22 abril 2025

Saturnal

Rosa Chacel reúne aquí unas cuantas meditaciones (así las llama, imitando a su maestro Ortega) sobre el eros y otras cuestiones conexas, que me superan ampliamente; o, al menos, me supera su forma de exposición, sutil y alambicada donde las haya. Así que me voy a conformar con citar algunos pasajes cuyo sentido sí me ha parecido alcanzar.

En cuanto a la guerra de los sexos, dice la Condesa de Campo Alange que “tiene lugar en el campo de la cultura y por la posesión de la misma”. ¿Dónde está la crónica de esta guerra? Yo creo que si los anales de Oriente y Occidente la hubieran silenciado, en las obras de arte o literatura exentas de propósito directo, en las que no son más que reflejo del drama, de la ambición, del afanarse humano o de la realidad, simplemente, se trasluciría algo así como la existencia de bandos o cofradías; alguna corriente secreta o extraoficial sustentada por un mínimo de cohesión. Si el anhelo de cultura hubiera constituido realmente, vitalmente el drama de la mujer ¿cómo es que no tuvo jamás poder para crear en ella algún vínculo de solidaridad? ¿Registra la historia períodos o hechos aislados en los que se trasluzca un conato de voluntad común, un acento que delate el bando desposeído al acecho de la ocasión de arrebatar, si no por la fuerza por la astucia, al menos, el botín deseado? Si alguien me demostrase que se puede seguir en la historia el rastro de esa lucha sofocada, me causaría verdadera desolación comprobar que ni en los períodos en que alguna mujer fue dueña absoluta del poder –reinados—ni en los que por medio del dinero, del talento, de la belleza o de la astucia logró alguna ser poderosa –casos harto frecuentes—hubo una sola que se decidiese a echar una mano a sus congéneres. (pp. 49-50, edición Seix Barral 1991)

...

La mujer es tan absolutamente contraria al hombre como la mano izquierda a la derecha. Las manos están hechas así o, menor, así se hicieron, tal como son, para oponerse una a otra y en esta posición son unánimes. El trabajo que les está encomendado sólo se puede llevar a cabo siendo como son. Claro está que la oposición formal de las dos manos no es más que como el cerco material en que una misma voluntad se dilata a un lado y a otro para encerrar la realidad, cumpliendo así su ciclo, y que el hombre y la mujer son dos individuos distintos, independientes. ¿Independientes?... Si llegaran a serlo del todo no duraría mucho la humanidad, pero tal como son el hombre y la mujer, independientes, de ellos depende el Hombre. Si empleamos el dicho proverbial en que cada uno de los cónyuges llama al otro “su mitad” queda indicado que cada uno de ellos se considera como una mitad del círculo, pues, desde un principio son como son para encontrarse: su ser así consiste en esa unánime oposición que, gradualmente, va distanciándoles “en la zona diurna y luminosa en que acontece lo más valioso de la vida”, y abruptamente los reúne en la zona donde acontece y prevalece simplemente, la vida. (p. 70)

…

¿Se vio alguna vez que las mujeres que sufrieron la oposición de los hombres en su carrera literaria, o, simplemente, en el deseo de estudio cuando éste era un deseo costoso, encontrasen ayuda en las mujeres que hubieran podido dársela? Jamás. Afirmo que jamás porque las excepciones no son más numerosas que las que existieron entre los hombres: algunos hubo capaces de ayudar a una mujer desinteresadamente. Algunos, pero muy pocos; y muy pocas, poquísimas mujeres. (p. 167)

…

…hay una guerra secreta, inconfesable, en la que los bandos no los constituyen los sexos ni las clases, ni las razas, ni los partidos: los bandos son, simplemente, unos contra otros. (p. 169)

...

Los primeros diez años de la vida son decisivos: en ellos se aprende todo cuanto hay que aprender --este hay no alude a lo que hay, sino a lo que se debe aprender, a lo que para todos hay la necesidad de aprender--, de modo que, si los primeros años de la vida los pasaban los chicos con sus madres y si en esos años lo habían aprendido todo --no se puede olvidar la precocidad con que actuaban los hombres antiguamente: en la Edad Media, en el Renacimiento, en el Romanticismo--, es de suponer que las mujeres que les habían enseñado a hablar, esto es, a pensar, no podían estar tan al margen, no podían ser tan ajenas a la cultura. (p. 188)

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18 abril 2025

Más Brague

 La razón es una noción cristiana, a pesar del uso perverso que han hecho de ella algunos pensadores de la ilustración queriendo confrontarla con la fe. Antes de la fe, estaba el logos. […] De hecho, el carácter racional de la realidad es una idea cristiana.

…

En Rusia, Alexander Solzhenitsyn llegó a decir que lo peor del régimen soviético no fue el hambre, ni siquiera la opresión, sino la obligación de mentir para poder sobrevivir.

…

El nihilismo es un pensamiento chiflado que, por ejemplo, sirve para justificar la violencia. El nihilismo no permite resistirse al poder de las ideologías. El nihilismo imposibilita que las personas existan.

…

[El entrevistador le recuerda sus palabras: “En cierto modo, los hombres libres, los verdaderamente libres, son los que están atados, mientras que nuestra libertad moderna muy a menudo es la libertad de los esclavos”]

Esa reflexión paradójica procede de un pasaje de la Metafísica de Aristóteles. Los hombres libres tienen deberes, un código de honor, etc. Los esclavos son capaces de cualquier cosa con tal de alejarse de los azotes.


17 abril 2025

Brague

Recojo algunos párrafos de la entrevista que Rémi Brague concede a Aceprensa en su número de diciembre de 2024.


El cristianismo no está llamado sólo a sobrevivir en la cultura europea, sino a darle el sentido más humanamente profundo. La dignidad es un concepto esencialmente cristiano que lo explica todo.

...

El cristiano no es un ayatolá entrenado para castigar a los desobedientes. Es, sencillamente, un ciudadano responsable que quiere ayudar a la sociedad a evolucionar con una perspectiva humana que, ciertamente, nos haga mejores como personas y como pueblos.

...

Los cristianos estamos llamados a prestar nuestra colaboración con los demás en medio de un campo de minas; por eso deberían ser muy bienvenidos en las sociedades abiertas y respetuosas del siglo XXI. Cuando se ama a las personas y a la sociedad se busca, se prefiere y se impulsa el bien. Nadie confía en un médico que te dice que fumes, que bebas y que hagas todo lo que quieras. Es más difícil ser el médico que te alerta de que tienes una mancha fea en el pulmón. La misión de los cristianos no siempre resulta agradable, pero es necesaria para el bien de toda la humanidad.

...

El cristianismo tiene la posibilidad y el deber de enseñar a ver lo humano incluso donde otros solo ven lo biológico para seleccionar, lo económico para explotar, lo político para manipular.

...

Me llama la atención una tendencia actual en el cristianismo: la de caer en la tentación de reemplazar el humanismo por el humanitarismo. El humanismo es el afán por la mejora humana, por la virtud; el humanitarismo es solo hacer cosas buenas. Y sí, querer el bien del prójimo es magnífico, pero la perspectiva humanitarista es superficial. El humanitarismo piensa que el hombre es naturalmente bueno, y que el mal es un simple accidente que se puede vencer con un poco de buena voluntad, no algo profundamente instalado en nosotros.  



