18 agosto 2013

Ortega, antiintelectual



Mientras en Madrid los comunistas y sus afines obligaban, bajo las más graves amenazas, a escritores y profesores a firmar manifiestos, a hablar por radio, etc., cómodamente sentados en sus despachos o en sus clubs, exentos de toda presión, algunos de los principales escritores ingleses firmaban otro manifiesto donde se garantizaba que esos comunistas y sus afines eran los defensores de la libertad. Evitemos los aspavientos y las frases, pero déjeseme invitar al lector inglés a que imagine cuál pudo ser mi primer movimiento ante hecho semejante que oscila entre lo grotesco y lo trágico. Porque no es fácil encontrarse con mayor incongruencia. [...] Desde hace muchos años me ocupo en hacer notar la frivolidad y la irresponsabilidad frecuentes en el intelectual europeo, que he denunciado como un factor de primera magnitud entre las causas del presente desorden [...]

Hace unos días, Alberto Einstein se ha creído con "derecho" a opinar sobre la guerra civil española y tomar posición ante ella. Ahora bien: Alberto Einstein usufructúa una ignorancia radical sobre lo que ha pasado en España ahora, hace siglos y siempre. El espíritu que le lleva a esta insolente intervención es el mismo que desde hace mucho tiempo viene causando el desprestigio universal del hombre intelectual, el cual, a su vez, hace que hoy vaya el mundo a la deriva, falto de pouvoir spirituel.

En cuanto al pacifismo, junio de 1938

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14 agosto 2013

Desnudo y disponible


La página en blanco es uno de los temas favoritos del Líder [totalitario], que suspira por el espacio raso, el individuo sin experiencia, memoria ni historia, el ser colectivo, anónimo, tan desnudo y disponible como en la infancia.

Mercedes Rosúa, El archipiélago Orwell

Pero, por supuesto, esto no tiene nada que ver con la guerra a los contenidos en la pedagogía progresista. Claro.

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13 agosto 2013

Cultura política y conciencia cristiana


No sé si sirve de algo emplear la razón frente a una clase dirigente instalada en el prejuicio. Cuando lees que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dice que la Ley de Defensa del Matrimonio obedece al "puro deseo de perjudicar a un grupo" te preguntas si no sería mejor pasarte directamente a otra civilización, de esas de la alianza, la gloriosa. Pero, ya que la razón es lo que nos configura como humanos, al menos servirá para "dar razón de nuestra esperanza" cuando nos lleven al martirio, de un modo u  otro.

Justamente el matrimonio, y su actual redefinición por parte de unos locos peligrosos con escaño, es uno de los temas que toca Ángel Rodríguez Luño en este Cultura política y conciencia cristiana. Dos conceptos cuya relación ha sido, cuando menos, problemática desde el asalto al poder por el laicismo a partir del siglo XIX. Para reconciliarlos no sirve ya el recurso a los partidos católicos, que constreñían a una opción política la libre actuación de los fieles en la esfera pública. Por eso, libros como este, junto a otros como el de Martin Rhonheimer ya comentado aquí, resultan imprescindibles para abrir nuevos caminos en esa dirección. Por supuesto, no son un cuerpo de doctrina, y se puede disentir todo lo que se quiera, pero son puntos de luz en un panorama bastante oscuro.

Estos Ensayos de ética política son en concreto nueve y fueron publicados en diversos lugares. Aparte del matrimonio, están presentes, como cabía esperar, cuestiones candentes como la del respeto a la vida, la laicidad y el relativismo, siempre siguiendo de cerca, como cabe esperar, las enseñanzas de los recientes pontificados. 

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11 agosto 2013

Nihil novum



Acudió Melanio entonces a recordar tiempos de su lejana historia griega, cuando la democracia iba construyéndose, y señaló una época en la que entre los que atracaban en las callejas de Atenas y el comportamiento de algunos del erario, la diferencia estaba en que aquéllos te hablaban de tú y los del erario de vuesa merced. Matizó Melanio que dado que en la lengua griega no existía el tú y el vuesarced para distinguir en el tratamiento, sino que éste se hacía mediante el uso del plural o de la interjección, lo más preciso sería decir que el del erario exclamaba: "Oh, contribuyente, venid a mí!", mientras que el rudo asaltador exigiría: "¡Contribuyente, descarga la bolsa!"

En Antonio Prieto, El embajador

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08 agosto 2013

Teléfonos espabilaos


Andaba yo pensando qué sería eso de smartphone cuando me acordé de una canción de un grupo de ska, creo, de los 80, Smart boys. Mi diccionario Everest me traducía smart como "listo, hábil, ingenioso, despierto, astuto"; vamos, eso que mi padre siempre me decía que tenía que ser en la vida. No es exactamente "inteligente". En castellano coloquial hay un término que creo que lo traduce con precisión: espabilado. 

No sé si es así como yo llamaría a mi teléfono. Es cierto que me sugiere palabras, que me avisa de todo puntualmente, que se desbloquea en un decir Jesús, pero, caramba, podría ser más rápido con internet, que es para lo que más le uso. Si esperaran tanto las liebres ya no las habría. Ahí será inteligente, pero smart...

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06 agosto 2013

Rendez-vous en negro


Uno tarda, y tarda mucho, en darse cuenta de que esta es la novela que inspiró La novia vestía de negro, no solo porque Truffaut cambia el sexo del protagonista y el resto de personajes y circunstancias, incluyendo el desenlace; sino porque el modo que tiene Woolrich de encadenar los acontecimientos te hace preguntarte qué está pasando, si el primer capítulo tiene unidad y si la tiene el primero con el segundo o este con el tercero... o es que los editores te están tomando el pelo. En eso, el formato electrónico es una ventaja, porque no caes en la tentación de leer la sinopsis de la contraportada, que disipa el encanto. Woolrich maneja con mano de maestro la elipsis, con igual destreza dosifica los datos, juega con el lector como lo haría un Hitchcock con sus espectadores... Bien es cierto que roza lo inverosímil y quizá haga más que rozarlo, pero el lector admite eso como parte del juego y lo sigue encantado. Importa poco que el protagonista reúna en sí los caracteres de un neurótico y de diez agentes de la CIA juntos, que le salga todo tan milimétricamente perfecto, o que el narrador recurra a un tono terrorífico y fatalista, sobre todo porque sabe compensarlo con otras secuencias de aire costumbrista donde se palpa una suave ironía contra costumbres y vicios intemporales.

