06 mayo 2010

"Los especuladores disparan contra España",


titulaba ayer Público. Y tiene gracia, esa lógica. Según ella, a Liberty Valance no lo mató ni James Stewart, ni John Wayne, sino el médico que, tras apurar un trago de whisky, dictaminó: ¡Muerto!

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04 mayo 2010

Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI


Lo que yo me pregunto es cómo se habrá dejado convencer Juan Manuel de Prada para poner a esta antología un título tan rimbombante. Y, si ha sido él quien lo ha puesto, peor. Aunque también lo del "Chesterton de la lengua española" resulta descaradamente comercial.

Leonardo Castellani, por lo que se puede leer aquí, fue efectivamente un escritor agudo y mordaz, sobre todo lo segundo, y desde luego más empeñado en morder que el propio Chesterton. Claro está que las dentelladas no nos resultan excesivas a los que disfrutamos viendo lanzar piedras contra los mitos contemporáneos, sobre todo si son progresistas. Yo lo habría llamado más bien el De Maistre de la lengua española, puestos a exagerar.

Pero no sólo vemos aquí a un polemista brillante, sino a un lector inteligente, como revelan sus observaciones sobre el Quijote, la Comedia, Dostoievski..., y a un perfecto conocedor de la intelectualidad de su tiempo y de su país.

Nota redactada en mayo del 2009
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03 mayo 2010

Realidades

Las gradas del Nuevo José Zorrilla eran, el sábado, todo un símbolo de los tiempos. Vivimos inmersos en dos realidades: la propiamente real, que se puede querer ver o no; y la virtual, creada con diversos propósitos: políticos, propagandísticos, opiáceos..., tragada acríticamente por la masa.

En las gradas lucían las pancartas: SOMOS DE PRIMERA. Los marcadores cantaban al poco rato: Valladolid 0, Getafe 0; Jerez 2, Almería 1; Tenerife 2, Racing 1. O lo que es lo mismo: somos de segunda y gracias.

(Ojo: probablemente si me gustara el fútbol habría estado allí también con la pancarta: no critico a los aficionados. Simplemente me parecía interesante como símbolo)

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30 abril 2010

Erich Auerbach habla de la métrica de la Divina Comedia

La constricción no restringe la múltiple libertad sino que la genera y la fomenta, o dicho de otra manera, no es arte ni estilo lo que nace de tal constricción sino una segunda naturaleza, conseguida con dificultad y por ello tanto más rica.

(Dante, poeta del mundo terrenal)

Ustedes pueden aplicarlo a lo que quieran.

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29 abril 2010

Pacto de sangre


Parece que, en vista del éxito de El cartero llama dos veces, James M. Cain dedició no arriesgar y ofrecer más de lo mismo. El pringado de su primera novela cede paso aquí a un agente de seguros y la diablesa ha cambiado de posición social para mejor. Pero él es aún un ser que obra por instinto animal y no deja nunca que lo humano se imponga sobre sus caracteres sexuales primarios, salvo en algún tibio rasgo de compasión y en la desesperación final. Ella es un monstruo de maldad, cubierta, como en las películas de horror, por un continente "capaz de enloquecer a un hombre". La víctima es igualmente un marido, pero las motivaciones de la malvada resultan aquí más sutiles.

Hay también una inocencia perjudicada por la maldad, cual es la hija del difunto y su novio, y, ni que decir tiene, sirve de contrapunto. Es algo, que yo recuerde, que también esá ausente del Cartero.

Y, en definitiva, ¿cuál es el aliciente de una novela como esta? La fascinación del mal, quizá, que Cain sirve con mano hábil, utilizando la elipsis conmo los buenos saben hacerlo, consiguiendo que resulte más estremecedor que el relato detallado. Me refiero a esto: "Me apoderé de una de las muletas y se la coloqué debajo del mentón. No quiero explicarles lo que hice entonces; pero a los dos segundos estaba acurrucado en el asiento trasero, con el cuello roto..."

Nota redactada en abril del 2007

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28 abril 2010

Género

Se queja el ministro del Interior de que se relacione la presencia de hombres en las cárceles de mujeres con los abusos sexuales. Bien, ¿y no es el propio concepto de violencia de género una culpabilización a priori del varón? La mera presencia de ese concepto en la legislación española supone poner bajo sospecha a todo el sexo masculino. Pero qué remedio, si hasta el predicador de la casa pontificia dijo, al parecer, que media humanidad tenía que pedir perdón a la otra media (lo que no deja de ser una curiosa variante de la doctrina de la culpa original).

En todo caso, ¿no quedamos en que la sexualidad era múltiple y proteica? ¿O es que las homosexuales nunca abusan?

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27 abril 2010

Pablo Cossío analiza la causa

de su inminente suicidio. Su yo artístico y su yo sentimental le reprochan:

No es culpa nuestra que nos haya tocado en suerte o desgracia operar y desenvolvernos en un mundo preestablecido, preelaborado, preconformado y que tú, yo monopsíquico e integral, has aceptado. Tú, conociendo ese mundo nos lanzaste el uno al amor, el otro al arte. Y al cabo del tiempo reniegas del arte y del amor porque el arte y el amor no han sido como tú los querías, sino como en el mundo se han ido haciendo. Tú no has podido crear ni el arte ni el amor y los que el mundo subasta te parecen demasiado bastardos, demasiado prefabricados y manoseados por los demás. En todo caso tu tragedia está en la soberbia desmedida que te posee, en esa ambición de querer que todo lo que salga de tus manos, de tu cerebro o de tu corazón sea prístino... Y tu misma falta de fe ¿no deriva de igual soberbia, la de no aceptar el Dios de los demás, sino el desear, por el contrario, tener uno solo para tu exclusivo uso y provecho? Por eso te vas a buscar a Dios a las nébulas, donde nadie lo busca, porque a Dios, cuando se le busca con humildad y con el corazón, se le encuentra muy cerca de uno mismo, en el propio aliento.

Alejandro Núñez Alonso, La gota de mercurio

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26 abril 2010

El fondo del vaso


Poco queda aquí de las vicisitudes políticas del dictador Bocanegra, sus secuaces y enemigos. Aunque normalmente se presenta como secuela, o como otra visión de los hechos, en realidad tiene poco que ver con Muertes de perro. Aquí el protagonista es un tal José Lino, comerciante, que al parecer es un personaje de la otra novela, pero muy secundario: y tanto, porque no lo recuerdo. La cosa es que fingió su muerte para escapar a las convulsiones que siguieron al derrocamiento de Bocanegra, y, de paso, para vivir una aventurilla con su empleada. Es esta aventurilla la que se erige en meollo del asunto. Se ve aquí más claro, pues, como decía el propio Ayala, que el tema fundamental de su literatura no es la denuncia de las dictaduras y tal.

En cambio, a lo que vuelve a jugar aquí es al qué sabe nadie. Al relativismo, si quieren, aunque no en sentido peyorativo, necesariamente. Perspectiva de Lino, perspectiva de los periódicos, otra vez Lino, pero esta vez en plan corriente de conciencia... O sea, esos juegos de técnicas narrativas que tanto nos encantan a algunos.

Nota redactada en octubre del 2008


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22 abril 2010

Velo

Hay cierta contradicción en los argumentos empleados por los que niegan el derecho a usar el velo islámico en la escuela. Veamos:

a) El velo, en el Islam, significa sumisión de la mujer.
b) Uno tiene que adaptarse a las leyes y costumbres vigentes en España.

Y pregunto: en España, ¿el velo significa sumisión?

Dicho de otro modo: si una alumna laica y bien laica decide ir a clase con un velo islámico en la cabeza (otros llevan pañuelos palestinos), ¿se le prohibiría porque en el Islam significa sumisión?

Y, en caso contrario, aquí ¿estamos juzgando intenciones?

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21 abril 2010

Totalitarismo guay


Ya hay algunas ciudades americanas en las cuales el número de divorcios iguala al número de bodas. Dentro de pocos años, sin duda alguna, las licencias de matrimonio se expenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un período de doce meses, y sin ninguna ley que impida cambiar de perro o tener más de un animal a la vez. A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. Y el dictador (a menos que necesite carne de cañón o familias con las cuales colonizar territorios desiertos o conquistados) hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino.

Aldous Huxley, prólogo a Un mundo feliz.

Lo del número de perros está por llegar. En cambio, hemos conquistado la indiferencia al género: perro con perro, etc. Por lo demás, clavado, ¿eh?