15 abril 2025

Sobre El celoso extremeño

La defensa de la libertad individual es una de las finalidades que determinan su creación y dan sentido y ejemplaridad a la novela de El celoso extremeño […] Los cerrojos cierran, pero no guardan. La honestidad no depende de que tapiemos la puerta de nuestro cuarto; depende de nuestra virtud. Ahora bien, “solo en la libertad florece la virtud. De aquí que si se ama la virtud se tenga antes que hacer al hombre libre; de aquí también que cuando el convento se considera únicamente como clausura, sirva exclusivamente para expiar las culpas… Carrizales no buscaba en Leonora un ser virtuosamente inocente, sino inocentemente ignorante, que no echara de menos su libertad. Con la vida de Carrizales todos los sectores viven lo poco que hay que fiar de llaves, tornos y paredes cuando queda la voluntad libre”. Este ha sido el error de Carrizales. El ejercicio de la virtud supone libertad, y aquel que quiera encauzar la voluntad de alguien hacia el bien, necesita primero liberarle. (Dicho sea de paso, esta es la gran cuestión que el hombre, en cualquier tiempo, tiene planteada.)

Luis Rosales, Cervantes y la libertad, séptima parte, capítulo 1. Cita de Joaquín Casalduero



12 abril 2025

En el jubileo de la esperanza,

 

esto de Cervantes (El rufián dichoso):


La mayor ofensa haces

a Dios, que puedes hacer:

que en no esperar y temer

parece que le deshaces,

pues vas contra el atributo

que él tiene de omnipotente:

pecado el más insolente,

mas sin razón y más bruto.

En dos pecados se ha visto

que Judas quiso extremarse

y fue mayor el ahorcarse

que el haber vendido a Cristo.




07 abril 2025

Fantine

La primera parte de Los miserables es un folletín de campeonato, que se salva por el virtuosismo narrativo de Víctor Hugo. La doncella atribulada hace llorar al apuntador y el prota se ve en unos dilemas morales de tragedia griega. El narrador se mete en el pellejo de cada personaje y nos revela hasta lo que ellos mismos no sabrían nunca explicar de sí mismos. Es también una exaltación de la misericordia frente a la justicia, o de la justicia atemperada por la misericordia. Fantine y Jean Valjean son víctimas del summum ius que como sabemos es summa iniuria, representado por el policía Javert, una especie de psicópata capaz de pedir su propia destitución cuando piensa que se ha equivocado.

Valjean es el hombre que se convierte a Cristo cuando lo ve en uno de sus discípulos de verdad, el obispo de Digne, capaz de hospedar al que todos rechazan y de salvarlo de la cárcel dándole literalmente la otra túnica aparte de la que había robado (en este caso se trata de un menaje de plata). Si el obispo es un santo, Valjean aún es un espíritu vacilante, capaz sin embargo de esforzarse hasta el heroísmo en pro de los desvalidos. La narración de sus luchas interiores es una de las cumbres del arte de Hugo.

Hasta aquí, todo impecablemente cristiano. Sobra lo del obispo pidiendo la bendición al viejo revolucionario. Es un pegote, de hecho. Pero Víctor Hugo no pierde ocasión de mostrar sus fervores por la revolución, a la que consideraba algo así como la auténtica intérprete de Cristo, válgame Santa Lucía. 

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05 abril 2025

NKVD

 

Eran las siglas de la policía política de Stalin, la Gestapo soviética. Jesús Hernández (PCE) describía así a sus agentes:

Son funcionarios de una autoridad y formación especial. Fríos, crueles, sin alma. Su espíritu de cuerpo les lleva a sospechar de todo y de todos, hasta de su padre y de su madre, a los que pegarían un tiro en la nuca con la mayor naturalidad, en cumplimiento de su misión. Viven constantemente alerta y recelando de cuantos les rodean. El jefe no sabe si el subalterno es el confidente de confianza [sic] del escalón superior. Puede darse el caso de que le portero o el ordenanza que abre la puerta resulte una jerarquía más alta que la del jefe en funciones. Su deber es no creer en la sinceridad, ni en la honradez de nadie. Un “inkadevista” debe ser un hombre sin entrañas, un ser deshumanizado, que tenga por lema “es preferible condenar a cien inocentes que absolver a un culpable”. Fanáticos, en principio, degeneran hasta la animalidad. Primero matan y torturan porque así se lo ordenan o porque lo dispone el reglamento. Después van sintiendo la necesidad de oír los gritos de dolor y los estertores de sus víctimas. Les resulta armonioso el estampido del pistoletazo. Como el morfinómano busca el placer de las drogas, el “inkadevista” lo busca en la sangre y en el sufrimiento de los demás. La vida de un hombre nada significa si se la pueden arrancar a pedazos o a balazos.

Citado por Rafael García Serrano, en Diccionario para un macuto, s. v. checa. Luego describe él mismo a esas prisiones, concebidas a imagen de las rusas:

Cátedra del nuevo humanismo marxista, laboratorio de terror, seminario de rufianes, consulado del infierno, patio de bergamines, sima de la vergüenza de ser hombre, cúspide de la inhumanidad, pus de Lenin: esto es la checa.



 

02 abril 2025

Qué libertad

Vintila Horia se refiere a los autores que han abordado en sus novelas el tema del totalitarismo.

La diferencia entre Bernanos y Huxley, Orwell o Jünger es que, mientras que estos hegelianizan de alguna manera el destino humano proyectándolo en el Estado y dándole un matiz colectivo –de aquí la falta de personalidad de los personajes utópicos en la novela contemporánea—Bernanos los existencializa, en el sentido de que su drama es única y exclusivamente personal y presente. El Estado no existe en las novelas del autor de Monsieur Ouine. Sólo existe el cura y el pecador, el santo, hombre o mujer, y los que no pueden serlo porque están ahogados por la mediocridad, o sea, víctimas ya del demonio moderno. La tentación de la desesperación, que mueve a sus personajes antes de haber conseguido la esperanza, no es la de los héroes de Orwell, que bregan por la libertad, pero no en un sentido religioso, sino político y moral. De este modo, podríamos decir que, aunque lograsen liberarse de las garras del Estado y, como Winston Smith, deshacerse del Big Brother y hacer volver a la sociedad a un estado de normalización en las relaciones humanas, su libertad sería una mera ilusión, porque pasarían de un demonio a otro. De Oceanía a un Mundo feliz. Sus derechos humanos se verían como reanimados y protegidos, pero, en el fondo, el problema seguiría siendo el mismo, puesto que, tarde o temprano, en aquella perspectiva hegeliana, racionalista y democrática, la tentación de Leviathán se apoderaría de un nuevo hermano Mayor y el juego se repetiría. Es así como el drama ha de producirse en el marco del Estado hegeliano, manejado por los neognósticos, modificadores del mundo, a los que Bernanos llama la Retaguardia, los que no van a la guerra, pero sí la organizan, con el fin de sistematizar el futuro según sus planes utópicos, fieles a la filosofía del siglo XVIII.

(Los derechos humanos y la novela del siglo XX, capítulo 9, 29)



29 marzo 2025

El progreso de la literatura,

es decir, el perfeccionamiento del arte de pensar y expresarse, es imprescindible para el establecimiento y la conservación de la libertad. Es evidente que las luces son absolutamente necesarias en un país donde todos los ciudadanos que viven en él participan de forma inmediata de la acción de gobierno.

