27 febrero 2012

Reflexionaba hace unos días


Javier de Navascués sobre el problemático papel del bien (así, en abstracto) en las novelas. Casualmente me encuentro ahora con esta aportación de Carlos Pujol:

El Bien es una presencia extraña y desconcertante en una novela, nunca se sabe cuándo estorba y cuándo salva el libro. Ingrediente imponderable y necesario que hay que manejar con un tacto exquisito, pero también dimensión sin la cual cualquier historia se hunde en el narcisismo y la futilidad.

(En Cuadernos de Escritura)

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24 febrero 2012

Pepa Niebla


Esto son las memorias de Jaime Gades Dartmoore, que por lo visto protagonizaba una obra teatral anterior de don Torcuato. Ocurre que, sin embargo, en la novela hay dos planos narrativos, pues esas memorias se las encargó el doctor Maldonado como procedimiento para hacer un diagnóstico de su presunta enfermedad mental, la de Jaime, claro. Desde mi punto de vista hubiera resultado ya una novela impresionante sólo con las memorias, pero tal vez el autor quiso rendir tributo a la moda experimental de la época (la novela es de 1970) o tal vez añadir un elemento de sorpresa, una vuelta de tuerca más a la trama, o quizá no sea nada de eso y estaba todo desde el principio en la concepción de la novela, como modo de ofrecernos un cuadro psiquiátrico como es el muy bien bosquejado de Jaime Dartmoore. De cualquier manera, el doble plano de la realidad no resulta forzado y configura una estructura convincente.

De hecho, no encuentrro en esta novela nada que justifique su exclusión, y la del autor, de los manuales de literatura convencionales. Habilidad narrativa, dominio del idioma, personajes consistentes, trabajada estructura... Todo ello deja a Cinco horas con Mario, por citar algo contemporáneo, como una simple ocurrencia que tuvo suerte. Tal vez resultan algo largos los episodios con Pepa Niebla en las Bahamas, pero a la postre resultan necesarios para la comprensión del personaje, tal como lo presenta Maldonado.

Por cierto: el autor es Torcuato Luca de Tena

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23 febrero 2012

Qué razón tienes

Por lo que veo, el amor es un bien que no puede existir en toda su plenitud. Tal vez los corazones que gozan de semejante bien son tímidos, se turban y se esconden, no quieren discutir con los listos que niegan su existencia. Tal vez se compadezcan de ellos, perdonan, en nombre de su felicidad, que pisoteen la flor que, por falta de terreno, puede echar profundas raíces y convertirse en un árbol capaz de cobijarles toda la vida.

Andrei Shtolz, en Oblómov, de I. A. Goncharov

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21 febrero 2012

Si Dios no existe


Este pensamiento da idea de lo que es la espiritualidad eslava frente a la occidental, aunque la suscriban un francés y un rumano.

... el jesuita Auguste Valensin enuncia lo esencial cuando admite que, por muy imposible que sea, no se arrepentiría de haber tenido fe aunque en el lecho de muerte se le mostrara con una evidencia irrefutable que se ha engañado, que no existe la vida futura y que ni siquiera existe Dios; por el contrario, se sentiría honrado de haber creído cosas como estas, puesto que, si el universo es estúpido y digno de desprecio, tanto peor para el universo; no se ha equivocado el que piensa que existe Dios, sino que el error es de Dios por no existir. ¡Para qué hablar más! No logro encontrar nada fuera o por encima del credo que formuló Dostoyevski y que presenta de una manera simple: creo que no existe nada más bello, más profundo, más seductor, más razonable, más varonil y más perfecto que Cristo; es más, si alguien me demostrara que Cristo está fuera de la verdad y que, de hecho, la verdad está fuera de Cristo, entonces yo preferiría quedarme con Cristo, antes que con la verdad.

(Nicolae Steinhardt, El diario de la felicidad)

Lo que es un modo de argumentar en contra del pesimismo popular que suele decir: demasiado bonito para ser cierto. En el caso de Cristo, es demasiado bonito para ser falso.

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20 febrero 2012

Calix


No le importa a su autor que se note que Calix es una especie de... desmitificación, por aceptar una palabra tan manida; una desmitificación del género histórico-esotérico que inició el inefable Código Da Vinci, fenómeno asimilable a los libros de caballerías por lo que logró cautivar a un amplio público desde unos presupuestos literarios deleznables. En tiempos de crisis de la lectura, ese éxito vino a ser un sarcasmo añadido.

Desmitificación, porque de lo que trata Sergio Lechuga Quijada es de rebajar la importancia de lo esotérico, viniendo a quedarse con lo histórico y dando a una trama que tiene como centro al Grial un final casi de Jardiel Poncela. Para misterio, dice, tenemos bastante con la Eucaristía; si el cáliz de Valencia es el auténtico cáliz de la Última Cena, importa poco, y no digamos lo que importan, cara a la realidad, las fantasías tejidas por mentes calenturientas en torno a ese objeto.

La novela sigue el esquema de sus modelos, alternando una trama policíaca más o menos actual (en este caso situada en la guerra del 36, mejor dicho en la inmediata posguerra) con un relato histórico que aquí sigue a lo largo de los siglos la peripecia del santo cáliz de Valencia. La trama no está mal urdida pero se anima sólo en el último cuarto del volumen, tras dejar atrás ratos cercanos al bostezo. Hay una clara (y loable) intención de dejar bien parada a la Iglesia, frente a sus modelos, y a cambio se la carga la Falange, que para eso está; y los nazis, claro.


(Me choca comprobar, por las imágenes, que el autor ha eliminado su primer apellido en ediciones posteriores. Es más elegante, no cabe duda).

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18 febrero 2012

Ilustrados


Louis-René de Caradeuc de la Chalotais, jurista, Essai d´Education nationale ou plan d´études pour la jeunesse (1792):

Los Hermanos de las Escuelas Cristianas, llamados Ignorantins, han llegado para acabar de estropearlo todo; enseñan a leer y a escribir a gente que no debiera haber aprendido sino a manejar el cepillo y la lima (...) El bien de la sociedad pide que los conocimientos del pueblo no se extiendan más allá de sus ocupaciones. Todo hombre que va más allá de su triste oficio no se contentará jamás con él, no tendrá el suficiente valor y paciencia.

Estos son los de las luces, te dicen...

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15 febrero 2012

Convenía; Garzón podía hacerlo, luego lo hizo.

Garzón sabe que lo suyo con el franquismo no tiene posibilidad de prosperar, así como debía saber que su actuación en lo de Gürtel violaba las garantías más básicas. Pero a Garzón no le interesaba sacar adelante una u otra causa judicial, sino contribuir a afianzar una visión de la historia.

Juzgar hoy los crímenes del franquismo, sea lo que sea lo que se entienda por tal, es como pretender encausar a los aliados por los crímenes cometidos en Alemania al término de la segunda guerra. Podría hacerse, pero tiene muy poco sentido no sólo por los años transcurridos sino porque, al fin y al cabo, el orden político actual se asienta en gran parte en aquella victoria. Igualmente, nuestra democracia desciende en línea recta del franquismo. La izquierda, sin embargo, a falta de otros elementos de credibilidad, necesita hacer ver que los españoles nos liberamos de un régimen despótico con gran esfuerzo, sobre todo, de ella misma, fundando algo nuevo sobre el repudio de lo anterior. Hablar de los crímenes del franquismo, cuanto más mejor, ayuda a cimentar esa idea. A Baltasar Garzón le importa muy poco acabar como héroe o como mártir, pues de hambre no morirá y el honor y el deshonor los otorgan hoy los medios. Si encima puede presentarse como víctima de los corruptos herederos del régimen por antonomasia, miel sobre hojuelas. Porque no es parte menor de la jugada el asociar de modo permanente al PP con el franquismo.

Poco importa, pues, el resultado: el objetivo está cumplido. Lo único que podría acabar con el héroe o el mártir es el tercer juicio, el que le muestra a él mismo como corrupto, aunque prescrito.

