11 febrero 2017

El asiento del conductor


¿Quién es Lise? Uno se va a quedar con las ganas de saberlo, y eso que Muriel Spark nos da toda clase de detalles sobre su aspecto y sobre sus actividades en el breve espacio de tiempo en que transcurre la historia. Realmente, esto parece un cuento camuflado de novela. Tiene las características del cuento pero no tiene su extensión, aunque se trate de una novela breve. Es la crónica de un momento decisivo en la vida de un personaje, pero sin que se nos revelen antecedentes ni consecuentes. Tal vez le hubiera gustado a Chejov.

Aunque narra en presente, Spark no tiene empacho en revelarnos el final de su personaje casi desde el principio, al estilo de la Crónica de una muerte anunciada del otro. Se diría, como allí, una crónica periodística, llena de datos pero con ausencia del mundo interior de los actores. Es lo que me enseñaron a llamar técnica behaviorista o conductista en la novela. Uno quiere saber, uno trata casi de gritar, diciendo no lo hagas, preguntando cuál es el problema, puedo yo ayudar, pero le será negado todo apoyo. Ella coge lo que dice serán las vacaciones de su vida, se compra el modelito más hortera que encuentra, hace todo lo posible por dejar pistas y camina con paso seguro hacia su ligue macabro. ¿Una parábola? ¿Un experimento narrativo? Me quedo tan perplejo como con Flannery O´Connor, a pesar de las diferencias.

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07 febrero 2017

Guillaume Derville, sobre el pudor

La persona impúdica recuerda a ciertos monos de los que hablaba Chateaubriand: trepan a los más alto de los árboles, siempre más arriba, para mostrar allí lo que deberían ocultar.

(En Amor y desamor)


24 enero 2017

El Padre


Por supuesto, no pensé que llegaría a serlo este Fernando Ocáriz Braña que firmaba el folleto La resurrección de Cristo, de la colección Folletos Mundo Cristiano, hoy MC dbolsillo (una de las iniciativas editoriales más meritorias de la España del siglo XX, como nunca se dirá bastante). En la foto, un cura joven de cierta apostura, con una mirada firme como la de los héroes de mi infancia, pero al mismo tiempo feliz, si no soy demasiado fantasioso. Cuando fue nombrado vicario general del Opus Dei usaba gafas y el desierto había ganado casi todo el terreno sobre su cabeza, pero la mirada permanecía. Como el desierto también ha avanzado sobre mi cabeza, pero en sentido diverso, no recordaba que era él también el autor del libro sobre el Tratado de la tolerancia de Voltaire, el único título que me he leído de otra colección también muy meritoria de la editorial Magisterio Español, que se dedicaba a divulgar grandes obras de la filosofía.

Hoy por hoy, no sé ni cómo habla, siempre silencioso al lado de don Javier, aunque creo que escuché una meditación suya en Oviedo. Como sus predecesores, se ocultaba y desaparecía.

No le ha caído nada encima. Oremus pro Patre.

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15 enero 2017

Cuentos completos (Flannery O´Connor)


Decía Miguel Delibes que la novela no debía tener como fin entretener, sino inquietar. En ese sentido, los relatos de Flannery O´Connor son ejemplares. Inquietan en más de un sentido, ya que no solo nos dibujan unos seres humanos realmente monstruosos, muy cercanos al auténtico rostro del pecado, que solo Dios puede ver en su esencialidad, sino que nos dejan siempre con la duda ante el sentido del propio relato. Y esto lo digo como un dardo lanzado contra mí mismo, confesando mi impotencia como lector ante una artista que adivino muy superior a mis fuerzas.

Por suerte cuento con los artículos que nos enlaza Ángel Ruiz Pérez en su blog sobre la autora, que, aunque en inglés, lengua que comprendo a muy bajo nivel, me permiten aclararme un poco, como me sucede con esas películas de autor en que tras leer los comentarios me digo: "ah, claro, era eso". Y lo que más me sorprende es cómo todos estos exegetas encuentran el papel de la gracia divina, nada menos, en los relatos de la O´Connor. Bien es cierto que ella misma se ha encargado de revelárnoslo, en cartas y artículos. Pero yo, salvo en alguno como "Revelación", ni flores. Es cierto que se aprecia en la mayoría un algo que sucede en determinado momento y que parece influir en el protagonista. Veo que algo le sucede a Parker cuando ve arder su tractor, pero no imagino que a partir de ahí se le revela el valor de la encarnación de Dios que él buscaba a ciegas en sus tatuajes, y mucho menos me imagino cómo puede influir esa gracia en su conducta posterior, posterior al final del cuento, quiero decir. Final que, al menos aparentemente, es, como en muchos otros, de una tremenda desolación. En fin, una lección de humildad. 