(Madame de Staël, La literatura y su relación con la sociedad, “Discurso preliminar”)


Dejando aparte la cuestión de si, en nuestros sistemas democráticos, los ciudadanos “participan de forma inmediata de la acción de gobierno” (a no ser que esa acción consista en meter una papeleta en una caja), se entiende el trabajo que se han tomado los gobiernos socialistas españoles en conseguir que nuestros estudiantes sean incapaces de entender una columna periodística o de situar Cuenca en el mapa.  



 

25 marzo 2025

Un caballero en Moscú

Frente a las tres posturas a las que estamos acostumbrados en un héroe que se enfrenta a la represión de un régimen totalitario (la del asceta, la del rebelde y la del desesperado), el conde Alexander Rostov opta por un estoicismo sonriente y amable que no abandonará en los treinta años que pasa confinado en el hotel Metropol de Moscú y que le proporciona excelentes resultados. Armado con las virtudes propias de su educación aristocrática: la prudencia, el don de gentes, el humor fino, la gratitud, la elegancia, el buen decir, conseguirá en su prisión de oro pasar por todas las experiencias de una vida lograda: la amistad, el eros, el trabajo (no forzado), el magisterio e incluso la paternidad. Sí, porque el encanto personal del conde se revela sobre todo en su grato con Nina, la pequeña huésped del hotel que años más tarde ha de acompañar a Siberia a su marido represaliado, y con la hija de esta, Sofía, que Nina confía al conde con la esperanza de volver a encontrarla pronto. Al frustrarse esa esperanza, Rostov asume el papel de papá con el mismo garbo con que se enfrenta a todo lo demás.

Es la peripecia de un Robinson Crusoe (el símil es del propio narrador) en una isla urbana que, si bien le permite hacer la vida relativamente normal de un huésped, no deja de ser inhóspita a la hora de dormir, pues es desplazado de la suite donde vivía a un cuchitril que él se encargará de hacer relativamente habitable. Como Robinson, no pierde la esperanza de recuperar su libertad, pero en el entretanto procura adaptarse sin perder la compostura, consciente de que “hasta con los actos más pequeños puede uno restablecer cierto orden en el mundo”, frase que podría resumir el espíritu con que Rostov afronta su condena. Este espíritu optimista es la guinda de una novela, por lo demás, redonda en cuanto a su construcción, lejos de los experimentalismos del pasado siglo y con el sabor de las grandes historias de todos los tiempos.

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23 marzo 2025

La conjura de las rapaces (Alix senator, 3)

Con los dos primeros números agotados, me leo el 3 para descubrir a un Alix de pelo blanco, cincuentón y senador. No aparece ninguna esposa pero sí un hijo, Titus, cuya madre imagino que conoceremos en algún otro número, anterior o posterior. Pero hay algo de misterio en ello, ya que los chicos le mientan a la madre para meterse con él. Uno puede pensar que se trate de Lidia, la hermana de Augusto, ya que, cuando Alix acude a ella para que interceda por Titus, encarcelado por su hermano, parece mover más que una influencia. Pero el desenlace te hace replanteártelo.

En todo caso, la trama no es esa. Se trata de que hay, como indica el título, una conjura contra Augusto, movida por próceres disgustados con el emperador, que tratan de colocar en el trono a un Cesarión que no ha muerto en Alejandría, como supone la Historia. A causa de Enak, que había tomado partido por el hijo de Cleopatra, Alix cae en desgracia de Augusto. El desenlace es feliz para Alix, como cabe esperar, pero resulta más bien inverosímil.

No es Jacques Martin, evidentemente. Sigue la pauta de este a la hora de mezclar invención con historia, y no cabe duda de que, como en Astérix, sirve bastante bien para aprender cultura clásica. El dibujo tiene la ventaja, sobre el de Martin, de que las caras son menos parecidas entre sí (Martin tenía cuatro o cinco moldes), pero quizá dé menos sensación de vida. El guion flojea, sobre todo si lo comparamos con esas grandes construcciones que son Las legiones perdidas, El último espartano y La tumba etrusca.

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19 marzo 2025

Los tópicos seudocientíficos

 de todo eso que se dice “educación sexual” matan la niñez, precipitando su madurez en corrupción anticipada: haciendo al niño hombre antes de tiempo, por forzar el tiempo, por robárselo desde fuera, como si explicándole racionalmente a un niño el “mecanismo de la sexualidad” le libertaran de algo, sin pensar que es todo lo contrario… Porque no es el sexo el que debe dominar al amor, sino el amor al sexo… Verdad perogrullesca cada vez más desconocida de la ignorante y socialmente peligrosísima pedagogía actual que se llama a sí misma progresista.

Un momento de lucidez de José Bergamín (1895-1983), citado por Alicia Rubio.




12 marzo 2025

Mujer

Ella [Fortunata] está en posesión de la realidad primitiva, íntegramente entregada, sin cálculos ni razonamientos, a la realidad de los impulsos naturales: la pasión por su hombre y el orgullo de la maternidad. Cada vez que aquel veleta vuelve a ella, ya tiene Fortunata su vida plena de sentido y tensa de energía; cada vez que se le va, la vida se le queda literalmente vacía y desmayada, y ya no le importa lo que hagan con su cuerpo ni con su alma: los abandona a la voluntad ajena, sin rabia y sin vicio, con indiferencia, como trastos inservibles.

Amado Alonso, “Lo español y lo universal en la obra de Galdós”, en Materia y forma en poesía.




09 marzo 2025

Eutanasia

El subtítulo delimita un poco más el contenido de este libro: “¿Debemos matar a los enfermos terminales?” Porque de lo que trata Pollard es de poner el acento en que la eutanasia significa matar y es algo diverso del “derecho a morir” entendido este como derecho a rechazar los tratamientos que no curan sino que únicamente mantienen con vida. Son conceptos que con frecuencia se confunden, tanto en la propaganda como en las leyes. Por ello el autor emplea el verbo matar sin tapujos y siempre que viene a cuento, sin eufemismos ni circunloquios. La muerte digna es también algo diverso del derecho a que me maten: es muerte digna aquella que está de acuerdo con la dignidad humana, es decir, rodeado de cuidados y a ser posible del afecto de familiares y amigos (“cercado de su mujer y de sus hijos y hermanos y criados”).

El libro data (1989) de cuando aún no existían leyes que validasen la eutanasia, ni siquiera en Holanda, aunque y aquí la vista gorda estaba generalizada. Sin embargo, el debate estaba ya en la calle y el libro recoge también todos los aspectos problemáticos de esta práctica: la relegación de los cuidados paliativos, la manipulación de encuestas, la consideración del enfermo como menos digno de vivir, la confusión en torno a los analgésicos o quién ha de tener la responsabilidad de matar.

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07 marzo 2025

Bernarda

Actualizo la entrada “El prohibido”, de 5 de enero de 2018, con una nota sobre una representación de La casa de Bernarda Alba en la temporada 1949-50.

