22 marzo 2010

Hermosos frutos

(Y yo que pensaba que no tenía nada que decir de Delibes, y va el editor de La villa, de Cuéllar, y me pide un artículo. Bueno, pues lo inserto aquí, como primicia, je, ya que la revista no tiene edición digital.)


En esa mañana de marzo en que nos dijo adiós, Miguel Delibes podría haberse apropiado, con satisfacción, aquel versículo de la Biblia que todo hombre quisiera merecer como epitafio: “como vid retoñé con gracia, y mis flores son frutos hermosos y ricos”. Frutos que se llaman, en su caso, Miguel, Ángeles, Germán, Elisa, Juan, Adolfo y Camino. Pero también La hoja roja, Las ratas, Señora de rojo sobre fondo gris, Diario de un cazador, Cinco horas con Mario, Los santos inocentes, etc. etc.

En el lejano primero de BUP, una joven profesora que reemplazaba aquel año al padre director nos propuso una actividad entonces no tan usual como ahora en los colegios, cual era leer un libro enterito. Se titulaba El camino: una novela de lectura fácil, con personajes sencillos, que trataba de un niño de once años al que, contra su voluntad, le llevaban a estudiar a la ciudad, lejos de su pueblo y de sus amigos. Tal vez en aquel momento sólo nos fijamos en las anécdotas entrañables, los tipos populares y el entorno natural en que la novela se desarrolla. Pero en El camino late un intenso drama humano, pues toda la novela gira en torno al punto en que Daniel supo “lo que era tener el vientre seco y lo que era un aborto”, que es como decir el descubrimiento de la vecindad de la vida y la muerte: la cuna y la sepultura, que hubiera dicho Quevedo, o la sombra alargada del ciprés. El fin de la inocencia:

Algo se marchitó de repente muy dentro de su ser: quizá la fe en la perennidad de la infancia. Advirtió que todos acabarían muriendo, los viejos y los niños. Él nunca se paró a pensarlo y al hacerlo ahora, una sensación punzante y angustiosa lo asfixiaba.

Mucho más tarde conocí La sombra del ciprés es alargada, y ahora pienso que El camino pudo ser una versión corregida de aquella, más de acuerdo a los gustos y la personalidad de nuestro novelista. Aunque le dieron el premio Nadal, La sombra del ciprés fue siempre repudiada por Delibes como algo falso, ajeno a su espíritu, por lo que respecta al lenguaje, quiero decir: «En El camino me despojé por primera vez de lo postizo y salí a cuerpo limpio». Siempre me pareció injusta esta apreciación de don Miguel sobre su primera novela, que me parece bastante buena. Pero lo cierto es que Delibes se halla más a gusto en la sencillez, en lo naïf, podríamos decir. A partir de El camino ya no abandonará esa llaneza meseteña que le caracteriza como escritor y que no es superficialidad sino una manera de presentar los hechos, dejando que sea el lector quien reflexione.

Hay también en El camino algo que no está en La sombra... y que será una constante en Delibes: la defensa de la vida natural frente a un progreso que es sólo material y que obra en contra de lo humano. Así sucede con Cecilio Rubes, el empresario de Mi idolatrado hijo Sisí, constructor de bañeras y enemigo de los niños, que cuando se decide a tener un hijo, uno solo, lo trata como a una mascota, cubriéndolo de mimos y a la postre destruyéndolo como persona. El autor dedicó esta novela a sus siete hermanos, “en la confianza de que ocho hermanos unidos pueden conquistar el mundo". Los reaccionarios son siempre en Delibes los egoístas, los enemigos de la vida. Mientras que el liberal Mario, de Cinco horas..., le reprochará a su mujer: “no seamos mezquinos con Dios...”, cuando ella se empeña en no usar del matrimonio sino en los “días buenos”, es decir, los infértiles.

Los protagonistas de Delibes suelen ser las víctimas de esa idolatría del progreso. Seres inocentes cuyas taras son como zarpazos de aquella maldad original, que ellos parecen expiar crísticamente en sus personas. Así el retrasado Azarías, el hipersensible Pacífico Pérez, el superdotado Nini, el depresivo Mario o el viejo Eloy con su sentimiento de soledad. A ellos se refería justamente el novelista en su discurso de ingreso en la Real Academia, publicado más tarde con el título Un mundo que agoniza:

Mis personajes no son, pues, asociales ni insolidarios, sino solitarios a su pesar. Ellos declinan un progreso mecanizado y frío, es cierto, pero, simultáneamente, este progreso los rechaza a ellos, porque un progreso competitivo, donde impera la ley del más fuerte, dejará ineluctablemente en la cuneta a los viejos, los analfabetos, los tarados y los débiles. Y aunque un día llegue a ofrecerles un poco de piedad organizada, una ayuda –no ya en cuanto semejantes sino en cuanto perturbadores de su plácida digestión- siempre estará ausente de ella el calor.

Por el contrario, la caza parece en Delibes el ámbito de lo natural, donde no reina el egoísmo ni la simulación sino la camaradería y la amistad. Sabido es que el propio escritor fue un practicante asiduo y experto de esta actividad, ligada en él al aprecio por el campo castellano, al que dedicó ensayos y artículos. Y por eso también, el Diario de un cazador pasa por ser la obra más optimista de un hombre inclinado por lo general al pesimismo. El contacto con la naturaleza le hace a Lorenzo inmune, hasta cierto punto, a los egoísmos y a los afanes del mundo moderno.

Claro que incluso eso puede prostituirse, y así lo vemos en una de las novelas más sombrías de nuestro autor, Las ratas, cuyo título (Delibes tenía un particular duende para los títulos) ya indica el punto de degeneración a que ha llegado el hombre abandonado por sus semejantes. En su modestia habitual, Delibes la consideraba como una pura novela de denuncia social, donde decía lo que no le dejaban decir en la prensa. Y sin duda lo es. Pero sus personajes, me refiero al tío Ratero y al Nini, poseen un extraño magnetismo, uno en su degradación y el otro en su persona casi angelical. Una especie de inocencia original surgida del extremo del vicio, que da lugar a múltiples interrogantes y que, creo, no ha sido atendida debidamente.

Cinco horas con Mario es también una obra muy peculiar. Rara vez encontremos a un protagonista definido como a través de las sombras, ya que se encuentra de cuerpo presente durante todo el relato. Los reproches que una atormentada viuda le dirige durante las cinco horas del velatorio permiten dibujar un perfil muy nítido del personaje, haciendo abstracción de los prejuicios de ella. Y, retomando lo que apuntábamos antes, se diría un Cristo yacente ante el cual una facunda magdalena acaba desahogando su culpa escondida... Claro que lecturas hay para todos los gustos, y hay quien hace de Mario un despreocupado que margina sus deberes conyugales por atender a sus ideas filantrópicas. Y no voy a negarlo del todo. Pero lo sugestivo de esta novela es cómo el autor vuelve a apuntarse un tanto literario sin apearse de un lenguaje a ras de pueblo, casi como captado con grabadora en un velatorio de verdad, lo que contrasta con otros experimentos contemporáneos en la misma línea.

Mario podía haber sido el propio Delibes, pero por suerte no se casó con Menchu sino con Ángeles de Castro, “mi equilibrio” (¡siempre tan castellanamente sobrio!). A ella, prematuramente fallecida, va dedicada Señora de rojo sobre fondo gris, a mi juicio su obra maestra. Si no fue la última cronológicamente, sí podría serlo desde un punto de vista espiritual, porque en ella se resuelven todos los pesimismos, vencidos por el amor. Como Miguel Hernández de su hijo, Delibes podría haber dicho de su mujer: “tu risa me pone alas”.

Pero no quiero dejar de mencionar dos novelas que, aunque muy diferentes entre sí, están unidas por la misma motivación. Me refiero a Parábola del náufrago y El hereje. La primera tal vez sea la más extraña de Delibes por su estilo, un tributo (¿o parodia?) a la moda experimental del momento (los años 60), y se encuadra en esa tradición que va de Metrópolis de Fritz Lang a 1984 de Orwell: una denuncia de la despersonalización promovida desde el poder. La segunda es una novela histórica (con perdón del propio autor) y de técnica tradicional, ambientada en el Valladolid del siglo XVI y considerada como un postrer homenaje a su ciudad de siempre. Ambas obras obedecen, digo, al mismo impulso: el rechazo que sentía Delibes ante toda forma de extorsión de las conciencias.

Fue este empeño a favor de lo esencial humano, unido a una conducta personal tan coherente como alejada de toda estridencia y toda consigna, lo que abarrotó la Catedral de Valladolid el día de su funeral. Una niña puso en el libro de condolencias: “aunque te hayas muerto, sigue escribiendo”. Lo hará, aunque de otro modo, en esa continuación de su vida para la que, según declaró su propia familia, hacía tiempo que se preparaba.

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19 marzo 2010

La plaga del artículo indeterminado

en los títulos está tomando proporciones alarmantes. Me pregunto cuántas vidas tiene García Márquez, ya que al parecer Gerald Martin nos cuenta una. Y supongo que el libro de Hamit Bozarslan contiene una preciosa narración ambientada en Oriente Medio, que es lo que en buen español sugiere el título que le han plantado.