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13 enero 2017

Tan simpático como anodino, sí.

Jean Guitton en diálgo ficticio con Henri Bergson.

¿No se ha dado usted cuenta, Bergson, cómo el cristianismo, una vez quitado lo sobrenatural real, se vuelve anodino? ¿Qué queda? Un moralismo respetable y bastante constriñente; un humanitarismo que parece que busca excusar a Dios de no haber suprimido las miserias humanas; un "solidarismo" simpático; una esperanza vaga en la mejora de los asuntos del siglo. Todo esto no es sólido, todo esto no es profundo. ¿Hay que desplazar a Dios en persona para enseñar esas banalidades virtuosas? Quite lo sobrenatural, el cristianismo es vacuidad. 





28 diciembre 2016

Quare fremuerunt gentes






La reacción de los madrileños colocando belenes en la Puerta del sol, para suplir el que su alcaldesa proislamista se había negado a instalar, ha sido para mí la mejor noticia de estas navidades. Me ha recordado el monte de las cruces en Lituania.


Hay vida, hay esperanza.

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22 diciembre 2016

El amor o la fuerza del sino


Leer a Chesterton es con frecuencia arduo, por ese estilo concentrado y agudo que se gasta, de referencias no siempre fáciles de captar, y hablo por mí, claro. Pero merece la pena hacerlo para toparse con esas perlas de sentido común con que nos regala a cada paso. El amor o la fuerza del sino es el título español que el profesor Álvaro de Silva ha puesto a su selección de artículos y de fragmentos chestertonianos en torno al matrimonio y la familia. Por supuesto, en esta materia necesitamos una cura de sentido común más que urgente.

Como de costumbre, Chesterton vuelve del revés los argumentos de los modernos de su época, que no eran más que los abuelos o bisabuelos (no tengo ganas de contar años) de los que hoy andan empeñados en la deconstrucción del sexo y la familia. Algún ejemplo escandaloso: el hogar es el sitio donde la mujer se halla más libre. La idea del hogar como el reino de la libertad planea, en efecto, a lo largo de todo el volumen y se inscribe en esa defensa de lo pequeño que caracterizaba el pensamiento de nuestro hombre. La mujer es también la educadora global (o integral, por utilizar otro palabro muy en boga) y resulta disparatado el afán de sustraerla de ese papel para situarla en otro más limitado. La "superstición del divorcio" (¿incompatibilidad de caracteres? ¿No es esa una base para edificar y no para destruir?), el papel del capitalismo en la crisis de la familia o su interesante análisis de la mentalidad femenina a partir del Macbeth son otras de las teclas que toca este libro, al que también acompañan poemas de Chesterton, por supuesto muy sosos después de la traducción.

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17 diciembre 2016

Novelas sobre ciudadan@s afroamerican@s


La retirada de Matar a un ruiseñor y Huckleberry Finn de algunas escuelas de Virginia, a instancias de un padre molesto por su "lenguaje racista", ilustra bastante bien esa "apoteosis de la superficialidad" que alguien enunció como diagnóstico de nuestro tiempo, hace algunos años. Si a esa superficialidad le añadimos la hipersensibilidad que ve en cualquier cosa un derecho conculcado, tendremos el origen de esta y de muchas tropelías semejantes que nos dejan perplejos.

La anécdota me recuerda el modo como Fernando Vizcaíno Casas se burlaba de la censura sufrida, en su día, por la novela La fiel infantería, de Rafael García Serrano, de la que se retiraron algunas expresiones soeces, una de ellas, al parecer, en boca de un soldado al que le había caído una piedra en el pie. Por lo visto, ironizaba Vizcaíno, el censor hubiera preferido que el soldado dijera: "¡Cielos, y cuánto infortunio el mío! ¡En verdad que duele esta contractura!"

