16 diciembre 2008

Aventureros



... si se prescinde de la dimensión nacional, la sabiduría es pedantería, la riqueza es latrocinio, la justicia es farsa y la milicia es aventurerismo puro...

Ramiro Ledesma Ramos, Discurso a las juventudes de España

Hoy, curado de dogmatismos temporales, sólo estoy seguro de lo último. Al oscurecerse la conciencia de pertenecer a una patria, se disparó en España la objeción de conciencia hasta el punto de hacer inviable el servicio militar obligatorio; y el ejército profesional se nutre cada vez más de aventureros para quienes la "religión de hombres honrados" de Calderón suena a sánscrito.

(Sé que la bandera no lo es todo, pero veo actuar a Rhonda Vincent y qué envidia. El violinista no me da tanta, pero en fin, no todo el mundo ha de tener perfil de soldado)

15 diciembre 2008

Segura


La pasada semana se fue al otro barrio otro de mis ídolos de infancia, el autor de Rigoberto Picaporte, La Panda y Los señores de Alcorcón. En el obituario de El Mundo destacaban lo bien que pintaba a las chicas, y que qué pena que no hubiera vivido en otro país y otro tiempo, para hacer a las chicas más buenorras y tal, ya saben.

Es verdad lo de las chicas, ahora que lo dicen. Pero, como comprenderán, yo de pequeño no me fijaba en eso. Lo que recuerdo de las historietas de Segura era su burla de las vanidades humanas: el culto a la apariencia, el qué diran. "Qué bochorno" era una frase frecuente en sus viñetas, sobre todo al final, cuando los señorones o los snob quedaban en ridículo. También me enseñó mucho vocabulario, tanto del coloquial (sobre todo en La Panda) como del culto, aunque yo a veces los confundía: cuando el capitán Serafín habló de "un ágape a bordo" pensé que era un término castizo, así como cuchipanda. Y ya ven, ahí está el Papa hablando del agapé como amor depurado...

En fin, a él, como a todos, le sentó bien la censura. Propiedad de lenguaje, dibujos perfectos, ni una vulgaridad... Qué buenos ratos con el Pulgarcito o el DDT en las manos.

11 diciembre 2008

Irse de casa


En sus últimas novelas, Carmen Martín Gaite retrató en alta definición a la mujer de su tiempo, es decir, de fines del siglo XX. Si en Lo raro es vivir le tocaba a la treintañera, en Irse de casa aparece lo que llamamos mujer otoñal, pero la diferencia es mínima. Realizadas en lo profesional, liberadas de la familia, son incapaces de escapar de los fantasmas y viven presas del temor a la enfermedad y a la vejez, esclavas del psiquiatra, el endocrino o el fisioterapeuta, probándolo todo para lograr una paz interior que parece llegar en el último capítulo, pero ¿hasta qué punto? La vida no es una novela y ese equilibrio alcanzado por Águeda Soler o por Amparo Miranda se nos antoja terriblemente efímero. La propia Carmen Martín Gaite no pudo hacer sino sostener la lucha, si hemos de creer a la dedicatoria (a N..., "mi mejor aliada en mi lucha contra los fantasmas", o algo así) de Irse de casa. Amparo Miranda llora al final, rendida sobre el pecho de un hombre, en una escena que haría encabritar a cualquier feminista, creyendo haber bebido mucho cuando en realidad, como dice el hombre, "ha llorado poco", y, añadiríamos, no sobre el hombro adecuado. En realidad, todos los personajes de esta novela son un poco Carmen Martín Gaite, al menos los femeninos; Carmen Martín Gaite llorando sobre el papel, o el teclado; Carmen agonizando contra sus temores e inseguridades, "jugando al tenis sin pelota", como dice uno de sus personajes, atisbando la verdad sin atreverse a abrazarla.

Nota redactada en noviembre del 2000

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08 diciembre 2008

¿Sabe el único modo de hacer que se ría el buen Dios?

-Cuéntele sus proyectos.

(Daniel Pennac, Mal de escuela.)

Quino, el de Mafalda, tenía su propia respuesta: aquella viñeta en que Dios se carcajea a mandíbula batiente leyendo un tratado de Física. Lo que no dice nada ni contra la Física ni contra los proyectos, claro.

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06 diciembre 2008

La quimera del oro


Lo mejor que ha producido la filosofía de Nietzsche es literatura. Y sólo porque hubiesen podido ver la luz estos cuentos hubiera merecido la pena que el amigo Federico pusiera por escrito sus delirios. El mito del superhombre ha tenido la virtud de resucitar la vieja épica de Homero. Personalmente veo muy difícil que los buscadores de oro de Alaska se enfrentasen a semejantes penalidades in invocar a Dios. Pero, como pura literatura, resulta convincente y fascinante. Sólo Jack London sabe hasta qué punto él fue uno de sus héroes, luchador sin causa, contra viento y marea helada, puesto que compartió, siendo muy joven, las aventuras de estos locos del Norte, y, como muchos de ellos, acabó sucimbiendo ante la vida, despojado de la única virtud capaz de hacernos aguantar un día más cuando todo parece haber perdido su sentido. Es conmovedora, sí, la actitud numantina con que estos personajes, vencedores de todos sus semejantes, nuevos Hércules, caen ente el enemigo más implacable, amado u odiado, quén sabe, la diferencia aquí pierde su sentido, caen, digo, numantinamente ante la vida, ese absoluto Otro simbolizado por el perro Diablo, cuya lucha con su amo, sostenido sólo por la esperanza de darle muerte un día, es digna del viejo cantor de Aquiles y de Ulises.

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Nota redactada en noviembre de 1998

02 diciembre 2008

Errores a pares


Una de las ideas más afortunadas de C. S. Lewis era esta: el diablo manda los errores de dos en dos, para que, tratando de apartarnos de uno, caigamos en su opuesto. A raíz del asunto de los crucifijos escolares, he oído a alguno decir que, si queríamos Estado laico, ahí lo tenemos, y de qué nos quejamos. O laicismo o Estado confesional.

Y no. No nos debatimos en una dicotomía. Defender la aconfesionalidad no es caer en el laicismo. Abogar por la presencia de lo cristiano en la vida pública no es caer en el confesionalismo. Son tres las posiciones en juego, y lo que no acaban de entender unos y otros es la naturaleza de la tercera, la que los eclesiásticos suelen llamar laicidad positiva o sana laicidad y a la que, en el fondo, le sobran los adjetivos, porque la laicidad no connota nada negativo ni enfermo. Sencillamente habla de garantía del libre ejercicio de las creencias de cada cual.

En el fondo, tanto los confesionalistas como los laicistas están en el mismo bando, en ese aspecto: Para unos, la libertad niega la verdad, y hacen del relativismo norma vinculante; para otros, la verdad tiene derechos que pasan por encima de la libertad. La armonía entre ambos conceptos es aún un misterio para todos ellos. Benedicto XVI hablaba así de la cuestión, tal vez la fundamental de nuestro tiempo:

Si la libertad de religión se considera como expresión de la incapacidad del hombre de encontrar la verdad y, por consiguiente, se transforma en canonización del relativismo, entonces pasa impropiamente de necesidad social e histórica al nivel metafísico, y así se la priva de su verdadero sentido, con la consecuencia de que no la puede aceptar quien cree que el hombre es capaz de conocer la verdad de Dios y está vinculado a ese conocimiento basándose en la dignidad interior de la verdad. Por el contrario, algo totalmente diferente es considerar la libertad de religión como una necesidad derivada de la convivencia humana, más aún, como una consecuencia intrínseca de la verdad que no se puede imponer desde fuera, sino que el hombre debe hacerla suya sólo mediante un proceso de convicción. Con el decreto sobre la libertad religiosa, el Concilio Vaticano II, reconociendo y asumiendo como propio un principio esencial del Estado moderno, recogió de nuevo el patrimonio más profundo de la Iglesia.

Y ello aparte de que la presencia del crucifijo en el aula sea compatible con la aconfesionalidad, o con la laicidad, o como queramos llamarlo. Lo cual es perfectamente opinable.

01 diciembre 2008

Papa, mira este.

Lo de Papa no tiene tilde aquí. Pero es la misma rabieta de niño chivato. Ahora se lo digo al Papa, ya verás. "Mira tú el Papa, que manda más que el rey", decía un personaje de La Regenta. En tiempos, si tenías un pariente en el Santo Oficio y querías chinchar a tu enemigo, le amenazabas con el brazo secular y el otro a temblar. Papa, mira este, que está diciendo cosas poco evangélicas. Lo que no sé es si el alcalde tendrá mano con el Papa. Ni si pensará que Benedicto XVI no tiene más que hacer que atender a sus pleitos. Pues como le diga yo lo de la píldora after dust, como la llama quien yo me sé, ya verás. Puestos a chivarse...

28 noviembre 2008

UGT no quiere curas. ¡Qué bien!

Matizo mi entrada anterior: la decisión del juez sería impecable... siempre que los padres que quisieran la cruz en el aula pudieran escolarizar a sus hijos, en igualdad de condiciones, en un colegio que las tenga. Eso está lejos de suceder en España. Por tanto, pierde la libertad, pero sobre todo la libertad de los cristianos. Esto me recuerda algo que escribí hace unos años a propósito de una declaración del líder de la UGT. Simplemente advierto que yo no soy el de la foto y que tengo una cuenta pendiente con el responsable de Fluvium.