Ya sé que pueden hacerse infinidad de biografías de Henry Newman, pero este género de escritos se han titulado siempre biografía, historia, introducción, aproximación..., sin artículo, por más que los angloparlantes tengan la costumbre de decir An introduction, A biography y tal. Véase por ejemplo la reciente biografía de Unamuno por los Rabaté. Van a venir los franceses a enseñarnos a hablar español, hay que jorobarse.

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18 marzo 2010

Tormento


"Si no tengo caridad, nada me aprovecha". El cristianismo sin caridad es el peor esperpento imaginable, y eso lo saben todos los que, con diversa intención, lo han llevado a la literatura o al cine. Galdós lo hace por enésima vez en este Tormento. Tal es el nombre con que Pedro Polo, el cura descarriado, se refiere a la mujer de sus amores, tal vez para aludir al que esa mujer le inflige a él, pero que para nosotros, lectores, define muy bien la propia personalidad de Amparo, impenitente atormentadora de sí misma. El hecho es que los rígidos esquemas de decencia de aquella sociedad consiguen poner a Amparo-Tormento en trance de suicidio, al no poder soportar esta la exclusión social a que la condenaría el descubrimiento de una antigua metedura de pata con don Pedro. Es curioso, pero, aunque con mentalidad de crítico piensas que la desgracia de Amparo debería consumarse, como lector estás todo el tiempo deseando que fracase su suicidio. Creo que Galdós es muy hábil al plantear un desenlace intermedio, que ni es feliz ni trágico y que consigue mostrar cómo los prejuicios acaban dando al traste con algo tan estimable como el vínculo matrimonial.


Nota redactada en septiembre del 2009


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12 marzo 2010

Creced, multiplicaos y henchid la tierra


¿Y qué digo yo de Delibes que no se haya dicho o que sí se haya dicho? Tal vez que su libro más actual es Mi idolatrado hijo Sisí, a pesar de que él quisiera matizar la "moraleja antimalthusiana" que, en efecto, se desprende de su lectura. Pero yo preferiría enunciar esa "moraleja" en plan más positivo, como una rotura de lanza en favor de la familia numerosa. Así lo indica su lema bíblico, con el que encabezo esta entrada, y su dedicatoria:

"A mis hermanos Adolfo, Concha, José Ramón, Federico, María Luisa, Manuel y Ana María, en la confianza de que ocho hermanos unidos pueden conquistar el mundo".

Pues que así sea.

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11 marzo 2010

Cosa nueva es para mí

que pedir cuentas al poder sea perjudicar a la democracia. Yo pensé que eso era justamente la democracia. Pero si se trata de un título que confiere impecabilidad al poder, me contará usted, ministro, en qué se diferencia de un sultanato.

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10 marzo 2010

Punto y aparte


En el poema "Radiografía", Miguel d´Ors se define como "eterno partidario de los ciento volando", y esta antología lo verifica con creces. Son muchos los poemas en que d´Ors se dedica a evocar, con sus típicas enumeraciones caóticas, todas aquellas identidades que no le tocaron, pero podrían haberle tocado en suerte; o bien los lugares donde podía haber nacido, o los que conocerá sólo después de "nacer", como él dice con terminología radicalmente cristiana.

Lo que más me gusta de Miguel d´Ors son esos finales sarcásticos que se permite de vez en cuando, como el famoso "tampoco soy feliz". Pero hay que reconocer que eso es sólo una parte mínima de su poética, y que tampoco los prodiga tanto. Aquí descubro a un d´Ors soñador, insatisfecho, con un acusado desprecio de sí mismo que no se convierte en desesperación gracias a una fe en Jesucristo que no duda en proclamar y que casi siempre transforma la autocompasión en humildad.

Nota redactada en mayo del 2009

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09 marzo 2010

Los griegos y el Faisán

De todos los hombres de diversas nacionalidades que frecuentan los juzgados criminales, los griegos son los más difíciles de condenar.

Simplemente se limitan a negarlo todo, no importa lo concluyentes que lleguen a ser las pruebas. Y nada impresiona más a un jurado que la escueta afirmación de un hecho, por improbable que pueda resultar y por abrumadora que resulte la evidencia en contrario.

Dashiell Hammett, Memorias de un detective privado


Oyendo a Rubalcaba y a los capos de la pasma socialista, no me cabe duda de que convergemos hacia Grecia, no sólo en lo económico. Claro que la cosa empezó con Felipe González y el GAL.

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08 marzo 2010

Terrorismo profiláctico


Recuerdo que en la película Arriba Hazaña se ridiculizaban esas prédicas de los viejos ejercicios espirituales en las que se trataba de inspirar el horror al infierno. Habían llenado la pizarra de ceros con un uno delante y decían: “imaginaos que todo eso son años; más aún: siglos...”; bien, pues todo eso era nada en comparación con la eternidad de las penas infernales. Una vez oí a un padre jesuita, más hijo él de su tiempo, llamar a tales prácticas “terrorismo ascético”.

Ahora Sanidad nos va a regalar, en su maternal afán por salvarnos del tabaco, unas cajetillas adornadas con imágenes de cánceres, infartos y otras truculencias. ¿Cómo llamarle a eso? ¿Terrorismo profiláctico...?

Ya de paso, podrían vender los condones con fotos de muchachas apostadas en una esquina, los brazos en jarras. Pero no sería muy eficaz porque tales productos los compran sobre todo maromos a quienes el futuro de sus eventuales concubinas les importa muy poco: sería, en todo caso, una opción, tan respetable como la que más.

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05 marzo 2010

Bajo la red


Resulta algo patético ver a estos bohemios ingleses de los 50 defender posiciones socialistas, pero lo peor estaba aún por llegar, con el 68, para no hablar de la España de los 2000. En todo caso, eso no es lo sustancial en una novela que se caracteriza por el optimismo: cosa normal si tenemos en cuenta la juventud de sus protagonistas y de su autora, en la época en que la escribió. "No sé por qué es así. Es simplemente una de las maravillas del mundo", termina su narración Jake Donaghue, lo que no deja de tener mucho parecido con el "y vio Dios que era bueno". Hablamos de unos personajes a cual más peregrino, que tunean o personalizan su vida, que no se resignan a una existencia gregaria y se mueven en las fronteras de la ley con el mayor desparpajo. La autora parece negarse, sí, al pesimismo, aunque este no deje de aflorar por ciertos resquicios. Jake Donaghue, en el fondo, no sabe qué hacer, pero mientras lo averigua jugará con fuego, burlándose de personajes del gran mundo, tan frívolos como él pero que han conseguido instalarse. Y probablemente se pueda reflexionar mucho más sobre esta novela, pero no veo en su autora a la magna pensadora que dice que era quien me instó a leerla. Narra con gran oficio, sabe crear situaciones divertidas (la de Jake tratando desesperadamente de robar el perrazo es un pequeño toque de genio), pero creo que tardaré en agarrar otra novela suya.

Nota redactada en abril del 2007.

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04 marzo 2010

Apostillas a Cercas

sobre la llamada novela negra (III)

Algunos autores caen en el recurso fácil del morbo. Detalles de sadismo o de hiperviolencia, descripción de comportamientos sexuales patológicos o sencillamente vidas planas e inmorales donde sólo se busca el propio provecho.

De hecho, sin esas salsas picantes, tendrían muchos menos lectores. Yo confieso sin ambages que me encantaba la violencia enfermiza que me encontraba en ciertos autores, sobre todo si era la del bueno zurrando a los malos. Cuando vi la lista de Cercas, que aparece al final del artículo, me sentí tentado de elaborar la mía propia, pero descubrí con horror que muchas de las que consideraba favoritas lo eran por ese factor. Hoy no podría, seriamente, canonizar cosas como Yo, el jurado o The last cop out, de Mickey Spillane; El secuestro de miss Blandish o Una radiante mañana estival, de James Hadley Chase; 1280 almas, de Jim Thompson, o El clan de los sicilianos, de Auguste Le Breton.

Y, con todo, es posible que todas ellas sean cuentecillos de hadas comparadas con las cosas de los Stig Larsson y, por supuesto, de los Andreus Martines y demás. Pero, hoy como ayer, sirven para que haya quien piense que lee literatura.

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03 marzo 2010

Cain


El amigo que firma "Desde Mompracem" insiste en su recomendación de James M. Cain. Es un autor al que leo con gusto aunque me parece que sigue siempre el mismo esquema: un pringado seducido por una mujer fatal que le lleva a cometer un crimen. La bella al final se saldrá con la suya o se hundirá en el abismo con él. "Los ojos verdes" de Bécquer en plan negro, vamos.

Un día de estos insertaré la nota que escribí para Pacto de sangre. Mis otras dos experiencias son El cartero llama dos veces y otra cuyo título original era The embezzler y que creo que aquí titularon El estafador. De esta última no recuerdo nada. Es un tipo que ha tenido suerte, también, con sus adaptaciones cinematográficas.