De modo que el gran alegato contra los prejuicios raciales escrito por Harper Lee molesta porque alguien llama a los negros como solían llamarles en la época y el lugar en que se desarrolla la obra. Y que la novela de la que según Hemingway procedía toda la literatura norteamericana moderna, un delicioso canto a la amistad entre un blanco y un negro, no deben leerla los niños de hoy porque sus personajes no se refieren a los negros como ciudadanos y ciudadanas afroamerican@s...

Pero qué se apuestan a que si un padre se hubiera quejado de los libros de Haruki Murakami por verduscos y guarros, no los habrían retirado sino que habrían puesto al padre en su sitio...


11 diciembre 2016

Más de cristianos y marxistas

Creéis compartir con el marxista su rebelión contra la injusticia, y no la compartís en absoluto. Porque os rebeláis contra cierto número de injusticias –todo lo grandes que queráis. Pero el marxista se rebela contra la condición humana misma, es decir, contra el pecado original. Pretende organizar el mundo como si el pecado original no existiera, o como si no fuera más que una invención de la clase explotadora; y ciertamente es mucho más grave, o al menos más peligroso para el hombre, negar el pecado original que negar a Dios. 

De Georges Bernanos, en Presencia de Bernanos, de Luc Estang. Citado por Moeller en uno de sus tomazos






06 diciembre 2016

Aspectos de la novela


E. M. Forster fue novelista, en concreto autor, entre otras, de la historia en que se basó aquel rollazo postalero titulado Una habitación con vistas, y además teórico del arte de novelar, tal como se ve en este ensayo que se ha convertido en eso que se llama "obra de referencia" en Teoría literaria. Se trata de un ciclo de conferencias, y eso se nota en el estilo. El tipo es muy sutil, y así, por ejemplo, distingue entre historia y argumento, consistiendo el segundo en el modo de concatenar los hechos que constituyen la historia, o al menos eso me parece haber entendido. El caso es que cada concepto le da para una conferencia. Otra la dedica a La gente, es decir, a los personajes, tratando, con bastante ingenio, de distinguir al homo sapiens del homo fictus, como él dice, es decir, al ser humano real y al personaje de novela; e introduciendo también aquí su famosa dicotomía de personajes planos frente a personajes redondos. Si ha captado la diferencia, el redondo es el menos previsible, el de personalidad más proteica, por así decirlo, mientras que uno puede siempre conjeturar cómo actuará el personaje plano.

No estoy seguro de haber comprendido otro distingo que le ocupa otro par de conferencias, el que realiza entre fantasía y profecía. No sé si al hablar de novelas proféticas (desde luego, no son las que predicen el futuro) se refiere a aquellas que se erigen en portavoces de un mensaje trascendental para su época. El caso es que al mencionar entre los profetas a Dostoievski se aleja de una norma que había seguido casi invariablemente a lo largo de su discurso, que es la de referirse sólo a novelas en inglés, cosa que me fastidia un poco porque compruebo lo que me falta por conocer en ese ámbito.

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03 diciembre 2016

Peligro público


Una entrevista en directo es peliaguda, sobre todo si te piden opiniones de lo que no es lo tuyo. Llevaron a Javier Cercas a un Festival de literatura infantil y juvenil (Fundación Santillana) y no tuvo más remedio que soltar tópicos y alguna gracieta. Entre otras cosas, va y dice: "La persona que lee es un peligro público".

Para el poder, se supone, claro. Sí, hay gente a quien le gusta creer que vivimos en un régimen totalitario. Son sobre todo jovencitos radicales que encuentran así la justificación para embadurnar las paredes. Algo turbio se vislumbra, como ya he sugerido aquí alguna vez, con las leyes Lgb y tal, pero a día de hoy, hombre, ya quisieran los cubanos y los coreanos. Sin mencionar que, en un régimen como esos, sería difícil encontrar algo cuya lectura te convirtiera en "peligro público". Ya se encargan ellos.

Es cierto que la persona bien formada es un peligro para todo aspirante a controlar la sociedad, y por eso se diseñó la Logse por ejemplo. Pero estar bien formado no es leer así comoquiera; no es leer cualquier cosa, en plan intransitivo, al gusto de la beatería de la lectura que tanto abunda en ambientes académicos y que lleva a los chicos a pensar que con unas intrascendentes historietas de chavales pueden sentirse inmunes a toda manipulación. El directo es peligroso, pero yo, en lugar de Cercas, tal vez habría dicho que una persona que lee es, ante todo, una esperanza.