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26 noviembre 2008

Si no es el crucifijo, hombre

Bueno, ya estamos otra vez con el crucifijo. La decisión del juez en el sentido de quitar la cruz de un colegio vallisoletano es respetable, claro, e incluso puede ser justa. Lo que llama la atención es que el PSOE y las asociaciones laicistas de padres (que para eso están, por lo visto) hayan tardado tan poco en aprovechar para exigir, de nuevo, la retirada de todos los símbolos religiosos. Pero hombre, ¡si hace veinte años que, salvo casos aislados, el crucifijo es tan sólo un recuerdo en los centros públicos! Estos señores siguen mostrando la misma voluntad de aniquilamiento total que en el Cerro de los Ángeles. Me temo que de donde deben quitar el crucifijo es de sus sueños...

Si no es el crucifijo. ¿Qué la escuela es aconfesional? Pues no colgamos símbolos religiosos, vale. Lo que no deja de chocar es que la retirada de los crucifijos haya sido simultánea a la ruina del mobiliario, a la cochinez de las aulas, al imperio del alarido y de la palabrota, a la escalada de la depresión y a la burrería generalizada. A lo mejor no tiene nada que ver. Pero siempre me dieron lástima los que clamaban contra la alternativa “religión o ética” con el argumento de que eso suponía dejar sin formación moral a los que escogieran religión. A veces, en el mundo de la enseñanza, quien pasa de la docencia a la política no hace sino cambiar los tranquilizantes por las ruedas de molino.

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25 noviembre 2008

Ortega y el 98


La desilusión de todo aquel que, como Gonzalo Fernández de la Mora, se acerca a la generación del 98 con ánimo de encontrar críticas y soluciones concretas, es decir, rigor, se comprende. Y se comprende también que quien investiga el 98 desde el lado filosófico, y no literario, de la cuestión, prefiera a Maeztu sobre todos los demás, sobre todo si es conservador. Digo "filosófico" aludiendo sobre todo a la filosofía política. Bien, el caso es que don Gonzalo comienza su obra con una perplejidad, que ya he visto antes, ante la falta de coherencia de los noventayochistas, su escaso espíritu de sacrificio y su egloatría, que los hace aparecer casi como niños malcriados, que se quejan de todo y apenas nada ponen de su parte. Buceando sobre el porqué de todo ello, llega a lo que es, me parece a mí, una de las dianas de este trabajo: la caracterización de los hombres del 98 como unos hiperestésicos. En efecto: la falta de defensas espirituales que define al hombre de nuestro siglo, ya desde su comienzo, le hace especialmente sensible a todo. El trauma que causó a los españoles la pérdida de las colonias encuentra en estos hombres un reflejo desorbitado, como lo hace la gripe en un enfermo de sida, y se dedican a problematizar España sin darse cuenta -tarde o temprano lo harán- de que son ellos los problemáticos. Sólo desde esta perspectiva me parece posible una comprensión cabal del caso 98.

Nota redactada en junio de 1999

24 noviembre 2008

El poder

Parece que se ha puesto de moda entre los progres buscar una "Iglesia buena" que oponer a la Iglesia mala que se amancebó con el régimen de Franco. A la película de la señora esta que creo que se llama Taberna, con su cura guapo y disidente, se suma ahora el Manuel Rivas, uno que creo que hace novelas: en El Pis Semanal se descuelga este hombre con no sé qué cura de Alsasua que también plantó cara a esa "Iglesia que sólo buscaba el poder", "como la de ahora". Se lo juro, así lo dice.

Tal vez por eso no lo aserraron, ni emascularon*, ni violaron, ni echaron a los cerdos, ni lo expusieron en carnicerías, al cura de Alsasua. Eso les pasa a los que buscan el poder, como las carmelitas o los capuchinos, por ejemplo.

*Del prefijo e-, ex-, relacionado con arrancar, y masculus, macho. Pueden imaginarse algo doloroso.

En la foto, Juan Duarte Marín, uno de los megalómanos.

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21 noviembre 2008

Democracia, libertad


Los que han teorizado sobre la democracia sin divinizarla suelen admitir que tal régimen es compatible con la restricción de la libertad personal, y viceversa, un régimen sin participación de los ciudadanos puede conceder amplios márgenes a esa libertad. Así, para Isaiah Berlin, la libertad

... no es incompatible con ciertos tipos de autocracia o, en cualquier caso, con la ausencia de autogobierno... [Así como] una democracia puede privar, de hecho, al ciudadano individual, de gran número de libertades de las que podría disfrutar en otro tipo de sociedad, es perfectamente imaginable un déspota con espíritu liberal que concediera a sus súbditos un gran espacio de libertad personal. (En Dos conceptos de libertad y otros escritos)

La deriva del gobierno catalán en los últimos años ilustra perfectamente lo que puede llegar a ser un totalitarismo refrendado. Lo del comité audiovisual es ya clamoroso. Pero, si llegaran a cuajar propuestas como la del Instituto de Estudios Catalanes, para multar a los periodistas que empleasen mal el catalán, aquella región habría empezado a superar las ficciones de Vizcaíno Casas para adentrarse en el terreno de Francisco Ibáñez, el de Mortadelo y Filemón. Pero sin gracia.

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19 noviembre 2008

Cera


Lo que más me admira de Ortega (y Gasset, claro) es su capacidad para ponerse a meditar sobre cualquier cosa y sacarle punta. Leo en La deshumanización del arte:

Ante las figuras de cera todos hemos sentido una peculiar desazón. Proviene esta del equívoco urgente que en ellas habita y nos impide adoptar en su presencia una actitud clara y estable. Cuando las sentimos como seres vivos nos burlan descubriendo su cadavérico secreto de muñecos, y si las vemos como ficciones parecen palpitar irritadas. No hay manera de reducirlas a meros objetos. Al mirarlas, nos azora sospechar que son ellas quienes nos están mirando a nosotros. Y concluimos por sentir asco hacia aquella especie de cadáveres alquilados. La figura de cera es el melodrama puro.


Cadáveres alquilados... En un examen me cargué una pregunta entera por empezar diciendo: "Ortega y Gasset fue un poeta madrileño..." A veces pienso que la alumna no iba tan falta de razón. Ante Ortega siento muchas veces lo que decía Vintila Horia por una película de Fellini: me entran ganas de reír de puro gozo. Así con su artículo "Arte de este mundo y del otro", recogido en el volumen citado. Qué alarde.

18 noviembre 2008

Floresta española de varia caballería


Lo sobrenatural o lo maravilloso ha sido común a todas las literaturas, que necesitan del misterio porque el misterio está ahí, como un dato de experiencia. El caballero es una de las múltiples formas (y una de las más atractivas) que adquiere el hombre cuando quiere sublimarse. Es casi como un santo y a veces (como en el caso de Percival, o Parsifal, o etc.) se funde con él. En todo caso, el caballero es alguien que entrega su vida a algo o a alguien, algo o alguien relacionado con el misterio. en el menos sublime de los casos, se trata de una mujer, la dama de los sueños del caballero andante. Pero sabemos muy bien (aunque sea simplemente por Bécquer) cómo la mujer ha sido con frecuencia símbolo o encarnación del ideal, del misterio, de ese algo superior por el que merece la pena vivir; no importa que lo carnal haya tenido también su papel, y papel importante, en las peripecias de los caballeros; es que lo carnal es también un dato de experiencia del que no podemos prescindir, y aparece en la cabellería con significaciones muy diversas.

Todo esto, y mucho más, cabe deducir del entusiástico canto a la caballería que Luis Alberto de Cuenca, jovencito aún entonces, pone como introducción a los tres tratados españoles sobre la caballería (Raimundo Lulio, Alfonso X, don Juan Manuel) incluidos en esta Floresta. Ojo al epílogo.

Nota redactada en junio de 1999. Es un volumen de la "Biblioteca de heterodoxos, marginados y visionarios", peregrina ocurrencia de la Editora Nacional que acabó regalando a todos los centros docentes; y uno de los pocos volúmenes valiosos.

16 noviembre 2008

Demagogo:


Aquel que predica doctrinas que sabe que son falsas a hombres que sabe que son idiotas.

H. L. Mencken

Bastante acertado. Pero creo que hoy el demagogo, más que predicar doctrinas, inventa derechos, reivindica deudas históricas, busca enemigos, inflama pasiones. En cuanto a los idiotas, la terrible diferencia de nuestra época con respecto a otras es que los idiotas se pueden fabricar a base de planes de enseñanza, como estamos viendo en España desde el año 90 a esta parte.

13 noviembre 2008

Aquellas almas fueron intolerantes,


no por salud y vigor, sino por pobreza de complejidad, porque no sólo tolera el débil y el escéptico, sino el que en fuerza de vigor penetra en otros y en el fondo de verdad que yace en toda doctrina, puesto que hay junto a la tolerancia por exclusión otra por absorción.

Totalmente de acuerdo con Unamuno (En torno al casticismo) en la diferencia. De hecho, son los dos conceptos de tolerancia que se enfrentan hoy mismo: la que se basa en el escepticismo ante la verdad (en el relativismo) y la que no han dejado de predicar los papas en las últimas décadas: la que reconoce "el fondo de verdad que yace en toda doctrina" y tiene el máximo respeto por los hombres que las profesan.