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20 abril 2010

Con el totalitarismo pocas bromas,


parece decir Dennis Gansel en La ola, y menos si es para alimentar el propio ego. Creo, sin embargo, que la amenaza totalitaria tiene hoy otro aspecto, blando y coloidal en expresión de Claudio Magris, lejos de la parafernalia de uniformes, símbolos y contraseñas, que sigue nutriendo, no obstante, a las sectas.

Ya lo advirtió Huxley en los años 50: el totalitarismo futuro buscará, ante todo, que el súbdito no sienta las cadenas; es más, añado: que crea ser un rebelde e incluso estar conquistando nuevas parcelas de progreso mientras mantiene la vista baja, en el suelo o no tan lejos. Aunque lleva medio siglo escrito, se suele olvidar el prólogo que su autor puso a Un mundo feliz cuando los fascismos habían quedado atrás. Será cuestión de reproducir aquí alguno de sus párrafos más significativos. (Pero hoy no. Así nos ahorraremos un huy lo que ha dicho).

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19 abril 2010

Los días del odio


Es una novela desigual, tan desigual que en el primero de sus puntos bajos estuve a punto de dejarla. No se puede repetir tantas veces que "sentí una tristeza enorme" o que "yo no entendía nada", o calificar una risa de "implacable" cuatro veces en la misma página, aunque sea con intención, que supongo que sí. Afortunadamente, está llena de párrafos que compensan con creces esos baches de principiante. Supongo que el autor no la remiraba mucho.

En fin, se trata de un niño en la guerra civil, y el protagonista es el odio, como indica el título; y el punto de vista es cristiano. Con estos mimbres, y salvando esas chapucillas que decíamos, Alfonso Albalá hace un cesto decente. Los que sufrieron la guerra en la retaguardia asumen el papel de carne expiatoria de los odios, presentados aquí con cruda desnudez, propia de un Ingmar Bergman, diría yo: así el joven que, moribundo tras caérsele encima la cruz que había arrancado, escupe al cura que le iba a dar la absolución. De hecho, es una novela que en sus muchos movimientos simbólicos, a veces confusos, recuerda con frecuencia al cine clásico europeo.

Nota redactada en marzo del 2010. La novela es de 1969 y de localización difícil.
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17 abril 2010

Me piden nombres de autores

que sean famosos por un solo libro. No es tan fácil como pensaba, a no ser que te retrotraigas hacia autores enigmáticos como el Arcipreste de Hita (Libro de buen amor), o Fernando de Rojas (La Celestina). Pasando adelante, lo que hay en abundancia es gente que sería desconocida de no haber sido por una de sus obras. Si no fuera por el Ulises, Joyce estaría siendo ahora recuperado por El Acantilado o por Nórdica. Sin la Recherche, a ver quién recordaba algo de Proust. No sé si Giuseppe Tomasi di Lampedusa escribió algo que no fuera El Gatopardo, pero desde luego sólo los especialistas serían capaces de mencionarlo. Si admitimos un par de obras en vez de una, entonces tenemos a Juan Rulfo con Pedro Páramo y El llano en llamas, que con frecuencia se editan juntas.

Volvemos atrás: ¿alguien recuerda algo de Castiglione que no sea El cortesano? Claro que si nos salimos de la literatura, la cosa se amplía considerablemente. Volvamos: Sterne debe su puesto al Tristram Shandy. Sería curioso ver qué habría sido de Dante sin la Comedia, de Boccaccio sin el Decamerón, de Petrarca sin el Cancionero, de Jorge Manrique sin las Coplas. Yendo a América, tenemos a Leopoldo Marechal y su Adán Buenosayres, o a Fernández de Lizardi con El periquillo sarniento.

Seguiremos pensando. La próxima vez nos iremos a los muertos prematuros, a ver.

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16 abril 2010

Memoria histórica

La guerra acabó con una victoria por la que no se va a pedir ahora perdón, como pretenden algunos; lo que no supone que no merezcan comprensión y respeto los que lucharon limpiamente al otro lado. El régimen que surgió legitimado con la victoria no puede ser juzgado hasta que desaparezcan quienes vivieron aquella etapa en la vida de España; cuarenta años de historia no constituyen una etapa transitoria para volver a empezar e ignorar este periodo, y querer basar cualquier actividad política en lo que pasó en la guerra es no querer que la paz siga imperando en España. El respeto a la memoria de Franco ha de ser aceptado por todos y es piedra de toque para que la paz sea posible... El olvidar nuestra guerra y mirar hacia adelante no supone entreguismo, claudicación ni humillación para ninguno, sea cual fuere el bando en que luchó, sino, al contrario, paz donde antes hubo lucha; convivencia pacífica en vez de posiciones agresivas y permanente cooperación en vez de acciones contrapuestas; relaciones políticas normales contra la dialéctica de la violencia. Todo ello encuadrado en un mapa político nuevo que permita las discrepancias ideológicas pero exigiendo y respetando unas reglas de juego iguales para todos.

Teniente General Manuel Gutiérrez Mellado, 1977.

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15 abril 2010

Verano y humo


Me gusta Tennessee Williams porque te hace sentir normal. Tal como dice Alma, la protagonista de Verano y humo, en las almas de estos personajes reina la confusión. Pero, como bien sigue diciendo, "de un modo distinto". Hay algo enfermizo en John, y lo hay en Alma. Ambos viven su humanidad a medias, justamente porque quieren ser, respectivamente, sólo carne y sólo espíritu. Para John, el amor dimana del sexo, y para Alma es algo inmaterial, vaporoso, como el "humo" que da título a la obra. La tragedia de ambos es que no aciertan a ser espíritus en el tiempo o cuerpos animados, por emplear expresiones de los antropólogos cristianos modernos. Como otros personajes de Williams, John busca desesperadamente en lo carnal lo que este no le puede dar, y, como otros personajes de Williams, Alma se entrega a un espiritualismo que le resulta insuficiente. Tal vez el puritanismo tenga algo que ver en este desgarro que acaba separando a los protagonistas. La presencia obsesiva del ángel y su nombre, Eternidad, son significativos de esta pugna: queremos ser eternos, pero no podemos ser ángeles.


Nota redactada en julio del 2009


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14 abril 2010

Mahatma Gandhi


A mi juicio, afirmar que el acto sexual es un acto instintivo como el sueño o la satisfacción del hambre es el colmo de la ignorancia. La existencia del mundo depende del acto de procreación, y puesto que el mundo es un dominio que Dios gobierna y que constituye un reflejo de su poder, es imprescindible que el acto de procreación esté sometido a un control que tenga por finalidad la continuación de la vida sobre la tierra. La persona que así lo comprenda procurará, cueste lo que cueste, dominar sus sentidos, se armará con el saber indispensable para el completo desarrollo moral y físico de su progenitura y transmitirá los frutos de ese saber a la posteridad para su provecho.

Autobiografía

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13 abril 2010

Águila de blasón


He aquí otra sesión de fuegos artificiales, marca de la casa. Y he de reconocer que disfruto como un tonto con ellos. Sobre todo me admira cómo, en su primera época, Valle disimula el esperpento bajo el oropel modernista. Porque "esperpéntica" fue toda su obra, si bien de modo sutil en los principios y descarado al final. Creo que prefiero los principios, por la misma razón que aquél prefería la hipocresía al cinismo: el sepulcro blanqueado alivia el hedor de la podredumbre. En las "Comedias bárbaras", lo más feo que hay en nosotros aparece aún más abultado, pero hasta tal punto aliñado con motivos mágicos y aristocráticos, y con la pirotecnia verbal del autor, que en lugar de desagrado produce pasmo.

Estamos en una Galicia de leyenda artúrica, pero sin virtud, donde todos los caballeros fueran caballeros negros. A don Juan Manuel de Montenegro parece que le cuesta moverse, de tan literaria, o pictórica, que resulta su figura, pero en cierto modo les pasa lo mismo a todos. Nobles y siervos protagonizan una serie de viñetas prerrafaelistas donde (y tal vez aquí resida el toque valleinclaniano) sólo lo grotesco adquiere movimiento.

Nota redactada en marzo del 2008


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12 abril 2010

Memoria histórica

La verdad real: estamos derrotados por nuestras propias culpas: por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizá los siglos.

Julián Besteiro, 1933. Citado por Eduardo Palomar Baró en Razón española, 158.

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09 abril 2010

Tú lo quisiste, fraile mostén

Iñaki Oyarzábal, del PP vasco:

A mí me parece triste lo que está pasando. Yo tengo mucho respeto por el juez Garzón, ha prestado un servicio excepcional a la democracia en España y me parece lamentable que se tenga que sentar en el banquillo acusado por la Falange, no tiene ni pies ni cabeza.

