26 septiembre 2013

"Hasta los mejores alumnos le niegan el saludo"


Bueno, pues eso será problema de los mejores alumnos, que ya se ve que no son tan buenos, al menos en eso de la ciudadanía. "Esto es lo que me cabrea: yo digo blanco, tú dices negro y te pego un tiro", venía a decir el prota de la película Bajo las estrellas al oír la noticia de un atentado (lo que le costó acto seguido una paliza, por cierto). De negar el saludo a pegar un tiro hay sólo una diferencia de grado. Así que los mejores alumnos no hacían sino dar la razón a Wert en cuanto al fracaso de la educación socialista, hasta en su asignatura estrella. Y permiten atisbar cómo es la democracia de la generación indignada.

"Usted ha sido rechazado por los padres, los profesores y los rectores", dice además la Valenciano. Desde que a los socialistas les dio por decir el pueblo para referirse a ellos mismos, le han cogido gusto a esto de tomar el todo por la parte. Supongo que se refiere a ciertos padres (se le olvidó decir y madres, lo que aumentaría el número de colectivos), a ciertos profesores (idem con profesoras) y a ciertos rectores (idem), que si hay que juzgar por el número de los que se arrean de verde están en proporción de uno a cinco en el mejor de los casos. Pero es lo de siempre: ¿dónde estaban los otros cuatro quintos cuando arruinaron realmente la enseñanza pública?

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19 septiembre 2013

Ya que nadie más lo dice...


La experiencia ha demostrado de modo irrefragable que la gestión estatal es menos eficaz que la privada. ¿Qué sentido tienen, pues, las nacionalizaciones? Principalmente el de desposeer, o sea, el de satisfacer la envidia igualitaria. También es un hecho que la inversión particular es mucho más rentable e innovadora y crea más puestos de trabajo que la pública no subsidiaria. Entonces, ¿por qué se insiste en incrementar la participación estatal en la economía? En gran medida, para despersonalizar la propiedad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria. Es evidente que la mayor parte del gasto público no crea capital social, sino que se destina al consumo. ¿Por qué, entonces, arrebatar con una fiscalidad creciente a la inversión privada fracciones cada vez mayores de sus ahorros? También para que no haya ricos, es decir, para satisfacer la envidia igualitaria. Lo justo es que cada ciudadano tribute en proporción a sus rentas. Esto supuesto, ¿por qué, mediante la imposición progresiva, se hace pagar a unos hasta un porcentaje diez veces superior al de otros por la misma cantidad de ingresos? Para penalizar la superior capacidad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria. Lo equitativo es que las remuneraciones sean proporcionales a los rendimientos. En tal caso, ¿por qué se insiste en aproximar los salarios? Para que nadie gane más que otro y, de este modo, satisfacer la envidia igualitaria. El supremo incentivo para estimular la productividad son las primas de producción. ¿Por qué, entonces, se exige que los incrementos salariales sean lineales? Para castigar al más laborioso y preparado, con lo que se satisface la envidia igualitaria. Y así sucesivamente. 

Gonzalo Fernández de la Mora, La envidia igualitaria

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17 septiembre 2013

Sin miedo al futuro


Hace tiempo que tenía curiosidad por este libro, hoy completamente olvidado. El título viene a cifrar lo que para Joaquín Aguirre Bellver es una de las esencias del cristianismo, es decir, la virtud de la esperanza. La primera parte del libro, de hecho, se dedica a mostrar cómo el cristianismo vino a liberar al hombre de la prisión del eterno retorno, una creencia común a la mayor parte de las civilizaciones antiguas. Frente a ese eterno retorno, Cristo nos otorga la posibilidad de la salvación, de la vida eterna, constituido en definitivo sacerdote que entierra a los burócratas de la angustia, como llama el autor con feliz expresión a todos los sacerdotes de los viejos ritos. Nunca más, pues, encerrados en un círculo sin sentido, sino destinados a un trascendente más allá que nos ha de colmar (beatus significa colmado, realizado, dichoso, cosa que no dice el autor pero que me gusta recordar)

Aguirre Bellver, cronista político al fin, no puede evadirse de su circunstancia, la España de 1983, con el terrorismo de ETA en su apogeo, la cual le sirve para ilustrar sus reflexiones en torno a las virtudes cristianas y su reverso, llegando a veces al pegote, como sucede en un capítulo que es ampliación de una conferencia suya. Por otra parte, sus ideas tradicionalistas le juegan una mala pasada cuando critica la doctrina de la santificación del trabajo, que él entiende prácticamente como cooperación al mal, por coadyuvar al mantenimiento del capitalismo, enemigo, como el marxismo, de la religión de Cristo. Me pregunto qué idea tenía de la vida de los primeros cristianos.