No tan de acuerdo en cuanto a la intolerancia de los españoles del XVI. Yo creo, en cambio, que fue más por "salud y vigor" por lo que otorgaron a la verdad que profesaban unos derechos que en realidad pertenecían a las personas. Porque reconocían la salud y el vigor de esa verdad.

12 noviembre 2008

El vengador


Antes de que decidiera invertir su talento en hacer siniestras caricaturas de lo que fue incapaz de mascar, el ex-seminarista José Luis Castillo-Puche realizó cosas tan estimables como este Vengador. Por cierto, que uno de sus personajes refleja bastante bien al miserable en que se convirtió después el autor: me refiero a ese preso que, interrogado por los vencedores, salta como un perro hacia el protagonista y le aferra la muñeca con los dientes hasta arrancarle un trozo de carne. La escena es estremecedora por cuanto en su vileza este hombre llega a resultar francamente patético.

La obra, digo, es estimable no sólo por sus cualidades literarias sino por trascender el conflicto político o social de la guerra civil y llevarlo a un plano humano, espiritual si queremos. El tema de la represión en la posguerra no lleva aquí a tratar a los vencidos como inocentes, pobres angelitos víctimas del fascismo. Son culpables y el autor no ahorra pormenores que lo demuestran ni tampoco la razón que, desde un punto de vista pegado a la tierra, asiste a los vencedores en su afán de venganza. Pero por encima de las miserias de unos y otros la novela consigue ponernos ante la mirada, sin discursos enojosos, con procedimientos puramente narrativos, el valor de la vida humana, de la vida de cada hombre.

Nota redactada en septiembre de 2007

10 noviembre 2008

Algo de música


El Wreckin´ball de Emmylou Harris me ha parecido decepcionante. No es nada nuevo, es un disco de 1995, pero el experto que consulto habitualmente me lo había definido como espiritual, de rara belleza y una de sus obras maestras. Pues a lo mejor por espiritual y de rara belleza me parece un fiasco. Creo que trata de ponerse new age y eso no le va.

En todo caso, se salva una composición, la titulada Sweet old world, original de Lucinda Williams, que paso a incluir como favorita en el perfil. Una preciosidad, incluida la letra, algo pegada a la tierra, pero qué vas a pedir.

Otra experiencia de esta semana fue volver a oír Señora azul, de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán... Ahí sigue, en todas las recopilaciones de música de los 70. Es increíble. Es fea, está mal cantada, su letra consiste simplemente en poner a alguien a caer de un burro. Si me preguntaran por algún éxito que me resultara incomprensible, mi respuesta sería Señora azul.

07 noviembre 2008

La libertad del hombre muerto


Loan los historiadores romanos por varón de gran ánimo a Catón, porque se mató no pudiendo con paciencia sufrir la victoria de César su enemigo. Yo no sé por cierto qué mayor crueldad le hiciera el César de la que él se hizo... Y adornan su muerte diciendo que murió por haber [tener] libertad. Y ciertamente no puedo entender qué libertad pueda haber para sí ni para dar a otro el hombre muerto.

Hernando del Pulgar, Claros varones de Castilla

06 noviembre 2008

(Hace medio siglo) La posguerra


"Confieso sinceramente que no entiendo cómo muchos amigos a quienes les parecía obligado, muy de acuerdo con las normas de León XIII y papas sucesivos... colaborar con la república de Lerroux y aun con la de Azaña y Largo Caballero, sientan ahora escrúpulos tan profundos en colaborar con Franco". Esta "extraña" actitud que pone de manifiesto Tomás Cerro, miembro de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, no era sino el comienzo de un fenómeno que se repetirá luego una y otra vez, y no sólo en España: el complejo de inferioridad de la derecha, o de cierta derecha, empeñada en ser más antifascista que nadie. El boicot de Aznar a Heider en el parlamento europeo no es sino el último acto de este sainete, del que lleva mucho tiempo aprovechándose la izquierda. El propio José María García Escudero, a cuyo cargo están los artículos introductorios de estas entregas, llama con ironía a Gil-Robles "antiguo campeón del posibilismo", al tiempo que destaca su actitud radical para con Franco. Suerte que este (en el fondo objeto de las envidias de casi todos) no tuvo ese complejo. Quizá sea cierto que si hubiera tratado de integrar, poco a poco, a la España vencida en su régimen, al cabo hubieran sido otros los malos de la película en este fin de siglo. Pero no quiso correr ese riesgo. No ganó una cruenta guerra de tres años para correr ese riesgo. Se me olvidaba decir que todos los artículos que componen este volumen mantienen un digno nivel de objetividad.

(Nota redactada en agosto del 2000. Se trata de un serial en fascículos que sacó el diario Ya hacia el 90, y que me dio por leer enterito cuando lo vi encuadernado.)

05 noviembre 2008

Pues ya está. Obama presidente.


Que sea enhorabuena. El Mundo se comprometía abiertamente ayer en su editorial: "Por qué queremos que gane Obama". No me resulta difícil compartir algunas de sus razones: el triunfo del candidato demócrata, por ejemplo, avala la idea de que en los Estados Unidos se han acabado los prejuicios raciales y de que cualquiera, en ese país, puede llegar a presidente siempre que consiga infundir la suficiente confianza en los ciudadanos.

Pero no deja de causar estupor el prejuicio que, a su vez, exhibe el periódico contra una persona determinada: Sarah Palin. Pues otra de las razones por las que era deseable, según ellos, que ganara Obama era que no llegase a presidente una persona como la gobernadora de Alaska.

Y causa estupor porque no sólo se trata de El Mundo: contra Sarah Palin se han vertido los odios más irracionales. El Jueves, tan ingenioso otras veces a pesar de su mal gusto, presentaba a Palin en portada en figura de cerdo y con el apelativo de "ese ser". Odio irracional, rechinar de dientes. "... Sus corazones se consumían de rabia y rechinaban los dientes contra él"... Sólo faltó lapidarla en efigie.

¿Estupor, dije? Bueno, sólo de entrada. Todo es la mar de razonable.

04 noviembre 2008

¡Unamunooo...!


Encuentro esta perla en En torno al casticismo:

... razón por la que son mayores las circunvoluciones en el cerebro humano que en los de los demás animales, y mayores en el del blanco que en el de razas inferiores.

Si llega a decir "el vasco" en lugar de "el blanco", hoy tendríamos su careto en todas las ikastolas...

03 noviembre 2008

Tratado sobre la tolerancia


No cabe duda de que nos hallamos en una sociedad panfletaria. Son los panfletos, lanzados aquí y allá con el soporte de columnas periodísticas, entrevistas televisadas o mítines políticos, los que conforman hoy la opinión pública. Por eso no es extraño que este Tratado sobre la tolerancia, salido de la pluma del gran maestro del panfleto, parezca un compendio de las ideas de nuestra época, o, por mejor decir, de sus creencias; es casi casi el símbolo de la fe para los conformadores de la opinión pública de nuestros días.

Entiendo por panfleto aquel escrito que, con un estilo brillante o al menos atractivo, difunde ideas simplistas o que con frecuencia no resisten un análisis riguroso. Así ocurre con la tolerancia volteriana, concepto de difusa significación y de escaso fundamento, que tan pronto equivale a la caridad como al indiferentismo, y que se sustenta sobre sí mismo, como nuevo dogma inatacable. Y si Voltaire pudo ser considerado (por Goethe) como "el más grande de los escritores franceses", lo es sin duda por esta facultad de hechizar a su público con tan escasa base intelectual. Se me ocurre que, en este sentido, Francisco Umbral puede ser considerado un nuevo Voltaire, insigne decorador de ideas pueriles cuando no delirantes, heredero del trono de la ironía.

Nota redactada en febrero de 1999

30 octubre 2008

Tan chapucera como la película.

La bomba, digo. Porque se puede cocear con arte, pero, en España, ya ni eso.

Los períodos prolongados de calma...


... favorecen ciertas ilusiones ópticas. Una de ellas es la suposición de que la inviolabilidad del domicilio se funda en la Constitución, se encuentra asegurada por ella. En realidad la inviolabilidad del domicilio se basa en el padre de familia que aparece en la puerta de la casa acompañado de sus hijos y empuñando un hacha en la mano. Sólo que esta verdad no siempre se halla a la vista; y tampoco constituye una objeción contra las Constituciones. Lo que vale es el viejo adagio: "Es el hombre el que sale garante del juramento, no el juramento el que sale garante del hombre". Este es uno de los motivos de que encuentre tan escasas simpatías en el pueblo la nueva legislación. En teoría no está mal eso de la "inviolabilidad del domicilio"; pero vivimos en unos tiempos en que un funcionario le va pasando al siguiente el picaporte de la puerta de nuestra casa.

En la antigua Islandia, por ejemplo, hubiera sido imposible un ataque a la inviolabilidad y aun santidad del domicilio en las formas en que ocurrió, como mera medida administrativa, en el Berlín de 1933, en medio de una población de millones de almas. Merece ser citado, como excepción honrosa, el caso de un joven socialdemócrata que en el pasillo de su apartamento abatió a tiros a media docena de los denominados "policías auxiliares". Aquel hombre continuaba siendo partícipe de la libertad sustancial, de la antigua libertad germánica que sus adversarios ensalzaban en teoría. Naturalmente, el mencionado joven no había aprendido eso en el programa de su partido. En todo caso no era de aquellos de quienes dice Léon Bloy que salen corriendo en busca del abogado mientras su madre está siendo violada.

