El primer artículo, que se titula como el libro, ofrece un
repaso a las diferentes tendencias negadoras de la verdad: nihilismo, historicismo,
relativismo, y su plasmación en los regímenes totalitarios, y señala a Kant como predecesor de todo ello, al
sustituir la verdad objetiva por el postulado. Para Hildebrand, hay que devolver a la razón su ordenación hacia la
verdad: en último término, volver a la luz suprarracional de Cristo.
Porque Cristo es
la verdad hecha persona, y la fe en Él no puede separarse de lo que Él es. El
segundo texto (“El debilitamiento de la verdad”) pone de manifiesto que la fe en presupone la fe que: es lo que los teólogos llaman, respectivamente, fides qua y fides quae. La absoluta confianza en Cristo, la fe de los
protestantes, no puede obviar la adhesión a los misterios revelados.
Enlazando con esto, el último ensayo, “Falsos frentes”,
muestra cómo “...a lo largo de los dos mil últimos años en el mundo solo ha
habido dos frentes: el frente a favor de Cristo
y el frente en contra de Cristo. Él
es la piedra angular que distingue a todos los espíritus. Cualquier otra
antítesis evita la cuestión fundamental y, por tanto, es superficial”. Esto no
presupone una fe personal, sino que “el criterio es la cuestión de en qué
medida nos adherimos a los principios del Occidente cristiano en el aspecto
moral, legal, sociológico y cultural”. Adhesión que se manifiesta, como condición
sine qua non, en “el respeto profundo
a la verdad”.
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