30 enero 2014

Nihil novum

La casa del maestro aparecía vacía. El corredor y la clase, con las ventanas abiertas, conservaban la huella del tropel que habían albergado: el aire polvoriento flotaba sobre los pupitres dislocados de las filas. En una sola mirada, Teresa revisó todo el moblaje de la estancia. Los mapas, los instrumentos que poblaban la mesa del maestro, los objetos útiles todos ellos sólo para practicar la disciplina del estudio, se agrupaban revueltos, se sostenían mellados y tuertos, maltrechos por la tromba de juventud que rodaba sobre ellos todos los días. Alguna silla desfondada, algunos bancos cojos, un cristal cuya mitad inferior había sido sustituida por un pedazo de cartón, eran los despojos que se encontraban en aquel campo, donde el espíritu y la vida libraban su batalla cotidiana.   

En Teresa, de Rosa Chacel

Bueno, no deja de ser un consuelo que semejante panorama no sea propio sólo de la escuela pública, laica y gratuita, la de todos y todas, la de la evaluación continua, la de las programaciones didácticas, la de las adaptaciones curriculares.

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26 enero 2014

Los aventureros


Es curioso, pero mientras la palabra aventura tiene una connotación positiva, no sucede lo mismo con aventurero. Manu y Roland son de esos aventureros amorales que popularizó Alain Delon en el cine, y no desde luego unos amadises ni unos ivanhoes, sino unos nihilistas que sin embargo gozan de la simpatía de su creador aunque no sean la alegría de la huerta. De hecho, preside la novela un clima de tedio vital, de melancolía a veces, próximo a ese cine negro francés en el que también puso unos cuantos ladrillos José Giovanni. Falta una banda sonora de acordeón, quizá.

Giovanni saca aquí al escenario a otro clásico del negro francés, Auguste Le Breton (Rififi, El clan de los sicilianos), que pasa por ser antiguo amigo de Manu. Un pequeño homenaje, supongo. Nos lo presenta como otro tipo nada burgués, en realidad "un camorrista... Se arrastraba entre truhanes en general... hombres a quienes el rencor mantenía despiertos y cuyas bromas hacían que todo explotara, excepto la risa". Ese es el ambiente, aunque menos violento de lo que esas palabras hacen suponer. En realidad es una novela de perfil bajo en la acción, a la que parece que siempre se impone una abulia muy siglo XX.

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25 enero 2014

Robert Gordon with Link Wray


A finales de los 70 se produjo un revival* del rock de los 50, al amparo quizá del rockabilly británico, que conocía un auge notable por aquellas fechas. En ese contexto surge Robert Gordon, un cantante cuya voz podía imitar mejorando la del propio Elvis Presley, no digamos la de Carl Perkins o Warren Smith, por ejemplo, lo que contrastaba con su imagen un tanto friqui, con ese tupé rebelde que se le empina sin piedad. Su repertorio se componía de versiones de los 50 casi en exclusiva, aunque en  el LP Fresh Frish Special (que creo que fue su debut) incluía nada menos que un tema compuesto por Bruce Springsteen para él, Fire. Allí iba también una canción que ya en los 90 popularizó un anuncio de colonia, ese The way I walk, aunque lo que a mí más me gusta del disco es la versión de Red Cadillac and a black moustache, de Warren Smith, desde que la oí como fondo en una noticia cultural del telediario.

Supongo que en su éxito intervino también la colaboración del guitarrista Link Wray, leyenda de los 50, maestro de la distorsión y autor de un Rumble que, como anécdota, una emisora prohibió por incitar a la guerra entre bandas (era un instrumental: pero la verdad es que oído no les faltaba; no por nada incluyó Tarantino un breve pasaje en Pulp fiction). Wray intervino en Fresh Frish Special y lo hace en el disco que comento, por supuesto, ya que no lleva más título que ese.

Ambas caras arrancan con sendos éxitos de Billy Lee Riley, Red hot (original de Billy Emerson) y Flying saucers rock and roll. Robert Gordon opta por imitar lo más posible a Riley, con un matiz desgarrado que no hace aún sospechar sus facultades. Tan solo la guitarra de LW otorga un plus de calidad a la versión. Es en Summertime blues (Cochran) y Boppin´ the blues (Perkins) donde Gordon deja entrever de lo que es capaz con su garganta, pero hasta que no oímos Sweet surrender o Is this the way (esta compuesta por LW, por cierto) no descubrimos a un crooner con todas las de la ley, que hace presagiar los alardes de It´s only make believe, ya en su disco de consagración.


