Goldmundo es el personaje que lleva casi todo el paso de la
obra: desde que sale del monasterio de Mariabronn, donde le internó su padre y
donde conoce a Narciso, asistimos a una especie de novela picaresca despojada
de humor negro e impregnada de naturalismo romántico: el joven Goldmundo
recorre los bosques y aldeas en un afán de desvelar el misterio de la vida y
expresarlo como artista, guiado por la evocación de una madre que no conoció y
que identifica con la madre del universo. Perfecciona su arte con un buen
maestro; conoce el placer venéreo (y en este aspecto, todo hay que decirlo, es
donde más chirría la novela: las aldeanas se le entregan como lo harían sus
propias bestias a los machos; cosa a todas luces inverosímil en el contexto en
que se sitúa la obra y por más que se vista de ternura y delicadeza); conoce la
intemperie, el frío, el hambre, la cárcel, mata en defensa propia. Pero todo
eso, insisto, es, para él y para el cronista de su peripecia, no males morales
o males físicos sino la misma vida que hay que experimentar para ser en
plenitud, y con esta convicción acaba muriendo Goldmundo a pesar de algún
arrepentimiento que más es pena por quien tuvo que matar, y de una confesión
general que más es abrir el corazón al amigo del alma. Una avanzadilla, como vemos,
de muchas cosas que han venido después a asentarse en amplias zonas de nuestra
agonizante civilización.
Y YO QUE ME LA LLEVÉ AL RÍO
CARTAPACIO DE JESÚS SANZ RIOJA
02 marzo 2026
Narciso y Goldmundo
01 marzo 2026
De qué me suena
Sin la agresión comunista las cosas se hubieran planteado de muy distinta manera. Pero la agresión comunista era un hecho. La voluntad de resistirla no era debida a un espíritu intolerante, sino a un natural deseo de seguir viviendo. […] También es falso que el aumento de la tensión entre los dos bandos españoles tuviera por causa un miedo reciproco. Dos de los puntos del programa comunista, el exterminio de los llamados enemigos de clase –por el solo hecho del nacimiento o de la cultura adquirida—y la implantación de un régimen general de terror, incluso sobre los propios adeptos, no dejaba de ser razonable que provocara un cierto temor en las presuntas víctimas. Pero no había nada semejante en ningún programa anticomunista. Ni siquiera la palabra “anticomunismo” gozaba de general aceptación, a diferencia de lo que sucedía con la de “antifascismo” convertida en consigna suprema, no ya del comunismo en general, sino de sus compañeros de viaje, para arrojarla indistintamente sobre todos los adversarios, incluidos lo comunistas de cualquier otra cepa. Encontrar un justo término medio, en estas circunstancias, entre las dos conductas aparecía tan difícil como encontrarlo entre un orden jurídico y el delito, o entre la justicia y la parcialidad. El que mata en legítima defensa no es un extremista, ni se defiende sólo a sí mismo, sino al Derecho y a la sociedad contra los que atenta el agresor. Los consejos de no detener con demasiada brusquedad el brazo asesino se parecen demasiado a un propósito de complicidad. Fue el efecto que nos hicieron siempre, a los que nos empeñábamos en no meter la cabeza debajo del ala, los diferentes sectores republicanos “moderados y centristas”, desde los de Alcalá Zamora y Miguel Maura, con sus promesas iniciales de “república bajo la advocación de San Vicente Ferrer, con mucha compostura y mucha Guardia Civil”, hasta el de Gil Robles con su tópico tenazmente repetido “de que la república era el régimen que el pueblo se había dado”, por lo que “había que retorcerse el corazón” y defenderla.
(Juan Ignacio Escobar,
Así empezó…, pp. 292-293)
Y no te digo nada si hubieran conocido la palabra polarización…
24 febrero 2026
La bondad de Dios
D. Stephen Long es un teólogo metodista y por tanto no vamos a encontrar aquí un desarrollo de la Doctrina social de la Iglesia, entendiendo por Iglesia la católica romana, sino el personal punto de vista del autor, eso sí, ampliamente contrastado con otras muchas visiones del asunto, tanto católicas como de otras confesiones. Dije “entendiendo por Iglesia” y es que aquí el autor se refiere continuamente a la Iglesia tal como nosotros los católicos estamos acostumbrados a oírlo, pero cuidado, porque, sin duda, su idea de Iglesia es otra, ya sea el conjunto de las confesiones cristianas o la Iglesia escatológica, la de los elegidos cuyo número solo Dios conoce. Por el contexto, cabe optar por lo primero. Deduzco que entre los metodistas es normal hablar así, frente a los protestantes que se refieren a “las Iglesias”, identificadas con cada comunidad local. O puede que hable de la Iglesia como unidad de convivencia, como quien dice la nación o el municipio, cosa que también apoya el contexto. En cuestiones ecuménicas ando un poco en la inopia.