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13 febrero 2012

Cada hombre en su noche


Wilfred Ingram es católico en una familia de protestantes y tiene un vicio impenitente: las mujeres. En eso coincide con su tío Horace, otra rara avis católica que muere en paz al principio de la novela. Incapaz de abandonar su fe, Wilfred no quiere sin embrgo oír hablar de religión. Siempre con su rosario en el bolsillo y puntual cumplidor del precepto dominical, esconde no obstante el crucifijo de su habitación para no sentir su mirada reprobadora. Y, aunque no disimula su vicio, no hace proselitismo con él, antes bien trata de disuadir a otros que han seguido su ejemplo y llega a bautizar a su compañero de trabajo cuando este se halla en trance de muerte.

Esta podría ser una novela ilustrativa de aquel sermón de monseñor Knox sobre la fe, la cual sería como ese cristal que no pueden atravesar las moscas que están dentro, a pesar de sus intentos, ni pueden penetrar tampoco las que se hallan fuera; algo tan difícil de abandonar como de adoptar. En ese sentido, el primo Angus, increyente y homosexual, fascinado por la fe de Wilfred, vendría a representar a las moscas de fuera. Aparte de él, Wilfred se halla flanqueado por ejemplares, digamos fronterizos, como el pío Tommy, el pobre Freddie o el respetable señor Knight, sin olvidar, claro, al angustioso Max, al que uno está tentado, en efecto (el propio personaje lo admite), de identificar con el demonio y que desde el principio se me presentó como ese personaje antipático que no hay más remedio que soportar porque, contra tu opinión, el autor lo considera esencial.


Por cierto: el autor es Julien Green

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10 febrero 2012

Las ideas generales


Gran parte de las novelas de Galdós, y del XIX en general, se dedican a mostrar una idea viciada de la existencia cristiana en la sociedad civil. Véase este discurso de Juanito Santa Cruz (Fortunata y Jacinta), acabadamente burgués y opuesto a toda noción de santificación del mundo.

Yo le he dicho que a las personas muy buenas, muy buenas, es menester atarlas algunas veces. Esta es un ángel, y los ángeles caen en la tontería de creer que el mundo es el cielo. El mundo no es el cielo, ¿verdad, Ramón?, y nuestras acciones no pueden ser basadas en el criterio angelical. Si todo lo que piensan y sienten los ángeles, como mi mujer, se llevara a la práctica, la vida sería imposible, absolutamente imposible. Nuestras ideas deben inspirarse en las ideas generales, que son el ambiente moral en que vivimos. Yo bien sé que se debe aspirar a la perfección; pero no dando de puntapiés a la armonía del mundo..., ¡pues bueno estaría!..., a la armonía del mundo, que es..., para que lo sepas..., un grandioso mecanismo de imperfecciones, admirablemente equilibradas y combinadas.

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08 febrero 2012

Falsificadores


En Grandes esperanzas, Pip se refiere con agudeza a una experiencia común, pero rara vez admitida.

Todos los falsificadores de la tierra no son nada comparados con los que cometen falsificaciones consigo mismos, y con tales falsedades logré engañarme. Es muy curioso que yo pudiera tomar sin darme cuenta media corona falsa que me diese cualquier persona, pero sí resultaba extraordinario que, conociendo la ilegitimidad de las mismas monedas que yo fabricaba, las aceptase, sin embargo, como buenas. Cualquier desconocido amable, con pretexto de doblar mejor mis billetes de banco, podría escamoteármelos y darme, en cambio, papeles en blanco; pero, ¿qué era eso comparado conmigo mismo, cuando doblaba mis propios papeles en blanco y me los hacía pasar ante mis propios ojos como si fuesen billetes legítimos?

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06 febrero 2012

La fiel infantería


La gran sorpresa de esta lectura es encontrarse con una novela vanguardista. Es el estilo de García Serrano, brillante y brutal, pero potenciado por vías valleinclanianas y ramonianas que son también las del viejo conceptismo español de Quevedo y Gracián: una expresión condensada, elíptica, llena de metáforas y de alusiones, a veces oscuras, al contexto militar. Y, como en las novelas vanguardistas, el argumento es lo de menos, pues nos encontramos con un revoltijo de situaciones que varían no sólo en la realidad sino en el pensamiento de los personajes, que nos transportan continuamente a diversos momentos de su pasado reciente.

Hay tres narradores: Miguel, Matías y uno externo que sigue sobre todo las evoluciones de un tal Ramón. Pero los tres podrían haber sido el mismo, el García Serrano inflamado en pasión guerrera que tan bien conocemos. Tanto el autor como sus criaturas se hallan convencidos de la justicia de su causa, y orgullosos de ser los elegidos para llevarla adelante. Ellos están "fecundando la patria a tiros", gráfica expresión que puede resumir el tema de la novela. El mester de la milicia es el mejor que le puede a uno tocar en suerte, y morir con las botas puestas la mayor ventura. De aquí pasamos (nos pasamos, de rosca tal vez) a una cierta apología de la barbarie y a una identificación de la civilización con la molicie, la cobardía y la lujuria, lo que lleva a exaltar la arenga y la patada frente al diálogo. La cita de Montherlant que abre la tercera parte es significativa a este respecto. Vamos a pensar que son exageraciones de García Serrano en su afán de reivindicar las virtudes guerreras frente a lo que vendría después.

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03 febrero 2012

Círculo vicioso


Me escriben: [Estamos ante] una crisis de autoridad y de obediencia, cristalizada en una forma de círculo vicioso. El poder, no acompañado de una autoridad moral, se presenta sin credibilidad y no inspira una completa docilidad interior y convencida. A la vez, una desobediencia difundida retrae a la autoridad del cumplimiento del deber de dirigir y de mandar.

Aunque no se refiriese específicamente a ella, no deja de ser la mejor descripción de la situación de la enseñanza, no sólo en España.

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31 enero 2012

El sentido de la vara


Tenemos razón al denunciar el trabajo de los niños, su implicación en los conflictos armados, su falta de escolarización, la prostitución infantil, el incesto y las agresiones sexuales, pero no habría que omitir su abandono educativo, que es actualmente el problema mayoritario. La idea de pasar por un mal padre, de ser denunciado por profesores como consecuencia de un cachete lleva a los padres a no intervenir nunca. Ahora bien, si el castigo corporal no es un método pedagógico válido, puede ocurrir que un golpe sobre el cuerpo del niño obligue a comprender que ha franqueado un límite intolerable. Algunos, en efecto, no son capaces de entender una orden más que a partir de su cuerpo cuando son refractarios al sentido de las palabras. Al confundir todas las situaciones y al hacer pesar un descrédito sobre la más mínima reacción un poco viva de los padres, muchos adultos se mantienen en la ambivalencia: perciben lo que deben decir, pero no se atreven a hacerlo. Esta incoherencia no es estructurante para el niño y menos aún en el momento de la adolescencia en que las conductas de violencia alcanzarán una dimensión distinta.

A diferencia de Tony Anatrella (La diferencia prohibida) pienso que la razón de abstenerse de castigar a los hijos reside en la dificultad de distinguir al hijo de la mascota, a la que se mima y a la que se encierra (¿en el colegio?) cuando estorba. ¿Exagero? Sí, claro, pero tal vez venga en mi apoyo la costumbre de imponer a los niños nombres de ídolos o de vedettes en lugar de santos o advocaciones marianas, como otrora.

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29 enero 2012

La Orestea


Conviene leer la trilogía completa (Agamenón, Las Coéforas, Las Euménides) porque las tres conforman una unidad más estrecha de lo que sucede en otras tragedias griegas. Si lees Antígona o Medea has asistido a una obra completa, pero si sólo lees Agamenón o Las Coéforas te has quedado con una parte.

En todo caso, Esquilo es más primitivo que Sófocles o Eurípides y eso hace que la acción sea más exigua y que ocupen mayor espacio los fragmentos poéticos del coro. Es también más críptico y necesita mayor aparato de notas para un cabal entendimiento. Es, me parece, Las Euménides la pieza que presenta un mayor interés, al ser en ella donde se produce el desenlace. La batalla entre los viejos dioses (la Moira, las Furias) y los nuevos se hace aquí explícita, como paso de un régimen de matriarcado a otro patriarcal, y quizá con alguna otra implicación que se me escapa.

