23 diciembre 2023

La filosofía se ha vuelto loca (I)

Este profesor Braunstein, para mí desconocido, hace una buena crítica de las principales demencias que se han apoderado de occidente, a menudo etiquetadas como woke, queer o memeces así. En concreto, pasa revista al transexualismo, el animalismo y la eutanasia. Hace una exposición sintética y amena de las principales obras que han dado origen a cada cosa (¡qué paciencia, Dios bendito!) y su crítica, visible, no necesita explayarse demasiado, porque esta casta se pone en ridículo a sí misma.

Los calificativos que emplea Braunstein para referirse a las teorías del profesor Singer, para el cual sería más ético matar a un ser humano discapacitado que a un cerdo o a un perro en perfecto estado de salud, son inequívocos: aterrador, inhumanidad, brutalidad, repugnante… Por eso no me explico que el mismo Braunstein parezca mostrarse de acuerdo con la legalización del aborto. Sí, por más que al autor le parezca un desatino, Singer es coherente cuando concibe el infanticidio como una secuencia lógica del aborto voluntario. ¿Qué nuevo estatus adquiere el ser humano tras el parto que no tuviera antes del parto? Si se es tan respetuoso con la vida humana y tan lúcido con respecto a la condición animal de los animales como lo es el profesor Braunstein, hay que estar por coherencia en contra del aborto provocado.

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20 diciembre 2023

Boisdeffre

Desde Nietzsche, busca Europa un quinto evangelio. Ya exalte los alimentos terrestres o comunique su propia náusea, la literatura actual [mediados del XX] solo tiene una certeza: sabe que Dios ha muerto, y se esfuerza en reemplazarlo por el hombre. ¿Cómo no ver en esta inmensa empresa el signo de una decepción y de una espera trágicas?

“Albert Camus o la experiencia trágica”, Metamorfosis de la literatura vol. III

 

La literatura contemporánea, hemos hecho notar, es, por esencia, destructora –del orden social, de las instituciones, de las ideas sobre las que vivimos--, para desembocar en el mismo proceso humano. Dios ha muerto, la ciudad de los fines se desploma, la ciencia resulta impotente para dar la felicidad a la humanidad, la tortura resucita… El mundo deja de ser esa vasta finalidad aseguradora cuyo centro y medida era el hombre. Convencido de que ha sido creado para nada, que está de más, el escritor solo puede rebelarse ya contra su condición. La literatura se convierte en una enorme empresa de demolición. Pero no basta con destruir, sería necesario reconstruir. Aquí se evidencia la carencia de toda una literatura, precisamente de una literatura cuyas pretensiones metafísicas parecían perfectamente definidas.

“La literatura, recreación de un mundo”, id.

 

Porque hemos perdido la medida del hombre tenemos la tendencia a creer que solo es grande en la desmesura. Pero el hombre es grande cuando lleva a su más alto nivel posible su capacidad de destino, no cuando encarna su ocaso o su locura. Otros creyeron que el hombre no podía realizarse más que en un destino fuera de serie; los comunistas exaltaron la historia de Prometeo. Saint-Éxupery se limitaba a resumir el humanismo en esta frase (de Guillaumet, creo): “Lo que he realizado, ningún animal podría haberlo hecho”. Malraux, más orgulloso, profería: “He negado cuanto pedía en mí la bestia interior, y he llegado a ser hombre sin el concurso de los dioses”.

                                                                                                                                                                   Id.



15 diciembre 2023

Metamorfosis de la literatura, III

Pierre de Boisdeffre dedica este tercer volumen de su obra a Cocteau, Anouilh, Sartre y Camus, para terminar con un ensayo sobre la literatura de hoy (es decir, mediados del siglo XX). De Cocteau nos muestra con tintes positivos el cine y algo la poesía, mientras que minusvalora sus novelas y su teatro (en general). De Anouilh me quedo con una anécdota de su vida, que es que el primer mobiliario con que contó tras su boda fue prestado de un escenario para una de sus obras y cómo, desde esa situación de inopia inicial, fue escalando en éxito y popularidad gracias a su entrega al arte de Talía. De los capítulos dedicados a Sartre concluyo que se trata de un filósofo que hace novelas, o teatro, con el lastre que eso supone para la narrativa o el arte escénico. No he leído nada de este tipo, pero, por los análisis de Boisdeffre, parece que la más interesante de sus obras de teatro podría ser El diablo y el buen Dios, de la que se puede sacar incluso una lección cristiana: que la santidad no es una apuesta personal que se gana o se pierde a base de esforzarse por ser bueno, sin reconocerse pecador ni implorar la gracia divina.

