No soy partidario de la existencia de un mundo
ideal, donde todas las cosas tienen su arquetipo. Por eso no creo en la
izquierda ideal: conozco la izquierda real. Así que no me convence Sostres. Sobre
todo porque la idealidad que describe es tan diversa de la realidad...
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02 noviembre 2012
01 noviembre 2012
Juan Pablo II. El final y el principio
El principio es mucho más interesante que el final.
En el libro, por supuesto. Nunca podrá asegurarse que fue más importante la
contribución de Juan Pablo II a la caída del comunismo soviético que su
encarnación de Cristo sufriente en una época en que el humo de
Satanás (que llega a muchos más sitios que el rabo o los cuernos) había
entrado en la Iglesia. Sucede que el final ya nos lo sabíamos. Hemos sido
testigos incluso, en más de una ocasión, pues no en vano, como se repite aquí, Juan
Pablo II fue la persona a la que vio más gente en todo el mundo. George
Weigel divide su segunda biografía del Papa Juan Pablo en dos
partes, esas que promete en el título. Y la primera narra en detalle cómo el
pontífice llevó a cabo su labor de zapa en el flanco más vulnerable del
comunismo soviético, es decir, su propia patria, Polonia. Esto, ya digo,
constituye la parte más sabrosa del volumen, no sólo por los abundantes datos
documentales, sino porque muestra cómo la gracia actúa mejor sobre una
naturaleza humanamente fuerte, cómo las innegables virtudes humanas de Karol
Wojtyla fueron potenciadas hasta niveles inimaginables por su docilidad a
la acción divina, hasta el punto, como dice la portada, de "cambiar el
curso de la historia", a despecho de la política seguida por el Vaticano
hasta entonces, su particular ostpolitik, ejemplo vivo de conformismo, o
de optimismo bien informado, al menos tal como nos la presenta aquí Weigel.
Lo más interesante, quizá, esté aún por llegar. Me refiero al santo que echará
abajo al enemigo que ha quedado al otro lado del telón.
30 octubre 2012
Moral revolucionaria
Poza ama a la humanidad y, enamorado de sí mismo, se
entusiasma con sus acciones, que han de servir a la dicha de la humanidad.
Evidentemente ama también a su amigo Carlos, pero lo ama como un representante
del todo: "En el alma de mi Carlos creo un paraíso para millones"
(verso 4257 y sigs.). El amor a la humanidad se traga el amor al individuo y así
el marqués cae en el fatal defecto de "atentar contra la libertad ajena,
descuidar el respeto a los derechos de otros y ejercer no pocas veces un
despotismo muy arbitrario" (II, 261).
Rüdiger Safranski, Schiller o la invención del idealismo alemán
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28 octubre 2012
Miscelánea nacionalista
A los indignados les gustan las máscaras de V de vendetta.
Aquello fue una de las mayores apologías del terrorismo jamás filmada. Tal vez la mayor victoria de ETA no sea Bildu, sino la
generalización de su discurso entre una juventud que, sin duda, tiene razones
para sentirse incómoda, pero que ha de ir con cuidado a la hora de elegir
maestros.
...
Según Juaristi, en ABC, el término vascos
referido a los nuestros no se generalizó hasta fines del XIX. Sí: recuerdo que
en el Siglo de Oro eran siempre vizcaínos y que Cadalso, en las
Cartas marruecas, los llama cántabros. No es que sea un argumento en
contra del nacionalismo, pero conviene conocer estos pormenores.
...
No conozco tan a fondo el catalán y el valenciano como para
pronunciarme sobre su identidad o su distinción como lenguas. Pero es curioso que asumimos la identidad cada vez que oímos
un apellido de fonética levantina y decimos: "será catalán". Como
experimento sociológico, a partir de ahora, en esos casos, yo diré: "será
valenciano". Al fin y al cabo a los catalanes, que defienden la identidad,
no les molestará tal nimiedad onomástica.