30 noviembre 2016

El primer comunista


Algún propagandista lanzó el eslogan y muchos mentecatos inteligentes lo repiten: "Jesucristo fue el primer comunista". ¿Acaso no estaba en contra de los ricos y hartos?

¿Acaso no alababa a los pobres y necesitados? ¿Acaso no se rodeó de gentes sencillas, de proletarios? ¿Acaso no tronó contra los sacerdotes profesionales, cuyo odio acabó por ocasionar su muerte? ¿Acaso no se saltó la idea elitista del pueblo judío haciéndose amigo de los pobres de otros pueblos? ¿Acaso no se preocupó siempre de la suerte de la gente sencilla? ¿No vivió acaso con sus apóstoles en una comunidad puramente comunista?

"Resulta muy seductor", dije, cuando uno de esos mentecatos inteligentes me expuso todo esto. "Permítame, sin embargo, que añada todavía un par de preguntas. ¿Enseñó Cristo también que toda religión es opio para el pueblo? ¿Que Dios es un invento de la burguesía y los capitalistas para mantener en sus límites al proletariado? ¿Que lo único que importa es la vida terrenal, porque es la única que existe? ¿Que la meta final de la humanidad es el ordenamiento paradisíaco del Estado y que deberá comenzar matando a los gobernantes actuales? ¿Que la moral es un invento de los capitalistas para frenar al proletario? ¿Que solo importa una clase determinada de hombres, los proletarios? ¿Que la vida del individuo no tiene ningún valor frente a los intereses del Estado? ¿Acaso Jesucristo fue un precursor del materialismo? ¿Consideraba que la oración era una estupidez y la visita al templo un acto reaccionario? Y finalmente, ¿encomendó a sus discípulos la misión de obligar a las personas a aceptar sus ideas por medio de la fuerza policial? Y aquí he de añadir que precisamente Él era quien entre todos los ostentadores de poder en el mundo habría tenido perfecto derecho a dar esa orden. Él era el más poderoso porque era Dios. Sin embargo, Dios, el único totalitario justificado, respeta el libre albedrío de los hombres. La frase "Jesucristo fue el primer comunista" es una obra de arte de la hipocresía. Pero si fuera cierto, habría que felicitar a sus dirigentes por su extraordinario parecido con el "primer comunista": Marx por su amor al prójimo lleno de bondad, Lenin por su humildad y caridad, y Stalin por su amor a la verdad y su disposición a perdonar.

En Louis de Wohl, Adán, Eva y el mono



22 noviembre 2016

Mein Führer, mein Führer!


Resulta que Adolfo Hitler vive (estamos en 1975, o por ahí, que es cuando se publica la novela) y es el solitario que habita un viejo molino en una localidad catalana, lugar hasta donde le ayudaron a huir algunos de sus colaboradores.

Este es el planteamiento de la novela, pero no vamos a encontrar un thriller histórico, por supuesto, sino una meditación sobre la muerte, el mal y la identidad, como es habitual en Carlos Rojas. Un joven, el hijo de uno de los colaboradores del führer, cruelmente humillado por este, llega hasta allí con el ánimo de matarlo, cosa que además le había encargado explícitamente su padre. Ambos se encuentran y mantienen un tenso diálogo que abarca un día y una noche, tiempo bien pautado capítulo a capítulo por el autor.

Hitler quiere morir. Es lo que buscó toda su vida, pero sus atrocidades, lejos de provocar que alguien lo matara, no hicieron sino convertir a los demás en envilecidos lacayos. Lo cual no deja de dar un punto de humor grotesco a la novela, pero además ilustra la tesis que viene enunciada en los lemas de Camus y Dos Passos que la encabezan: "El hombre no puede condenar a los demás sin condenarse a sí mismo", y "Todo hombre es capaz de todo crimen", respectivamente. Es la toma de conciencia de esta abyección radical del hombre por parte del joven lo que motivará el desenlace, no menos grotesco, de este diálogo infernal, que se pone, también, bajo el signo del Minotauro, la bestia que buscó la redención en la muerte, según la interpretación de Borges que figura también al frente de la novela.

