24 marzo 2020

La Lola se va a los puertos


“Una andaluzada de cierta dignidad”, definió Enrique Baltanás La Lola se va a los puertos. Podría decirse así. Es un homenaje al cante flamenco, encarnado en Lola, esa mujer que parece “el metro de platino iridiado” que nos dibujó Álvaro Pombo en su memorable novela: un compendio de sabiduría, esa que se nos perdió en conocimiento, según Eliot, y que es lo que se quiere que sea el cante, entre otras cosas. Tipos mediocres de diverso pelaje se enamoran de ella, incluyendo el menos mediocre de todos, el guitarrista Heredia, no en vano es el complemento sine qua non de su arte: “Sin Heredia no canta Lola”, viene a decir con orgullo el tocaor. El caso es que se la disputan un padre y un hijo y esa disputa sirve para crear una mínima trama, pero Lola no se queda a ninguno, pues es una especie de Diana del flamenco (“Mis labios se tocan pero no se besan”). El diálogo está compuesto en un verso sonoro que hay que decir, por supuesto, con acento andaluz, de Sevilla o de los puertos, a los de la Meseta nos da igual, y además la localización es incierta, creo recordar. En ese verso sonoro se destaca la esgrima verbal entre Lola y Rosario, la novia despechada que acaba, también, fascinada por la artista. Las acotaciones nos guían demasiado en la lectura, y de hecho supone un auténtico reto para el actor el reproducirlas en la representación.

Nunca agradeceremos bastante a los promotores de la vieja colección Austral que nos facilitaran obras como estas, hoy que apenas se editan, a pesar de sus autores. Que, como todo el mundo sabe, son Manuel y Antonio Machado.
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21 marzo 2020

La libertad de la Gitanilla



Siempre dije que la Gitanilla, como personaje, era la antítesis de Melibea, ésta atontada y sumisa, aquélla dueña de su persona y ejemplo de dignidad. Me alegra ver a don Luis Rosales corroborar genialmente esta mi opinión. Habla de Preciosa, pero podemos intuir a Melibea en el reverso:

Ella no cede a sus pasiones. Su libertad atiende a la virtud, no a la naturaleza. Su libertad no es espontánea, sino esforzada, creyente y voluntaria. No estriba en sujetarse a las pasiones, sino, antes bien, en sujetarlas, en liberarse de ellas. En mantener en todo instante su vida en situación de disponibilidad. Para desarraigarle de sus costumbres, somete a larga y dura prueba la continencia de su amante. Lo que pretende con ello, en definitiva, es espiritualizar la inclinación de su naturaleza y convertir su pasión en un instinto espiritualizado. La castidad puede llegar a ser para nosotros más espontánea y natural que la sensualidad. Todo depende de la exigencia de perfección y de sentido que pongamos en nuestra vida. La estimación de esta prueba –el noviciado del amor—como un rito de purificación me parece indudable.

(En Cervantes y la libertad, segunda parte, capítulo II: “La libertad de los gitanos”)


19 marzo 2020

Tierras del Ebro


“La primavera palpitaba en el aire”. Es el mejor resumen de las descripciones de la naturaleza que Sebastián Juan Arbó nos brinda en esta novela. Si no estuviera Gabriel Miró, se erigiría en el primer paisajista del siglo XX. Las riberas del Ebro cobran vida, en efecto, en cada uno de los capítulos de la obra, y una vida jubilosa compartida cada primavera por sus habitantes. Y, sin embargo, no estamos ante una novela optimista. De hecho, podría considerarse como uno de los últimos relatos naturalistas. El hombre no está a la altura. Diríamos que le agria la fiesta a la naturaleza si no fuera porque esta permanece indiferente al modo como el ser humano es capaz de destruirse a sí mismo, con sus orgullos y sus odios. Una nube de desesperanza, en efecto, constituye el desenlace de la historia, la historia de un aparcero de Amposta capaz de ser feliz, al principio, con una mujer amada y un terruño. Y un hijo. Pero basta que la mujer muera en un mal paso para que en Juan aflore lo peor de sí mismo. Incapaz de recuperarse, tiñe de infelicidad el resto de su vida y la de su hijo, con la colaboración de sus vecinos. Como en el Blasco Ibáñez de las novelas de Valencia, vemos solo el lado bestial de los habitantes de tan, en principio, agraciadas tierras. Cero esperanza, sí, al volver la última página. Y lo lamentamos por lo que podía haber sido, desde el punto de vista humano, una novela tan bien llevada en lo literario, ya que hasta sus momentos de monotonía, ante los que te ves tentado a decir aquello de “le sobran tantas páginas”, tienen su sentido.
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15 marzo 2020