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25 octubre 2012
Matrimonio, Laforet, nacionalismo
Presentan una ILP a favor del matrimonio blindado. Me parece
bien, porque una legislación divorcista no contenta a todos, contra lo que
pensaba Julián Marías: supone una toma de partido por parte del Estado;
una toma de partido que no permite contraer, civilmente, un matrimonio
indisoluble; todo lo más indisoluto, por la voluntad de los cónyuges reafirmada
cada día, o porque uno de ellos va y se muere. Si se busca el pluralismo, una
pluralidad de matrimonios es la solución. A la espera de que nuestras cabezas se ablanden por fin.
...
Estupendo Olegario González de Cardedal con su
artículo sobre Carmen Laforet (es de 2010, pero lo descubro ahora). Ya
suponía que lo de la "mujer en fuga" estropearía clamorosamente lo
más trascendente de su vida. Suerte que don Olegario pone las cosas en
su sitio. Me veía yo tan solo... Ah: y de todo el artículo, lo mejor el párrafo
final de la propia Laforet.
...
Y yo que estaría dispuesto a respetar el nacionalismo
catalán (o el vasco) si asumieran el pasado y tomasen en serio la historia...
Algo así como "fuimos España. Nuestra cultura, nuestros hombres, nuestras
gestas, fueron españolas hasta anteayer. Pero ya no lo somos. Fue bello
mientras duró. Que tengáis un feliz resto de vuestra vida sin nosotros".
En lugar de eso, tratan de justificarse con historietas sonrojantes al lado de
las cuales los bestsellers de Ken Follet rezuman rigor científico. Para
no hablar de la retórica abertzale, claro. De las dos retóricas, la de
los comunicados y la de las balas.
23 octubre 2012
Enhorabuena a los del Tribunal Constitucional y a los de Eusko Alkartasuna:
La Cuba cantábrica está más cerca.
Reiteraré mis felicitaciones a los de EA cuando se hayan convertido en los nuevos Payáes, Fariñas y Zapatas. Los del TC seguirán con sus plácidas digestiones hasta el día de la sentencia que no marra.
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Reiteraré mis felicitaciones a los de EA cuando se hayan convertido en los nuevos Payáes, Fariñas y Zapatas. Los del TC seguirán con sus plácidas digestiones hasta el día de la sentencia que no marra.
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21 octubre 2012
Pastoral americana
Y, ¿qué tiene de malo la vida de los Levov? ¿Qué hay en este
mundo menos reprensible que la vida de los Levov? Pastoral americana
concluye con estas preguntas, no necesariamente irónicas, lo que quiere decir
que Philip Roth renuncia a dar respuestas. Toda su novela es una gran
pregunta. El Sueco, Seymour Levov, es hijo de un inmigrante judío de esa
nacionalidad, y ha heredado el emporio de fabricación de guantes de su padre.
Es un americano triunfador, ya desde su infancia y juventud, como deportista
admirado por todos sus compañeros, y además luego se casa con una miss Nueva
Jersey. Pues bien, va su hija y le sale terrorista. Pastoral americana
es el libro de mayor extensión, que yo sepa, dedicado a la tópica pregunta:
"¿en qué hemos fallado?", hecha por unos padres responsables a
quienes un hijo les sale rana. Y la pregunta queda abierta porque Roth
no toma partido por nadie. Aunque la novela concluye con la risa floja de una
profesora liberal que se goza en el fracaso del modus vivendi de la alta
burguesía de su país, la fe marxista tampoco es la respuesta, tal como Roth
plantea aqui las cosas, sino parte del problema, o más bien una de sus
consecuencias. En mi opinión, toda la novela es una ilustración de aquello que
decía no sé quién: "Hemos estado tan preocupados por darles a nuestros
hijos lo que nosotros no tuvimos, que nos hemos olvidado de darles lo que sí
tuvimos". Los Levov creen bastarse a sí mismos, y haber
creado las condiciones para que todo ruede a pedir de boca. Judíos como eran,
no aprendieron nada de lo de la torre de Babel.
