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04 septiembre 2026

Vida y obra de Emilia Pardo-Bazán

Una biografía con la amenidad de la mejor novela, lo que es de agradecer. Nos presenta a una Emilia Pardo-Bazán muy resolutiva, a la vez que con un victimismo que hoy nos resulta bastante familiar, aunque no siempre justificado: publicó lo que quiso, escandalizó cuanto le vino en gana y se murió pensando que no fue académica por ser mujer, lo que, cierto o no, consuela bastante. Es cierto que tuvo que tuvo que elegir entre su matrimonio y su vocación literaria, y eligió ésta: no se puede juzgar a nadie por no ser un héroe, sobre todo cuando el marido, apabullado por los prejuicios de sus amigotes, te viene con las ínfulas de “tú no escribes más”.

Carmen Bravo-Villasante analiza la obra de doña Emilia al hilo de su peripecia vital. Sus libros, sobre todo los primeros, levantaron la correspondiente polvareda en un momento en que el Naturalismo se identificaba con la depravación, bien que el suyo fuese un naturalismo “sólo en lo formal”. Pero el temperamento de nuestra autora, dado a la polémica, no sufría por ello. Lo que se hubieran reído sus enemigos si llegan a conocer sus cartas amorosas a Galdós, que su biógrafa nos transcribe aquí sin pudor. Lo digo no porque sean subidas de tono, que no lo son, sino, al contrario, por su insufrible cursilería. Lo que es capaz de hacer Eros con una mujerona de su talla...

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30 agosto 2026

Cantatas de mi mochila

Este libro fue compuesto a base de lo que dejó escrito Rafael García Serrano antes de morir y completado con fragmentos de otras obras suyas como el Diccionario para un macuto y de otros autores como Agustín de Foxá (el famoso capítulo sobre la composición del “Cara al sol”, en Madrid, de corte a cheka), amén de los homenajes tributados a don Rafael por colegas del periodismo. La idea del autor era hacer una antología comentada de las canciones que se escuchaban en los frentes desde los Tercios de Flandes para acá. La mayor parte se la lleva, por supuesto, la guerra civil española, seguida de las guerras carlistas. Las canciones ofrecen poco interés y lo que hace legible el libro son las glosas del autor: leer a García Serrano siempre merece la pena.

Pero es un libro mal editado, por falta de rigor en los epígrafes, en el que a veces no sabes a quién estás leyendo, si ha terminado la cita o no, si este texto es el mismo o es otro... Los editores dicen que querían concluir una proyectada tetralogía de autores navarros, de la que habían aparecido los tres primeros títulos en Ediciones Dyrsa (la editorial de El Alcázar). Éste que comentamos salió, al parecer, cuando esa editorial había desaparecido, y viene a nombre de “Ediciones Movierecord” (como los viejos anuncios de los cines). Ya digo, una chapuza salvada por los textos del autor de La fiel infantería.

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28 agosto 2026

La casa de los deseos

Borges reunió en un volumen de su Biblioteca de Babel cinco cuentos de Rudyard Kipling, que a su faceta de contador de aventuras unía esta otra de cuentista fantástico. Leyéndolos no es extraño que le gustaran a Borges. Lo cierto es que resultan bastante contemporáneos, en el sentido de que, lejos de darnos todo bien explicado, a lo XIX, el narrador deja que vayamos intuyendo e incluso nos deja de un aire en una primera lectura, de modo que tienes que volver atrás e incluso acudir a una fuente externa para comprender bien qué ha pasado allí. Es lo que me sucedió con “El jardinero”, por ejemplo. En todos ellos, lo fantástico aparece, como está mandado en este tipo de relatos, en medio de lo cotidiano, aunque lo cotidiano sea un convento medieval o, como sucede en varias de estas piezas, la guerra. Siendo Kipling masón (por cierto que la masonería aparece en uno de los cuentos, “La madonna de las trincheras”) no sería extraño que fuera espiritista: el elemento fantástico, en efecto, consiste la mayoría de las veces en la intervención de un espíritu, un muerto que interviene desde el más allá para acorrer a las debilidades humanas.