En fin, se trata de un disco variado en tono y estilos, con homenajes también a Gene Vincent (I sure miss you) y Johnny Burnette (The fool: tremendo Link Wray, por cierto). En España se editó después de Rock Billy Boogie (la antedicha consagración), como sucedió con Fresh Frish Special, que creo que no llegó a salir en casete.


*Bueno, podría haber dicho reviviscencia, memorial o revitalización, pero me daba la risa: es una batalla perdida.

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23 enero 2014

Mis casetes

Me acompañaron durante años por los parajes más apartados del territorio MEC. Ahora viven un plácido retiro como adornos en una estantería. Bien merecen que les dedique una etiqueta. 


22 enero 2014

Apaciguar al niño

Que nadie se engañe: el PP no tiene el menor deseo de sacar adelante su proyecto de ley de defensa del no nacido y por tanto de tumbar la actual ley del aborto. Todas las disidencias surgidas en su propio seno le han venido al ministro y a la dirección del partido como agua de mayo y no hace falta ser un conspiranoico para pensar que estaban preparadas de antemano, para crear ambiente de falta de oportunidad. Tal cúmulo de disidencias, encima de personas consideradas normales y sin historial proabortista, es sencillamente insólito en unas instituciones tan disciplinadas como los partidos políticos.

¿Por qué se ha metido el PP en ese lío?, preguntaba, con auténtica perplejidad, Carlos Herrera (hay que llamarlos por su nombre y no por el oficio, "decía un locutor de radio" y tal). Sí, ¿para qué meterse en líos? Qué importan las vidas de los que no se manifiestan? Con lo que tienes encima, e ir a preocuparte por unos seres humanos que no corean ripios estúpidos ni queman contenedores, y mucho menos reclaman soberanías.

Pues hombre, yo te lo digo: hay que cuidar todos los frentes. Convenía dar un caramelo a esos pejigueras de Atapuerca que paren monstruos y adoptan chinitos. No es rentable exasperar a gente que tiene la costumbre de utilizar todos los recursos legales para hacerse oír y que suelen votar PP. Ahora, una cosa es una cosa y otra muy distinta jugarse el prestigio de partido moderno y progresista que tanto nos está costando afianzar.

Así nos consideran, señores: unas almas cándidas a las que es fácil apaciguar con un caramelito. Así el niño se calla por un momento y mañana ya se verá.

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20 enero 2014

Después del Reich


Una "ley de memoria histórica" que tuviera como fin execrar la represión aliada es hoy impensable en Alemania, a pesar de que esa represión superó con creces los excesos de la de la posguerra española; al menos, si incluimos en la represión las vejaciones llevadas a cabo por los ejércitos soviéticos contra hombres y, sobre todo, mujeres que tuvieron la mala fortuna de cruzarse en su camino.

De hecho, como observa Giles Macdonogh, los alemanes recibieron con bastante docilidad el castigo impuesto por los vencedores, y se dejaron desnazificar con la cabeza gacha, en un mea culpa colectivo que para sí quisiera cualquier aspirante a asceta cristiano. Y eso que la desnazificación implicaba arrancar de raíz cualquier adhesión no sólo al nacionalsocialismo, sino al todo el imaginario histórico-legendario alemán, en un afán de cortar por lo sano que continúa hasta hoy.

El libro se subtitula Crimen y castigo en la posguerra alemana y, en efecto, Macdonogh nos muestra con profusión de datos cómo el castigo cruzó con bastante frecuencia la frontera del crimen, desde ese caos ("El caos" es el título, bien expresivo, de la primera parte) en que se había convertido Europa central en mayo de 1945. Fue un segundo holocausto del que apenas hay películas. Macdonogh deja que lo datos hablen por sí solos, sin apenas valoraciones, y desde luego sin dejar que las barbaridades de los vencedores atenúen un ápice las cometidas por los vencidos.