19 octubre 2012
Hoy se celebra
Y en España tan bien que ya sólo Malta, entre los países europeos, nos aventaja en fracaso escolar. Los pedagogos socialistas deben de estar corroídos por la envidia, intentando averiguar cómo lo hacen, los tíos.
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17 octubre 2012
¿Es la escuela lugar apto para Dios? ...
Aun suponiendo que la palabra e idea de Dios fueran las trampas máximas de la historia humana, habría que preguntarse de dónde nacen tan permanente error o engaño. Es también lugar apto para percibir, identificar y descifrar las posibles huellas, signos, palabras de Dios en la historia, y no menos lugar apto para analizar toda cultura, arte, pensamiento y humanidad nacidos de la fe en Dios. Y al pensar tanta gracia, pensar también la inhumanidad que resulta con su posible o real degradación.
Olegario González de Cardedal, "La escuela: ¿lugar propio para Dios?", en Educación y educadores.
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16 octubre 2012
La verdadera historia del PSOE
Hay una maldición en ese partido que hace que prevalezca siempre su facción más fanática. Hubo un momento, con Felipe González al frente, en que pareció que iba a asimilarse a los partidos socialdemócratas europeos, pero el golpe contra Rumasa no hizo sino augurar una vez más lo peor. Fue, con todo, un período más marcado por la corrupción que por el sectarismo. Este se acentuaría luego, como bien sabemos, con Zapatero en la presidencia.
Girauta utiliza una técnica peculiar que consiste en insertar biografías de los más relevantes líderes socialistas entre la historia propiamente dicha. Pablo Iglesias, por supuesto, es el primero, y Rosa Díez la última, pasando por los Largo, Prieto, Negrín, Besteiro... A Nicolás Redondo se le concede un lugar no desdeñable, así como a Rodolfo Llopis, el último líder prefelipista. La revolución del 34 es calificada con toda propiedad como golpe de estado. No así el 13 de marzo de 2004, que se queda en infamia y "la más feroz campaña de desestabilización política de nuestra historia reciente". Por eso digo lo de la objetividad. Afirmar que el cerco de las sedes del PP y la violación de la jornada de reflexión no eran sino la segunda parte del 11-M sería excesivo para un hombre tan moderado como Girauta...
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13 octubre 2012
Dulcinea
La idea de Dios como conciencia del universo no creo que sea
muy ortodoxa, pero la de Dulcinea como la imagen que Dios tiene de mí, es
cuando menos interesante.
No es este mi yo deleznable y caduco; no es este mi yo
que come de la tierra (y al que la tierra comerá un día) el que tiene que
vencer; no es este, sino que es mi verdad, mi yo eterno, mi padrón y modelo
desde antes de antes y hasta después de después; es la idea que de mí tiene
Dios, Conciencia del Universo. Y esta mi divina idea, esta mi Dulcinea, se
engrandece y se sobrehermosea con mi vencimiento y muerte. Todo tu problema es
este: si has de empañar tu idea y borrarla y hacer que Dios te olvide, o si has
de sacrificarte a ella y hacer que ella sobrenade y viva para siempre en la
eterna e infinita Conciencia del Universo. O Dios o el olvido.
Miguel de Unamuno, Vida de don Quijote y Sancho
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12 octubre 2012
La última
Yevgueni Zamiatin escribió en Nosotros (1921) la primera de
esas pesadillas que prevén un fin totalitario de la historia. La suya llegó,
como la soviética a la que parodiaba, tras una revolución.
-¡Es una locura! No tiene pies ni cabeza. ¿No veis que
estáis preparando una revolución?
-Sí, una revolución. ¿Por qué no tiene ni pies ni cabeza?
-Porque no puede haber revolución. Porque nuestra revolución
fue la última y no puede haber otra. Todo el mundo lo sabe...
