28 agosto 2026

La casa de los deseos

Borges reunió en un volumen de su Biblioteca de Babel cinco cuentos de Rudyard Kipling, que a su faceta de contador de aventuras unía esta otra de cuentista fantástico. Leyéndolos no es extraño que le gustaran a Borges. Lo cierto es que resultan bastante contemporáneos, en el sentido de que, lejos de darnos todo bien explicado, a lo XIX, el narrador deja que vayamos intuyendo e incluso nos deja de un aire en una primera lectura, de modo que tienes que volver atrás e incluso acudir a una fuente externa para comprender bien qué ha pasado allí. Es lo que me sucedió con “El jardinero”, por ejemplo. En todos ellos, lo fantástico aparece, como está mandado en este tipo de relatos, en medio de lo cotidiano, aunque lo cotidiano sea un convento medieval o, como sucede en varias de estas piezas, la guerra. Siendo Kipling masón (por cierto que la masonería aparece en uno de los cuentos, “La madonna de las trincheras”) no sería extraño que fuera espiritista: el elemento fantástico, en efecto, consiste la mayoría de las veces en la intervención de un espíritu, un muerto que interviene desde el más allá para acorrer a las debilidades humanas.

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