01 febrero 2018

"Siembran cicuta y esperan ver crecer campos fecundos"

Espero que no se me olvide la frase. Hasta de Maquiavelo se pueden recoger sentencias aprovechables.

(Citado por Nicolae Steinhardt, Diario de la felicidad, Jilava, mayo-junio 1960)


25 enero 2018

Caza de machos

Tanto las leyes sobre la violencia de género como los delitos de odio no son más que un reverdecer de las cazas de brujas. Es juzgar intenciones: lo hizo por ser bruja, lo hizo por machismo, lo hizo por odio a los...

Según María Elvira Roca Barea, cuando se produjo un caso de histeria colectiva por brujería en la Navarra de 1610, se envió allá al inquisidor Alonso de Salazar, el cual concluyó: “No hubo brujos ni embrujados hasta que se empezó a hablar de ellos”. Con muy buen sentido (son palabras de la autora), “Salazar sostenía que el aspecto demoníaco de los hechos era irrelevante y que lo que había que juzgar eran los mismos hechos. Si alguien le tira un tiesto al prójimo y le abre la cabeza, este es el hecho positivo que hay que considerar. Si el autor o la víctima creen que esto ha sucedido por alguna intervención del demonio, el inquisidor no puede entrar a juzgar lo que uno u otro crea, sino el hecho en sí”. Y habla el instructor: “Búsquese siempre en los hechos cuerpo manifiesto de delito conforme a derecho y no se vaya a probar caso, muerte ni daño que no ha acontecido”

Pongan homofobia o machismo en lugar de intervención del demonio, e ideologías en lugar de histeria colectiva. Si los juristas de hogaño estuvieran a la altura de aquellos inquisidores, nos evitaríamos arbitrariedades que desdicen de un estado que presume de ser de derecho.



21 enero 2018

El velo pintado

Grata sorpresa: no me esperaba de Somerset Maugham una historia como esta, no porque hubiese leído algo de él, que no, sino por haber visto en la Wiki algunas cosas sobre su conducta privada. Que fuese amena sí, pues algo me sonaba de su éxito comercial; pero no que se tratase de un relato edificante.

Edificante es, al estilo de La mujer nueva de Carmen Laforet, aunque el carácter principal parte siendo una señorita frívola e irresponsable, al contrario que la de la novelista española: Kitty, que así la llaman (encima), se casa de modo bastante inconsciente con un tipo del que se cansa al poco tiempo y se echa otro andoba al que cree poco menos que el Guerrero del Antifaz. Siendo así que el marido, el bacteriólogo, es mucho mejor persona que el otro, o al menos a mí me parece el personaje más salvable de la novela, a pesar de que todos lo consideren un mediocre. Cuando descubre el adulterio, trama una maquiavélica muerte en vida para ella, pidiendo un traslado a un rincón remoto de la China para tratar una epidemia de cólera. Llegas a pensar que el tipo lo tiene todo pensado para que ella sepa lo que es la vida (y la muerte) y se haga una persona responsable. Pero parece ser que no. De hecho él llega a admitir que al principio esperaba que ella muriera. En todo caso, aquello le sirve de purgatorio también a él. Porque allí hay unas monjas que mantienen un hospital y que no abandonan a pesar de que van cayendo como moscas... Y ya se imaginan, pero no se preocupen, está muy bien contado.

Dice Alberto Fijo que en la película que hicieron hace poco han eliminado el elemento religioso. Pues se la han cargado. La va a ver su tía.


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19 enero 2018

URSS

De comerciante extranjero a diplomático novato:

No haga ninguna clase de preguntas, ¿comprende? Si sus paquetes llegan solo con la mitad de lo que hubieran debido contener, cállese. Si le roban, cállese. Si una noche le asaltan por la calle para quitarle su cartera, vuelva tranquilamente a su casa. Si alguien muere en su despacho, espere a que vayan a recoger el cadáver. Y tenga muy en cuenta que si su teléfono no funciona es porque no ha de funcionar.