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26 agosto 2026

Historia de Mayta

Mario Vargas Llosa se puso a investigar sobre un revolucionario peruano de segunda fila y lo trasladó a la novela tomándose todas las licencias del mundo. Pero no se limitó a eso, qué vulgaridad, sino que lleva también a la novela sus propias pesquisas. En efecto, el narrador es el propio biógrafo (que tampoco se hace llamar Mario Vargas Llosa, claro) y la novela se articula en un contrapunto entre el presente de las investigaciones de éste y el pasado de las actividades subversivas de Mayta, a veces sin transición, vinculando dos conversaciones en diferentes tiempos, como haría un buen director de cine. El narrador deja claro a sus interlocutores que no quiere hacer una biografía sino una novela, cambiando lo que e él le parezca. Sus entrevistados (parientes, compinches y enemigos de Mayta) mantienen actitudes diversas ante el entrevistador pero siempre acaban mostrándose explícitos. Lo que sorprende es que sus versiones resultan con frecuencia contradictorias, e incluso el encuentro final con Mayta muestra una personalidad muy diversa de lo que se nos había permitido entrever. La novela, pues, es también un espejo de lo relativo de las opiniones humanas y del limitado crédito que nos ha de merecer una investigación basada en testimonios.

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05 agosto 2026

Orquídeas para la médium

Daniel se halla obsesionado con contactar con su difunta madre en el más allá, pues ella le aseguraba que tal cosa era posible y que ella recibía mensajes de su difunto marido. Acude a expertos, participa en sesiones de espiritismo, llega a oír la voz de su madre... Mientras tanto, se ha enamorado de la médium y se casa con ella...

La primera mitad de esta novela es casi un reportaje novelado, que nos lleva por el mundo del espiritismo al hilo de las indagaciones del protagonista, desde un punto de vista bastante favorable que no hay que olvidar que es el del personaje. Los últimos capítulos desarrollan una intriga bastante previsible. ¿Usted cree que a Daniel le están tomando el pelo?, pues eso.

El doble punto de vista (las confesiones directas del narrador y el relato que este escribe para el juicio de la posteridad) tampoco aporta gran cosa, me parece. La novela no llega al Otro árbol de Guernica ni de lejos.

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02 agosto 2026

Cartas sobre la educación estética del hombre

Uno lee estas cartas y cree ver el origen tanto de la razón vital orteguiana como de la filosofía del hombre que trabaja y que juega de Eugenio d´Ors. En efecto, Schiller nos muestra al ser humano (y no es nada nuevo) como dividido en dos almas: la sensitiva, que él asocia con los instintos y con la materia, y la racional, vinculada, claro es, al juicio y a lo que él llama la forma. El hombre siempre estará oscilando entre estos dos polos hasta que domine uno sobre otro y su ser, por tanto, se vuelva incompleto, a no ser que... a no ser que medie una tercera alma, la estética, relacionada con el juego y la apariencia y que él llama a veces forma viva. Pero este sentido estético hay que educarlo. Es difícil, o es peligroso, pasar del alma sensible (que es primaria) al alma racional (que es secundaria en el tiempo) sin haber educado antes estéticamente al hombre. Esta forma viva (que participa tanto de lo racional como de lo sensible) es lo que recuerda inmediatamente a la razón vital de Ortega, concepto que él acuña también para salvar la antinomia (o lo que él entendía como antinomia) entre la vida y la razón. Por otra parte, si el juego es decisivo en esta configuración del ser humano, el cual no cabe duda de que es trabajador también por naturaleza, no es difícil acordarse de la obra fundamental, en lo filosófico, de Eugenio d´Ors.

Las primeras cartas vienen a ser una exposición de motivos donde, entre otras cosas, se justifica por no tratar directamente de cuestiones sociales, siendo así que los tiempos parecen exigirlo. De esta parte le compro esto:

...la más perfecta de las obras de arte, la construcción de una verdadera libertad política.

Esto es así porque “la libertad nace cuando el hombre está completamente formado” y “la belleza es la consumación de la humanidad”. Por tanto, nulla politica sine aesthetica”, podríamos decir.

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29 julio 2026

La novela de un literato, I

Este título me recuerda inmediatamente a las Memorias de un dictador de Ernesto Giménez Caballero: es lo que hubiera querido ser cada uno. Lo digo porque, aunque Cansinos estuvo en medio de la efervescencia literaria del primer tercio del XX, animando los movimientos de vanguardia, no dejó una obra o unas obras dignas de renombre. Tan sólo estas memorias son citadas últimamente como un producto ameno y de gran interés para el conocimiento de aquella movida, como diríamos hoy, movida modernista-bohemia-vanguardista.

