Hacia 1980 había llegado ya a altas cotas esa propaganda
antifranquista que cuarenta y seis años después no ha remitido y que es la
principal arma con que la deleznable casta que se alzó al poder con pretexto de
democracia ha tratado de ocultar su propia endeblez humana y política. Esa
casta le daba hechos sus éxitos editoriales a
Vizcaíno Casas, que no tenía más que poner negro sobre blanco lo
que todos habíamos experimentado, es decir, el próspero balance de lo que
llamaban
la dictadura y la escasa
altura de quienes estaban pilotando el cambio de rumbo.
Este ¡Viva Franco!
(con perdón) consta de dos partes: una apología del régimen de Franco y una colección de meteduras de
pata, casos de corrupción, despilfarros, salidas de tono y estupideces varias
protagonizadas por los demócratas. Podría aducirse que muchas de éstas podrían
encontrarse, al menos parecidas, en la etapa anterior, pero el objetivo claro
es mostrar la verdadera dimensión de quienes pretendían (siguen pretendiendo)
lucir un aura de auténticos libertadores.
__