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18 enero 2014

Equilibrio


Ahora contemplo a una alumna. Cuando se da cuenta de que la estoy mirando, se pone nerviosa. No sabe qué hacer con la mirada. El bolígrafo le tiembla en la mano. ¿Ha estado copiando? ¿Tiene un papel bajo el folio, un papelito pequeño, lleno de letras minúsculas? No voy a comprobarlo. Nos debemos un respeto.

Alguna vez he descubierto a algún alumno copiando. Se ha puesto colorado, ha temblado como tiembla esta chica. Una vez, el papelito sobresalía como un insulto por debajo del folio. Todo era demasiado evidente, y fue como un combate entre el alumno tramposo y yo. El alumno se dio cuenta de que le había visto. Yo no podía permitírselo, y él lo sabía. Tensé el dolor entre nosotros, quise ser tan irrespetuoso como profesor como él lo había sido conmigo como alumno. No le dije nada. 

Toni Sala, Crónica de un profesor en Secundaria

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16 enero 2014

It

Hojeo una revista del corazón y veo que habla repetidamente de it-girls. Imagino que es una expresión de moda, pero acudo a la Wikipedia y me entero de que el término tiene casi noventa años, pues proviene de una película de 1927 titulada It, como el relato de Stephen King. Pero en este caso eso es algo positivo: una cualidad misteriosa que hace atractiva a una mujer.

Claro, en español no podemos calcar el término, porque nos saldría chica eso, y chicas ESO lo son todas en España en algún momento de su vida, y serlo no supone precisamente un toque de distinción.

Pero nosotros tenemos nuestra propia expresión para lo mismo. Lo que los americanos llaman it es, ni más ni menos, lo que llamó Feijoo (fray Benito Jerónimo) el no sé qué. Uno de sus artículos más famosos se titulaba así, y se refería a ese punto de belleza o de atractivo que poseen ciertas personas u obras de arte y que no sabemos explicar puesto que no reside en nada en concreto. Lo que, por cierto, sirvió a los eruditos para decir que ahí el sabio benedictino se apartaba del racionalismo de su tiempo y anticipaba el romanticismo. Psché.

Pero, en ese sentido, llamar it-girl a Sara Carbonero y congéneres sólo significa que el concepto se ha devaluado mucho a lo largo del siglo.


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15 enero 2014

El lápiz y otros cuentos

El lápiz es el que te manda el Sindicato (del crimen, claro) cuando te ha tachado de la lista, o sea, cuando puedes darte por muerto. Pero, como de costumbre, en este relato de Philip Marlowe nada es lo que parece. Lo escribió Chandler, según asegura en la nota preliminar, para dar una idea de los procedimientos del Equipo, como también se conocía a la mayor organización mafiosa de los USA. El resto de los cuentos que componen este volumen (Ediciones Orbis, 1985, que contiene también El largo adiós) están protagonizados por retazos de Marlowe, es decir, por personajes de cuyos caracteres (muy parecidos, todo hay que decirlo) acabaría sintetizando Chandler a su mítico detective. El procedimiento también sirve para los argumentos, puesto que, de acuerdo con el prologuista, la mayoría de estas tramas serían aprovechadas por el autor para componer La dama del lago.


Chandler asegura sentirse más a gusto en la novela. En todo caso, el relato breve no le queda nada mal. Tan sólo "Los chantajistas no matan" me parece algo fallido, por enrevesado, como si hubiera querido embutir una de sus novelas en pocas páginas. Pero siempre resultan un placer sus diálogos, tanto o más que las propias tramas.

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08 enero 2014

Cuentos filosóficos

Ningún problema con la filosofía de estos cuentos: es el título que el editor ha tenido a bien poner a una serie de glosas de Eugenio d´Ors. Al parecer, el prosista barcelonés llamaba glosas no sólo a pensamientos más o menos sentenciosos sino a relatos breves como estos. Como decía Cervantes de sus novelas, no habrá ninguno, si bien lo miras, del que no puedas sacar alguna lección. Pero de ahí a llamarlos filosóficos... Si acaso, filosofía de andar por casa, como la de Machado en sus proverbios, hay en alguna pieza, como "Cara o cruz", sobre el obrero que no aprendió a valorar el masaje por encima de la operación, y que tras sobrevivir a una ectasia gástrica murió de un tiro en una huelga.