Se extiende bastante Boisdeffre con el Sartre político, que siempre estuvo a la izquierda pero que empezó con una postura crítica hacia la Unión soviética para pasar luego a considerar que todo ataque al comunismo suponía dar un cable al capitalismo, con lo cual, si estabas del lado bueno de la historia, es decir, a la izquierda, no podías emitir ninguna crítica al comunismo aunque estuviese fundada. Este modo de pensar llegó a calar en la clase intelectual de la segunda mitad de siglo, y era lo que denunciaba George Orwell en el prólogo a Rebelión en la granja, que tuvo problemas para ser aceptada por los editores británicos. Como consecuencia lógica, Sartre acabó aceptando el marxismo y al Partido comunista francés como mesías de la clase obrera.

A Camus lo mira con bastante simpatía, como corresponde a un tipo intelectualmente honrado y amigo de tomar partido por el ser humano allá donde piensa que mejor se sostiene esta lucha, y eso a pesar de su desorientación existencial, que le lleva a diseñar a un Meursault, el extranjero, el hombre que habla de sí mismo como si fuera cualquier otro y que mira sus circunstancias como quien ve llover. Boisdeffre disecciona su moral con bastante sutileza, hasta el punto de que me resulta difícil seguirle. Dice preferir sus últimas producciones, sobre todo El mito de Sísifo y los cuentos de El exilio y el reino.

De los microensayos incluidos en los apéndices, el más claro en sus argumentos me parece “La literatura, recreación de un mundo”, del que tomo algunas notas que otro día estamparé aquí.

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10 diciembre 2023

Recupero el programa

que Helena Farré Vallejo dedicó hace dos años a Natalia Sanmartín Fenollera. Es un programa (o podcast, si se quiere) dedicado a las lecturas, no a la obra, de los entrevistados. Por eso, hasta ahora, no me ha entusiasmado. Demasiados tópicos de esos que hacen de la lectura, sin más, una experiencia trascendente o poco menos. La Sanmartín no cae en esos tópicos, pero también hubiera preferido que se hablara de su obra. Hace un involuntario épater le bourgeois cuando dice que lee mucho en el móvil, lo que provoca una exclamación de escándalo en la entrevistadora, pero su argumentario es impecable: llevas las lecturas a todas partes, no tienes problemas de manejo con los libros gordos y, si no te interesa mucho el título, no tienes por qué tenerlo ocupando un lugar en tus estantes. Eso sí, los realmente buenos, por duplicado.

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Ya que doña Natalia recomendaba Mujercitas, me lo puse a la cola. Es curiosa la manera que tienen en Wikipedia (no solo allí, claro) de estropearte a la gente. Loise May Alcott fue sufragista y abolicionista. No me parece mal, pero se diría que para algunos una mujer es totalmente despreciable si no anda zascandileando en política. Imagino que tendría muchas otras virtudes la autora de una obra tan encantadora si nos atenemos a las películas que se han hecho sobre ella.

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Al tanto, “podcast” de The Objective (¿cuándo nos enteraremos de que tenemos una lengua capaz de expresar los más sutiles conceptos?) nos informa de que el gobierno solo ha “ejecutado” el 20% de los famosos “fondos europeos” en lo previsto para este año. Se salvan los ministerios de Hacienda (que para algo son los especialistas en pelas) y de Igualdad, que se ha gastado el 80%. Eh, para que luego digáis de Irene Montero, bromea la periodista. Bueno, mira, tratándose de ese ministerio, lo malo es precisamente que se gaste los cuartos. Yo hubiera preferido que fuesen tan gandules como el resto. Pero ya se ve cuáles son las prioridades del gobierno.