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04 marzo 2025

Llevarle la delantera al purgatorio

 Sabias palabras de Jean Danielou (Mitos paganos y misterio cristiano):

…la que salva es la gracia y no la interioridad [digamos la ascesis personal]. Pero esta gracia que salva viene a asumir los valores que son los del hombre y fructifica tanto más cuanto mejor religiosamente desarrollado encuentra un terreno. Y esta es la razón por la que los santos, aquellos a los que nosotros llamamos santos, son precisamente aquellos en los que la gracia que salva ha fructificado, porque ha encontrado una riqueza de interioridad muy grande, mientras que, por el contrario, los que de ninguna manera tienen esta interioridad, la gracia se derrama sobre ellos, pero de una manera que permanece exterior sin penetrarlos en el interior. Es decir que tendrán trabajo en el purgatorio. Es necesario que la gracia nos haya rehecho y vuelto a tomar totalmente. Por eso la oración es como llevarle la delantera al purgatorio.



02 marzo 2025

Jiménez Lozano

 …un mundo como el nuestro en el que los actos más perseguidores se hacen en nombre de la lucha contra la persecución.

(En Los cuadernos de Rembrandt, 2008)



01 marzo 2025

¡Hala, como Franco!

  [Carintia, fin de la Segunda guerra mundial]

…los británicos prosiguieron el proceso de desnazificación de los centros docentes. Los rusos habían iniciado aquel proceso con suma parsimonia, mientras que los hombres de Wilkinson [gobernador militar] retiraron en total a unos cuatrocientos maestros de un colectivo formado por 3130 personas.

(En Después del Reich, Gilles Macdonogh, parte 2, capítulo 10)



 

25 febrero 2025

Carmilla

La doncella a lo Rossetti, Europa central, el castillo aislado, visiones nocturnas, esos elementos típicos de lo que se llama novela gótica nos son presentados ya desde el principio y lo demás se adivina. El maligno aparece en forma inocente, como otra doncella a lo Rossetti, esta de pelo oscuro, y aparece como víctima de un accidente de diligencia. La madre sigue viaje, un viaje inexcusable, la hija queda de huésped en el castillo, conde la doncella vive con su padre y dos damas de compañía. Las dos chicas no tardan en trabar una amistad de esas de juventud, arrebatadas, apasionadas. Pero la estancia de Carmilla coincide con fenómenos extraños que afectan a la psique y al cuerpo de la protagonista y narradora, Laura por poético nombre. Aunque la gente cree en vampiros, y Carmilla da bastantes pistas, Laura tarda en atar cabos, supongo que cegada por la amistad. A través de otros personajes, sin embargo, se va descubriendo la similitud del caso de Carmilla y Laura con otros sucedidos a algunos antepasados…

Lo que ahora son tópicos entonces era solo moda. Por lo demás, hay poco que destacar aquí, salvo esa sensualidad que Sheridan imprime a la relación vampírica, explotada un siglo después, y de modo más grosero, por subproductos perfectamente prescindibles.

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22 febrero 2025

Bacteria mutante

La verdad es que ya no recuerdo a ninguno de los personajes de La gangrena, así que no puedo identificarlos en esta secuela. Una secuela negra, negrísima. Es como una Historia interminable con desgracias en vez de monstruos. Hace falta todo el talento narrativo de Mercedes Salisachs para que no abandones la lectura, medio muerto de depresión. Pero bueno, Lo que el viento se llevó es así en cierto modo, y el final es más consolador que allí, algo así como Astérix y Obélix cuando, después de una desavenencia, se abrazan llorando, ¡buaaa! El perdón gana la partida.

En la primera parte asistimos al malcasamiento de Lolita con uno de los tipos más despreciables que ha producido la literatura de la Salisachs, un militar y aristócrata egoísta y prepotente que, en plena posguerra, se lucra vendiendo armas medio inservibles a países africanos y para colmo delata como único culpable a su socio. Tienen tres hijos que, muy comprensiblemente, les salen rana: gigoló, comunista, drogadicta… La segunda parte nos lleva a la actualidad (últimos años del felipismo) y consiste en el diálogo catártico entre Lolita y su amor de siempre, Carlos Hondero, al parecer el protagonista de La gangrena. Por fin, la sinceridad, que faltó hasta entonces en las relaciones interpersonales, se abre paso.

La historia privada transcurre en paralelo con la historia española, en la que se implican los hijos, cuya vida acaba dando un vuelco para mejor. En La España Bis, diario fundado por uno de ellos, es fácil reconocer a El País y su deriva sectaria, que en la novela es obra no del hijo sino de otro de los fundadores. Le perdono a la autora su visión unilateralmente negativa del franquismo (no puedo con estos monárquicos, de verdad) con base en los tópicos más groseros de la izquierda. Se lo perdono, digo, por esta descripción del felipismo:

De golpe desterraron la ética, el buen gusto, la moderación y la sensatez, para sustituirlo todo por la horterada, la anarquía, la prepotencia y la corrupción. Querían enseñarnos a vivir a costa de desterrar de nuestro panorama la razón de la vida, para sustituirla por la razón del sexo. Nos aseguraban que “progresar” era matar antes de nacer, que perder la inocencia era menos importante que perder un programa de televisión, que sustituir la S del seso por la X del sexo era lo que permitía que la humanidad fuera feliz. Que los prejuicios eran conatos de “moralina caduca” y que creer en Dios era la más aberrante forma de anclarse en el pasado. Dios los estorbaba. Dios no se avenía con aquel disparatado afán de lucro, de violencia, de terrorismo solapado que suponía, ya entonces, fomentar pornografías, violencias y aberraciones.

El Señor fue misericordioso con doña Mercedes y se la llevó sin que llegase a conocer el sanchismo.

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19 febrero 2025

Ojeando X

 

Cada vez me encuentro a más tarados que cuestionan “si de verdad Hitler fue malo”. ¿Qué les enseñan en las escuelas en este siglo?

Y han tardado.

Cuando se asegura que la verdad no existe y que la moral es relativa (y llevan mucho tiempo en ello) no sé por qué hay que emitir juicios de bueno o malo sobre las personas o los hechos.

…

IU pide incluir la música tradicional asturiana en los planes educativos.

Les doy más ideas:

--Decoración de paneras con perspectiva de género.

--Historia de la montera picona, I y II

--Sexualidad alternativa en la mitología asturleonesa

--Desarrollo sostenible del manzano

La lengua española y las Matemáticas, ya luego si eso.

…

La Sexta: “EE UU no deja títere sin cabeza…”

Si viviera hoy Lázaro Carreter, no sabría por dónde empezar.



08 febrero 2025

Principios morales de uso más frecuente

El libro se dedica a ampliar algunas cuestiones contempladas en la encíclica Veritatis splendor de Juan Pablo II, y lo hace en torno a tres principios: el del mal menor, según el cual es lícito hacer una opción reducida a limitar el alcance de un mal cuando no es posible conseguir el bien; el de totalidad, que afirma que la mutilación sólo es moralmente permisible si es necesaria para el bien de todo el cuerpo; y el del voluntario indirecto o causa de doble efecto, se entiende un efecto bueno y otro malo. Los tres han sido objeto de abuso y el autor (Fernando Cuervo), sin entrar en enojosas casuísticas, se dedica a poner en claro cuándo y de qué modo son aplicables.

Me quedo con una frase y un párrafo.

La frase es del cardenal Newman, hoy san Juan Enrique:

La conciencia tiene unos derechos porque tiene unos deberes.

El párrafo contribuye a superar una duda que me quedó a propósito del libro de Matias García Gómez sobre la conveniencia o no de tolerar (o no legislar contra) el aborto voluntario en aras del principio “la verdad no se impone”.