Ah, amigo. Eso de que un partido fascista (como si es socialdemócrata) ponga juicio a un juez (como si es un agente inmobiliario) y lo gane, es síntoma inequívoco de normalidad democrática. De esa democracia que este pueblo se ha dado con tanto esfuerzo y tal y cual.

En una dictadura, esto no habría pasado.

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08 abril 2010

La democracia en América


Me gustaría tener la cabeza de Alexis de Tocqueville, y por cabeza entiendo aquí su clarividencia sobre los hechos y las perspectivas que ofrece su mundo. Es decir, me maravilla cómo en unos meses de viaje supo captar la psicología del puelo norteamericano y las posibilidades de la democracia en el mundo por venir.

Son un par de volúmenes de lo que suele llamarse "apretada lectura", pero no deja uno de sorprenderse conforme lee. Si hay un sabio de los tiempos modernos, nos hallamos ante él. Hay que echar un poco de paciencia, es cierto, en la primera parte del volumen primero, donde describe las instituciones de la democracia norteamericana. De hecho, me atrevo a recomendar, si uno no es jurista ni político, empezar por el segundo volumen y, una vez terminado, pasar a la segunda parte del primnero.

Hay dos cosas que me parecen especialmente reseñables en la visión de Tocqueville. La primera es que, siendo a todas luces partidario de la democracia como forma de gobierno y viéndola como inevitable en el mundo que se avecinaba, no la considera como algo milagroso o como algo bueno por el simple hecho de ser democracia, sino que ve la posibilidad del despotismo también en su seno. La segunda es cómo aprecia la función de la religión en la vida pública dentro de las democracias, situándose así en las antípodas de todo laicismo.

Nota redactada en junio del 2007

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07 abril 2010

Cantalamessa (y III)

“Pedir perdón por” y “pedir perdón si” no es lo mismo. En el primer caso, se reconoce un error; en el segundo, se lamenta haber herido a alguien con las propias palabras.

Cantalamessa dijo algo así como: “Pido disculpas si he podido molestar a alguien...” Pero los titulares decían: “El predicador pide perdón por comparar...”

¿Por qué dejar que la verdad te estropee un buen titular y, de paso, el mensaje: “el Vaticano se ve obligado de nuevo a rectificar”?

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06 abril 2010

Este es el texto de la discordia:

Estoy siguiendo con disgusto el ataque violento y concéntrico contra la Iglesia, el Papa y todos los fieles de parte del mundo entero. La utilización del estereotipo, el paso de la responsabilidad y la culpa personal a la colectiva me recuerdan a los aspectos más vergonzosos del antisemitismo.

Que yo vea, no hay nada aquí que justifique el grito en el cielo de unos y el repliegue conejil de otros.

Y, modestia aparte, yo había dicho lo mismo aquí.

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05 abril 2010

El escándalo Cantalamessa

La verdad es que el amigo judío del padre Cantalamessa tiene más razón que un santo, a pesar de aquellos de sus correligionarios que creen tener el monopolio de la condición de víctima, a pesar de los chacales mediáticos y a pesar de la portavocía vaticana que no pierde ocasión de arrodillarse.

Todo el mundo sabe que el genocidio nacionalsocialista fue posible gracias a un caldo de cultivo antisemita en el que tuvo una responsabilidad eminente la intelectualidad alemana de los siglos anteriores, de la que Nietzsche y Schopenhauer son sólo anécdotas. Gracias a ese clima, en los años 30, el pueblo alemán estaba preparado para aceptar una cosa como el nacionalsocialismo. Hoy, en Europa, las novelas más leídas son aquellas en las que la Iglesia aparece como un parásito que sólo existe para coartar la libertad y los instintos de aquellos que tontamente se le someten. El cine lleva décadas promoviendo una visión semejante del clero, hasta el punto de que se hace necesaria una costosa labor de investigación para hallar una película donde aparezca un cura que cumpla una función positiva. De la prensa, qué voy a decir que no se sepa. En España, por la misma época del genocidio hitleriano, una propaganda mucho menos poderosa llevó a una masacre sin precedentes contra la Iglesia.

No me vale que la actual campaña se base en unos hechos perfectamente probados. También es posible que algunas de las calumnias lanzadas contra los judíos tuviesen algún fundamento real, uno, dos o tres. Es todo lo que necesitan los tiburones.

Así que menos huy lo que ha dicho y menos ay que no quise. Lo de Cantalamessa (lo de su amigo) es una verdad como un templo. Pero a veces quieres acariciar y te muerden la mano. Ya lo sabe para otra vez, padre.

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04 abril 2010

Donoso Cortés, ejemplo del pensamiento de la tradición

Hay expresiones en la obra de Donoso Cortés que provocarían su fulminante condenación por parte de la moral imperante, junto con el más ruidoso escándalo. Por ejemplo, su elogio de la intolerancia (así, como suena) de la Iglesia católica, o esta otra que nos recuerda Edmund Schramm de la "represión religiosa" entendida como algo positivo, que hace avanzar a la sociedad. Enarbolar como bandera la intolerancia y la represión, así sin más eufemismos, ya supone atrevimiento en su época, pero hoy día no lo haría ni el más reaccionario, y con razón, porque ambos términos han sido sometidos al implacable paso del tiempo y han acabado como conceptos enteramente negativos en todos los órdenes. Pero apostaría algo a que, sin tener en cuenta el factor de la evolución semántica, un día serán utilizados con horror por algún democratólatra para denigrar la figura de Donoso o de sus seguidores.

Por lo demás, decir que esta conferencia es una sencilla aproximación al pensamiento político-religioso del marqués de Valdegamas, tan caro al tradicionalismo, aunque ya Schramm se cuida de decir que no debe entenderse tradicionalismo en el sentido carlista, y, yo diría, ni siquiera en el sentido de querer imponer un régimen basado en una supuesta tradición, porque Donoso ni siquiera pensaba que su modelo de sociedad, la sociedad cristiana, iba a acabar triunfando, sino más bien al contrario.

Nota redactada en abril de 1999. La conferencia fue publicada en la colección "O crece o muere", dirigida por F. Pérez Embid, en 1952.

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03 abril 2010

Qué mala leche

Estaba muy delgada y, aunque seguía siendo bella a su particular manera, estaba en los huesos, casi demacrada, y llevaba el pelo como si se lo hubiera cortado ella misma. Iba sucia y vestida con colores oscuros: todo en ella revelaba a una mujer entregada a una causa.

Narrador de Lo que arraiga en el hueso, de Robertson Davies

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01 abril 2010

El feminismo es caprichoso.

Se enfadan si no distinguimos, y si distinguimos se enfadan. Nos riñen si no decimos españoles y españolas, profesores y profesoras, y nos miran raro si decimos la poetisa en vez de la poeta.

Viene esto a cuento del SOS de Enrique García-Máiquez acerca de si debía o no decir la Pardo Bazán, pues al parecer resulta machista. He de decir que a mí siempre me pareció una tontería eso de anteponer el la al apellido de las mujeres, aunque no por prejuicios feministas, claro. Creo que fui de los primeros en decir en clase "Pardo Bazán", sin más, aun a costa de que algún alumno me hablase de "Emilio Pérez Bazán". Tal vez me parece inútil, tal vez vulgar. El caso es que últimamente en radio, prensa y tele se prescinde del artículo: Aguirre, Aído, Fernández de la Vega... Es posible que haya una motivación feminista, aunque, todo hay que decirlo, la mayoría de nuestras mujeres públicas van ya bastante apañadas como para encima ponerles un feo artículo delante.

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31 marzo 2010

El guardián entre el centeno


Después de leer, por fin, El guardián entre el centeno, encuentro mucho menos meritorio el Jack Frusciante... de Enrico Brizzi. Están cortados por el mismo patrón. Diferencias: el Alex de Brizzi es un proletario; Holden Caulfield, un niño bien. Jack Frusciante derrocha los tacos y se permite grandes libertades sintácticas; El guardián... taquea, pero menos, y se mantiene en una sintaxis académica. Alex encuentra el amor, y con él una especie de parcial redención; Holden no, pero se da cuenta del valor de tener ciertas personas a su lado. Y, aunque los dos están totalmente desorientados, Alex es bastante más cínico que Holden, a quien su incapacidad de cinismo, por así decir, le hace permanecer en una constante pose de enfado (aunque también Alex se definía como "kabreado social"). Ambos representan al hombre que ha sido echado, sin pedirlo, a un mundo absurdo en su carencia de bases firmes, de lo que llamamos corrientemente valores, y sin vocación de revolucionario o de santo (al menos, sin conciencia de ello). No pueden ser ni apocalípticos ni integrados, aunque tiendan más bien a lo primero. Es el rebelde sin causa y, diríamos también, sin rumbo, sin dirección en su rebeldía. Holden abomina de casi todo lo que ve en la gente que le rodea (me disgusta, odio, no aguanto, son palabras que aparecen por doquier), pero necesita a los demás, los busca, deseando encontrar no sabe qué en ellos. Es un menesteroso de humanidad, a quien quizá no se le ha ocurrido nunca dar gratis un poco de la suya.

