29 enero 2023

El cristianismo y la lucha de clases

Berdiaeff fue marxista y conserva, cuando escribe esta obra, algún respeto por su viejo maestro Marx: de hecho se la dedica a él. Quizá por ello parte de la existencia de la lucha de clases, que niegan otros, como los burgueses o los reaccionarios. La lucha de clases existe y la provoca el capitalismo, que es el enemigo a vencer si se quiere acabar también con el comunismo, pues este no existiría sin aquel. El comunismo necesita de la lucha de clases y del capitalismo como un presupuesto previo a la conquista del poder por el proletariado y como eslabón sine qua non para llegar a ese punto omega de la historia que es la sociedad sin clases. El cristianismo, en cambio, es incompatible con la lucha de clases, pues no es religión de confrontación sino de concordia. El objetivo de una acción social cristiana sería acabar con esa lucha propiciada por el capitalismo. El cristianismo, en efecto, debe tomar partido por el obrero frente al gran capital y frente a la burguesía, que deshumanizan al hombre y convierten su trabajo en mercancía. Vemos, pues, el eco de la enseñanza de los papas, aunque estos no condenen el capitalismo en bloque sino sus vicios iniciales y sus posibles derivas hacia la deshumanización del trabajador. Por cierto que Berdiaeff, dentro de su exposición, llega a hablar de pasada de la santificación del trabajo, aunque no lo desarrolla, claro. Tampoco desarrolla lo que sería su concepto de una alternativa al capitalismo y, aunque cuando habla de socialismo lo hace con más simpatía que cuando se refiere al comunismo, cabe deducir que lo suyo sería más bien un sindicalismo, nacional o no. Digo esto porque su crítica habría gustado bastante a José Antonio, que no sé si lo leyó.

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27 enero 2023

Max Scheler: Ética material de los valores

Se trata de un volumen de la colección Crítica filosófica de la editorial Magisterio Español, de allá por los años 70. Fue una buena labor editorial, que te daba una primera aproximación, muy útil, a obras clave de la filosofía moderna y contemporánea. Max Scheler fue objeto del interés y el estudio de Juan Pablo II. Su ética de los valores se hallaba muy próxima, como recuerda varias veces el autor de este volumen, a la ética natural e incluso a la cristiana. Católico fue él mismo, aunque en sus últimos años alejado de la Iglesia a causa, según Derisi, de turbulentas vivencias personales.

El libro consta de tres partes. La primera hace una exposición de la Ética de Scheler, la segunda analiza sus aciertos y sus errores desde una perspectiva aristotelicotomista y la tercera trata de bosquejar lo que sería un Scheler arraigado en Santo Tomás. Lo positivo de Scheler, dice Derisi, es que afirmaba la trascendencia de los valores, es decir, su existencia más allá de la propia conciencia, superando así las filosofías de la inmanencia y sobre todo la de Kant. Lo negativo es que esa trascendencia no lo era tanto, porque, a consecuencia de su utilización del método fenomenológico, se quedaba en decir que la conciencia los percibe como algo distinto de sí misma pero sin afirmar su existencia real. Bueno, eso ha entendido, al menos. He de reconocer que me pierdo con facilidad por estos vericuetos y que me resulta difícil entender cómo sería la existencia real de esos valores: ¿espíritus puros, atributos de Dios…? Supongo que esto último, ya que también para Scheler Dios es el valor superior, que contiene (supongo) a todos los demás. O quizá contener no sea el verbo adecuado pero maldito lo que soy capaz de afinar con el vocabulario filosófico, tan sutil él. No me trabajaron bien esa competencia en la escuela…

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26 enero 2023

"Toda mujer ama a un fascista"

La frase en cuestión, por lo visto, es de Sylvia Plath, y la utiliza Ana Iris Simón en su carga contra la moral feminista.