Pero esto no es más que un pequeño bache en una exposición por lo general brillante, centrada en el vuelco que supusieron para la humanidad las tres virtudes teologales. La fe y la esperanza no serían sino adhesión a la vida, identificada con Cristo, vencedor de la muerte. Y la sustancia de esa vida es la caridad, que supera los guetos y las catacumbas para ir al encuentro de todo hombre. 

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13 septiembre 2013

Laura y el clic


Cómo se reía todo el mundo cuando una ganadora de Gran hermano fue incapaz de decir el nombre de los Reyes Católicos, el año en que empezó la guerra civil española o las naciones que componen la Península Ibérica. Y no sé de qué se reían. Al fin y al cabo, estamos ante una chica educada con métodos innovadores, alejados del aprendizaje memorístico y de la mera transmisión de conocimientos. ¿Por qué tendría que aprender esas cosas? Hoy "el conocimiento, con un clic, está al alcance de todos"; "cualquiera puede conocer en segundos la fecha de la muerte de Napoleón o la raíz cuadrada de 5360".

Tales estupideces vienen repitiéndose como un mantra desde hace años, pero no esperaba encontrármelas en la revista Misión, que las vende (es un decir, porque la revista es gratis) en un reportaje sobre "innovaciones educativas", en perfecta sintonía con las teorías pedagógicas norteamericanas de principios del siglo XX y con la LOGSE española, por supuesto. No enseñes contenidos, fomenta la creatividad y las destrezas (las competencias, se prefiere hoy). No me cabe duda de que las destrezas y competencias de Laura le permitieron ganar el concurso de marras y embolsarse una pasta bonita, ni de que en cuanto llegó a su casa corrió a hacer clic para informarse del nombre de los Reyes Católicos.

La fascinación paleta por las nuevas tecnologías está alcanzando cotas alarmantes. Seamos serios: los que estudiamos en la época pre-internet también teníamos información disponible, quizá no a un clic, pero sí a poco que nos molestáramos en consultar bibliotecas, hemerotecas o a alguno de esos viejos profesores (¿Dámaso Alonso, Menéndez Pidal?) idiotizados, hay que suponer, con aprendizajes memorísticos. Pero una cosa es la información y otra la formación, que incluye el estudio. Podríamos haber aprendido que 6 por 8 son 48 haciendo montoncitos de chinas en lugar de repetir como papagayos la tabla de multiplicar; sólo que habríamos tardado treinta años en terminar el bachillerato.

Sí, cuando me presenté a una oposición y me preguntaron por el Libro de Buen Amor pude haber respondido "déjeme usted quince minutos en la biblioteca del centro y le tengo resuelta esa cuestión". Tal vez las horas que pasé estudiando las características del estilo barroco me inhibieron las destrezas y las competencias. Esas que no me habrían servido para licenciarme en Filología pero sí para ganarme la vida como bufón de masas. Oh, Laura, producto acabado de la innovación educativa. Todos los pioneros son incomprendidos. 

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11 septiembre 2013

Italiano


...aquella lengua blanda y cantarina, que sonaba como música, y que si significaba algo quizá fuese como un añadido sin importancia a su sonoridad.

En Carlos Pujol, Dos historias romanas
 
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08 septiembre 2013

"Fanfic"


Mira por dónde resulta que me pasé media infancia haciendo fanfics, y yo sin enterarme. El fanfic consiste, al parecer, en inventarse nuevas historias del Señor de los Anillos, de Harry Potter, Idhun o personajes similares, y colgarlas en la red.

Mutatis mutandis (mutando sobre todo la red) lo mío era algo así. Cogía un cuaderno escolar de los de a duro, con rayas y todo, y con un rotulador y unos lápices Alpino me montaba unas historietas de campeonato, con héroes melenudos y villanos calvos, como los de mis tebeos favoritos. Eso sí, sólo las veía mi momó. Y mi hermano menor, que se dedicaba a lo mismo, qué remedio.