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18 noviembre 2016

Desfibrilado


Carlos Herrera clama contra los tontos, y hace muy bien. Se ha inventado un desfibrilador de tontos y cada mañana pone de vuelta y media a tanto cantamañanas como, en, efecto, pulula por ahí. Poco imagina que hoy le he catalogado a él entre los potenciales clientes de dicho desfibrilador.

En efecto, aludiendo al incidente de 1981 (creo) en la Casa de Juntas de Guernica, volvió a repetir la estupidez que ya le oí hace unos cuentos años: que se levantaron los batasunos y se pusieron "a cantar el Cara al sol"...

Como se recordará, los batasunos interrumpieron el discurso del rey puño en alto mientras cantaban el Eusko Gudariak.

La intención, evidentemente, es comparar lo que a él le parece comparable. Bien es cierto que en esta ocasión dijo "el Cara al sol o algo así, el eusko nosequé..."

En fin, ya se ve que es muy difícil ir a la contra del discurso dominante sin disculparse de vez en cuando. "Que conste que a mí me caen también muy mal los fachas, tan mal como los de la ETA". Pues nada, Herrera: no se mueva que le desfibrilo un poco.


30 octubre 2016

Sosa... cáustico


Segunda República:

...unos pocos años que tanta nostalgia producen en la actualidad en ambientes que podríamos llamar tiernos en materia de saberes y lecturas.

En Francisco Sosa Wagner, La independencia del juez, ¿una fábula?


27 octubre 2016

Pedro Sánchez


Una de "menosprecio de corte y alabanza de aldea", marca de la casa. Solo que aquí Pereda se centra más en la corte: de hecho, la novela se desarrolla en su mayor parte en Madrid. El tal Pedro es un jovencito montañés que un día conoce a unos veraneantes (como diríamos hoy) de alto copete que le prometen un buen empleo en la capital, más alto que sus pequeñas ambiciones de sustituir a unos paisanos malquistos en la administración de las cosas del pueblo. Pero una vez allí, el gran señor, que resulta ser un ministro o al menos alto cargo en el gobierno, con fama de corrupto, no hace sino dar largas a nuestro hombre, hasta que a este le llega la oportunidad de medrar en el gran mundo por otra vía: la de dirigir un periódico progresista. Haciendo de la necesidad ideología, acaba convertido en uno de los líderes de la revolución liberal de 1854.

Como cabe esperar, Pedro es una víctima de las vanas ambiciones de la cortesanía y Pereda no deja de ridiculizar costumbres como los bailes de salón ("pasatiempo más propio de salvajes que de hombres cultos que se estiman en algo"), las cursiladas literarias (en el álbum de una dama "había estrofas en forma de cáliz, de guitarra, de cruz... sonetos encerrados en orlas de pichones con guirnaldas en el pico...") o los saraos interminables en casa de la gente guapa. Hay retratos intemporales, como el de las masas que nutren las algaradas ("abundaban las mujeres de rompe y rasga, y... los hombres de mala catadura; castas que parecen nacidas para estas cosas, porque nunca se las ve más que en los motines"; o escraches, podríamos añadir) o los políticos con dos caras: "Mire usted: mi padre es el mejor de los hombres en su familia, en los pasillos del teatro, en su pueblo de usted..., en todas partes menos en el sillón de su despacho oficial, y donde quiera que ejerza de político entre los suyos. En estos casos se transfigura y pierde la memoria de las cosas sencillas y ordinarias del mundo, porque lo posee de pies a cabeza el demonio del imperio con todas sus durezas y vanidades. Es una enfermedad propia de las gentes del oficio, y no tiene cura..."

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12 octubre 2016

Cuando todos somos toros


Hay algo que no suele salir en los debates sobre los bestias que desean la muerte a los toreros e incluso a niños enfermos que sueñan con serlo. Me refiero a esto: el español de cuarenta para abajo ha sido educado en la creencia de que el hombre no es más que un animal más evolucionado. Nada nos separa esencialmente, por tanto, de un toro, un perro o un gorila. De modo que la recíproca también es cierta: un toro, un perro o una oveja son "personas" menos evolucionadas. Si hacer violencia (y más aún hacérsela hasta la muerte) a un ser humano causa horror, para estos españoles subdesarrollados la que se hace a un animal merece la misma condena, en pura lógica.