En Georges Simenon, Los vecinos de enfrente, cap. 4



16 enero 2018

Mark Twain, la religión y la cosita

Hay un momento en que, si los ángeles pudieran burlarse, estallaría en el cielo una solemne carcajada por la insensatez en la que incurren los poderosos, los sensatos, los cultivados, ¡precisamente cuando se vuelven impíos!

Esta reflexión de Romano Guardini viene al pelo cuando acabo de leer algo sobre las sátiras de Mark Twain contra la religión, en un panfleto reseñado hace años por Luis Alberto de Cuenca, en el ABC. Como de costumbre, LAC se muestra entusiasmado con su reseñado (todavía estoy por leerle una crítica negativa), pero yo no pude menos de pensar que casi todos los argumentos contra la religión, por inteligentes que sean los que las hacen, superan en poco a aquel pariente mío que decía que, si Dios estaba en todas partes, ¿también estaba en la mierda?

En realidad, el que arremete de modo tan grosero contra la religión suele hablar bajo el influjo de las pasiones, sobre todo de una. Mark Twain lo demuestra cuando arguye que los hombres están locos por inventar un paraíso del que esté ausente la actividad sexual: como si a un tipo perdido en el desierto, dice, se la apareciera un genio que le ofreciera todo menos una cosa, y el tío excluyera precisamente el agua. ¿Ven a lo que me refiero?

Y sin embargo, los paraísos inventados por los hombres son los que de hecho están habitados por valquirias y huríes. Que el asuntillo sexual esté ausente del paraíso cristiano (porque va infinitamente más allá de nuestras pobres expectativas) no deja de ser una prueba de su carácter revelado, es decir, de su verdad. Pero anda.





12 enero 2018

Frankenstein o El moderno Prometeo

La novela de Mary Shelley comienza en una expedición al Ártico, y pronto se empiezan a superponer diversos planos narrativos: el doctor Frankenstein es subido a bordo de su barco por el primer narrador, y allí cuenta su abracadabrante historia. Más tarde el monstruo toma la palabra durante unas cuantas páginas... Ya vemos que la novela difiere bastante de la película de Boris Karloff, porque allí el monstruo no hablaba y de encuentros en el Ártico nanay. En realidad la mayor creación de la película fue la figura externa del monstruo, realmente horripilante, hasta que Michael Jackson le quitó el encanto al convertirse en su parodia. Por otra parte, las cuestiones morales que plantea Mary Shelley quedan menos explícitas en la versión fílmica, aunque puedan deducirse. Es a esas cuestiones morales, creo, a las que debe la fama la novela, que por lo demás queda reducida a un cuentecillo gótico bastante convencional, con sus excesos retóricos incluidos. La dudosa licitud de fabricar vida humana en un laboratorio, si ello fuera posible; el desamparo en que queda sumida la criatura, sin familia ni posibilidad de crearla; el rechazo provocado por el diferente cuando el diferente es bastante feo; la propia fealdad de la venganza...  y hasta qué punto el hombre es un monstruo de Frankenstein que justifica sus malas acciones por haber sido llamado a un mundo horrible que no buscó él (cuestión muy romántica por cierto). Todo eso está ahí y es más relevante, como digo, que la propia novela como creación literaria, algo así como lo que sucedía con aquella película titulada Matrix, puro festival pirotécnico que volvía a poner sobre el tapete, sin embargo, cuestiones eternas.


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10 enero 2018

"... viéndome con tantas faltas / que estoy preñado sospechas"

Me pregunto si este juego de palabras quevediano será el origen de la actual expresión “poner a parir”. Algo retorcido, pero no cabe descartarlo.


05 enero 2018

El prohibido

En Alfa y Omega, semanario religioso de ABC, sacan un reportaje sobre Federico García Lorca y empiezan diciendo que estuvo prohibido durante el franquismo. Yo entiendo que con miras evangelizadoras se quiera asumir el discurso dominante hasta donde sea posible (aunque no suele estar bien pagado). Pero otra cosa es faltar a la verdad, o decirla a medias. A no ser que se piense que el franquismo acabó en 1971, año en que la colección Austral de Espasa-Calpe empezó a publicar toda la producción poética y teatral de Lorca, consciente, supongo, de que los venerables pero vetustos tomitos de la editorial Losada, editados en Buenos Aires pero que circulaban por aquí con toda naturalidad, pedían un sustituto, así como el Bodas de sangre de Círculo de lectores de 1968, el Mariana Pineda/La zapatera prodigiosa/Bodas de sangre de Magisterio español también del 68, La casa de Bernarda Alba de Aymá, 1964, o, por supuesto, los mil ejemplares de la edición limitada e ilustrada del Diván del Tamarit con prólogo de Néstor Luján, de 1948.