Lo de fan es por fan, y lo de fic por ficción. Yo era fan de algunos personajes de cómic incluso antes de conocer más que su nombre y su aspecto. Los de Marvel, por ejemplo, que tardaron en hacerse asequibles a mi peculio. Pero eso no me arredraba. A La Masa (The Hulk) lo convertí en un tipo hercúleo normal y lo monté en un barco con tres compañeros de aventuras, como el Capitán Trueno. Los cánones realistas de Víctor Mora pesaban.

En otra ocasión, y ya con holgura económica como para conocer vida y milagros de cualquier superhéroe, reuní a todos los de Marvel y los de DC (no tenía problemas de copyright) para una misión especialmente peligrosa. Acudieron al llamado del Capitán Marvel, que era el no va más en empresas de alcance cósmico.

Podría contar mil meteduras de pata históricas, geográficas, de argumento, de indumentaria, de nombres propios, que se dieron cita en aquellos cuadernos. Pero como dice Daniel Cassany en En_línea (que es donde me entero de esto de los fanfic) sólo los tipos cerrados de mente consideran superiores a Delibes o a Rulfo sobre estos creadores de fanfic. Lo dice así, se lo juro, con ese aplomo. A pesar de todo, seguiré leyéndole, porque explica muy bien todo lo referente a lectura y escritura en la red, y para eso no necesita la sensatez.



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07 septiembre 2013

Dos historias romanas


Dos historias protagonizadas por dos personajes que podrían haber sido el mismo: un personaje muy del gusto de Carlos Pujol, con una inteligencia superior a la media y unas maneras exquisitas, pero abúlico y escéptico, con un escepticismo que le lleva a quedar en un plácido anonimato. El don Pablo de la primera y el Manuel de la segunda ven pasar la historia y prefieren que no les salpique. Se diría que su visión es panorámica y saben lo que pueden dar de sí las aventuras, las revoluciones y las ideologías.

Viven de hecho en dos momentos fuertes de la historia contemporánea: la unificación italiana y la segunda guerra mundial. No sé hasta qué punto hay intención de sugerir un eterno retorno de las ambiciones políticas; lo cierto es que están ahí sirviendo de fondo a las historietas privadas. Que tampoco presentan grandes sobresaltos: don Pablo ha viajado a Roma para no hacer nada, su sueño dorado; y se relaciona con extranjeros como él que tampoco se matan: discuten, se enamoran, hasta juegan a espías alguna vez. Manuel huye de una España grandilocuente para encontrar una Italia similar y contemplar asombrado las excentricidades de su hermana. Son encantadores, todos. Les envidio la serenidad y la mirada amable sin ingenuidad y desengañada sin amargura. Al final, hacen más bien a sus prójimos que los figurones históricos del fondo.

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04 septiembre 2013

Lo que hay


-El problema que tiene el cuerpo de policía -dijo casi con suavidad- es muy complicado. Se parece a la política. Exige hombres de una honradez a toda prueba, pero tiene muy poco que ofrecer a ese tipo de personas. En consecuencia, tenemos que trabajar con lo que tenemos. Y lo que tenemos es esto.

Capitán Webber, en La dama del lago, de Raymond Chandler

01 septiembre 2013

Estilos


Aludiendo sin duda al Frente de Juventudes, declara Ignacio Gracia Noriega, para quien lo dudase, que "nunca fue un niño vestido de pijo en seguimiento de un pijo vestido de niño".

Está en su derecho. Tal vez sea más partidario de estos otros:

--He visto [en España] fiestas populares en directo y en televisión. Gente emborrachándose, consumiendo droga, danto saltos y gritos sin sentido, vomitando, bandas de música estridentes y con un rock muy bruto… todo con una euforia infantil. Me han parecido, en general, un espectáculo simiesco. ¿Son siempre así?

(Un profesor norteamericano, citado por Pío Moa)

Son estilos.