Nota redactada en marzo del 2003

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30 marzo 2010

Ojo

Uno de los personajes de Balzac se llamaba Sarrasine, pero a Barthes se le ocurrió escribir ZarraZine, explicando que la Z "es la letra de la mutilación... Corta, intercepta, raya... Es la letra de la desviación".

Juan José Sebreli, El olvido de la razón.

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29 marzo 2010

Conversiones paulinas

Mayor Oreja dice que el PSOE chalanea con ETA. El que dirige el PP vasco dice que no, que el PSOE ahora es bueno. ¿Quién tiene razón?

No sé, pero si las conversiones paulinas son raras en las personas, en los partidos son impensables. ¿Qué puede llevar al PP a creer que se ha producido una en el PSOE?

Tal vez razones de táctica (que no entiendo mucho, la verdad). Pero juega también la creencia en la justificación por la democracia: el PSOE es un partido democrático, ergo no puede aliarse con criminales. Es como lo del ministro de justicia: si ustedes denuncian el chivatazo, están perjudicando a la democracia.

Esto, dicho por el poder, puede ser un ejercicio de cara dura. Por la oposición, puede tener muchos nombres, pero yo lo llamo beatería democrática. En todo caso, forma parte de la cartilla elemental que la izquierda le ha enseñado a la derecha en su papel de maestra de democracia, asumido por esta con las orejas gachas. Así está montado el tinglado desde su constitución.

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26 marzo 2010

Introducción al Cristianismo


Leyendo este libro comprobmos la diferencia entre un texto de divulgación doctrinal o apologético y uno de teología. No es que esto sea teología muy dura. Yo lo llamaría teología divulgativa, pero a lo mejor es que la pluma amable del futuro Benedicto XVI acerca mucho estos capítulos al lector medio. Lo que quería decir es que uno no encuentra aquí los habituales argumentos que nos explican la fe, al estilo de Leo J. Trese, por ejemplo, sino que Ratzinger (por entonces, 1968, ni siquiera cardenal y puede que ni obispo) expone sus propias conclusiones como "profesional", por así decirlo.

El capítulo de Introducción no puede por menos de dejar admirado, por el modo tan lúcido con que el autor plantea el problema de la fe en el mundo actual. La fe es, para Ratzinger, el modo de acceder a aquello que nos supera como criaturas racionales pero que humildemente reconocemos que existe, aunque la incredulidad estará siempre acechando nuesro castillo, como la fe lo hará con el del escéptico. El futuro autor de Deus caritas est se atisba en el resto del volumen por la importancia que da al amor a la hora de explicar la Trinidad o la Encarnación del Verbo. Pero estamos ante un libro al que sin duda hay que volver una y otra vez, pues merece la pena saborearlo con calma.


Nota redactada en agosto del 2007

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25 marzo 2010

Heinrich Heine:

Los conceptos filosóficos alimentados en el silencio del estudio de un académico pueden destruir toda una civilización.

Citado por Juan José Sebreli, El olvido de la razón. Ese es, de hecho, el tema del libro. Lo que echo de menos en él es una referencia a los Marx y los Sartre. ¿Tal vez en un libro futuro titulado El abuso de la razón...?

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24 marzo 2010

Escándalo en el patio

por lo de Mayor Oreja. La COPE cual novicia de fábula, a pique del desmayo. La SER en plan padre jesuita, con el dedo admonitorio. Y mi satisfacción sólo tiene una manchita: ¿por qué dijo potenciales...?

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23 marzo 2010

El metro de platino iridiado


Sí, la protagonista de esta novela es realmente "el metro de platino iridiado": alguien con quien todos se comparan o se miden. Pero no porque sea un dechado de cualidades (es, de hecho, una mujer del común), sino por su admirable equilibrio emocional. Y no quiero decir que sea insensible o apática, antes al contrario, siente la pena, el despecho o el hastío como quien más, pero nunca deja que esas emociones la aneguen o arruinen su vida. Perdona la traición de su mejor amiga, se sobrepone a la muerte de su hijo, causada absurdamente por el hermano de ella, y es capaz de volver junto a un marido infiel, cruel y presuntuoso, "porque les quiero", aunque ese querer sea más de voluntad que de afecto. En todo ello, María es la antítesis de su hermano Gonzalo, el homosexual infeliz (si no hay redundancia) que, enamorado de su sobrino, llega a causar su muerte en un acceso de celos. Y lo más asombroso es cómo Pombo, aun practicando una narración finamente psicológica, evita todo tipo de valoración moral, dejando al lector que sea él quien llegue a ese tipo de conclusiones.

Nota redactada en septiembre del 2009


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22 marzo 2010

Hermosos frutos

(Y yo que pensaba que no tenía nada que decir de Delibes, y va el editor de La villa, de Cuéllar, y me pide un artículo. Bueno, pues lo inserto aquí, como primicia, je, ya que la revista no tiene edición digital.)


En esa mañana de marzo en que nos dijo adiós, Miguel Delibes podría haberse apropiado, con satisfacción, aquel versículo de la Biblia que todo hombre quisiera merecer como epitafio: “como vid retoñé con gracia, y mis flores son frutos hermosos y ricos”. Frutos que se llaman, en su caso, Miguel, Ángeles, Germán, Elisa, Juan, Adolfo y Camino. Pero también La hoja roja, Las ratas, Señora de rojo sobre fondo gris, Diario de un cazador, Cinco horas con Mario, Los santos inocentes, etc. etc.

En el lejano primero de BUP, una joven profesora que reemplazaba aquel año al padre director nos propuso una actividad entonces no tan usual como ahora en los colegios, cual era leer un libro enterito. Se titulaba El camino: una novela de lectura fácil, con personajes sencillos, que trataba de un niño de once años al que, contra su voluntad, le llevaban a estudiar a la ciudad, lejos de su pueblo y de sus amigos. Tal vez en aquel momento sólo nos fijamos en las anécdotas entrañables, los tipos populares y el entorno natural en que la novela se desarrolla. Pero en El camino late un intenso drama humano, pues toda la novela gira en torno al punto en que Daniel supo “lo que era tener el vientre seco y lo que era un aborto”, que es como decir el descubrimiento de la vecindad de la vida y la muerte: la cuna y la sepultura, que hubiera dicho Quevedo, o la sombra alargada del ciprés. El fin de la inocencia:

Algo se marchitó de repente muy dentro de su ser: quizá la fe en la perennidad de la infancia. Advirtió que todos acabarían muriendo, los viejos y los niños. Él nunca se paró a pensarlo y al hacerlo ahora, una sensación punzante y angustiosa lo asfixiaba.

Mucho más tarde conocí La sombra del ciprés es alargada, y ahora pienso que El camino pudo ser una versión corregida de aquella, más de acuerdo a los gustos y la personalidad de nuestro novelista. Aunque le dieron el premio Nadal, La sombra del ciprés fue siempre repudiada por Delibes como algo falso, ajeno a su espíritu, por lo que respecta al lenguaje, quiero decir: «En El camino me despojé por primera vez de lo postizo y salí a cuerpo limpio». Siempre me pareció injusta esta apreciación de don Miguel sobre su primera novela, que me parece bastante buena. Pero lo cierto es que Delibes se halla más a gusto en la sencillez, en lo naïf, podríamos decir. A partir de El camino ya no abandonará esa llaneza meseteña que le caracteriza como escritor y que no es superficialidad sino una manera de presentar los hechos, dejando que sea el lector quien reflexione.

Hay también en El camino algo que no está en La sombra... y que será una constante en Delibes: la defensa de la vida natural frente a un progreso que es sólo material y que obra en contra de lo humano. Así sucede con Cecilio Rubes, el empresario de Mi idolatrado hijo Sisí, constructor de bañeras y enemigo de los niños, que cuando se decide a tener un hijo, uno solo, lo trata como a una mascota, cubriéndolo de mimos y a la postre destruyéndolo como persona. El autor dedicó esta novela a sus siete hermanos, “en la confianza de que ocho hermanos unidos pueden conquistar el mundo". Los reaccionarios son siempre en Delibes los egoístas, los enemigos de la vida. Mientras que el liberal Mario, de Cinco horas..., le reprochará a su mujer: “no seamos mezquinos con Dios...”, cuando ella se empeña en no usar del matrimonio sino en los “días buenos”, es decir, los infértiles.

