01 abril 2026

El gatopardo

La frase más famosa de El gatopardo es la que dice Tancredi en el primer capítulo, en conversación con el príncipe Salina: “... si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”. Pero el escepticismo de fondo de esta novela va más allá aún. Los capítulos finales son de una negrura que ya se atisba en los precedentes, pero que tiene aquí su precipitado final. Ni el viejo orden ni la revolución merecen que se invierta algún esfuerzo vital. Si solo esperamos en esta vida, somos los más desgraciados de los hombres todos. Solo queda la esperanza individual en el más allá, representada por la confesión y absolución final del príncipe, que tiene mucho de convención también, sí, pero que recibe como quien se retira por fin al descanso. Qué se hizo de la belleza, de la lozanía, de los amores, aquellos valses, aquellas bravatas entre compañeros de armas. Todo lanzado por la ventana como el perro Bendicò, disecado, al final del drama. En ese sentido, Lampedusa fue mucho más lúcido que sus contemporáneos aún seducidos por la ilusión marxista, y no es extraño que la novela inspirara rechazo en los editores más notables del momento, como lo inspiró Rebelión en la granja, por ejemplo. Hoy miramos con más objetividad y podemos apreciar este primer y casi único fruto de un artista cuya temprana muerte lamentamos.

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