Lo que más sorprende a un hombre de la era cristiana es cómo los trágicos griegos hacen compatible la ausencia de responsabilidad personal con la conciencia de culpa. Una maldición pesa sobre la casa de Atreo, y esa maldición tiene la culpa de la muerte de Ifigenia y de la de Agamenón. Un dios, Apolo, ordena a Orestes vengar a su padre. Y, sin embargo, Orestes tilda de malvada a su madre y él mismo se vuelve loco después de acometer la venganza, mientras que las Furias le persiguen como a un delincuente. En fin, imagino que todo ello es consecuencia de la perplejidad del hombre antiguo ante la conciencia y la fatalidad.

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28 enero 2012

Espíritu gregario



Se refiere Claudio Magris a una parodia de Los novios, de Manzoni.

Muy a menudo la desacralización es un conformismo enmascarado, porque se dirige no ya a valores dominantes y temidos cuyo rechazo comporta un alto precio que pagar, sino a valores que, por lo menos en la sociedad cultural en la que vive el autor y de la que deriva su sustento y su éxito, ya han sido socavados y constituyen objeto de escarnio.

[...] Un escritor auténticamente libertario -y rebelde a los ídolos del mundo hasta su propia autodestrucción- como fue Joseph Roth proclamó en distintas ocasiones la difícil y creativa originalidad inherente a la fidelidad a una ley vivida y hecha propia con todo el ser de una persona y el desprecio por el espíritu gregario, tan a menudo inherente a la transgresión realizada sin querer pagar las consecuencias y además dándoselas de mártir cuando provoca alguna crítica, como quien tira la basura a la calle y se indigna, sintiéndose perseguido y por lo tanto gratificado, si un guardia urbano le impone una multa.

"Parodia y nostalgia", en Utopía y desencanto

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26 enero 2012

Quién perdonó

Otro ejemplo de cómo la derecha ha asimilado los esquemas de la izquierda: Javier González Ferrari (La Razón), dice que en la transición se perdonó el pasado franquista de muchos políticos.

Pues no, mireusted. Porque la transición la inició el propio régimen franquista. Lo que se perdonó fue el pasado criminal del PSOE y el PCE.

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25 enero 2012

Oliverio Twist


No está nada mal la traducción, antigua ya, de este Enrique Leopoldo de Verneuil, que vierte al español los nombres de pila; no por eso, claro, sino porque resulta difícil encontrar una falla en la expresión. Hay excepciones a aquella regla, como los nombres de Nancy, Betty o Charley, excepciones hechas, me parece, con buen criterio. Por su lado, Andrés Trapiello pone también un excelente prólogo. Sí, esta colección de Clásicos Universales Planeta tenía calidad.

Satisface siempre colver a los clásicos, aunque hayas visto mil y una versiones cinematográficas o televisivas. En mi caso, a Sikes y a Monks los recuerdo con la apariencia que les dio un telefilm de dibujos animados. También al Astuto Truhán. Allí los ladroncillos resultaban aún más simpáticos y los malos más grotescos en su maldad, claro.

Dickens pagó tributo a su tiempo en la expresión exagerada de las penas, y esto, lo lacrimógeno, es lo que peor ha envejecido. Pero acertó de lleno al retratar humanidades. En este sentido resulta interesantísimo su propio prólogo, donde reprocha a los muy decentes su escándalo ante el vivo retrato del hampa que aparece aquí. Los hombres, en efecto, somos capaces de grandes abyecciones y a la vez de mostrar un lado simpático. Pero, por lo que parece, había ya en su tiempo Coppolas y Scorseses que se dedicaban a abultar ese lado amable, con detrimento de la verdad. Esos no han sobrevivido. Sí lo han hecho los Fagin, Nancy, Dawkins y demás, por encima de sus antagonistas buenos, tan de cartón piedra.

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23 enero 2012

"Se trata de una tarea de urgencia"


Continúa Gómez Pérez:

A causa de la diferencia de tempus entre la institución familiar y el conjunto de las transformaciones sociales, el peligro de que el aumento de familias "desintegradas" se transforme en una sociedad decadente puede parecer algo remoto. Pero se olvidaría, en este caso, que el tempus de las transformaciones familiares, que al principio es lento, se hace más tarde prestissimo. Es, según el viejo aforismo, motus in fine velocior, un movimiento que, a partir de un determinado momento, se acelera. En una generación, en unos treinta años, puede crearse una cultura en la que se haya olvidado el significado de realidades como entrega, generosidad, sinceridad, para conjugar sólo la vieja combinatoria del vicio.

Esto se escribió, como digo, en el 83. Los treinta años están a punto de expirar. Juzgue cada cual.

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21 enero 2012

No cabe esperar,


en la situación europea de finales del siglo XX, actitudes decididas de los poderes públicos en apoyo de la indisolubilidad del matrimonio, del derecho a la vida, o en contra de la degradación de la sexualidad en pornoincultura. La alimentación del circuito ha de ser tarea privada de cientos de miles de familias. Esta tarea privada tiene, como se señaló al principio del capítulo, una indudable trascendencia pública.

Lo que no sospechaba Rafael Gómez Pérez en 1983 (El desafío cultural) es que pronto habría que poner en segundo lugar la indisolubilidad del matrimonio para dar prioridad a la defensa del matrimonio mismo. Y, aunque lo que dice es cierto, no está de más la presión sobre el poder político. Creo que eso es parte de lo que llaman democracia.

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19 enero 2012

Necesidad del mito


El mito es necesario porque el mito es la Palabra, así, con mayúscula; es la verdad. Con lo cual, Luis Alberto de Cuenca pasa por encima de aquella dicotomía que aprendimos en las clases de Filosofía, según la cual el mito se oponía al logos, siendo este propio de una sociedad, digamos, adulta, mientras que aquel sería patrimonio de culturas en minoría de edad.

Pero, si el mito es la verdad, sólo cabe concluir que, o bien todos los mitos vienen a ser el mismo, o bien cada pueblo tiene su verdad. Cuenca no llega a definirse en este aspecto, pero sí que insiste en las similitudes de personajes, hechos... que observamos en los mitos. Así, por ejemplo, la muerte y resurrección del dios. Uno ya suponía que Cuenca iba a adoptar una perspectiva de indiferentismo religioso, muy snob por otra parte, aunque no para negar lo religioso sino para afirmarlo, en una especie de globalización de lo sagrado. No distingue, pues, la Revelación cristiana de los mitos, pero, eso sí, la afirma como la más prodigiosa síntesis de todos los mitos precedentes. Sin explicarlo mucho, ni poco.

Su distinción entre mito, leyenda y cuento es más seria que todo esto, y algo superficial quizá (aunque muy propia de un mitómano) su idea de que los viejos mitos perviven en los actuales héroes del cine y del cómic. Más de acuerdo me siento con su visión de las ideologías del siglo XX, nacionalsocialismo y marxismo, como nuevos mitos; no porque sean verdad, sino por constituir una interpretación total del mundo con pretensión de verdad, incluyendo héroes individuales y colectivos.

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18 enero 2012

Cultura de la muerte


En el local se vendían, sobre todo, papelería y reproducciones de cuadros... La habitación estrecha, profunda y en penumbra, me recordó una antigua caverna con pinturas; pero la mayoría de los cuadros modernos colgados de las paredes no mostraban tanta vida como las pinturas de las cavernas.

En Ross Macdonald, El martillo azul

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16 enero 2012

Lo de "acompañamiento espiritual"

es uno de los grandes partos de la cursilería engendrada por el orgullo. En su libro (excelente, por cierto) sobre lo que toda la vida se ha llamado dirección espiritual, Francisco Fernández-Carvajal sustituye este último término por ayuda, lo que tampoco me convence porque me recuerda a una irrigación o enema, que también se llama así, y además tiene la rara virtud de convertir al director en ayudante. En fin, no sé si todos estos eufemismos atraerán más fieles, pero lo que es seguro es que alejarán a todos los que saben que la belleza (y con ella la propiedad y la discreción en el decir) es uno de los nombres de Dios.