Y a no ser, también, que a mi padre le fallara la memoria, que me extraña, cuando aseguraba que en la escuela (años 40) leían poemas de García Lorca y Alberti. Puede que se tratara de “El lagarto está llorando” del primero y de los poemas a la Virgen del segundo, de acuerdo. Pero ya se ve que no se los atribuían a José María Pemán...





Addenda, noviembre 2021: En esta conferencia Alberto Romero Ferrer expone cómo el teatro de Lorca se emitía habitualmente por radio en la posguerra, sin ocultar el nombre de su autor; cómo los cantaores como Lola Flores y otros incluían a Lorca en su repertorio con toda naturalidad y reivindicando su figura. Y nos habla del reestreno de Yerma y Bodas de Sangre en los primeros 60, de la mano Luis Escobar y Manuel Tamayo, ambos procedentes de Falange, y por cierto que a uno de esos reestrenos, no recuerdo cual, asistió la señora de Franco. Eso sí, el hombre se cura en salud y se preocupa de dejar claro que no quiere hablar bien del franquismo, válgame Dios, quiten ustedes...

Addenda, marzo de 2025: En la temporada 1949-1950 la compañía La Carátula, dirigida por José Gordón y José María de Quinto, ponía en escena entre otras obras, La casa de Bernarda AlbaFederico Carlos Sainz de Robles, de quien tomo el dato, añade por las mismas fechas: "La obra de García Lorca, para nosotros, es el más hermoso e impresionante drama del teatro español contemporáneo; todos sus valores son extraordinarios: el humano, el poético, el técnico, el expresivo". (Teatro español 1949-50, 3ª edición 1959, editorial Aguilar).
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03 enero 2018

Imperiofobia y leyenda negra

Empiezo con una pega para después cantar a gusto los loores de este libro: me mosquea que se tilde de fobia a las opiniones contrarias a las de uno: es de sabor totalitario. Reconozco que es más comercial imperiofobia que antiimperialismo, pero es importante dejar a salvo la opinión de quien está en contra de las políticas norteamericanas o de quien siente más simpatía por los galos o los germanos que por Julio César.

Dicho lo cual, qué placer prolongado durante semanas. Es casi lujurioso escuchar tantas cosas que debían haberse dicho hace tiempo, tan juntas y sin dar pausa. Como simpatizante de Carlos V frente a los comuneros, como quien siente gustirrinín con el final del soneto de Acuña, “un monarca, un imperio y una espada”, como admirador infantil de Alejandro Magno y gustador adulto de John Ford, me congratulo de que alguien venga reivindicando los imperios sin el menor rubor. Esto en cuanto a lo sentimental.

En cuanto a lo histórico, era hora de decir bien alto, con el talento de quien ha sabido vender unas cuantas ediciones y acaba de sacar una de luxe, que las revoluciones se han cargado a más científicos que la cristiandad; que la Inquisición estuvo, entre otras cosas, para evitar que las masas lincharan a las “brujas” como hicieron en otros lugares; que los jesuitas hicieron más por la dignidad humana que los ilustrados; que uno de ellos (de los jesuitas) habló de evolución de las especies antes que Darwin; que mientras los españoles hicieron a los indios súbditos de la corona, Montesquieu hablaba de la “servidumbre natural” de los indios y Voltaire de la falta de virilidad del hombre imberbe, o sea el indio; que el descubridor de la vacuna se habría muerto de asco si una expedición española para propagar su invento por América no le hubiera hecho famoso; que un converso al catolicismo no suele tener la pulsión irresistible de poner a caer de un burro a su antigua iglesia, exactamente al contrario que un católico que se pasa al protestantismo; que en Inglaterra no hizo falta inquisición para colgar del cuello a todo aquel que no compartía la fe de la reina, y fueron unos cuantos; que Donald Trump tendría una cara bastante parecida a la de Evo Morales si hubiera habido, en la famosa “conquista del Oeste”, un fray Antonio Montesinos que le espetara a Grant que se iba a ir al infierno si no tenía en cuenta que los cherokees y los navajos tenían un alma como la suya; y, como colofón, que las ideologías son como brújulas que uno se monta en el cerebro de tal modo que todo lo que entorpece su mecanismo es rechazado y destruido para que no nos indique otra dirección.