Una abogada de don Plácido, veinte años antes


"Los obligatorios ejercicios respiratorios y vocales de todos los días, los ensayos con el acompañador, con los compañeros, con la orquesta, las reuniones con los agentes, las grabaciones (repetidas mil veces hasta que todo sonaba bien), las probaturas con el vestuario o esas entrevistas durante las que siempre se ha de tener mucho cuidado. Y de nuevo todos esos hoteles, cualquiera de ellos calcado a los cien anteriores, de tal manera que al final uno no sabe dónde diablos se encuentra. No estoy segura de que alguien pueda acabar convirtiéndose en un auténtico playboy en esas circunstancias. El aún joven y atractivo Domingo, durante su estancia de poco menos de un año en Tel Aviv, actuó en más de doscientos espectáculos y se aprendió de memoria más de cincuenta papeles operísticos. Si con todo ese duro trabajo hubo en algún momento un resquicio para el tiempo libre, dudo mucho que por él se colase alguna modelo con sus grandes pechos de silicona. Después de una actuación hay que dormir como es debido, porque al día siguiente aguarda otro concierto y otro ensayo antes del mediodía para una nueva ópera. Así pues, los rumores sobre las conquistas amorosas de estos, por otra parte, interesantes individuos se reducen a la mitad. Si no a las tres cuartas partes [sic ¿por la cuarta parte?]…"


Wislawa Szymborska, comentando el libro La vida privada de los Tres Tenores, de Marcia Lewis (1999), en Prosas reunidas


07 marzo 2020

Marcelino Pan y vino y otras narraciones


Estoy hablando del volumen de Biblioteca Básica Salvat, colección llamada también “Libro RTV”, una colección de los años 70 que llevó obras fundamentales a los bolsillos modestos y asequible aún a unos cuantos que tenemos acceso a bibliotecas escolares. Si “Marcelino Pan y Vino” y “La primavera” son relatos infantiles (aunque no solo, ni mucho menos), las otras narraciones nos acercan a un autor sumamente interesante en el campo de la narrativa breve para adultos. Hay trozos de realismo crudo (“El traje negro”) junto a abundantes notas de ternura (en el mejor de los sentidos), como en “Tal vez mañana” o “Tres rosas rojas”. Por lo que puede verse aquí, el autor tiene cierta preferencia por los personajes considerados “tontos”, que, como en otras ocasiones, suelen estar dotados de una visión más penetrante de las cosas y resultan, al final, los preferidos de Dios. La pura fantasía está presente en “Pesinoé”, relato algo previsible pero delicadamente resuelto. “Un tal Francisco” es, sencillamente, emocionante. Pero, desde luego, de todos ellos, me quedo con “La tregua”, relato original por el tratamiento de un espacio, muy característico del realismo social por otra parte (una cantera y el campamento donde viven los que trabajan en ella), pero que se eleva a lo simbólico y a lo religioso cuando el protagonista decide convocar esa “tregua” y que se vuelve a ratos inquietante a medida que el desenlace se hace cada vez más incierto.


