18 julio 2013

Aventuras del bachiller Trapaza

“Quintaesencia de embusteros y maestro de embelecadores”. La picaresca del siglo XVII rivalizaba en buscar subtítulos que ponderasen el arte de sus protagonistas a la hora de engañar al prójimo. Esto ponía de los nervios a Gregorio Marañón, que lamentaba que estas novelas diesen de España una visión tan lamentable. En todo caso, quien piense que España era lo que la picaresca transmite habrá olvidado que toda novela aplica un foco a la realidad y con frecuencia transfigura, en mejor o en peor, lo que capta el foco.

Pero mucha vida real del siglo XVII sí que está presente allí, y leer a Castillo Solórzano, como a Espinel o a Salas Barbadillo, es un ejercicio de documentación sobre costumbres, vestuarios, tipos humanos del momento.  Hernando Trapaza es natural de Zamarramala, “a media legua de Segovia” (hoy están prácticamente juntas), villa que al parecer era famosa por sus natas, y es hijo de Pedro de la Trampa y Olalla Tramoya.  Castillo era así, ingenuo en sus planteamientos, porque con él nacía la novela comercial, y el lector tenía que carcajearse con los personajes desde su mismo nombre, bien alusivo en este caso a lo que iba a ser su vástago. Ya el autor del Lazarillo, que no se negaba a una lectura superficial de su obra, había hecho a su héroe hijo de Tomé González.

Y el resto podemos imaginarlo: trapacerías, desengaños, enredos amorosos, ir de un amo a otro, de un socio al siguiente… y también, siguiendo el uso del momento, novelas y poemas intercalados. Y empezaban a hacer su aparición las sagas: Castillo termina con el anuncio de las próximas aventuras de la hija de Trapaza, polilla de la corte, dice, aunque acabó siendo La Garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas.
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14 julio 2013

Operación triunfo

Quizá estuviera totalmente equivocado, pero una cosa hay que no se le puede negar: fue un hombre capaz de elevarse desde cabo del ejército alemán a Führer de un pueblo de ochenta millones de personas... Para mí, el éxito alcanzado por Hitler era razón suficiente para  obedecerle.

Adolf Eichmann. Citado por Hannah Arendt, por supuesto.

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13 julio 2013

Un progresista incomprendido


Debemos conceder a los enfermos incurables el derecho a una muerte sin dolor.


Adolf Hitler, decreto de 1 de septiembre de 1939, que según Hannah Arendt dio origen a las primeras cámaras de gas. En Eichmann en Jerusalén.

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11 julio 2013

Un pionero

Era realmente un asunto médico puesto que fue dispuesto por médicos. Era una cuestión de matar. Y matar también es un asunto médico.

Robert Servatius, defensor de Adolf Eichmann. Citado por Hanna Arendt, Eichmann en Jerusalén.

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01 julio 2013

La envidia igualitaria



A Gonzalo Fernández de la Mora le interesa más criticar el igualitarismo que analizar la envidia. No es un moralista. Por eso la primera parte del libro, que es una visión histórica de lo que se ha pensado acerca de este vicio, está de más, es anodina e interminable. De hecho creo que el exceso es el pecado de todo el volumen. Cuando busca razones para demostrar la desigualdad de los seres humanos, se lanza a una lección magistral sobre los cromosomas y los genes, a todas luces superflua. Es como si no hubiera entendido que el adjetivo igual, iguales, tiene un gran potencial analógico, es decir, que no expresa lo mismo, ni mucho menos, en todos los contextos. Que no somos idénticos no necesita demostración, y no es eso lo que pensaban los redactores de las diversas declaraciones de derechos humanos.

Estoy conforme en que es la envidia lo que da origen, en parte al menos, a las ideologías igualitarias; pero, para barrer todo vestigio de racionalidad a la idea de que somos iguales, Fernández de la Mora procede por reducción al absurdo y se ríe incluso del principio de igualdad ante la ley con el argumento de que la ley no es igual en todos los tiempos y países, y lo mismo hace con la igualdad de oportunidades, oportunidades que, está claro, no dependen solo de la buena voluntad del gobernante. Y te encuentras a menudo con este tipo de obviedades, envueltas eso sí, en el cultísimo lenguaje que caracteriza a nuestro autor, pero que aquí se me antoja pedante: ¿cómo tomar en serio a un hombre que dice fruir por "disfrutar" o abscóndita por "escondida"?

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28 junio 2013

El espíritu de los clásicos


-No seas tonto. Me prometiste no ser impertinente, curioso ni pesado...
-Eso es lo mismo que prometer no amar...