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24 agosto 2013

Eichmann en Jerusalén


A un ser humano le resulta difícilmente comprensible que otro ser humano le odie por el mero hecho de haber nacido con una determinada nacionalidad, raza o cualquier otra característica ajena a la propia responsabilidad. Se entiende, pues, que este libro se dedique principalmente a indagar qué había en la conciencia de Eichmann, ya que no estábamos ante un psicópata ni un megalómano sin escrúpulos. La respuesta implícita, ya que Arendt no lo formula nunca así, es que había sustituido la conciencia por la ideología, como un personaje de Dashiell Hammett afirmaba ser capaz de sustituir el sueño por ginebra, pero esta vez de modo permanente. Ese fue el drama de todos los nacionalsocialistas, como también el de los comunistas, claro, y del totalitarismo en general. Que Eichmann se declarase kantiano, es decir, partidario de una moral autónoma frente a normas morales objetivas, no resulta tan descabellado como parece pensar la autora.

El bien y el mal tal como los había comprendido la humanidad hasta ese momento no contaban para los nazis, que inventaron un nuevo sistema de valores propio de la nueva Alemania, o de la raza aria también inventada. A ese nuevo sistema de valores correspondía un nuevo lenguaje, que eliminaba las connotaciones peyorativas de actos como matar o encarcelar a los presuntos enemigos, y del que el ejemplo típico es la famosa solución final. Bien podía tratarse de un mero lenguaje en clave para despistar al enemigo de guerra, pero uno no puede por menos de compararlo con los eufemismos con los que hoy se encubren atrocidades no menores.

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22 agosto 2013

Frase de calendario (pero me gusta)

El aprendizaje puede y debe ser un placer, pero se ha de asemejar más al que se siente cuando se asciende una montaña que al que se experimenta sentándose en su cima para contemplar el paisaje.

M. Schneider y E. Stern, citado por Eric D. Hirsch, La escuela que necesitamos

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19 agosto 2013

El grito de la lechuza


A Robert le llaman loco, y Patricia Highsmith se pasa buena parte del relato haciéndonos sospechar que quizá lo esté. En el fondo, mantener esa incertidumbre (ese suspense) es una de las notas de todo buen narrador de thriller. Sólo que aquí, como en Crímenes imaginarios, la Highsmith abusa de situaciones anodinas, amenizadas con whisky, que desesperan un poco. Y como de costumbre, la tela de araña se va tejiendo en torno al inocente protagonista para terminar del modo más absurdo posible. Bueno, en este caso, para gozo del lector vulgar (como yo, quiero decir), acaban dando para el pelo al personaje más odioso.

Y no, Robert no está loco; tan solo es un pobre hombre y un imprudente de marca. Puedes verte en embrollos con mujeres sin buscarlo, pero quien busca encuentra. Esta es la historia de un depresivo que se casó con una arpía y al que le da por merodear por la casa de una jovencita sin más objeto que imaginársela feliz. Ese es su primer error, y el segundo, aceptar sus invitaciones e invitarla a su vez. Resulta que no todo era equilibrio en la joven de la ventana y que tenía uno de los novios más imbéciles de la novela negra. Y empieza la telaraña. No me parece una estupenda novela, pero con esta mujer siempre vuelvo a picar. Algo tendrá.

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18 agosto 2013

Ortega, antiintelectual



Mientras en Madrid los comunistas y sus afines obligaban, bajo las más graves amenazas, a escritores y profesores a firmar manifiestos, a hablar por radio, etc., cómodamente sentados en sus despachos o en sus clubs, exentos de toda presión, algunos de los principales escritores ingleses firmaban otro manifiesto donde se garantizaba que esos comunistas y sus afines eran los defensores de la libertad. Evitemos los aspavientos y las frases, pero déjeseme invitar al lector inglés a que imagine cuál pudo ser mi primer movimiento ante hecho semejante que oscila entre lo grotesco y lo trágico. Porque no es fácil encontrarse con mayor incongruencia. [...] Desde hace muchos años me ocupo en hacer notar la frivolidad y la irresponsabilidad frecuentes en el intelectual europeo, que he denunciado como un factor de primera magnitud entre las causas del presente desorden [...]