Este primer tomo abarca hasta el comienzo de la Primera guerra mundial. Al hilo
de su vida, Cansinos nos presenta una serie de personajes de la bohemia madrileña (poetas, periodistas, editores) a cuál más frívolo y petulante. Tan sólo los grandes (Juan Ramón, los Machado), retratados con respeto, nos libran de ver en aquel ambiente una charca de vanidades. No sé si el autor había leído mucho a Clarín, pero es quien se me viene a la mente al leer estos retratos inmisericordes. No es extraño que todos ellos hayan caído en el más justo de los olvidos. Cansinos es, en efecto, un gran retratista, y su narración es, sí, amena e incluso divertida. Probablemente le faltaron temas que llevarse a la pluma, pues (al menos en la prosa) parece que no supo salir de la crónica del mundillo en el que no tuvo más remedio que moverse si quería ser lo que nos dice en el título.

En esta novela de un literato vemos de primera mano el surgimiento del modernismo literario y su enfrentamiento con la incomprensión de los viejos, que no eran carcas desde el punto de vista político, sino republicanos y masones, como los redactores de El motín, donde hace Cansinos sus primeras armas. Pero esta incomprensión no los arredraba sino que recogían con gusto esa bandera de rebeldía que se les ofrecía. Nuestro autor hubiera querido vivir de la pluma pero al final no tuvo más remedio que acogerse al periodismo, y es en la redacción de La correspondencia española (“La Corres”) donde transcurren la mayor parte de las peripecias de la novela, junto al salón de Colombine (Carmen de Burgos), sede de la frivolidad intelectualoide de Madrid, y otros lugares de dudoso vivir por donde Cansinos pasea su mirada crítica, mostrándose (para eso es el autor) como lo más sensato que pasaba por allí.

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22 julio 2026

Primer Hipias

De esta obra platónica me voy a quedar con la filigrana esa de introducir un diálogo dentro del diálogo: en efecto, pues, al inicio de la conversación con Hipias, Sócrates le relata su previo coloquio con Eudico, discípulo de aquél, también en forma dialógica.

El diálogo principal, por así decir, es una refutación de ciertos errores acerca de la belleza (¿ha de tomarse a la mujer por referente?, ¿hay que identificarlo con la vida buena?, ¿tal vez con el oro?), pero acaba sin una respuesta concreta por parte de Sócrates. La belleza, ese misterio...

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19 julio 2026

La perla

No es Al este del Edén, pero es una gran novelita, que reúne dos temas eternos: el hombre que resiste a brazo partido contra la adversidad (como en El viejo y el mar o El coronel no tiene quién le escriba) y el objeto que te absorbe y pugna por llevarte a la perdición, como el tolkieniano anillo de poder. Feliz por haber hallado aquella perla que le serviría para pagar los servicios de un médico para su hijo moribundo, Kino ve atado su destino a ese objeto precioso que puede, en efecto, sacarle para siempre de la pobreza pero que es codiciado por mucha gente a la que no le importaría matar por poseerlo. Una mala venta podría proporcionarle una vida más que digna; sin embargo, ese comprensible sentido de la justicia que le lleva a no aceptar semejante trato hace que Kino se vea abocado a ser la víctima de una despiadada caza del hombre. La partida quedará en tablas, cuando la pérdida de lo más querido (el hijo) le convenza al fin de destruir la perla. Muy bien, como siempre, Steinbeck en la narración y en la descripción de ambientes.

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17 julio 2026

Un camino inesperado

Como sabe todo tolkieniano, el autor de El señor de los anillos no quiso que su obra se leyera como una alegoría. Diego Blanco Albarova acepta el envite y nos propone nada menos que “desvelar la parábola” latente en la obra: una interpretación en clave cristiana por supuesto, porque eso sí que lo dijo Tolkien, que se trataba de una obra religiosa y católica. La empresa de Frodo y sus socios sería una paráfrasis de la vida del cristiano, de la lucha por la santidad y contra el pecado. Frodo no es un héroe, sino un mortal común a quien en un momento dado se le encomienda una misión que, desde luego, supera ampliamente sus capacidades y sus disposiciones. Todo saldrá bien, sin embargo, mientras sea dócil a Jesucristo (Aragorn) y al Papa (Gandalf). La custodia del anillo no supone sino mantener a raya el fomes peccati (Blanco no utiliza esta expresión, pero se deduce) hasta hacerlo morir llegado el momento, dejando con un palmo de narices al enemigo (Sauron) y a sus secuaces (Saruman, jinetes negros, orcos...). Y así, Blanco hace partícipes de su interpretación alegórica a los principales personajes y elementos de la obra (Gimli, los judíos; elfos, la vieja cristiandad; Galadriel, María; Tom Bombadil, el monje...). Todo sorprende a los que no somos muy devotos de la saga, y en particular me encantó (ya no recordaba bien el final) el modo de acabar con el anillo: no merced a los esfuerzos de Frodo, pues en el momento culminante el hobbit está a punto de sucumbir, sino a través de un fallo de otro ente hostil como es Gollum; lo cual, aparte de darle a la historia una emoción muy hollywoodiana, muestra a la providencia divina actuando a través del mal, convirtiéndolo en bien y cortando de raíz todo posible engreimiento del héroe (o del santo).