Vi esbozarse el triángulo irónico y agudo de sus cejas:
-Querido amigo, eres matemático, eres además filósofo
matemático; dime cuál es la última cifra.
-¿Cómo? No te entiendo, ¿qué ultima cifra?
-Pues la de encima, la última, la mayor...
-Pero, I, es absurdo. El número de cifras es indefinido, no
puede existir una última cifra.
-Entonces, ¿por qué hablas de última revolución? No hay última
revolución, el número de revoluciones es siempre infinito. El último es para
los niños: el infinito les asusta y tienen que dormir tranquilamente por la
noche...
-Pero ¿qué sentido tiene, en nombre del Bienhechor? ¿Qué
sentido tiene si todo el mundo es feliz?
-De acuerdo, pero ¿después?
-Es ridículo, es una cuestión pueril. Cuéntale un cuento a
un niño, díselo todo y te preguntará: "¿Y qué pasó después? ¿Por qué?"
-Los niños son los únicos filósofos valientes. Y los
filósofos atrevidos son obligatoriamente niños. Hay que ser como los niños,
siempre hay que preguntar: "¿Qué pasa después?"
10 octubre 2012
Secretum
El protagonista de esta historia, como suele ser habitual
entre los de su autor, vive entre el presente y el pasado, siendo al mismo
tiempo un humanista del Renacimiento y un rebelde que va a ser condenado a
muerte por haber elegido morir. Sí, pues tal es la paradoja de esta distopía,
donde la humanidad ha superado la muerte como si se tratara del sarampión, se
ha puesto una inyección de inmortalidad y castiga con la muerte a quien decide
vivir al viejo estilo, es decir, a tiempo limitado. El Acusado (no tiene otro
nombre nuestro hombre) no se rebela contra nada, por más que sus enemigos
intenten demostrar lo contrario. Que sea inmortal quien quiera serlo, pero yo
quiero tener la libertad de amar y de morir. El tiempo y el amor, en efecto,
han sido abolidos junto con la muerte en esta sociedad. Y nuestro acusado
intuye que, de algún modo, sólo el amor le dará una eternidad que merezca la
pena, mientras que los otros no son más que muertos en vida.
A la ya de por sí barroca escritura de Antonio Prieto
se suma aquí una estructura bastante compleja. El punto de vista narrativo es múltiple
y el autor se complace en algunos juegos experimentales muy propios de su época
(1972), como esos monólogos que concatenan la última palabra de una frase con
la primera de la siguiente. Es un virtuosismo narrativo que quizá complique
innecesariamente la novela, ciertamente minoritaria, pero con una interesante lectura
a lo divino, muy ratzingeriana diría yo, si damos la interpretación adecuada
a ese Amor y a esa Palabra que, nítidamente distintos, se erigen sin embargo, conjuntamente,
en vehículo de salvación.
(La imagen es de la edición de 1972; no he encontrado ninguna de la de 1986, que es la que he leído y que, al parecer, introduce algunos cambios. Véase esto.)
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09 octubre 2012
Amor verdadero, dulce monotonía
Los días comenzaron así a hacerse semejantes a sí mismos, en un dichoso círculo sin fin en cuyo interior conocieron los fugitivos el amor verdadero. Acabó el verano y vino el otoño; acabó el otoño y vino el invierno. Sólo las largas conversaciones con el viejo mago rompían la dulce monotonía de sus existencias.
En José Javier Esparza, El dolor
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En José Javier Esparza, El dolor
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07 octubre 2012
Grafiti:
"No queremos la paz, queremos la
victoria".
Esto podría suscribirlo fácilmente un etarra, a despecho de
su propia propaganda. Pero raramente un demócrata. Lo que dice mucho
acerca de quién está más convencido de su causa.