La confusión entre tolerancia y autorización positiva del mal ha servido para que en determinados ambientes se pretenda aplicar a la ley del divorcio y aborto el principio de tolerancia, que permitiría tolerar el mal para evitar otros mayores. Esto constituye un grave equívoco, que conviene clarificar, pues ninguna ley que vaya contra el derecho natural es “tolerancia” en el sentido permitido por la ley moral. Una cosa es “tolerar” un mal, por ejemplo, no castigándolo por determinadas razones, y otra muy distinta –que constituye una cooperación ilícita al mal y un pecado—es contribuir a “legislarlo”, a reglamentar el ejercicio de ese mal autorizándolo positivamente.

Se trata, pues, de una cuestión de derecho natural, mientras que ningún precepto de derecho natural obliga a adoptar el catolicismo como religión de Estado.

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05 febrero 2025

La conciencia moral

La colección “Naturaleza e historia” de Rialp reunía tanto ensayos como libros que podrían calificarse de manuales, como este de Ramón García de Haro, ilustre moralista, que realiza una exposición clara, desde el punto de vista cristiano, de lo que indica su título.

Si el primer capítulo se titula “Los planes de Dios” ya podemos intuir cuál es el origen de esa cosa que llamamos conciencia. Ella nos señala si caminamos de modo concorde a esos planes o nos desviamos de la ruta. Lo nuestro es hacer lo posible por descubrir esos planes y luego colaborar con ellos o no estorbarlos. La conciencia está ligada sin remedio a la libertad, porque el seguimiento del plan divino es libre (“La libre incorporación del hombre a los planes de Dios” es el segundo capítulo) y, aunque Dios puede mover nuestra libertad, no la fuerza. Las cuestiones que siguen son, como cabe esperar, la necesidad de formar la conciencia y el modo en que uno puede oscurecerla voluntariamente.

Como nos muestra el autor, no siempre es necesario empezar el título por “Introducción a” siempre que vayamos a hablar de un tema de modo general y más o menos sumario.

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03 febrero 2025

Aniceto o el panorama, novela

Pongo lo de “novela” porque al parecer forma parte del título, tal como Aragon lo quiso. Es un relato vanguardista al estilo de Ramón Gómez de la Serna, por citar lo más parecido que tenemos por estos lares. Esto quiere decir, entre otras cosas, que no vamos a encontrar personajes, caracteres, sino monigotes que transmiten las ocurrencias de su fabricante. Es una novela en clave, al parecer, digo al parecer porque si no te lo dice el editor y te lo sugiere el propio autor en su prólogo no lo habrías adivinado, o al menos no habrías identificado la figura real que se halla tras el nombre ficticio. De modo que tenemos aquí actuando a Picasso, Charlie Chaplin, Max Jacob, Paul Valéry, Diego Rivera y algún otro, todos formando parte de una especie de club de adoradores de la nueva estética, representada por una mujer fatal de nombre Mirabelle, por quien se disputa y hasta se mata.

Aparte de las leves peripecias imprescindibles para que podamos hablar de una novela, la tal novela está formada, como ya sugerí, por diálogos en que los personajes colocan su visión del mundo, del mundo de yupi en que habitaban los surrealistas y vanguardistas en general, a veces inteligible para los pobres filisteos, a veces no tanto.

Aniceto es fácilmente interpretable como contrafigura del autor, y el resto se supone que hablan y actúan como lo harían sus propias contrafiguras, aunque, claro, hay que conocer muy bien la época y el ambiente para darse cuenta. De hecho, estamos ante una obra más de temporada que otra cosa y que no creo que pase al Olimpo de las grandes realizaciones del último siglo.

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01 febrero 2025

El cristianismo y el problema del comunismo

Para Berdiaev, lo malo del comunismo es que quiere ser una nueva religión con dogmas inatacables, implacable por tanto en su represión de la herejía y cuyo artículo de fe principal sería ese “la religión es el opio del pueblo” formulado por Marx. Estamos, pues, ante un fenómeno paradójico que trata de acabar con una fe en lo que está más allá para sustituirla por otra fe, en este caso sin más Dios que el materialismo dialéctico y sin más cielo que la sociedad sin clases. Pero, al borrar a Dios del horizonte, destruye también la libertad, y con ella al propio ser humano.

La atrocidad del marxismo ruso consiste ante todo en que acarrea la muerte de la personalidad humana y de la libertad. El comunismo no es solo la negación de Dios, sino también la del hombre. Y estas dos negaciones están estrechamente relacionadas entre sí. Su propaganda antirreligiosa lleva a la propaganda antihumana. He ahí por qué está en los antípodas del cristianismo, de la religión del dios hombre, que afirma no solo a Dios, sino también al hombre.

Berdiaev carga a los cristianos con parte de la culpa del surgimiento del comunismo. Esto es muy de cristiano, claro: mientras nosotros hacemos examen de conciencia, los comunistas nunca tienen, según ellos, la culpa de nada. No le falta razón, a decir verdad. Por otra parte, Berdiaev distingue muy bien entre la fe cristiana y su degeneración en la moral burguesa. Su análisis del cristianismo es de una gran lucidez, hasta el punto de que casi puede leerse este libro como un libro de apologética. Esto, por ejemplo, se ha repetido luego mucho, pero por entonces pocos lo veían:

Con la liberación del hombre de ese pandemonismo, la religión cristiana preparó espiritualmente la posibilidad del desarrollo ulterior de las ciencias […] Las ciencias pueden alzarse contra el cristianismo, pero echan en olvido, al hacerlo, que no hubieran existido sin su influencia preliminar; olvidan que si han conocido un incremento en los tiempos modernos lo deben, ante todo, a la liberación del espíritu humano de sus antiguas supersticiones, y que esto lo consiguió la fe cristiana.

Y lo consiguió no solo a base de desendemoniar al mundo, sino de revalorizar el trabajo humano, pues

La civilización grecorromana, aristocrática en sus principios, despreciaba el trabajo, lo consideraba como propio de esclavos. Y el cristianismo vino a santificarlo. Cristo fue un trabajador, un obrero; de Él son estas palabras: “el obrero merece su alimento”, que podemos unir a las de San Pablo: “Si alguno se niega a trabajar no tiene derecho a comer”. Las parábolas evangélicas relativas a los dineros, a los viñedos, evocan el trabajo, la actividad, la obra creadora del hombre. “El hombre debe ver el fruto de los talentos que recibió de Dios”. El trabajo, la actividad del hombre, deben llevar su fruto. El hombre tiene que cultivar la tierra, debe restituir más de lo que le fue otorgado. No puede justificar de ninguna manera su pasividad con el Evangelio.

Probablemente por ello, y por la deshumanización del trabajo que el primer capitalismo conllevaba, Berdiaev forma entre los que son anticomunistas a fuer de anticapitalistas. Como para José Antonio, para él el comunismo es una excrecencia inevitable del capitalismo.

Se trata de un análisis bastante ponderado, que parte de que “para vencer la mentira del socialismo hay que conocer su verdad” (frase de Soloviev), pues “el comunismo ha sido considerado hasta ahora más bien desde el punto de vista sentimental y emotivo que desde el intelectual”. Desde que cayó la Unión Soviética probablemente se vuelva a pecar de lo mismo, así que un libro como este no merece caer en el olvido.