04 diciembre 2023

El otoño de la Edad Media

Siento no conocer tanto sobre esta época del otoño medieval (siglos XIV y XV) para saber si el famoso ensayo de Huizinga ha quedado anticuado o si sigue conservando su valor. Imagino que lo conserva en lo fundamental y que se le podrían hacer objeciones y matices de todo tipo. Es una obra estimable por lo que abarca. Son veintidós capítulos que nos hablan de psicología, sociedad, valores, religión, arte… Solo cabe lamentar que se limite a Francia y los Países Bajos, cuya historia y literatura me es bastante desconocida en esos tiempos. Nombres como Deschamps o Chastellain en literatura, Juan Sin Miedo o Carlos el Temerario en historia, me dicen más bien poco. Sí que me es dado reconocer, en algunas de las costumbres comentadas aquí, ciertos versos de Jorge Manrique: los paramentos y cimeras, los bordados, todo eso que no fue más que “rocíos de los prados”, casa bien con lo que nos cuenta Huizinga sobre la afición al lujo, a veces hasta lo estrafalario, que animaba a la gente pudiente de la época. Por otro lado, la desvalorización de la vida terrena junto a la visión terrorífica de la muerte evoca con facilidad el contraste entre las Coplas manriqueñas y el Libro de buen amor, por ejemplo. En cuanto a las danzas de la muerte, en castellano tenemos una de las mejores, a decir de los críticos. En fin, la estilización del amor y el ideal caballeresco los tenemos representados en la novela sentimental y caballeresca de la época.

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29 noviembre 2023

Varia

Al parecer, han desafinado lo suyo al tocar el himno en la apertura de la legislatura. Hay quien se ha enfadado por ello: ¡una más del sanchismo! Hombre, a mí me parece lo más adecuado: justicia poética, que le dicen.

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Creo que quienes instan a Felipe VI a tomar posición contra el gobierno desconocen que, aparte de ser el rey, es el marido de Letizia. Una semejante toma de posición haría peligrar el trono, que es lo último que quiere la que “no iba a estar toda la vida presentando telediarios”. No, el ser una reina en el exilio no va con ella. Y no creo que la conciencia patriótica de Felipe pase por encima de la seguridad de su matrimonio.

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Para mí que el ejército de asesores del presidente del gobierno tiene como labor prioritaria hacer ofertas que no puedan rechazar… Si no, no se explica cómo a este hombre todo se le allana con tanta facilidad. Ahora, Casero: el tipo que se equivocó al votar la reforma laboral era, si hacemos caso a la Audiencia de turno, un prevaricador de cuidado. Se equivocó…



26 noviembre 2023

Varia

Me pasé por la sede del PSOE, en Valladolid, por primera vez desde que empezaron las movilizaciones. Poca gente pero animosa, y no tan sosa como suelen ser los de derechas para estos asuntos. Gritos primarios, a veces groseros, pero constantes. De no ser el más soso de todos habría gritado “No tienes hxxxxx, Pucela no tienes hxxxxx”, con la música de Guantanamera, como es habitual, a ver si la gente se animaba, porque era un poco grimoso ver tan poca gente.

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Cinco violadores magrebíes recibirán un curso de educación sexual, por malos. Oh, tiempos en que semejante expresión, “recibir un curso de educación sexual”, sería sin lugar a dudas un eufemismo para sugerir una buena somanta con varas de avellano, incluso con un principio de empalamiento. Aunque, si les dieran a elegir, me pregunto yo con qué se quedarían. Al menos, yo sé qué pingüe tendría que ser la compensación que me ofrecieran si por lo que fuere me rogasen la asistencia a un curso de esos.

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“Se habla mucho de amnistía e independencia, pero se debería hablar más de precios” y otras cosas, se pone Feijoo. Di “violencia de género” en lugar de amnistía e independencia y verás lo que te cae. De qué querrá que se hable, nuestro aguerrido líder de la oposición. Creo que un día de estos bloquearé todas las notificaciones sobre el PP. No tengo el hígado para bromas.



22 noviembre 2023

Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel

Ha sido sorprendente, porque, no conociendo nada del teatro de los Machado, más que la Lola, no esperaba encontrarme con un pastiche del teatro áureo, y menos con un pastiche tan perfecto. Unos versos impecables, unas réplicas llenas de ingenio y un buen calco, sin exagerar la nota, del español de aquel momento, te hacen creer, por momentos, que estás leyendo a Lope o a Tirso. Solo no cuadra encontrarte con un acto cuarto. Y, ahora que lo pienso, falta el gracioso. Hay un criado muy agudo, Gil Blas, pero tan serio como el resto del reparto.