Esta filosofía de andar por casa es más frecuente en las últimas secciones, "Historias de enfermos y viejos" y "Otras historias", que en las primeras, donde brilla la imaginación de don Eugenio a la hora de trazar semblanzas de tipos humanos, como en las "Historias de mujeres", o de hacer "un vers de dreit nien", un verso sobre casi nada, como Guillermo de Aquitania, en el "Libro de imágenes" (¡esas "viñetas del calendario"!). Sin olvidar el pinito modernista de "La copa del rey de Tule".

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29 diciembre 2013

La Sagrada Familia del Cielo





El Dios trino habría podido infundir su luz al niño Kafka: en vez del "dios" solitario, todopoderoso, enigmáticamente inclinado sobre él, al que veía en el rostro de su padre, habría encontrado, en el intercambio de vida que es la vida del Padre y del Hijo y del Espíritu, la transparencia interior, el desarrollo de las personas en el don y olvido de sí. En la Trinidad no hay más que una sola vida, numéricamente, pero esta vida es amor, porque "Dios es amor", es decir, el brotar permanente, eterno, que es el Padre, la generación eterna, que es el Hijo, y la comunicación, el amor eterno, que es el Espíritu. La verdadera paternidad en la tierra, reflejo vivo de la de arriba, es bastante rica, bastante amplia para recibir a Kafka y a millones más de hijos, y es bastante poderosa y generosa para conceder a estos millones de hijos el llegar a ser, espiritual o carnalmente, también ellos, padres

Charles Moeller, "Franz Kafka o la tierra prometida sin esperanza", en Literatura del siglo XX y cristianismo, III

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27 diciembre 2013

Leticia Valle, de nuevo

En Las mil y una noches hay un cuento sobre dos graciosos, los de mayor reputación del país, que un día quisieron conocerse para ver quién se llevaba la palma. La prueba fue: ¿qué harías tú para burlarte con esa fila de ciudadanos que están ahí acuclillados en las letrinas? El primero propone: yo pasaría por detrás simulando barrer y les pincharía el trasero con la escoba. Por Alá que tienes poca imaginación, replica el segundo. Mira lo que hago yo. Y, recogiendo unas flores, les entrega ceremoniosamente una a cada uno de los acuclillados, que reaccionan airadamente: ¿Por ventura piensas que estamos aquí celebrando una fiesta? La escena hace desternillarse a los presentes y el primero de los zumbones no puede sino otorgarle la primacía al otro.

Si en lugar de burlas hablamos de historias perversas, Stieg Larsson vendría a ser el tipo de la escoba, y no tendría más remedio que darle la palma a Rosa Chacel. El relato de Leticia Valle es como uno de esos letreros en que sólo se trazan los perfiles, y encima en letra gótica. En él todo queda a nuestra capacidad de lectura entre líneas. Parapetada tras sus once años, Leticia puede permitirse fingir, incluso ante sí misma, que lo ignora todo sobre el lado oscuro de la dimensión afectivo-sexual (como dicen los pedagogos) del ser humano, a la vez que la utiliza de modo casi diabólico. Su superdotación intelectual es su sex-appeal de cara a su víctima y su excusa de cara al lector, pues, si es tan inteligente, piensa uno, es raro que no sea capaz de hacer explícitos sus sentimientos. Y, de hecho, el lector puede pensar que es él el perverso hasta las últimas secuencias, que, sin ser tampoco explícitas, constituyen el factor que faltaba para sacar la suma, el perfil que da la clave del letrero.



24 diciembre 2013

Canción de cuna



Hay preguntas de entrevista muy socorridas, que no se hacen necesariamente porque el periodista sea un inútil o el espacio no dé para más. Una de ellas es qué libro le hubiera gustado escribir, o tal vez qué pieza musical componer, o película realizar. No tengo entrada en la Wikipedia y no creo que nunca me hagan una de esas preguntas, ni ninguna otra del tipo qué virtud admira más en los hombres o quién le gustaría ser si no fuera usted. Por suerte, porque con la mayoría de ellas me quedaría en blanco.