Porque si una lleva una falda o un escote de un tiempo a esta parte lo lleva para sí misma o en nombre del empoderamiento, una de dos, y que no me mire nadie porque machete al machote y madre mía qué fuerte e independiente con mi falda, que era a lo que me reducían antes, a ser dos piernas y poca tela y me quejaba y con razón y ahora como por arte de magia resulta que eso es signo de empoderamiento, pero no puede mirarlo nadie. Nos hemos encerrado tanto en nosotros mismos, nos hemos individuado tanto y hemos hecho tantos esfuerzos para acabar con las dinámicas de poder –y, nos guste o no, la belleza siempre ha implicado y siempre implicará poder– que hemos terminado creyendo que no provocamos ningún efecto, ninguna reacción en el otro y que lo contrario sería inaceptable, aunque las mujeres nos lo hemos creído a medias, como todas las mentiras que nos contamos a nosotras mismas.

Por eso rara vez nos ponemos escote y los labios rojos para estar solas en casa, de la misma forma que el pavo real no desplegaría su cola si no hubiera una pava a la vista, porque gilipollas no es y por lo del ahorro energético, y negar que un escote bonito es enseñado de cuando en cuando para ser visto, solo cuando quiere ser visto, cuando quiere ser mirado, además de ridículo niega parte de nuestro poder como mujeres, un poder que no se reduce a lo bello y a lo sexual pero del que lo bello y lo sexual forman parte y no pasa nada y por eso toda mujer ama a un fascista: porque todo el que mira nuestros escotes lo es, a no ser que sea un trapero en un videoclip, entonces es un trapero al uso, entonces se le permite. Y porque mal que bien y según el nuevo canon, nuestros abuelos lo fueron y nuestros padres lo son. No solo porque se les fueran los ojos con las mujeres bonitas que cruzaban los pasos de cebra cuando pensaban, inocentes, que no nos dábamos cuenta.

(En Feria, capítulo así titulado)



24 enero 2023

Feria

He de reconocer que lo que más me ha divertido de este libro es ver escrita la muletilla “¡te paece que…!”, que solía usar José Mota (la autora también es manchega). Bueno, eso junto al placer de ver a alguien que viene de familia rojeras reflexionar con tanta sensatez. Ya me lo habían anunciado en Aceprensa y en otros lugares, y por eso cogí el libro, claro. Es una especie de memorias familiares, por parte de la hija de unos feriantes, con lo que hay también el atractivo añadido de contemplar ese tipo de vida, del que los clientes solo vemos la parte más superficial. Ana Iris Simón no rompe con nada, estamos ante lo más alejado de un ajuste de cuentas. Simplemente piensa y llega a la conclusión de que los modelos de vida que le están proponiendo por ahí dejan mucho que desear.

La muerte, sin ir más lejos, enseña mucho. A su padre, cuando muere la abuela (su madre) le da por quedarse a velarla por la noche: “Se había olvidado de que éramos ateos de la pena y de los nervios”. Queda meridianamente claro que el abandono de la religión no es fruto de una reflexión consciente, sino de una vida que fue poco a poco abandonando la práctica religiosa. Es fácil ver, para quien piense con serenidad, que la religión cristiana es mucho más racional que las chatas ideologías que tratan de imponer hogaño. Lo mejor del libro, de hecho, es esa apuesta por la familia y por la diversidad entre hombre y mujer que está en su base:

…que nuestros padres no podrían ser jamás llamados hombres deconstruidos, pero que cocinaban y limpiaban y trabajaban y cuidaban más y mejor y tenían las cosas más claras que los niños disgenésicos que salían en el Tinder.

Y alguna otra perla que traeré en días sucesivos. Por cierto, algo que me incomodó un tanto fue comprobar que cuando se refería a “sus padres” se trataba de mi generación, porque inconscientemente tendía yo a pensar en los míos, cuya generación es ya la de los abuelos de ella. En fin. No me resisto tampoco a reproducir este diagnóstico inmisericorde:

…un mundo que se parece cada vez más a una competición de plañideras.

