09 abril 2007

Relatos (de Francisco Ayala)

Las vanguardias literarias de principios de siglo (que son la última gran convulsión hasta ahora) me recuerdan las reformas en la enseñanza, las dos que he conocido, la del 70 y la de la Logse. Un gran entusiasmo, al que acompaña la idea de que ahora, de verdad, empieza todo, y lo de antes no vale para nada, y cualquier novedad es buena. Luego todo vuelve a su cauce, pero el terremoto sirvió para darse cuenta de que los usos ancestrales van acumulando escorias de rutina y de desfase. Los cuentos vanguardistas de Francisco Ayala parecen (como todo relato vanguardista) no más que un ejercicio escolar, unos palotes, con algunos rasgos de genio aislados que surgen aquí y allá. Luego, en su obra posterior, resplandece todo el genio del autor, ya depurado. De esta apreciación excluyo "Erika ante el invierno", un extraordinario cuadro en que lo vanguardista sirve de marco para introducirnos en aquellos años (20-30) en que en Europa se anunciaba la tormenta. Un marco optimista donde el deporte constituía el ejercicio favorito del hombre moderno que iba a dominar a la naturaleza y donde el arte, según Ortega, se convertía en puro juego, lejos de todo patetismo. Pero algunos no podían dejar de observar aquellos goterones que empezaban a dejarse caer sobre tan idílico panorama. La muerte de Erika y la del niño son presagios sombríos. Con el tiempo, a Ayala no le va a quedar más que una mueca amarga, como la del Bosco en "El jardín de las delicias", y ahí están "The last supper" o "La barba del capitán", pero antes ha pasado por esa desconcertante cumbre que es "El Hechizado", sólo comparable al soneto de Cervantes al túmulo de Felipe II.

Nota redactada en mayo del 2000. Estoy hablando de la compilación de la editorial Bruño, en la colección Anaquel.

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