Vamos, un thriller como Dios manda, quiero decir con auténtico talento narrativo. Genio, más bien. Tendría que remontarme al Tuareg de Alberto Vázquez-Figueroa para encontrar una novela que me mantuviese de tal modo pegado al asiento.

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30 julio 2013

¿Antiintelectuales? Pues bueno.


Va uno y se marca un libro con el título Los (anti)intelectuales de la derecha española. La intención ya se ve, pero el tío tiene que justificarlo, así que acude a un dato histórico cierto: el término intelectual, como sustantivo, nace en los años del asunto Dreyfus, designando a aquellos escritores, por lo general de izquierdas, que defendieron la inocencia del capitán frente a las gentes de orden (derechas) que le acusaban, movidos en parte por el muy extendido prejuicio antijudío de la época. Con el tiempo, el término se liberó de esa restricción significativa y pasó a designar a todo aquel que trabajaba con el intelecto: lo que en los tiempos antiguos era un filósofo, en la Edad Media un clérigo, en el Renacimiento un humanista y en el siglo XVIII español un literato. Y ello con independencia de las ideas del sujeto en cuestión. Pero ¿a qué dejar que la realidad te estropee un buen argumento, sobre todo si te permite sugerir, como quien no quiere la cosa, que los de derechas no piensan?

De todos modos, ¿por qué no seguirle el juego? Antiintelectuales: ¿y qué? Al fin y al cabo, una constante de los movimientos subversivos del pasado siglo ha sido el orgullo de contrariar los valores establecidos: se glorificó al antihéroe, se habló de la contracultura… Poco hay de vergonzoso en llevar la contraria a unos intelectuales que apoyaron el sistema político más sangriento de la historia y a otros que hoy son más orgánicos que los Pemanes o los Laínes de los 40: hoy los valores establecidos son los de la izquierda, hasta el punto de que lo que llamamos corrección política se basa en buena parte en ellos. Asi que, si yo viviera de escribir, no lo dudaría: he aquí un antiintelectual.

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23 julio 2013

Lección magistral


El soldado Bucky Paige está desolado porque su mujer le escribe diciendo que se ha enamorado de otro tío. Le deniegan el permiso para ir a casa. Su amigo le lee la cartilla.


--Entonces ve allí de todos modos. ¿Qué tienes en los extremos de tus brazos, nenúfares? –Levantó una de las muñecas de Paige y la dejó caer de nuevo--. Te pusieron los puños aquí para algo, ¿no crees? Lucha por ella. Tienes que pelear para separarlos. Tal como yo lo veo, si no lo haces, eres un gallina. Probablemente el tipo ni siquiera valga la pena. A mí me pasó algo parecido. Al principio de nuestra relación, tuve que partirle la cara a un tipo que tonteaba con mi Sadie en el paseo de Coney Island. Desde entonces –concluyó, dándose un puñetazo en la palma de la mano--, no hemos tenido el menor problema. Todo lo que ella hace es quedarse en casa y parir hijos.

En Cornell Woolrich, Rendez-vous en negro.

La última frase puede parecer desafortunada: hablamos de una mujer, no de un animal doméstico. Pero si ella se comporta como tal…

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18 julio 2013

Aventuras del bachiller Trapaza

“Quintaesencia de embusteros y maestro de embelecadores”. La picaresca del siglo XVII rivalizaba en buscar subtítulos que ponderasen el arte de sus protagonistas a la hora de engañar al prójimo. Esto ponía de los nervios a Gregorio Marañón, que lamentaba que estas novelas diesen de España una visión tan lamentable. En todo caso, quien piense que España era lo que la picaresca transmite habrá olvidado que toda novela aplica un foco a la realidad y con frecuencia transfigura, en mejor o en peor, lo que capta el foco.

Pero mucha vida real del siglo XVII sí que está presente allí, y leer a Castillo Solórzano, como a Espinel o a Salas Barbadillo, es un ejercicio de documentación sobre costumbres, vestuarios, tipos humanos del momento.  Hernando Trapaza es natural de Zamarramala, “a media legua de Segovia” (hoy están prácticamente juntas), villa que al parecer era famosa por sus natas, y es hijo de Pedro de la Trampa y Olalla Tramoya.  Castillo era así, ingenuo en sus planteamientos, porque con él nacía la novela comercial, y el lector tenía que carcajearse con los personajes desde su mismo nombre, bien alusivo en este caso a lo que iba a ser su vástago. Ya el autor del Lazarillo, que no se negaba a una lectura superficial de su obra, había hecho a su héroe hijo de Tomé González.

Y el resto podemos imaginarlo: trapacerías, desengaños, enredos amorosos, ir de un amo a otro, de un socio al siguiente… y también, siguiendo el uso del momento, novelas y poemas intercalados. Y empezaban a hacer su aparición las sagas: Castillo termina con el anuncio de las próximas aventuras de la hija de Trapaza, polilla de la corte, dice, aunque acabó siendo La Garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas.
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14 julio 2013

Operación triunfo

Quizá estuviera totalmente equivocado, pero una cosa hay que no se le puede negar: fue un hombre capaz de elevarse desde cabo del ejército alemán a Führer de un pueblo de ochenta millones de personas... Para mí, el éxito alcanzado por Hitler era razón suficiente para  obedecerle.

Adolf Eichmann. Citado por Hannah Arendt, por supuesto.

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13 julio 2013

Un progresista incomprendido


Debemos conceder a los enfermos incurables el derecho a una muerte sin dolor.


Adolf Hitler, decreto de 1 de septiembre de 1939, que según Hannah Arendt dio origen a las primeras cámaras de gas. En Eichmann en Jerusalén.

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11 julio 2013

Un pionero

Era realmente un asunto médico puesto que fue dispuesto por médicos. Era una cuestión de matar. Y matar también es un asunto médico.

Robert Servatius, defensor de Adolf Eichmann. Citado por Hanna Arendt, Eichmann en Jerusalén.