El libro sirve, también, para recordar los episodios principales de una historia que algunos leímos a marchas forzadas, como la propia comunidad del anillo.

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13 julio 2026

Cuanto sé de mí

Me refiero, no a la compilación que publicó Hierro con el mismo título, sino al volumen así titulado aparecido en 1957. Comienza muy juanramonianamente, sugiriendo como su oficio el nombrar las cosas para poseerlas, aunque él insiste en lo perecedero de las cosas frente al anhelo de eternidad del de Moguer. Maneja bien los metros tradicionales y llama la atención su maestría con el eneasílabo, esa rareza. Divide su libro en cuatro partes encabezadas por versos de La vida es sueño, lo que debería ser una pista para el contenido de sus poemas, supongo. De ese contenido no puedo hablar más que de “Requiem”, quizá la más famosa de las piezas aquí contenidas, y lo digo porque lo he visto reproducido en otro sitio, ahora no recuerdo dónde. Creo que lo relacionaban con la poesía social. En todo caso, es un poema más existencial que otra cosa, el enésimo planto sobre el sinsentido de la muerte, partiendo de la de un ciudadano español fallecido en accidente en New Jersey.

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05 julio 2026

¡Viva Franco! (con perdón)

Hacia 1980 había llegado ya a altas cotas esa propaganda antifranquista que cuarenta y seis años después no ha remitido y que es la principal arma con que la deleznable casta que se alzó al poder con pretexto de democracia ha tratado de ocultar su propia endeblez humana y política. Esa casta le daba hechos sus éxitos editoriales a Vizcaíno Casas, que no tenía más que poner negro sobre blanco lo que todos habíamos experimentado, es decir, el próspero balance de lo que llamaban la dictadura y la escasa altura de quienes estaban pilotando el cambio de rumbo.

Este ¡Viva Franco! (con perdón) consta de dos partes: una apología del régimen de Franco y una colección de meteduras de pata, casos de corrupción, despilfarros, salidas de tono y estupideces varias protagonizadas por los demócratas. Podría aducirse que muchas de éstas podrían encontrarse, al menos parecidas, en la etapa anterior, pero el objetivo claro es mostrar la verdadera dimensión de quienes pretendían (siguen pretendiendo) lucir un aura de auténticos libertadores.

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25 junio 2026

Don Sancho García

Cadalso recrea la leyenda de la condesa traidora, bautizando al moro como el más temible de los moros, Almanzor. La condesa bebe los vientos por el africano, cual socialista contemporánea, y se halla dispuesta a matar a su hijo Sancho, heredero natural del condado, para facilitar al muy chulo la corona de Castilla. La tragedia surge de este corazón dividido, pues tragedia pura pretende ser, como mandaban los cuadriculados cánones dieciochescos. Como tal, está escrita en indefectibles endecasílabos pareados, que no resultan agobiantes, al contrario, la obra se lee con interés, diga lo que diga la crítica, para la que Cadalso sigue siendo el autor de ese adoquín titulado Cartas marruecas. Es sorprendente la fortuna que ha tenido ese título en al ámbito escolar.

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24 junio 2026

La bella Aurora

Aunque Aurora no tiene un papel pequeño, los auténticos protagonistas de esta comedia mitológica son los esposos Floris y Céfalo, víctimas, una vez más, de los celos. Lope hace gala aquí de una rica polimetría, de la que cabe destacar sus combinaciones de endecasílabos y heptasílabos, llámense liras, sextetos liras o silvas, que de todo me ha parecido ver. En todo caso, el arte mayor tiene una presencia mayor que en otras producciones. Fiel también a su mezcla de géneros, hay aquí tanto de comedia de enredo como de tragedia, por el final. Y, por supuesto, sus habituales disquisiciones sobre el amor. En concreto, encontramos otra formulación de una de sus ideas favoritas:

...ni sé qué pueda tener

de discreto ni de grave

el marido que no sabe

ser galán de su mujer.

