02 marzo 2024

Príncipe Valiente 1940-1942

Causa perdida tratar de adquirir series de comics a lo largo de los años, porque, aunque el personaje se siga editando, los editores van cambiando. Tengo dos volúmenes del Príncipe Valiente en Burulan y otros tres en Planeta De Agostini, pero, como el total de páginas es diferente, ya me he perdido algunos episodios. Este que comento es el segundo de los de Planeta (volumen 3, en concreto, pensé que no merecía la pena coger el 1, que se correspondería con los de Burulan, pero no, ya digo).

Arranca esto en las cercanías de Roma, con Valentiniano de emperador. Sí, pues, por medievales que sean los aspectos de los caballeros británicos, el rey Arturo vivió en las postrimerías del Imperio por antonomasia. Valiente va acompañado por Gawain y Tristán. Luego se separan y tenemos las aventuras de Val en solitario por las islas griegas y por el Oriente próximo: toda una odisea con un Ulises de 17-18 años tan sagaz y fuerte como el de Homero. En efecto, Val se encuentra con reyes, magos, monstruos, piratas y bellas princesas, sin que falte algún lance entre cómico y fantástico, como el del mago malmaridado Belsatán.

El guion es soberbio, pero, sin duda, donde sobresale Hal Foster es en los dibujos. No es extraño que optara por los textos sobreescritos en la viñeta, sin bocadillo, porque cada viñeta es una obra de arte en sí misma. En concreto, la que muestra a la princesa Melody y su amado en la frágil embarcación que los lleva a ninguna parte podría competir con cualquiera de los artistas románticos del XIX. Chrétien de Troyes y sus epígonos no podrían imaginar mejor traductor en imágenes de sus historias.

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29 febrero 2024

¿Por qué piden

que se juzgue un asesinato como un “delito de odio”? ¿Es que ahora sale más caro odiar que asesinar? Me temo que algo hay de eso; lo malo es pensar que, dado que el odio como tal no se puede probar judicialmente (por odiar responderé ante Dios, pero no ante los tribunales, a no ser que mate, hiera o injurie), el tal “delito de odio” lo que hace es penalizar la libre expresión de los sentimientos, con el objetivo poco disimulado de penalizar, de hecho, el pensamiento. Estar en desacuerdo con ciertas cosas es ya odio, lo que nos lleva a acabar con el fundamento de toda democracia, al menos tal como me han enseñado que es la democracia, que se fundamenta en el libre contraste de pareceres. El parlamento, de llevar al extremo este planteamiento, no sería más que un nido de odios. El delito de odio es un ejemplar acabado de instrumento totalitario.




28 febrero 2024

Cuando oigo

a alguien decir que las supuestas pedagogías modernas, consistentes básicamente en reducir contenidos y desvalorizar los exámenes, son cosa de los neoliberales o los capitalistas, me pregunto quién de los dos está fuera del mundo real.

Parecen sugerir que los gobiernos socialistas no tienen más remedio que aplicar esas políticas, urgidos por no se sabe qué poder oculto, que es así el auténtico responsable del rechazo al estudio y los conocimientos; o bien que Maravall, Zapatero y Celaá-Sánchez son en realidad unos neoliberales de tomo y lomo bajo su disfraz socialista.

La verdad, prefiero creer que las cosas son lo que parecen, y que son los socialistas los empeñados en lograr analfabetos funcionales o de los otros, disfrazando con hojarasca retórica y metodologías innovadoras su rechazo a la instrucción y el auténtico aprendizaje.



24 febrero 2024

La tabla de Flandes

La trama es a todas luces inverosímil pero resulta subyugante. Una vez más me sorprende la capacidad de este tipo para contar una historia. Tal vez tanto los personajes como el narrador caigan un poco en la altisonancia, pero eso es pasarse un poco con la levadura, y nada más.

Sucede que a Julia, restauradora del museo del Prado, joven y bella (princesa y héroe a la vez), le da por buscar tres pies al gato en una pintura flamenca titulada Partida de ajedrez… y los encuentra. El misterio escondido en el cuadro (el asesinato de uno de los jugadores, nobles reales de la época) lo revalorizaría enormemente en las subastas. Y lo que podría ser solo un conflicto de intereses se transforma en una pesadilla cuando un diabólico personaje que actúa en la sombra decide jugar aquella partida con muertos reales de por medio.

La inverosimilitud a la que me refiero está en esa perfección matemática con que se desarrolla la trama, con el malo ejecutando sus estrategias y uno de los buenos, lumbrera del ajedrez, respondiendo. Ya digo, nada importa esto gracias a la facultad de Pérez-Reverte de crear personajes fuertes (César, el árbitro de la elegancia homosexual, o Muñoz, el Sherlock Holmes del ajedrez en figura de oficinista astroso) y a su habilidad complementaria para retratar a los estúpidos. También, ya lo dije, a su maestría para conducir la historia.