No lo he dicho, pero el autor es José María Sánchez-Silva

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06 marzo 2020

Pemán


Leo las razones de los que critican la retirada de los bustos y demás iconos de José María Pemán. La mayoría me parecen tan lamentables como la propia decisión sectaria del ayuntamiento gaditano. Que no era franquista. Oh, no. Pues va a ser que se opuso al alzamiento con todas sus fuerzas y que sufrió cárcel y destierro durante el régimen, si os parece. ¿Franquista cien por cien? ¿Quién lo fue, salvo Carmen Polo, quizá?

No, por Dios, Pemán no era franquista, era católico y monárquico y discutió algunas decisiones del generalísmo. A parecer, si hubiese sido franquista hasta la reverencia habría derecho para quemarlo en efigie y prohibir hasta la mención de sus obras. Así llevamos cuarenta y dos años, preparando el terreno a las leyes mordaza de la actual gobierna. Enhorabuena.




31 diciembre 2019

El futuro gobierno favorecerá a las familias normales.


Claro: el acuerdo de gobierno entre los partidos socialistas dice: “…se protegerá a las familias monomarentales y monoparentales”. Supongo que se han creído en la necesidad de inventar el palabro marental porque en su burricie piensan que parental viene de padre (“papá”), en lugar del latín parentes, o sea, los que paren, los progenitores.

Así las cosas, familia monoparental y monomarental es la mía, la suya y la del noventa por ciento de los ciudadanos, al menos en su inicio, donde hay un solo padre y una sola madre. Es decir, la familia normal. Sería de agradecer que, en efecto, el gobierno empezara a proteger a este tipo de familia. Mucho me temo, sin embargo, que se han hecho la pluma un lío y lo que querían decir es que van a seguir haciendo lo de siempre, es decir, machacar a la familia sin más por la vía de normalizar lo excepcional.



28 diciembre 2019

Intertextos


Leyendo el capítulo sobre la Generación del 98 en Fracasología, de María Elvira Roca Barea, me encuentro esto:

Como señala M*** P*** [en una ponencia de 2004], “en 1898 tiene lugar el desastre militar de Cavite y Santiago de Cuba, por el que España pierde sus últimas colonias ultramarinas. Los luctuosos sucesos de este año han sido considerados por algunos como la causa que habría dado lugar al grito de protesta de los escritores definidos más tarde como "los hombres del 98". La protesta contra la política responsable de lo ocurrido y el deseo de una reforma radical en España existió, en efecto, pero su motivo fundamental no fue la derrota sino el descontento frente al ambiente político, social y cultural del país. […] Pero la corriente de doctrinas regeneradoras no motivó la catástrofe nacional. No hizo más que avivarla.”

Doy un respingo, porque esas palabras las conozco como el Padrenuestro, y no en relación con M*** P*** (a quien no conozco) ni desde el 2004 precisamente, sino que figuran tal cual en el manual de Historia de la literatura española de José García López, cuya decimonovena edición de 1974 utilicé en las oposiciones (hablo de los años 1987-89).

¿Se equivoca Roca Barea al citar? No, porque la ponencia de marras está on line y, en efecto, puede verse que M*** P*** (o sus editores, no sé) transcribe, justo en el inicio, los párrafos de García López, sin entrecomillar ni citar la procedencia, ni siquiera de las dos últimas frases, que son una cita de Azorín.

En fin, ya se ve que este tipo de prácticas son de lo más habitual, y lejos de mí romper una lanza por el presidente del gobierno, pero se ve también que hay que tener cuidado a la hora de atribuir malas prácticas a un autor en las citas, como han hecho con doña Elvira, porque esto de las intertextualidades es toda una maraña que se nos va de las manos…



26 diciembre 2019

No me toques la España negra.


Arturo Pérez-Reverte se suma a la elvirofobia con un artículo en que afirma, entre otras cosas, que la señora Roca Barea trata de hacernos olvidar que la Iglesia nos mantuvo varios siglos en el atraso y el analfabetismo.

