29 junio 2022

Una mujer llega al pueblo

El dedo que señala y el juicio que hacemos de los demás son a menudo un signo de nuestra incapacidad para aceptar nuestra propia debilidad, nuestra propia fragilidad.

Esto que dice el papa Francisco lo puso en forma de novela Mercedes Salisachs en esta Una mujer llega al pueblo. De hecho sería un lema aún más certero que el de Kafka que puso ella*. En efecto, la mujer que “llega al pueblo”, Eulalia, es objeto de los más atroces desprecios por parte de sus convecinos por el hecho de llegar embarazada y soltera. Bueno, ya se fue así, pero el hecho de que vuelva es interpretado como un atrevimiento intolerable. Y esta falta de caridad, que llega al extremo de negarle un techo, parece desatar lo peor de cada uno de los paisanos, de modo que asistimos a un crescendo de violencias, de pasiones más o menos reprimidas hasta entonces. Ninguno de los vecinos de Eulalia podría tirar la primera piedra, ni la segunda ni la tercera. Como glosa el anónimo autor de donde saqué la cita papal: “Detrás de un juicio demasiado severo con los demás, no es raro encontrarnos con errores personales no descubiertos del todo”.

Salisachs contrapuntea los hechos subsiguientes a la llegada de Eulalia con el pasado de esta, desde su infancia desgraciada hasta el “desliz” fatal, con el fin de hacernos conocer el origen, no solo del drama de la protagonista, sino de los conflictos que vemos estallar en el presente. Conflictos que se muestran con una crudeza naturalista al tiempo que con toques de humor, mezcla que no sé si me acaba de convencer pero que no quita a la narración un ápice de interés.

Me causó cierto mosqueo, al principio de la lectura, el comprobar que el tema era (¡una vez más!) el puritanismo, tema tan grato al enemigo. Pero frases como esta del cura mosén Roque, definiendo a estas víboras bienpensantes, compensan ampliamente:

Había seres que no solo lucían su fe como un motivo de orgullo, sino que la inutilizaban para enseñarla como un objeto de lujo.

El propio mosén Roque ofrecerá también, al final de la novela, la clave del asunto:

Habéis querido buscar el mal en todo y no os dais cuenta de que buscándolo lo habéis creado…

En fin, bien está lo que bien acaba, o, mejor dicho, lo que bien se explica, ya que, una vez más, Mercedes Salisachs no hace concesiones al final feliz; si acaso, al final ejemplar.

 

*El pecho que respira tranquilamente desconoce todo temor. Desconoce la diferencia entre el crimen consumado y el crimen planeado.

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17 junio 2022

El año en que un tipo se convirtió en mujer para ganar un premio literario.

Bueno, no es que estableciese una relación directa, pero es significativo. A José García Nieto se le puso entre las cejas ganar el premio Adonais de 1950 a pesar de ser miembro del jurado y para ello escribió un poemario como si fuera una mujer, lo tituló Dama de soledad, lo envió bajo el nombre de Juana García Noreña e incluso buscó una “autora” que recibiera el premio, en la persona de la asturiana Angelines de la Borbolla. Era 1950. Ganó.

Los detalles del contrato me son desconocidos. Me enteré hace poco del suceso por la exposición que conmemoraba los 75 años de Adonais, donde daban cuenta de la chusca anécdota, y lo traigo aquí por lo que revela sobre la “marginación de la mujer” en el franquismo y tal y tal, abundando en lo que dije aquí y en otras partes. 



12 junio 2022

Basada en el best-seller

 Recuerdo cuando uno de mis profesores de universidad nos hacía notar, no recuerdo a propósito de qué, que en cierto documento de la época de posguerra habían tachado el nombre de Tomás Navarro Tomás, lingüista desafecto, por lo visto, al régimen.

Y lo he recordado inmediatamente cuando he visto el tráiler, o como se llame, de Los renglones torcidos de Dios, que dice: “Basada en el best-seller”.

Que se escribió solo, al parecer.

Están empeñados en dar la razón a Blas Piñar, que decía que eso de la democracia no era más que la dictadura de los que perdieron la guerra.