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14 enero 2012

La cosa y otros artículos de fe


El título lleva la marca del traductor y prologuista, Enrique García-Máiquez, que sería capaz de hacer juegos de palabras en una escritura de propiedad, si le hubiera dado por notarías. De fe tratan, en efecto, estos artículos y la fe es "la cosa" del título, que lo es también de una recopilación original de Chesterton. No deja de ser oportuna su lectura en estos momentos en que Benedicto XVI ha anunciado un año de la fe.

Sabemos bien que nadie ha brillado a tanta altura como Chesterton en apologética durante el siglo que se acabó. Y lo hizo por su ingenio a la hora de trastrocar los argumentos de sus rivales. Por ejemplo: no es que el catolicismo defienda ideas viejas, sino que ha pechado con la carga de abrir paso a ideas nuevas que luego han llegado a ser comunes. Así, san Roberto Belarmino y Suárez batallaron por la idea de la democracia en un siglo XVI en que se afianzaba el poder absoluto de los reyes. No deja de ser una formulación alternativa de aquel famoso pensamiento chestertoniano: libertad, igualdad, fraternidad, son ideas cristianas que se han vuelto locas. En "¿El Humanismo es una religión?" aborda el mismo tema, haciendo ver cómo en manos modernas (de la Modernidad) ciertos puntos de vista cristianos quedan lamentablemente desvirtuados.

Chesterton es una lectura imprescindible, lo que no quiere decir que sea una lectura cómoda; para mí no lo es, al menos. Su sutileza y su ironía le convierten en lo que Vicente Marrero llamaba un mondain, pero en el sentido positivo en que Antonio Martín Puerta interpretaba este término: un polemista de guante blanco al que hay que seguir con atención para no perderse lo mejor.

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11 enero 2012

Vidas ejemplares


[Joseph] Frings era más hombre del pueblo que los demás eclesiásticos que habían conseguido sus laureles oponiéndose a la política de Hitler. Había sido objeto de las críticas junto con los mejores de ellos. En junio de 1943, una bomba había hecho saltar por los aires el refugio donde se encontraba, matando a dos monjas e hiriendo a otras cinco. Frings se remangó y ayudó a rescatar a los heridos. Su propia casa familiar había sido destruida y en ella había muerto una de sus hermanas; un hermano perdió la vida durante un ataque aéreo contra Magdeburgo; otro falleció en un campo ruso.

Frings había sido nombrado arzobispo de Colonia en mayo de 1942, tras la muerte de su predecesor, Schulte, en el curso de otra incursión aérea. Los nazis habían expresado ya su opinión sobe Frings al atacarlo en su parroquia, y Peter Winkelnkemper, el alcalde "pardo" de Colonia, había arrojado un cenicero contra el sacerdote dejándole una cicatriz de recuerdo en la cara. Debido, quizás, a que había sido testigo del sufrimiento provocado por ambos bandos en el conflicto, Frings pudo hablar en favor de las víctimas. Promero se enfrentó a los nazis; luego, a los aliados, rechazando la idea de "culpa colectiva". Desde su púlpito hizo un llamamiento a los conquistadores en favor de la justicia y el amor cristiano; exigió la liberación de los prisioneros de guerra, habló en alto contra la hambruna y contra las expulsiones en el este y pidió que se procediera con justicia en la desnazificación. También abogó por las vidas de quienes habían sido condenados a muerte por los tribunales de los Aliados. En la Navidad de 1945 lo explicó con claridad a sus feligreses. La guerra había concluido, pero la situación del momento era de sufrimiento generalizado:

Considero mi deber aliviar vuestro dolor lo mejor que pueda [...] mediante la palabra y la escritura. Siempre he dejado bien claro que la nación no es culpable en su conjunto y que muchos miles de niños, ancianos y madres son completamente inocentes; y ellos son quienes soportan ahora los mayores sufrimientos en medio de esta desgracia general.

Giles Macdonogh, Después del Reich

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10 enero 2012

Miseria de la equidistancia


Escribe un libro sobre el tratamiento médico de la homosexualidad y dedica su última parte a la "homofobia", cómo curarla y tal. No les ha bastado a los lobbies gay esa declaración de equidistancia, y se le han echado encima, justamente por alentar la homofobia. Ya ven, otra vez lo de Julián Marías: es inútil tratar de contentar a quien no se va a dar por contento.

No digo que me alegre, pero espero que escarmiente. El concepto de homofobia y, en su formulación radical, el considerarla como algo que hay que curar, forma parte de la retórica de los movimientos gay, y asumirla es dar una victoria al enemigo. Quien odia a las personas es una mala persona; pero la reacción de asco ante la conducta homosexual no sólo no es una anomalía, sino que revela una perfecta normalidad psíquica y moral. "Algunos tendrían que pedir perdón de rodillas a los homosexuales", dice. Sí, claro. Es lo que nos faltaba.

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08 enero 2012

La abadía de Northanger


Con ese título uno puede esperar una novela gótica, digo, claro, si no conoce a Jane Austen. El caso es que por ahí van las intenciones de la autora, que quiere burlarse, todo lo que le permiten sus exquisitos modos y su britanidad, de los novelones de misterio que hacían furor en su tiempo. En la abadía de Northanger, Catherine imagina encontrar misterios y crímenes, como los que pueblan su admirado Udolfo, título también claramente paródico. Pero no: sólo va a hallar amores y desamores, amistades y desafecciones, y todo envuelto en el mundo de refinada cortesía y fina elocuencia que es el contexto habitual de las creaciones de Austen.

Sorprende ver lo alargado de la sombra de don Quijote en la formación de la novela europea. Jane Austen quiso aquí poner en la picota un dererminado tipo de narración, y para ello nos presenta a una quijotesa nada loca, por cierto, pero sí con un punto de fantasía muy normal, por otra parte, dados sus diecisiete años. Es la narradora quien constantemente nos hace referencia a los tópicos novelescos de su tiempo, sobre todo en lo que se refiere a las heroínas, para contrastarlos con la figura de Catherine: "Nadie que hubiera conocido a Catherine Morland en su infancia habría imaginado que el destino le reservaba un papel de heroína de novela".

Si uno es lo que lee, sus modales, desde luego, saldrán mucho más pulidos después de una experiencia con Jane Austen. Amores y desamores, amistades y desafecciones... todo ello sin una palabra más alta que otra, con una retórica de la cortesía que llamaríamos versallesca si no fuera tan inglesa. Bueno, es la diferencia que va del balneario y la abadía a la playa o la casa rural, escenarios de nuesrreas actuales expansiones.

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07 enero 2012

Examen de conciencia



Sabía que los dos la querían. Cada cual a su manera. Pero ninguno la quería del todo. Jim la amaba en la medida en que Daisy correspondía a la concepción que él se había hecho de la mujer ideal. Su madre la quería como si fuera una proyección de ella misma, pero exigiendo que la imagen proyectada no tuviera ninguna de las imperfecciones que tenía el original.