Julianillo Valcárcel es un bastardo del conde-duque de Olivares, llamado en realidad Enrique, a quien su padre colma de prebendas que a él le traen sin cuidado. Su drama es el de su amor por la dama Leonor: drama porque él ya está casado (lo han casado) con una Juana. Y Leonor, que le corresponde, sabe también que lo suyo no puede llegar a buen término. Hay una desavenencia al final del acto segundo, cuando Julián piensa que ella se entiende con un tal don Abel. Pero vuelven a entenderse, hasta el punto de recurrir Leonor al disfraz de hombre (otro tópico del teatro barroco). Pero a Leonor le entra la responsabilidad y a Enrique la calentura.

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16 noviembre 2023

Hay un momento en el Don Juan

de Torrente Ballester en que los diablos se hacen cruces (o lo que se hagan los diablos) de que Dios, al crear al hombre, haya caído una vez más en la debilidad de hacerle libre, con el riesgo que eso conlleva, como bien sabían ellos. La historia de la humanidad, al final, no es más que un combate entre el bien y el mal, donde el bien parece llevar las de perder, tantas veces, por eso mismo: porque no puede renunciar a la libertad, sino a costa de dejar de ser bien. En el pasado reciente de España, la izquierda se viene atribuyendo el haber sido el artífice de la democracia, a la que los franquistas (las derechas) no tuvieron más remedio que avenirse. Lo difunden por interés, claro, pero tengo la impresión de que han acabado creyéndoselo porque les resulta sumamente difícil aceptar que el régimen anterior tuviese la debilidad de volver a admitirles al juego político, cuando tenían todo atado y bien atado. Y atado y bien atado habría seguido si no fuera por la creencia en la libertad de la mayor parte de las personalidades que configuraban el régimen. Desde la ley de reforma política para acá, tal como se ve desde la atalaya del 2023, no hay sino una obscena carcajada de triunfo de la izquierda, subsecuente a la gran perplejidad que les causa la dicha debilidad del rival, al que no aspira sino a anular políticamente. Como la libertad humana para los demonios, las libertades políticas y civiles no son, para socialistas y adláteres, más que ocasión para “la gran venganza”, en expresión de Jesús Lainz.



14 noviembre 2023

Judas

 no trató de justificarse con argumentos pueriles.

Bien es cierto que tampoco tenía un proyecto político que realizar a toda costa. 

De todos modos, unas cuantas cuerdas de cáñamo salvarían aún la dignidad de algunos de los 179.



06 noviembre 2023

El otro

El Otro es un tipo convencido de no ser él mismo sino su hermano gemelo, que yace muerto en una dependencia de la casa donde tiene lugar la acción. Las esposas de los gemelos también están obsesionadas con amar al Otro, hasta el punto de que nunca sabemos si Cosme es marido de Laura y Damián de Damiana o viceversa. La confusión de identidades es total. Al margen del conflicto, pero padeciéndolo, están el Ama (de cría de ambos gemelos), el hermano de Laura, Enrique, y el psiquiatra don Juan.

Desde luego, el drama pide parodia desde el minuto uno, como hoy dicen. Ha de haber maneras más inteligentes, creo, de plantear el problema de la identidad, si es que es un problema desde el punto de vista filosófico, que no lo sé. Si La ternura del hombreinvisible me pareció un exceso, este disparate de Unamuno, que sin duda conoció Carlos Rojas y está en la base de su novela, roza peligrosamente el diálogo de besugos, pero sin la gracia de los de Armando Matías Guiu ni de las comedias de Jardiel. Y si soy un ignorante por decir que Unamuno escribía disparates, pues sea.