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01 julio 2013

La envidia igualitaria



A Gonzalo Fernández de la Mora le interesa más criticar el igualitarismo que analizar la envidia. No es un moralista. Por eso la primera parte del libro, que es una visión histórica de lo que se ha pensado acerca de este vicio, está de más, es anodina e interminable. De hecho creo que el exceso es el pecado de todo el volumen. Cuando busca razones para demostrar la desigualdad de los seres humanos, se lanza a una lección magistral sobre los cromosomas y los genes, a todas luces superflua. Es como si no hubiera entendido que el adjetivo igual, iguales, tiene un gran potencial analógico, es decir, que no expresa lo mismo, ni mucho menos, en todos los contextos. Que no somos idénticos no necesita demostración, y no es eso lo que pensaban los redactores de las diversas declaraciones de derechos humanos.

Estoy conforme en que es la envidia lo que da origen, en parte al menos, a las ideologías igualitarias; pero, para barrer todo vestigio de racionalidad a la idea de que somos iguales, Fernández de la Mora procede por reducción al absurdo y se ríe incluso del principio de igualdad ante la ley con el argumento de que la ley no es igual en todos los tiempos y países, y lo mismo hace con la igualdad de oportunidades, oportunidades que, está claro, no dependen solo de la buena voluntad del gobernante. Y te encuentras a menudo con este tipo de obviedades, envueltas eso sí, en el cultísimo lenguaje que caracteriza a nuestro autor, pero que aquí se me antoja pedante: ¿cómo tomar en serio a un hombre que dice fruir por "disfrutar" o abscóndita por "escondida"?

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28 junio 2013

El espíritu de los clásicos


-No seas tonto. Me prometiste no ser impertinente, curioso ni pesado...
-Eso es lo mismo que prometer no amar...

(En La corte de Carlos IV, de Benito Pérez Galdós)
 
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27 junio 2013

Enrique de Ofterdingen



Novalis no era de este mundo, y lo más parecido a una novela escrita por un ser celeste es Enrique de Ofterdingen. A su lado, Bécquer parece sencillamente un buen prosista empeñado en lograr algo parecido. El mundo en Novalis aparece transfigurado: qué bueno es estar aquí, dices a medida que lees, y lo más gordo es que, en un momento dado, se permite una digresión, la historia de Eros y Fábula, que es aún más fascinante que el resto.

Enrique es un trovador inspirado en un personaje real, y la novela es su peregrinaje en busca de la flor azul: la poesía como sabiduría perenne, tal como la entendían los románticos; el himno gigante y extraño de Gustavo Adolfo, el bueno de Gustavo Adolfo que con todas sus fantasías se mostraba aún tan apegado a la tierra, tan vulnerable a las traiciones de las mujeres, por ejemplo.

La narración está inconclusa: Novalis apenas inició la segunda parte; pero eso le da aún más encanto. Tieck recopiló los fragmentos dispersos, “con la devoción con que contemplaría unos jirones de lienzos de Rafael o Correggio”. Tiene mucho de fábula oriental en su modo de narrar; pero, si en estas suele haber algún objeto mágico, aquí la magia impregna objetos y personas, y la poesía irrumpe a cada paso. No deja de resultar chocante que Novalis fuese un administrador de minas. Profesión esta, la de minero, que aparece también en la novela con tintes casi místicos. 

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21 junio 2013

Línea editorial


Se habla de un orador.  

-¿Qué impresión en el público?
-En la masa, un gran efecto. Alguna protesta en la cazuela, pero se han impuesto los aplausos. El público es suyo.
[...]
-Le falta a usted intención política. Nosotros no podemos decir que el público premió con una ovación la presencia del Licenciado Sánchez Ocaña. Puede usted escribir: Los aplausos oficiosos de algunos amigos no lograron ocultar el fracaso del tan difusa pieza oratoria, que tuvo de todo, menos de ciceroniana. Es una redacción de elemental formulario. ¡Cada día es usted menos periodista!

En Tirano Banderas, de Ramón del Valle-Inclán

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17 junio 2013

Inquisición y confianza


Como historia de la Inquisición, este es un libro tal vez prescindible: más bien sumario y poco estructurado, o al menos esa es la impresión que me da. Sin embargo, tal vez sea uno de los pocos que se plantea desde dentro de la fe cómo fue posible la existencia de algo tan aparentemente incompatible con un credo de caridad y misericordia. En este sentido, los primeros capítulos, aunque aparentemente superfluos, son decisivos. Tras su lectura, en efecto, nos damos cuenta de lo que significaba la herejía en una sociedad que tenía en la salvación eterna su objetivo vital; una sociedad que se identificaba con una Iglesia donde la infidelidad era el peor de los males.

El autor* nos pone también delante de los ojos el conflicto que se planteó a Iglesia (al Estado, menos) durante toda la vigencia del tribunal inquisitorial: cómo conciliar la necesaria libertad que implica el acto de fe con la obligación de preservar a los fieles de las doctrinas disolventes (y por tanto fatales, no lo olvidemos). Por lo general se hallaban de acuerdo en que el punto de partida era lo de san Pablo: amonestación privada, amonestación pública y, en último caso, excomunión. Fue la consideración del daño que el hereje podía causar a la comunidad lo que llevó a plantearse la existencia de un tribunal con efectos civiles. El mismo Carlos I, en Yuste, donde se preparaba a bien morir, dejaba fe de su arrepentimiento por no haber quemado a Lutero.

En otros puntos insiste el autor: que la Inquisición nunca se planteó la conversión forzosa de judíos o moros, sino la de los herejes, que, al fin y al cabo, estaban obligados por las promesas del bautismo; y que su entidad como órgano represivo es mucho más relativa de lo que por lo general se cree, sobre todo en lo que se refiere al uso del tormento, generalizado por entonces y que el Santo Oficio fue el primero en retirar, mucho antes de su abolición definitiva.

*José Carlos Martín de la Hoz. Ed. Homo Legens

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13 junio 2013

Tu hazaña,

tu verdadera hazaña, la que hará valer tu vida, no será acaso la que vayas tú a buscar, sino la que venga a buscarte, y ¡ay de los que van en busca de la dicha mientras está ella llamando a las puertas de su casa! Por algo se dijo lo de que las más grandes obras son obras de circunstancia. 

Miguel de Unamuno, Vida de don Quijote y Sancho

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10 junio 2013

La calle de Valverde


Será involuntario, pero este es uno de los peores libros en que uno pueda pensar como propaganda de los hombres que hicieron la Segunda República. Todos se muestran patéticamente afanados en "aver juntamiento con fembra placentera" y, en tanto lo consiguen, se entretienen con conspiraciones que, como bien sabemos, no cuajaron hasta que el rey y sus partidarios les entregaron el mando, comidos por no se sabe qué complejos.