Los protagonistas de Delibes suelen ser las víctimas de esa idolatría del progreso. Seres inocentes cuyas taras son como zarpazos de aquella maldad original, que ellos parecen expiar crísticamente en sus personas. Así el retrasado Azarías, el hipersensible Pacífico Pérez, el superdotado Nini, el depresivo Mario o el viejo Eloy con su sentimiento de soledad. A ellos se refería justamente el novelista en su discurso de ingreso en la Real Academia, publicado más tarde con el título Un mundo que agoniza:

Mis personajes no son, pues, asociales ni insolidarios, sino solitarios a su pesar. Ellos declinan un progreso mecanizado y frío, es cierto, pero, simultáneamente, este progreso los rechaza a ellos, porque un progreso competitivo, donde impera la ley del más fuerte, dejará ineluctablemente en la cuneta a los viejos, los analfabetos, los tarados y los débiles. Y aunque un día llegue a ofrecerles un poco de piedad organizada, una ayuda –no ya en cuanto semejantes sino en cuanto perturbadores de su plácida digestión- siempre estará ausente de ella el calor.

Por el contrario, la caza parece en Delibes el ámbito de lo natural, donde no reina el egoísmo ni la simulación sino la camaradería y la amistad. Sabido es que el propio escritor fue un practicante asiduo y experto de esta actividad, ligada en él al aprecio por el campo castellano, al que dedicó ensayos y artículos. Y por eso también, el Diario de un cazador pasa por ser la obra más optimista de un hombre inclinado por lo general al pesimismo. El contacto con la naturaleza le hace a Lorenzo inmune, hasta cierto punto, a los egoísmos y a los afanes del mundo moderno.

Claro que incluso eso puede prostituirse, y así lo vemos en una de las novelas más sombrías de nuestro autor, Las ratas, cuyo título (Delibes tenía un particular duende para los títulos) ya indica el punto de degeneración a que ha llegado el hombre abandonado por sus semejantes. En su modestia habitual, Delibes la consideraba como una pura novela de denuncia social, donde decía lo que no le dejaban decir en la prensa. Y sin duda lo es. Pero sus personajes, me refiero al tío Ratero y al Nini, poseen un extraño magnetismo, uno en su degradación y el otro en su persona casi angelical. Una especie de inocencia original surgida del extremo del vicio, que da lugar a múltiples interrogantes y que, creo, no ha sido atendida debidamente.

Cinco horas con Mario es también una obra muy peculiar. Rara vez encontremos a un protagonista definido como a través de las sombras, ya que se encuentra de cuerpo presente durante todo el relato. Los reproches que una atormentada viuda le dirige durante las cinco horas del velatorio permiten dibujar un perfil muy nítido del personaje, haciendo abstracción de los prejuicios de ella. Y, retomando lo que apuntábamos antes, se diría un Cristo yacente ante el cual una facunda magdalena acaba desahogando su culpa escondida... Claro que lecturas hay para todos los gustos, y hay quien hace de Mario un despreocupado que margina sus deberes conyugales por atender a sus ideas filantrópicas. Y no voy a negarlo del todo. Pero lo sugestivo de esta novela es cómo el autor vuelve a apuntarse un tanto literario sin apearse de un lenguaje a ras de pueblo, casi como captado con grabadora en un velatorio de verdad, lo que contrasta con otros experimentos contemporáneos en la misma línea.

Mario podía haber sido el propio Delibes, pero por suerte no se casó con Menchu sino con Ángeles de Castro, “mi equilibrio” (¡siempre tan castellanamente sobrio!). A ella, prematuramente fallecida, va dedicada Señora de rojo sobre fondo gris, a mi juicio su obra maestra. Si no fue la última cronológicamente, sí podría serlo desde un punto de vista espiritual, porque en ella se resuelven todos los pesimismos, vencidos por el amor. Como Miguel Hernández de su hijo, Delibes podría haber dicho de su mujer: “tu risa me pone alas”.

Pero no quiero dejar de mencionar dos novelas que, aunque muy diferentes entre sí, están unidas por la misma motivación. Me refiero a Parábola del náufrago y El hereje. La primera tal vez sea la más extraña de Delibes por su estilo, un tributo (¿o parodia?) a la moda experimental del momento (los años 60), y se encuadra en esa tradición que va de Metrópolis de Fritz Lang a 1984 de Orwell: una denuncia de la despersonalización promovida desde el poder. La segunda es una novela histórica (con perdón del propio autor) y de técnica tradicional, ambientada en el Valladolid del siglo XVI y considerada como un postrer homenaje a su ciudad de siempre. Ambas obras obedecen, digo, al mismo impulso: el rechazo que sentía Delibes ante toda forma de extorsión de las conciencias.

Fue este empeño a favor de lo esencial humano, unido a una conducta personal tan coherente como alejada de toda estridencia y toda consigna, lo que abarrotó la Catedral de Valladolid el día de su funeral. Una niña puso en el libro de condolencias: “aunque te hayas muerto, sigue escribiendo”. Lo hará, aunque de otro modo, en esa continuación de su vida para la que, según declaró su propia familia, hacía tiempo que se preparaba.

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19 marzo 2010

La plaga del artículo indeterminado

en los títulos está tomando proporciones alarmantes. Me pregunto cuántas vidas tiene García Márquez, ya que al parecer Gerald Martin nos cuenta una. Y supongo que el libro de Hamit Bozarslan contiene una preciosa narración ambientada en Oriente Medio, que es lo que en buen español sugiere el título que le han plantado.

Ya sé que pueden hacerse infinidad de biografías de Henry Newman, pero este género de escritos se han titulado siempre biografía, historia, introducción, aproximación..., sin artículo, por más que los angloparlantes tengan la costumbre de decir An introduction, A biography y tal. Véase por ejemplo la reciente biografía de Unamuno por los Rabaté. Van a venir los franceses a enseñarnos a hablar español, hay que jorobarse.

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18 marzo 2010

Tormento


"Si no tengo caridad, nada me aprovecha". El cristianismo sin caridad es el peor esperpento imaginable, y eso lo saben todos los que, con diversa intención, lo han llevado a la literatura o al cine. Galdós lo hace por enésima vez en este Tormento. Tal es el nombre con que Pedro Polo, el cura descarriado, se refiere a la mujer de sus amores, tal vez para aludir al que esa mujer le inflige a él, pero que para nosotros, lectores, define muy bien la propia personalidad de Amparo, impenitente atormentadora de sí misma. El hecho es que los rígidos esquemas de decencia de aquella sociedad consiguen poner a Amparo-Tormento en trance de suicidio, al no poder soportar esta la exclusión social a que la condenaría el descubrimiento de una antigua metedura de pata con don Pedro. Es curioso, pero, aunque con mentalidad de crítico piensas que la desgracia de Amparo debería consumarse, como lector estás todo el tiempo deseando que fracase su suicidio. Creo que Galdós es muy hábil al plantear un desenlace intermedio, que ni es feliz ni trágico y que consigue mostrar cómo los prejuicios acaban dando al traste con algo tan estimable como el vínculo matrimonial.


Nota redactada en septiembre del 2009


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12 marzo 2010

Creced, multiplicaos y henchid la tierra


¿Y qué digo yo de Delibes que no se haya dicho o que sí se haya dicho? Tal vez que su libro más actual es Mi idolatrado hijo Sisí, a pesar de que él quisiera matizar la "moraleja antimalthusiana" que, en efecto, se desprende de su lectura. Pero yo preferiría enunciar esa "moraleja" en plan más positivo, como una rotura de lanza en favor de la familia numerosa. Así lo indica su lema bíblico, con el que encabezo esta entrada, y su dedicatoria:

"A mis hermanos Adolfo, Concha, José Ramón, Federico, María Luisa, Manuel y Ana María, en la confianza de que ocho hermanos unidos pueden conquistar el mundo".

Pues que así sea.

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11 marzo 2010

Cosa nueva es para mí

que pedir cuentas al poder sea perjudicar a la democracia. Yo pensé que eso era justamente la democracia. Pero si se trata de un título que confiere impecabilidad al poder, me contará usted, ministro, en qué se diferencia de un sultanato.