28 mayo 2022

El fulgor y la sangre

 Cinco guardias civiles y sus mujeres en el ambiente opresivo de un castillo-cuartel. La noticia: uno de los guardias ha muerto en una refriega, pero aún no se sabe quién. Las horas se suceden tensas (mediodía, dos de la tarde, cuatro de la tarde…) mientras, en contrapunto, el narrador nos retrotrae a las vivencias de la guerra civil en cada una de las mujeres, que son las auténticas protagonistas, unas fuertes, otras más débiles, esta más frívola, aquella más grave. La muerte, que pareció pasar de largo para todas en aquella circunstancia, parece volver ahora como para cobrarse el crédito otorgado entonces.

Aldecoa no se ensaña con los lectores que se hubieran encariñado con los personajes y acude a un fácil expediente para facilitar el desenlace, que no es, desde luego, lo importante. Lo es el enfrentamiento contra la vida y la muerte de estas mujeres. Aldecoa lo sirve con una acertada construcción y con la prosa exquisita que le caracteriza.

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22 enero 2022

Un encuentro peligroso

La sensación tras la lectura de Un encuentro peligroso es la misma que tras la de Abejas de cristal: la de que se me ha querido comunicar algo pero no sé el qué. Es un relato policíaco bastante simple, protagonizado por personajes mundanos: un aristócrata y su esposa, un joven atontado que se deja conducir a una aventura amorosa con esta última por un vividor aburrido, un comisario de policía y su subordinado, una bailarina que resulta asesinada sin motivo aparente. La vida y la personalidad de todos ellos es narrada con precisión de científico, pero la resolución de los hechos no guarda con todo ello más que una relación superficial, como de un aprendiz que quisiera imitar a Simenon o a Agatha Christie. La interacción entre caracteres tan definidos habría debido dar lugar a algo más interesante. En fin, todavía no he encontrado el Jünger que me interese, pero vuelvo siempre a él por la simpatía que profeso a quienes le admiran.

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16 enero 2022

La incógnita

Sorprende desde el principio La incógnita por su forma epistolar, sin preámbulos; modo que se mantiene a lo largo de todo el volumen incluyendo el quiebro final. Sorprende luego a medida que nos maliciamos que el destinatario de las cartas probablemente no tenga entidad real y se reduzca a ser un invento del propio Manuel Infante, que se escribe a sí mismo. El tal Infante le cuenta a Equis sus impresiones sobre la política (se ha metido a diputado) y, sobre todo, sobre los supuestos amores de la hija de su tío, por la que él también ha concebido una fuerte pasión. La “incógnita” sobre el amante de Augusta, que así se llama, permanece a lo largo de toda la correspondencia novelesca, sucediéndose los “sospechosos” a medida que Infante escucha las variopintas opiniones de sus conocidos. La historia se complica, y se hace más apremiante, cuando el sospechoso número uno, Federico Viera, un veterano vividor, es asesinado.

Pero la mayor sorpresa se reserva para el final, pues la única carta de respuesta de Equis es para decirle a Infante que todas sus cartas se han metamorfoseado en una novela titulada Realidad, que desvela al fin, y por encima de las opiniones más o menos mentirosas, la verdad del caso. Y es la cosa que Realidad existe como novela, y que al parecer (aún no la he leído) muestra, en efecto, el sucederse real de los hechos narrados en La incógnita. Se trata, pues, de dos novelas complementarias.

En conclusión: que, cuando me pregunten por el mejor novelista español del siglo XX (digo veinte) voy a mencionar a Benito Pérez Galdós, pues tan bien se le dan esos experimentos narrativos (juego con la realidad y la fantasía, con los puntos de vista…) que se suponen propios de la novela de la pasada centuria. Esto de plantear una misma historia primero a través de los ojos engañosos de sus protagonistas y luego según los hechos objetivos es de una audacia que no se la salta un Faulkner, y además tiene los méritos de afirmar una realidad objetiva, al contrario que nuestros escépticos contemporáneos, y de lograr una amenidad, a base de “gestionar”, como hoy se diría, la lengua coloquial de su tiempo, con la que parecen estar reñidos los prousts, joyces y faulkners.