En fin: en poco tiempo hemos tenido una Natalia Sanmartín, una Alicia Rubio y ahora una María Elvira Roca Barea diciendo cosas que muchos piensan pero se empeñan en disimular, no vayan a creer por ahí que disienten del rebaño. Como esto siga así, va a haber que cambiar el símbolo anatómico que nos ha servido tradicionalmente para aludir al valor...

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28 diciembre 2017

El despertar de la señorita Prim

Nadie tan simpático a nuestro tiempo como el hereje. Por eso es audaz Natalia Sanmartín cuando llama al pueblo de su invención San Ireneo, nombre vinculado sin remedio a una obra titulada Contra los herejes. El despertar de la señorita Prim es una obra muy explícita pero las tesis no ahogan la narración ni hacen que pierda calidad como pieza novelística. Como tal, es una buena historia de amor. De amor humano y divino, por supuesto, y ya que digo esto aprovecho para señalar que la iniciativa de la parte divina está estupendamente puesta de relieve.

Cierto que es una de esas obras de las que resulta difícil juzgar a causa de tu simpatía por las cuestiones extraliterarias que plantea. ¿Hasta qué punto te gusta por sus virtudes literarias y hasta qué punto por decir lo que piensas que debería ser dicho en voz muy alta? En todo caso, insisto, pienso que aquí ese tipo de cuestiones están bien trabadas al hilo del relato, un relato de gran contención expresiva y sabiduría narrativa. En esa sabiduría incluyo el desenlace, en que todo está claro y nada está dicho.

¿Hay que ser de San Ireneo?, podría ser la pregunta. Esta especie de utopía sin Estado es la figura de algo que existe, claro, pero no en un lugar determinado, sino disuelto como la levadura en la masa, unas veces más activa, otras menos. Eso no significa que haya que comulgar con todos los aspectos de la vida en aquel lugar. Pienso por ejemplo en el rechazo a la escuela y la apuesta a favor de la educación en casa. Pero reúne las condiciones para que Prudencia Prim, mujer discreta en el sentido cervantino pero moldeada por los presupuestos ideológicos del siglo XXI, descubra que, al fin y al cabo, Dios contaba con ella. En ese sentido, El despertar de la señorita Prim, que tiene mucho de Chesterton y de los grandes conversos del pasado siglo, se alinea también con todas esas obras que, lejos de rendirse al absurdo, afirman que la Verdad te encontrará a poco que busques y digas sí en el momento adecuado.


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23 diciembre 2017

Puesto en práctica

En Los derechos humanos y la novela del siglo XX, Vintila Horia trae una frase lapidaria de Hegel que me hace gracia porque me recuerda la polémica sobre Eichmann y Kant: el jerarca nazi afirmaba haber seguido siempre una moral kantiana, y eso contrariaba bastante a Hannah Arendt, la pensadora que analizó la “banalidad del mal” a propósito del propio Eichmann.

La frase de Hegel es: “El terror es Kant puesto en práctica”.

En el libro de Vintila Horia no figura el contexto en que fue dicha, y el rumano se está refiriendo más bien a Descartes como origen de los campos de concentración y del “infierno son los otros” de Sartre, porque los otros no serían sino res extensa para quien siguiera la filosofía cartesiana de modo estricto. Pero no dejaría de ser una curiosa profecía y un argumento de autoridad para quien piense que, en efecto, Eichmann era un kantiano en acción. Aquí referencias a la polémica.