Ya sé que esto no justifica a los miserables que expresan su odio por las redes, pues, independientemente de la educación que uno haya recibido, la mente humana se rebela por instinto contra un asesino y encuentra muy natural que se aplaste a una cucaracha. Digamos que no hace falta haber estudiado antropología para eso. Pero todos sabemos hasta qué punto humanizamos a los animales más cercanos biológicamente a nosotros e incluso les tomamos cariño. Añadamos encima el interés personal por ser un animal (que está en la base, no nos engañemos, de las ideologías materialistas), y tendremos listo el cóctel.

Como explicaba Martin Rhonheimer, nos va mucho en afirmar la diferencia radical de la persona con los animales, porque en la equiparación salimos perdiendo, y mucho. Pensemos en la eutanasia, por ejemplo: todos animales, todos apiolables llegado el caso. Porque al animalista, en el fondo, no le horroriza la muerte, sino el dolor. Despenaría sin dolor a su perro para evitarle sufrimientos; por qué no al abuelo que ya se siente inútil o le hacemos sentir inútil. La lógica es implacable.


11 octubre 2016

–¿La Ilustración es, pues, una contradicción?

Está en tensión entre su polo metafísico panteísta, que inspira racionalismos totalitarios, y su polo ético-político, que aspira a la libertad. 

No es mal modo de explicarlo. Es Jean Guitton (Mi testamento filosófico), en una imaginaria conversación con Henri Bergson, quien hace la pregunta.  



05 octubre 2016

El retrato de Dorian Gray


No me entusiasmaron nada los inicios, con ese sir Henry petulante y sus ocurrencias cínicas, que no sé si escandalizarían entonces, pero que hoy parecen propias de una celebridad televisiva cualquiera. Un Luis Eduardo Aute o un Joaquín Sabina resultan más ingeniosos.

Sucede que luego te das cuenta de que es el sir Henry el que va a quedar mal, o por lo menos como un pobre fantasma, ante la tragedia que se desarrolla en la novela. Frente a él, tal vez imagen del Oscar Wilde más superficial (de su máscara, como con acierto dice Ignacio Arellano), aparece aquí en su propio infierno un Dorian Gray en el que hoy es fácil ver la imagen del laicista contemporáneo y del que Wilde supo tomar distancias. Es ese hombre que huye de su propio retrato hasta el punto de asesinar a quien se lo muestra, porque no puede soportarlo. El hombre que se ha fabricado una respetabilidad artificial mientras viola su conciencia una y otra vez hasta la hora de la verdad. Si llamamos corrección política a la carita guapa de Dorian Gray e Iglesia al pintor que insiste en ponerlo frente a su imagen, la cuenta sale, aunque Oscar Wilde no tuviera una intención tan explícita y aunque la corrección política llevara otros nombres en su tiempo. Es curioso que en su día ciertos críticos tildaran la obra de diabólica, o poco menos. Wilde debió de reírse bastante con ello.

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02 octubre 2016

Damas soeces


Una de las conquistas sociales más apreciadas por las mujeres que aprecian las conquistas sociales es la de poder hablar tan procazmente como los hombres que hablan procazmente. Al menos a juzgar por lo que se oye. Ejemplo: tertulia de Carlos Herrera en la COPE. Sale a colación una coplilla que dice no sé qué de una vieja y un viejo. A la señora presente (y hasta entonces no me había percatado de que había una señora en la tertulia) le falta tiempo para manifestar que la conoce; por supuesto, se ponen a cantarla y la doña lo hace con visible entusiasmo.

Creo que aquel día salió de allí con sensación de plenitud. Y sin tener ni idea de que a los varones presentes probablemente les hizo el mismo efecto que verla cagando y con ojeras. Al menos a mí es lo que me pasa en esos casos, y tengo comprobado que no soy ninguna especie rara, antes bien me sucede con frecuencia constatar con disgusto que tengo tendencias muy adocenadas en casi todo. Otra cuestión es que la corrección política (y ya se sabe que la igualdad a ultranza es su mandamiento principal) impida manifestar estas cosas.