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07 enero 2022

La sinfonía de las moscas

Mercedes Salisachs narra despiadadamente la ruina moral y material de una familia barcelonesa de los 50. Al padre le toca una quiniela de catorce y el tipo se despide de su trabajo y se pone a echar canas al aire, resultando que la cantidad que le había tocado, que no era para tanto como pensaba, se va evaporando entre caprichos. El tipo vive en un barrio de mala nota con su poco ejemplar madre, con su mujer, una cuñada, dos hijos y una sobrina (que resultará también ser hija suya). Una hermana mantenida por un señorón viene a completar el cuadro. Los hijos son las víctimas de esta pandilla, más que familia. El chico quiere ser cura pero entre todos le arruinan la vocación y la vida. La chica es salvada de un intento de suicidio y comienza un limpio noviazgo que sin embargo se verá frustrado también por las ambiciones y los prejuicios de unos y otros. En un momento dado, la peste que inunda la casa, consecuencia de un atranque de agua fecal, se convierte en símbolo de toda aquella miseria. El título, tan cruel como el resto, hace alusión a la breve vida de estos insectos, de la que en el otoño ejecutan el último movimiento.

Se diría una novela de realismo social, al estilo de las de su tiempo, pero la diferencia es clara: aquí la ruina no la causan las estructuras injustas, sino los vicios de las personas. Tanto Paco como Julita (los hijos) intuyen dónde está la salida, pero sus propios familiares se empeñan en atraparles en la mala vida mientras malogran sus propios modestos empleos en un intento de evitar la caída en el precipicio.

Por otro lado, la narración, seca, en presente, sin el menor asomo de emoción, es mucho más artística que la media de las novelas socialrealistas. Podría haber ganado el Nadal pero se lo llevó un desconocido Vidal Cadellans y Salisachs no la publicó hasta los años 80.

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23 diciembre 2021

Annalena Bilsini

Esto es que Annalena se muda al campo con sus cinco hijos, bueno, con cuatro, porque el otro estaba haciendo el servicio militar, aunque luego vuelve a casa… Me adelanto. Osea está casado con Gina y tiene dos niños, Primo y Secundo. El resto de los hijos son Giovanni, Bardo y Baldo, y vive también con ellos el tío Dionisio. Las vicisitudes de esta familia tirando para adelante en un entorno rural constituyen la trama de esta novela realista con toques poéticos. Los hijos dan sus quehaceres respectivos, sobre todo el Pietro, el militar, egoísta de tomo y lomo que busca matrimoniar por interés con la hija del arrendador mientras trata de seducir a su insatisfecha cuñada. Por su parte, Annalena rechaza las pretensiones del arrendador, Giannini, casado con una enferma mental… Todo ello no conduce a un desenlace destructivo, como en las novelas naturalistas de su tiempo, porque los personajes saben, como la voz narradora, que el “instinto que el Señor ha concedido al hombre [es] solo para que este pueda vencerlo”.

Desconozco si hay antecedentes o consecuentes de esta historia, pero se presta a ello, por sus posibilidades de “saga”. La autora es Grazia Deledda, cuyo nombre simplemente me sonaba. Por lo visto, es la segunda mujer a la que dieron el Premio Nobel, dato que me trae bastante al fresco.

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Puer natus est nobis

 


18 diciembre 2021

No es propio de mujeres

Otra vez Nueva Revista, 178. En esta ocasión, Antonio Rubio comenta el libro La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexievich:

…los mandos militares exigían a las mujeres que no se compadecieran del enemigo. Por el contrario, deberían esforzarse por odiarlo. Pero, como bien recuerda la autora, odiar y matar no es propio de mujeres.

Las que acababan entrando en esa terrible dinámica tuvieron que hacerse violencia a sí mismas, y se convirtieron en mitad ser humano y mitad animal.

Pienso en las que abortan. Si esa mitad humana acaba predominando, se suicidan o cambian de vida en sentido cristiano; si predomina la mitad animal, se hacen militantes feministas, cuyo destino no es mucho mejor que el de las suicidas.