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23 junio 2026

El espectador, V y VI

El quinto volumen de El espectador consta de dos partes: unas “Notas del vago estío” tomadas, se supone, a lo largo de un viaje por Castilla, y un ensayo sobre “Vitalidad, alma y espíritu”. De la primera parte destacan unas “Ideas sobre los castillos” que llevan al autor a muy diversos parajes intelectuales, desde la diferencia entre liberalismo y democracia (crucial en Ortega, como sabemos) hasta el origen del concepto de criado, pasando por unas interesantes reflexiones en torno a la muerte como cifra de lo que uno ha pretendido que sea su vida (no que “un bel morir tutta una vita honora”, sino que una bella muerte es el símbolo de una vida bella, digamos). En la segunda parte, de un modo un tanto caprichoso, relaciona esos tres conceptos con las potencias del alma humana: voluntad, intelecto, sentimientos, emociones. Como todo en Ortega, bien pensado pero sumamente discutible.

El sexto volumen reúne conferencias, artículos y textos de diverso origen que le sirven, como de costumbre, para divagar en torno a las cuestiones más variopintas. De su estudio sobre el fascismo (“sine ira et studio”, lo cual era ya, en efecto, bastante difícil), destaca su idea de que lo que le caracteriza es su ilegitimidad, dicho no como reproche sino como característica asumida, como propio de un movimiento político que surge en tiempos en que los europeos estaban hartos de todas las “legitimidades”. Es interesante también su visión del romanticismo en la conferencia que impartió con motivo de la inauguración del Museo Romántico, así como su “Interpretación bélica de la historia”, donde reivindica el papel de la guerra como motor de los cambios históricos, frente a Marx y su interpretación económica.

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15 junio 2026

Amor quieto

Elena Santiago nos cuenta una de amor en el ámbito rural en que suele desarrollar sus creaciones. La niña Avi traba una curiosa amistad con el maduro Leónides, que se convierte en pasión amorosa cuando ella se hace mujer y él queda viudo. El matrimonio de Leónides había sido más bien desafortunado, con una mujer a la que solo le interesaba concebir y que nunca lo logró. Por parte de Avi, la vida tampoco había sido una alegría perenne: la muerte de su hermana había trastornado a su padre, que les abandona, y su tía Gela parece no vivir más que para poner peros a su relación con Leónides.

En fin, una historia de animales racionales (cero Dios) que la autora narra con una prosa exquisita, de cierto barroquismo a lo hispanoamericano, pero sin agobiar, como en algunos de estos. Opta por una doble primera persona, un capítulo narrado por ella, otro por él, alternancia que sólo alguna vez se rompe. Lo cierto es que no consigue que estos amores nos conmuevan ni nos enfaden. Que tengas suerte, Leónides, y que no te deje la moza cuando flaqueen tus potencias.

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13 junio 2026

Plácida, la joven

Plaza & Janés reunió, en su colección El ave Fénix, tres historias cortas de Elena Quiroga aparecidas por primera vez en la década de los 50: “Plácida, la joven”, “Trayecto 1” y “La otra ciudad”. En la primera, la voz narrativa, una mujer, muestra su consternación por la muerte de una joven madre a quien no tuvo tiempo de dedicar unas palabras en el tiempo en que convivieron en el mismo pueblo gallego. Plácida se convierte en imagen de todo ser humano, criatura desamparada y abocada a la muerte, imagen también, por tanto, de la propia narradora, que proyecta en la difunta su propia inquietud existencial.

En “Trayecto 1” el tema es el mismo, pero aquí pasamos del personaje individual al protagonista colectivo, el que se da cita en una línea de autobús madrileña. Hay también un narrador que actúa como cámara subjetiva, pues es uno de los usuarios del transporte. El paso de Joyce por la literatura es aquí palpable, pues Elena Quiroga usa tanto del diálogo caótico y del cambio rápido de enfoque que a veces es difícil seguirla. La muerte también hace acto de presencia, en el último tramo narrativo, en la persona de una hija del conductor, víctima de un absurdo accidente.