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02 marzo 2010

De Raymond Chandler a Jardiel Poncela


Creo que prefiero el Philip Marlowe de El sueño eterno. Por este Marlowe de El largo adiós han pasdo ya los años, y con ellos se ha vuelto más amargo. Ha mantenido y aumentado sus dosis de sarcasmo, su ingenio en la réplica, y sus reflexiones han adquirido mayor profundidad, lo que hace quizá que esta novela de 1953 sea superior en su alcance a la de 1939, pero el paladar se queja.

La coincidencia de mi lectura de El largo adiós con la Semana Negra de Gijón no fue más que eso, una casualidad. Podía haber dicho que se trataba de un homenaje; que, ante la avalancha de novelas y novelistas mediocres, decidí volver a los clásicos, a los maestros fundadores del género. Pero, con todo, esta coincidencia me da pie para una meditación: ¿por qué se llamó negra a esta subespecie de la novela policíaca que cambió el salón aristocrático por el callejón y dio entrada a la realidad social en su aspecto más desagradable? Entre otras cosas, porque su tono general deja poco lugar a la esperanza. Porque la virtud, en ella, parece ser algo exótico, o bien una pieza de museo ante cuya autenticidad uno prefiere reservarse la opinión.

Philip Marlowe se encuentra ante este panorama. Y, ciertamente, no se hace ilusiones. Sabe que no debe presuponer la virtud, sino el vicio, ante las gentes con quienes se topa. Pero él mismo quiere mantenerse incontaminado. No descubro nada nuevo si digo que este detective es el nuevo héroe caballeresco, capitán trueno de una sociedad sin doncellas inocentes ni honrados campesinos. Tanto en El sueño eterno como en El largo adiós lo vemos llevando adelante un caso cuando todo el mundo le presiona para que lo abandone. El olor a corrupción le subleva y renuncia a la recompensa material en aras de la justicia. Un "retrato de Madison" (un billete de cinco mil dólares) es en El largo adiós el precio por no levantar la tapa del cubo de la basura. Marlowe lo sabe y lo conserva intacto mientras, implacablemente, va poniendo las cartas boca arriba pese a todos. Sabe que él solo no conseguirá que las cosas dejen de ser como son, pero al menos no contarán con él para seguir infectando la llaga. No le harán entrar en el engranaje de podredumbre y mentiras. Algo semejante creí ver hace tiempo en el detective de la Continental, el personaje de Dashiell Hammett: con la diferencia, quizá, de que este no hace discursos, no medita: se limita a llevar a cabo su tarea con honradez y se incomoda cuando roza la inmoralidad, como en Cosecha roja. Marlowe va más allá. Es el auténtico "Quijote desencantado", como alguien lo llamó con feliz expresión. Don Quijote es capaz de decir, bajo la lanza enemiga, aquello de "Dulcinea es la mujer más hermosa de la tierra". Marlowe, con un caso cerrado (en falso) y libre de todo compromiso, da a la prensa un documento que hará que al día siguiente su pellejo no valga un céntimo.

Y esto es lo que se echa de menos en los novelistas negros epigonales. Han puesto el acento en la podredumbre sin mostrar una alternativa. Da la impresión de que lo negro se ha convertido, frívolamente, en un objeto de adorno. Se ha crado una estética de lo corrupto, así como el spaghetti-western hizo su estética de lo sucio. Por eso, leyendo El largo adiós, me pregunto: un detective de novela negra actual, ¿hubiera rechazado cheques y camas con la elegancia con que lo hace Marlowe? Mucho me temo que más bien se han integrado por completo en la sucia maquinaria y que sus creadores han confundido el desencanto y el sarcasmo con la renuncia a todo asomo de reacción. De ahí mis reticencias con respecto a la Semana Negra, a la que no quito méritos como iniciativa original y de éxito, pero no sé si al autor del Lazarillo le hubiera gustado una "semana de la picaresca", caso de que tal evento hubiera sido posible en la época. Sabría que se iba a poner el acento en lo superficial y que lo picaresco, que en su obra y en la de Mateo Alemán aprece como una necesidad expresiva, iba a convertirse en gratuito, como de hecho sucedió en Castillo Solórzano, por ejemplo. De ahí que en la novela negra actual proliferen hasta la náusea las crueldades y las perversiones sin que veamos nada más adentro. Es el destino de todo fenómeno literario, o artístico, cuando se convierte en moda.

Dije al principio que lo que hace de El largo adiós una novela de gran alcance es ese tono amargo que destila su protagonista contra todo el mundo. Nos encontramos en medio de una sociedad viciada, donde incluso los que se suponen "guardianes del bien" (la policía) son quienes primero lo traicionan (en este sentido, el discurso en que Marlowe contrapone la ley a la justicia es memorable). En un contexto como este, en que se ha perdido la esperanza de encontrar una conducta intachable, los que resultan más simpáticos son los mediocres, los perdedores, gente como Terry Lennox o Roger Wade, inmorales, sí, pero producto o desecho de los auténticos canallas, los Mendy Menéndez, los Randy Starr o, quizá más por encima, los Harlan Potter, millonarios a los que hay que suponer la inocencia porque se han cuidado muy bien de ocultar la manera como han conseguido su fortuna. Sucede como en Los ladrones somos gente honrada, la comedia de Jardiel Poncela, traducción cómica de lo que Chandler nos ofrece en versión trágica. "Los borrachos y los cornudos somos gente honrada", cabría decir aquí, cuando parece que no cabe otro modo de entender la honradez que en términos relativos. Afortunadamente, nos queda Marlowe.

Agosto 1996

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01 marzo 2010

Sarcástico

Todo el mundo comprende que, cuando una guerra termina, las operaciones de limpieza, ordenación y venganza sobre los vencidos llevan tanto tiempo y esfuerzo mental como el conflicto mismo.

(Narrador de Lo que arraiga en el hueso)

Pero... tan deplorable como cierto.

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27 febrero 2010

Apostillas a Cercas

sobre la llamada novela negra (II)

En la novela negra hay todo lo anterior pero trascendido por un intento de explicar la sociedad, a través de algunas de las cosas que ocurren en ella.

Hoy vuelvo a encontrar esa idea en un artículo de ABC. Según su autor, la novela negra te muestra que quien aprieta el gatillo no es siempre el culpable. Se trataría de obras de denuncia social, que enseñan que es la sociedad quien forja delincuentes. No habría, pues, culpables indivuduales, sino colectivos: en suma, ese tipo de ideas que alimentan el terrorismo.

Sé que hay a quien le gusta leer así este tipo de novelas. Tal vez esa intención sea explícita en las malas (Andreu Martín, Montalbán, etc.). En las mejores, si hay denuncia social, no se oculta la perversidad de los individuos, sean pistoleros o magnates. En todo caso, lo social me importa poco cuando cojo una novela de Hammett o Chandler. Prefiero ver la eterna lucha del bueno contra los malos, siendo los malos descritos en su ambiente malsano, alejado del salón aristocrático, lo que sin duda aumenta la emoción y la admiración por el bueno. Soy un lector burgués de novela negra, qué quieren.

(Sin embargo, recuerdo que hice una lectura de El largo adiós en aquella clave, y lo comparé con Los ladrones somos gente honrada, de Jardiel. Ya lo traeré aquí un día de estos)

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26 febrero 2010

El Horla


No sé en su día, hoy es un típico cuento de terror, precursor quizá de tantos "ladrones de cuerpos" que han sido en cine y novela. Esto es un tipo que se asoma un día a lo que parece una mañana espléndida (está narrado en primera persona y en forma de diario) y a partir de ahí empieza a notar en su casa la presencia de un ser invisible que le bebe la leche y el agua (si hubiera sido el vino o el coñac no se le podría tomar en serio). Pero lo peor no es que esté en su casa, sino que después empieza a posesionarse de su propio cuerpo, de manera que nuestro amigo va adquiriendo una inquietante doble personalidad, similar a la de un endemoniado.

Lo más llamativo quizá de este cuento, visto en su contexto, es cómo conviven el positivismo y la presencia de seres extraterrestres, síntoma quizá de aquello de que cuando se pierde la fe se cree en cualquier cosa. Hay un bonito discurso de un doctor en el sentido de que las mentes pusilánimes inventan estas cosas sobrenaturales, han inventado también a Dios, y tal. No se sale con la suya porque el extraño ser existe, pero...

Nota redactada en abril del 2008. Es uno de los más famosos cuentos de Guy de Maupassant.

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25 febrero 2010

--Los modernos, por el contrario, no pintan a Dios y Su obra. Algunas veces no sé qué es lo que pintan.