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22 enero 2025

Elegías

En las Elegías encontramos al Juan Ramón melancólico de esa época, como en las Baladas de primavera. Los escenarios son similares: jardines al atardecer, con el color oro, o amarillo, como predominante: ¡Oh plenitud de oro!... El oro de mi ocaso se ha puesto ya jazmín… Sobre el collado mustio descansan mis ruinas doradas… Cielo que miro, azul y oro, sobre el triste patio blanco…

Desde el punto de vista formal, es también un libro bastante uniforme, pues consta todo él de serventesios alejandrinos, en poemas de dos, tres o cuatro estrofas. Supongo que lo compondría al mismo tiempo que otros de la época, como Jardines lejanos o las propias Baladas de primavera.

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17 enero 2025

SS-GB

Las SS en Gran Bretaña. Sí, porque, en la ficción de Len Deighton, la batalla de Inglaterra ha sido ganada por los alemanes, el rey Jorge VI está recluido en la Torre de Londres y Churchill ha sido sentenciado a muerte. El protagonista es Douglas Archer, inspector de policía, que con resignación sirve ahora a los nuevos amos. Pronto, sin embargo, se ve envuelto en una trama que envuelve a la resistencia británica, el ejército alemán y las SS, que, estos últimos, no se llevan nada bien. Hay unas investigaciones nucleares de por medio y un plan para llevarse al rey a los Estados Unidos, con un muerto como detonante. Archer se mueve con bastante soltura entre unos y otros, consiguiendo salvar el pellejo a pesar de lo incendiario del asunto. Deighton se toma todas las libertades que quiere con la historia y consigue una intriga de estas que van cambiando a cada recodo del camino, sin que sea fácil siempre seguir el hilo. Lo que se agradece es que el autor prescinda de maniqueísmos de película y los alemanes sean tan humanos como el resto, capaces de dialogar de persona a persona, y eso a pesar de los frecuentes “idiota” o “tonto” con que se dirigen al otro, para mi gusto bastante fuera de lugar.

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14 enero 2025

Petra Chérie

Petra Chérie no se parece a esas patéticas tipas que vemos hoy en las pantallas, dando pasos de ballet con una pistola en las manos mientras fruncen el ceño para parecerse a Clint Eastwood. Al ser una criatura dibujada, Petra Chérie es perfecta en su conjunción de feminidad y temple aventurero. De hecho, maneja armas y pilota aviones sin renunciar a utilizar sus armas de mujer, mujer fatal… para los malos.

En España creo que se publicaron sus aventuras por primera vez en la revista Capitán Trueno de los… ¿90?, donde el héroe español era dibujado por Blasco, creo. Eran episodios en color, mientras que el volumen que acabo de apurar, un grueso tomo en francés de la editorial Mosquito, viene en blanco y negro.

Se trata de episodios breves, a veces conectados entre sí, desarrollados en la Primera guerra mundial. La protagonista, de ascendencia polaca (Karlowitz), reside en Holanda junto a un perro y un sirviente chino, y se mete o se ve metida en todo tipo de intrigas a lo largo de toda la geografía de la guerra, en la trastienda de los combates y a veces no tan en la trastienda, pues llega a tener enfrente al propio Barón Rojo.

Me deja un poco mosca el final del último episodio. No me la irás a convertir en comunista, ¿eh, Atilio? De la gente del cómic me fío menos…

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12 enero 2025

…que no todos

los imperativos morales que “tocan y ligan la conciencia de los hombres” (DH, 1) pueden convertirse en materia de ordenamiento jurídico, porque a ello obsta otro imperativo moral –el del respeto debido a la persona humana en la comunidad—y porque, en cuanto tal, el orden moral y la verdad “no se impone sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y a la vez fuertemente en las almas”.

Este párrafo de don Matías puede servir como resumen de Dignitatis humanae. Y, si esto es así, ¿podríamos plantearnos lo siguiente? Hay que tener en cuenta que esto se escribe en 1983, pero la situación descrita ya está ahí:

El caso más difícil se presentaría cuando una sociedad se negase a defender algún derecho fundamental de la persona (sería, por ejemplo, el caso de la despenalización del aborto) con los diversos matices que el asunto puede presentar. Habría entonces que seguir afirmando el derecho a la vida incluso de los no nacidos, pero simultáneamente tal vez se pueda opinar que es mejor regular o permitir, hasta un cierto grado, algo que resultase imposible impedir fáctica o legalmente, porque una gran mayoría de la población no estuviese convencida de ello. En esos casos, el cristiano tendrá desde luego que hacer lo posible por influir en el cuerpo social para que las concepciones erróneas (sobre la familia, la estabilidad del matrimonio, el derecho a la vida, etc.) se vayan purificando, pero entretanto no siempre estará obligado a exigir un estricto paralelismo entre la acción política concreta y todos los valores que en principio defiende para la vida social.

Es lo que llaman principio del bien posible o limitación del mal, que no mal menor, y, desde luego, está lejos del frívolo “yo no soy partidario, pero cada uno que haga lo que quiera”. ¿Es aplicable a España? Yo, al menos, no me apresuraría a censurar a Vox (en el hipotético, ay, caso de que llegara al poder) que no derogara inmediatamente la ley del aborto, siempre que pusiera en marcha (no implementara, ¿eh?, vade retro) medidas serias de fomento de la natalidad y de información sobre alternativas a la eliminación del no nacido. Ni tampoco censuraría al votante del Partido Popular si este hiciera lo propio y dejase de hacer el mañueco a la primera embestida de los enemigos del ser humano.



 

 

 

09 enero 2025

La visita que no tocó el timbre

Dos hermanos solterones, probos funcionarios de Aduanas, comparten piso. Un día alguien deja un bebé a su puerta. Es el punto de partida de una serie de diálogos chispeantes, que en eso consiste básicamente la obra, sostenida por los dos personajes y, durante dos escenas, también por una enfermera a la que manda el médico porque el niño llora que llora, y a ver qué le pasa.

Final feliz.

Te diviertes.

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07 enero 2025

Cómo funciona el miedo

Toda obra de tesis es un poco reduccionista. Leyendo esta se diría que “la historia de la humanidad no es más que la historia de sus miedos”, por aprovechar el molde de Marx. El miedo, sugiere Furedi, ha movido a los antiguos, a los medievales y a los modernos y contemporáneos, solo que con diversos contenidos. Y aquí Furedi me parece doblemente reduccionista, porque parece reducir la moral y la religión a un temor, sustituido en épocas recientes por el temor a la enfermedad y a la muerte. Lo que él dice sobre nuestra época ha venido confirmado, en gran parte (y ha sido una coincidencia providencial para él) por el Covid: de hecho, escrito el libro en los años inmediatamente anteriores, ha visto oportuno añadir un epílogo sobre la cuestión.

No es que Furedi, en modo marxiano, piense que el miedo ha sido manejado por el poder para oprimir al pueblo (de hecho se mantiene siempre lejos de ese planteamiento), sino que ha actuado como una fuerza retardadora frente a la virtud del valor, que, este sí, ha existido en otros tiempos como contrapeso al miedo:

En las sociedades que gozaban de un código moral robusto, temer se relacionaba con un guion cultural que enseñaba qué había que temer y cómo había que enfrentarse a esos temores. En la antigua Grecia la virtud del coraje desempeñó un importante papel en la gestión pública y la representación de los miedos.