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10 marzo 2010

Punto y aparte


En el poema "Radiografía", Miguel d´Ors se define como "eterno partidario de los ciento volando", y esta antología lo verifica con creces. Son muchos los poemas en que d´Ors se dedica a evocar, con sus típicas enumeraciones caóticas, todas aquellas identidades que no le tocaron, pero podrían haberle tocado en suerte; o bien los lugares donde podía haber nacido, o los que conocerá sólo después de "nacer", como él dice con terminología radicalmente cristiana.

Lo que más me gusta de Miguel d´Ors son esos finales sarcásticos que se permite de vez en cuando, como el famoso "tampoco soy feliz". Pero hay que reconocer que eso es sólo una parte mínima de su poética, y que tampoco los prodiga tanto. Aquí descubro a un d´Ors soñador, insatisfecho, con un acusado desprecio de sí mismo que no se convierte en desesperación gracias a una fe en Jesucristo que no duda en proclamar y que casi siempre transforma la autocompasión en humildad.

Nota redactada en mayo del 2009

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09 marzo 2010

Los griegos y el Faisán

De todos los hombres de diversas nacionalidades que frecuentan los juzgados criminales, los griegos son los más difíciles de condenar.

Simplemente se limitan a negarlo todo, no importa lo concluyentes que lleguen a ser las pruebas. Y nada impresiona más a un jurado que la escueta afirmación de un hecho, por improbable que pueda resultar y por abrumadora que resulte la evidencia en contrario.

Dashiell Hammett, Memorias de un detective privado


Oyendo a Rubalcaba y a los capos de la pasma socialista, no me cabe duda de que convergemos hacia Grecia, no sólo en lo económico. Claro que la cosa empezó con Felipe González y el GAL.

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08 marzo 2010

Terrorismo profiláctico


Recuerdo que en la película Arriba Hazaña se ridiculizaban esas prédicas de los viejos ejercicios espirituales en las que se trataba de inspirar el horror al infierno. Habían llenado la pizarra de ceros con un uno delante y decían: “imaginaos que todo eso son años; más aún: siglos...”; bien, pues todo eso era nada en comparación con la eternidad de las penas infernales. Una vez oí a un padre jesuita, más hijo él de su tiempo, llamar a tales prácticas “terrorismo ascético”.

Ahora Sanidad nos va a regalar, en su maternal afán por salvarnos del tabaco, unas cajetillas adornadas con imágenes de cánceres, infartos y otras truculencias. ¿Cómo llamarle a eso? ¿Terrorismo profiláctico...?

Ya de paso, podrían vender los condones con fotos de muchachas apostadas en una esquina, los brazos en jarras. Pero no sería muy eficaz porque tales productos los compran sobre todo maromos a quienes el futuro de sus eventuales concubinas les importa muy poco: sería, en todo caso, una opción, tan respetable como la que más.

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05 marzo 2010

Bajo la red


Resulta algo patético ver a estos bohemios ingleses de los 50 defender posiciones socialistas, pero lo peor estaba aún por llegar, con el 68, para no hablar de la España de los 2000. En todo caso, eso no es lo sustancial en una novela que se caracteriza por el optimismo: cosa normal si tenemos en cuenta la juventud de sus protagonistas y de su autora, en la época en que la escribió. "No sé por qué es así. Es simplemente una de las maravillas del mundo", termina su narración Jake Donaghue, lo que no deja de tener mucho parecido con el "y vio Dios que era bueno". Hablamos de unos personajes a cual más peregrino, que tunean o personalizan su vida, que no se resignan a una existencia gregaria y se mueven en las fronteras de la ley con el mayor desparpajo. La autora parece negarse, sí, al pesimismo, aunque este no deje de aflorar por ciertos resquicios. Jake Donaghue, en el fondo, no sabe qué hacer, pero mientras lo averigua jugará con fuego, burlándose de personajes del gran mundo, tan frívolos como él pero que han conseguido instalarse. Y probablemente se pueda reflexionar mucho más sobre esta novela, pero no veo en su autora a la magna pensadora que dice que era quien me instó a leerla. Narra con gran oficio, sabe crear situaciones divertidas (la de Jake tratando desesperadamente de robar el perrazo es un pequeño toque de genio), pero creo que tardaré en agarrar otra novela suya.

Nota redactada en abril del 2007.

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04 marzo 2010

Apostillas a Cercas

sobre la llamada novela negra (III)

Algunos autores caen en el recurso fácil del morbo. Detalles de sadismo o de hiperviolencia, descripción de comportamientos sexuales patológicos o sencillamente vidas planas e inmorales donde sólo se busca el propio provecho.

De hecho, sin esas salsas picantes, tendrían muchos menos lectores. Yo confieso sin ambages que me encantaba la violencia enfermiza que me encontraba en ciertos autores, sobre todo si era la del bueno zurrando a los malos. Cuando vi la lista de Cercas, que aparece al final del artículo, me sentí tentado de elaborar la mía propia, pero descubrí con horror que muchas de las que consideraba favoritas lo eran por ese factor. Hoy no podría, seriamente, canonizar cosas como Yo, el jurado o The last cop out, de Mickey Spillane; El secuestro de miss Blandish o Una radiante mañana estival, de James Hadley Chase; 1280 almas, de Jim Thompson, o El clan de los sicilianos, de Auguste Le Breton.

Y, con todo, es posible que todas ellas sean cuentecillos de hadas comparadas con las cosas de los Stig Larsson y, por supuesto, de los Andreus Martines y demás. Pero, hoy como ayer, sirven para que haya quien piense que lee literatura.

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03 marzo 2010

Cain


El amigo que firma "Desde Mompracem" insiste en su recomendación de James M. Cain. Es un autor al que leo con gusto aunque me parece que sigue siempre el mismo esquema: un pringado seducido por una mujer fatal que le lleva a cometer un crimen. La bella al final se saldrá con la suya o se hundirá en el abismo con él. "Los ojos verdes" de Bécquer en plan negro, vamos.

Un día de estos insertaré la nota que escribí para Pacto de sangre. Mis otras dos experiencias son El cartero llama dos veces y otra cuyo título original era The embezzler y que creo que aquí titularon El estafador. De esta última no recuerdo nada. Es un tipo que ha tenido suerte, también, con sus adaptaciones cinematográficas.

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02 marzo 2010

De Raymond Chandler a Jardiel Poncela


Creo que prefiero el Philip Marlowe de El sueño eterno. Por este Marlowe de El largo adiós han pasdo ya los años, y con ellos se ha vuelto más amargo. Ha mantenido y aumentado sus dosis de sarcasmo, su ingenio en la réplica, y sus reflexiones han adquirido mayor profundidad, lo que hace quizá que esta novela de 1953 sea superior en su alcance a la de 1939, pero el paladar se queja.

La coincidencia de mi lectura de El largo adiós con la Semana Negra de Gijón no fue más que eso, una casualidad. Podía haber dicho que se trataba de un homenaje; que, ante la avalancha de novelas y novelistas mediocres, decidí volver a los clásicos, a los maestros fundadores del género. Pero, con todo, esta coincidencia me da pie para una meditación: ¿por qué se llamó negra a esta subespecie de la novela policíaca que cambió el salón aristocrático por el callejón y dio entrada a la realidad social en su aspecto más desagradable? Entre otras cosas, porque su tono general deja poco lugar a la esperanza. Porque la virtud, en ella, parece ser algo exótico, o bien una pieza de museo ante cuya autenticidad uno prefiere reservarse la opinión.

Philip Marlowe se encuentra ante este panorama. Y, ciertamente, no se hace ilusiones. Sabe que no debe presuponer la virtud, sino el vicio, ante las gentes con quienes se topa. Pero él mismo quiere mantenerse incontaminado. No descubro nada nuevo si digo que este detective es el nuevo héroe caballeresco, capitán trueno de una sociedad sin doncellas inocentes ni honrados campesinos. Tanto en El sueño eterno como en El largo adiós lo vemos llevando adelante un caso cuando todo el mundo le presiona para que lo abandone. El olor a corrupción le subleva y renuncia a la recompensa material en aras de la justicia. Un "retrato de Madison" (un billete de cinco mil dólares) es en El largo adiós el precio por no levantar la tapa del cubo de la basura. Marlowe lo sabe y lo conserva intacto mientras, implacablemente, va poniendo las cartas boca arriba pese a todos. Sabe que él solo no conseguirá que las cosas dejen de ser como son, pero al menos no contarán con él para seguir infectando la llaga. No le harán entrar en el engranaje de podredumbre y mentiras. Algo semejante creí ver hace tiempo en el detective de la Continental, el personaje de Dashiell Hammett: con la diferencia, quizá, de que este no hace discursos, no medita: se limita a llevar a cabo su tarea con honradez y se incomoda cuando roza la inmoralidad, como en Cosecha roja. Marlowe va más allá. Es el auténtico "Quijote desencantado", como alguien lo llamó con feliz expresión. Don Quijote es capaz de decir, bajo la lanza enemiga, aquello de "Dulcinea es la mujer más hermosa de la tierra". Marlowe, con un caso cerrado (en falso) y libre de todo compromiso, da a la prensa un documento que hará que al día siguiente su pellejo no valga un céntimo.