En Margaret Millar, Un extraño en mi tumba

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31 diciembre 2011

Feliz 2012,

que lo será porque tal vez José Jiménez Lozano publique otra entrega de sus diarios, igual o superior a Los cuadernos de Rembrandt. Porque podremos seguir degustando el de Nicolae Steinhardt, justamente el Diario de la felicidad. Seguiremos buscando obras de Torcuato Luca de Tena y de Mercedes Salisachs comparables a Pepa Niebla y La gangrena. Gregorio Luri seguirá con su blog en el que incluirá más de una apostilla a su fenomenal La escuela contra el mundo. Nos relajaremos con algún Flanagan de esos que le salen a Andreu Martín cuando hace lo que sabe y pasa de dar clases de educación para la ciudadanía al estilo sociata; algo, digo, como Cero a la izquierda. Quizá José Antonio Millán Alba nos entregue otra novela tan sorprendente como En penumbra. José Manuel Mora Fandos es muy capaz de alumbrar otro ensayo tan brillante como Leer o no leer. Alguien editará de nuevo a Julien Green y podremos leer algo tan enjundioso como Cada hombre en su noche. Vamos a continuar con la obra completa de Rafael García Serrano y, aunque lo que toque no sea tan audaz como La fiel infantería (¿Cuando los dioses nacían en Extremadura?, ¿La ventana daba al río?), constituirá algunos de los mejores momentos. Por supuesto, caerán muchos clásicos como Oliver Twist y tal vez me vuelva a meter con la poesía de Luis Alberto de Cuenca, después de la deliciosa Caja de plata. Habrá algún que otro Chesterton, aunque no esté tan bien prologado como La cosa, y con esto ya he hecho el balance de las mejores lecturas del 2011. Como de costumbre, cierro hasta Reyes.

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28 diciembre 2011

El capitán Veneno


El capitán Veneno es un miles gloriosus en plan caballero cristiano español. Cuando despierta en casa de la Generala y Condesa de no sé cuántos, rodeado por tres mujeres (madre, hija y criada) se pone a maldecir de su suerte y a blasonar de su carácter arisco y su misoginia. Y lo que nos presenta Alarcón es la clásica historia del corazón de oro que desborda por entre la máscara que su dueño ha querido fabricarse. Historia sencilla como un haba y que Alarcón renuncia a prolongar más allá de las sesenta páginas que ocupa en esta edición de Austral; pero que le sirve para exhibir esas dotes de narrador que no acertó a aplicar a temas más profundos, y que nos mantienen enganchados como tontos.

Si no para otra cosa, al menos una novela como esta sirve para recordarnos que somos personas y no mulas tordas, y que eso tiene que notarse. Incluso un beato de esa moral que él cree marcial y viril y que consiste en ahogar los sentimientos como si fuesen malas tentaciones, incluso el capitán Veneno se mantiene a una altura de dignidad en el trato que hoy nos parece casi extravagante. A veces uno se pregunta por qué estas dos personas, don Jorge y la señora Angustias, no se hablan sin tanto rodeo, no se franquean el uno con el otro de modo más natural. Donde hay confianza da asco, y nosotros venimos del hippismo y el 68. No nos viene mal una pasada por esa cosa que llamaban crianza, a ver si se nos quitan los modales de tetrabrik.

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27 diciembre 2011

No he podido concluir


la lectura de Dar clase con la boca cerrada. Y no por su autor, sino por su traductor. Por evidente prurito feminista, al señor le da por emplear indistintamente profesor o profesora para expresar la indiferencia al género: "el profesor hará...", "la profesora evitará..."; función que en castellano, como todo el mundo sabe, cumple sólo el masculino: si dices "la profesora" excluyes a los varones; si dices "el profesor", no excluyes a las mujeres.

Así que lo siento. He de vigilar el estómago y estas cosas le afectan sensiblemente.

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25 diciembre 2011

No sabía que era de Antonio Machín,


pero de todas las canciones que se cantaban en mi casa en Navidad, esta era la que más me gustaba.

Campanitas que vais repicando,
Navidad vais alegres cantando;
y a mí llegan los dulces recuerdos
del hogar bendito donde me crié
... de aquella viejita que tanto adoré
mi madre del alma que no olvidaré.

Navidad que con dulce cantar
te celebran las almas que saben amar.
Oh! que triste es andar en la vida
por senda perdida lejos del hogar
sin oir una voz cariñosa
que diga amorosa : llegó Navidad.


Me imaginaba siempre a mí mismo pensando, ya mayor, en ese hogar bendito y en esa madre. Y, por supuesto, mi madre y mi tía la cantaban mucho mejor que don Antonio. Lo que habrían sido, si hubieran perdido la timidez... O lo que han ganado, nunca se sabe.

Y, por supuesto, feliz Navidad a todo el mundo, aunque ya decline el 25. Hasta el 8 no acaba la Navidad.

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22 diciembre 2011

Tú di que eres uno de ellos


¡El horror, el horror...! Uwem Akpan podría haber puesto como lema de su recopilación de cuentos las palabras finales de El corazón de las tinieblas. Tú di que eres uno de ellos es, en efecto, un descenso a los abismos del horror. Y, bien mirado, ¿qué novela contemporánea no tiene algo de historia de terror? Que en África estén más extendidas ciertas lacras no hace más que añadir a estos relatos un matiz social. En efecto, el odio racial y religioso, la esclavitud sexual, la prostitución y la drogadicción por hambre aparecen aquí como algo cotidiano, y Akpan nos muestra en particular su efecto en los niños: este es el rasgo más saliente de esta obra, el poner la narración en boca de niños, que son, sin embargo, la esperanza. Su mirada inocente es a veces la causa de que los mayores malos reconsideren su actitud, como es el caso de Fofo Kpee en "Engordar para ir a Gabón". En otras ocasiones, no queda más remedio que la huida, como en "El festín de Navidad" o "La habitación de mis padres", pero es una huida teñida de esperanza. El odio religioso, por su parte, revela su cara más absurda en la persona de Jubril, protagonista de "Coches fúnebres de lujo", hijo de padre musulmán y madre católica o viceversa, no recuerdo, y víctima de ambos grupos. Por cierto, y por fortuna, me consta que en Nigeria hay mejores católicos que los que se describen aquí. Estos niños podrían dar la réplica literaria, en su cara a cara con el horror, al famoso pero flojito Niño con el pijama de rayas.

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20 diciembre 2011

La de los tristes destinos


Triste destino para un escritor, el acabar convertido en coartada para la corrección política. Ignoro en qué medida el sexo y la raza de Toni Morrison influyeron para que le concedieran el Nobel. Pero uno lo sospecha cuando lee a Don Finkel (Dar clase con la boca cerrada). Se refiere el hombre a algunos títulos de obras literarias que él utiliza en sus seminarios abiertos: grandes libros, dice él. Y después de pedir disculpas, o poco menos, por mencionar sólo clásicos occidentales (igual valdrían, ¡faltaría más!, grandes obras de la tradición oriental), se refiere a estos: Edipo rey, Las guerras del Peloponeso de Tucídides, los diálogos platónicos, Julio César de Shakespeare y... Beloved, de Toni Morrison.

Otro buen tema para un ensayo: cómo la mente norteamericana se precipitó en barrena hacia la estupidez.

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19 diciembre 2011

La inversión del zapaterismo

A menudo me he sorprendido, y he visto a otros sorprenderse, por este fenómeno: pensamos en la España zapaterista como en la nueva Sodoma, por sus disposiciones legales en materia familiar y sexual. Sin embargo, contemplando la vida cotidiana en otros países, sobre todo de los jóvenes, encontramos una mayor naturalidad en la vivencia de cosas como el uso de anticonceptivos, convivencias extramaritales… La conclusión es que, en España, la ley va muy por delante de la vivencia, porque gobierna una minoría empeñada en cambiar cuanto antes esta sociedad. Es lo que denuncia Valentí Puig en su artículo “Observaciones de un conservador de centro”*:

Entendíamos –como Toqueville- que la experiencia y las costumbres preceden a las leyes. El zapaterismo, al contrario, usa la política para que las leyes transformen las costumbres. Es un ejemplo muy concreto. En general, el episodio del zapaterismo ya ha representado una malversación manifiesta de la política. Han sido ocho años perdidos y, es más, irrecuperables. Y en general, lo que vemos es que la política se ve restringida a ser un apaño para situaciones imprevistas, un taller de parcheo, irremisiblemente coaccionado por ciclos que incluso son de menor alcance que los ciclos electorales. Sí, los imprevistos.