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21 enero 2023

Intelectuales

Paul Johnson nos presenta una galería de tiparracos, a cual más egoísta, ingrato, lujurioso y violento, que tuvieron el don de la palabra y el de hacerse escuchar por muchos. Se llamaban Rousseau, Sartre, Ibsen, Marx, Fassbinder, Russell, Tolstoi…y se erigieron en maîtres a penser, que dicen los franceses, para una o muchas generaciones.  Uno se siente a veces incómodo leyendo semejante exposición de trapos sucios, porque a uno le han educado de una manera… Pero, bien mirado, no está mal que alguien haga esa exposición, si vemos que algunos siguen equiparando arte (o ingenio, o cultura) y bondad personal. Lo que dicen los intelectuales sigue siendo considerado tantas veces como la nueva palabra de Dios... Clercs los llaman, de hecho, los franceses, creo: los nuevos clérigos. Lo que pretende Paul Johnson, como dice de modo explícito en el prólogo, es dar la réplica a quien aduce poca ejemplaridad en los clérigos, o incoherencia entre doctrina y resultados:

Una de las características más marcadas de los nuevos intelectuales laicos fue el deleite con que sometían a la religión y a sus protagonistas al escrutinio crítico… Ahora, después de dos siglos durante los cuales la influencia de la religión ha seguido decayendo y los intelectuales laicos han desempeñado un papel mayor en la formación de nuestras actitudes e instituciones, ha llegado el momento de examinar sus antecedentes tanto públicos como personales… ¿Cómo condujeron sus propias vidas?... ¿Y cómo han soportado sus propios sistemas la prueba del tiempo y la praxis?

De esto último se encargan mejor otros libros, si atendemos a que muchos de estos clercs eran socialistas. Johnson, como digo, incide más en lo personal. Uno no se sorprende, viendo la cara de Marx, de que fuese violento, o viendo la de Hemingway de que fuese un tarambana, y de Tolstoi ya sabíamos que andaba un poco chiflado… Sorprende más ver a Ibsen, tan adusto él, pirrándose por las condecoraciones, o cómo las mujeres se rifaban a Sartre, cuya cara debían de envidiar en el carnaval… Y está el capítulo de las mentiras: Lillian Hellman parece la protagonista de Vamos a contar mentiras, de Alfonso Paso, pero ya se ve que todos ellos, si en algo eran coherentes, era en su escepticismo con respecto a la verdad.

Creo que el mayor mérito de esta obra es haber abierto el camino a la desmitificación: en las últimas décadas hemos visto aparecer libros en la misma línea, ya de modo más monográfico: Che Guevara, Giner de los Ríos y otros de los que ahora no me voy a acordar, vacas sagradas del progresismo, han encontrado su biógrafo negro. Yo mismo haría el Intelectuales español, si tuviera tiempo y me hubieran educado de otra manera…

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18 enero 2023

La esfinge maragata

Quien habla de la mujer trabajadora como un adjetivo clasificador no entiende nada, sobre todo cuando la expresión se emplea como sugiriendo un tipo de mujer superior, emancipada de las servidumbres de la familia. La mujer ha trabajado siempre, y muy duro en ocasiones. La esfinge maragata no es una denuncia de las condiciones de la mujer campesina en aquel lugar y en aquel tiempo, ni un canto a la abnegación femenina capaz de sacrificar el amor en el altar de la familia, sino quizá ambas cosas a la vez. Es una pena que el tiempo haya tratado tan mal, o así me lo parece a mí, el estilo de esta novela, demasiado enfático o engolado para nuestro gusto actual, aunque a tono con el modernismo que imperaba entonces. Es una lástima porque no andamos sobrados de himnos a las auténticas virtudes femeninas, por encima de victimismos e igualitarismos prefabricados.

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16 enero 2023

Feminismo inteligente y feminismo necio,

dice Ignacio Sánchez Cámara… Estoy de acuerdo en lo fundamental. De hecho el artículo me parece tan bueno como todos los suyos. Y es cierto que el feminismo fue, en cierto modo, necesario, porque los usos sociales tienden a anquilosarse y el rol familiar de la mujer fue siempre tan apreciado y protegido, como es natural que sea, que verla en otras actividades pudo resultar chocante a muchos, hasta el punto de dificultarles el acceso a ciertos ámbitos profesionales, al arte, a la participación política…