Y esto es lo que se echa de menos en los novelistas negros epigonales. Han puesto el acento en la podredumbre sin mostrar una alternativa. Da la impresión de que lo negro se ha convertido, frívolamente, en un objeto de adorno. Se ha crado una estética de lo corrupto, así como el spaghetti-western hizo su estética de lo sucio. Por eso, leyendo El largo adiós, me pregunto: un detective de novela negra actual, ¿hubiera rechazado cheques y camas con la elegancia con que lo hace Marlowe? Mucho me temo que más bien se han integrado por completo en la sucia maquinaria y que sus creadores han confundido el desencanto y el sarcasmo con la renuncia a todo asomo de reacción. De ahí mis reticencias con respecto a la Semana Negra, a la que no quito méritos como iniciativa original y de éxito, pero no sé si al autor del Lazarillo le hubiera gustado una "semana de la picaresca", caso de que tal evento hubiera sido posible en la época. Sabría que se iba a poner el acento en lo superficial y que lo picaresco, que en su obra y en la de Mateo Alemán aprece como una necesidad expresiva, iba a convertirse en gratuito, como de hecho sucedió en Castillo Solórzano, por ejemplo. De ahí que en la novela negra actual proliferen hasta la náusea las crueldades y las perversiones sin que veamos nada más adentro. Es el destino de todo fenómeno literario, o artístico, cuando se convierte en moda.

Dije al principio que lo que hace de El largo adiós una novela de gran alcance es ese tono amargo que destila su protagonista contra todo el mundo. Nos encontramos en medio de una sociedad viciada, donde incluso los que se suponen "guardianes del bien" (la policía) son quienes primero lo traicionan (en este sentido, el discurso en que Marlowe contrapone la ley a la justicia es memorable). En un contexto como este, en que se ha perdido la esperanza de encontrar una conducta intachable, los que resultan más simpáticos son los mediocres, los perdedores, gente como Terry Lennox o Roger Wade, inmorales, sí, pero producto o desecho de los auténticos canallas, los Mendy Menéndez, los Randy Starr o, quizá más por encima, los Harlan Potter, millonarios a los que hay que suponer la inocencia porque se han cuidado muy bien de ocultar la manera como han conseguido su fortuna. Sucede como en Los ladrones somos gente honrada, la comedia de Jardiel Poncela, traducción cómica de lo que Chandler nos ofrece en versión trágica. "Los borrachos y los cornudos somos gente honrada", cabría decir aquí, cuando parece que no cabe otro modo de entender la honradez que en términos relativos. Afortunadamente, nos queda Marlowe.

Agosto 1996

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01 marzo 2010

Sarcástico

Todo el mundo comprende que, cuando una guerra termina, las operaciones de limpieza, ordenación y venganza sobre los vencidos llevan tanto tiempo y esfuerzo mental como el conflicto mismo.

(Narrador de Lo que arraiga en el hueso)

Pero... tan deplorable como cierto.

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27 febrero 2010

Apostillas a Cercas

sobre la llamada novela negra (II)

En la novela negra hay todo lo anterior pero trascendido por un intento de explicar la sociedad, a través de algunas de las cosas que ocurren en ella.

Hoy vuelvo a encontrar esa idea en un artículo de ABC. Según su autor, la novela negra te muestra que quien aprieta el gatillo no es siempre el culpable. Se trataría de obras de denuncia social, que enseñan que es la sociedad quien forja delincuentes. No habría, pues, culpables indivuduales, sino colectivos: en suma, ese tipo de ideas que alimentan el terrorismo.

Sé que hay a quien le gusta leer así este tipo de novelas. Tal vez esa intención sea explícita en las malas (Andreu Martín, Montalbán, etc.). En las mejores, si hay denuncia social, no se oculta la perversidad de los individuos, sean pistoleros o magnates. En todo caso, lo social me importa poco cuando cojo una novela de Hammett o Chandler. Prefiero ver la eterna lucha del bueno contra los malos, siendo los malos descritos en su ambiente malsano, alejado del salón aristocrático, lo que sin duda aumenta la emoción y la admiración por el bueno. Soy un lector burgués de novela negra, qué quieren.

(Sin embargo, recuerdo que hice una lectura de El largo adiós en aquella clave, y lo comparé con Los ladrones somos gente honrada, de Jardiel. Ya lo traeré aquí un día de estos)

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26 febrero 2010

El Horla


No sé en su día, hoy es un típico cuento de terror, precursor quizá de tantos "ladrones de cuerpos" que han sido en cine y novela. Esto es un tipo que se asoma un día a lo que parece una mañana espléndida (está narrado en primera persona y en forma de diario) y a partir de ahí empieza a notar en su casa la presencia de un ser invisible que le bebe la leche y el agua (si hubiera sido el vino o el coñac no se le podría tomar en serio). Pero lo peor no es que esté en su casa, sino que después empieza a posesionarse de su propio cuerpo, de manera que nuestro amigo va adquiriendo una inquietante doble personalidad, similar a la de un endemoniado.

Lo más llamativo quizá de este cuento, visto en su contexto, es cómo conviven el positivismo y la presencia de seres extraterrestres, síntoma quizá de aquello de que cuando se pierde la fe se cree en cualquier cosa. Hay un bonito discurso de un doctor en el sentido de que las mentes pusilánimes inventan estas cosas sobrenaturales, han inventado también a Dios, y tal. No se sale con la suya porque el extraño ser existe, pero...

Nota redactada en abril del 2008. Es uno de los más famosos cuentos de Guy de Maupassant.

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25 febrero 2010

--Los modernos, por el contrario, no pintan a Dios y Su obra. Algunas veces no sé qué es lo que pintan.

--Pintan su visión interior y se esfuerzan mucho si son honestos, aunque no todos lo son, ni mucho menos, pero se guían únicamente por sí mismos, sin apoyarse en la religión ni en el mito y, lógicamente, lo que cada cual encuentra en su interior sólo es revelador para sí mismo, en la mayoría de los casos. Estos buscadores solitarios caen fácilmente en la impostura, porque no hay nada tan fácil de simular como la visión interior, señor Cornish. Fíjese en esos deteriorados frescos que hemos visto por la mañana: quienes los pintaron, Rossetti, Morris y Burne-Jones, tenían una visión interior trabada en la leyenda y eligieron plasmarla en imágenes del Grial y en mujeres de belleza sensual y ojos del color de la endrina, a medio camino entre la Madre de Dios y las orondas queridas de Rossetti. Los modernos, en cambio, tocados de la cabeza por la horrible guerra mundial y pertrechados con lo que hayan podido entender de Sigmund Freud, buscan la sinceridad como posesos. Estan hartos de lo que entienden por Dios, pero lo que encuentran dentro de sí mismos es tan personal que a la mayoría de la gente le parece puro caos. Aun así, lo que plasman en la tela no es simplemente caos, sino crudos fragmentos de psique. No resulta bonito ni comunica gran cosa, pero es el camino por el que tienen que adentrarse hasta dar con algo que sí que comunique... aunque dudo que vaya a ser bonito.

Tancred Saraceni (pregunta de Francis Cornish), en Lo que arraiga en el hueso.

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23 febrero 2010

Apostillas a Cercas

Sobre la llamada novela negra (I)

Spade-Bogart es cínico y sabe usar los puños
.

Con frecuencia se define al detective de novela negra como cínico. No estoy de acuerdo. Creo que le conviene más el adjetivo sarcástico. Cínico es el que proclama su maldad con descaro o quien niega lo evidente con no menos frescura.

...

Sólo se atiene a las reglas que le convienen en cada momento.

Mmm... Hasta cierto punto. Quiero decir, siempre que no entendamos que eso le convierte en un amoral. Hay en Marlowe un fondo insobornable que le lleva a no transigir con chanchullos. En El largo adiós, por ejemplo, continúa con el caso aunque habría salido ganando mucho más (cinco mil dólares) si lo hubiera abandonado.

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22 febrero 2010

El amor y otras idioteces


Pues, a pesar del título, el libro va muy en serio. Imposible recomendárselo a un adolescente español de entre dos siglos: te lo devolvería diciéndote que está en chino. Y, sin embargo, vulgarizar de algún modo los conceptos aquí expuestos es una tarea urgente.