La calle de Valverde se desarrolla, en efecto, en los años de la dictadura primorriverista, y es una novela coral centrada en varios jóvenes aspirantes a artistas o a profesionales liberales, de eso que se ha dado en llamar ideas avanzadas. Al principio se diría una novela de Galdós escrita por Valle-Inclán, y por cierto que el propio don Ramón aparece como figurante en varias escenas, como testimonio poco velado de admiración por parte del autor; luego vemos que la historia de vecindad se abre a diversas perspectivas y la original técnica narrativa de Max Aub acaba dándole personalidad propia.


Es esta manera de contar, que resucita el conceptismo quevediano o gracianesco a base de elipsis audaces, de retruécanos y de una creatividad que aprovecha ingeniosamente el léxico castizo de la época, junto a recursos de tipo cinematográfico, lo que da valor a la historia de estos tipos mezquinos: uno comprende que, si la realidad se correspondía con la ficción, la república derivara en lo que derivó. Cuando hubo que demostrar lo que uno valía como ser humano, es decir, en guerra abierta, sólo podía haber un vencedor. 

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08 junio 2013

¡Qué razón tienes!

Por lo que veo -pensaba- el amor es un bien que no puede existir en toda su plenitud. Tal vez los corazones que gozan de semejante bien son tímidos, se turban y se esconden, no quieren discutir con los listos que niegan su existencia. Tal vez se compadezcan de ellos; perdonan, en nombre de su felicidad, que pisoteen la flor que, por falta de terreno, puede echar profundas raíces y convertirse en un árbol capaz de cobijarles toda la vida.

Oblomov, en Oblomov, de Iván A. Goncharov

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06 junio 2013

Sutileza

Sindicalista, en la radio:

-Los trabajadores estamos cansados, aburridos, y, sobre todo, hastiados.

Obsérvese la importancia del matiz. Para que luego digan de los sindicalistas. Lamentablemente, nadie le pidió que explicara qué diferencia existe entre un trabajador cansado y aburrido y uno hastiado, o qué porcentaje de hastío y de aburrimiento había en cada trabajador...

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28 mayo 2013

Es mi hombre



Una de Arniches: don Antonio y su hija Leonor malviven sin un empleo digno, cuando un amigo vivales le ofrece a él uno de inspector de una casa de juegos, un casino, vaya. El tal inspector tiene que exhibir artes de matón que no le van a don Antonio ni en sueños; pero puede más la desesperación y acepta. “El valor es una cosa que la tiene todo el mundo cuando le hace falta. ¿Qué valor puede tener un pobre muchacho que está de sacristán en unas monjas? Pues un día le llega su servicio, le visten de soldado, y hala, a donde le manden… Pues eso me ocurre a mí”. Esta es la moraleja secundaria de la obra (Arniches era proclive a las moralejas, porque lo era su público). La principal es que el auténtico valor no es el de los matones, sino el de los hombres como don Antonio, que bregan día a día por mantener a su familia. La cosa es que don Antonio acaba creyéndose su papel y se arrima a una tipa de más que dudosa reputación con la que dilapida el ciertamente jugoso sueldo que le paga el admirado dueño del local. Pero acaba entrando en razón, claro.

Como de costumbre, la gracia está en los diálogos más que en el conflicto o en los caracteres. “La calle o la peritonitis”, amenaza Antonio (rebautizado el Modoso) a los aprovechados que tratan de hacer trampas o montar gresca, mientras les arrima una pistola al vientre. El deje madrileño sale solo, aunque no esté escrito. Hicieron una película trasladando la acción a los años 60, para olvidar, a pesar de un López Vázquez haciendo lo que puede. Ese no es mi don Antonio.

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24 mayo 2013

Las mujeres de Gallardón



“No vamos a meter a ninguna mujer en la cárcel”. “La mujer no es criminal sino víctima”. Conclusión: la mujer es subnormal. Al menos, parece que no es responsable de sus actos: tampoco se encarcela a una mantis religiosa.

Lo peor de este arranque de demagogia es que quita todo mérito a las mujeres que prefirieron su propia muerte a la de su hijo, o las que se le entregaron en cuerpo y alma sin importarles su coeficiente intelectual o la mayor o menor oportunidad de su llegada. Todo acto de injusticia acaba arrastrando consecuencias indeseables.

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23 mayo 2013

Lógica Valenciano



Propongo despenalizar la violación.

Ni con los 350 escaños de esta cámara tendrían derecho a decirles a los hombres cuándo tienen que ejercer su facultad genital.

Ah, ¿que hay otro bien en juego?... Bien, díganselo a doña Elena, por favor.

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19 mayo 2013

¿El anillo?


El poder puede ser un veneno o un bálsamo, según la cualidad interior de quien lo posea. Para que despliegue efectos benéficos, es requisito indispensable que quien ostenta el poder haya demostrado antes su capacidad para prescindir de él.

Lo dice un viejo mago al que es fácil relacionar con Gandalf, en El dolor, de José Javier Esparza.

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18 mayo 2013

Meditando tuites


"Soy de otra época", dice el presidente de Uruguay. En efecto: para pensar que la legalización del aborto contribuirá a su erradicación, hace falta ser de otra época. Lo que es legal pasa a ser lícito en el subconsciente de muchos. Legalizar cosas como el aborto o la droga es empuñar una pistola cargada teniendo parkinson. Dudo que todo esto lo ignore el tal presidente. El otro día hablaba en clase de hipocresía en el siglo XVII. Otro día tendré que dedicar la clase a hipocresía comparada.

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«Es un esfuerzo inútil intentar contentar al que nunca se va a dar por satisfecho, y hace de la diferencia su única razón de ser», dice otro presidente, el de Castilla y León. Tiene copyright, y es de Julián Marías, pero tampoco es que sea una conclusión al alcance sólo de superdotados. Y apuesto a que el gobierno lo sabe, tanto como el de Uruguay sabe lo otro. La contumacia de los políticos españoles en ese terreno, como en otros, es uno de los grandes misterios de nuestro tiempo.