(En La corte de Carlos IV, de Benito Pérez Galdós)
 
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27 junio 2013

Enrique de Ofterdingen



Novalis no era de este mundo, y lo más parecido a una novela escrita por un ser celeste es Enrique de Ofterdingen. A su lado, Bécquer parece sencillamente un buen prosista empeñado en lograr algo parecido. El mundo en Novalis aparece transfigurado: qué bueno es estar aquí, dices a medida que lees, y lo más gordo es que, en un momento dado, se permite una digresión, la historia de Eros y Fábula, que es aún más fascinante que el resto.

Enrique es un trovador inspirado en un personaje real, y la novela es su peregrinaje en busca de la flor azul: la poesía como sabiduría perenne, tal como la entendían los románticos; el himno gigante y extraño de Gustavo Adolfo, el bueno de Gustavo Adolfo que con todas sus fantasías se mostraba aún tan apegado a la tierra, tan vulnerable a las traiciones de las mujeres, por ejemplo.

La narración está inconclusa: Novalis apenas inició la segunda parte; pero eso le da aún más encanto. Tieck recopiló los fragmentos dispersos, “con la devoción con que contemplaría unos jirones de lienzos de Rafael o Correggio”. Tiene mucho de fábula oriental en su modo de narrar; pero, si en estas suele haber algún objeto mágico, aquí la magia impregna objetos y personas, y la poesía irrumpe a cada paso. No deja de resultar chocante que Novalis fuese un administrador de minas. Profesión esta, la de minero, que aparece también en la novela con tintes casi místicos. 

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21 junio 2013

Línea editorial


Se habla de un orador.  

-¿Qué impresión en el público?
-En la masa, un gran efecto. Alguna protesta en la cazuela, pero se han impuesto los aplausos. El público es suyo.
[...]
-Le falta a usted intención política. Nosotros no podemos decir que el público premió con una ovación la presencia del Licenciado Sánchez Ocaña. Puede usted escribir: Los aplausos oficiosos de algunos amigos no lograron ocultar el fracaso del tan difusa pieza oratoria, que tuvo de todo, menos de ciceroniana. Es una redacción de elemental formulario. ¡Cada día es usted menos periodista!

En Tirano Banderas, de Ramón del Valle-Inclán

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17 junio 2013

Inquisición y confianza


Como historia de la Inquisición, este es un libro tal vez prescindible: más bien sumario y poco estructurado, o al menos esa es la impresión que me da. Sin embargo, tal vez sea uno de los pocos que se plantea desde dentro de la fe cómo fue posible la existencia de algo tan aparentemente incompatible con un credo de caridad y misericordia. En este sentido, los primeros capítulos, aunque aparentemente superfluos, son decisivos. Tras su lectura, en efecto, nos damos cuenta de lo que significaba la herejía en una sociedad que tenía en la salvación eterna su objetivo vital; una sociedad que se identificaba con una Iglesia donde la infidelidad era el peor de los males.

El autor* nos pone también delante de los ojos el conflicto que se planteó a Iglesia (al Estado, menos) durante toda la vigencia del tribunal inquisitorial: cómo conciliar la necesaria libertad que implica el acto de fe con la obligación de preservar a los fieles de las doctrinas disolventes (y por tanto fatales, no lo olvidemos). Por lo general se hallaban de acuerdo en que el punto de partida era lo de san Pablo: amonestación privada, amonestación pública y, en último caso, excomunión. Fue la consideración del daño que el hereje podía causar a la comunidad lo que llevó a plantearse la existencia de un tribunal con efectos civiles. El mismo Carlos I, en Yuste, donde se preparaba a bien morir, dejaba fe de su arrepentimiento por no haber quemado a Lutero.

En otros puntos insiste el autor: que la Inquisición nunca se planteó la conversión forzosa de judíos o moros, sino la de los herejes, que, al fin y al cabo, estaban obligados por las promesas del bautismo; y que su entidad como órgano represivo es mucho más relativa de lo que por lo general se cree, sobre todo en lo que se refiere al uso del tormento, generalizado por entonces y que el Santo Oficio fue el primero en retirar, mucho antes de su abolición definitiva.

*José Carlos Martín de la Hoz. Ed. Homo Legens

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13 junio 2013

Tu hazaña,

tu verdadera hazaña, la que hará valer tu vida, no será acaso la que vayas tú a buscar, sino la que venga a buscarte, y ¡ay de los que van en busca de la dicha mientras está ella llamando a las puertas de su casa! Por algo se dijo lo de que las más grandes obras son obras de circunstancia. 