16 diciembre 2021

¿Tiene la derecha española

autoridad moral para criticar la ley de Memoria histórica? ¿Es que no han contribuido durante cuarenta años a hacerla posible no hablando del franquismo (el régimen en el que se formaron y que hizo posible el actualmente vigente) más que para denigrarlo?

La torpeza llega al colmo (del ridículo) cuando para atacar la dichosa ley empiezan metiéndose… ¡con el franquismo! Es lo que hace Emilio Lamo de Espinosa en Nueva Revista (número 178, “España, México y la leyenda negra”) cuando recuerda, al inicio de su artículo, y para mostrar su carácter totalitario, que un alcalde franquista utilizó ante Himmler la expresión memoria histórica

En fin, lasciate ogni speranza. O, en castizo, contento me tenéis…



12 diciembre 2021

Nihil novum

John Stuart Mill, en Sobre la libertad:

No es suficiente con una protección contra la tiranía del magistrado, también es necesaria otra contra la tiranía de la opinión y los sentimientos prevalecientes, y contra la tendencia de la sociedad a imponer, por medios distintos a las sanciones civiles, sus propias ideas y prácticas como normas de conducta a quienes disienten de ellas, y contra su propensión a obstaculizar el desarrollo y, si pueden, a impedir la formación de toda individualidad discordante.

(Citado por Juan José Lavilla Rubira en Nueva Revista, 178, “Nuevos retos para un derecho fundamental”)

Cuando aquellas “individualidades discordantes”, entonces llamadas librepensadores, prevalecieron, se hubiera dicho que esa “tiranía de la opinión” iba a acabar. Sin embargo, sus herederos se aplican a “imponer sus propias ideas y prácticas” con más fuerza si cabe que los viejos órdenes establecidos.



07 diciembre 2021

Cuerpos y almas

Que esta novela fuese best-seller en los años 60 dice mucho de los lectores de aquel tiempo, porque la verdad es que no resulta nada complaciente en sus primeros capítulos, dedicados a mostrar el ambiente de las facultades de medicina en la Francia de su tiempo (hacia 1940); ambiente poco recomendable desde el punto de vista de la ética profesional, con unas descripciones durísimas de operaciones quirúrgicas y sin que veas la trama prácticamente hasta la parte segunda.

Una trama que viene dada por el contraste entre los malos médicos y el protagonista, Michel, hijo del afamado doctor Doutreval, que se entrega a su profesión en ambientes de pobreza, padeciendo él mismo la pobreza en compañía de su esposa, una antigua paciente que suscitó en él una compasión sublimada en amor. Doutreval tiene otra hija que asestará una segunda bofetada moral al egoísmo del padre y sus colegas, pues Fabienne, que así se llama, acaba aceptando el hijo que concibió del doctor a quien admiraba, contra la opinión de un padre celoso del qué dirán. Al tiempo, la propia Fabienne abandona, aun amándolo, al padre de su hijo por no comprometerlo de cara a su familia.

Novela ejemplar, pues, donde imagino que los cuerpos es lo que ven los compañeros y maestros de Michel, tipos con pocos escrúpulos a la hora de experimentar con sus pacientes, con extremos que el autor nos muestra con un desgarro inmisericorde, siempre atentos a su carrera y a brillar por encima de los demás; y las almas, aquellas que son capaces de ver personas como Michel o Fabienne, sujetos de un amor que les predispone a recibir la gracia divina. De hecho, “detrás del amor al prójimo está el Bien, está Dios. Cada vez que el hombre ama algo que no está sujeto a él, es, conscientemente o no, un acto de fe en Dios. Solo existen dos amores: el amor a sí mismo y el amor a Dios”. Palabras con que Maxence van der Meersch cierra la novela, a modo de conclusión, por si no la habíamos sacado nosotros.