Ernst Jünger, La emboscadura. Son dos fragmentos separados, pero con continuidad lógica.

29 octubre 2008

Pasarse de listo


No fue el pensar más de la cuenta, como cínicamente (y sin pizca de intención de que le creamos) sugiere Juan Valera, lo que destrozó la vida de don Braulio. Tampoco ninguna de las cosas que apunta al final Inesita, ni siquiera el "tener menos religión que un caballo" o el "estar desesperado de ser feo y enclenque", aunque algo cooperaron ambas cosas. Lo que le perdió fue el faltar a uno de los deberes fundamentales del matrimonio, cual es la confianza en el cónyuge. Para don Braulio, como para la mayor parte de los personajes de esta novela, el matrimonio es una convención sostenida en el qué dirán: la fidelidad importa hasta que los demás han dejado de creer en ella. Por otro lado, don Braulio es un fiel amante, pero no un amante esposo. La presunta infidelidad de su joven mujer le lleva a la desesperación, pero ni siquiera se le ocurre hablar francamente con ella sobre la base de que alguien ha querido calumniarla. Entristecido (es cierto) por su propia insignificancia física, desestima a Beatriz creyéndola capaz de traicionarle por un cuerpo gallardo, lo que, dicho sea de paso, habla muy mal de lo que hubiera sido su comportamiento en caso de haberse casado con una mujer fea.

Sabiniano, don Braulio: "y morirme contigo si te matas..." Pero, del matrimonio, ni idea. Valera, qué bueno.

Nota redactada en septiembre de 2007. La novela fue editada ese mismo año por "Los libros de Raquel".

28 octubre 2008

Imprescindible el artículo

de Margaret Somerville, extractado en Aceprensa, sobre el derecho a conocer a los padres biológicos. Única objeción: no entiendo por qué habría que reconocer civilmente las uniones homosexuales, al menos mientras no se reconozcan similares derechos a las parejas de hermanos y hermanas que conviven establemente. Reconocer sólo a las parejas homosexuales representa una discriminación a favor de la actividad sexual, lo que de hecho significa una equiparación con el matrimonio. Eso sí, mirando para otro lado.

27 octubre 2008

También lo vio él.



... muchas personas experimentan hoy una necesidad de formas culturales, aunque al mismo tiempo sienten repulsión frente a las Iglesias. La gente barrunta una carencia en la existencia y es en eso en lo que se basa la corriente que se forma alrededor de los gnósticos, de los fundadores de sectas, de los apóstoles, los cuales pasan a desempeñar con mayor o menor éxito la función que antes representaban las Iglesias. Cabría decir que existe siempre una determinada cantidad de disposición a creer, una sed que era aplacada de modo legítimo por las Iglesias. Pero ahora, habiéndose librado de éstas, esa fuerza se adhiere al primer objeto que le sale al paso. De ahí la credulidad, la fe de carbonero del hombre moderno, que es simultáneamente un incrédulo. Ese hombre cree lo que viene escrito en el periódico, pero no cree lo que está escrito en las estrellas.

Ernst Jünger, La emboscadura

Las estrellas siempre han sido muy poéticas, y vienen de perilla para cerrar brilantemente un párrafo o un discurso. Aquí Jünger ha caído en esa trampa. Más que las estrellas, yo habría puesto "en lo más hondo de su conciencia". O algo así, vamos.

24 octubre 2008

Su vida


No es una biografía tal como habitualmente se entiende. Estamos más bien ante una autobiografía interior, por así decirlo. Santa Teresa nos refiere más sus experiencias de oración y sus altibajos espirituales que anécdotas sobre su peripecia vital por este mundo. Y si uno está convencido de que su propia santidad no pasa necesariamente por las visiones y los éxtasis, este libro no le disuadirá de lograrla. En realidad, lo que más subyuga de Santa Teresa no son estos fenómenos extraordinarios, que ella contaba casi con vergüenza y restándoles importancia, sino el realismo de su espiritualidad, en lo cual fue una avanzada de nuestro tiempo, y la atractiva familiaridad con Dios: "dame sólo paciencia", le decía, indicando que estaba conforme con todo lo que quisiera enviarle, pero que se conocía lo suficiente para saber que su carne de barro podía protestar. "Dame, Señor, lo que me pides y pídeme lo que quieras", decía el discreto San Agustín con una lógica divina que no podía menos de enamorar a nuestra autora, y ella lo tuvo presente toda su vida. Lúcida como pocas, deseaba que todos aquellos que tuvieran encomendada la cura de almas fueran además letrados, esto es, doctos: "de devociones a bobas nos libre Dios". Este realismo en la vida espiritual la convirtió en maestra de santos, a lo largo de los tiempos. Y si no hubiera sido por esta lucidez, que le proporcionó la admiración de personas de muy diversas creencias, quizá nos hubiera costado más trabajo creerla cuendo cuenta las mercedes de Dios. Su reticencia ante todo lo extraordinario es su mejor aval.

Nota redactada en enero del 2001

23 octubre 2008

Estatal


Ahora al rock que se hace en España le llaman rock estatal. Incluso hay una revista con ese adjetivo, supongo que pensada para todos los suspensos en inglés que en el Estado vienen siendo. Nada de nacional, pues. Y es que estos radicales son lo más políticamente correcto que existe.

Hoy, oh cielos, veo que mi sindicato inicia también la perestroika, como el PP. En su revista informa de la "Asamblea estatal de ANPE". Cuando mi digna comentarista, reducida hoy a tiza y papel, lo era todo en esa organización, lo suyo se llamaba "ANPE nacional". Imagino que ahora reservarán el término para las diversas federaciones de las distintas realidades nacionales. Supongo que yo estoy en "ANPE nacional de Castilla y León". O tempora.

22 octubre 2008

Los mártires, los más fuertes


Se suele asociar a Jünger con Nietzsche, no sin razón. Por eso me alegra leer cosas como esta.

... Y al Fundador siguieron no sólo los mártires, los cuales fueron más fuertes que el estoicismo, más fuertes que los césares, más fuertes que aquellos centenares de miles de personas que los encerraban en los circos. Al Fundador siguieron también los innumerables seres humanos que han muerto llenos de confianza. Esto es algo que en nuestros días está operando de una manera más intensa de lo que a primera vista se cree. Las catedrales se derrumban, pero en los corazones subsiste un saber, un patrimonio heredado, el cual va socavando los palacios de la tiranía, igual que hicieron las catacumbas. Basándonos en esto nos está permitido tener la seguridad de que la nuda violencia, ejercida según patrones antiguos, no puede triunfar a la larga. Aquella sangre introdujo sustancia en la historia y por ello seguimos contando con toda razón los años a partir de esa fecha, que es el instante en que gira el tiempo. ... El sacrificio se repite en innumerables altares.

Ernst Jünger, La emboscadura

21 octubre 2008

La tesis de Nancy


Se entusiasmó el propio Ramón J. con su Nancy y la prolongó hasta extremos lindantes con el tedio. Lo poco agrada y lo mucho enfada. No niego que tenga gracia el relato de los malentendidos de la ingenua estudiante. Con todo y con los chistes matusalénicos (que Sender podría justificar con obras clásicas españolas, tipo Lazarillo, en gran parte hechas con chascarrillos populares), uno no puede evitar la risa floja en multitud de ocasiones. Y don Ramón es tan buen narrador que incluso nos hace desear conocer a la muñequita en cuestión. Bueno, a ella y a su novio Curro, retrato acabado donde los haya del ligón aprovechado y que resulta más atractivo así, visto a través de los ojos ingenuos de Nancy, que si se nos hubiera mostrado a través de su propia conciencia o de la del autor. La maestría con la pluma hace también que la reiteración no aburra. Pero sí se echa de menos cierta variedad en los gags, reducidos al equívoco lingüístico o a la fascinación paleta por la cultura española en la protagonista. Sender se ha reído hasta no poder más de esa visión romántica que ha suscitado siempre España (y de modo especial Andalucía) en el extranjero. Si esta novela traspasara nuestras fronteras sería la puntilla para este fenómeno. ocurre, sin embargo, que las abundantes referencias a costumbres, conceptos y modos de decir españoles dificulta la adaptación. Y, la verdad, tampoco es para tanto. Ni creo que Sender pretendiera que fuera para mucho. Quiso divertirse él mismo y hacer reír a los demás. Que es, como dice el lema de Cervantes, oficio de discretos.

Nota redactada en diciembre de 1999

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19 octubre 2008

La reoca.

Ahora resulta que los misterios del Papa Mago y su cabeza parlante acaban... en el cambio climático. Como lo oyen. En el último parto de Miguel Ruiz Montáñez (autor de La tumba de Colón, por si se les escapa), un conde se dedica a investigar los descubrimientos de Silvestre II acerca del fin del mundo, ese que causó los (presuntos) terrores del año mil. Y en efecto, resulta que nuestro papa encontró documentos alusivos a una gran catástrofe, pero esta resulta ser la que los seres humanos le infligiremos a la tierra (la sacrosanta Gaia) hacia el 2033: ¡el cambio climático de nuestros pecados!