En efecto, suena demasiado... radical, ¿no? En una de
aquellas manifestaciones contra el chalaneo con ETA, me pareció oír gritar:
"No queremos paz, queremos libertad". Me dije que vaya, por fin
estábamos dejando de consumir papel de fumar. De nada vale una paz con concesiones
a los criminales, y hay que decirlo bien alto. Pero un acompañante me corrigió
con un gesto de cierta reconvención: no, hombre, dicen "ya tenemos paz,
queremos libertad".
Vaya.
05 octubre 2012
Salvadora de Olbena
Los personajes de Azorín parecen llegados a un limbo
de los justos, a una sosa eternidad donde las cosas, naturales o artificiales,
se dirían decorados puestos allí para que las almas no se sientan demasiado
desplazadas, como la habitación neoclásica de 2001 Odisea del espacio.
En Salvadora de Olbena el tren de la 1,45 es como una familiar barca de
Caronte que lleva a ese lugar, que en este caso lleva el nombre de Olbena,
donde no hay movimiento ni por tanto futuro y donde se habla sin cesar del
pasado.
Un limbo de los justos, sí, porque en Azorín no hay
villanos ni héroes, pero no porque cada uno participe de la maldad y de la
virtud en diversas proporciones, sino porque no son más que juguetes de un
destino que no es trágico ni feliz, sino que simplemente se complace en ser.
Las poses más o menos dramáticas que podían haber adoptado en el pasado parecen
ahora, en esta estación definitiva, puros juegos de niños: así sucede con un
Don Juan en la novela homónima, o aquí con esta especie de mujer fatal llamada
Salvadora.
Hoy se sigue discutiendo si las novelas de Azorín lo
son realmente, lo que, vista la historia literaria del último siglo, lo
convierte en uno de los mayores innovadores. Porque eso ya no se discute con Joyce,
Proust o Kafka. De cara al público (en el que me incluyo) quizá
le falte que este capte la diferencia entre unas novelas y otras, porque lo
cierto es que, al igual que Cunqueiro, tan diferente por otra parte,
parece escribir siempre variaciones sobre lo mismo.
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04 octubre 2012
Hace tiempo que vengo al taller
Luis González Platón es poeta y lector, y por eso lee la zarzuela como nadie. Es una estupenda noticia su aterrizaje en Blogger; tanto, que ya lo he enlazado con el verso siguiente a este "hace tiempo que vengo al taller". Muchos de los que nos dedicamos a la docencia lo hemos pensado tantas veces, sin acertar a expresarlo como Ramos de Castro: "... y no sé a qué vengo".
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01 octubre 2012
La enseñanza en España o La tina de la colada
Cuando era chico vi en la televisión un sainete titulado La tina de la colada. Se trataba, me
parece, de espabilar a un mozo gandul entregándole un pergamino con una lista
de tareas a las que debía de atenerse estrictamente, sin pensar en hacer otra
cosa ni omitir ninguna. La gracia está en que su hermana mayor se cae un día en
una enorme tina de la que le resulta imposible salir sin ayuda. Llama al mozo
pero este arguye: “eso no está en mi pergamino”, y no hay manera de sacarlo de
ahí. Naturalmente, hay que hacer un anexo en el pergamino para que el chaval se
digne socorrer a su hermana.
