y además viendo cómo se le complica la existencia con otro asesinato,
el de su amigo el abogado Tejada, también peruano. Se divierte además el autor
introduciendo en la trama a algún personaje real, como Jorge Edwards, y otros ficticios que podrían ser trasunto de alguno
real, como Marcelo Chiriboga, joya escondida del boom cuya obra inédita desempeña un papel fundamental en la
historia.
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