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Como no soy muy de biografías, casi no sabía nada del Papa Francisco. Y resulta que fue colega, y amigo de Borges. "No ha olvidado a sus alumnos", ¡ay! También en esto un maestro.

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¿Consensuar la educación? Eso implica que el PP se vuelva socialista del todo o que el PSOE renuncie a la pulsión totalitaria. Mientras nada de eso ocurra, tendremos una ley de educación cada cambio de gobierno. La educación no se entrega cuando uno tiene un proyecto de sociedad. Que haya una ley Wert significa que en el PP no está todo perdido. Que salga adelante, aunque sea tan tímida, si en algo sirve para retrasar la llegada de la Albania intelectual, por copiarle la expresión a un colega.

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16 mayo 2013

Un lugar en la historia


René Albères interpreta la alineación marxista de muchos escritores en el siglo XX.

Ni la materia ni el pensamiento habían representado una certidumbre mientras no se les supo ver en movimiento. Animándoles, el marxismo les devuelve cohesión y verdad. Y a través del proceso dialéctico aparece así la realidad: "La naturaleza existe independientemente de toda filosofía". El hombre puede entoncces apoyarse en un punto fijo, el universo deja de ser absurdo, el pensamiento vacío, la materia fugitiva. Si la verdad parece disolverse para el entendimiento es que está en movimiento, es que se desarrolla y vive su historia. Y el hombre tiene su lugar en esa historia y se siente tranquilizado al saber por fin dónde está, y tenso al saber que entra en un drama en el que tiene que desempeñar un papel.

Esto era como devolver un sentido a la vida al darle un lugar a cada hombre y a cada idea. El individuo, perdido en el universo, volvía a encontrar una tarea y una misión. No sólo en cierta construcción del espíritu, sino en una creación continua en que los problemas se convertían en problemas de acción más que de pensamiento.

(Panorama de las literaturas europeas)

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13 mayo 2013

Dos en una


-Entonces, ¿los compraste?

La cagó. En la última página y sin remisión.

Perdónenme ustedes, lo sé: esa expresión es pobre y zafia. Pero he intentado otras y ninguna dice igual lo que ha hecho Martín Casariego Córdoba con su historia. Porque la manera más lamentable de estropear una historia de amor es aludir a esos objetos que son el símbolo del trato más mezquino que puede darse entre hombre y mujer.

Dos en una es una historia de amor, sí. Inverosímil y divertida; llena de referencias a las modas del momento, como todas las de su género; superficial tal vez, pero muy acertada al incidir en ciertos asuntos, como es el del egoísmo conyugal y sus efectos en los hijos; y adornada por una exigencia de fidelidad y de elegancia en el decir y el hacer, en lo tocante a las relaciones chico-chica. En una de sus páginas se llega a aludir al amor hermoso.

Por eso no le perdono el final. Esa cita en la casa del chico lo deja todo convertido en un contacto de esos que se anuncian en los periódicos. Martín, por tu padre, quítalo; o, al menos, quita la alusión a los cachivaches.

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10 mayo 2013

Numeritos y películas


Tal o cual vez, a los partidos les toca montar (escenificar, dirían hoy) un lamentable número de Pinto y Valdemoro. Es su destino: tratar de contentar a todos para no contentar a nadie. Ahora le está tocando al PSC, o a su cabeza, que es igual. Ya están en Pinto, ya están en Valdemoro. Es un número de cuerda floja en que se arriesga poco, salvo en época electoral. El pueblo soberano tiene mala memoria, o la tiene corta. Es lo que hay, desde hace treinta años.

...

Mientras unos publiquen tratados de moral y otros hagan películas, los de los tratados de moral no levantarán cabeza. El cine, que puede convertir en héroe a un asesino, es muy capaz de presentar como un acto de amor lo que no es más que quitarse de encima un estorbo. Los premios ayudan un poco, también. Sale un tipo con cara de pobrecito de Dios que dicen que ha hecho una película titulada Amor, que acaba resolviéndose en una eutanasia, y a tragar la bola. Así que a ver quien explica luego que amar es decirle a alguien "es bueno que tú existas".

...

El socialismo defiende como gato panza arriba su modelo de educación. Bueno, como gato panza arriba no, porque están lejos de una situación desesperada; de hecho, siguen llevando las de ganar, teniendo en cuenta lo que hay enfrente. Parte importante de esa educación es la renuncia a inculcar principios morales básicos y fomentar el relativismo, también mediante peliculitas cuya proyección en sí es más eficaz que el debate que la sigue (cuando la sigue), convenientemente dirigido además, pues, en efecto, quien enmarca el debate gana el debate, y el marco suele consistir en "aquí no hay más verdad que la verdad de cada uno".

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05 mayo 2013

Tuvo que cumplirla Hércules


En el esquema mental impuesto a la sociedad española por el régimen actual figura la idea de que la querencia dictatorial o militarista es propia de la derecha. Por eso puede sorprender, a veces, consultar las hemerotecas. En el editorial de El Sol (periódico nada sospechoso de conservadurismo) del 20 de febrero de 1920, se afirma lo siguiente:

Todo hombre democrático, es decir, todo hombre que respeta la idea del derecho debe preferir ver suspendida la legalidad a verla burlada y escarnecida. He aquí por qué nosotros pedimos la Constitución de un Gobierno militar.

Y, más adelante:

¿Quién sabe si , a la postre, los militares, poco preparados para construir un cosmos nacional, lograrán en cambio destruir el tinglado de la ficción nacional, bajo el que nos ahogamos?

Antes de que llegaran las horas floridas de la Grecia clásica, fue preciso, según la leyenda, destruir los monstruos y limpiar los establos de Augías. Este duro menester no era faena para Platón: tuvo que cumplirla Hércules.

(Citado por Gonzalo Redondo en Las empresas políticas de Ortega y Gasset)

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03 mayo 2013

Memorias de Leticia Valle


Mi primera experiencia con Rosa Chacel fue deslumbrante. Había novelista en Valladolid, y la había antes y quizá mejor que Miguel Delibes. En todo caso, estaba en otra línea, una línea que entonces yo no sabía que emparentaba con Virginia Woolf y quizá con Proust, pero ahora que lo sé tampoco me importa admitir que me gusta mucho más Rosa Chacel que ese par de pelmazos.