“La otra ciudad” es un cementerio, donde habita la familia protagonista, allí empleada. Aquí el eco del neorrealismo es más notorio, también en la opción por el narrador externo, con abundancia de estilo indirecto libre. Dentro de las ordinarias vicisitudes de la familia, el tramo final, con la crónica de la vocación sacerdotal del hijo menor, parece casi un relato dentro del relato, adherido de modo un tanto endeble.

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11 junio 2026

El bien es universal

El azar me ha llevado a leer, uno detrás de otro, un libro que defiende la existencia de la verdad y otro que hace lo propio con el bien. David Cerdá reivindica la moral como ciencia, lo que implica que es capaz de llegar a conclusiones ciertas y válidas universalmente, contra la difundida creencia acerca de lo contrario. Y, a la vez, defiende la identidad entre ética y moral, contra quienes piensan que aquella se refiere a lo que es válido para todos y en todo momento, mientras que ésta tiene como objeto lo que es válido solo para una comunidad humana determinada: la ética sería, pues, universal, y la moral relativa.

“Cualquier otra ciencia es perjudicial para quien carece de la ciencia de la bondad”, asegura Montaigne en cita que encabeza el volumen. Como ciencia, la moral es capaz de progresar, pero al hombre de cada tiempo le compete asumir ese progreso o por el contrario rechazarlo y refugiarse en posturas que suponen un subdesarrollo, como son el amoralismo, el nihilismo y el subjetivismo, que el autor desarrolla en uno de sus capítulos. Dedica también un espacio interesante a desmontar la importancia concedida a los “valores”, concepto vaporoso del que con frecuencia se echa mano para evitar hablar del bien.

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08 junio 2026

Príncipe Valiente, 1942-1944

Val deja en estos números sus aventuras romanas para partir hacia nuevos lances heroicos, con algún receso en Camelot. Damas vengadoras, vikingos, ladrones, caballeros presuntuosos y doncellas bravas, junto con las propias fuerzas de la naturaleza (él y sus hombres llegan a encontrarse con el Kraken, que los ignora olímpicamente), son sus oponentes. Vemos a Gawain ceder alguna vez a las debilidades humanas pero siempre resurgiendo, y a Val, como siempre, sucumbiendo solo a su pundonor. Sus cualidades de luchador, estratega y artífice de todo tipo de trucos no varían, mientras que en las temporadas de descanso sigue ejerciendo de trovador y galanteador de doncellas. Hay un reencuentro con su padre, cuyo reino habrá de defender de nuevo, y con el viejo usurpador Sligon, convertido en personaje de comedia. La edición, como el tomo anterior que comenté, es de Planeta de Agostini, 2006.

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04 junio 2026

El destronamiento de la verdad

Rialp publica bajo este título tres breves textos de Dietrich von Hildebrand: el primero y el tercero aparecieron como artículos en revistas y el segundo es un capítulo dentro de una obra mayor. La idea común es, claro, la que expresa el título: el desprecio de la noción de verdad en la actividad filosófica y, como consecuencia, el escepticismo instalado en la vida cotidiana.

El primer artículo, que se titula como el libro, ofrece un repaso a las diferentes tendencias negadoras de la verdad: nihilismo, historicismo, relativismo, y su plasmación en los regímenes totalitarios, y señala a Kant como predecesor de todo ello, al sustituir la verdad objetiva por el postulado. Para Hildebrand, hay que devolver a la razón su ordenación hacia la verdad: en último término, volver a la luz suprarracional de Cristo.

Porque Cristo es la verdad hecha persona, y la fe en Él no puede separarse de lo que Él es. El segundo texto (“El debilitamiento de la verdad”) pone de manifiesto que la fe en presupone la fe que: es lo que los teólogos llaman, respectivamente, fides qua y fides quae. La absoluta confianza en Cristo, la fe de los protestantes, no puede obviar la adhesión a los misterios revelados.

Enlazando con esto, el último ensayo, “Falsos frentes”, muestra cómo “...a lo largo de los dos mil últimos años en el mundo solo ha habido dos frentes: el frente a favor de Cristo y el frente en contra de Cristo. Él es la piedra angular que distingue a todos los espíritus. Cualquier otra antítesis evita la cuestión fundamental y, por tanto, es superficial”. Esto no presupone una fe personal, sino que “el criterio es la cuestión de en qué medida nos adherimos a los principios del Occidente cristiano en el aspecto moral, legal, sociológico y cultural”. Adhesión que se manifiesta, como condición sine qua non, en “el respeto profundo a la verdad”.

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