Mientras que

conversaciones que he mantenido en sitios tan distintos como Singapur, Budapest, Ámsterdam o Milán me han convencido de que, en mayor o menor medida, la cultura del miedo tiene hoy un amplio impacto global. He llegado a la conclusión de que la sociedad ha pasado inadvertidamente a quedar separada de valores como el coraje, el juicio personal, la responsabilidad y el razonamiento, valores que son necesarios para gestionar el miedo. La cultura del miedo no es un producto de la naturaleza; en muchos aspectos su fuerza proviene del modo en que los jóvenes han sido socializados.

El autor advierte que no culpa a los medios de fomentar el miedo: ellos están inmersos en la misma corriente. Pero sí que se encargan de poner de moda ciertos términos que sirven de vehículo a esas obsesiones. Por ejemplo, lo de la bomba de relojería, empleado sobre todo para referirse a la amenaza climática, pero también a otros fantasmas.

Clave de la cultura del miedo es la confusión moral. “La mayoría de las incitaciones al miedo incorporan una exhortación moral para promover su objetivo”, dice el autor, aunque, según se deduce, la cuestión podría enunciarse también a la inversa: las exhortaciones morales recurren con frecuencia al miedo, como se hizo en tiempos propalando que la masturbación iba ligada a graves enfermedades (no solo por la Iglesia, por cierto: según Furedi, gente como Voltaire o Rousseau participaban de esta creencia). El caso es que, cuando deja de creerse en una moral universal, se moraliza cualquier actitud contraria a lo que se supone debe ser evitado. Por ejemplo, hoy día el riesgo es algo que debe ser reducido a toda costa, y uno será un buen ciudadano en la medida en que evite correr riesgos. Esto, dice Furedi, “funciona como argumento para silenciar a los escépticos y a los críticos” y “sirve para autorizar determinadas políticas y exhortaciones”, en torno, por ejemplo, al dichoso cambio climático. En este sentido, tal vez el valor más apreciado por nuestra sociedad no sea la tolerancia, ni la igualdad, sino la seguridad. De ahí que cada vez menos estén dispuestos a ir a la guerra por su patria, ni por cualquier cosa. Pero la búsqueda de la seguridad a cualquier precio acaba echándonos a perder como seres libres, pues

un hombre que no tiene nada por lo que esté dispuesto a luchar, nada por lo que se preocupe más que por su seguridad personal, es una criatura miserable que no tiene ninguna posibilidad de ser libre, alguien que si conserva cierta libertad es gracias a los esfuerzos de hombres mejores que él mismo. Mientras la justicia y la injusticia no hayan puesto fin a su lucha siempre renovada por la supremacía en los asuntos de la humanidad, los seres humanos deben estar dispuestos, cuando sea necesario, a luchar unos contra otros.

Porque

no hay ningún poder en la tierra que pueda capacitarnos para hacer frente a las amenazas que enfrentamos mejor que la libertad misma.

Que no lo olvidemos cuando surja otra pandemia.

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03 enero 2025

El escritor

Azorín adopta aquí el avatar de Antonio Quiroga, escritor ya viejo a quien le toca ejercer de crítico de otro escritor más joven, Luis Dávila. A quién de los dos se refiera el título queda para el curioso lector, que se decía en mi casa. Según Ródenas de Moya, el tal Dávila es avatar de Dionisio Ridruejo, y tiene sentido porque la dedicatoria del libro va para Ridruejo y además Dávila ejerce de líder intelectual de otros jóvenes que saludan brazo en alto y con el Arriba España. Las relaciones entre los dos escritores pasan de la tensión a la amistad, pero la novela, como es usual en el autor, está lejos de presentar una trama lineal. Hay capítulos que nada tienen que ver, aparentemente, con dicha relación, y se dedican a glosar a alguna otra persona, un lugar o un sucedido. Por otra parte, el relato está puesto en boca de Quiroga hasta el capítulo XXVII y, a partir de aquí (son cincuenta) en la de Dávila. Durante la lectura se me ocurrió calificar la novela como cubista, por esta rotura de la linealidad.

Me ha parecido ver un Azorín más ligero en el aspecto descriptivo, con menos zaguanes, menos horizontes, menos campanas; se columbra menos, se escucha menos, aparecen menos cosas, y los espacios son menos interminables, monótonos o profundos. O sea, que vamos más al grano. Sea este el que sea.

Una curiosidad: al comentar aquí La isla sin aurora, decía que parecía que al autor le hubiera gustado el título y sobre él hubiera montado el libro. Pues bien, en El escritor encontramos esta observación:

Los títulos son difíciles; cuesta trabajo encontrarlos… o se encuentran desde el primer momento, y en ese caso todo el libro futuro gira en torno al título.

Poco después aparecía La isla sin aurora. Me apunto el tanto.

Por cierto, lo que es en este no le dio muchas vueltas…

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30 diciembre 2024

El espectador III y IV

Estos volúmenes de El espectador corresponden a los años 1921 y 1925 respectivamente. Como de costumbre, partiendo de un motivo que puede ser un paisaje, una persona, un libro o incluso algo tan nimio como el marco de un cuadro, Ortega se lanza a meditar sobre esto y aquello, de modo bastante aventurado la mayor parte de las veces, diría yo. Pero no se lo voy a censurar, por supuesto. Creo que este hombre nunca tuvo problemas en el colegio con las redacciones. A ver, a ver, me vais a hacer una redacción sobre por qué los españoles comemos cocido y los chinos prefieren el sushi: el pequeño Pepito podría escribir cinco folios.

Que todos los libros de Anatole France vienen a ser el mismo (sin que sea malo); que (como expondrá después en La deshumanización del arte) no es el mejor arte el que te lleva a sentir, sino el que admiras por sí mismo; que los Zubiaurre son tres veces sordomudos, por sordomudos, por vascos y por pintores; que el marco sirve para aislar el mundo ficticio del real y que los orientales, al carecer de marco sus cuadros, están renunciando a esa operación de aislamiento; cómo el hecho de que el hombre tenga sentimientos (que carecen de utilidad externa) es la mejor refutación del darwinismo; cómo los ballets rusos nos han devuelto la emoción del espectáculo y cómo lo que decimos sentir ante otros espectáculos u otras figuras nos viene realmente impuesto desde fuera. Esto y bastantes más cosas se atreve a diagnosticar este que en sus nochebuenas debía de ser el cuñado por antonomasia. Eso sí, da gusto leerle. Un pelín afectado se me ha antojado esta vez, pero bueno.

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27 diciembre 2024

Amor en vilo

Esto de tomar prestados los títulos para los libros de poesía es una peste. Al parecer, este procede de un verso de Salinas que ya se había apañado Alberti. Se trata de la vuelta de Pere Gimferrer a la poesía en español (2005) y compone el libro una vasta colección de poemas de tema erótico dedicados a una tal Cuca (no es una sinécdoque, sino una señora real que atiende por tal hipocorístico, según nos explica Gimferrer al final). Muy clásico en cuanto a la forma, pues se trata en su mayoría de sonetos (endecasílabos y alejandrinos) y de silvas, con alguna incursión en el arte menor. Mantienen el preciosismo y el culturalismo que distinguieron desde el principio a la promoción de Gimferrer, con mucho título en francés o latín, de referencia fácilmente reconocible a veces, otras no tanto, dependiendo de la cultura del lector. Otra cuestión es la relación entre el título y el contenido, ya menos visible. Las imágenes son de gran riqueza sensorial, según la herencia rubeniana, aunque la mayor parte caprichosas, al menos para mi entender. No me acaban de encajar, en este desfile de exquisiteces, las frecuentes referencias al pubis e incluso a lugares más quevedescos, pero por lo general lo explícito queda muy al fondo.