--Pintan su visión interior y se esfuerzan mucho si son honestos, aunque no todos lo son, ni mucho menos, pero se guían únicamente por sí mismos, sin apoyarse en la religión ni en el mito y, lógicamente, lo que cada cual encuentra en su interior sólo es revelador para sí mismo, en la mayoría de los casos. Estos buscadores solitarios caen fácilmente en la impostura, porque no hay nada tan fácil de simular como la visión interior, señor Cornish. Fíjese en esos deteriorados frescos que hemos visto por la mañana: quienes los pintaron, Rossetti, Morris y Burne-Jones, tenían una visión interior trabada en la leyenda y eligieron plasmarla en imágenes del Grial y en mujeres de belleza sensual y ojos del color de la endrina, a medio camino entre la Madre de Dios y las orondas queridas de Rossetti. Los modernos, en cambio, tocados de la cabeza por la horrible guerra mundial y pertrechados con lo que hayan podido entender de Sigmund Freud, buscan la sinceridad como posesos. Estan hartos de lo que entienden por Dios, pero lo que encuentran dentro de sí mismos es tan personal que a la mayoría de la gente le parece puro caos. Aun así, lo que plasman en la tela no es simplemente caos, sino crudos fragmentos de psique. No resulta bonito ni comunica gran cosa, pero es el camino por el que tienen que adentrarse hasta dar con algo que sí que comunique... aunque dudo que vaya a ser bonito.

Tancred Saraceni (pregunta de Francis Cornish), en Lo que arraiga en el hueso.

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23 febrero 2010

Apostillas a Cercas

Sobre la llamada novela negra (I)

Spade-Bogart es cínico y sabe usar los puños
.

Con frecuencia se define al detective de novela negra como cínico. No estoy de acuerdo. Creo que le conviene más el adjetivo sarcástico. Cínico es el que proclama su maldad con descaro o quien niega lo evidente con no menos frescura.

...

Sólo se atiene a las reglas que le convienen en cada momento.

Mmm... Hasta cierto punto. Quiero decir, siempre que no entendamos que eso le convierte en un amoral. Hay en Marlowe un fondo insobornable que le lleva a no transigir con chanchullos. En El largo adiós, por ejemplo, continúa con el caso aunque habría salido ganando mucho más (cinco mil dólares) si lo hubiera abandonado.

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22 febrero 2010

El amor y otras idioteces


Pues, a pesar del título, el libro va muy en serio. Imposible recomendárselo a un adolescente español de entre dos siglos: te lo devolvería diciéndote que está en chino. Y, sin embargo, vulgarizar de algún modo los conceptos aquí expuestos es una tarea urgente.

La principal característica del libro es que ilustra sus lecciones (no cabe decir sus tesis, pues no se trata de algo personal, sino de nociones universales que deberían pertenecer a la cartilla elemental del ser humano) con fragmentos de literatura, y además anima a leer otras cosas en la misma clave: los apéndices son muy sugerentes: novelas, ensayos, películas, que tienen algo que decir sobre el amor. Manglano es sistemático: el yo, el amor, la pareja, el cuerpo, la estabilidad, la felicidad, son el tema de cada uno de los capítulos. Hoy hace falta casi ser un héroe para vincular la estabilidad con el amor y con la felicidad; pero lo cierto es que hay que ser, sencillamente, responsable. Con ello no hace Manglano sino cumplir ese deber que Orwell atribuía a todo hombre honrado de su tiempo: afirmar lo obvio. En este caso, más que lo obvio, lo humano, sepultado hace tiempo por lo "demasiado humano".

Nota redactada en noviembre del 2009


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20 febrero 2010

Si lloras por haber perdido el sol

¡Ah, pobre de mí! Jamás seré tan feliz como antes de conocer a la prima Hepzibah y al pobre primo Clifford. En este breve período de tiempo me he hecho muy mayor. Mayor y, espero, más sabia. Y, aunque no exactamente triste, sí he perdido la mitad de mi ligereza de ánimo. Les he entregado mi luz del sol y me alegro de haberlo hecho, pero, por supuesto, no puedo darla y quedarme con ella al mismo tiempo. Aun así, ¡bienvenidos sean!

Phoebe, en La casa de los siete tejados

"... las lágrimas no te permitirán ver las estrellas", que decía el indio.

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19 febrero 2010

Cabezas y sombreros

Narrador de Lo que arraiga en el hueso:

Marie-Louise tenía sobre los hombros una práctica cabeza normanda, pero la Iglesia la había liberado de la necesidad de utilizarla para pensar.

Graciosillo el chico, ¿eh? Sin embargo, es inevitable recordar a Chesterton. Ya saben, el genial gordo decía que el catolicismo era la única religión que para entrar en el templo le exigía quitarse el sombrero, no la cabeza. Un tipo con respeto a su inteligencia. Es ese otro género de tópicos el que realmente exime de pensar y permite instalarse cómodamente en la rutina.

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17 febrero 2010

Cautivado por la alegría


Uno espera, cuando empieza este libro, que Lewis nos cuente sus experiencias con los cristianos, y cómo en estos parecía arder una llama que invitaba a compartir esa fuente de luz y calor: el bonus odor Christi o el "¿no ardía nuestro corazón cuando nos hablaba..." Pero no hay tal. Si hemos de creerle, su conversión tuvo lugar sin los cristianos, cuando no a pesar de estos. ¿Por qué no? Son muchos los caminos de Dios, y en este caso escogió uno meramente intelectual. La Alegría era algo buscado con afán, y algo diferente del estar contento o del buen humor. Al final del camino, Lewis comprende que la Alegría (él siempre lo escribe así, con mayúscula) no es algo que haya que perseguir, sino que ella misma se nos da por añadidura: la alegoría de los letreros es expresiva. Cuando aún no has encontrado el camino, saludas con entusiasmo los indicadores (esas ráfagas esporádicas de alegría); cuando ya estás en la senda, tan sólo los miras con satisfacción, pero no son, desde luego, lo entusiasmante: eso lo es el camino mismo.

No sé si es flema británica, pero Lewis tiene la cualidad de contar su vida como si explicara un teorema matemático. Pocos dedos de la mano hacen falta para contar las exclamaciones que contiene este libro. Sin embargo, no oculta sus emociones, sus terrores, como aquel tan íntimo de los insectos, descrito, sin embargo, con suma perfección técnica, con pericia de escritor.

Nota redactada en febrero del 2001.

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16 febrero 2010

El otro nombre de la interrupción voluntaria del embarazo.

Un personaje de Pemán (De Madrid a Oviedo pasando por las Azores) dice:

Nadie sabe en España lo que significa entomólogo. Unos creen que significa dentista; otros creen que especialista en el estómago. Me pasan casos curiosos. Hace cosa de un mes vino una institutriz belga; se me desplomó en esa misma butaca en que está usted sentado; me contó una larga historia de "una distracción" que había tenido con un chófer; me pidió que la ayudase a cometer un delito de supresión de natalidad. Cuando terminó, yo le contesté severamente: "Señorita: entomólogos se llaman los que coleccionan mariposas". Se desmayó.

Subrayado mío.

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15 febrero 2010

Trapiello

A pesar de los esfuerzos que hizo [Ramón Pérez de Ayala] para congraciarse con los vencedores, éstos parece que le desdeñaron con la vieja frase de "Roma no paga traidores"

(Las armas y las letras, ed. de 1994)

Será por eso por lo que le dieron en 1960 el premio de la Fundación Juan March, por toda su obra.

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12 febrero 2010

Eloísa está debajo de un almendro


Un prólogo y dos actos componen esta comedia. El prólogo no puede ser más motivador: una serie de diálogos de besugos, en un cine, con el hilo conductor de una bella misteriosa. En el primer acto entramos ya, del todo, en el reino del disparate: una especie de elogio de la locura donde, sin embargo, ya se intuye (Jardiel nos deja intuir) quién es el auténtico loco y quiénes han escogido la locura como evasión. Una diferencia que anticipa lo que será el segundo acto, donde irrumpen la lógica y la razón, esas que tanto le disgustaban a Jardiel; aunque lo hacen en medio de un diálogo que continúa salpicado de disparates.

Elogio de la locura, sí, disfrazado de comedia policíaca. Eso es Eloísa... Sus personajes son unos románticos, unos románticos peculiares que han sustituido el sentimiento trágico por el sentimiento disparatado de la vida. Son locos a conciencia, en parte como mecanismo de defensa, claro, pues los miedos permanecen hasta ese desenlace tan superficial y taquillero como bien urdido por parte del autor.

Nota redactada en noviembre del 2009

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11 febrero 2010

Seguimos en el "medievo"

Para el insigne Martín Prieto, recordarán, Auschwitz es el símbolo de aquella época en que Alemania "retornó al medievo".

Pues bien: siento comunicarle, amigo, que en el medievo seguimos. Tony Anatrella, muy acertadamente, observa vigentes en nuestra sociedad algunos de los principios que dieron lugar a Auschwitz:

... hemos asimilado incluso principios contra los que nuestros mayores se han batido. Porque ¿no es la selección de los seres la que se reactualiza en un eugenismo rampante? ¿No se encuentra el concepto de una "raza" pura y sin defecto, confirmado por las manipulaciones biogenéticas? Igualmente, al parecer la vida inútil y sin valor, la idea de eutanasia (igual que la de purificación étnica) se impone insensiblemente. Si no tenemos una verdad sobre el hombre, sólo tenemos que dejar hacer.

Lo que espero con ansia es el ensayo en que Martín Prieto desarrolle su genial idea, nacionalsocialismo = edad media. Ha de revolucionar la historiografía, sin duda.