Pero hoy, Nochebuena, vuelvo a pensar lo mucho que me hubiera gustado componer la Canción de Cuna de Brahms para la mejor película que se hubiera realizado jamás sobre la Navidad. Y la imagino empezando a sonar mientras José escucha el primer llanto de Jesús desde el exterior del portal, donde se ha refugiado pudoroso durante el magno acontecimiento. Y alcanzaría su clímax con los dos esposos mirando extasiados a la Criatura. Lullaby for Jesus, podrían haberla llamado si la producción fuese hollywoodense.

Mataiotes mataioteton, que decía el predicador (Eclesiastés: vanidad de vanidades). Pero hay una conclusión ascética que se impone, y que no voy a escribir también por pudor. Al fin y al cabo, eso de componer o ejecutar una sinfonía tiene una gran potencialidad metafórica. 




23 diciembre 2013

Reproches


Leo:

A los defensores de "la ortodoxia" se dirige a veces el reproche de pasividad , de indulgencia o de complicidad culpables respecto a situaciones de injusticia intolerables y a los regímenes políticos que las mantienen.

Quizá. Pero me pregunto si quienes "dirigen el reproche" no han sido los mismos que, arrinconando la "ortodoxia" en pro de una ostentosa defensa de "los pobres", han acabado en una actitud pasiva, indulgente y cómplice respecto a los regímenes más antihumanos del pasado siglo, creadores de pobreza material, intelectual y moral. Porque eso sí ha sucedido. Y eso no lo leo.

Y lo han adivinado: me molesta.

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22 diciembre 2013

A la chica que le están birlando:

No soy blando, muñeca, sólo un poco sentimental. Me gusta apostar a los caballos, jugar a las cartas y echar unos cubos rojos con puntos blancos. Me gustan los juegos de azar, incluyendo a las mujeres. Pero cuando pierdo, no me desespero ni hago trampas. Paso a la mesa siguiente. Hasta la vista.


En Raymond Chandler, Gas de nevada


18 diciembre 2013

Advenimientos


En Advenimientos domina la postura reaccionaria que se observa también en Los cuadernos de Rembrandt, y yo diría que más acentuada. Aquí Jiménez Lozano se preocupa menos de afilar los dardos. Dardos dirigidos contra todos los tipos de personajillos que nuestra época ha producido, siempre sin citar nombres, delicadeza que esta sí se permite el autor. Abunda la cita, así que esta obra puede considerarse tanto un diario como un florilegio, una antología de lo que debe ser y de lo que no. Entre esto último, por ejemplo, tenemos el famoso artículo en que Juan Benet se cubrió y no de gloria al decir que los campos de concentración tenían su razón de ser si servían para dar lo suyo a personas como Solzhenitsin. Ser un escritor de moda (y no a lo Vizcaíno Casas, claro) autorizaba para desahogarse de ese modo, al parecer. No creo que la intelectualidad necesite un silencio político de mil años, como dice don José, pero unos doscientos no vendrían mal.

Y vuelve a destacar aquí también la faceta paisajística, que arranca a los atardeceres de Castilla matices exquisitos. Atardeceres que vuelven a estar habitados por santa Teresa y san Juan de la Cruz, gente que sólo rompía el silencio cuando lo que decían era más valioso que él, y por eso merece la pena volver a ellos con frecuencia.

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08 diciembre 2013

Retorno al pudor

Leyendo este trabajo de Wendy Shalit uno llega a la conclusión de que en España aún no hemos caído tan bajo, por lo que respecta a moral conyugal y sexual, como en los Estados Unidos de América. O sea, que aún es posible la recuperación sin llegar a ese fondo, o bien hemos de llegar cuando ellos estén volviendo. En fin, el caso es que Wendy Shalit considera que la pérdida del pudor femenino ha sumido a las mujeres en la desorientación, cuando no en la depresión y por supuesto en la infelicidad. De sus indagaciones se desprende que muchas de ellas no querrían hacer lo que hacen, pero se ven presionadas por una ideología que ha hecho del pudor una rareza, casi una minusvalía moral o emocional. En una sociedad que ha desvinculado por completo la actividad sexual de la familia y la vida, no ser tan promiscua como los varones (como tienden a ser los varones a poco que les aflojen) te condena a la soledad, a no ser (añado yo) que topes con varones que aún caminan sobre dos extremidades; pero se ve que eso es una rarissima avis en el mundo en que la autora se ha desenvuelto.