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15 octubre 2021

Lo prohibido

Podría haberse titulado “El señorito y sus tres primas”, ya que se trata de la relación entre José María Bueno de Guzmán (¡!), solterón y ricachón, y las hijas de su tío, de la primera de las cuales se hace amante adúltero para pasar después a un frío desdén; de la segunda de las cuales se enamora perdidamente sin conseguir que ella le haga el menor caso, es más, cosechando solo una resistencia tan numantina como simpática; y con la tercera de las cuales mantiene una especie de relación admiración/odio, ya que no amor. Pero Galdós prefirió Lo prohibido, sin duda para reírse un poco de esa aura de romanticismo con que se trataba el adulterio en las novelas de su época. Aquí, el adulterio queda reducido a un vicio propio de señorito malcriado, y la fidelidad, encarnada en Camila, resulta tanto más simpática en tanto que José María nos ha descrito desde el principio al personaje como una mujer frívola y despendolada, y a su marido como a un triste patán. Todo esto es muy propio del autor, claro, y marca la diferencia con los franceses y los rusos, tan graves a la hora de tratar este tipo de cuestiones. José María llega a enfermar de gravedad a causa del rechazo de Camila e incluso esta enfermedad nos parece un castigo como los antiguos, de rodillas y cara a la pared, merecido por ser un chico malo, en lugar de una tragedia estilo dama de las camelias (“Traviatito” llama a José María otro de los personajes, mote que define bastante bien el tono de la novela).

Galdós ha elegido en esta ocasión la primera persona como punto de vista narrativo, y eso hace que el lector tenga que matizar los juicios que va emitiendo el protagonista, y creo que en este caso ese es otro de los factores que hacen de esta novela un dechado de humor de la mejor especie.

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25 septiembre 2021

Plomo para espías

Len Deighton concluye de un modo singular su trilogía “Anzuelo, sedal y plomo”: con el último volumen narrado en tercera persona y recapitulando desde este nuevo punto de vista todo lo relatado hasta entonces, incluyendo la trilogía anterior, “Juego, set y partido”. Esto nos acerca de un modo nuevo a Bernard Samson, entre otras cosas, enterándonos de lo que otros piensan de él; pero, sobre todo, y esa es la gran aportación del volumen, contemplando todo lo que fue en realidad la operación Fiona, por así decirlo: cómo fue ideada toda la trama por Bret Rensselaer con el objetivo de debilitar de tal modo al Berlín Este que acabara constituyendo la primera pieza del dominó que acabaría con el bloque comunista en Europa. No fueron, pues, ni Reagan, ni Juan Pablo II, ni la Thatcher, los que hicieron caer el muro, sino la mente maquiavélica de Bret y la sangre fría de Fiona. Esto lo digo yo, claro, no es una conclusión que figure en la novela. Pero Deighton debió de aprovechar así los sucesos en torno a 1990, que es cuando fue escrita esta parte.

Fiona es, de hecho, al personaje central en esta ocasión, frente a un Bernard más en segundo plano, un Bernard que, como sabemos por las otras entregas, no estaba al tanto de la operación y llegó a creer por mucho tiempo que su mujer era una auténtica traidora. Lo que hace el autor es ponernos frente a las debilidades de esta mujer, que equilibran ese valor y ese aplomo que la convierten en elemento fuerte del espionaje británico, así como conocíamos ya las de Bernard. La trama, que viene a ser, como decimos, la de toda la serie, bordea peligrosamente lo inverosímil, con ese patriotismo heroico de una protagonista que pone en jaque lo que era un matrimonio y una familia feliz a cambio de liquidar la guerra fría en una jugada temeraria donde las haya. Pero el autor sale airoso gracias, una vez más, al realismo de los diálogos y a la coherencia interna del relato.

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14 septiembre 2021

Pongan socialismo donde dice democracia, y lo compro.

(Juan Manuel de Prada, en ABC de anteayer.)

UNA ESCUELA MÁS DEMOCRÁTICA

Hay mucha gente ingenua que contempla horrorizada las reformas educativas que se avecinan, tanto en la escuela primaria como en la universidad, y se preguntan: «¿Por qué quieren el doctor Sánchez y sus mariachis igualar al estudiante esforzado con el que suspende o copia en los exámenes?». Pues por la sencilla razón de que son demócratas consecuentes; y, como afirma Nicolás Gómez Dávila, «el demócrata pasa el rasero sobre la humanidad para recortar lo que rebasa: la cabeza. Decapitar es el rito central de la misa democrática».

Y, para que esa misa sea un auténtico éxito, el gobernante demócrata debe halagar la envidia de los zoquetes, de los borregos, de la carne amontonada, que son su principal granero de votos.