Hace unos días, Alberto Einstein se ha creído con "derecho" a opinar sobre la guerra civil española y tomar posición ante ella. Ahora bien: Alberto Einstein usufructúa una ignorancia radical sobre lo que ha pasado en España ahora, hace siglos y siempre. El espíritu que le lleva a esta insolente intervención es el mismo que desde hace mucho tiempo viene causando el desprestigio universal del hombre intelectual, el cual, a su vez, hace que hoy vaya el mundo a la deriva, falto de pouvoir spirituel.

En cuanto al pacifismo, junio de 1938

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14 agosto 2013

Desnudo y disponible


La página en blanco es uno de los temas favoritos del Líder [totalitario], que suspira por el espacio raso, el individuo sin experiencia, memoria ni historia, el ser colectivo, anónimo, tan desnudo y disponible como en la infancia.

Mercedes Rosúa, El archipiélago Orwell

Pero, por supuesto, esto no tiene nada que ver con la guerra a los contenidos en la pedagogía progresista. Claro.

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13 agosto 2013

Cultura política y conciencia cristiana


No sé si sirve de algo emplear la razón frente a una clase dirigente instalada en el prejuicio. Cuando lees que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dice que la Ley de Defensa del Matrimonio obedece al "puro deseo de perjudicar a un grupo" te preguntas si no sería mejor pasarte directamente a otra civilización, de esas de la alianza, la gloriosa. Pero, ya que la razón es lo que nos configura como humanos, al menos servirá para "dar razón de nuestra esperanza" cuando nos lleven al martirio, de un modo u  otro.

Justamente el matrimonio, y su actual redefinición por parte de unos locos peligrosos con escaño, es uno de los temas que toca Ángel Rodríguez Luño en este Cultura política y conciencia cristiana. Dos conceptos cuya relación ha sido, cuando menos, problemática desde el asalto al poder por el laicismo a partir del siglo XIX. Para reconciliarlos no sirve ya el recurso a los partidos católicos, que constreñían a una opción política la libre actuación de los fieles en la esfera pública. Por eso, libros como este, junto a otros como el de Martin Rhonheimer ya comentado aquí, resultan imprescindibles para abrir nuevos caminos en esa dirección. Por supuesto, no son un cuerpo de doctrina, y se puede disentir todo lo que se quiera, pero son puntos de luz en un panorama bastante oscuro.

Estos Ensayos de ética política son en concreto nueve y fueron publicados en diversos lugares. Aparte del matrimonio, están presentes, como cabía esperar, cuestiones candentes como la del respeto a la vida, la laicidad y el relativismo, siempre siguiendo de cerca, como cabe esperar, las enseñanzas de los recientes pontificados. 

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11 agosto 2013

Nihil novum



Acudió Melanio entonces a recordar tiempos de su lejana historia griega, cuando la democracia iba construyéndose, y señaló una época en la que entre los que atracaban en las callejas de Atenas y el comportamiento de algunos del erario, la diferencia estaba en que aquéllos te hablaban de tú y los del erario de vuesa merced. Matizó Melanio que dado que en la lengua griega no existía el tú y el vuesarced para distinguir en el tratamiento, sino que éste se hacía mediante el uso del plural o de la interjección, lo más preciso sería decir que el del erario exclamaba: "Oh, contribuyente, venid a mí!", mientras que el rudo asaltador exigiría: "¡Contribuyente, descarga la bolsa!"

En Antonio Prieto, El embajador

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08 agosto 2013

Teléfonos espabilaos


Andaba yo pensando qué sería eso de smartphone cuando me acordé de una canción de un grupo de ska, creo, de los 80, Smart boys. Mi diccionario Everest me traducía smart como "listo, hábil, ingenioso, despierto, astuto"; vamos, eso que mi padre siempre me decía que tenía que ser en la vida. No es exactamente "inteligente". En castellano coloquial hay un término que creo que lo traduce con precisión: espabilado. 

No sé si es así como yo llamaría a mi teléfono. Es cierto que me sugiere palabras, que me avisa de todo puntualmente, que se desbloquea en un decir Jesús, pero, caramba, podría ser más rápido con internet, que es para lo que más le uso. Si esperaran tanto las liebres ya no las habría. Ahí será inteligente, pero smart...