Como novela de cachondeo, no estaría mal. Al fin y al cabo, el cambio climático ha adquirido caracteres de nuevo terror milenarista. Y el Montáñez ha sabido aprovecharlo. Para mí que se ha reído lo suyo con sus propias paridas. Pero lo narra como si fuese totalmente en serio, confiando en que, si tragaron lo de Da Vinci, cuánto más esta advertencia sobre un tema que nos concierne a todos y tal.

Pero parece que hay algo (Silvestre lo llamaba "el poder") que puede parar la cólera de Gaia. Vamos a ver qué dan de sí las andanzas del detective y la chica en su busca. Llego a la página 300 y pico. Qué emoción...


18 octubre 2008

A "Retahílas",


la novela de Carmen M. Gaite, podría achacársele el ser una especie de versión castiza del nouveau roman, algo así como lo que la siesta es al yoga. Incluso el título parece una parodia. Pero resulta más convincente y menos pretenciosa que las retahílas de Claude Simon o la que comentábamos ayer del flamante nobel. Es un tributo al lenguaje, pero este no se absolutiza, sino que queda subordinado al elemento humano, a quien sirve. Tal como acordamos, les traigo uno de mis párrafos favoritos.


Fíjate, si es que es en todo lo mismo, con la literatura pasa igual; ¿tú concibes mayor memez que el libro ese de Love story que ha hecho tanto furor?, yo no lo entiendo. Y a Ester, por ejemplo, le encanta, dice que está muy bien desmitificar el amor, que ya era hora, que no todo van a ser los parlamentos de Melibea. ¡Pues sí señor!, en literatura amorosa o los parlamentos de Melibea o nada, a mí que no me den gato por liebre, para tanto como eso no escriba usted una novela si los amantes que salen allí no tienen nada que decirse; ¿cómo te vas a creer una historia de amor sin palabras de amor?, porque lo grande es que el autor pretende que te la creas. Pretende que te parezca verdad que aquellos dos chicos se enamoran nada más conocerse y que a ella le da leucemia y que deciden vivir intensamente esos meses que les quedan de estar juntos; pero, por favor, la leucemia precisa su retórica adecuada, no se te ocurre decir "pobre chica", no te crees una palabra de todo aquello porque a ellos mismos les parece que les cae por fuera. Y Ester dice: "Si lo que quiere indicar precisamente es que le quitan importancia, que viven el presente, o sea que no hace falta dramatizar", pero bueno, si ya sé lo que pretende, pero ¿cómo no va a haber que dramatizar cuando a la persona que más quieres en el mundo le da leucemia y los médicos la desahucian?, porque allí te quieren indicar eso, que se quieren mutuamente más que a nadie en el mundo pero que no necesitan decírselo, pues no sé, peor para ellos si no tienen nada que decirse. Cierras el libro y te han informado, sí, de que la muerte ha venido a interruppir el amor de dos jóvenes que se llaman Fulano y Mengana y que viven en tal ciudad, puros datos, pero es un amor que ni te conmueve, ni te interesa, ni te lo crees, te quedas diciendo ¿y en qué se notaba que se querían esos dos?, porque no se notaba en nada; vamos, anda, eso qué va a ser literatura. Y Ester siempre acaba diciendo que lo que me pasa a mí es que soy muy antiguo.


16 octubre 2008

De qué me suena Le Clézio


Pues, señor, esto es que un día me puse a leer un tomito divulgativo sobre escritores franceses contemporáneos, y los únicos que no conocía de los allí citados eran Jean Giono y J. M. G. Le Clézio, curiosamente ambos con apellidos muy poco franceses. Me quedé con los nombres (entonces aún tenía memoria). Años después, un amigo periodista solía llevarme algunos libros que recibía en la redacción, con la intención de que le seleccionara los que eran recomendables para jóvenes. Uno de ellos (de los recibidos) fue El atestado de Le Clézio, editado por Cátedra.

Lo aguanté hasta el final, a pesar de todo. "Todo" es que se trataba de una obra en la línea del nouveau roman, corriente paralela a esas filosofías reduccionistas según las cuales el lenguaje es el nuevo arjé, el elemento primario y origen de todo lo demás. Ya pueden imaginarse lo que puede dar de sí una novela en ese plan. De hecho, el título, Le procès verbal, es un juego de palabras intraducible, que puede referirse, en efecto, a un atestado, pero también al hecho de que toda historia, toda acción humana, es un "proceso verbal". El protagonista de la indigesta parrafada se llama, coherentemente, Adán, Adam, héroe primigenio de una nueva conciencia del mundo.

Todo muy bonito. Pero, puestos a elegir una obra cuyo tema sea el lenguaje y su alcance, prefiero mil veces el Retahílas de Carmen Martín Gaite, uno de cuyos trozos les plantaré aquí mañana, para que vean.


15 octubre 2008

Liberación

El aparcamiento del Honky-Tonk estaba casi igual que hacía quince años. Los coches habían cambiado. Mientras en los años setenta los clientes llevaban Mustangs y furgonetas pintadas con matices psicodélicos, las luces de la calle iluminaban ahora Por[s]ches, BMW y caravanas. Al cruzar el aparcamiento experimenté la misma curiosidad y excitación que cuando estaba soltera y salía de noche. Con mi presente nivel de sabiduría ni se me ocurriría repetir aquellas aventuras ("cerrar bares", lo llamábamos nosotros), pero en aquellos tiempos las acometía. En los años sesenta y setenta es lo que se hacía para pasarlo bien. Así se conocía a los chicos. Así te colocabas. lo que la Liberación de la Mujer "liberó" fue nuestra actitud hacia el sexo. Si antaño lo usábamos para negociar, ahora lo regalábamos. No sé a cuántas prostitutas dejamos sin trabajo por repartir "favores" sexuales en nombre de la libertad. ¿En qué estaríamos pensando? Lo único que conseguíamos al final eran borrachos llenos de ladillas.

Sue Grafton, O de odio

14 octubre 2008

El capitán Alatriste


"No queda sino batirnos", suele decir el pendenciero Quevedo que nos dibuja Pérez-Reverte en su ficción. No queda sino agradecerle al novelista el buen rato pasado con la lectura de El capitán Alatriste. ¿Con qué palabras elogiar la maestría narrativa, la contundencia expresiva, el encanto de las figuras, el perfecto acabado de cada capítulo y la trabazón entre todos ellos? Dumas puede sentirse orgulloso de su discípulo. Como decía Vargas Llosa por otra novela, "uno siente que este relato está amasado con el barro de las más auténticas, de las insobornables historias". Y ahora vamos a las profundidades.


Es claro que la obra debe gran parte de su gancho al atractivo del protagonista. Alatriste se sabe pecador ("he quebrantado los diez mandamientos") y no se cree un héroe, es más, se muestra escéptico con respecto al heroísmo. "Estábamos demasiado cansados para correr", responde, cínico, cuando alguien pondera el aplomo de su compañía en la retirada. Sin embargo, es fiel hasta la muerte a los principios morales que orientan su conducta, al código que se ha marcado: hay un límite que su conciencia no traspasa; la vida suya y la de los demás le importa poco, pero no mata a sangre fría, y devuelve el dinero cuando descubre que le habían metido, con engaño, en un juego demasiado sucio. Todo ello sin hipocresía, con semblante grave y un desengaño que no es, como en su creador, una pose. Si añadimos el ambiente de corrupción generalizada que se nos pinta como fondo, podemos decir que estamos ante una auténtica novela negra, con su Philip Marlowe, esta vez sin oficio de detective y trasladado a la España del 600.


Nota redactada en enero del 2000

10 octubre 2008

A veces no sé por qué nos cabreamos tanto


con las “tontadas anticlericales” del cine, español o extranjero, de hoy. Lo cierto es que el cine de todos los tiempos está lleno de ellas. Supongo que los predicadores protestantes tampoco eran tan tontos ni tan hipócritas como el que aparece en Duelo al sol, que trata de exorcizar a la bella Perla mientras la mira y remira por todas partes. Incluso el maestro John Ford cayó en esos excesos, y no hay sino recordar al atontado fanático que interpreta Boris Karloff en La patrulla perdida. No, no es nada nuevo que un escritor o un director se burle de lo que no es capaz de mascar. Pero también es cierto que no hay nada más repulsivo que la virtud impostada o el cristianismo cuando es mera apariencia. En el buen cine (sigo pensando en John Ford) salen mejor parados los que dan trigo que los que predican, los publicanos que los fariseos, y eso es puro evangelio. Otra cosa son los burdos desahogos de los subvencionados de hoy.

09 octubre 2008

Memoria histórica


Nadie corrió como Líster desde Toledo a los Pirineos. Lo malo era que, para justificarse, después de cada carrera hacía fusilar a una docena de oficiales. Con esto creía seguir el ejemplo de Stalin.


Ramón J. Sender

07 octubre 2008

¿Qué pasa en las aulas?


Al principio todos callaron con reverencial temor: la LOGSE parecía la nueva deidad y su impugnación el colmo de la estrechez reaccionaria. Pero ha llegado un momento en que ya no se ha podido aguantar más. Mercedes Ruiz Paz dio, en cierto modo, la señal de salida (hay que agradecérselo: eso es valentía, y no lo que como tal se vende por ahí) y, tras ella, una cascada de títulos ha venido a destapar lo que corría de modo subterráneo en la enseñanza española: el hastío de unos profesionales que han sufrido el acoso más vil y el mayor de los desconciertos al no poder ejercer en paz y en libertad su trabajo, debido a una inversión de valores digna de Sigerico de Horría, el tiranuelo caprichoso del Capitán Trueno. Enkvist, Rosúa, Sala, el autor de Síndrome de burnout (cuyo nombre ahora se me niega) o el entrañable Fray Josepho han dado salida sucesivamente a sus frustraciones en todos los tonos posibles. La condición de profesores de Lengua de la mayoría ha dado además un atractivo añadido a sus producciones. A ellos se suma Bárbara Pastor, con una pluma no menos diestra.