El texto tiene forma de diario más que de memorias, puesto que Leticia Valle es siempre la niña que va a cumplir doce años. ¿Niña? Se hace raro aplicar ese nombre a esta criatura de rara inteligencia, que sin embargo tiene la crueldad inconsciente de los niños. Un personaje inverosímil, quizá, en cierto modo monstruoso si bien lo miramos. Pero subyugante si tenemos en cuenta que nadie parece advertir hasta dónde llega su penetración, a pesar de la naturalidad con que hilvana conversaciones de rara madurez. Porque podría pensarse que las memorias, o el diario, no son más que la traducción literaria, por parte del dios autor, de los pensamientos informes de su criatura. Pero es que sus diálogos están al mismo nivel. Y, sin embargo, no se siente a disgusto en su papel de niña de doce años, que recita a Zorrilla en las fiestas familiares. Nada más lejos de un enfant terrible... al menos en apariencia.

Porque hay alguien que sí se da cuenta, hasta el punto de caer fascinado y morir víctima de esa fascinación. Se ha hablado de Lolita. No sé, pues no tengo el gusto de haber leído lo de Nabokov. Si juzgo por su famoso arranque, formalmente son muy diversas. Pero este caso trasciende todo lo erótico, me parece. Y, en todo caso, constituye toda una sorpresa, una segunda sorpresa, añadida a la que de por sí produce le personaje.

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01 mayo 2013

León, en cotas intelectuales

Cuando los intelectuales dicen burradas sobre la religión lo hacen con la cabeza bien alta, bien afirmados en su posición aventajada de escépticos volterianos. Los políticos, que al cabo necesitan de la ciudadanía, suelen ser más cautos. Salvo cuando llevan cinco legislaturas en el poder, lo cual otorga casi categoría de intelectual. Don Javier León de la Riva es alcalde de Valladolid por quinta vez, y entre sus timbres de gloria se cuenta el haber adelantado una semana las fiestas locales (que se celebran en septiembre) para evitar el frío y la lluvia características de la entrada del otoño en estos pagos. El éxito fue rotundo, ya que, como se sabe, aquí tenemos diez meses de invierno y dos de infierno, pero el infierno suele retrasar un tanto su retirada. Con esas credenciales no extraña que se haya lanzado a aleccionar a la Iglesia, sugiriéndoles desplazar la Semana Santa a estaciones menos pluviosas. Cinco legislaturas arrasando: qué me importará a mí el mes de Nisán ni la luna llena de Pascua. Estoy hablando de turismo, de patrimonio, de Cultura. Son las arcas municipales, estúpidos. 

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29 abril 2013

Los que van a misa son los peores.


Una diferencia radical entre la mera filosofía moral y el cristianismo es que los ideales morales existen para triunfar, pero el cristianismo existe para remediar los fallos. Los ideales morales se dirigen a la gente que cree tener alguna esperanza de lograr estos ideales, pero el cristianismo se dirige sólo a personas que han desesperado de alcanzar estos ideales por sus propios medios; el cristianismo viene de Cristo y Cristo "no ha venido a llamar a los justos sino a los pecadores".

Quienes no saben esto no tienen nada que ver con el cristianismo, aunque vayan a la iglesia los domingos. Quienes no saben esto asisten a la iglesia como unos estudiantes de arte que se sientan en un hospital, disfrutan de su arquitectura, pero no están allí como pacientes. La Iglesia no es un museo para santos, sino un hospital para pecadores. Profesar públicamente ante el mundo que eres cristiano yendo a la iglesia cada domingo no es decir al mundo que eres mejor que ellos, sino que estás desesperadamente enfermo.

La Iglesia es en gran medida como los alcohólicos anónimos. Lo que hay que admitir, sin olvidarlo nunca, en A. A. es que "soy un alcohólico". Un cristiano es alguien que sabe que es un pecador, que ha aceptado la cura de Dios. La más estúpida de todas las razones para no ir a la iglesia es una de las más comunes: "no soy lo suficientemente bueno". El único requisito es que se sea bastante malo. ¿Rechaza alguien ir al hospital porque no está suficientemente sano?


Tal vez la excusa en cuestión sea la más común en la América de Peter Kreeft (Cómo tomar decisiones). En la España tragacuras es más bien otra: yo no lo necesito, no tengo nada que hacerme perdonar. En el fondo, en Kreeft hay una oculta ironía, porque de sobra sabe que todo el mundo necesita el perdón, que todo el mundo es "malo". Pero el suyo es un libro de moral para cristianos y no cristianos y, por tanto, también para quien "cree tener alguna esperanza de lograr estos ideales".

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28 abril 2013

Dos pastiches proustianos


Lorenzo Villalonga no pudo ser nunca santo de la devoción de la izquierdaza hispana, que a mediados de siglo hizo con la literatura lo que haría a finales con la educación. En ese ambiente, es normal que Bearn fuese relegada al segundo puesto en el Nadal del 55 a favor de El Jarama, novela que uno puede interpretar como quiera pero que no deja de consistir en una serie de conversaciones banales entre gente banal.

En 1971, ya un poco de vuelta del neorrealismo, la editorial Anagrama lanzó estos Dos pastiches proustianos, título dado por Herralde a dos cuentos de Villalonga aparecidos antes en otro volumen. Es, en efecto, un homenaje a Proust, tanto en la forma como en los personajes. En busca del tiempo perdido era una mariconada*, sí, pero una mariconada de cuando la vulgaridad estaba del lado de los que injuriaban a los maricones, y no de estos mismos: es decir, antes del lobby gay. Alusiones al asunto homosexual hay también, por redondear el parecido, en estos "pastiches", que, sin embargo, se apartan del original en su espíritu: en lo de Villalonga hay un distanciamiento irónico que le da un aire más bien de parodia que de pastiche. En el primer relato, el propio Proust intenta vender un coche para inmediatamente echarse atrás ante el interés mostrado por el vehículo por parte de una de sus amadas platónicas. En el segundo, el barón de Charlus (personaje de la Recherche, al parecer) visita Bearn y somete a una prueba psicológica a uno de los sirvientes. Es ese aire de parodia, sutilmente jocoso, el que hace a Villalonga más soportable que Proust. Y su brevedad, claro.


*Copyright by Arturo Pérez-Reverte en una de las múltiples versiones de su artículo de siempre.

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26 abril 2013

¿Qué hay que debatir?