Entiendo que cuando dice que “la política se ve restringida a ser un apaño” se refiere a la política normal. En efecto, la derecha en España está para poner parches, como se viene mostrando. Pero, ¿por qué, fuera de situaciones excepcionales, el electorado español se inclina a opciones que contradicen el modo de vida de la mayoría? ¿qué han hecho unos y otros para perder o ganar de ese modo la voluntad de la gente?

La respuesta daría para un ensayo, por supuesto.


*En Cuadernos de pensamiento político, 32

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13 diciembre 2011

El borbón non grato


Alfonso de Borbón-Dampierre fue un hombre infeliz, al menos tal como nos lo pinta José María Zavala en esta semblanza, que no sé hasta qué punto aprovecha la imagen externa del personaje para alimentar esa figura del príncipe triste que tanto gusta a las señoras. Pero lo cierto es que tenía motivos para serlo, formando parte de esa familia que parece extraída de una novela de Faulkner, si prescindimos de la sangre real: tarados, viciosos y enfermos en proporciones varias conforman la dinastía, como se encarga de mostrarnos Zavala no sólo con datos médicos sino a través de los hechos. Faulkner, o Zola: ¡qué novelas habrían hecho con los borbones! Al menos, en don Alfonso parecieron prevalecer los genes de doña Emanuela...

Zavala comienza su libro con la última navidad del duque de Cádiz, hablando ya de su próxima muerte, para pasar acto seguido al accidente que le costó la vida: "la guillotina", como titula dramáticamente. Sabio recurso, y siempre eficaz, este de empezar la biografía por el momento culminante del personaje, que puede ser, como en este caso, su muerte. Por supuesto, Zavala da pábulo a las conjeturas que se han hecho sobre un posible asesinato, aunque parece que a día de hoy contamos con pocos datos en que fundar hipótesis. Lo que me pregunto es quién podría tener interés en quitar de enmedio a este hombre, es decir, quién podría considerarle seriamente un peligro. Resulta patético ver a esta panda de chiflados hablar como si realmente tuvieran opciones de ceñir coronas, francesas o españolas, y pegarse por unos derechos dinásticos que no pasan de ser el juego del tú la llevas. Es en lo que se va el resto del libro. Poca cosa.

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10 diciembre 2011

El final de Sikes,



en Oliver Twist, es uno de los pasajes más cinematográficos de la novela del XIX. Me pregunto cómo la habrá tratado Polanski en su versión de la obra, que no he visto. Pero, curiosamente, en otro título de Polanski, Macbeth (buen Macbeth, por cierto), aparece un ahorcamiento similar, con el tipo precipitándose al vacío con la soga al cuello y parando el vuelo justo delante de una ventana, con alguien que lo contempla desde dentro. Parece clara la reminiscencia, consciente o no.

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09 diciembre 2011

Punto de meditación sobre el "fomento de la lectura"

Un proceso invisible es igualmente el que hace que los libros y la cultura entera sean hoy ininteresantes, pero lo cierto es que quienes se quejan elegantemente de ello e incluso promueven campañas de lectura participaron y siguen participando, encantados, en el proceso. Son conductistas -es decir, ya el alma les suena a chino- y creen que leer es un hábito, una afición, que se puede crear y ya está. Así las cosas es claro que no se va a leer nada que merezca la pena, pero se espera que, una vez creado el hábito mecánico de leer cualquier cosa, desde luego que se venderán más libros, y esto, sin duda, animará al sector económico de la edición, y además puede ofrecer estadísticas de gran lectura, que muestran una sociedad ilustradísima. Y aceita la rueda de la política, la sacral religión de lo que se llama cultura.

José Jiménez Lozano, Los cuadernos de Rembrandt

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07 diciembre 2011

Filocalía o amor a la Belleza


Las mayúsculas de la palabra Belleza en el título no son un capricho de los editores, pues el concepto de Belleza como uno de los atributos de Dios es la clave de este ensayo. Para Urbina, un artista juega a crear belleza imitando a Dios en la creación del mismo modo que un niño juega con un tren imaginando ser ingeniero o con coches de juguete imaginando ser piloto. Dios es la Belleza y una obra de arte no es sino un acercamiento a Dios.

Esto tiene varias consecuencias. Una de aquellas en que más insiste el autor es que, por lo anterior, la obra de arte no es buena o mala o, más exactamente, es buena por el hecho de ser bella o es más buena cuanto mas bella. Y esto con independencia de que el artista o (con más frecuencia) el poder público puedan lícitamente juzgar que el público no está preparado, en un momento dado, para esa belleza.

Pedro Antonio Urbina es poeta, y este ensayo está escrito en un lenguaje poético, o casi, en todo caso sentencioso y con tendencia a la creatividad sintáctica, más que léxica. Lo que estoy queriendo decir, vaya, es que a veces cuesta seguirle, por lo menos a mí e imagino que a muchas personas más. Y no hay modo de reprochárselo, pues te respondería lo que él pone en boca de todo artista a quien le preguntan qué quiso decir: quise decir lo que he dicho y como lo he dicno, y si hubiera podido decirlo de otra forma lo habría hecho. Gente rara, como sabemos...

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03 diciembre 2011

Mundanos y agropecuarios, hoy

Me contesto a la pregunta formulada en la anterior entrada. ¿Quién es hoy mundano y quién agropecuario? En principio, la curiosa dicotomía me recuerda aquellas mañanas en que cambiaba de COPE a Onda Cero, de Losantos a Herrera, del agropecuario al mundano, con placer en los dos casos, aunque de distinta naturaleza. Luego, espigando entre mis lecturas más o menos habituales, hallo que entre los mundanos figurarían José Jiménez Lozano, Enrique García Máiquez, Aquilino Duque o el diamante oculto Ignacio Aréchaga (Aceprensa). Entre los agropecuarios, en lugar de honor, Arturo Pérez-Reverte; después Alfonso Ussía (malgré lui), tal vez Juan Manuel de Prada, desde luego Eulogio López y el tipo que firma Gonzalo de Berceo en Alfa y Omega. También a todos los leo con gusto (salvo al padre de Alatriste, del que deserté hace tiempo), aunque sea un gusto diverso y aunque, con Martín Puerta, dude de la capacidad de convicción del agropecuarismo. Asumo que estos sólo convencen al ya convencido. Pero producen satisfacción.

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01 diciembre 2011

Mundanos y agropecuarios

Me hace sonreír este análisis de Antonio Martín Puerta*: ¿quién de los plumíferos de ahora son mundanos y quiénes agropecuarios?

El libro de Marrero** demuestra que era un excelente y ameno escritor. Pero cabe oponerle una seria objeción: su pose. Como Ortega, Marrero también cultiva esmeradamente la suya, que es muy otra: la descalificación ad hominem y la injuria jovial. Al final, una de las muchas variantes de un cierto catolicismo agresivo. Forma esta de evangelización que sólo el Señor puede juzgar en cuanto a su bondad y eficacia, y que forma parte inevitable de lo que Laín llamaba "modos de ser cristiano". Bien es cierto que también Ortega cae en ocasiones en burlas injuriosas e irreverentes, que no se pueden considerar precisamente como lo mejor de sus escritos, pero el tono general de su obra es de una notable elegancia formal. Mas precisamente desde ese punto de vista, no deben quedar dudas acerca de lo que estéticamente es la plenitud del antiorteguismo: imitar al arriero en lugar de al grand seigneur, sustituyendo la mundanidad por las formas agropecuarias, tan positivamente valoradas siempre en España, por desgracia. Ortega manifiesta su criterio al respecto con toda claridad: "La elegancia es una faceta esencial de la especie humana -como la verdad, como la belleza, como la justicia".

*En Ortega y Unamuno en la España de Franco.
**Ortega, filósofo "mondain".

