19 junio 2026

Violencia de género

“...mira, Leónides, y no creas que mi hermana es más lista; es más listo su marido... y hay aguas y aguas, Leónides, que yo solamente las veré ya en el río. Y no porque mi hermana sea más lista; es más listo su marido... ya ves, cómo son las cosas. Siempre se decía que yo andaba más rápida a hacer las cosas que mi hermana, pero no esta vez: y es que es más listo su marido... Y no te vayas a dormir para abrir, en la mañana, la tienda. Tampoco te duermas para cerrarla, que tú pareces el revés de un reloj. Naciste en calma y eso no te ha perjudicado solamente a ti, que también a mí. Ya ves, calma o falta de los jugos necesarios para hacer un hijo. Y mi hermana que parecía que hasta no sabía cómo comportarse con un marido, va y se embaraza; yo no sabía mucho pero sí más que ella, que fui yo la que le tuve que decir: `hija, hermana, mujer, que te casas mañana (porque el día que se lo dije era la víspera) y no sabes ni si es legal que él se apropie de tu íntimo´... Supongo que te vas a arreglar mal y eso que te dejo hasta el pan comprado, la cama hecha, la casa ventilada, la ropa planchada, y mires lo que mires, hecho. Que yo cumplo contigo y tú, bueno, no quiero volver a tal falta. Que mi hermana era de las que dudaban en casarse, porque decía que se le antojaba revoltijo lo que tenía que hacer con un hombre (ella era virgen, como yo, no te creas), que era acción que le daba miedo. Y yo le dije: `hija, hermana, mujer, por un hijo, las molestias que sean´. No creas, ella no tenía esta devoción que yo tengo por un hijo, y ya ves..., injusticia. Que ella lo tiene y yo... ¿Qué hora es? Que hablo y hablo, y para lo que voy a arreglar..., me da igual ser muda. Te queda un pollo asado y el pan reciente, y la cama hecha, y la casa ventilada y la ropa planchada. Cuando nazca el niño de mi hermana, ¿a que no sabes qué estaré pensando? A poco listo que fueras, lo sabrías. Pero ni ganas tienes de ser listo conmigo, que parece que te desmejoras y que te paro yo, cuando lo único que quiero es que andes... De novio me dijiste: `Laurita –aunque opinabas que Laura era más elegante–, que yo tengo las fuerzas –y los dos sabíamos a lo que te referías– bien puestas... Y me hablabas de la Biblia, de los pájaros libres y de los enjaulados. Y yo solté los míos, por ti. Y tampoco aquello parecía después necesario. Y cuando hablabas de la Biblia..., Dios, cuánto sabías. Hasta que entendí que lo sabías todo menos la creación, o sea cómo crear un hijo... Y que esto ya es materia vieja, pero que no se me pasa. Y yo, con estas ganas, cómo voy a ser estéril; imposible. Podías meditar, mientras estoy fuera estos dos días, qué te falta para cumplir con el mandato de cualquier matrimonio: creced y multiplicaos, hijo, Leónides, que es un dogma para nosotros desierto. Que no crees en los dogmas, dices a veces. También dices que eras un mentiroso ya de niño. Y un niño mentiroso hace un hombre mentiroso. Mentiroso, pero no seco. Y, ¿qué hora es? Menos mal que yo ya calculo las horas con muchos minutos de más, así llego a todas partes. Y que lo de mi hermana me ha soltado la lengua, ¿no llevo tiempo hablando? Todo es poco. Aquí está mi barriga plana, ¿has visto barriga más plana? Es una triste barriga... Y no te duermas para abrir. Y tampoco para cerrar... Ya ves que te dejo poco tiempo. Podía irme una semana, no sería injusticia. Ya ves cómo vuelvo de rápido a mi puesto. Que sé mi deber. Ya podías tú saber, así de bien, el tuyo. Ah, y casi se me olvida. Que nadie, digo nadie, ni niños ni mayores, suban a la casa, pues, aunque está limpia y ventilada, resulta que no me da la gana. Es, ¿cómo te diría yo?, como si se asomaran a mis interiores... ¡y es que la casa es mucho para mí! Nadie tiene que subir... Y no por limpia y ventilada... ¡Hijo! ¡Me entretienes! ¡Si supieras tus deberes, no tendría que explicarme yo tanto! Sobre mal, mal. O sobre mal, peor. Te dejo ya, ¿quieres algo antes de que desaparezca por esa puerta?

En Elena Santiago, Amor quieto.



 

15 junio 2026

Amor quieto

Elena Santiago nos cuenta una de amor en el ámbito rural en que suele desarrollar sus creaciones. La niña Avi traba una curiosa amistad con el maduro Leónides, que se convierte en pasión amorosa cuando ella se hace mujer y él queda viudo. El matrimonio de Leónides había sido más bien desafortunado, con una mujer a la que solo le interesaba concebir y que nunca lo logró. Por parte de Avi, la vida tampoco había sido una alegría perenne: la muerte de su hermana había trastornado a su padre, que les abandona, y su tía Gela parece no vivir más que para poner peros a su relación con Leónides.

