23 junio 2026

El espectador, V y VI

El quinto volumen de El espectador consta de dos partes: unas “Notas del vago estío” tomadas, se supone, a lo largo de un viaje por Castilla, y un ensayo sobre “Vitalidad, alma y espíritu”. De la primera parte destacan unas “Ideas sobre los castillos” que llevan al autor a muy diversos parajes intelectuales, desde la diferencia entre liberalismo y democracia (crucial en Ortega, como sabemos) hasta el origen del concepto de criado, pasando por unas interesantes reflexiones en torno a la muerte como cifra de lo que uno ha pretendido que sea su vida (no que “un bel morir tutta una vita honora”, sino que una bella muerte es el símbolo de una vida bella, digamos). En la segunda parte, de un modo un tanto caprichoso, relaciona esos tres conceptos con las potencias del alma humana: voluntad, intelecto, sentimientos, emociones. Como todo en Ortega, bien pensado pero sumamente discutible.

El sexto volumen reúne conferencias, artículos y textos de diverso origen que le sirven, como de costumbre, para divagar en torno a las cuestiones más variopintas. De su estudio sobre el fascismo (“sine ira et studio”, lo cual era ya, en efecto, bastante difícil), destaca su idea de que lo que le caracteriza es su ilegitimidad, dicho no como reproche sino como característica asumida, como propio de un movimiento político que surge en tiempos en que los europeos estaban hartos de todas las “legitimidades”. Es interesante también su visión del romanticismo en la conferencia que impartió con motivo de la inauguración del Museo Romántico, así como su “Interpretación bélica de la historia”, donde reivindica el papel de la guerra como motor de los cambios históricos, frente a Marx y su interpretación económica.

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