La primera mitad de esta novela es casi un reportaje
novelado, que nos lleva por el mundo del espiritismo al hilo de las
indagaciones del protagonista, desde un punto de vista bastante favorable que
no hay que olvidar que es el del personaje. Los últimos capítulos desarrollan
una intriga bastante previsible. ¿Usted cree que a Daniel le están tomando el
pelo?, pues eso.
El doble punto de vista (las confesiones directas del
narrador y el relato que este escribe para el juicio de la posteridad) tampoco
aporta gran cosa, me parece. La novela no llega al Otro árbol de Guernica ni de lejos.
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