Lo que confirma lo que he dicho muchas veces: que el feminismo no es más que una trampa machista. Miré una vez la primera página de una novela de Lucía Etxeberría (o como lo quiera ella escribir), donde la narradora hacía esfuerzos patéticos por contar sus experiencias sexuales como si se tratara de un soldado fanfarrón en la cantina. Esta es también la autora de una novela que llevaba el prozac en su título: en su libro, justamente, Wendy Shalit relaciona el consumo de prozac con la frustración a la que aboca en las mujeres el ahogo de su natural pudor y la entrega de la intimidad al primer maromo que te propone un rollito. Sí, unas son débiles y acaban en el prozac. Otras, como la tal Etxeberría (o como se escriba) se suman por ideología a esa situación y acaban con cara, no de soldado en la cantina, sino de una mezcla bastante repulsiva de mujer y soldado en la cantina.

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05 diciembre 2013

El señor presidente


Es posible que lo más parecido a una muerte en vida sea la existencia bajo un régimen totalitario. Camila "había muerto sin dejar de existir, como en un sueño", cuando todo a su alrededor se vuelve hostil, siendo su único delito el ser hija de una persona caída en desgracia del déspota. Me resulta inevitable pensar en Nicolae Steinhardt, cuando al principio de su Diario de la felicidad propone, como una de las tres salidas para aguantar en una de tales situaciones, el pensar, de modo irrevocable, que estás muerto. Uno piensa, también, en los campos de concentración, donde uno acaba convertido en algo peor que un animal, en algo más cercano a un zombie, si tiene suerte de asumir esa condición.

Al comenzar El señor presidente, uno tiene la sensación de volver a Tirano Banderas, y tal vez sin esta obra Miguel Ángel Asturias no hubiera concebido su novela. Al avanzar en la lectura, sin embargo, aquello se vuelve mucho más horrible, porque la novela de Valle-Inclán se recrea en la caricatura, es como un retablo de marionetas, mientras que lo de Asturias da una fría y odiosa sensación de realidad, sobre todo cuando uno conoce relatos, tristemente realistas, como los de Steinhardt. Y es curioso que cuando un autor más o menos escorado a la izquierda trata de satirizar el ambiente de las dictaduras mediante el esperpento, no hace sino retratar en alta definición los regímenes socialistas. Cualquiera que haya tratado de moverse en Cuba podría reconocer como las suyas las cadenas que atenazan a los infortunados personajes de El señor presidente.

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26 noviembre 2013

Dios existe


¿Es posible afirmar o negar la existencia de Dios con razones meramente intelectuales? Si hemos de creer a Antony Flew (y no hay motivos para no hacerlo), se puede. Pero eso no elimina el hecho de que la existencia o no existencia de Dios tiene implicaciones de peso para la vida particular de cada ser humano. De ahí que Flew termine con ese "Quizás algún día pueda oír una Voz que dice: ¿Me oyes ahora?" Afirmar a Dios implica buscar el contacto con Él. Si no se desea ese contacto, se desea negar su existencia. Esa es la razón de que Flew perciba con frecuencia cierta agresividad en la dialéctica de los ateos.

Este no es el testimonio de una conversión, como el libro homónimo de André Frossard, sino de un cambio de opinión, de opinión filosófica. Para Flew, hay que seguir todo razonamiento hasta donde te lleve, y los suyos le llevaron al teísmo, a través de unas preguntas elementales: ¿quién escribió las leyes de la naturaleza?, ¿sabía el universo que nosotros veníamos?, ¿cómo llegó a existir la vida?, ¿salió algo de la nada? Todo esto ocupa unas cien páginas, pero los prólogos y los apéndices (aunque tal vez añadidos para "hinchar el perro") son igualmente interesantes. 

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21 noviembre 2013

Mal trago


Me he echado al coleto tres capítulos de Federico Moccia. No me han quedado ganas de seguir. Es como papar una cucharada de natillas en mal estado. Es la estupidez recreándose en sí misma. Volver a Miguel Ángel Asturias es saborear un amaretto después de la susodicha cucharada. Amargo, pero estupendamente elaborado; un recreo para el paladar.

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