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10 febrero 2010

Informacione local ahora ene su emisora cope mase cercana.

Ele presidente de la junta de Castilla y Leone, Juan Vicente Herrera, ha reclamado ale gobierno de España que aborde un grane pacto de estado para hacer frente a una situacione de emergencia nacional. Ene declaraciónese a la cadena cope, ele presidente analizaba la propuesta de pacto que este viérnese aprobaba el consejo de minístrose y presentaba ele presidente del gobierno José Luise Rodrígueze Zapatero...

(Por ejemplo)

¿No hay alguien que les diga algo a estos chicos?

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08 febrero 2010

El hombre delgado


Volver a Dashiell Hammett siempre es una delicia, incluso aunque desconectes del juego policíaco y te limites a disfrutar de los diálogos de esa narración rebosante de ironía. Tampoco importa, en este caso, que hubiera visto hace tiempo la película, porque William Powell no da ni de lejos el tipo de Nick Charles, no porque actúe mal, sino porque le han dado otro papel. Además, maldito lo que recordaba del argumento.

Aquí el duro está felizmente casado, lo que introduce una novedad en este género de personajes. Tal vez el hecho de que ya no se dedique profesionalmente a la investigación tenga que ver con el hecho de que la señora le aguante; pero también es verdad que se trata de una esposa encantadora y que una cosa como los celos parece quedarles a ambos a años luz de distancia. Ni siquiera el impenitente alcoholismo de Nick parece abrir la menor brecha de separación entre ambos; hay que decir que ella también sopla de lo lindo.

Por lo demás, es Hammett: si en los diálogos podría confundirse con Chandler, las descripciones no ofrecen la menor duda.

Nota redactada en abril del 2009

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05 febrero 2010

Víctor Alcázar


Víctor Mora, el creador del Capitán Trueno, ha piado mucho contra el régimen anterior con la misma lengua que antaño utilizó, aunque no hablando, para mostrarle sumisión. Siempre me hizo gracia el seudónimo que utilizaba para firmar sus historietas, Víctor Alcázar, testimonial donde los haya. Más sorpresa me causó aún descubrir que ese, Víctor Alcázar, era el nombre del protagonista de Camisa azul, hoy olvidada novela de Felipe Ximénez de Sandoval, que como puede imaginarse es una exaltación apasionada del falangismo.

A Fernando Vizcaíno Casas le gustaba referir a Franco esto que decía Tácito del emperador Vitelio: "fue ultrajado a su muerte con la misma bajeza con que había sido adulado en vida". Muy propio.

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04 febrero 2010

El héroe



Por lo visto, hay puntos en el espacio que, aun de pequeño tamaño, concentran en sí una gravedad inconcebible, agujeros negros creo que los llaman. Así son los opúsculos de Gracián. En sus cuarenta y cuatro páginas, el discurso sobre El héroe encierra tal intensidad de pensamiento que vale por uno de doscientas. Ya conocemos el laconismo típico del padre Baltasar. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Hay que pararse en cada frase y pensarla, es imposible leer de corrido, y aun así a veces hay que rendirse, porque el paso del tiempo y la sutileza conceptual del autor juegan en contra del lector moderno.

Por lo que respecta al fondo, yo lo recomendaría sin dudar para la educación: Gracián en las escuelas. Más falta que el comer, hace. Es un auténtico compendio de virtudes humanas. Sólo un reproche que hacerle en este aspecto, y es la importancia que concede a la desconfianza, casi a la simulación. Se echa de menos un elogio de la sinceridad, de la llaneza. Por lo demás, si alguien pensaba que el Capitán Trueno, Tintín, el Guerrero del Antifaz (¡Alix!), eran sueños infantiles, quimeras del pasado, aquí los encontrará teorizados, hechos asequibles. Hemos pasado demasiado tiempo lamiéndonos las miserias, me parece.


Nota redactada en noviembre de 1998


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03 febrero 2010

Estupidez de la semana


O del año, y no arriesgo mucho porque llevamos un mes. Estupidez del año, y a gran distancia de todas las demás, incluidas las que pueda haber proferido el jefe del ejecutivo de nochevieja para acá, y aquí sí que estoy apostando fuerte.

Dice Martín Prieto* que el aniversario de la liberación de Auschwitz sirve para no olvidar un momento de la historia en que "una parte de Europa retornó al medievo".

Como desagravio a la inteligencia, puede releerse esta cita.


*Oído en la radio, en una de esas secciones en que te resumen las columnas del día.


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02 febrero 2010

Hay un truco muy socorrido

para presumir de experto en literatura, y en concreto en ese autor del que se habla por el motivo que sea (muerte, premio, aniversario). La pega es que sólo se puede utilizar cuando el autor de marras tiene una obra muy popular y más conocida que las demás.

El truco, por supuesto, consiste en decir que esa obra que todos conocen no es la mejor de su autor.

Sucedió el otro día en una tertulia radiofónica sobre Salinger (q. e. p. d.). Era cuestión de tiempo que alguien dijera que El guardián entre el centeno no le parecía su mejor obra, y, en efecto, uno cayó en la tentación. Tentación un poco vulgar, porque el truco empieza a estar un poco visto. Pero se perdona porque ya es de agradecer una tertulia literaria en la radio a las seis de la tarde. Y a lo mejor el tío era sincero y todo.

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01 febrero 2010

Democracia:

El nombre que se da a las buenas intenciones que a los gobernantes les gustaría hacernos creer que poseen.

John Dunn, La agonía del pensamiento político occidental.

Hay que fastidiarse, qué bien dicen los demás lo que yo pienso.

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29 enero 2010

La lengua oculta


Si no está completa, poco le faltaba ya. Bien es cierto que se nos anuncia de modo explícito una laguna en el manuscrito y que no vemos (yo, al menos, no lo he localizado) el momento, o las páginas, en que Arieca pasa de la adolescencia a la vejez. Pero puede leerse con la satisfacción de una obra completa. Es el testamento literario de William Golding y ya desde el principio se advierte la garra del genio, esa agradable comezón que te lleva a querer saber más y más de esos personajes, a medida que estos te van haciendo revelaciones. En este caso es la protagonista quien se nos revela a sí misma, con el talento suficiente como para hacernos cómplices de su drama, ya desde la primera página: Arieca, la "cara de bárbara", la niña fea a quien el destino (¿los dioses?) convierte en portavoz del Oráculo de Delfos, el "centro de lmundo", vive, con más curiosidad que resignación, sin alegría pero tampoco amargura, para descubrir de modo paulatino que su tutor Iónides, sacerdote sin fe, ha hecho del oráculo un instrumento con fines políticos. Los dominadores romanos, tan odiados, han contagiado su espíritu pragmático a este hombre desengañado, creación tan atractiva como la propia Arieca, y que presta renovado interés al tema de la caída de los viejos dioses y su sustitución por el Dios definitivo, con cuya alusión termina la novela.

Nota redactada en julio de 1999

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28 enero 2010

Puestos a gruñir

Me compraría el nuevo libro de Gustavo Bueno, El fundamentalismo democrático, pero tendría que forrarlo con papel de estraza. Menuda portada.

...

Esperé con ilusión la apertura de EsRadio. Pero si el monotema va a ser Gallardón en el paritorio, casi me vuelvo a la COPE-sin.

...

Vaya, hombre: dos disidentes ahorcados en Irán. Esta tarde, el tráfico colapsado por las manifestaciones de los partidos de progreso. Un asco.

Ah, ¿que no?

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27 enero 2010

Animación a la lectura


El tránsito al nuevo siglo halló a [Henry] James entregado a la composición de tres novelas meditadas largo tiempo: Las alas de la paloma, La copa dorada y Los embajadores. En ellas la imaginación y el arte del autor alcanzaron elevaciones tan vertiginosas que debieron de transcurrir unos cuarenta años antes de que ningún lector se atreviera a seguirle a lo largo de toda la ascensión; más difícil todavía resultó descender de tan altas cumbres sin exclamar, entre el pánico y el temor, como Kate Croy al final de Las alas de la paloma: "Jamás volveremos a donde estuvimos".

S. Geist, en Diccionario de autores, Hora, S. A.

No cabe duda de que este tipo sabe animar a la lectura. Pero los editores españoles nos lo han hecho desear durante años: creo que habían sacado todo James menos esas tres. Ahora, por fin, tenemos La copa dorada en Alba. Ñam.

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26 enero 2010

Cuentos infantiles políticamente correctos


Este libro es lo que su título hace imaginar fácilmente, es decir, una parodia: una burla de esa moral sustitutoria en que consiste la corrección política. Una moral al cabo mucho más arbitraria y opresiva que la tradicional. El autor ha sabido ver que no hay nada tan opuesto a ese moralismo absurdo como los cuentos infantiles, justamente por lo que tienen de tradicional, lo que es decir de nociones elementales y sensatas acerca del bien, del mal, de la realidad sexual, de la educación, de las relaciones con los demás y con el entorno, etc.

