En “Trayecto 1” el tema es el mismo, pero aquí pasamos del
personaje individual al protagonista colectivo, el que se da cita en una línea
de autobús madrileña. Hay también un narrador que actúa como cámara subjetiva,
pues es uno de los usuarios del transporte. El paso de Joyce por la literatura es aquí palpable, pues Elena Quiroga usa tanto del diálogo caótico y del cambio rápido de
enfoque que a veces es difícil seguirla. La muerte también hace acto de
presencia, en el último tramo narrativo, en la persona de una hija del
conductor, víctima de un absurdo accidente.
“La otra ciudad” es un cementerio, donde habita la familia
protagonista, allí empleada. Aquí el eco del neorrealismo es más notorio,
también en la opción por el narrador externo, con abundancia de estilo
indirecto libre. Dentro de las ordinarias vicisitudes de la familia, el tramo
final, con la crónica de la vocación sacerdotal del hijo menor, parece casi un
relato dentro del relato, adherido de modo un tanto endeble.
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