Es este tipo de animaladas lo que constituye el mejor aval para el libro que se trata de atacar, pero claro, Pérez Reverte está en el papel de Demetrio, el platero de Éfeso. Ve peligrar el negocio de la España negra al que tan sustanciosos réditos viene sacando desde hace muchos años, con su Alatriste, sus artículos y demás. 





23 diciembre 2019

Nochebuena


No hay ningún lugar para la muerte,
ningún átomo que ella pueda destruir,
porque tú eres el Ser y el Soplo,
y tú no serás jamás destruido.

Emily Dickinson, citado por José Jiménez Lozano, Los cuadernos de Rembrandt, 2010, p. 202




21 diciembre 2019

Elvirofobia


En El País han puesto a uno de sus meritorios a buscar errores y omisiones en Imperiofobia y leyenda negra, el muy popular ensayo de María Elvira Roca Barea. Uno puede pensar, si tiene a bien, que lo que intentan es que la dignificación de su patria se haga de manera correcta y sin trampas. Pero más bien, por los modos, me temo que se trata de desacreditar el libro porque les hace muy poca gracia su contenido.

Y esto es bello e instructivo*, porque muestra, una vez más, dónde está cada cual. No porque no se supiera, sino porque hay que ponerlo de manifiesto una y otra vez, cuando aún muchos se extrañan de que los socialistas hagan causa común con quienes tienen como meta romper España.

*Copyright by Eulogio López




14 diciembre 2019

A hacer la cena


Leía hace poco que el PP expulsaba del partido a un militante que había gritado “¡A casa, a hacer la cena!”, en un acto feminista.

Y me pregunto si el PSOE o Podemos habrían expulsado con la misma celeridad a uno de los suyos que hubiera gritado “¡Curas a trabajar!” en una iglesia, por ejemplo. Pero el hecho no deja de ser una ilustración, en miniatura, de la génesis del movimiento feminista: unos que piensan que “hacer la cena” es una actividad poco digna, y otras que se lo creen y siguen el juego, un juego clasista y ridículo.



09 diciembre 2019

Camino de perfección


Este libro tiene una historia textual complicada, según nos hace ver el prologuista de la edición digital que he utilizado (Vicente de la Fuente). Son varios los códices que lo contienen, con variantes de distinta entidad entre sí. La mayor diferencia vino determinada por las supresiones que las autoridades eclesiásticas sugirieron a la autora. Esta edición que digo trae las dos primeras redacciones, ambas conservadas, una en El Escorial y otra en Valladolid. He escogido la primera, la del Escorial, que es la versión libre de las zarpas de los bienintencionados pastores.

La obra se divide en pequeños capítulos con secuencias numeradas a su vez. He “subrayado” en los primeros capítulos numerosos pasajes, no tanto en los últimos. Los primeros, de hecho, tienen, diría yo, un ritmo más vivo, y son una serie de indicaciones de tipo ascético dictadas por la experiencia y con conciencia bastante segura. La mayor parte me resultan familiares, porque sirven no solo para la espiritualidad monacal. Así, por ejemplo, a la hora de corregir una monja a otra

debe encomendarla mucho a Dios, y tratar de lograr en sí misma la perfección en la virtud contraria a la falta que ve en la hermana; de esta manera ella entenderá mejor su error que con cualquier reproche o castigo.

O bien, tratando de la caridad:

…compartir con las hermanas las cosas que a ellas causan placer, aunque a vosotras no interesen, es caridad…

Ojo con el cuerpo serrano, que

…tiene un defecto: que mientras más lo regalan, más necesidades se descubren. Es extraño lo mucho que quiere ser regalado. Como así puede engañar a la pobre alma para que no progrese, no se descuida.