Se trata de trece cuentos bien conocidos (algunos más en el ámbito anglófono que en el hispánico) a los que se ha mantenido el título por lo general: "Caperucita Roja", "El traje nuevo del emperador", "Los tres cerditos"... salvo en algún caso en que el autor no se resiste a introducir una variante politicorrecta, como "Las tres cabras interdependientes de la familia Gruff". La parodia se halla sobre todo en el modo de aludir a los personajes y sus relaciones, pero en general afecta también al desenlace, que es alterado de acuerdo con los cánones de la nueva moral, con resultado desternillante.

Nota redactada en julio del 2006. El autor se llama James Finn Garner.

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25 enero 2010

La negociación es un procedimiento válido únicamente entre adultos.

El niño no tiene que ser considerado como un interlocutor, y habituarlo a la negociación es habituarlo a un universo en el que piensa que todo será negociable. Por el contrario, habituar a los jóvenes a saber intercambiar ideas, gestionar actividades e iniciarse en la vida en común es un triunfo para su inserción social. En este clima de negociación igualitaria, los padres se creen obligados a explicar todos los actos, a justificar sus exigencias y sus decisiones y a responder, de manera detallada, a todos lo interrogantes de sus hijos, cuando lo que habitualmente quieren estos últimos es sencillamente estar seguros de que los adultos conocen la respuesta.

Tony Anatrella, La diferencia prohibida

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22 enero 2010

Requiem para una mujer


El original dice "para una monja", y después de cerrar la última página aún me pregunto por qué. Imaginaba esta obra como más ligera que otras, más transparente en cuanto a su fondo. Sin embargo, los diálogos dramáticos que constituyen la mitad de ella son con frecuencia crípticos, y aunque uno termina haciéndose cargo de lo que ha sucedido, aprehender el sentido completo de todos ellos pide alguna que otra relectura. No sé si se la concederé.

Lo cierto es que Faulkner parece arrepentido de haber facilitado la lectura con estos diálogos, y le da por hacer preceder cada acto de una de sus espesas parrafadas. Puestos a aventurar razones de esta aparente (o más que aparente) capricho, lo más sencillo es pensar que quiere indagar en los orígenes remotos de la tragedia de Temple Drake y demás personajes. Así, Jefferson vendría a ser una vez más un microcosmos, donde los pecados de hoy se explican por las culpas de origen. Porque la culpa es, desde luego, la protagonista de este drama cuyos pormenores apenas se insinúan.

Nota redactada en diciembre del 2007

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21 enero 2010

Siempre me pregunté por qué a los progres les tira tanto el teatro,


sobre todo si hay ocasión de aligerarse de ropa. Tony Anatrella viene en mi ayuda:


Cuando la interioridad es pobre, deja lugar a la impulsividad y permite a las primeras representaciones expresarse en la transparencia, puesto que nada permite estructurar el interior. Una prueba de ello es la importancia considerable que se da hoy al cuerpo, erigido en el primer principio identitario del individuo. Cuando no se sabe qué decir, se exhibe el cuerpo y, en ciertos casos, se trasviste o se desnuda. Desvelar tan rápidamente la desnudez es más el signo de una incapacidad de ser uno mismo que la manifestación de una nueva libertad. Es una forma de conjurar la angustia del vacío y de la incertidumbre interior.

(En La diferencia prohibida)
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20 enero 2010

Ya pararéis, ¿no?

Hombre, claro, ya con tres... Y el último porque me descuidé.

Ya pararéis, ya paramos. Como si se estuvieran poniendo ciegos a copas. Y sólo les falta añadir lo del Media Markt: "yo no soy tonto".

Triste, muy triste. Porque en ese punto concreto, en el ya paramos, el matrimonio ha fracasado. El divorcio o la separación subsiguiente no será más que el desgajarse de lo que ya estaba muerto. Lo que resta no es sino jardín de infancia por el día, y mancebía por las noches. Y eso por mucho que sea el afecto hacia los hijos. También puede sentirlo una monitora de guardería por sus pupilos, y una solterona por sus perros.

¿Injusto? No creo. Duro, tal vez. Nunca lo expresaría en estos términos ante los interesados. Pero se escriben por ahí barbaridades mucho mayores sobre sobre el matrimonio y la familia llamados tradicionales, yo digo naturales. ¿Por qué tendríamos otros que ser más diplomáticos?

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19 enero 2010

Asesinato en la catedral


Los griegos antiguos titulaban sus tragedias con el nombre de sus protagonistas, así que Eliot podría haber titulado ésta Beckett, como la película protagonizada por Burton y O´Toole, en lugar de ponerle este título tan policíaco. Pues, en efecto, la obra tiene forma de tragedia, con sus coros y todo ("clásico en literatura", se definía Eliot). Y, bien mirado, con cada vida de un mártir se podría hacer una tragedia. ¿No era la catarsis, o purificación del espectador, lo que buscaban los trágicos? Pues nada mejor para ello que la representación de una muerte, no en aras ya del destino, sino de la Vida y de la Verdad encarnadas. Los poderosos de la tierra hacen aquí el papel de los viejos dioses, y el héroe muere desafiándolos, pero sabiendo muy bien, al contrario que Antígona, lo que se va a encontrar después (bien, el ejemplo no es totalmente adecuado, pues justamente Antígona se enfrenta también a los poderosos de la tierra y no a los dioses). Pero además hay otro antagonista, el demonio (aquí en la figura de los cuatro tentadores), el que "puede matar el alma", que aporta a la tragedia una dimensión insospechada.

Nota redactada en octubre del 2009

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18 enero 2010

Así habló el Emboscado

Ciertos griegos modernos pretenden que se revise la sentencia dictada contra Sócrates; lo único que con ello se lograría sería añadir a la historia mundial una nota marginal más, que vendría a agregarse a las inútiles notas marginales que ya la comentan; y esto en un tiempo en que corre a raudales sangre inocente. El proceso de Sócrates es un proceso eterno; también hoy encontramos en todas las esquinas, en todos los Parlamentos, a los estúpidos que allí actuaron de jueces. Pensar que puede cambiarse eso es algo que desde siempre ha caracterizado a las mentes superficiales.

Ernst Jünger, La emboscadura

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17 enero 2010

Esa cruz

que ha quedado en pie en la catedral de Puerto Príncipe es la mejor respuesta al tío que entrevistó a Munilla en la SER. Si tan sólo quisieran ver, en lugar de "estar atentos para ver si le sorprendían en una palabra"...

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15 enero 2010

"La autopista del sur" y otras historias


Julio Cortázar es, de entre los autores del archifamoso boom, el que más atractivo ha ejercido siempre. Probablemente a García Márquez se le rinda más pleitesía como escritor, pero en Cortázar se une a lo literario lo humano, el encanto personal, podríamos decir. Es el arquetipo del progre no airado, con cierta prestancia de dandy, que se codea con el mundo del capitalismo europeo y sus mitos subculturales al tiempo que ejerce de revolucionario en su América hispana, simultaneando el tango con el jazz y con las proclamas marxistas. Su misma apariencia externa (americana descorbatada, barba, cigarrillo en mano) ha creado escuela. ¿Qué tiene que ver todo esto con sus cuentos? Bueno, podríamos decir que eso de que "el estilo es el hombre" se pone especialmente de manifiesto en su caso. Ahí le tenemos, demasiado juguetón para hacer literatura realista y lo suficientemente descreído como para crear personajes problemáticos en un sentido existencial y no digamos religioso. El cauce abierto por Borges era el adecuado para él: admitamos que "hay más cosas en el cielo y en la tierra etc. etc." pero no pretendamos investigar su sentido. Cortázar imagina posibilidades que la vida real no ofrece a diario, como el niño que se entretiene en dar funciones insólitas a su juguete, sin plantearse jamás la reflexión sobre él y sobre su uso primigenio. Sobre la fantasía exuberante de Borges, él añade las constantes referencias a los usos y costumbres de esa sociedad que algunos llaman desinhibida, en realidad hueca y frívola, de los 50 para acá, lo que constituye un encanto añadido para sus rendidos lectores.

Nota redactada en febrero del 2001. La edición es de Bruño, en su colección escolar Anaquel.

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14 enero 2010

Cánones

En general, los cánones literarios surgen a través del silenciamiento deliberado de todo lo disonante a fin de generar la ilusión de una tradición coherente.

Rosa Sala Rose, El misterioso caso alemán

Qué me vas a explicar. Los libros de texto siguen presentando la novela española posterior al 39 como una toma de partido colectiva frente al régimen, traducida en una especie de neorrealismo cenizo. Lo que deja fuera no sólo a los más dotados de los que comulgaban con aquel régimen (Sánchez Mazas, Villalonga, Cunqueiro) sino a los que, lejos de simpatizar con él, tomaron otros derroteros literarios (Núñez Alonso, Carlos Rojas...).

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13 enero 2010

Bajón

En Las mil y una noches hay un cuento sobre un pulso entre dos graciosos profesionales: -¿qué broma les gastarías -le dice uno al otro- a esa hilera de tíos que están ahí proveyéndose en las letrinas? -Pues -propone el primero- pasaría con una escoba haciendo como que barro y les iría pinchando el trasero con ella. El otro se espanta: -Por Alá que eres basto y no tienes imaginación. Mírame a mí. Y acto seguido coge y empieza a repartir una flor a cada uno de los acuclillados. La indignación de estos ("¿es que por ventura piensas que estamos aquí celebrando una fiesta?") provoca la carcajada de los presentes.