Algo así sucede en la profesión docente. Desde que
desembarcó en España la pedagogía progresista, los profesores hemos
sufrido humillaciones sin cuento a cargo de la burocracia instalada en
la
administración educativa. No voy a hablar del desarme unilateral frente a
la
indisciplina en las aulas, porque para qué más. Quiero referirme aquí a
otra cosa: hemos pasado
de ser maestros a ejercer de funcionarios que hacen cumplir el
pergamino. El
nuestro no se llama así, se llama programación
didáctica, porque ya sabemos lo aficionada que es esta casta al
circunloquio. Páginas y páginas de fárrago que coinciden en su mayor parte con
el currículo o plan de estudios, lo
que las hace redundantes y enteramente prescindibles, como se ve en el caso
finlandés, donde no existen (y tampoco la función inspectora, todo hay que
decirlo. Recordemos que Finlandia suele ocupar los primeros puestos en calidad
educativa; del que ocupa España no hablo por mero pudor). El caso es que todo,
todo y todo lo que vayas a llevar a la práctica en el aula debe figurar en el pergamino, y pobre de ti si no es así. Si
suspendes a un aspirante a bachiller y este alega que entregar el examen a boli
o distinguir las mayúsculas de las minúsculas “no está en el pergamino”, el
alumno compartirá título con los que han echado horas de estudio en su casa para
conseguirlo, aunque no sepa colocar un paréntesis y entienda malamente lo que
escribe. Y tú serás desacreditado por tus propios superiores desde el
anonimato, kafkianamente, sin consideración. Aunque seas el profesor Holland redivivo.
Por eso me pone triste ver a mis colegas salir a la calle
para protestar porque les acortan la ración. Están en su derecho y quizá yo
hiciese lo mismo en otras circunstancias. Pero, por lo que a mí respecta, no
quiero dinero. Exijo lo que es nuestro, lo que nos pertenece desde antes de que
se inventaran las pagas extras. Un rearme moral del profesorado. Ya.
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29 septiembre 2012
...que no parecía vivir.
Ayn Rand (Los que vivimos) describe una celebración
en una ciudad de la URSS.
En la pantalla desfilaba una manifestación por las calles de
una ciudad, celebrando una victoria. Banderas y rostros pasaban lentamente,
moviéndose como figuras de cera que obedecían a hilos invisibles: semblantes jóvenes
enmarcados por pañuelos oscuros, semblantes viejos arrebujados en bufandas
hechas a mano; rostros bajo gorras militares, rostros bajo gorras de pieles,
todos iguales, impasibles y sombríos, con la mirada vacía, los labios sin forma
ni expresión. Desfilaban sin alterarse, sin músculos, sin más voluntad que los
adoquines que pisaban sus pies que parecían inmóviles, sin más energía que las
banderas rojas semejantes a velas izadas al viento, sin más fuego que el calor
sofocante de millares de epidermis, de millones de músculos relajados y débiles;
sin más aliento que el olor a sobaco sudado, a nuca inclinada, a pies cansados:
desfilaban, desfilaban en un incesante y monótono movimiento que no parecía
vivir.
27 septiembre 2012
Ronald Knox
Monseñor Ronald A. Knox es testimonio de la
catolicidad de la Iglesia: pocas personalidades tan inglesas podemos encontrar,
para lo bueno más que para lo malo, como este gran latinista, etoniano y
oxoniense como el que más, de exquisitos modales, fino humor, amante de las
tradiciones, humanista hasta la médula y con alguna que otra manía. No fue
convencido para entrar en la Iglesia católica por el ejemplo personal de amigos
o maestros, sino por un sincero impulso de búsqueda de la verdad. Como es
normal, su ruptura con el anglicanismo resultó empañada por el dolor que
infligió a su padre, obispo anglicano. Para Knox, como para tantos
conversos, el precepto de amar a Cristo más que a su padre y a su madre
revistió caracteres heroicos. Pero a lo que iba: con Knox queda claro
que el catolicismo no es algo vinculado a la sensibilidad mediterránea. Es un
denominador común sobre el que se puede asentar el más british de los
numeradores.
Evelyn Waugh ha hecho un buen trabajo con su biografía, pero personalmente hubiera preferido que se explayase más hablando
de los gustos literarios de Knox, de su pensamiento, un cierto análisis
de su obra... Sobre todo teniendo en cuenta que aquí no tenemos la suerte de
contar con traducciones de algunas de las obras que más se celebran, como Some
loose stones o Let dons delight, y nos conformamos con algunas de
sus charlas, aunque no es poco, y en eso hay que estarles agradecido a las
editoriales Rialp y Palabra.
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