El libro da en la diana una vez y otra, y solo se le puede hacer un reproche: da la impresión de que la autora piensa que la enseñanza privada es algo así como un antro de perdición. Todos los males que encuentra en la escuela pública son para lamentar que los alumnos se pasen a la privada. Tranquila, mujer, si realmente es tan horrible acabarán también desertando de ella.


Nota redactada en noviembre del 2002

06 octubre 2008

Jaimito y los best-seller

La seño mandó aquel día, como ejercicio escolar, una narración que contuviera los siguientes elementos: religión, aristocracia, sexo y misterio. La respuesta de Jaimito fue un microrrelato:

¡Dios mío!, dijo la marquesa. ¡Estoy embarazada y no sé de quién!

Hoy los compañeros de Jaimito han descubierto que la fórmula era mágica, han desempolvado sus ejercicios de clase y, tras hincharlos convenientemente, han llenado con ellos las librerías y sus propios bolsillos. El que arrasa ahora se titula El papa mago y, en lo poco que llevo leído, la composición es esta:


Religión: va implícita en el título: Silvestre II , "el papa mago" (?)

Misterio: el secreto de la cabeza parlante, construida por el susodicho.

Aristocracia: el prota es un conde con la cabeza a pájaros.

Sexo: de momento, la bella cincuentona casada con el conde y adúltera, y su hija, que promete...


En todo caso, prefiero la ocurrencia de Jaimito, dónde va a dar.





03 octubre 2008

Me falta un dato


Leo un artículo sobre la campaña de los rumanos para mejorar la imagen de sus inmigrantes. Me parece de perlas dicha campaña y la presencia de los rumanos por aquí. Luego el autor empieza hablar de racismo y de fascismo, y entonces es cuando me mosqueo. Hay mucho savonarola de urbanización, amigo de poner sambenitos a los compatriotas que vivimos en los barrios, en buena armonía con rumanos, moros, sudamericanos y demás inmigrantes honrados. Mucho telepredicador con parejita y audi que fustiga el racismo como nuevo pecado original, fácil de purgar desde sus zonas ajardinadas y cuya verdad se pone de manifiesto en los votos que reciben en España los partidos xenófobos.

También se refería el autor, cómo no, a la emigración española de los 60, para deshacer el tópico de que nosotros íbamos allá con contrato bajo el brazo. No todos, dice, no todos, según los últimos estudios. Vale, majo.

Pero, aun así, me sigue faltando un dato: ¿qué índice de delincuentes españoles había en las cárceles suizas y alemanas en los 50/60?

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02 octubre 2008

Bosnios para un nuevo Guernica


Sombrío título y no menos sombrío panorama el que presenta Ángel Palomino en esta novela. Pero no por ello menos posible. ¿Por qué no habría de suceder en España lo que ha ocurrido no tan lejos en Europa? Confiemos en que la diferente condición histórica de las provincias vascas frente a las repúblicas yugoslavas contribuya a que acabe imponiéndose la sensatez. Pero hoy, a pocos días de celebrarse las últimas elecciones al Parlamento vasco, parecían más cercanas que nunca las catástrofes vaticinadas por Palomino. Si el llamado bloque constitucionalista se hubiera impuesto y los nacionalistas más radicales hubieran decidido no acatar la nueva situación, estábamos convertidos en yugoslavos.

Pero, yendo a lo propiamente literario, esta novela me parece fallida. Peca de explícita y de basta. Quizá la acción hubiera debido desarrollarse en un país imaginario y los caracteres lograr un perfil más acabado. En lugar de eso, tenemos a Arzallus proclamando la independencia de Euskadi y un elenco de personajes lastrado por el más burdo maniqueísmo. Los políticos son unos marrulleros inútiles y los militares nobles paladines. Los amores y los rencores del autor son demasiado manifiestos. En suma, es la novela que habría escrito cualquier ardoroso militante joven de un grupo radical de derechas. Ello no quita para que la advertencia sea válida: alentar el nacionalismo es jugar con fuego.

Nota redactada en mayo del 2001


Otras referencias a Ángel Palomino:

Insultos, cortes e impertinencias
De Madrid a Oviedo pasando por las Azores


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01 octubre 2008

Benedicto XVI y el buen vino nuevo




Se ha escrito mucho sobre el milagro de Caná como revelación de Jesucristo, y también de la santidad del matrimonio por la presencia del Salvador en aquella boda; pero nunca, que yo sepa, se ha relacionado el propio milagro con el amor esponsal. Así lo hace Benedicto XVI en su saludo al movimiento Retrouvaille, que tiene como objetivo la reconciliación de los matrimonios en crisis. Traduzco del italiano, así que no respondo de la exactitud, pero creo que merece la pena divulgar este jugoso texto, que puede pasar inadvertido en la web vaticana. Traigo sólo el pasaje sobre el milagro.

(Dice que crisis puede entenderse como paso a una situación mejor, y continúa)

En este sentido se puede leer el relato de las bodas de Caná. La Virgen María se da cuenta de que los novios "ya no tienen vino" y se lo dice a Jesús. Esta falta de vino hace pensar en el momento en que, en la vida de la pareja, termina el amor, se desvanece la alegría y desaparece el entusiasmo en el matrimonio. Después de que Jesús transforma el agua en vino, felicitan al esposo por aquel vino tan bueno que había guardado para el final. Esto significa que el vino de Jesús era mejor que el anterior. Sabemos que este "vino bueno" es símbolo de la salvación, de la nueva alianza nupcial que Jesucristo ha venido a realizar con la humanidad. Pero también es sacramento cada matrimonio cristiano, incluso el más desdichado y vacilante, y puede encontrar en la humildad la valentía para pedir ayuda al Señor. Cuando una pareja en dificultades, o (como demuestra vuestra experiencia) incluso ya separada, se confía a María y se vuelve al que ha hecho de los dos "una sola carne", puede estar segura de que aquella crisis será, con la ayuda del Señor, un tránsito a algo superior, y que el amor saldrá purificado, madurado, reforzado. Esto sólo puede hacerlo Dios, que quiere servirse de sus discípulos como colaboradores legítimos para acercar a la pareja, escucharla, ayudarla a redescubrir el tesoro oculto del matrimonio, el fuego que permanecía sepultado bajo las cenizas. Y Él reaviva y vuelve a hacer arder la llama, no desde luego al mismo modo del enamoramiento, sino de manera diversa, más intensa y profunda; pero la misma llama.

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29 septiembre 2008

Polémicas


Hay películas (libros...) que se conciben y nacen con polémica incorporada, como si fuera la banda sonora. Y aquí no vale el principio de que dos no riñen si uno no quiere, porque los medios, siempre cómplices en su avidez, irán a buscar a su propia casa a la otra parte y obtendrán un mínimo, una modesta declaración, una mueca de disgusto, que ellos se encargan de abultar hasta conseguir la polémica requerida. Ni que decir tiene que cuando la otra parte se encocora y hace ruido, no consigue sino engrosar el bolsillo del tunante.

Es un modo fácil de lograr publicidad sin talento. Lógicamente, si todos hicieran lo mismo, el efecto se anularía. Por eso el método ha de aplicarse de modo esporádico, y son los menos escrupulosos los que aprovechan la ocasión. Estos no merecen sino el boicot, un boicot elocuente en su silencio. Pero para eso se requiere, ay, un público maduro. Su escasez, y no sólo en España, es hoy por hoy la gran baza de los tramposos.

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27 septiembre 2008

Ora pro eis




Lo que no cabe en sus estrechas cabezas creen que no puede existir.

(J. A. Primo de Rivera, "La hora de los enanos")

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26 septiembre 2008

Ideologías


Al comienzo de Alemania, año cero, Roberto Rossellini dice algo así como: “Cuando las ideologías se alejan de la moral y la piedad cristiana, resultan destructivas y contaminan incluso a la infancia…” La parrafada sigue y de alguna manera te pisa la película, explicándotela. Es una tentación en la que es fácil caer, tanto por parte de cineastas como de literatos. Supongo que es explicable cuando la tragedia está aún reciente, como es el caso de esta cinta de 1947. Y la verdad es que, al terminar la película, corrí a buscar de nuevo la cita, como si fuese una moraleja (que lo es).

Me llamó la atención que Rossellini atribuyera a la ideología (o sea, al nacionalsocialismo) la ruina de Alemania, lo que podría hacer las delicias de Bush. Pero lo esencial de esta película es la destrucción, no de Alemania, sino del niño Edmund, cuya desesperación final es inducida, y uno se teme que no sólo por su depravado maestro, sino por una ideología de radio más amplio que el propio nacionalsocialismo, sólo una anécdota al fin y al cabo. Para que sobrevivan los fuertes hay que sacrificar a los débiles… Llámese a éstos no nacidos o ancianos y veremos hasta qué punto Hitler ha triunfado, por encima del sacrificio de su bonito reich.