 Pues, como nos enseña Unamuno, «cuando la envidia su hiel en muchedumbre vacía/ de gratitud al llamamiento sorda/ suele dejarla y la convierte en horda,/ que ella es la madre de la democracia». La envidia, en efecto, es la madre de la democracia, su motor primero; y para que la democracia funcione a pleno rendimiento conviene tenerla alimentada, ofreciendo a la horda de zoquetes, de borregos, de carne amontonada la igualación con los estudiosos, con los inteligentes, con los espíritus distinguidos. No hay más igualdad entre los hombres que su común filiación divina, que obliga al buen gobernante a castigar cualquier intento discriminatorio y a vigilar que a todos se concedan las mismas oportunidades. Pero en lo demás no hay igualdad, pues el reparto divino de los talentos no es igualitario; y en quien quiere hacer iguales a quienes por naturaleza son distintos no hay más que odio teológico.

Además de fundar su imperio sobre la envidia, la democracia la alimenta más que cualquier otro régimen político. Pues, como observa Max Scheler, proclama pomposamente derechos políticos e igualdad social, a la vez que permite diferencias muy notables en el poder efectivo y en la riqueza (sobre todo si gobierna la izquierda caniche, al servicio de la plutocracia), generando una sociedad en que cualquiera tiene ‘derecho’ a compararse con cualquiera y, sin embargo, no puede compararse de hecho. Así que los zoquetes, los borregos, la carne amontonada que aseguran la provisión de votos a los gobernantes viven en un perpetuo estado de insatisfacción rabiosa que exige ser consolado, mediante la humillación de la inteligencia, del trabajo, del mérito, de la belleza. Y para ello, los gobernantes demócratas nivelan por lo bajo, haciendo tabla rasa del talento, denostando y ensuciando todo lo que es de naturaleza superior, hasta igualarlo con lo que es de naturaleza inferior, incluso subordinándolo. Llegará el día en que, para aprobar un examen, sea obligatorio hacerlo rematadamente mal.

Es el resultado natural de una sociedad donde se estimula y azuza la envidia. Manuel del Palacio lo sintetizaba maravillosamente en una quintilla: «¡Igualdad!, oigo gritar/ al jorobado Torroba./ Y se me ocurre pensar:/ ¿Quiere verse sin joroba,/ o nos quiere jorobar?».



09 septiembre 2021

Mujeres y premios

No he visto desafiar con más desparpajo el principio de no contradicción que cuando se habla de la España de Franco.

Último ejemplo: en el programa radiofónico de Luis Herrero se habla del centenario de Carmen Laforet. La voz femenina proclama:

“Estamos en la posguerra. Las mujeres no escriben ni ganan premios literarios…”

Y a continuación nos cuentan la historia de una mujer que presenta su primera obra a la primera edición del primer premio literario instituido tras la guerra, ¡y va y lo gana! Viva la coherencia, caramba.

Ahí va la lista de los ganadores del Premio Nadal (que Francisco Umbral llamaba dedal por la frecuencia con que lo ganaban las mujeres) y ahí la de los ganadores del premio Planeta. Y no, en la posguerra las mujeres no escribían, salvo Concha Espina, Elena Fortún, Pilar Millán Astray, María Luz Morales, Carmen de Icaza, Ana María de Cagigal, Elisabeth Mulder, Ángeles Villarta, Eugenia Serrano, Eulalia Galvarriato, Rosa María Cajal, Susana March, Mercedes Formica, Mercedes Sáenz Alonso, Mercedes Ballesteros, Elena Quiroga, Dolores Medio, Ana María Matute, Carmen Conde, Ester de Andreis, Ángela Figuera, Concha Zardoya, María Beneyto o Gloria Fuertes, por mencionar solo las que empezaron a publicar antes de 1950. ¿Cómo era aquello del mentiroso y el cojo…?





08 septiembre 2021

Ignacio Sánchez Cámara, impecable.

(No dice nada que no sepamos, pero alguien tiene que decirlo. Se titula "Nación y democracia liberal y salió anteayer en el ABC.)