Sin embargo, no deja de producirme resquemor el hecho de que, históricamente, las defensoras de los derechos de las mujeres hayan sido con frecuencia personas fracasadas en su matrimonio o incluso de sexualidad dudosa… No me acordaré ahora de todos los nombres, pero recuerdo siempre los de Emilia Pardo Bazán o Mercedes Formica, por ser las que más cercanas me resultan en cuanto a creencias o ideas. Estas no eran de sexualidad dudosa, por supuesto, pero sí que naufragaron en la cuestión familiar. No las condeno por ello (“quién soy yo”, y todo eso), pero me inquieta, digo, que el feminismo surja siempre como en confrontación a la vida familiar y conyugal, o que al menos lo parezca…

Por eso, el feminismo, así, tout court, necio o inteligente, no puede menos de resultarme antipático. Siempre nos quedará doña Concepción Arenal, claro…

 


14 enero 2023

Termino El canto del gallo,

 de Rafael Gil. Buena película católica, con reminiscencias de La última del cadalso y de El poder y la gloria y con el perdón como protagonista. Basada al parecer en una novela de Giménez-Arnau (no el jeta sino el padre que le engendró), que tendré que buscar por esos Iberlibros, a ver qué tal.

Por cierto que el malote (es un decir, en una historia de estas características no hay buenos ni malos) dice odiar a Dios, no descreer de él. Le odia por quitarle a una novia. Ahora que estoy leyendo el Intelectuales de Paul Johnson, me resulta fácil concluir que entre los famosos ateos hay muchos en las parecidas circunstancias, incapaces de superar su odio a Dios. Solo cabe desear que acaben, o hayan acabado, encontrando a su padre Müller, que era el bueno (otro decir, claro) de la película.




12 enero 2023

Ibsen

Dice de él Paul Johnson, en Intelectuales*:

Fue quizá el primer escritor –el explorador que precedió a lo que iba a ser un ejército enorme– que convenció a un gobierno conservador de que subsidiara una vida literaria dedicada a atacar todo lo que le era valioso.

Flipas: un siglo antes y a tres mil kilómetros de distancia del PP…

*Página 108 de la edición de 1990, Vergara editor.



10 enero 2023

La Nardo

Es una historia “galante” convencional pero iluminada por el ingenio verbal de Ramón: es como si fuese una historia contada en otro idioma, el idioma de las greguerías o ramoniano, a veces deslumbrante, otras veces menos, algunas pretencioso, pero que no cede nunca terreno a lo convencional. Aurelia, la Nardo, es una Margarita Gautier proletaria, nada dada a la melancolía como la de Dumas, antes al contrario, ambiciosa en su trepar por su triste mundo arriba, que en la ficción de Ramón no es nada triste. La que fue vendedora del Rastro se deja seducir por el buscavidas Samuel y emprende una carrera triunfal por el mundo de la liviandad [destripe] hasta que es vencida por una fuerza superior a la de la “voluntad de poder” (estamos en eso, en el fondo) cual es la de Eros.  La historia termina románticamente, con una doble inmolación en aras del amor-pasión: [fin del destripe]

Vieron, unidos en su abrazo de juramentación, que la vida tenía gesto de acantilado y que todos eran enemigos del amor que al fin se encuentra y que no es culpable de llegar a deshora ni de que haya otros compromisos hechos cuando llega. Si el verdadero amor ha llegado, todo pierde sentido menos su existencia, todo debe caducar en vez de pedir que caduque él, que es lo único vivo y supremo.

Claro que, tratándose de Ramón, es difícil decir si esto va en serio o si estamos haciendo malabares con los tópicos, una vez más…