En fin, una historia de animales racionales (cero Dios) que la autora narra con una prosa exquisita, de cierto barroquismo a lo hispanoamericano, pero sin agobiar, como en algunos de estos. Opta por una doble primera persona, un capítulo narrado por ella, otro por él, alternancia que sólo alguna vez se rompe. Lo cierto es que no consigue que estos amores nos conmuevan ni nos enfaden. Que tengas suerte, Leónides, y que no te deje la moza cuando flaqueen tus potencias.

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13 junio 2026

Plácida, la joven

Plaza & Janés reunió, en su colección El ave Fénix, tres historias cortas de Elena Quiroga aparecidas por primera vez en la década de los 50: “Plácida, la joven”, “Trayecto 1” y “La otra ciudad”. En la primera, la voz narrativa, una mujer, muestra su consternación por la muerte de una joven madre a quien no tuvo tiempo de dedicar unas palabras en el tiempo en que convivieron en el mismo pueblo gallego. Plácida se convierte en imagen de todo ser humano, criatura desamparada y abocada a la muerte, imagen también, por tanto, de la propia narradora, que proyecta en la difunta su propia inquietud existencial.

En “Trayecto 1” el tema es el mismo, pero aquí pasamos del personaje individual al protagonista colectivo, el que se da cita en una línea de autobús madrileña. Hay también un narrador que actúa como cámara subjetiva, pues es uno de los usuarios del transporte. El paso de Joyce por la literatura es aquí palpable, pues Elena Quiroga usa tanto del diálogo caótico y del cambio rápido de enfoque que a veces es difícil seguirla. La muerte también hace acto de presencia, en el último tramo narrativo, en la persona de una hija del conductor, víctima de un absurdo accidente.

“La otra ciudad” es un cementerio, donde habita la familia protagonista, allí empleada. Aquí el eco del neorrealismo es más notorio, también en la opción por el narrador externo, con abundancia de estilo indirecto libre. Dentro de las ordinarias vicisitudes de la familia, el tramo final, con la crónica de la vocación sacerdotal del hijo menor, parece casi un relato dentro del relato, adherido de modo un tanto endeble.

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11 junio 2026

El bien es universal

El azar me ha llevado a leer, uno detrás de otro, un libro que defiende la existencia de la verdad y otro que hace lo propio con el bien. David Cerdá reivindica la moral como ciencia, lo que implica que es capaz de llegar a conclusiones ciertas y válidas universalmente, contra la difundida creencia acerca de lo contrario. Y, a la vez, defiende la identidad entre ética y moral, contra quienes piensan que aquella se refiere a lo que es válido para todos y en todo momento, mientras que ésta tiene como objeto lo que es válido solo para una comunidad humana determinada: la ética sería, pues, universal, y la moral relativa.

“Cualquier otra ciencia es perjudicial para quien carece de la ciencia de la bondad”, asegura Montaigne en cita que encabeza el volumen. Como ciencia, la moral es capaz de progresar, pero al hombre de cada tiempo le compete asumir ese progreso o por el contrario rechazarlo y refugiarse en posturas que suponen un subdesarrollo, como son el amoralismo, el nihilismo y el subjetivismo, que el autor desarrolla en uno de sus capítulos. Dedica también un espacio interesante a desmontar la importancia concedida a los “valores”, concepto vaporoso del que con frecuencia se echa mano para evitar hablar del bien.

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08 junio 2026

Príncipe Valiente, 1942-1944

Val deja en estos números sus aventuras romanas para partir hacia nuevos lances heroicos, con algún receso en Camelot. Damas vengadoras, vikingos, ladrones, caballeros presuntuosos y doncellas bravas, junto con las propias fuerzas de la naturaleza (él y sus hombres llegan a encontrarse con el Kraken, que los ignora olímpicamente), son sus oponentes. Vemos a Gawain ceder alguna vez a las debilidades humanas pero siempre resurgiendo, y a Val, como siempre, sucumbiendo solo a su pundonor. Sus cualidades de luchador, estratega y artífice de todo tipo de trucos no varían, mientras que en las temporadas de descanso sigue ejerciendo de trovador y galanteador de doncellas. Hay un reencuentro con su padre, cuyo reino habrá de defender de nuevo, y con el viejo usurpador Sligon, convertido en personaje de comedia. La edición, como el tomo anterior que comenté, es de Planeta de Agostini, 2006.

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04 junio 2026

El destronamiento de la verdad

Rialp publica bajo este título tres breves textos de Dietrich von Hildebrand: el primero y el tercero aparecieron como artículos en revistas y el segundo es un capítulo dentro de una obra mayor. La idea común es, claro, la que expresa el título: el desprecio de la noción de verdad en la actividad filosófica y, como consecuencia, el escepticismo instalado en la vida cotidiana.