Miguel de Unamuno, Vida de don Quijote y Sancho

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10 junio 2013

La calle de Valverde


Será involuntario, pero este es uno de los peores libros en que uno pueda pensar como propaganda de los hombres que hicieron la Segunda República. Todos se muestran patéticamente afanados en "aver juntamiento con fembra placentera" y, en tanto lo consiguen, se entretienen con conspiraciones que, como bien sabemos, no cuajaron hasta que el rey y sus partidarios les entregaron el mando, comidos por no se sabe qué complejos.

La calle de Valverde se desarrolla, en efecto, en los años de la dictadura primorriverista, y es una novela coral centrada en varios jóvenes aspirantes a artistas o a profesionales liberales, de eso que se ha dado en llamar ideas avanzadas. Al principio se diría una novela de Galdós escrita por Valle-Inclán, y por cierto que el propio don Ramón aparece como figurante en varias escenas, como testimonio poco velado de admiración por parte del autor; luego vemos que la historia de vecindad se abre a diversas perspectivas y la original técnica narrativa de Max Aub acaba dándole personalidad propia.


Es esta manera de contar, que resucita el conceptismo quevediano o gracianesco a base de elipsis audaces, de retruécanos y de una creatividad que aprovecha ingeniosamente el léxico castizo de la época, junto a recursos de tipo cinematográfico, lo que da valor a la historia de estos tipos mezquinos: uno comprende que, si la realidad se correspondía con la ficción, la república derivara en lo que derivó. Cuando hubo que demostrar lo que uno valía como ser humano, es decir, en guerra abierta, sólo podía haber un vencedor. 

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08 junio 2013

¡Qué razón tienes!

Por lo que veo -pensaba- el amor es un bien que no puede existir en toda su plenitud. Tal vez los corazones que gozan de semejante bien son tímidos, se turban y se esconden, no quieren discutir con los listos que niegan su existencia. Tal vez se compadezcan de ellos; perdonan, en nombre de su felicidad, que pisoteen la flor que, por falta de terreno, puede echar profundas raíces y convertirse en un árbol capaz de cobijarles toda la vida.

Oblomov, en Oblomov, de Iván A. Goncharov

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06 junio 2013

Sutileza

Sindicalista, en la radio:

-Los trabajadores estamos cansados, aburridos, y, sobre todo, hastiados.

Obsérvese la importancia del matiz. Para que luego digan de los sindicalistas. Lamentablemente, nadie le pidió que explicara qué diferencia existe entre un trabajador cansado y aburrido y uno hastiado, o qué porcentaje de hastío y de aburrimiento había en cada trabajador...

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28 mayo 2013

Es mi hombre



Una de Arniches: don Antonio y su hija Leonor malviven sin un empleo digno, cuando un amigo vivales le ofrece a él uno de inspector de una casa de juegos, un casino, vaya. El tal inspector tiene que exhibir artes de matón que no le van a don Antonio ni en sueños; pero puede más la desesperación y acepta. “El valor es una cosa que la tiene todo el mundo cuando le hace falta. ¿Qué valor puede tener un pobre muchacho que está de sacristán en unas monjas? Pues un día le llega su servicio, le visten de soldado, y hala, a donde le manden… Pues eso me ocurre a mí”. Esta es la moraleja secundaria de la obra (Arniches era proclive a las moralejas, porque lo era su público). La principal es que el auténtico valor no es el de los matones, sino el de los hombres como don Antonio, que bregan día a día por mantener a su familia. La cosa es que don Antonio acaba creyéndose su papel y se arrima a una tipa de más que dudosa reputación con la que dilapida el ciertamente jugoso sueldo que le paga el admirado dueño del local. Pero acaba entrando en razón, claro.

Como de costumbre, la gracia está en los diálogos más que en el conflicto o en los caracteres. “La calle o la peritonitis”, amenaza Antonio (rebautizado el Modoso) a los aprovechados que tratan de hacer trampas o montar gresca, mientras les arrima una pistola al vientre. El deje madrileño sale solo, aunque no esté escrito. Hicieron una película trasladando la acción a los años 60, para olvidar, a pesar de un López Vázquez haciendo lo que puede. Ese no es mi don Antonio.

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24 mayo 2013

Las mujeres de Gallardón



“No vamos a meter a ninguna mujer en la cárcel”. “La mujer no es criminal sino víctima”. Conclusión: la mujer es subnormal. Al menos, parece que no es responsable de sus actos: tampoco se encarcela a una mantis religiosa.

Lo peor de este arranque de demagogia es que quita todo mérito a las mujeres que prefirieron su propia muerte a la de su hijo, o las que se le entregaron en cuerpo y alma sin importarles su coeficiente intelectual o la mayor o menor oportunidad de su llegada. Todo acto de injusticia acaba arrastrando consecuencias indeseables.

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23 mayo 2013

Lógica Valenciano



Propongo despenalizar la violación.