17 diciembre 2017

El juglar del Cid

El anónimo autor del Cantar de Mio Cid (que fuesen dos, como sostenía Pidal, no se contempla en esta amable fantasía) es imaginado por Joaquín Aguirre Bellver en su niñez, cuando despierta su vocación de juglar gracias, justamente, a don Rodrigo Díaz, de cuyo destierro es testigo el jovencito. El destino parece que no quiere separarlo de su tío Martín, un juglar enamorado de su profesión. La mutua compañía es grata para ambos pero Martín, un impenitente andador de caminos, siente que su modo de vida no es el más adecuado para un niño. Sin embargo, Gabriel intuye que no es casualidad que hayan confluido ambas circunstancias, el conocimiento del Cid y la eventual compañía de su tío, cuyo magisterio va asimilando día a día. Como suele decirse, Gabriel ha descubierto qué quiere ser de mayor.

La simpática figura de Martín y la viva pintura del modo de vida del juglar son los elementos más valiosos de este relato, sencillo y perfecto en su género. Conmueve la amargura del músico al tener que enajenar su vihuela, así como divierte la rivalidad entre colegas y nos recreamos contemplando la relación del juglar con los copleros. Es magnífica la apología que hace de su arte Martín, al principio de la historia (“Si no puedes ser rey, sé juglar”). Si me da por ahí me hago con la vieja edición de Doncel, que he puesto en la imagen; de momento me he conformado con la de Everest, colección "La torre y la flor".


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02 diciembre 2017

Papirotazos

Echo un vistazo a Breve historia de la literatura española, de Alberto de Frutos, bien tratada por Adolfo Torrecilla, de quien me fío. Me parece, más que breve, esquelética. Lo más apreciable es, como indicaba Torrecilla, el tono periodístico que le aporta amenidad. Veo que no sale del tópico al tratar la narrativa de posguerra, que no sería sino la crónica de una larvada oposición a la dictadura: La familia de Pascual Duarte y Nada son “sendos papirotazos a la novela triunfalista tutelada por el régimen”.

Confieso que a fecha de hoy todavía no sé cuáles son esas “novelas triunfalistas tuteladas por el régimen”. Lo que sé es que Nada recibió un premio instituido por una revista falangista en su primera convocatoria, y que la prensa del momento (prensa del régimen, por supuesto) habló de ella hasta el aburrimiento; que Camilo José Cela ejerció de censor para el famoso régimen y de conferenciante en instancias oficiales mientras iban apareciendo ediciones de un Pascual Duarte bastante bien recibido por la crítica. Se lo cuentan a Pasternak y a Solzhenitsyn y las carcajadas se oyen en Pernambuco. No te digo si además añades que La fiel infantería, novela triunfalista que exaltaba a los combatientes nacionales que “fecundaban la patria a tiros”, lejos de ser “tutelada por el régimen”, fue rechazada por la censura eclesiástica por “expresiones de sabor volteriano”.



P. D. Poco después de escrito esto, encuentro esta perla:

La falsificación, la impostura, comenzó con una circular enviada por Juan Aparicio, director general de Prensa, en 1942 o 1943, a todas las publicaciones periódicas del país, como era vox populi in litterarum orbe cuando yo llegué a Madrid en 1958... Dicha circular "aconsejaba" a los directores de los periódicos y revistas prestar especial atención y dar relevancia a los libros y a las noticias relativas al poeta José García Nieto, el comediógrafo Víctor Ruiz Iriarte y el novelista Camilo José Cela. Aquí nos interesa la novela. En la primera época de La Estafeta Literaria (cuarenta números entre 1944 y 1946), informa Martínez Cachero que Cela "aparece número tras número hasta 384 veces (para ser entrevistado, contestar a las preguntas de una encuesta, escribir una reseña, ser reseñado, ser objeto de examen por críticos o por médicos, etcétera)". Casi cuatrocientas referencias, en menos de cuatro años, en una sola publicación... ¡quincenal! Aunque otras no hubiesen sido tan "generosas"... E idéntica fuente protectora tuvo el excepcionalmente favorable trato que recibió La familia de Pascual Duarte por parte de una censura que por entonces era severísima. En este sentido, se pregunta el historiador citado: "¿Cómo fue que La familia de Pascual Duarte vivió sin traba censorial alguna casi doce meses de éxito?, ¿alguna mano poderosa se interesó eficazmente por una novela con violación, matricidio, asesinatos, prostitución y adulterios, aunque el protagonista termine su vida arrepentido y la relate para aviso y escarmiento de presuntos lectores?" Según Luis Ponce de León..., a quien cita Martínez Cachero, la obra fue efectivamente protegida, contra vientos y mareas, desde la Dirección General de Prensa.