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05 noviembre 2023

Tarancón al paredón

Forma parte de una colección que lanzó Ricardo de la Cierva allá por los 90, titulada “Episodios históricos de España”. No son novela, como los de don Benito, sino divulgación histórica. Este se dedica al año 1974, un año decisivo, como recalca el autor, porque en él se jugaba el destino del régimen y de España, por supuesto. La partida era entre el llamado búnker y los llamados aperturistas. Aquéllos, partidarios de continuar con el Estado de las Leyes Fundamentales; estos, trabajando para mover las cosas de modo que acabáramos pareciéndonos a una democracia estilo occidental. Franco, por la edad y la enfermedad, era cada vez más una sombra de sí mismo. El asesinato de Carrero, además, le había dado, si no la puntilla, el rejón de muerte. Estas luchas políticas hacen que en España nadie haga demasiado caso a la crisis internacional desatada por el asunto del petróleo el año anterior.

Vemos sucederse episodios como el discurso de Arias Navarro el 12 de febrero (el del famoso “espíritu”), el caso Añoveros (obispo al que se podría aplicar ese calificativo grosero, muy utilizado hoy, derivado del verbo tocar), el artículo de Girón llamando a cerrar filas contra el cambio (el gironazo), el atentado de la calle del Correo, la asunción interina de la jefatura del Estado por Juan Carlos o la amenaza de Marruecos al Sahara, junto a otros sucesos más chuscos, que el autor, que escribe aquí mejor que en otros libros que le conozco, utiliza como salsilla.

De la Cierva, que parte en buena medida de sus propios recuerdos como cargo destacado en el ministerio de Información y Turismo, concede protagonismo en su relato a aquellas personas a las que conoció más de cerca, como el ministro Pío Cabanillas, que acabó destituido por demasiado aperturista; o el médico de Franco, Vicente Gil, más bien cercano al búnker, que gozaba de la ventaja que puede suponerse a la hora de influir en el Caudillo. El título habla de la importancia que concede al autor a la jerarquía eclesiástica en la transición, y en concreto al cardenal arzobispo de Madrid, bestia negra, ciertamente, para los del búnker. Pero en este volumen no pasa de protagonizar, pasivamente, esas amenazas que no pasaron de ripios.

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02 noviembre 2023

LOMLOE

Un cuento contado por un idiota, lleno de esdrújulos y polisílabos, y que nada significa.

Más que ley Celaá, habría que llamarla ley Macbeth.



01 noviembre 2023

Digan

En mi casa solía utilizarse un dicho para expresar que te daban igual las habladurías: “si dicen que dizan, mientras no hazan…” En Yo, el supremo, de Augusto Roa Bastos, que a pesar de su volumen emplea una expresión bastante lacónica, me encuentro con otro menos tosco y muy sabio: “Digan, que de Dios dijeron”.


 


27 octubre 2023

Derribos

Mercedes Salisachs nos cuenta su infancia con el mismo talento narrativo que exhibe en sus novelas. De hecho, Derribos parece una colección de cuentos, construidos con episodios ciertamente notables de la vida de la autora. Destacan su enamoramiento infantil de un emperador, nada menos, en concreto el príncipe heredero del reino de Anam, en Indochina, a quien conoció en un balneario y que por entonces andaba por los quince años; su fascinación por el primo de Francia, en un capítulo que me recordó una película de Hitchcock con un tema similar, aunque en esa ocasión era el tío Charlie (Joseph Cotten) el sujeto del hechizo de la adolescente: en ambos casos, el ídolo resulta un ladrón sin escrúpulos; la muerte violenta de un socio de su padre, el señor Vilalta, impenitente en su ateísmo, cuya voz creyeron reconocer en unos misteriosos gritos que se apagaron (“es el señor Vilalta pidiendo oraciones”) cuando comenzaron a rezar por su alma; la misteriosa ausencia de su madre durante una temporada, y de la que la autora no nos da a conocer el motivo, sea por pudor o porque nunca lo supo; la historia triste de la chica que se casó por amor con un bohemio que solo al final sabemos que se llamaba Andrés Segovia; y, por último, ese desahogo público de su mala conciencia por no haber atendido como debiera a su hermana débil mental, aunque lo que leemos deja la impresión de que no fue para tanto, y que renunciar al matrimonio para cumplir una promesa infantil le habría amargado aún más la vida.

Y, hablando de amargura, ese es el tono que yo diría que prevalece en estas memorias, lo que no deja de chocarme, tratándose de una persona conocida por su fe cristiana, presente también, por otra parte, en el relato, aunque en el modo infantil que corresponde a la protagonista. El título es de por sí significativo, y la muerte y el desengaño están presentes por doquier. En fin, qué sabe nadie.