¿Debate? Desde mi punto de vista la aprobación de tal cosa como el matrimonio homosexual habría justificado una revuelta armada. Otra vez Aristóteles: quien niega lo evidente no merece argumentos sino azotes. ¿Qué se puede debatir? Tal vez el concepto de matrimonio. Pero eso sería si hubieran dicho claramente que querían destruirlo y edificar una cosa nueva bajo el mismo nombre, que incluyese a homosexuales, polígamos, bestialistas y necrófilos no porque huele mal. Pero también en ese caso, con la base de la sociedad amenazada de muerte, la insurrección, a sangre y fuego si fuera preciso, se habría impuesto como deber a cualquiera que no se hubiera contagiado de la degeneración ambiente.

Bien mirado, el casorio gay es (por ahora) el último paso lógico en la ruina progresiva del matrimonio. Muchas sociedades conocieron el divorcio, pero una vez que se había llegado, gracias al cristianismo, al matrimonio indisoluble como el más adecuado a la dignidad del hombre y del amor humano, cualquier retroceso implicaba una carrera hacia la nada. Si la palabra dada no vale un ardite, si el amor es como un ataque de lumbago, algo que adviene y que un buen día se va, si el derecho a una felicidad superficial prima sobre los derechos de los hijos, todo se ha perdido. Sólo la oposición del feminismo frena hoy la poligamia, y con el bestialismo todo depende de lo que progresen los defensores de los derechos de los animales.

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24 abril 2013

La fuerza de las armas

no puede crear situaciones estables, sino en cuanto sirva a abrir paso a condiciones de vida enteramente de acuerdo con el derecho y la justicia.

Francisco Franco (entrevista con A. L. Bradford, reproducida en ABC, 7-XI-44) era consciente de ello, aunque se pueda discrepar sobre el modo en que él mismo creó esas condiciones.

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21 abril 2013

Crímenes imaginarios

Esta es la historia de uno de esos matrimonios imaginados por Patricia Highsmith, que no tienen la menor idea del significado de esa palabra. Es decir, un matrimonio muy siglo XX (y no digamos XXI, pero lo peor estaba por llegar). Pero no es que Highsmith pretenda hacer una crónica de costumbres. Es, una vez más, el efecto psicológico del mal sobre personas corrientes. Con frecuencia se incluye a la creadora de Ripley en el género policíaco, pero eso sólo se puede hacer dándole a ese concepto una extensión muy generosa.

Los Sidney forman el matrimonio de una mente retorcida con un alma desorientada. El tipo es básicamente un egoísta obsesionado por su trabajo de escritor y guionista de thrillers, obsesión alimentada por el fracaso. Y le da por imaginar qué pasaría si se cargara a su mujer, una pintora que de vez en cuando "necesita" pasar una temporada sola. Y en torno a ellos teje la Highsmith su famosa tela de araña, esta vez sin compasión. La historia se mantiene por el suspense sutil que sabe crear esta mujer, pero quien espere una solución a lo Agatha Christie que lo vaya dejando. Esta es, de hecho, la antítesis de la novela policíaca clásica, con desenlace satisfactorio, o del thriller estilo Hitchcock, con final de impacto. Aquí triunfan, sin espectáculo, el mal y el sinsentido, como parece suceder en el mundo.

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18 abril 2013

Demos gracias a Dios/ que nos hizo personas/ en vez de hacernos micos/ o monas



Ese brindis jocoso lleva camino de convertirse en subversivo. Sin ir más lejos, en los libros de texto encuentro últimamente una acusada tendencia a seleccionar escritos que sugieren que los humanos somos tan animales como cualquier otro que camine a cuatro patas. El último procede de un artículo de la Revista de Occidente. Según su autor, tenemos una extraña manía que nos lleva a querer diferenciarnos del resto de los bichos. Ya Aristóteles negó a los animales el alma racional, dice. Imagino dos cosas: o que él ha encontrado indicios de racionalidad en las lombrices de tierra o que tal facultad no implica gran diferencia entre dichas lombrices y usted que tiene la gentileza de estar interpretando estas líneas. Más adelante nos habla de la gran decepción que, se supone, sufrimos los humanos cuando nos dijeron que compartíamos casi todo el genoma con los chimpancés. En todo caso, al parecer, él no estaba entre los decepcionados. Yo no conozco a ninguno ni estoy entre ellos. Tengo la superstición de pensar que no soy reductible a mi genoma y que no haber encontrado todavía ningún chimpancé que haya compuesto algo como la Quinta Sinfonía, ni siquiera como la Tarara, quiere decir algo que los genes no dicen.

Me temo que tanto empeño en asimilarnos a los micos aspire a que, a cambio de tener con ellos ciertas consideraciones hoy reservadas a las personas (los famosos derechos de los animales), accedamos nosotros a ser tratados como animales en ciertas circunstancias: De hecho, Martin Rhonheimer ponía de relieve la necesidad de dar la batalla por la especie, si no  queremos acabar apiolados sin dolor cuando, a juicio de quien sea, dejemos de ser útiles. Que la Revista de Occidente acoja artículos como el que comento (carente, además, del menor rigor, cuando llama, por ejemplo, “nuestros antecesores en la evolución” a los chimpancés) es lo suficientemente preocupante como para darse cuenta de la urgencia de esa batalla. 

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14 abril 2013

Roncar "comme il faut"


(Un compañero de prisión le pide a Steinhardt, durante la noche, que le cambie el sitio, porque no puede soportar los ronquidos del vecino)

Me resulta muy fácil, ya que he estado en la celda 80 en Gherla con un hombre decente y culto, el general Constantinescu-Taranu, imbatible campeón de ronquidos de todos los tiempos y de todas las cárceles. El ruido que producía era tan penetrante, insoportable y terrible que ya ni te planteabas la cuestión de poder dormir con él en la misma celda. Sobre todo porque no producía un ruido uniforme y continuo, sino una inagotable serie de cañonazos, siempre distintos, siempre sorprendentes: una verdadera panoplia de un artista cuyo estilo se renueva constantemente. Después de algunas semanas de convivir con él, acababas por dar algunas cabezaditas, pero sólo a ratos, como esos capitanes de barco que ni siquiera después de muchos años consiguen librarse del mareo.