Y sobre aquellas monjas que andan siempre queriéndose salir con la suya:

La que no quiere llevar la cruz, y acepta solo la que le dieren muy puesta en razón, no sé para qué está en el monasterio; vuélvase al mundo, donde tal vez tampoco le respetarán esas razones…

Entre otros muchos consejos de sabia y piadosa directora. La segunda mitad del tratado se dedica a glosar el Padrenuestro y su análisis es más reflexivo y sutil, al menos no encontré sentencias tan directas al blanco como las que he citado.

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16 noviembre 2019

¿Quién te crees que eres?


Nada en dos platos. Como no sea que te fascine como técnica literaria eso del cuento-novela, es decir, unos cuentos que tienen como protagonista a la misma persona en diferentes momentos de su vida. Novela discontinua, podríamos llamarlo, vaya. La protagonista en cuestión es Rose y la vemos huérfana, malcasada y profesional. Todo de una mediocridad que llega a asquear. Espero que no sea cierto que Alice Munro retrata como nadie a la mujer de su tiempo, y esas cosas que dicen los ditirambos. Si acaso, a cierta mujer. Pero prefiero leer el retrato de otras.

09 noviembre 2019

Los desheredados


Celebro cada título que aparece contra el disparate educativo como un nuevo latido que atestigua que Europa no está muerta del todo. Celebro también que este François-Xavier Bellamy sea un tipo joven al que aún le quedan muchas cosas que decir. Este intenso volumen de 170 páginas se compone de dos partes, la primera de las cuales se dedica a las “tres sacudidas” que han provocado el actual seísmo en la educación, tres sacudidas llamadas Descartes, Rousseau y Bourdieu. En la segunda aboga por “refundar la transmisión”, se entiende de conocimientos, dando la vuelta al delirante postulado educativo que se funda justamente en rechazar los contenidos para centrarse en el “enseñar a aprender” y otras lindezas.

Nuestra sociedad es contradictoria cuando denuncia la transmisión [de conocimientos] al mismo tiempo que se inquieta al ver resurgir la barbarie, Frente al resultado de su propia deconstrucción está tan sorprendida como lo estuvo todo el París rousseauniano al descubrir al pequeño Víctor [el niño salvaje]. Como los curiosos, decepcionados frente al niño del Aveyron, a menudo miramos con amargura y cólera los defectos demasiado visibles de las generaciones presentes y buscamos un vicio al que atribuir la violencia que vemos por doquier. Pero, ¿qué podíamos esperar? ¿Pensábamos que desacreditar a todas las autoridades nos conduciría a la libertad o que el olvido de nuestra historia haría de nuestros niños unos hombres nuevos? ¿Pensábamos que quitarles el lastre de la cultura los volvería más naturales? Hemos deconstruido la transmisión pero sin compartir la lúcida coherencia de Rousseau. El pedagogo del Emilio sabía en qué se convertiría su alumno una vez privado de la cultura: “un salvaje hecho para habitar en las ciudades”.

Barcelona, otoño del 19.
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03 noviembre 2019

El páramo

Mercedes Formica habla de la actividad teatral en los años 40.


Tampoco se olvidaron los autores extranjeros, desconocidos hasta entonces en España. 1943. J. B. Priestley estrenó en Madrid, con La herida de nuestro tiempo, una de las obras más bellas que he visto en mi vida. Nuestra ciudad, de Thorton Wilder, traducida por J. José Cadenas, en la temporada del 44. Un espíritu burlón, de Noel Coward; Cocktail Party, de T. S. Eliot, y Llegada de la noche, de Hans Rothe, en 1945 y 1946.