Ni con los 350 escaños de esta cámara tendrían derecho a decirles a los hombres cuándo tienen que ejercer su facultad genital.

Ah, ¿que hay otro bien en juego?... Bien, díganselo a doña Elena, por favor.

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19 mayo 2013

¿El anillo?


El poder puede ser un veneno o un bálsamo, según la cualidad interior de quien lo posea. Para que despliegue efectos benéficos, es requisito indispensable que quien ostenta el poder haya demostrado antes su capacidad para prescindir de él.

Lo dice un viejo mago al que es fácil relacionar con Gandalf, en El dolor, de José Javier Esparza.

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18 mayo 2013

Meditando tuites


"Soy de otra época", dice el presidente de Uruguay. En efecto: para pensar que la legalización del aborto contribuirá a su erradicación, hace falta ser de otra época. Lo que es legal pasa a ser lícito en el subconsciente de muchos. Legalizar cosas como el aborto o la droga es empuñar una pistola cargada teniendo parkinson. Dudo que todo esto lo ignore el tal presidente. El otro día hablaba en clase de hipocresía en el siglo XVII. Otro día tendré que dedicar la clase a hipocresía comparada.

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«Es un esfuerzo inútil intentar contentar al que nunca se va a dar por satisfecho, y hace de la diferencia su única razón de ser», dice otro presidente, el de Castilla y León. Tiene copyright, y es de Julián Marías, pero tampoco es que sea una conclusión al alcance sólo de superdotados. Y apuesto a que el gobierno lo sabe, tanto como el de Uruguay sabe lo otro. La contumacia de los políticos españoles en ese terreno, como en otros, es uno de los grandes misterios de nuestro tiempo.

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Como no soy muy de biografías, casi no sabía nada del Papa Francisco. Y resulta que fue colega, y amigo de Borges. "No ha olvidado a sus alumnos", ¡ay! También en esto un maestro.

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¿Consensuar la educación? Eso implica que el PP se vuelva socialista del todo o que el PSOE renuncie a la pulsión totalitaria. Mientras nada de eso ocurra, tendremos una ley de educación cada cambio de gobierno. La educación no se entrega cuando uno tiene un proyecto de sociedad. Que haya una ley Wert significa que en el PP no está todo perdido. Que salga adelante, aunque sea tan tímida, si en algo sirve para retrasar la llegada de la Albania intelectual, por copiarle la expresión a un colega.

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16 mayo 2013

Un lugar en la historia


René Albères interpreta la alineación marxista de muchos escritores en el siglo XX.

Ni la materia ni el pensamiento habían representado una certidumbre mientras no se les supo ver en movimiento. Animándoles, el marxismo les devuelve cohesión y verdad. Y a través del proceso dialéctico aparece así la realidad: "La naturaleza existe independientemente de toda filosofía". El hombre puede entoncces apoyarse en un punto fijo, el universo deja de ser absurdo, el pensamiento vacío, la materia fugitiva. Si la verdad parece disolverse para el entendimiento es que está en movimiento, es que se desarrolla y vive su historia. Y el hombre tiene su lugar en esa historia y se siente tranquilizado al saber por fin dónde está, y tenso al saber que entra en un drama en el que tiene que desempeñar un papel.

Esto era como devolver un sentido a la vida al darle un lugar a cada hombre y a cada idea. El individuo, perdido en el universo, volvía a encontrar una tarea y una misión. No sólo en cierta construcción del espíritu, sino en una creación continua en que los problemas se convertían en problemas de acción más que de pensamiento.

(Panorama de las literaturas europeas)

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13 mayo 2013

Dos en una


-Entonces, ¿los compraste?

La cagó. En la última página y sin remisión.

Perdónenme ustedes, lo sé: esa expresión es pobre y zafia. Pero he intentado otras y ninguna dice igual lo que ha hecho Martín Casariego Córdoba con su historia. Porque la manera más lamentable de estropear una historia de amor es aludir a esos objetos que son el símbolo del trato más mezquino que puede darse entre hombre y mujer.

Dos en una es una historia de amor, sí. Inverosímil y divertida; llena de referencias a las modas del momento, como todas las de su género; superficial tal vez, pero muy acertada al incidir en ciertos asuntos, como es el del egoísmo conyugal y sus efectos en los hijos; y adornada por una exigencia de fidelidad y de elegancia en el decir y el hacer, en lo tocante a las relaciones chico-chica. En una de sus páginas se llega a aludir al amor hermoso.

Por eso no le perdono el final. Esa cita en la casa del chico lo deja todo convertido en un contacto de esos que se anuncian en los periódicos. Martín, por tu padre, quítalo; o, al menos, quita la alusión a los cachivaches.

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