Me gusta La Gaceta por su valentía y por los sabrosos scoop con que nos obsequia últimamente. Por eso me sorprende el bajón de categoría que supone el titular de portada de su suplemento dominical, Época: "Bibiana Aído, nuestra insoportable tonta". El recurso al insulto directo es una falta, no sólo de educación, sino también de creatividad y de ingenio. Habría sido más eficaz otro par de adjetivos en sentido positivo pero claramente irónicos, yo qué sé, esa turbadora doncella o algo así.

Lo que no quiere decir que yo también piense lo mismo de la miembra de marras, por supuesto; y de más de uno de sus colegas y coleguesas.
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12 enero 2010

El otro árbol de Guernica


Máxima humanidad, cero ideología. Lo que no está nada mal para un libro sobre la guerra civil. De hecho, pienso que si hay una novela sobre la reconciliación es esta, escrita ya en 1967, cuando los españoles habíamos olvidado ya las rencillas derivadas de aquella guerra, y antes de que otros comenzaran de nuevo a atizarlas. Estos niños, este niño, son del bando republicano, pero acaban regresando a casa contentos de encontrar de nuevo la patria, aunque Franco esté en el poder. Es fácil imaginar que Santi y los demás acabaran rehaciendo su vida como ciudadanos normales de una España que, al final de aquel período de reconstrucción, iba a tener la oportunidad de ser un país como los demás... mientras esos "otros" la dejen, claro.

Luis de Castresana consigue un tono bastante equilibrado entre lo sentimental y lo descarnado, o entre lo ingenuo y lo dramático. Equilibrado como este niño fuerte, que no se derrrumba ante la adversidad pero que tampoco carece de sentimientos.

Nota redactada en abril del 2009

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11 enero 2010

Humanismo zoológico:


así calificaba Jacques Maritain al nazismo. Certero, pero, ¿no valdría también para el buenismo actual?
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09 enero 2010

A propósito


del comentario de EGM sobre Ana Karenina: alguien dijo que la mejor crítica de una obra es otra obra que la replique al mismo nivel de calidad, y que el mejor ejemplo es Ana Karenina con respecto a Madame Bovary. Esta tiene algo de falso. AK es una de esas novelas que te hacen desistir definitivamente de escribir novelas.

Como lo de Manet ante Las Meninas: "después de esto no sé para qué pintamos los demás".

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07 enero 2010

Al parecer, el borrador de la ley

de libertad religiosa dice que esta libertad "será más amplia cuanto más privada".

Creo que Franco opinaba lo mismo con respecto a la libertad política. Ah, Franco, el gran liberal. Vamos, Rajoy: ahí tienes una oportunidad de lucir tu corrección política. Mejor oportunidad de atacar al gobierno mientras presumes de antifranquista no la vas a tener en todo el año.

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31 diciembre 2009

Cierro hasta Reyes

Ustedes tengan un feliz 2010.

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28 diciembre 2009

La estafa


Una novelita del montón, de un autor que escribe sólo correctamente. Creo que García Viñó está como una regadera, no sólo ahora, que por supuesto, sino cuando escribía que Andrés Bosch era el novelista más importante surgido tras la guerra civil. Lo que es la amistad. El caso es que el tratamiento del tema me parece más bien superficial: el emigrante que espera mejorar de fortuna no sólo material sino vital, y que se ve abocado a la frustración. El emigrar como metáfora de la esperanza, de esa esperanza trascendente que estos días nos ha explicado tan bien Benedicto XVI, y que no se cumple con el mero cambiar de país o de oficio. Ahora que digo esto, caigo en que La estafa puede servir de ilustración de esta encíclica, en el sentido de que nos muestra dónde no está la esperanza. Pero también, con un matiz más positivo, presentándonos al hombre como ser con esperanza, siempre defraudada (cuando la busca uno donde no está) pero siempre resurgiendo. Bosch lo hace con una narración muy cinematográfica, digamos muy a lo nouvelle vague, con mucho protagonismo de los escenarios y diálogos banales. No está mal, pero bueno.


Nota redactada en enero del 2008


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27 diciembre 2009

Real Orden

por la que se establece una sanción mínima de traslado a Somalia y reprobación pública para todo aquel plumífero, comunicador radiotelevisivo o contertulio que fuere sorprendido empleando alguno de los siguientes términos:

-de turno;
-puro y duro;
-a toro pasado;
-quieras que no;
-con mayúsculas (como ponderativo)
-ponerse las pilas;
-mire usted;
-(periodista, escritor, etc) de raza;
-a bote pronto;
-escenificar;
-real entre paréntesis;
-(de tal en tal) y tiro por que me toca;

y otras que serán especificadas en próximos anexos, sin que quepa oponer recurso o apelación.

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23 diciembre 2009

Feliz Navidad


María, que guardó escondida en la paz recogida de su corazón la Palabra viviente... pudo así llegar a ser la madre de la Palabra encarnada.

Joseph Ratzinger, Informe sobre la fe

22 diciembre 2009

Chantaje en Oriente


Pues, señor, les pareció más majo a los ocurrentes editores españoles llamar a esta novela Chantaje en Oriente, cuando la realidad es que su título era "El Levantino" (The Levanter). Qué le vas a hacer. El levantino es un gran empresario, Michael Howell, que actúa por el Mediterrráneo oriental y que sin comerlo ni beberlo se ve envuelto en las operaciones de una banda terrorista palestina y acaba metido en un follón de tomo y lomo. Eric Ambler me vuelve a convencer (lo había hecho ya con La máscara de Dimitrios) por la habilidad de su planteamiento, su dominio de las cuestiones técnicas (que puede abrumar a más de uno, pues les concede un espacio considerable) y lo creíble de las situaciones, de modo que nos parece hallarnos ante un auténtico reportaje, realizado con buena mano. Nada de erotismo y lujo a lo James Bond, nada de peleas espectaculares, y sin embargo el interés de una situación límite está ahí, y nosotros esperando con ansia el desenlace. Con todo, no se trata de un argumento típicamente policial ni de buenos y malos; sí de una historia de buena ley, con la voluntad y el azar jugando a partes iguales.

Nota redactada en diciembre del 2008

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21 diciembre 2009

Ortega decía


que Gabriel Miró era nuestro mejor escritor superficial. Yo diría que es un escritor-chupito. Tal vez no sirva para nutrir, pero qué delicia. Había pensado echarme al coleto Figuras de la Pasión del Señor, enterito. Pero creo que lo degustaré a pequeños sorbos, como se merece. Apurar un buen brandy de cuatro tragos es un desperdicio.

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19 diciembre 2009

Memoria histórica


La clase obrera ha resuelto el problema de la Iglesia sencillamente, no dejando en pie ni una siquiera.

Andrés Nin, La Vanguardia, 2 de agosto de 1936.

(Poco después, "la clase obrera" resolvió también "el problema" del trotskismo. Pero creo que eso le gustó menos.)

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17 diciembre 2009

Las mocedades de Ulises


Álvaro Cunqueiro es un tipo sorprendente. Gran vividor, experto gustador de los placeres mundanos, y sin embargo instalado en otro mundo cuando escribe sus libros: un mundo que deja chico al de La historia interminable de Michael Ende. Cunqueiro es una fuente inagotable de criaturas fantásticas, a cual más peregrina, criaturas con su propia historia a cuestas. Uno puede quedar engañado al principio por los títulos: Ulises, Simbad, Merlín, Orestes. Pero todos estos personajes son también creaciones propias, con más o menos puntos en común con el original. En este sentido, el título de su novela Un hombre que se parecía a Orestes podría aplicarse a las demás: "Un hombre que se parecía a Simbad", "Un hombre que se parecía a Ulises"...

¿Qué decir de este Ulises, que no es sino el hilo de unión de todo el enjambre de criaturas que discurre por la historia? Quizá que es, aún más, el representante de todos nosotros, de la raza humana, al hacerlo Cunqueiro atemporal: es un Ulises cristiano, y sin embargo toda la imaginería pagana está también ahí. Es un Ulises joven que ya empieza su aprendizaje como lo hacía el de Homero, lanzándose al mar y, por tanto, al mundo, sin dejar de anclar profundmente en su tierra de origen, que se llama, aquí también, Ítaca. Y es a la vez un Ulises cotidiano, apegado a los objetos de la labor diaria, a los trabajos y los días. Gallego como su autor, convive con lo mágico sin despegar los pies de la tierra.

Nota redactada en abril del 2004

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15 diciembre 2009

Dead men walking


El mejor barómetro de la educación de un país (déjense de informes PISA) es la calle. Por ejemplo, la calle Gamazo, a la altura de Colmenares, Valladolid, viernes, nueve y cuarto de la noche. Viene un grupo de chicos y chicas, como aquellos de Karina que cantaban Viva la vida y arriba el amor. Sólo que estos emitían ladridos. Literal: gua, gua, gua. A intervalos, se destacaba un solista:

-¡ME CAGO EN...! (La última sílaba se prolongaba como un grito de guerra orco).