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25 octubre 2023

La vida sale al encuentro, libro I

No consigo que me interese La vida sale al encuentro, de José Luis Martín Vigil, así que la abandono al final del libro primero, con la intención, como de costumbre, de apurar el segundo algún otro día de estos. Lo cierto es que las inquietudes de este chaval de buena familia que estudia en los jesuitas podrían ser recogidas en el diario de cualquier chico real de su momento y edad: inquietudes de tipo religioso, escolar, o sobre el futuro profesional… También de orden amoroso, aunque él deje este asunto bastante en sordina, como indigno de un chico responsable. El propósito edificante está claro, y no faltan los sabios consejos del director espiritual del mozo, que son quizá lo más enjundioso. El envoltorio de los trabajos y días en el colegio y en casa, los diálogos con hermanos, padres y amigos, no superan el vuelo rasante, aunque a los lectores de la época debió de parecerles otra cosa. Imagino que se utilizó mucho como premio a los alumnos de buenas notas en los colegios de la Compañía, sustituyendo a las Veladas de San Petersburgo de De Maistre…



24 octubre 2023

El respeto político a la creencia

El tema laicidad frente a laicismo estuvo muy de moda hace unos años, los que tiene este folleto que reúne artículos publicados en la Nueva Revista fundada por Antonio Fontán. Hoy se habla menos del asunto aunque no es que haya perdido vigencia. Olegario González de Cardedal firma la pieza más extensa, en la que parte de la libertad del ser humano como fundamento de la laicidad, siendo el laicismo la opresión ilegítima de una parte de la sociedad sobre otra. El artículo de Andrés Ollero lo abandono al notar una punzada en el estómago producida por su referencia al “racismo de los españoles frente a los conciudadanos de etnia gitana”. Ignacio Sánchez Cámara considera, con razón, artificial la reapertura, desde 2004, de una “cuestión religiosa” que estaba solventada en nuestro ordenamiento jurídico. No lo ven, sin embargo, quienes consideran que todo espacio público es, por definición, ateo, lo que supone no solo la marginación política de los creyentes, sino la asunción del poder espiritual por parte del poder temporal, lo que abre el camino al totalitarismo. Una para mí desconocida Cristina Hermida del Llano apuesta por una “laicidad de diálogo o activa” que lleve a una colaboración entre el Estado y la sociedad civil en el ámbito religioso. Angelo Scola reivindica un lugar para la religión en el espacio público, ya que esta puede contribuir a mejorar las relaciones sociales y las prácticas virtuosas.

El volumen se cierra con un fragmento de la homilía (¿diría “programática”?) de san Josemaría Escrivá, “Amar al mundo apasionadamente”, como un reconocimiento de su aporte fundamental a esta cuestión cardinal de nuestro tiempo. Hay también una presentación del editor de Nueva Revista, Miguel Ángel Garrido Gallardo, filólogo, acerca de la palabra laico.

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16 octubre 2023

No estamos solos

André Frossard escribe una segunda parte de su testimonio sobre la propia conversión. Nunca en su vida dejó de asombrarse de cómo pasó de ateo a católico en un instante, por una iluminación recibida en una iglesia. Y, sin embargo, pienso que estaba predispuesto, ya que, según él mismo dice, era un ateo de verdad, de esos a quienes la Iglesia les importa bastante poco, y Dios sencillamente sabemos que no existe. Aquello no puede ocurrirle a un anticristiano de esos cuya vida se funda en atacar a la Iglesia porque Dios les ha interpelado y lo han rechazado, esos que cuando rechazan a Cristo están huyendo de su propia fe, como el Juliano de la obra de Ibsen.