El asunto es “Teología, Iglesia y orden social”, tal como
reza el subtítulo. Pero se parte de la idea del bien y del mal, de cómo
seguimos “atrapados” en el bien, de cómo el bien nos sigue “fascinando” a pesar
del “más allá” al que quiso llegar Nietzsche
y a pesar del relativismo imperante. La primera parte del libro (la menos
atractiva, creo) se dedica a criticar la idea kantiana de que el bien es un
ente de razón que subsistiría más allá de la religión. Establecido que no hay
más bien que la bondad de Dios, la segunda parte se dedica a pensar las
relaciones entre la Iglesia y las comunidades naturales que él denomina en
griego abriendo cada capítulo: oikos,
ágora, polis: familia, patria chica, patria extensa. Long parece entender la Iglesia como una comunidad realmente
actuante en la sociedad, a la que se debe prestar oído, cosa que parece normal
en un país (los Estados Unidos) en que una gran parte de la población se sigue
identificando con su confesión cristiana, pero lejos de la laicidad (aun sana) de que nos preciamos en Europa. De
hecho, el argumentar con la ley natural,
como solemos hacer por aquí los cristianos, le parece a Long contraproducente, puro kantismo, si lo he entendido bien, y
puro colaboracionismo con el sistema capitalista, producto de aquel error de
partida y del cual no deja el autor de dejar clara su desaprobación.
Lo que no dice el autor (o se me ha pasado) es cómo se haría
realidad esa eclesiocracia respetando
la libertad individual en un mundo donde convive todo tipo de creencias y no
creencias: ah, pero es que este concepto, el de libertad, es también mirado con
recelo por el autor como kantianamente aspirante a sustituir a Dios. Sin
embargo, las enseñanzas de los últimos pontífices nos han enseñado a ver como
compatibles el cristianismo y las libertades cívicas. Por eso, me quedo con la sana laicidad, al menos hasta ver un
Occidente de plena cristiandad, hoy por hoy utópico. Pero me alegro de conocer
otros puntos de vista sobre la cuestión, alejados también del tradicionalismo
al uso, a pesar de lo abstruso (para mí y otros gañanes como yo) del ensayo de Long.
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20 febrero 2026
Más Steinhardt
…la fe en Dios me parece, en el pleno sentido de la palabra, el hecho más realista que puede existir: es la aceptación de la realidad y el abandono de las ilusiones. Por eso pide humildad; por eso la iglesia [sic] pone tanto énfasis en la humildad: no hay nada más difícil que renunciar a las fantasías. (Diario, p. 148)
…
…el consejo que lord Chesterfield le dio a su hijo: oirás muchos discursos bellos en la Cámara de
los Comunes, algunos te harán cambiar de opinión, pero que ninguno cambie tu
voto. (Diario, p. 153)
[Por supuesto, quien dice “oirás muchos discursos bellos en
la Cámara… dice “leerás muchas informaciones bien contrastadas en los
periódicos”]
…
Monseñor Hélder Câmara, arzobispo de la ciudad de Recife (también llamada Pernambuco), el cura
“rojo”.
Se le aplica Mateo 24,
23-24:
“Entonces, si alguno
os dice: ‘Mira, el Mesías está aquí o allí’, no lo creáis. Porque surgirán
falsos mesías y falsos profetas y harán grandes señales y prodigios con el
propósito de engañar, si fuera posible, aun a los mismos elegidos”.
Creo que este alto
prelado con la flor roja en el ojal es culpable de ese pecado de cuya
existencia estoy plenamente convencido: el pecado de la estupidez. (Diario, p. 566)
17 febrero 2026
Un par de datos sobre Salamanca 12 de octubre 36
Se organizó un gran alboroto. En medio de él Millán Astray lanzó un ¡muera la intelectualidad!, y a continuación uno de sus conocidos ¡viva la muerte! El alboroto se convirtió en conato de tumulto. Unamuno estuvo a punto de ser agredido. El propio Millán Astray, para protegerle, tuvo que indicarle que saliera del local dándole el brazo a la señora de Franco.
Diez días después, el
22 de octubre, se disponía el cese del Rector de la Universidad de Salamanca. Pero
conforme a una regla que había de convertirse en costumbre a lo largo del
régimen de Franco, de no inclinarse nunca, en caso de cualquier discordia, en
favor de ninguna de las partes, se cesó también al general Millán Astray [como
director de la oficina de prensa y propaganda].
En Así empezó…, de
José Ignacio Escobar, capítulo X.
13 febrero 2026
“El vuelo onírico acabó en el Gulag”,
sentenciaba Vintila Horia a propósito de la deriva comunista del surrealismo francés. Esa deriva fue obra, según Stephen Koch, de Louis Aragon,
supervisado en todo momento por su esposa Elsa Triolet, quien, al igual que Koudachova y Moura Budberg,
era otra “dama del Kremlin”.
11 febrero 2026
El fin de la inocencia
El tiempo que abarca es desde el final de la primera guerra
mundial hasta mediados de los años 30, cuando Münzenberg aparece muerto en un bosque suizo, probablemente
asesinado en el contexto de las grandes purgas estalinianas. Asistimos a la
creación de las organizaciones antifascistas, de los Frentes populares y de los
congresos de escritores “por la libertad”, así como a la contumacia de unos
seres que fueron capaces de orillar su “antifascismo” cuando la URSS y Alemania
firman el tratado de no agresión o de confesar cualquier cosa cuando fueron
llevados ante los “tribunales” del régimen. Y asistimos, sobre todo, a la
inmensa capacidad de propaganda del aparato comunista, que consiguió que el
caso Sacco y Vanzetti pareciera el summum de la injusticia universal mientras
que en la propia URSS morían veinticinco mil presos políticos, estimación a la
baja, en la construcción de un canal. Piensen en el caso Floyd o en lo de Minneapolis y luego en China, Irán y Venezuela y
díganme si hemos cambiado tanto.
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