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25 septiembre 2008

Obras completas (y otros cuentos)


Monterroso es el hombre que ha conseguido hacer de la intrascendencia virtud, literatura del pensamiento débil, o como se llame ese pensar pero no mucho que dicen que está de moda. Monterroso juguetea con su lector de todos los modos posibles, "se queda" contigo, como diría un castizo de ahora, con esas historias que no llegan a ser tales, con esos personajes que sólo son serios para sí mismos, K de Kafka visto a través del cristal de Molière. No sé qué extraña fascinación tienen los relatos truncados: todos sabemos del encanto del romance del prisionero o el del conde Arnaldos, justamente por quedarnos sin saber quién era ese marinero, quién sufría en aquella prisión. Lo mismo pasa con estos cuentos de Monterroso: romances para un tiempo sin héroes, épica de unas existencias tontas, más tontas aún porque se creen valiosas. Y es el autor quien hace aquí de Forrest Gump y nos recuerda que "a veces hacemos cosas que no tienen sentido". Con todo, de vez en cuando aparecen viejos fantasmas, dinosaurios que se resisten a irse, como sombra permanente de lo que fuimos. No se respeta el autor ni a sí mismo, pues el oficio de narrador queda ridiculizado sin piedad en "Leopoldo y sus trabajos", para mi gusto uno de los mejores relatos del volumen, con el protagonista obcecado en su afán de escribir algo que le supera ampliamente, como aparece demostrado en esas fenomenales parodias del estilo pedestre.

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Nota redactada en marzo de 1999

23 septiembre 2008

Hastíos


Se queja Javier Cercas de la insistencia de Solzhenitsin en sus denuncias del totalitarismo soviético y sus métodos represivos. Desconfía de los "exaltados" y ya empieza a estar un poco harto de los totalitarismos del siglo XX.

No deja de tener razón en cierto modo: quien sólo sabe rumiar el mal que le han hecho no es un tipo muy de fiar. Pero creo que Archipiélago Gulag fue un libro necesario, en un momento en que la intelectualidad de Occidente estaba volcada en masa con el socialismo, ciegos para todo lo que supuso este régimen en media Europa y más allá.

Por otro lado, todavía no he oído ningún gesto de hastío hacia las denuncias del Holocausto y el nazismo, que, estas sí, han alcanzado el nivel de la náusea hace ya tiempo, cruzando sin rubor los límites de la cursilería más empalagosa, con los pijamas y demás. Por lo que respecta al comunismo, prácticamente, acabamos de empezar. Cuando llevemos cincuenta años de denuncias, no dudaré en mostrar a mi vez mi hastío.

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22 septiembre 2008

Segunda parte de Lazarillo de Tormes

"De las crónicas antiguas de Toledo" dice haber sacado este Juan de Luna los materiales para su segunda parte. Como suele suceder en estos casos, el autor ha seleccionado de la obra original los aspectos más llamativos y comerciales y los ha exprimido hasta el aburrimiento. Esta es la razón de que las segundas partes no suelan ser buenas. La novela negra de nuestros días no consiste sino en un jugueteo monótono con lo sangriento y lo sexual, que estaban presentes de modo, digamos, colateral en la obra de los maestros (Hammett, Chandler) pero que el público más adocenado disfrutaba por encima de otros valores. Algo parecido sucedió con la picaresca: lo que en el Lazarillo y en el Guzmán de Alfarache tenía su sitio al servicio de una estructura mucho más rica, a saber, la sal gorda anticlerical y la broma escatológica (marrón, para entendernos) se sale de madre en las imitaciones hasta adquirir un protagonismo que el gran público debió de acoger complacido. En este sentido, la segunda parte del Lazarillo luce junto al anónimo original como una casamata junto a una catedral gótica, y desmerece su publicación conjunta por parte de la editorial Juventud, pues al no iniciado puede inducírsele a pensar que estamos ante la continuación natural de una obra inacabada, cuando lo cierto es que el anónimo Lazarillo de Tormes es, a pesar de las palabras finales, un ejemplo típico de "novela cerrada" y circular, que se explica a sí misma y repudia continuaciones.


Nota redactada en marzo del 2001.

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20 septiembre 2008

Anita Bryant


Navegando por ahí descubrí a esta cantante country a la que no conocía de nada, y me extraña: excelente presencia, magnífica voz, casada con un pez gordo del bisnis discográfico, lo tenía todo. Debió de ser conocida en los USA en los 50 y 60. Pero jamás vi un corte suyo en un recopilatorio, ni una mención en libros o artículos...


Me cayó mejor aún cuando me enteré de que fue una gran activista antigay. Una vez, durante un discurso, uno de esos chicos le estampó un pastel en la cara (un gesto muy propio del colectivo, todo hay que decirlo). Al parecer, la Bryant, sin perder los nervios, comentó: "Tenía que ser un pastel de fruta" (por lo visto, fruta es una manera de decir "marica" por allá).


Pero vamos, no creo que eso tenga que ver con el hecho de que no suene ya su nombre. No.

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19 septiembre 2008

La historia de Leo Taxil

aterroriza. Acabo de leerla en el último número de Razón española, por José Antonio Ullate, y uno se pasma ante semejante frialdad en el mal (también se puede encontrar aquí y aquí). Brevemente: pornógrafo y libelista de fines del XIX que en un momento dado finge una conversión al catolicismo y, como genial burla, no sólo escribe panfletos antimasónicos repletos de disparates que fueron creídos a pie juntillas, sino que se inventa una pecadora satanista que llega a "convertirse" después de obtener las oraciones de, incluso, Santa Teresita. Él mismo descubrió la farsa en una sonada conferencia.

La lección que se puede extraer de todo ello, me parece, es que nadie resulta más ridículo que el cristiano cuando se dedica a buscar culpables en lugar de practicar la caridad. Taxil sabía que la gente se cree lo que quiere creerse, sobre todo de sus enemigos, y que cualquier enormidad sobre los masones encontraría eco en aquella catolicidad (en honor a la verdad, hay que decir que no todos tragaron). Si la historia es maestra, sólo cabe preguntarse si acaso hay taxiles hoy y con quién están jugando. En todo caso, la honradez intelectual es la mejor arma para no volver a hacer el canelo.

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18 septiembre 2008

¿23-F?

... No hay mejor forma de controlar un acontecimiento que coadyuvar a su materialización.

Fráter León, en El dolor, de José Javier Esparza

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16 septiembre 2008

Lo eterno sin disimulo


Este volumen constituye una recopilación de escritos, entre ellos algunas cartas que C. S. Lewis cruzó con diversos oponentes. Pero son esas cartas lo menos atractivo, aunque sirvan para confirmar las dotes de polemista de nuestro autor. Lo que más destaca es, creo, el artículo "Por qué no soy pacifista", inicialmente una conferencia. El razonamiento es de un rigor intachable, y también los ejemplos traídos de la Escritura. El tema es actual, porque el pacifismo ha venido a sembrar confusión ente los cristianos, sobre todo desde que en las parroquias se cultiva un humanismo almibarado con grandes apelaciones a la fraternidad y a la solidaridad, pero sin un sólido fundamento doctrinal. Si de la filosofía de Aristóteles pudo decirse que era "el sentido común codificado", algo similar puede decirse ante la apologética de C. S. Lewis: el sentido común razonado, en este caso.


Si no sabes traducir tus argumentos al lenguaje de la gente corriente, viene a decir Lewis, es que no tienes muy claras tus propias ideas. Es lo mismo que decía Pedro Salinas acerca de las dificultades de expresar cualquier cosa: lo dicho oscuramente es lo pensado oscuramente. Y, para facilitar la tarea, Lewis nos ofrece, en otro de los momentos más interesantes del libro, un breve elenco de voces que han cambiado de significado en la mente del ciudadano común. La mayoría de los ejemplos valen también para un español del 2001.


Nota redactada en julio del 2001.

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15 septiembre 2008

Siniestras comadronas

Jesús Cueva, al que no conozco de nada, dedicó este poema a los abortadores profesionales. Literariamente no es muy allá y quizá peque de celo amargo, pero conviene recordar que estos sicarios son el agente sine qua non para que la estadística macabra se engrose cada día. Decía mi padre que el que mata es peor que el que manda matar, porque éste al menos tiene un motivo. Lo cual es perfectamente aplicable a las “áspides fértiles” y a las “siniestras comadronas”.


Necrófagos,
furtivos,
herodes que extraéis los cuerpos diminutos
que crecen en los úteros de las áspides fértiles, de las arpías fecundas;
qué ominosa osadía,
qué atroz retorcimiento,
qué puñado de plata os incita a matar,
a asesinar a un hombre en su principio, en su cálido origen,
en su sagrado aposento originario,
decídmelo,
oh, sí, decídmelo, decídmelo,
hidras tentaculares, horripilantes hienas, monstruos inverosímiles;
qué ímpetu inhumano os conduce a extirpar una concepción única, una preñez distinta (porque todas lo son);
qué craso atrevimiento, qué excusas aconsejan extinguir
el misterio de una vida que surge,
el misterio de un cuerpo delicado y flexible,
el misterio de un alma, de un corazón novísimo.

¡Madres abyectas, áspides, arpías,
ojalá que algún día caigan sobre vosotras
los hijos que entregasteis a los verdugos blancos!
¡Médicos crudelísimos, siniestras comadronas,
ojalá que la muerte abuse de vosotros!