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08 enero 2023

Antropología. Del Concilio Vaticano II a Juan Pablo II

La claridad es la cortesía del filósofo, decía Ortega. Debo agradecerle, ciertamente, a Juan Luis Lorda su estilo siempre claro, porque la materia se puede prestar a lo abstruso. Antropología del CV II y de JP II. Como lo claro no quita lo riguroso, Lorda empieza por los antecedentes: tendencias y autores que constituyeron el caldo de cultivo intelectual del Concilio por antonomasia. Autores franceses, sobre todo, en lo que se refiere a la Teología (Lubac, Congar, Maritain) y alemanes o centroeuropeos en lo filosófico (Buber, la fenomenología, Kierkegaard). Ya metidos en el Concilio, explica Lorda que se trató de dialogar con el mundo moderno sin comprometerse en lo opinable ni ceder en lo inamovible de la doctrina. Por eso, la Gaudium et spes, quizá el documento más conocido y representativo de los que emanaron los padres conciliares, se propuso en una primera parte afirmar lo doctrinal y en una segunda arriesgar, por así decirlo, posiciones en materias más sujetas a discusión. En todo caso, en esta, como en Dignitatis humanae, se trató de dejar claro el compromiso de la Iglesia con el ser humano, por la vía de mostrarle a Cristo como cabeza y modelo.

Al pasar a Juan Pablo II, Lorda no deja de observar que decir Juan Pablo II es, en gran parte, decir Concilio y viceversa. Nos muestra la amplia participación del cardenal polaco en los documentos que hemos señalado, y cómo tanto su pontificado como su pensamiento tomaron pie de la afirmación lapidaria de Gaudium…: “Cristo revela al hombre al propio hombre”. Repasa la filosofía personalista del papa, según la cual la persona se define por su capacidad (y necesidad) de relacionarse, lo cual la asemeja (“a Su imagen y semejanza” fue creado el hombre) a la Trinidad. Y hace ver cómo su personalismo da paso con facilidad a su doctrina social, según la cual el capital está subordinado al trabajo, por ser este, el trabajo, una dimensión fundamental de la persona, de la que carece el mundo animal.

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07 enero 2023

El cansancio de ser libres

Es una selección de artículos de Aquilino Duque editada por la Universidad de Sevilla, con el título de uno de ellos. La sociedad, la política y la cultura son asunto de estos artículos, en los que se pone de manifiesto le elegancia con que don Aquilino sabía dirigir sus críticas, en el fondo aceradas, contra los vicios de nuestro tiempo. Temas recurrentes son los separatismos en España y la inversión de valores de nuestra época, pero también hay espacio para lo literario, siempre en relación con la realidad española: así los artículos finales sobre Camoens, de cuyos Lusíadas Duque realizó una edición bilingüe.

Sobre esto último, llama la atención cómo don Aquilino era partidario de una unidad hispánica, partiendo simbólicamente de la base de que la Península Ibérica es una cabeza (cabeza de Europa) cuyo cráneo es España y Portugal su rostro. Por lo mismo, insiste, siguiendo a Unamuno, en que todo español culto debería tender a conocer lo mejor posible todas las lenguas peninsulares. Destaca también cómo Camoens hablaba de sí como un español (“gente muy brava de España”, o algo así, eran los portugueses según un verso de los Lusíadas), pero cuidaba de distinguirse de los castellanos, con los que Portugal entraría en conflicto al poco de la muerte del poeta. Poeta que lo fue también en castellano, por cierto.

Dentro de esa elegancia de estilo que antes señalaba, entra esa ironía muy característica de Duque, ornada con una creatividad verbal que envuelve en plata sus críticas más mordaces. Me refiero a expresiones como las “minorías abyectas”, los “listos útiles”, el “fascismo ilustrado”, o la que prefiero sobre todas, “la censura del sector privado”: una censura que ha funcionado a pleno rendimiento contra ciertos sectores ideológicos desde el fin del franquismo y a la que, merced a su buen desempeño, ha llegado la hora de extenderse al sector público, como bien pudo experimentar el propio Aquilino Duque en sus últimos años.

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01 enero 2023

Año nuevo

En este día, el tránsito al Padre de Benedicto XVI suple la ausencia de noticias. Entre muchos otros, me tropiezo con este artículo de Martin Rhonheimer, que al parecer (es de acceso restringido) denuncia los intentos de involucrar al difunto papa, como encubridor, en el asunto de los abusos a menores. Ha sido este, desde que comenzó el siglo, la manera en que el poder ha intentado, y logrado, reducir al silencio a una institución con la que uno podía, en años anteriores, contar para proclamar en voz bien alta la recta doctrina y la recta moral. Hace tiempo que son los “católicos culturales” (buenistas de Gustavo, comunicadores liberales o conservadores, desengañados del rojerío) los que dan la batalla en su lugar, lo que no deja de ser un fenómeno digno de análisis.