(Manuel García Viñó, La novela española desde 1939: historia de una impostura, 44)

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26 noviembre 2017

La feria de las vanidades

“Novela sin héroe”, la subtitula Thackeray, y es cierto que nos hallamos ante una novela picaresca en cierto modo, con un protagonista poco escrupuloso como es esta Becky Sharp, arribista consumada con quien su creador no tiene piedad desde su posición de narrador testigo; no tiene piedad, ya que la ironía bien manejada es un proyectil mortífero.

En efecto, si algo distingue a La feria de las vanidades de otros productos de su época es el arte narrativo, la manera en que el narrador aparenta salvar la intención de sus personajes a la vez que deja bien claros sus móviles rastreros. No sé si será eso la flema británica. Hay héroes aquí, sí, si el héroe es la persona generosa y abnegada que representa el capitán (luego coronel) Dobbin y que queda efectivamente salvado sobre todos los demás; pero es algo así como el Levin de Ana Karenina, menos caracterizado que los malvados y que tiene solo la función de servir de contrapunto: no toda la humanidad está perdida.

Pero el título de la novela es expresivo con respecto a su intención. Estamos en el reino de qué dirán y de las apariencias, y el narrador no duda en ponerse del mismo lado cuando disculpa a su no-heroína: “No la reconoció; es posible que sufriese alguna afección a la vista”; o bien: “Contadas veces le veía o se acordaba de él su ejemplar madre”; o a otros personajes, “personas de educación exquisita, entretenidas en desollar a sus amigos en la forma más espiritual y deliciosa imaginable”. Y, en todo caso, no puedo dejar de preferir este reino de sepulcros blanqueados a esas novelas contemporáneas donde la podredumbre se exhibe como un traje de noche. Oh, aquel señor, “dignísimo morador de la feria de las vanidades, que acostumbraba a agraviar deliberadamente y de propósito a sus vecinos para tener luego la satisfacción de excusarse y pedir perdón. ¿Consecuencias de su sistema? El buen señor era idolatrado por todo el mundo; se decía de él que era de temperamento impetuoso, pero el más digno, el más honrado de los hombres”. Era un homenaje del vicio de la vanidad a la virtud de la humildad.


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25 noviembre 2017

"Tiempos modernos"

es un estupendo programa de Intereconomía (o era, porque no sé si se sigue emitiendo) que puede verse en el canal Intereconomiatube, de Youtube, claro. Píldoras de trece minutos sobre temas de historia contemporánea, y alguno de más allá, que a quien ande pez en la materia le pueden dar más que un barniz. Qué pena de la vocecita de meritoria que locuta el reportaje inicial, que lo hace como si estuviera emitiendo un anuncio publicitario y tiene un modo de pronunciar algunos nombres que da rubor (Combó y Cómpanis, sin ir más lejos, al hablar del nacionalismo catalán). Ya se ve que estamos en una cadena pobre.

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En Jot down, número 19, hablan de un irlandés que dice que “sus dos días favoritos del año son Navidad y verano” (David López, “Guinness is good for you”). Es inevitable recordar a los de Burgos, cuando dicen aquello de “este año el verano cayó en jueves”, y tal.

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Yo pensé que lo de autenticar era un palabro que vino de la mano de las nuevas tecnologías, así como indexar, o inicializar, y cosas así. Sin embargo, lo encuentro en el Martín Lutero de Ricardo García Villoslada, libro de 1973 (y es una edición antigua, de papel biblia). Es más, figura en el DRAE y lo hacen derivar del latín medieval authenticare. Uno nunca sabe.