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12 abril 2013

Historia de dos ciudades


No se defendió mal Dickens fuera del proletariado inglés. De hecho, pienso que esta es una de las mejores novelas históricas de todo tiempo y lugar. No es una historia de dos ciudades, sino una historia en dos ciudades (A tale in two cities), y aquí sí que creo que habría sido pertinente la traducción del artículo a. París y Londres, en los tiempos de la Revolución francesa, son el escenario de los hechos. Así como uno nunca entenderá la Edad media, ni ninguna otra época, a base de tragarse los ladrillos de mala pasta que enguarran las estanterías de novedades, es fácil hacerse una idea de las circunstancias que rodearon la gran revolución leyendo a Dickens. Pero se trata también de una gran novela de caracteres y de una excelente trama de acción.

¿Fuera del proletariado inglés, dije? En todo caso, el autor no se desembaraza del todo de esos caracteres que le han dado fama: criaturas indefensas maltratadas por brutos de esos a los que un juez habría quitado hoy la custodia de sus hijos y alejado de sus mujeres. Todos tratados, también, con la mezcla de humor y melodrama que es otra de sus marcas.

Esta edición de Bruguera que he utilizado (¡lo que le debemos a Bruguera!) va provista de unas exhaustivas notas de Salustiano Masó que no sólo aclaran los datos históricos y da cuenta de las peculiaridades del lenguaje dickensiano que se pierden en la traducción, sino que se permite ciertas ironías. Por ejemplo: "... llegó a hablarse de 12 000 víctimas en las polémicas contra la Revolución. Comparado con los terrores de los tiempos modernos, en la Rusia comunista y China, en la Alemania nazi y en la Cuba castrista, el terror francés fue obra de unos aficionados."

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10 abril 2013

Detesto fregar


Creo que El Norte de Castilla se va a hundir a base de tópicos. Se muere José Luis Sampedro y ¿cómo cree que titulan? Efectivamente: "Muere un intelectual comprometido". Esto de ser un intelectual comprometido consiste en aprovechar que uno escribe más o menos bien para publicitar unas ideas políticas como no podría hacerlo, por ejemplo, un profesional de la albañilería. Empezó Zola y ya no lo han dejado. Ni tienen por qué, claro, pero me pregunto qué añade a esas ideas el que quien las promocione sea un novelista o un poeta. Que a veces tienen ocurrencias más bien peregrinas, y si no véase aquí don Miguel. Me pregunto cuántos de los que conocen el compromiso de don José Luis han leído Octubre, octubre o La sonrisa etrusca. El amante lesbiano creo que lo han empezado muchos.

Pero además, en páginas de reportajes a color, entrevistan a una famosilla y plantan como titular: "Detesto fregar". Pero hombre, por favor. Eso (o algo con similares implicaciones) es lo que dice cualquier celebridad femenina en cuanto le arriman el micrófono. No vaya usted a confundirme, caballero. Claro que aparte de eso y de algo sobre sus preferencias sexuales, no dan mucho más de sí estas entrevistas. Tal vez una nota de compromiso. 

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06 abril 2013

Poder inmenso y tutelar


Es posible que Aldous Huxley hubiese leído a Tocqueville. Lo que este pronosticaba de modo teórico lo ilustra aquel en forma de novela, si bien exagerando en lo anecdótico.

Por encima [del hombre y su familia] se alza un poder inmenso y tutelar que se encarga exclusivamente de que sean felices y de velar por su suerte. Es absoluto, minucioso, regular, previsor y benigno. Se asemejaría a la autoridad paterna si, como ella, tuviera por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero, por el contrario, no persigue más objeto que fijarlos irrevocablemente en la infancia; este poder quiere que los ciudadanos gocen, con tal de que no piensen sino en gozar. Se esfuerza con gusto en hacerlos felices, pero en esa tarea quiere ser el único agente y el juez exclusivo; provee medios a su seguridad, atiende y resuelve sus necesidades, pone al alcance sus placeres, conduce sus asuntos principales, dirige su industria, regula sus traspasos, divide sus herencias, ¿no podría librarlos por entero de la molestia de pensar y del trabajo de vivir?

(La democracia en América, vol. II, parte IV, capítulo VI)
                                                  
Con todo, Tocqueville fue optimista al pensar que el individuo quedaría aislado con su familia. Huxley (más contemporáneo, al cabo) vio mejor que una de las prioridades del poder en el futuro sería acabar con la familia. Las prioridades sociales de los últimos gobiernos en Europa y América no van en otro sentido.

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04 abril 2013

Momo


Momo es una niña que sabe escuchar, lo que está muy bien, coincidiremos todos. Así que desde el principio el carácter ejemplar de la fábula queda claro. Y Momo tiene el aspecto de las pobrecitas niñas de cuento de hadas, estilo Cenicienta, o de los menesterosos de Dickens. Sabe escuchar, y eso hace que todo salga bien junto a ella, que los conflictos se resuelvan y que los juegos resulten de lo más guay.

Y llega el malo. La bruja, o la madrastra, es aquí un personaje colectivo: los hombres grises, seres fantasmagóricos que sólo existen si las personas les dejamos, y existen para robarnos el tiempo, haciéndonos creer que lo aprovechamos: clara personificación de algunos de nuestros vicios, en este caso vicios tan contemporáneos como la profesionalitis o la vacacionitis. Donde están ellos, con su odioso aspecto de capitalistas, no hay calor humano, ni del otro, pues de hecho exhalan un frío atroz.

Cuando todo parece perdido, surgen las hadas: la tortuga Casiopea y el maestro Hora, administrador del tiempo. Pero será Momo quien tenga que administrar la salvación del género humano, cuyo buen suceso, como siempre, estará asegurado sólo por la fidelidad a la misión recibida.

La imaginación de Michael Ende brilla a su altura habitual, en este caso sin el exceso de La historia interminable. Aquí la historia termina, y termina bien, como en todo cuento de hadas, siempre tan realistas.

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02 abril 2013

Por qué los políticos nunca entenderán al Papa


Cuando se hacen opciones morales, la única consideración importante es hacer la opción correcta, no la opción de la derecha o de la izquierda. El mundo ha inventado la derecha y la izquierda; Dios inventó la justicia.

"No os acomodéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, de modo que podáis discernir cuál es la voluntad de Dios: esto es lo bueno, lo agradable, lo perfecto". (Rom 12, 2)


Tal es la norma para que los cristianos tomen decisiones.


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