Y siempre el coro: ¡GUA, GUA, GUA!

Y de nuevo el solista: ¡ME CAGO EN...!

Y así hasta que los perdí de vista. Era un informe PISA con patas. Era la logse caminando. Era el sueño de Alfonso Guerra ("ni la madre que la parió") hecho cuadro surrealista.

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14 diciembre 2009

Bueno, tan común, tan común...


Lugar común, por lo demás muy exacto, es decir que el cristianismo ha dado a la mujer (tratada, sobre todo en Oriente, como objeto de propiedad) el sentido de su dignidad y de su libertad personal.
Jacques Maritain, Humanismo integral

A ve si se enteran nuestras socialistas, por ejemplo, O el propio jefe del ejecutivo. Dos mil años de discriminación, decía el tío, sin alterársele la ceja.

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12 diciembre 2009

La velocidad de la luz


Pues no desmerece, esta segunda novela de Cercas, de Soldados de Salamina, e incluso estoy por decir que es mejor, porque aquella parecía deudora en exceso de algún reportaje que él hubiera llevado a cabo sobre el asunto Sánchez Mazas y plasmado en novela a falta de otro sitio mejor. Aunque ahora que lo pienso, La velocidad de la luz también tiene mucho relleno de películas sobre la guerra de Vietnam.

Ya se ve que parece imposible hablar de La velocidad... sin referirse a Soldados... Como ésta, se divide en partes bastante heterogéneas pero en modo alguno inconexas. Por un lado está la peripecia de Rodney Falk, excombatiente de Vietnam, algo tópico, pero es un tópico al servicio del propio plan del autor. Por otro lado, la de Cercas, ya que también aquí nuestro hombre crea un otro yo que podría haber sido, con parte de realidad y parte de ficción. Ambos son presa del mal. Rodney probablemente del mal de los otros (y aquí lo de menos es lo acertado o no de los juicios sobre la guerra de Vietnam) y Cercas del mal que está en su propio interior, víctima de la borrachera del éxito, de la que le redime -muy artificialmente- la propia creación literaria.

Nota redactada en diciembre del 2007

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11 diciembre 2009

Oriental Express


Me he enamorado de una chica que toca el haegeum. Y lo siento por el bajista, esa fiera, pero creo que ella le va a robar protagonismo allá donde vayan.

10 diciembre 2009

Desierto


Para la comunidad cristiana hay dos peligros inversos en una época como la nuestra: el peligro de no buscar la santidad sino en el desierto, y el peligro de olvidar la necesidad del desierto para la santidad.


Jacques Maritain, Humanismo integral (1936)


Hoy ambos peligros parecen conjurados (el primero es un prejuicio en el vulgo y el segundo una mala noche en la Iglesia). Pero no deja de sorprender cómo cada renacimiento espiritual (o cultural) ha sido atisbado, y en cierto modo preparado, por mentes privilegiadas.
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09 diciembre 2009

Pasenow o el romanticismo


En el fondo, el drama de Pasenow, como el de muchos otros personajes de esa época (y, por consiguiente, también de sus creadores), es el no haber sabido distinguir lo esencial de lo accidental dentro de la famosa "caída de los valores". Si he comprendido bien el asunto, a Joachim von Pasenow le acomete el escrúpulo a la hora de casarse con Elisabeth y consumar el matrimonio, pues ha traicionado las convenciones de su mundo al enamorarse de la cocotte Ruzena. O todo o nada: o me convierto en el amante de Ruzena y mando al demonio el uniforme, o soy fiel al uniforme y, por tanto, al matrimonio con una de mi clase.

Si oímos hablar a Eduard von Bertrand, el comerciante, el traidor al uniforme y a los valores, nos parece estar ante un hombre de nuestro tiempo, en el que el sentido común se impone ante los convencionalismos agobiantes. Para Pasenow, echar abajo esos convencionalismos significa tirar también por la borda el matrimonio, el honor... (la muerte de Helmuth en duelo tiene mucho de simbólico). Sin embargo, Broch parece ofrecer un rayo de esperanza, esperanza en que Joachim acabe de comprenderlo, gracias a la encantadora Elisabeth y al fondo cristiano del propio Joachim, que viene al final en su ayuda. Mihura planteó el mismo asunto en clave de humor (Tres sombreros de copa), pero sin el rayo final de esperanza. Exquisita la prosa de Broch y delicioso el desafío final del novelista a sí mismo y a los lectores.

Nota redactada en septiembre del 2000

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08 diciembre 2009

Sine labe


Escuché hace poco una homilía imponente sobre el matrimonio de María y José. Se puede hablar mucho acerca de ello y convencer más o menos. Pero de lo que no me cabe duda es de que José era feliz sabiendo que iba a contraer un matrimonio virginal. Con ella, claro.

Inmaculada... Tanto, que el mero hecho de tocarla debía de repeler al pensamiento. Es posible que incluso la cláusula de virginidad, por así decir, le produjese alivio. Y, a la vez, qué dicha, vivir con ella en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la pobreza, y amarla y respetarla todos los días de su vida...

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07 diciembre 2009

Ma quale idea

Lo importante, me parece, es que ser español (como ser colombiano o polaco) no consiste en querer serlo, o en sentir que se es, o en compartir, o no, una idea de España. La idea de una idea de España se maneja mucho, precisamente, para tratar de obtener con ella una especie de borrado de la realidad en función del cual el hecho de ser español desaparecería ante la existencia de un sentimiento o voluntad de no serlo. La pretensión es tan quimérica como podría serlo la de vivir en el siglo XXIII o la de no querer oír hablar de fútbol, ensoñaciones delicadamente exquisitas pero enteramente sin sentido en este crudo momento de la historia.

José Luis González Quirós, "¿Es una buena idea hablar de la idea de España?", en Cuadernos de pensamiento político, 23

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06 diciembre 2009

La casa de Aizgorri


Una novela con final feliz de un Baroja joven y algo romántico. Curiosamente la historia acaba con una "aurora roja", como el título de una de sus obras posteriores. Aquí está la doncella menesterosa (aunque fuerte) y su paladín; el antagonista que quiere llevarse a la doncella y matar (simbólicamente) a su padre; el médico bueno, el viejo cabezota y patriarcal, la dueña sentenciosa y experimentada... Pero todo ello en una Vasconia perfectamente reconocible. Las espadas y los caballos han sido sustituidos aquí por el espíritu empresarial, el trabajo y el capital. Con todo, el amor sigue siendo motor importante de las acciones. Bueno, la cosa es que la destilería de don Lucio está en quiebra y dos caballeros compiten por Águeda, la hija del dueño: Díaz, líder sindical (el malo), que intenta que un francés se quede con la empresa; y Mariano (el bueno), industrial que suda tinta para comprar la destilería y convertirla en un negocio que no sirva a la degeneración de la raza. Aviso: está en forma dialogada, a lo teatro.

Nota redactada en mayo del 2009

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05 diciembre 2009

El triunfo de Don Juan

No, no es un libro. María Isabel González Roncero define a Don Juan (el de Tirso) como "el hombre capaz de enfrentarse a Dios a través del pecado y lo hace de la forma más simple, desobedeciendo. Pero para ello hay que atreverse, porque el temor de Dios está en el fondo de su actuación que él sabe pecaminosa. Su pecado implica soberbia, pues es desobediencia a Dios y por él se convierte en un ser libre ya que puede hacer el mal si le place". (Per Abbat, 9)

En esta definición subyace esa concepción de la libertad como independiente de la verdad, es decir, de Dios, que Juan Pablo II condenaba en la Veritatis Splendor como una de las desfiguraciones de la moral en nuestro tiempo. Sólo hay una diferencia, quizá, y es eso de que Don Juan "sabe pecaminosa" su actuación. Por lo demás, en la medida en que nuestro tiempo ha erigido la libertad personal como único criterio de actuación, puede decirse que Don Juan ha triunfado al fin, lo que daría al personaje de Tirso un carácter profético.

Pero, ¿ha triunfado también en lo que es su característica más saliente en la memoria popular, es decir, su condición de seductor? Aunque no lo parezca, sí. Pues el efecto más cierto de ese uso vicioso de la libertad hoy entronizado no es otro que la burla de la mujer, a la que se le engaña con una presunta liberación mientras queda convertida en juguete del egoísmo del macho. Como decía Kinsey Millhone, el personaje de Sue Grafton, "no sé a cuántas prostitutas dejamos sin trabajo por repartir favores sexuales en nombre de la libertad. ¿En qué estaríamos pensando?"

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01 diciembre 2009

Una greguería de Pemán

¿Por qué el amanecer de los poetas nuevos tendrá ese tono torturado, tan lejano de los apacibles amaneceres de Virgilio o de Fray Luis?

Muy sencillo: porque Fray Luis o Virgilio cantaban el amanecer del que se levanta, y los poetas nuevos, el amanecer del que va a acostarse.

(En De Madrid a Oviedo, pasando por las Azores)

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