(Escucho el silencio, p. 102)


30 octubre 2019

Tras el águila del César


No es extraño que Rafael García Serrano prologue esta colección de estampas brutales. Con todo, aunque el fondo sea similar al de las novelas del navarro, el estilo difiere notoriamente. Luys Santa Marina se adorna menos, y va directamente a la acción, con el “laconismo militar” que dijo José Antonio que era el estilo de los suyos. Pero es un laconismo que busca también el efecto de salvaje indiferencia ante la muerte, de uno mismo o de los otros. Véase:

Estaba herido y le remataron a bayonetazos. Uno quiso degollarle, y se arrodilló a su lado con la navaja abierta.
Los amigos del moro, que sabían dónde cayó, le dieron un balazo en el hombro.
--No lo dejéis empezado. Ahí queda mi navaja…
A tres, hirieron en el pecho; a otros dos en la frente y en el brazo, pero el séptimo la trajo enganchada por la coleta.
--¡Condenado mojamed…! Nos cuesta tu cabeza más que una de jabalí… ¡Y cuidado que eres feo…!

El libro se divide en varias partes, pero realmente todas comparten el mismo tono. Hay prosa y hay verso. Dicen que fue censurado en tiempos franqueos, por aquello de la amistad con los moros, así que supongo que estamos ante uno de los libros más malditos que ha producido la literatura española, porque hoy tampoco levantaría entusiasmos oficiales… Lleva como subtítulo Elegía del Tercio y rara vez se habrá escrito una apología de la barbarie más explícita en literatura. Noticia de su autor me llegó a través del Trapiello (Las armas y las letras). Parece que se trató de un falangista tan fiel a sus ideas como abierto con todo el mundo, amigo de plumíferos de todo color y que realizó una buena labor cultural en esos tiempos innombrables, innombrables para alabarlos, claro.
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23 octubre 2019

Un triunfo


Dice el tipo que preside el ejecutivo que la salvajada del Valle es “un triunfo de la democracia”. Y estoy de acuerdo, siempre que se entienda democracia en el sentido orteguiano, claro.

En El espectador, 1917:

Periodistas, profesores y políticos sin talento componen el Estado Mayor de la envidia… Lo que hoy llamamos “opinión pública” y “democracia” no es en gran parte sino la purulenta secreción de esas almas rencorosas”.

Clavado.


14 octubre 2019

Durante la dictadura


Son realmente cómicos. Reeditan una novela de Tomás Salvador (bien) y te dicen en la contraportada: “…demostró que se podía hacer novela policíaca durante la dictadura”.

Pues menuda hombrada. El Viti demostró que se podía torear durante la dictadura. Valerio Lazarov demostró que se podían hacer musicales durante la dictadura. Alfonso Paso demostró que se podían hacer comedias de enredo durante la dictadura. Francisco Ibáñez demostró que se podía escribir historietas durante la dictadura. Mi padre demostró que se podía fabricar asientos para coches durante la dictadura. Y yo mismo demostré que se podía jugar a los madelman durante la dictadura.

Tendrá que ver el culo con el pulso, señor…




20 septiembre 2019

Las sombras de Quirke


Sépanlo ustedes: las generaciones futuras nos mirarán con horror por haber permitido la lacra de los niños dados en adopción a cambio de suculentas cantidades cobradas por gentes del entorno eclesiástico y conservador. Sí señor, esta es la lacra del siglo XXI, y no el que tantos de esos niños “no deseados” por las adolescentes no lleguen ni siquiera a tener la opción de nacer. Esto último no lo dice el prota de Las sombras de Quirke, pero se deduce. Los puñeteros curas, con sus sermones sobre el aborto, obligan a las niñas a parir para enriquecer a estos sujetos. Esto tampoco lo dice “Benjamin Black” a través de su Quirke, pero también se deduce. Lo que sí que dice es lo primero, con todo su cuajo, como si cada día nos desayunáramos con una noticia de adopciones ilegales y monjas secuestradoras, que de eso va el rollo.

Pero en fin, si Dante puso en el infierno a sus enemigos, qué mucho que los escribidores de novelas policiacas escojan como los villanos a sus tipos más odiados. Por lo demás, la novela, psché, una para pasar el rato en el metro. ¿Bien escrita?, pues quizá. Pero ya no tiene la gracia de la imitación de Chandler, como en La rubia de ojos negros.

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