El primer artículo, que se titula como el libro, ofrece un repaso a las diferentes tendencias negadoras de la verdad: nihilismo, historicismo, relativismo, y su plasmación en los regímenes totalitarios, y señala a Kant como predecesor de todo ello, al sustituir la verdad objetiva por el postulado. Para Hildebrand, hay que devolver a la razón su ordenación hacia la verdad: en último término, volver a la luz suprarracional de Cristo.

Porque Cristo es la verdad hecha persona, y la fe en Él no puede separarse de lo que Él es. El segundo texto (“El debilitamiento de la verdad”) pone de manifiesto que la fe en presupone la fe que: es lo que los teólogos llaman, respectivamente, fides qua y fides quae. La absoluta confianza en Cristo, la fe de los protestantes, no puede obviar la adhesión a los misterios revelados.

Enlazando con esto, el último ensayo, “Falsos frentes”, muestra cómo “...a lo largo de los dos mil últimos años en el mundo solo ha habido dos frentes: el frente a favor de Cristo y el frente en contra de Cristo. Él es la piedra angular que distingue a todos los espíritus. Cualquier otra antítesis evita la cuestión fundamental y, por tanto, es superficial”. Esto no presupone una fe personal, sino que “el criterio es la cuestión de en qué medida nos adherimos a los principios del Occidente cristiano en el aspecto moral, legal, sociológico y cultural”. Adhesión que se manifiesta, como condición sine qua non, en “el respeto profundo a la verdad”.

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01 junio 2026

Memorias políticas

Federico Silva Muñoz fue un competente ministro de Obras Públicas en los años del desarrollo y serio candidato a presidir el gobierno tanto a la muerte de Carrero como tras la dimisión de Arias. Al menos, según estas memorias, que divide en tres partes: antes, durante y después del ministerio. De la primera destacan sus empresas culturales en el seno de la Asociación católica de propagandistas (de la que fue secretario general), junto con otros que después serían importantes actores de la transición: Leopoldo Calvo Sotelo, Landelino Lavilla o Alfonso Osorio, entre otros. La parte central se dedica, por supuesto, a glosar su labor al frente del ministerio en el contexto de las sucesivas crisis de gobierno de aquel régimen, mientras que la última se centra sobre todo en la puesta en marcha de Alianza Popular y en los Pactos de la Moncloa, en los que Silva tomó parte activa.

Hay que decir que estas memorias resultan menos ácidas que otras del mismo estilo, sobre todo porque Silva no busca el ajuste de cuentas con nadie: de hecho, apenas se notan malquerencias y cuando hay que decir algo menos bueno de alguien no lo cita, “porque ya murió” o con algún otro pretexto. De este libro me quedaría con la semblanza que hace de Franco, que como buen técnico resume en una serie de puntos que él desarrolla y que yo aquí simplemente enumero: una mente analítica; una prudencia rayana en la desconfianza de todo y de todos; un profundo sentido del deber y de su cumplimiento; una ironía y un sentido del humor poco comunes; un ejercicio constante de la moderación; un valor extraordinario.

Destaco también la siguiente anécdota, sucedida en el contexto de una cena-tertulia de la etapa anterior al ministerio, y que revela el lado jocoso de un personaje normalmente tenido por adusto y carilargo:

Acababa de producirse la crisis de 1957, entonces Fueyo, dirigiéndose a Pérez Embid que ocupaba el centro de una de las bandas de la mesa rectangular, le preguntó: “¿Cuántos ministros hay del Opus Dei en el actual gobierno?” Pérez Embid respondió: “Salvo Alberto Ullastres, que lo es conocidamente como yo –y mostraba su anillo–, de los demás nada sé, al igual que si me preguntaran cuántos socios de la Obra hay en esta mesa.” Se produjo un silencio embarazosísimo, que rompió Leopoldo Calvo Sotelo, quien llevándose la mano al pecho y dirigiéndose a Pérez Embid le preguntó: “Por ventura, ¿seré yo, maestro?” Fue difícil seguir hablando.

Entre los habituales anexos, coloca Silva Muñoz unos versos que Torcuato Luca de Tena dirigió a los mismos contertulios agradeciendo un homenaje. Son ingeniosos, pero me llaman la atención porque revelan quién inventó aquello del “ten con ten entre el cilicio y el Rémy Martin” que creo que resucitó Alfonso Guerra para meterse con los del Opus Dei. Don Torcuato lo dirigía a Pérez Embid y, desde luego, sin el menor ánimo de fastidiar:

Maquiavélico del bien,

por hábil, astuto y fino

—cilicio y Rémy Martin,

cielo y tierra ten con ten—,

le decimos “florentino”.

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