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06 agosto 2013

Rendez-vous en negro


Uno tarda, y tarda mucho, en darse cuenta de que esta es la novela que inspiró La novia vestía de negro, no solo porque Truffaut cambia el sexo del protagonista y el resto de personajes y circunstancias, incluyendo el desenlace; sino porque el modo que tiene Woolrich de encadenar los acontecimientos te hace preguntarte qué está pasando, si el primer capítulo tiene unidad y si la tiene el primero con el segundo o este con el tercero... o es que los editores te están tomando el pelo. En eso, el formato electrónico es una ventaja, porque no caes en la tentación de leer la sinopsis de la contraportada, que disipa el encanto. Woolrich maneja con mano de maestro la elipsis, con igual destreza dosifica los datos, juega con el lector como lo haría un Hitchcock con sus espectadores... Bien es cierto que roza lo inverosímil y quizá haga más que rozarlo, pero el lector admite eso como parte del juego y lo sigue encantado. Importa poco que el protagonista reúna en sí los caracteres de un neurótico y de diez agentes de la CIA juntos, que le salga todo tan milimétricamente perfecto, o que el narrador recurra a un tono terrorífico y fatalista, sobre todo porque sabe compensarlo con otras secuencias de aire costumbrista donde se palpa una suave ironía contra costumbres y vicios intemporales.

Vamos, un thriller como Dios manda, quiero decir con auténtico talento narrativo. Genio, más bien. Tendría que remontarme al Tuareg de Alberto Vázquez-Figueroa para encontrar una novela que me mantuviese de tal modo pegado al asiento.

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30 julio 2013

¿Antiintelectuales? Pues bueno.


Va uno y se marca un libro con el título Los (anti)intelectuales de la derecha española. La intención ya se ve, pero el tío tiene que justificarlo, así que acude a un dato histórico cierto: el término intelectual, como sustantivo, nace en los años del asunto Dreyfus, designando a aquellos escritores, por lo general de izquierdas, que defendieron la inocencia del capitán frente a las gentes de orden (derechas) que le acusaban, movidos en parte por el muy extendido prejuicio antijudío de la época. Con el tiempo, el término se liberó de esa restricción significativa y pasó a designar a todo aquel que trabajaba con el intelecto: lo que en los tiempos antiguos era un filósofo, en la Edad Media un clérigo, en el Renacimiento un humanista y en el siglo XVIII español un literato. Y ello con independencia de las ideas del sujeto en cuestión. Pero ¿a qué dejar que la realidad te estropee un buen argumento, sobre todo si te permite sugerir, como quien no quiere la cosa, que los de derechas no piensan?

De todos modos, ¿por qué no seguirle el juego? Antiintelectuales: ¿y qué? Al fin y al cabo, una constante de los movimientos subversivos del pasado siglo ha sido el orgullo de contrariar los valores establecidos: se glorificó al antihéroe, se habló de la contracultura… Poco hay de vergonzoso en llevar la contraria a unos intelectuales que apoyaron el sistema político más sangriento de la historia y a otros que hoy son más orgánicos que los Pemanes o los Laínes de los 40: hoy los valores establecidos son los de la izquierda, hasta el punto de que lo que llamamos corrección política se basa en buena parte en ellos. Asi que, si yo viviera de escribir, no lo dudaría: he aquí un antiintelectual.

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23 julio 2013

Lección magistral


El soldado Bucky Paige está desolado porque su mujer le escribe diciendo que se ha enamorado de otro tío. Le deniegan el permiso para ir a casa. Su amigo le lee la cartilla.


--Entonces ve allí de todos modos. ¿Qué tienes en los extremos de tus brazos, nenúfares? –Levantó una de las muñecas de Paige y la dejó caer de nuevo--. Te pusieron los puños aquí para algo, ¿no crees? Lucha por ella. Tienes que pelear para separarlos. Tal como yo lo veo, si no lo haces, eres un gallina. Probablemente el tipo ni siquiera valga la pena. A mí me pasó algo parecido. Al principio de nuestra relación, tuve que partirle la cara a un tipo que tonteaba con mi Sadie en el paseo de Coney Island. Desde entonces –concluyó, dándose un puñetazo en la palma de la mano--, no hemos tenido el menor problema. Todo lo que ella hace es quedarse en casa y parir hijos.

En Cornell Woolrich, Rendez-vous en negro.

La última frase puede parecer desafortunada: hablamos de una mujer, no de un animal doméstico. Pero si ella se comporta como tal…

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