                                                                            …

Esta conferencia de Jesús Laínz muestra hasta qué punto las políticas lingüísticas están unidas al nacionalismo. No se preocupa uno por normalizar una lengua minoritaria si no está buscando un objetivo político de independencia. Se ha inventado un euskera, se ha inventado un asturiano y se está imponiendo a valencianos y baleares una lengua que no es la que hablan los paisaninos, que dicen en Asturias. Es este, el del asturiano, el caso más lamentable, porque no tiene raíces históricas y se reduce a un fenómeno de imitación.



Y habrá que seguir a este David Cerdá que no cierra los ojos ante el panorama devastador, por utilizar su propio calificativo, de la enseñanza, sobre todo la secundaria, en España. Estoy a media entrevista y habrá que ver si aparte de ver los males tiene alguna posible solución en perspectiva, lo que no es fácil, claro.

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31 diciembre 2022

Bonum certamen certavi,

 cursum consummavi, Fidem servavi.

Qué gran balance de fin de año. Que lo podamos decir nosotros cuando toque, amén. 

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29 diciembre 2022

La libertad en el pensamiento

Este librito de don Antonio Orozco no trata de lo que parece sugerir su título, es decir, de la libre circulación de ideas en un país y su reconocimiento o no por el poder. Es, más bien, un breve tratado de gnoseología que, al adoptar un punto de vista cristiano, afirma el libre albedrío de la persona. Es decir, que uno encuentra la verdad no solo si puede, sino también si quiere. Y, cuando uno no quiere, surgen las filosofías no realistas o sus retoños, las ideologías.

Que uno no pueda vivir sin la verdad lo muestra el que los que la niegan sean incapaces de ser consecuentes hasta el final:

Se cuenta la anécdota que sucedió estando J.-P. Sartre –el filósofo del absurdo– en petit comité, defendiendo con particular vehemencia, argumentando con toda suerte de efectismos dialécticos que la verdad no existía. En esto, una discípula, enardecida por el entusiasmo, exclamó: “¡Qué gran verdad es esta!”. No deja de ser una esperanzadora respuesta. (p. 30, edición 1977)

Decir que en la negación de la verdad, o en la afirmación del error, influyen las pasiones humanas, y en concreto la soberbia, sería hoy una proposición indecente, casi delito de odio. Y, sin embargo, es fácil ver hoy que cuanto más desquiciado es un punto de vista –lgtbismo, animalismo, etc.– con más cabezonería se defiende. Es tan viejo como san Agustín: …et error meus erat deus meus (p. 133, edición citada).

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27 diciembre 2022

Política sin Dios

Este libro surge a raíz de la polémica sobre la mención o no mención del cristianismo en el proyecto de Constitución europea, felizmente olvidada, la constitución, digo. El título original es El cubo y la catedral, mientras que Política sin Dios iba en el subtítulo, al contrario que aquí. Antojos de los editores. El cubo es la Grande Arche, un monumento parisino al que GeorgeWeigel erige en símbolo de la Europa laicista frente a la catedral de Notre-Dame, que, decían, cabía entera en el cubo de marras.

Lo que consiguió aquella polémica fue poner de manifiesto la catadura de los gobernantes europeos, que negando, u ocultando, la matriz cristiana de Europa, hacían una declaración de intenciones. El caso es que la dichosa constitución se ha olvidado, pero el proyecto de descarte de Dios sigue adelante a grandes pasos. Weigel repasa los principales fenómenos concomitantes de esa descristianización (o que él considera tales, desde su postura de conservador norteamericano), los autores que han venido haciendo de profetas (Solzhenitsyn, Lubac –El drama del humanismo ateo–, Dawson y, más modernamente, J. H. H. Weiler, de cuyas ideas este libro viene a ser en parte una glosa), defiende el origen cristiano de los derechos humanos y la democracia, encomia el papel de Europa del Este, sobre todo Polonia, en su lucha contra el comunismo y, por supuesto, destaca el papel de Juan Pablo II (de quien, por cierto, es biógrafo), que, como de costumbre, no dejó entonces de afirmar las raíces cristianas de Europa con voz recia y clara.

