Con motivo de la entrevista que Francisco concedió a Antonio Spadaro a los seis meses de su elección, el nuevo Papa pidió a Benedicto su
parecer sobre lo que allí se decía. A propósito del modo en que los católicos
debían hablar sobre cuestiones como el aborto o la homosexualidad, Benedicto muestra su acuerdo en
términos diplomatiquísimos (y respetuosísimos, por supuesto). Sin embargo,
Me gustaría añadir un aspecto complementario. Por haber vivido 23 años
junto al Beato Juan Pablo II, fui testigo del modo apasionado con el que llevó
adelante su lucha por la vida. Comprendí que el beato Papa veía en la lucha pro-vida, junto con la lucha por los derechos
humanos, un núcleo esencial de su misión. Y comprendí también que para Juan
Pablo II esto no era un moralismo, sino la lucha pro la presencia de Dios en la
vida humana. Juan Pablo II, así lo aprendí, había comprendido que el aborto y
las formas de procreación artificial, de manipulación y de destrucción de vidas
humanas eran sustancialmente un “no” al Creador. El hombre por sí solo se crea
y se destruye. En este sentido, la gran lucha pro-vida fue la lucha por el Creador. Es verdad que en varias ramas del
movimiento pro-vida no estaba
suficientemente presente esta gran perspectiva y no faltaba el unilateralismo.
Por consiguiente, es necesario un reequilibrio, pero la lucha pública contra
esta negación concreta y práctica del Dios vivo sigue siendo ciertamente una
necesidad.
Con respecto a la homosexualidad y cuestiones conexas:
La filosofía del gender que aquí
está en juego nos enseña que es la misma persona particular la que se hace
hombre o mujer. El ser hombre o mujer ya no es una realidad de la naturaleza
que nos precede. El hombre es un producto de sí mismo. La filosofía de Sartre
se concretó de una manera que en aquel momento todavía no era previsible. Se trata
de una negación radical del creador y de una manipulación del ser en la que
solo el hombre es dueño de sí mismo. En esta propaganda no nos interesa para
nada el bien de las personas homosexuales, sino una voluntad de manipulación
del ser y una negación radical del Creador. Sé que muchas personas homosexuales
no están de acuerdo con estas manipulaciones y sienten que el problema de su
vida se convierte en un pretexto para una guerra ideológica; por consiguiente,
es necesaria una resistencia fuerte y pública contra esta presión. Debemos lleva
a cabo esta resistencia sin perder el equilibrio entre el amor del pastor y la
verdad de fe en la vida pastoral.
Dejo constancia también de un par de perplejidades de Benedicto XVI, que comparto.
Con respecto a Amoris laetitia,
...continuaba sin comprender el motivo por el que se había dejado
flotar en el documento una cierta ambigüedad, que permitía interpretaciones no
unívocas.
Y, sobre los Dubia
presentados por cuatro cardenales acerca del mismo documento,
Benedicto se quedó solo humanamente sorprendido por la ausencia de
cualquier señal de réplica por parte del Pontífice, a pesar de que Francisco
normalmente se mostraba disponible a reunirse y a hablar con cualquiera.
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