18 noviembre 2017

Sun-Tzu: El arte de la guerra

Es cierto, es un pequeño código de conducta que puede aplicarse no solo a la estrategia guerrera, sino a todo lo que puede llamarse así por metáfora: negocios, deporte, o incluso la propia vida. Un ejercicio ascético, incluso, que puede nutrir hasta la oración, porque uno es cobarde o imprudente a la mínima que se descuida. De hecho podría ser también un tratado sobre la prudencia de gobernante. A Gracián le habría encantado.

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15 noviembre 2017

Valentías

Germán alaba la valentía de una mujer que “no tuvo inconveniente en afrontar la opinión de la sociedad”

Como Lucía –vuelve a pensar Marina– [...] Es un producto nítido de los tiempos actuales. Uno de esos ejemplares que confunden el cinismo con la valentía y que no sienten reparos en vender su porvenir por un placer eventual. Tal vez porque sabe con certeza que la sociedad no va a reprocharle su conducta. La sociedad ya no condena lo que siempre ha sido condenado: esa condena ha pasado a la historia. La sociedad, ahora, es la gran celestina de ese tipo de valentías.

En Mercedes Salisachs, Adagio confidencial


11 noviembre 2017

El caudillo expiatorio, El Corte Inglés, la guerra civil.

Comienzo a leer en Aceprensa una entrevista con un especialista en enseñanza de la Religión. Primera pregunta: "Desde hace ya décadas, en España, la asignatura de Religión es fuente de constantes polémicas... ¿Qué pasa?"

Respuesta: "Aún pesa demasiado lo que fue la enseñanza religiosa en los 40 años de la dictadura franquista..."

Dejo de leer.

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Paso junto a dos dependientes de El Corte Inglés, ella y él, bien trajeados como es la norma de la casa, charlando animadamente.

--Para eso no me compro un iphone, no me jodas...
--Es que si te vas a gastar mil pavos...

Pues no. No y no. Es como si llevasen los calzoncillos de sombrero, sin quitarse la corbata ni los afeites. Y alguien tendría que decírselo a los formadores de esta gente.

...

Jiménez Lozano, al recibir una distinción eclesiástica: "... el arte en Castilla ha sido víctima de la desamortización, en algunas zonas de la guerra civil, y las más veces de la incuria".

Lo que me pregunto es el porqué de esa metonimia, "víctima de la guerra civil", como si las obras de arte se hubieran caído por sí solas al estruendo de los cañonazos. ¿Tanto cuesta mencionar a los autores del destrozo?


07 noviembre 2017

Ideas sobre la novela

Tenía curiosidad por este ensayo, que ha resultado brevísimo. Y, sin embargo, se le atribuye un gran potencial cara a la literatura española: habría sido el estímulo para una generación de autores que se lanzaron a poner en práctica las tesis de Ortega sobre lo que habría de ser la renovación de la novela. A esos autores, como Rosa Chacel, Francisco Umbral los llamaba “novelistas artificiales”. Es cierto que cuando te propones hacer algo con la novela en lugar de escribir una novela, dictada, se entiende, por tu propia inspiración, suelen salir churros. Por eso no me atrevo con los intentos “metafísicos” de Manuel García-Viñó, por ejemplo, aunque sí me guste frecuentar a Carlos Rojas y un poco a Andrés Bosch, que estaban en la misma empresa pero a los que veo más novelistas que teóricos.


Pero, en fin, lo que dice Umbral me mosquea, porque me gusta cómo escribe Rosa Chacel. No creo que ella, tampoco, escribiera por hacer realidad una teoría, o al menos principalmente por eso. La tesis principal de Ortega, ya se sabe, es que, agotados los argumentos, hay que potenciar la novela por medio de los otros ingredientes: personajes, ambientes, estructura... Pero el argumento ha de quedar siempre ahí, como un suelo que te permite hacer pie. La ausencia de argumento es lo que hace de En busca del tiempo perdido una narración paralítica, como dice el autor en una ocurrencia que es lo que más me gustó de todo el ensayo, como ya hice notar aquí


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