Uno lee estas
cartas
y cree ver el origen tanto de la
razón vital orteguiana como de la
filosofía del hombre que trabaja y que juega de
Eugenio
d´Ors. En efecto,
Schiller nos
muestra al ser humano (y no es nada nuevo) como dividido en dos almas: la
sensitiva, que él asocia con los instintos y con la materia, y la racional,
vinculada, claro es, al juicio y a lo que él llama la forma. El hombre siempre
estará oscilando entre estos dos polos hasta que domine uno sobre otro y su
ser, por tanto, se vuelva incompleto, a no ser que... a no ser que medie una
tercera alma, la estética, relacionada con el juego y la
apariencia y que él llama a veces
forma viva. Pero este sentido estético hay que educarlo. Es
difícil, o es peligroso, pasar del alma sensible (que es primaria) al alma
racional (que es secundaria en el tiempo) sin haber educado antes estéticamente
al hombre. Esta
forma viva (que
participa tanto de lo racional como de lo sensible) es lo que recuerda
inmediatamente a la razón vital de
Ortega,
concepto que él acuña también para salvar la antinomia (o lo que él entendía
como antinomia) entre la vida y la razón. Por otra parte, si el juego es
decisivo en esta configuración del ser humano, el cual no cabe duda de que es
trabajador también por naturaleza, no es difícil acordarse de la obra
fundamental, en lo filosófico, de
Eugenio
d´Ors.
Las primeras cartas vienen a ser una exposición de motivos
donde, entre otras cosas, se justifica por no tratar directamente de cuestiones
sociales, siendo así que los tiempos parecen exigirlo. De esta parte le compro
esto:
...la más perfecta de
las obras de arte, la construcción de una verdadera libertad política.
Esto es así porque “la libertad nace cuando el hombre está
completamente formado” y “la belleza es la consumación de la humanidad”. Por
tanto, nulla politica sine aesthetica”,
podríamos decir.
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