En esta, al parecer, última novela de
Chester Himes no debe buscarse un “quién lo hizo” sino una
radiografía social, una supuesta radiografía social, porque ya se sabe que a
estas novelas
de denuncia siempre hay
que aplicarles el coeficiente de reducción. Si yo fuera de
Harlem me quejaría.
En fin, lo digo porque en otras novelas de
Himes
sí que hay desenmascaramiento de asesino. Aquí hay asesinatos, pero sin
conexión entre sí. Empieza con un blanco asesinado tras salir de un encuentro
non sancto con un negro, sigue con una
reunión de unos sectarios bastante grotescos que acaba con varias muertes y se
salpica de manifestaciones callejeras de activistas negros, para al final
envolverlo todo en la metáfora del título: un caos como el que provocaría un
ciego con una pistola, demasiado para los esforzados Jones “el Ataúd” y Johnson
“el Sepulturero”.
Un apaño para concluir una historia que no se sabía cómo
desenlazar, si quieren mi opinión.
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