La supervivencia de la Nación española, al menos en su integridad, está amenazada. Como la democracia liberal en ella. Sin duda, lo primero es más grave que lo segundo. El régimen político importa poco si la Nación no existe. El régimen político creado por Europa es la democracia liberal. En realidad, sobra el adjetivo. La democracia, o es o no es. Y la única forma de democracia real es la liberal. Hablar de democracia popular es una necedad. ¿Cabe una democracia antipopular? ¿No es ella el Gobierno en nombre del pueblo? Pero quizá sea prudente conservar el adjetivo para rechazar sus suplantaciones y corrupciones.

La democracia no consiste en el poder absoluto y limitado sólo temporalmente de la mayoría. La

 democracia no es sólo el gobierno de la mayoría. El pueblo no es la mayoría. La mayoría puede ser tiránica. La democracia requiere algo más, mucho más, que el gobierno de la mayoría. No hay democracia (liberal) sin la existencia de ciudadanos libres e iguales ante la ley, sin soberanía nacional, sin división de poderes, sin Estado de derecho, sin garantía de los derechos naturales. Todo esto está amenazado en España.

No todo Gobierno nacido de las urnas y del Parlamento es necesariamente democrático. Tiene que respetar los requisitos y condiciones mencionados. Un Gobierno formado, en todo o en parte, por fuerzas políticas no democráticas no puede ser democrático. Es muy dudoso que el PSOE actual sea, con arreglo a estos criterios, democrático. Es seguro que Podemos no lo es. El comunismo no es democrático. Si en algún momento (el eurocomunismo) lo fue es que no era verdaderamente comunista. Defender las dictaduras cubana y venezolana, más aún el estalinismo, es hacer profesión de fe totalitaria. Este Gobierno español no cree en la existencia de ciudadanos libres e iguales. Para él, no todos los ciudadanos tienen los mismos derechos. Por ejemplo, no todos tienen derecho a decidir la educación que reciben sus hijos, ni a hablar en todos los ámbitos públicos la lengua común de todos los españoles. Tampoco pueden defender la soberanía nacional quienes no creen en la nación. Quienes niegan a la oposición legitimidad para acceder al poder no son demócratas sino totalitarios. Quienes creen que la democracia es de izquierdas son hemipléjicos morales o, si recurrimos al dictamen de Ortega y Gasset, imbéciles.

Tampoco hay democracia liberal sin división de poderes. La teoría procede de Locke y Montesquieu y fue asumida por los redactores de ‘El Federalista’ y ‘padres fundadores’ de la Constitución de los Estados Unidos. Es necesario que el poder frene al poder. Si no hay división de poderes, el poder es absoluto. Es especialmente necesario constituir un poder judicial independiente del Gobierno. Exactamente lo contrario de lo que se pretende en España. El gobierno de los jueces se convierte en botín de los partidos y de las mayorías parlamentarias. Todo el poder para el pueblo y el pueblo soy yo. Muerte de la democracia liberal.

El Estado de derecho consiste en el sometimiento de todos los poderes del Estado al derecho. A ninguno le pertenece el monopolio del derecho. Ni al Parlamento. También él se encuentra sometido al derecho, que protege a todos y está sobre todos. Ahora se pretende que el derecho no es sino la voluntad del poderoso al servicio de la ideología dominante bajo la comunista teoría del uso alternativo del derecho. La ley, sometida al poder. Y no al contrario. Estamos desmantelando el Estado de derecho y, con él, la democracia liberal y, con ella, la libertad y la dignidad. El derecho soy yo. Puro absolutismo camino al totalitarismo.

La democracia se fundamenta en el respeto y garantía de los derechos naturales que todo hombre tiene por el hecho de serlo. Ahora se pretende que es el poder quien crea y confiere los derechos y mientras dure su voluntad. De siervo de los derechos pasa el poder a ser señor de ellos, soberano de lo justo y de lo injusto. Es la muerte del Derecho y de los derechos. Es la falsa soberanía de los súbditos. El poder le dice al súbdito: si tienes derechos es porque yo te los otorgo. Los esclavos felices y la servidumbre voluntaria. La termitera satisfecha.