Lo de diabólico no es un decir: el jugador en la sombra es, como Satanás, alguien a quien una herida mortal en su orgullo lleva a perderse y a perder a otros, ejerciendo de paso un poder seductor compatible con su refinamiento en el mal. ¿Excesivo? Novelesco.

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21 febrero 2024

Tal como

esperaba, Julia Escobar se muestra bastante independiente (aunque no del todo) de los puntos de vista establecidos sobre el tema mujer en su conferencia sobre Emilia Pardo Bazán. Es una exposición centrada más bien en lo anecdótico de la vida de la condesa, con abundantes datos sobre sus amigos y enemigos, sobre las ocurrencias más o menos crueles del buen pueblo acerca de su persona, en definitiva sobre su popularidad, que fue amplia, por lo que podemos oír. De esta intervención de Julia Escobar me quedo con algunas cosas. Primero, eso de que en Antonio Maura, que fue uno de sus grandes partidarios, al parecer, encontró un gran apoyo para su combate en pro de los derechos de la mujer, signifique eso lo que signifique, y recordemos que Antonio Maura fue uno de los conservadores más significados de la historia contemporánea española. Segundo, su corrección, al vuelo, de la expresión feminismo radical, que no debió de parecerle adecuada (a mí tampoco), corregida, digo, como feminismo desquiciado, lo cual resulta, efectivamente, más ajustado. Tercero, su insinuación sobre el feminismo ful de los krausistas, que nos remite a la biografía de Giner de los Ríos escrita por José María Marco, que leí pero de la que no recuerdo nada sobre ese particular. Tendré que repasarlo.



17 febrero 2024

Cancionero y romancero de ausencias

Sabido es que las “Nanas de la cebolla”, aun siendo una obra maestra, resultan aún más patéticas conociendo el contexto. Los editores (Jauralde, el quevedista, y otro) nos reproducen la carta que acompañaba el poema, de Hernández a su mujer. Es enternecedor oírle hablar de “unas coplillas que le he hecho”, no solo porque parece que no fuera consciente de la magnitud de la obra y que lo que le importa es hacer un regalo al niño, sino porque te imaginas al ilusionado papá dando lo mejor de sí mismo en homenaje al rorro, como quien fabrica un juguete sacando la lengua. A estas alturas has perdonado al poeta su complicidad con asesinos para fijarte solo en el padrazo.

Aunque hay expresiones herméticas en las Nanas, en su mayor parte son transparentes y llegan al corazón. Más intrincado resulta “Hijo de la luz y de la sombra”, aunque se transparente el homenaje al amor fecundo (“te quiero en tu ascendencia y en cuanto de tu vientre descenderá mañana”). “Llegó con tres heridas” siempre me pareció un prodigio de condensación expresiva, siglos de poesía y abismos de meditación concentrados en tres coplas prácticamente iguales. El resto me ha parecido muy ajustado a lo que dice el título, si entendemos “cancionero” en el sentido medieval, puesto que se trata en su mayoría de coplas de arte menor con abundancia de reiteraciones y paralelismos (salvo cuando le da por el alejandrino, que también maneja a la perfección). Eso sí, las imágenes y la adjetivación resultan plenamente herederas de las vanguardias. Puro 27.

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11 febrero 2024

Estos trece

Faulkner aburre a las ovejas, eso es un hecho cierto. Y pienso que sus admiradores lo que admiran en él es ese arte de contar las cosas de la manera más enojosa posible. No solo la famosa sección del El ruido y la furia, sino toda su obra parece escrita bajo el punto de vista de alguien con problemas mentales. En esta colección, que lleva el título original que le puso Faulkner, agrupa los trece cuentos en tres partes. La primera tiene como escenario la Primera Guerra Mundial, la segunda se desarrolla en su profundo Sur y la tercera incluye dos piezas ambientadas en Italia y una tercera que viene a ser un poema en prosa que parece transcribir las sensaciones de alguien a las puertas del otro mundo: hablo del relato titulado, no sé por qué, “Carcassone”.

No es que no haya anécdota. Al menos en los de las partes segunda y tercera la hay. Pero, cuando esperas que al final pase algo, te deja de un aire. Y lo mortificante es que tienes la sensación de que sí que ha pasado algo pero tú no te has enterado, de tal manera está implícito. Me ocurre como con los cuentos de Flannery O´Connor y sus famosos golpes de gracia. O pasa algo al final y tú no te enteras (con este tú me refiero a mí, lector limitado de entendederas como soy, claro) o ese algo está pasando a lo largo de toda la narración y tampoco te enteras a causa del endiablado estilo elusivo del autor, que cuenta las cosas atendiendo a lo colateral, por así decir, mientras lo principal queda sobreentendido. Lo que no deja de humillarme cantidad.

Me quedo con esto:

Las chicas son diferentes de los chicos. Las chicas nacen destetadas y los chicos nunca llegan a estar destetados.

Y con esto (sobre una chica que falsificaba sus notas):

Ni el diablo entiende cómo los que quieren a una mujer la dejan que les engañe.

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