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21 diciembre 2024

El jardinero fiel

Esto es en Kenia, en el entorno de la embajada británica. Matan salvajemente a Tessa Quayle y su presunto amante desaparece: servido el crimen pasional para quien quiera creérselo. Pero resulta que Tessa Quayle estaba investigando las actividades de una empresa farmacológica, que podría estarse dedicando a utilizar a los kenianos como conejillos de Indias para probar un nuevo medicamento contra la tuberculosis.

Si Justin Quayle hubiese sido un marido celoso, todo podría haber colado. Pero, sin que pueda decirse que confía ciegamente en su esposa, Justin parece sentirse como si no la mereciera y como si cualquier aventura extramatrimonial estuviera justificada, cosa que le lleva a confiar en su palabra, al menos mucho más de lo que confía en la de los otros. De modo que comienza a investigar por su cuenta, a costa de pesados interrogatorios policiales y de alguna paliza soberana por parte de los agentes de los malos.

Digamos que, por encima de la trama policiaca, esta es la historia de la redención por amor de un hombre mediocre. Más que redención, mejor hablar de dar por fin sentido a una vida gris y escéptica acerca de la bondad de los hombres a quienes sirve.

La narración, impecable, con un manejo muy sabio del estilo indirecto libre. No me convence del todo, sin embargo, el cambio de perspectiva, que te hace pensar en los primeros capítulos que el protagonista va a ser Sandy Woodrow, cuando en realidad lo es Justin, en cuya piel se mete luego el narrador. Pero bueno.

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19 diciembre 2024

Sammy, volumen 4

En este cuarto volumen se recogen tres historias desarrolladas lejos de Chicago, en las que Jack y Sammy actúan solos, ya que no tienen dinero para pagar a la pandilla. En la primera viajan al Ártico, protegiendo a un científico que ha absorbido toda la energía de una pila atómica de su invención y calienta todo lo que se halla en su cercanía. En la segunda, deben ejercer de futbolistas en un país, hispanoamericano por las alusiones, donde tal oficio resulta peligroso debido al fanatismo de los hinchas. Y la tercera nos traslada a Hollywood, donde Jack ha de hacer de doble de Randolf Valentini, un ídolo de las mujeres que resulta ser un afeminado.

El dibujo de Berck y el guion de Cauvin aseguran la diversión, salpimentada además por esos toques políticamente incorrectos que suelen adornar a cierto cómic francobelga, empezando por Astérix: las fans alocadas, el habla afectada del sarasa Valentini, el fanatismo futbolístico… Y, lo que más se agradece, los personajes fuman y beben como está mandado.

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14 diciembre 2024

Pero [,]

atendiendo no menos a la regla del progreso, Pío XI descubrió una nueva distinción que para entender la doctrina católica con más profundidad era de gran importancia. Porque distinguió entre la “libertad de las conciencias” y “la libertad de conciencia”. Ciertamente rechazó esta fórmula como equívoca, como utilizada muchas veces en el sistema laicístico [sic] para significar que “la absoluta independencia de la conciencia es algo absurdo en el hombre creado y redimido por Dios”[;] pero aceptó sin embargo aquella otra fórmula[,] “libertad de las conciencias”[,] diciendo que él “con espíritu alegre y animado trababa una lucha en favor de la libertad de las conciencias” (Non abbiamo bisogno, AAS, 23 1931, pp. 301-302)


Pensé que la distinción era original de san Josemaría (que la utilizó con frecuencia), pero se ve que la tomó del papa Ratti. La referencia, en Moral política en una sociedad pluralista.




11 diciembre 2024

La isla sin aurora

Tengo para mí que a Azorín le gustó el título y decidió añadirle un libro, como decía el otro que hacía el otro. En todo caso, es de lo más original que ha hecho el alicantino, cosa que es fácil, por otra parte. Puede que sea una ocurrencia tonta, pero a mí me parece como La historia interminable escrita por Azorín. Se trata de tres tipos que viajan a una isla en la que se pasa de repente de la noche al día. Allí se encuentran con todo tipo de personajes, humanos, animales, seres mitológicos, objetos también, cada uno revelando… su rollo, sí, en este caso, lo que él simboliza en la comedia humana, supongo. En cuanto a los tres tipos, no tienen nombre y se trata de un poeta, un novelista y un dramaturgo, con lo cual tenemos el interesante, supongo, cruce entre las miradas de los diferentes creadores y las múltiples galerías (por decirlo a lo Machado) de la vida. Seguimos encontrando, pues al pequeño filósofo a pleno rendimiento.

Lo que pueda representar la isla sin aurora me importa lo justo. Lo que veo es un Azorín humorista poco habitual, cercano a veces a Ramón o al humor codornicesco. Incluso se permite practicarlo con esas palabras raras cuyo uso le distingue como prosista. Por ejemplo: “Papá, ¿y es verdad que tú te entregas a la pandiculación cuando despiertas?”

Cualquiera diría que se trata de una especie de horrible pecado, ¿no?

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03 diciembre 2024

…Se condena

por fin esa separación de la Iglesia y del Estado que tuvo su raíz en la opinión racionalística de la omnicompetencia jurídica del Estado (cf. Syllabus, prop. 39, ibid. [ASS 3. 1867], p. 172), según la cual la misma Iglesia debe ser incorporada dentro del organismo monístico del Estado y sometida a la potestad suprema del Estado.


Este párrafo, de uno de los documentos previos* a la Dignitatis humanae, nos da una pista, creo, de lo que probablemente entendían los liberales de la época cuando hablaban de la separación de Iglesia y Estado. No es de extrañar, si tenemos en cuenta que tales liberales a lo que aspiraban era a que el Estado sustituyera a la Iglesia en las funciones que esta llevaba a cabo, como la educación, por ejemplo: es el caso de Unamuno, como hemos recogido aquí alguna vez.

Y, por eso, la Iglesia del tiempo no daba su brazo a torcer en cuanto a la confesionalidad católica del Estado, como mejor modo de preservar sus derechos (de la Iglesia). Otra cuestión es que la confesionalidad diera también lugar a intromisiones regalísticas por parte de los gobiernos. Pero tal vez se estimaban como riesgo asumible frente a la completa absorción que postulaban los otros.

 

*Citado por Matías García Gómez, Moral política…, p. 64



 

01 diciembre 2024

La isla del tesoro

No sé si es lo más parecido a la felicidad, pero sí que puedes pasar un rato estupendo. Y eso habiendo visto en cien versiones (cine, telefilm, dibujos, cómic, cuento infantil ilustrado) la historia del “marinero” que llega a la posada del Almirante Benbow cantando lo de la botella de ron y temiendo la visita de otro “marinero” con una sola pierna.

Stevenson tenía el don de contar historias, no cabe duda. Aunque tenga que hacer alguna trampa, como cambiar de punto de vista cuando el narrador principal, Jim Hawkins, está ausente del fortín donde se defienden los buenos, se lo aceptamos con toda tranquilidad. El caso es que siga el espectáculo.

Y la de vocabulario marinero que aprendes…

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