Y, claro, Dios y la religión, especialmente la cristiana, la única verdaderamente liberadora, molestan. Hay que imponer el laicismo, más bien el ateísmo de Estado, por decreto. Como el cristiano es un hombre libre, liberado por Cristo, es un obstáculo para el proyecto totalitario. Queda proscrita toda defensa de la contribución del cristianismo a la civilización europea, a la dignidad de la persona, a la libertad y a la democracia liberal. Sí. La democracia liberal no habría sido posible sin el cristianismo.

La democracia griega era otra cosa, y la República romana, un régimen mixto. Las democracias sólo arraigaron en sociedades cristianas. Luego se extendió a otras. Novalis lo dijo: Europa, es decir, la Cristiandad. Por eso, san Benito es el patrón de Europa. Porque, como recordó memorablemente Alasdair McIntyre, en la soledad de Subiacco salvó de la destrucción los sabios libros antiguos y liberó a lo que luego, gracias a él, fue Europa, de la barbarie y de los tiempos oscuros. No, no fue la Europa cristiana medieval la época de la oscuridad y la barbarie. San Benito no fue la oscuridad sino la luz, no fue la barbarie sino la civilización. Las naciones europeas no pueden ni deben ser confesionales, pero deben ser cristianas si quieren ser verdaderamente europeas.

En España agoniza la democracia liberal. Pero mucho más grave que esto es que agonice la propia nación. Si ella muere tanto da que sea democrática o no. Ya no será. ¿Puede poner el presidente del Gobierno de España algún ejemplo, salvo el suyo, de un Gobierno europeo integrado por comunistas y apoyado por separatistas? Si no puede, carece de la más mínima legitimidad para censurar a la oposición, incluido Vox, porque esta fuerza política, guste más o menos o nada, respeta la Constitución mucho más que los comunistas y los separatistas. Y que el PSOE actual. En España agonizan la nación y la democracia liberal. La solución depende de nosotros, los ciudadanos libres e iguales ante la ley. España goza de mala salud, pero sigue en nuestras manos. Mientras exista.

                                        Ignacio Sánchez Cámara, ABC, 6 de septiembre de 2021



02 septiembre 2021

Leer a los muertos y muertas

tiene la ventaja de que rara vez te vas a encontrar con los rebuznos habituales en los que emborronan hoy cuartillas sobre temas como “La mujer en el siglo XX”. Con este título publicó Rosa Chacel un artículo en Tiempo de historia (número 67, 1980) donde te encuentras, por ejemplo, esto:

¿Puede darse un texto más igualitario, más cobijador de hombres y mujeres que el Decálogo?...

 

No lo será, desde luego, la ley de violencia de género…

 



01 agosto 2021

Aparición del eterno femenino contada por S. M. el Rey

Álvaro Pombo ha elegido un punto de vista infantil, con claros propósitos humorísticos. Ingenuidad, fantasía, deseo de hombrear que contrasta con una visión esquemática del mundo, todo eso está ahí puesto por el autor con gran habilidad. Al punto de vista infantil se une el registro coloquial, con leísmos y otros localismos, dislocaciones sintácticas y parrafadas largas sin puntos y aparte. Las novelas en este plan, como Cinco horas con Mario o Duelo en la casa grande, no dejan de ser un poco torrantes, pero en este caso el humor se encarga de atemperar la monotonía de la elocución. El resultado convence.

El eterno femenino es Elke, la chica alemana adoptada por una pariente, que deslumbra al Chino, el primo del narrador, al que a su vez llaman Ceporro pero que en su propia narración se erige en rey, con lo que completamos la explicación del título. Lo de “contada por” es lo fundamental, ya que aquí no pasa nada que no le pase a un chico corriente, pero nunca nadie, que yo sepa, se había adornado de este modo utilizando la mente infantil; utilizándola solo en parte y sin intención de que nos lo creamos, todo hay que decirlo, pues reconocemos al socarrón Pombo detrás de ciertas metáforas audaces y de tantas ironías que lo son para el lector pero no para el relator.

Y algo que me agrada: una novela situada en la posguerra civil sin sarcasmos estúpidos sobre las personas e instituciones del régimen (por antonomasia).

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