Madrid, Babel. Rialp (col. Adonais), 1989. El título es mío.

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12 septiembre 2008

La mayoría de las novelas de tema medieval

que expenden en las librerías se empeñan en ver los siglos medios por el canuto de la corrección política. Dijérase que la Edad Media no fue sino la negación de la tolerancia, del laicismo, de la igualdad de género... Y esto hasta extremos realmente chuscos. Por ejemplo, en El sanador de caballos, de Gonzalo Giner, la hermana del califa se pone:
-En nuestra cultura nos está vedado (a las mujeres) cualquier camino que no sea el del matrimonio...

Que es algo así como imaginar que el Cid dijese: "¡cómo me gustaría hablar con Jimena! ¿Qué pena que en el siglo X no se haya inventado la telefonía movil!" No sé si me explico.

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11 septiembre 2008

La paz dura quince días


No importa, porque Rafael García Serrano era un enamorado de la guerra. Lo que no tiene por qué ser un desdoro, claro. Estamos ante una novela abierta, muy abierta, cuya peripecia consiste únicamente en el matrimonio de un oficial y su imposible luna de miel en el ambiente de la guerra civil. Es posible que el autor haya retomado a estos personajes en producciones posteriores, no sé. Es una novela más bien "de ambiente". Y describiendo ese ambiente es donde García Serrano se encuentra en su salsa. Cuenta lo que le gusta contar, como el abuelito de las batallas, y lo hace, a fe mía, con un arte excepcional. Al primer párrafo te quitas el sombrero y conforme avanza el capítulo rompes en alabanzas y acabas postrándote en adoración. Todo el volumen mantiene el nivel, pero ese primer capítulo es un alarde, de los que a mí me gustan, un arranque fulgurante.

Por otro lado, quizá haya que destacar que los hombres y mujeres que pueblan esta narración son "aproblemáticos", que diría un pedante. No tienen más problemas personales que los que la vida plantea, que ya es bastante. Y esos los encaran con la naturalidad y la fortaleza, sin exhibiciones, de los que ganaron la guerra del 36. El autor los trata con admiración recatada, y a los secundarios con una pizca de humor. Algo hay en unos y en otros de los galanes y los graciosos de Lope de Vega, quitada toda pompa.

Nota redactada en junio de 2005

Otras referencias a Rafael García Serrano:

La gran esperanza
Eugenio o proclamación de la primavera
Plaza del Castillo

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10 septiembre 2008

Hablando con alguien sobre "El niño con el pijama de rayas",


saqué a relucir la frase aquella de que “con buenos sentimientos no se hace literatura”. No sé quién lo dijo. Según mi interlocutor fue Francisco Umbral, pero no estoy seguro. En todo caso, hace poco, para mi sorpresa, me he topado con una formulación aún más cruda de la misma idea, a cargo de Flannery O´Connor. “Un corazón de oro es un estorbo para la creación literaria”, dice la narradora de Georgia. He aquí el párrafo completo:

Me gustaría que, en el futuro, los católicos tuviesen una literatura propia. Quiero que tengan una literatura que sea innegablemente suya, pero que nuestros demás compatriotas puedan comprender y apreciar. Una literatura para nosotros solos es una contradicción en los términos. ¿Y por qué no llamamos simplemente cristiana a esta literatura?, me preguntaréis. Pues porque, desgraciadamente, este término ha dejado de ser fiable. Ha terminado designando a cualquiera que tenga un corazón de oro. Y un corazón de oro es un estorbo para la creación literaria.

(“El novelista católico en el sur protestante”, en Misterio y maneras).

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08 septiembre 2008

Garzón y el Gran Vampiro


Esto de Garzón con las fosas franquistas me recuerda una historieta del Jabato, donde, como siempre, un grupo de caciques explotaba a los aldeanos, esta vez mediante el procedimiento de hacerse pasar por vampiros y crear una especie de dios, el Gran Vampiro (en realidad, como siempre, un muñeco). Cuando los malos necesitaban esclavos para trabajar en la mina, hacía su teatral aparición el Gran Vampiro solicitando víctimas.

Periódicamente, los socialistas necesitan sacar a pasear al Gran Vampiro, o sea al franquismo, el franquismo virtual que han inventado, claro. Viven de él. El juez estrella por antonomasia sabe que su iniciativa es inviable, pero lo que busca no son resultados judiciales, sino agitar el espantajo. Nadie va a ser condenado por aquellos sucesos, pero en la opinión pública va sedimentando la ecuación franquismo = genocidio, o República = víctimas. Es la propaganda (... estúpidos). La mano que mece la cuna, vamos.

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07 septiembre 2008

Por fin sabemos para qué sirve el ministerio de igualdad.


E abortados son iguales (los hijos de) los que viven por sus manos e los ricos...

05 septiembre 2008

Diario (de Ana Frank)


La lectura de este diario despeja dudas sobre su autenticidad. La sencillez conseguida por Ana Frank es admirable, pero sería aún mas admirable haberla inventado. Estaríamos ante el mayor escritor del siglo, y hubiera sido de desear que nos deleitara con más obras.

En realidad, si por algo vale este diario, es por la naturalidad con que se franquea su autora. Y su impacto en tantas almas, no lo dudo, proviene de que acusamos la injusticia que supone haber abortado semejante empuje vital. Esas ansias de vivir que Ana Frank declara con sencillez que desarma es lo que más lamentamos haber perdido, por encima de su talento como escritora. Más aún cuando sabemos que se cortaron por un capricho, por un antojo asesino de los hombres.

El proceso de su enamoramiento, por ejemplo, suena tan auténtico que no encaja en una falsificación. Juan Valera consiguió un verdadero primor al relatar el del protagonista de Pepita Jiménez. Pero hay algo ahí que delata su literariedad. Aquí, no.

Sus propias ideas sobre la humanidad, dejadas caer sin un orden premeditado, están también adornadas de la misma sencillez al par que de un sentido común aplastante, difícil de encontrar hoy entre los adolescentes. Me gustaría gritar a los pacifistas de hoy que "no creeré nunca que los responsables de la guerra son únicamente los poderosos, los gobernantes y los capitalistas. No, el hombre de la calle está también contento con la guerra... Los hombres nacen con el instinto de destrucción, de masacrar, de asesinar y de devorar".


Nota redactada en diciembre de 2002.

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04 septiembre 2008

Coen, os odio mucho.

Y no porque no me hagáis pasar buenos ratos. Pero, jolín, te sientas a ver No es país para viejos y piensas todo el rato que estamos jugando a policías y ladrones, y hete aquí que a falta de diez minutos resulta que jugábamos al sentido de la vida y tal. No vale.


Y sí, no sé si será para un óscar, pero el Bardem está mucho mejor cuando actúa que cuando aúlla en manada. Me descubrí al día siguiente imitando sus ademanes.

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01 septiembre 2008

"Confieso que he leído": Urbina, in pace.

Lástima que la vida del hombre sea tan breve. Si diera tiempo, daría también ganas de leer todo, todo, y hacer un manual de Literatura (o un libro que no sea manual) fruto de lecturas verdaderas, reposadas, personales... Tal vez un equipo de hombres y mujeres honrados pudiera hacerlo. No lo sé. Haría falta también un Banco honrado, un respaldo económico generoso y amante de la cultura y de la verdad y de la belleza.

Cuando, a finales de julio, Ignacio Peyró publicó su panegírico de Pedro Antonio Urbina, le comenté: "¡qué susto!, pensé que era una necrológica". No lo era, pero la muerte debía de presentirse cercana, porque, en efecto, PAU (como sus allegados le conocían) murió el último día de ese mes.

Llega un momento, feliz, liberador, en que uno puede decir con toda paz que La Comedia de Petrarca es una castaña. Monumental, pero castaña... Llega el momento liberador en el que uno advierte que el cacareado Antonio Machado y su "sabiduría" filosófica, como la de don Pío en El árbol de la ciencia, es incluso inferior a un mal manual, que ni como pose se sostiene...

No he tenido la suerte de leer lo mejor de su obra de creación. Pero sus artículos de crítica, literaria o cinematográfica, resultaban encantadores. Ayer cayó en mis manos, como involuntario homenaje, la breve delicia de la que proceden estos párrafos, incluida en un volumen colectivo titulado Breve diagnóstico de la cultura española y uno de cuyos epígrafes reza "Confieso que he leído", lo que hoy suena casi a epitafio.

... he leído... a Francisco Ayala como quien lee a un clásico, no sé si mayor o menor, pero su lectura me despierta (como el vaho del eucaliptus) ese clima natural y cierto de lo clásico. También Rosa Chacel... Requiem por un campesino español es una pequeña obra maestra muerta. Muerta porque la activa el odio. Es algo así como si un cantante dedicara a su amada una canción que la define ofensivamente. Disgusta escuchar su buena voz, que se ensombrece por la rabia y el despecho... Nada, de Carmen Laforet, me impresionó vivísimamente cuando la leí poco desúés de su aparición. Pienso que, sin decirlo, me indicó el camino del escritor: hablar de lo que se sabe y se ha vivido, y hacerlo vida.

Uno puede compartir o no estos juicios, y de hecho a PAU le disgustaría que los aceptásemos sin crítica porque vienen de él. Pero nos enseñan lo que debe ser un lector independiente y sin prejuicios. Hay pocos, y encima se mueren, dita sea.

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