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28 noviembre 2011

Memorias de un niño de la calle



Uno podría pensar, leyendo el prólogo, que José María Sánchez-Silva tiene una visión idealizada de la infancia, pues se trata de un fragmento de carácter casi poético sobre qué es un niño (no puedo por menos de recordar aquel Jesús Hermida de mentira preguntándole, en la parodia televisiva, a una Gloria Fuertes de mentira, justamente eso: ¿qué es un niño? Y la respuesta de la dama: "una máquina de coser, no te..."). Pero no es idealización novelera, sino pasmo reverente ante la criatura humana en ese estadio de aprendizaje y de indefensión: una imagen de Dios a merced de la perra vida. Porque al avanzar en la lectura descubres que ese niño cuyas peripecias te van a narrar es el propio autor, hijo de madre soltera hasta que su padre tuvo a bien reconocerle y crecido, sí, en plena calle, entre las inclemencias de la pobreza y de sus congéneres adultos. Poca idealización queda en el resto del libro, donde la cruda realidad se nos impone de modo casi barojiano. Asistimos al modo de ganarse el sustento por parte de José María, a base de merodear entre soldados que le daban la ración sobrante o entre jugadores "de prohibidos" de los que recibía unas monedas a cambio de avisar si venía la policía... Pero todo ello con una reciedumbre que está tan lejos de la lágrima folletinera como de la protesta social.

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25 noviembre 2011

La progresión de Orwell


Partido socialista francés: "al Estado no le corresponde imponer una forma de conyugalidad".

Entonces, custodiar un bien esencial es imponer. Y claro, destruirlo mediante la equiparación con formas degeneradas de convivencia es liberal y tolerante. Prodigios de la neolengua.

Otro prodigio. Causas del incremento de rupturas familiares según los franceses: para el 36%, "hay menos hipocresía y la gente no se siente obligada a continuar juntos". Ya sabemos el nuevo nombre de la fidelidad. Si quieres largarte con la secretaria, pon cara de dignidad y alega, como Martí: "yo soy un hombre sincero". Fabuloso.

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24 noviembre 2011

Incierta gloria


Tengo la impresión de que a Joan Sales se le han cruzado aquí dos novelas, ensambladas por la tercera parte. Desde que toma la palabra Cruells, la historia de Luis, Julio y Trini se empantana en los episodios, algo anodinos, del frente muerto, y sale luego por la tangente de los lloros de Cruells y las memorias de Lamoneda: un mano a mano que no carece de interés, sin embargo. Cruells está trazado a imagen de los cristianos atormentados de Mauriac /Bernanos, a quienes Sales tradujo. La derrota (no sólo militar) le acerca a Cristo, y su fe se aquilata en la confrontación con el inquietante Lamoneda, el pobre fantasma sumido en la vanidad y en la lujuria.

De hecho, esta podría haber sido la mejor novela católica española, si no fuera por esa falta de unidad que me parece advertir en ella. Cierto que en eso puede influir el hecho de que sea una novela compuesta en dos etapas, por así decir, aparecida primero en los 50 y con su edición definitiva en 1969. Por medio estuvo el Vaticano II, que debió de marcar considerablemente a su autor, a juzgar por la deriva de la trama. Cruells se ve inmerso en el confusionismo que siguió al Concilio y acaba adoptando conductas discutibles, como la de participar en manifestaciones clericales contra la policía o, más triste aún, gritar aquello de "queremos obispos catalanes": desgraciado destino para quien se pasa toda la novela buscando la pureza de la fe, lejos de banderías terrenas.

Lo cual, por cierto, enlaza con otro mérito de su autor: el situar la trama espiritual en plena guerra civil, tantas veces tratada de modo simplista. La guerra es aquí el telón de fondo, necesario, para otro combate, que se sitúa de modo transversal al de los dos bandos en lucha.

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22 noviembre 2011

Justicia poética


...diputados.

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La metáfora inacabada


Lo que me incomoda de las últimas novelas de Antonio Prieto es lo ramplón de sus personajes. Y ahora que lo escribo, pienso que la mitad (o más) de las novelas de los últimos cien años (o más) tienen protagonistas ramplones. Pero no sé, veo en los de Prieto una tendencia a someterse, de modo un tanto paleto, a los usos actuales en materia familiar-sexual, que me resulta bastante antipática. Lo que no es nuevo es que su concepción del amor, anclada en lo más superficial del mundo clásico grecolatino, vaya siempre por debajo de sus disquisiciones sobre el tiempo, la memoria y la identidad. En esta novela, esa diferencia resulta aún más acusada.

Su prosa, desde luego, no pierde puntos. Es una delicia recorrer estos párrafos llenos de una serena melancolía, que denuncian a las claras las abundantes lecturas clásicas de su autor. Cualquiera de ellos serviría como modelo para una clase de escritura literaria.

En esta ocasión nos encontramos a un tal Gabriel, fracasado en su matrimonio, que retirado en su marítimo pueblo natal busca la manera de anular el tiempo recuperando a un antiguo amor, lo que acabará revelándose como imposible, también a causa de ese cambio en los usos amorosos (o, mejor dicho, en el modo de percibir los eternos usos amorosos) dentro de un mundo que no para de "evolucionar". Son fundamentales los diálogos con dos interlocutores: el viejo Francisco y el desorientado Alberto, otro fracaso vital, cuyos interminables paseos a través de las colinas dan pie a esa metáfora de la que habla el título.

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21 noviembre 2011

El doble filo del discurso rajoyano

"Que todos estén tranquilos. Nuestros únicos enemigos van a ser el paro, la deuda, el déficit..."

Esto tiene dos posibles lecturas.

Primera: se acabó el sectarismo en esta casa. No más ganar la guerra civil, no más leyes idiotas al servicio de la ideología...

Segunda: nos han elegido para superar la crisis económica y eso es lo que haremos, ni más ni menos. Así que nada de valores, nada de tocar la educación para la ciudadanía, el aborto, las parodias de matrimonio y todo lo demás. No estamos para eso.

¿Fue deliberadamente ambiguo? ¿Lanzó un mensaje de complicidad al laicismo solapado con uno complaciente a las bases? El tiempo lo dirá.

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18 noviembre 2011

Esquinas


Con la prohibición zapateriana de fumar en los bares, no gana uno para sustos: en cualquier esquina te topas a una tía retrepada en la pared, pata flexionada y cigarrete en mano. Entre esto y la vestimenta de las jovencitas el fin de semana, las mujeres de los mil nombres no saben ya cómo ponerse, ni qué quitarse.

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15 noviembre 2011

Darío Chimeno,

director de Mundo cristiano, sobre el cese de ETA: "En términos generales, la noticia tiene un cariz positivo. La declaración -objetivamente- hace respirar con cierto alivio". Se une, pues, al coro de acción de gracias a los terroristas por perdonarnos la vida.

Sé que no lo hace por equidistancia, por que no lo incluyan en la caverna o por un qué van a pensar los buenos demócratas de nosotros, los cristianos. Por otro lado, el artículo es muy matizado y expresa serias reservas ante el dicho cese. Vamos, que no se lo cree.

Pero, entonces, ¿por qué sentirse en la obligación de celebrar lo que no hay por qué celebrar? Por mi parte, ya he expresado aquí mi opinión sobre esa chuloputez que nos deja en la posición de rehenes liberados y que no constituye sino el acto más sucio de la campaña electoral.

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13 noviembre 2011

Las aventuras del caballero Kosmas


Estas aventuras, como suele suceder en Juan Perucho, tienen poco de acción trepidante y mucho de regodeo en un culturalismo clásico y medieval que es la marca de fábrica del propio Perucho, de Álvaro Cunqueiro (a quien va dedicado el libro) y, en parte, de Antonio Prieto. El caballero Kosmas es un curioso personaje, mezcla de contable y teólogo, que vive en una alta Edad Media donde un buitre amaestrado canta baladas, las flores mutan a capricho y se han desarrollado los autómatas hasta extremos de ciencia ficción clásica. Perucho juega también con un simbolismo más fingido que real, presente en personajes que representan ideales positivos, como Egeria, nieta de la famosa peregrina escritora, y en otros de carácter diabólico como Ustania y Arnulfo. Los finales de cada capítulo son representativos en este sentido, con sucesos misteriosos que probablemente no vayan más allá de ser una broma de su autor, con la idea de jugar a los sentidos ocultos.