Frossard repasa aquí, como en una meditación personal, fragmentos de su propia vida en relación con su descubrimiento de Dios, deteniéndose de modo especial en su experiencia de los campos de concentración, piedra de toque para cualquier esperanza, ciertamente. Me quedo, sin embargo, con la definición que hace del socialismo como un rechazo de la condición humana tal como ha sido querida por Dios:

El socialismo no es una economía; es una metafísica a base de rechazo: rechazo de la condición humana, tal como ha sido formada por los siglos considerados oscurantistas y opresores; rechazo a un creador y a un legislador supremo; rechazo del orden impuesto, aunque éste venga impuesto por la naturaleza, y […] rechazo a convertirse en imagen de otro, tal como la Biblia nos dice que somos […], aunque este otro fuera aquel ser refulgente que los cristianos llamaban Dios y predicaban Adorable antes de denominarlo Omega y de adorarse tan solo a sí mismos.

Es curioso, porque esto define mejor al socialismo de hoy, comprometido con lo queer, lo woke y demás paridas, que a aquel socialismo que aún podía seducir a mentes normalmente desarrolladas. Me apunto también la defensa que hace de María medianera, tomando pie del papel mediador de toda mujer:

No se podía –se nos decía—reconocerle esta cualidad sin retirarle a su Hijo; si bien todas las mujeres (que basan su existencia en interponerse entre el padre y los hijos, entre el mundo y el marido, entre los chicos y las chicas; que son las primeras en recibir todos los golpes de la vida, esforzándose en proteger de ellos a sus íntimos; que son las delegadas de oficio en los duelos y sinsabores…), todas las mujeres serían mediadoras por naturaleza, exceptuada la Virgen María.

Lo último es ironía, claro. He de añadir que no comparto el entusiasmo de José Ramón Ayllón, que lo prologa, por su prosa "bellísima" ni creo que sea un libro tan interesante. 

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10 octubre 2023

Deseo bajo los olmos

El clásico conflicto entre padre, hijo y madrastra joven, esta vez con intereses crematísticos de por medio. Esos intereses crematísticos llevan el nombre de la granja en que viven, cuya posesión se disputan el hijo, llamado Eben, y la madrastra, llamada Abbie, porque el padre es ya vejete. Hay otros dos hijos, hermanastros de Eben, que han aceptado la oferta de este de comprarles su parte de la heredad, con un dinero que tenía escondido bajo un listón de madera. Peter y Simon (que así se llaman) se van a California, más contentos que unas pascuas, en busca de oro. Cabot, que así se llama el padre, no tarda en lucir cornamenta, a pesar de todo, porque la avidez de Abbie no se limita al dinero. Cuando entre hijastro y madrastra consiguen dar otro heredero a Cabot, Abbie ya ha relegado la granja a segundo plano, y en su pasión por Eben llega a asesinar al bebé, pensando que eso le complacía a su amante. Como bien dice el autor de la “nota previa”, ambos aceptan el castigo como deuda con la sociedad, aunque sin estar arrepentidos.

Uno se acuerda de Medea y de Fedra, y también de El castigo sin venganza, aunque con ventaja para estas, claro. De hecho no comprendo por qué esta obra es tan famosa, salvo por recordarte que los temas y los caracteres de la tragedia clásica son eternos.

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07 octubre 2023

Fe

Después de “Anzuelo, sedal y plomo”, Len Deighton puso a cabalgar de nuevo a su Bernard Samson. Esto era en 1994, aunque la acción de su nueva trilogía comenzaba antes de la caída del muro. Deighton no pierde su vis irónica ni, por supuesto, su capacidad de inventar diálogos en que las operaciones de alto nivel se mezclan con los problemas familiares. Alemania del este es aquí la más contumaz de las repúblicas prosoviéticas. Allá va Samson en una nueva misión, siempre con esa crónica sospecha suya de no ser bienquisto por sus superiores. La misión resulta una pifia, pues el tipo que había que sacar de zona roja resulta muerto y el propio Samson deja seco sin querer a un presunto perseguidor. Pero esto es solo el comienzo.

En lo personal, Samson se debate entre dos amores. Fiona, la esposa ante la que “debería arrodillarse” y “ya lo hago, pero siempre me estalla el pantalón y se me sale el culo”, anda algo tocada, según dicen, por la más que abnegada misión que estuvo acometiendo en las entregas anteriores, y que culminó con la muerte de su hermana. A Gloria Kent no le da la gana quitarse de en medio como debería, y Bernard tampoco parece muy interesado en perderla de vista… Trama negra y trama rosa, como de costumbre, imbricándose en una lectura morrocotuda.

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