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25 diciembre 2022

¿Qué fue de aquellos pastores,

con el paso del tiempo? Supongo que no nos hemos merecido un Evangelio más novelístico, al estilo de Dickens, donde todos los personajes hallan su lugar en el desenlace y hasta el último cabo queda anudado. O no ha sido voluntad del Padre el inspirarlo, por lo que sea. Supongo que todos ellos acabaron bautizados, al menos de deseo. Como esos otros que salen de paso: enfermos, menesterosos, tal vez incluso el joven rico.

Encontraron a un niño envuelto en pañales en un pesebre. Y seguro que no tenía cara de niño bueno de Enciclopedia Álvarez, como lo pintan a veces. Apenas tendría cara, como no la tienen los recién nacidos. En todo caso, mis niños jesuses preferidos son esos de pocos meses, con cara de susto, prestos a sonreír o a llorar en cualquier momento, una monada.

Nunca olvidaron al coro celestial, eso seguro. ¿Cómo lo contarían a sus nietos? Ni ojo vio, ni oído oyó… Esa catequesis capilar de los comparsas del Evangelio… “Paz en la tierra a los hombres en los que Él se complace”… que no son los perfectos (no los hay) sino los que le buscan…



24 diciembre 2022

24 de diciembre

Me desayuno con la anécdota del pastor que no tenía nada y a quien la Virgen le confió al Niño, contada por Francisco. Me quedo con la moraleja extraída por el Papa: “Si tus manos te parecen vacías, si ves tu corazón pobre en amor, esta noche es para ti”.  Lo relaciono inmediatamente con el pasaje de Knox que repasaba ayer, de sus Sermones pastorales: si te cuesta creer, venía a decir, que Jesús pensaba en ti cuando se entregó a la pasión y la muerte, considera la Eucaristía: allí está realmente, contigo, como lo está con todos los demás, íntimamente.



23 diciembre 2022

El misterio de la caridad de Juana de Arco

Es este una especie de poema dramático donde una Juana aún no investida de su misión dialoga con diferentes interlocutores acerca de cuestiones relacionadas con lo que indica el título, es decir, la virtud capital del cristianismo. De esas cuestiones, me parece, dos son las más relevantes, también en extensión. La primera, acerca de la licitud de rezar o de preocuparse por las almas de los condenados. Juana se siente impelida a ello por más que su interlocutora le insista en la buena doctrina según la cual ya los condenados han hecho su elección definitiva y es ociosa toda solicitud por ellos. La segunda, lo que podríamos llamar el misterio de la huida de los apóstoles. “Yo nunca le abandonaría”, insiste Juana una y otra vez, mientras que, una vez más, la otra voz la insta a no hacer un Simón Pedro, como hoy se diría, recordando de mil modos lo que es, también, buena doctrina, es decir, que somos capaces, naturaleza caída, de lo más abyecto. Se diría, pues, un enfrentamiento entre la virtud desbordada y la razón teológica, el impulso del corazón metido en cintura por la recta inteligencia de la verdad revelada.

Desde el punto de vista formal, lo que más sorprende en esta obra es el estilo repetitivo, insistente, que recuerda mucho al Evangelio según san Juan, con esas ideas que se repiten una y otra vez con matices o con variantes, como en una maniobra envolvente para acabar atrapando la verdad.

A raíz de su lectura, volví a escuchar el programa de José Javier Esparza dedicado a Charles Péguy, de su serie Disidentes. Y tendré que revisitar al autor con alguna otra obra.

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19 diciembre 2022

Parábola de la esponja

 Chateaubriand, en El genio del cristianismo, parte III:

El corazón del hombre se asemeja a la esponja del río, que ora bebe unas aguas puras en los días bonancibles, ora se impregna de unas aguas cenagosas cuando el cielo ha removido las corrientes. ¿Tiene acaso la esponja el derecho de decir: Creía que nunca habría tormentas y que nunca el sol se mostraría abrasador? 

(En la pagina 433 de la edición de Ciudadela, 2008)