No faltan los personajes históricos en situaciones inventadas, caso de los santos Isidoro o Leandro, y el narrador esmalta de citas contemporáneas (d´Ors, entre otros) el relato. Pero los propios personajes se premiten jugar con el tiempo, hablando de cosas aún no descubiertas.

Es, en definitiva, una alegre fantasía en una época idealizada donde la barbarie que suele atribuírsele no existe, y si existe se halla supeditada al triunfo del bien, en sentido cristiano.

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10 noviembre 2011

Nuestro siglo nos ofrece espectáculos tan sensacionales

que no es posible condenar a los que son incapaces de creer que en el siglo XIX una dictadura pudiera ser simplemente un régimen no parlamentario de gente honrada y de una sociedad normal. (Steinhardt)

O sea, por si no han seguido el hilo del razonamiento, tal cosa es posible, aunque se nieguen a creerlo quienes han vivido bajo la férula del socialismo (que es el otro nombre del totalitarismo). En España, los nacidos antes de 1970 guardamos la memoria de un "régimen no parlamentario de gente honrada y de una sociedad normal", aunque lleven décadas intentando borrarla.

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09 noviembre 2011

De qué me suena


Mauricio Rojas sintetiza la idea de Burke sobre la Revolución francesa:

[...] el querer arrasarlo todo, disolver todos los órdenes y afectos, borrar la herencia de la historia y quebrar nuestras solidaridades básicas, para de esa manera poder imponer un orden nuevo surgido del designio revolucionario y plasmado en un Estado, que se arrogaba la tarea de rehacer totalmente la sociedad. Para ello, el Estado revolucionario precisaba de individuos libres de todo vínculo, de toda fe, de toda lealtad, para poder hacerlos dependientes de un solo vínculo, de una sola fe y de una única lealtad: con el Estado revolucionario.

"Por un liberalismo asociativo", en Cuadernos de pensamiento político, 32

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08 noviembre 2011

El fermento de Cristo


La eficacia del cristianismo se subtitula esta nueva* obra del gran divulgador. Y no se trata, como podría hacer pensar el subtítulo (yo lo pensé) de algo parecido a lo que hizo César Vidal en El legado del cristianismo en la cultura occidental; es decir, de ofrecer una perspectiva histórica de los cambios (a mejor) experimentados en nuestra civilización gracias al cristianismo. Más bien se trata de qué puede hacer la fe cristiana en la persona; qué diferencia personalmente a un cristiano de alguien que no lo es.

Divide Lorda su libro en tres partes, correspondientes a las tres virtudes teologales: "La luz de la fe", "El fervor de la caridad" y "La ilusión de la esperanza". En definitiva, no deja de ser un compendio (y así lo admite el autor) de sus clases de formación cristiana, perfectamente estructurado. La primera parte muestra la idea cristiana del mundo, creado por Dios y entregado al hombre, el cual pecó y hubo de ser redimido por Cristo, Dios hecho hombre. La segunda parte desarrolla el modo de vivir de los cristianos, presidido por el amor, es decir, la caridad. "Que donde haya odio, ponga amor, donde ofensa perdón..." La sencilla y sublime oración de san Francisco de Asís pone fin a esta parte. La tercera se dedica a la celebración del misterio de Cristo, reflejo de nuestra esperanza: "anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús". Pues sólo al final de los tiempos se hará patente la victoria de Cristo, aunque ya está actuando aquí, como fermento.

Nota redactada en mayo del 2003. Posteriormente Juan Luis Lorda ha publicado los dos volúmenes de Humanismo, el segundo comentado aquí.

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07 noviembre 2011

Otra de Langlois / Green

Esta vez sobre Judas.

por las calles de la nada como el viento corría Judas

mientras Jesús por él sufría más que por toda la creación
y en vano soñaba a Judas llorando a sus propios pies
en vano soñaba con perdonar su amor leproso
porque Judas arrepentido pero desesperado huía
bajo el peso de treinta monedas pesadas como una cruz
[...]
es grande tu justicia oh Judas que cuelgas de la luna llena
mecido por el viento al aire de la hueca noche
Judas el justiciero ha muerto y sus ahorcados oídos
ya no pueden oír el grito desgarrador de Jesús
que amor mío amor mío Judas ya se pierde en el infinito
como la espina electa la más dolorosa de la pasión.

(Libro de la Pasión)


Jesús amaba a Judas. Y aunque traicionar a Jesús era un gran pecado, era a pesar de todo perdonable. El error de Judas fue creer que no lo era, y se ahorcó. Imagínese que todo hubiera ocurrido de otra manera, Judas ayudando a Jesús cuando éste tropieza y cae bajo el peso de su cruz. Entre gritos y lágrimas, el traidor cae de rodillas, pide perdón a su víctima, le coge por la orla de su túnica, le suplica, a pesar de los puntapiés de los soldados romanos. ¿Qué mirada cae entonces sobre él? Piénselo. ¿Una mirada de odio? No lo creo. Una mirada de amor, Wilfred, una mirada de amor. Hubo en la Pasión un minuto en el que el único que podía consolar a Jesús era Judas pidiéndole perdón. El escándalo es que ese minuto pasara sin que Judas estuviera allí. Es así como yo veo las cosas.

(Cada hombre en su noche)

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05 noviembre 2011

Viejas


De chico uno suele ser injusto con las viejas que rezan en la iglesia, "como los conejos comen hierba", que decía Ramón. Por eso me gustó la reivindicación de José Miguel Ibáñez Langlois (Libro de la Pasión):

Y qué sería del mundo qué de la Iglesia
si no fuera por esas viejecillas enfermas abandonadas que suspiran en la oscuridad
dulces clavos dulce cruz
dulce nombre de Jesús.

En Julien Green (Cada hombre en su noche) leo ahora algo parecido:

Había tres o cuatro ancianas que oraban de rodillas, esas tres o cuatro viejas que se pueden ver en todas las iglesias del mundo, esas sobre las cuales se apoya el cielo.

Y, por cierto, también habrá que agradecerle a Martin Provost esa Séraphine, que reza con el mismo candor con que pinta la creación.

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02 noviembre 2011

Discurso a las juventudes de España


En realidad es un Discurso y unas Digresiones, que ocupan prácticamente el mismo espacio. Me place que Ledesma, en lugar de ensayo, utilice el término clásico español, aunque tal vez lo haga por darle un aire más de disertación, de arenga. Y tiene un estilo mucho más digerible que el de Onésimo, aunque también cueste masticarlo, sobre todo cuando habla de su programa.

Porque lo más atractivo es la parte ocupada por el análisis de los fenómenos europeos de la época: fascismo, nacionalsocialismo, comunismo ruso, crisis de la democracia. En esto último es en lo que se equivocó, él y todos los jóvenes (las juventudes) ardorosos que se alistaron en la Falange. La democracia política sobrevivió a su crisis de los años 20-30 y los proyectos totalitarios sólo cuajaron en Rusia, sostenido éste por el inmenso poder militar soviético.

Su propio proyecto, su revolución, qué duda cabe que resulta atractiva, justamente por lo que tiene de juvenil, de savia nueva, de ímpetu fresco. Pero nace ya enemiga de la libertad, y eso da pánico cuando uno piensa en su futuro.

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01 noviembre 2011

¿Cuántas veces lo han hecho?



... Hemingway creía que era él quien manejaba a los camaradas, y amenazaba a Dos Passos en París, diciéndole: "Estás acabado, destrozado. Los críticos de Nueva York te crucificarán. Esa gente -y Hemingway se refería a los comunistas que manejaban por entonces las guerras culturales del Frente Popular y de toda la cultura occidental- saben cómo convertirte en un número atrasado. Yo los he visto hacerlo. Y, si lo han hecho una vez, pueden hacerlo de nuevo.

(En José Jiménez Lozano, Los cuadernos de Rembrandt)

Sí, cuántas veces... Y me refiero no sólo a convertir a alguien en "número atrasado", sino a otros en productos de primera. A lo mejor hay mucho de baladronada en Hemingway. Pero a lo mejor no.

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