La principal característica del libro es que ilustra sus lecciones (no cabe decir sus tesis, pues no se trata de algo personal, sino de nociones universales que deberían pertenecer a la cartilla elemental del ser humano) con fragmentos de literatura, y además anima a leer otras cosas en la misma clave: los apéndices son muy sugerentes: novelas, ensayos, películas, que tienen algo que decir sobre el amor. Manglano es sistemático: el yo, el amor, la pareja, el cuerpo, la estabilidad, la felicidad, son el tema de cada uno de los capítulos. Hoy hace falta casi ser un héroe para vincular la estabilidad con el amor y con la felicidad; pero lo cierto es que hay que ser, sencillamente, responsable. Con ello no hace Manglano sino cumplir ese deber que Orwell atribuía a todo hombre honrado de su tiempo: afirmar lo obvio. En este caso, más que lo obvio, lo humano, sepultado hace tiempo por lo "demasiado humano".

Nota redactada en noviembre del 2009


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20 febrero 2010

Si lloras por haber perdido el sol

¡Ah, pobre de mí! Jamás seré tan feliz como antes de conocer a la prima Hepzibah y al pobre primo Clifford. En este breve período de tiempo me he hecho muy mayor. Mayor y, espero, más sabia. Y, aunque no exactamente triste, sí he perdido la mitad de mi ligereza de ánimo. Les he entregado mi luz del sol y me alegro de haberlo hecho, pero, por supuesto, no puedo darla y quedarme con ella al mismo tiempo. Aun así, ¡bienvenidos sean!

Phoebe, en La casa de los siete tejados

"... las lágrimas no te permitirán ver las estrellas", que decía el indio.

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19 febrero 2010

Cabezas y sombreros

Narrador de Lo que arraiga en el hueso:

Marie-Louise tenía sobre los hombros una práctica cabeza normanda, pero la Iglesia la había liberado de la necesidad de utilizarla para pensar.

Graciosillo el chico, ¿eh? Sin embargo, es inevitable recordar a Chesterton. Ya saben, el genial gordo decía que el catolicismo era la única religión que para entrar en el templo le exigía quitarse el sombrero, no la cabeza. Un tipo con respeto a su inteligencia. Es ese otro género de tópicos el que realmente exime de pensar y permite instalarse cómodamente en la rutina.

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17 febrero 2010

Cautivado por la alegría


Uno espera, cuando empieza este libro, que Lewis nos cuente sus experiencias con los cristianos, y cómo en estos parecía arder una llama que invitaba a compartir esa fuente de luz y calor: el bonus odor Christi o el "¿no ardía nuestro corazón cuando nos hablaba..." Pero no hay tal. Si hemos de creerle, su conversión tuvo lugar sin los cristianos, cuando no a pesar de estos. ¿Por qué no? Son muchos los caminos de Dios, y en este caso escogió uno meramente intelectual. La Alegría era algo buscado con afán, y algo diferente del estar contento o del buen humor. Al final del camino, Lewis comprende que la Alegría (él siempre lo escribe así, con mayúscula) no es algo que haya que perseguir, sino que ella misma se nos da por añadidura: la alegoría de los letreros es expresiva. Cuando aún no has encontrado el camino, saludas con entusiasmo los indicadores (esas ráfagas esporádicas de alegría); cuando ya estás en la senda, tan sólo los miras con satisfacción, pero no son, desde luego, lo entusiasmante: eso lo es el camino mismo.

No sé si es flema británica, pero Lewis tiene la cualidad de contar su vida como si explicara un teorema matemático. Pocos dedos de la mano hacen falta para contar las exclamaciones que contiene este libro. Sin embargo, no oculta sus emociones, sus terrores, como aquel tan íntimo de los insectos, descrito, sin embargo, con suma perfección técnica, con pericia de escritor.

Nota redactada en febrero del 2001.

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16 febrero 2010

El otro nombre de la interrupción voluntaria del embarazo.

Un personaje de Pemán (De Madrid a Oviedo pasando por las Azores) dice:

Nadie sabe en España lo que significa entomólogo. Unos creen que significa dentista; otros creen que especialista en el estómago. Me pasan casos curiosos. Hace cosa de un mes vino una institutriz belga; se me desplomó en esa misma butaca en que está usted sentado; me contó una larga historia de "una distracción" que había tenido con un chófer; me pidió que la ayudase a cometer un delito de supresión de natalidad. Cuando terminó, yo le contesté severamente: "Señorita: entomólogos se llaman los que coleccionan mariposas". Se desmayó.

Subrayado mío.

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15 febrero 2010

Trapiello

A pesar de los esfuerzos que hizo [Ramón Pérez de Ayala] para congraciarse con los vencedores, éstos parece que le desdeñaron con la vieja frase de "Roma no paga traidores"

(Las armas y las letras, ed. de 1994)

Será por eso por lo que le dieron en 1960 el premio de la Fundación Juan March, por toda su obra.

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12 febrero 2010

Eloísa está debajo de un almendro


Un prólogo y dos actos componen esta comedia. El prólogo no puede ser más motivador: una serie de diálogos de besugos, en un cine, con el hilo conductor de una bella misteriosa. En el primer acto entramos ya, del todo, en el reino del disparate: una especie de elogio de la locura donde, sin embargo, ya se intuye (Jardiel nos deja intuir) quién es el auténtico loco y quiénes han escogido la locura como evasión. Una diferencia que anticipa lo que será el segundo acto, donde irrumpen la lógica y la razón, esas que tanto le disgustaban a Jardiel; aunque lo hacen en medio de un diálogo que continúa salpicado de disparates.

Elogio de la locura, sí, disfrazado de comedia policíaca. Eso es Eloísa... Sus personajes son unos románticos, unos románticos peculiares que han sustituido el sentimiento trágico por el sentimiento disparatado de la vida. Son locos a conciencia, en parte como mecanismo de defensa, claro, pues los miedos permanecen hasta ese desenlace tan superficial y taquillero como bien urdido por parte del autor.

Nota redactada en noviembre del 2009

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11 febrero 2010

Seguimos en el "medievo"

Para el insigne Martín Prieto, recordarán, Auschwitz es el símbolo de aquella época en que Alemania "retornó al medievo".

Pues bien: siento comunicarle, amigo, que en el medievo seguimos. Tony Anatrella, muy acertadamente, observa vigentes en nuestra sociedad algunos de los principios que dieron lugar a Auschwitz:

... hemos asimilado incluso principios contra los que nuestros mayores se han batido. Porque ¿no es la selección de los seres la que se reactualiza en un eugenismo rampante? ¿No se encuentra el concepto de una "raza" pura y sin defecto, confirmado por las manipulaciones biogenéticas? Igualmente, al parecer la vida inútil y sin valor, la idea de eutanasia (igual que la de purificación étnica) se impone insensiblemente. Si no tenemos una verdad sobre el hombre, sólo tenemos que dejar hacer.

Lo que espero con ansia es el ensayo en que Martín Prieto desarrolle su genial idea, nacionalsocialismo = edad media. Ha de revolucionar la historiografía, sin duda.

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10 febrero 2010

Informacione local ahora ene su emisora cope mase cercana.

Ele presidente de la junta de Castilla y Leone, Juan Vicente Herrera, ha reclamado ale gobierno de España que aborde un grane pacto de estado para hacer frente a una situacione de emergencia nacional. Ene declaraciónese a la cadena cope, ele presidente analizaba la propuesta de pacto que este viérnese aprobaba el consejo de minístrose y presentaba ele presidente del gobierno José Luise Rodrígueze Zapatero...

(Por ejemplo)

¿No hay alguien que les diga algo a estos chicos?

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08 febrero 2010

El hombre delgado


Volver a Dashiell Hammett siempre es una delicia, incluso aunque desconectes del juego policíaco y te limites a disfrutar de los diálogos de esa narración rebosante de ironía. Tampoco importa, en este caso, que hubiera visto hace tiempo la película, porque William Powell no da ni de lejos el tipo de Nick Charles, no porque actúe mal, sino porque le han dado otro papel. Además, maldito lo que recordaba del argumento.

Aquí el duro está felizmente casado, lo que introduce una novedad en este género de personajes. Tal vez el hecho de que ya no se dedique profesionalmente a la investigación tenga que ver con el hecho de que la señora le aguante; pero también es verdad que se trata de una esposa encantadora y que una cosa como los celos parece quedarles a ambos a años luz de distancia. Ni siquiera el impenitente alcoholismo de Nick parece abrir la menor brecha de separación entre ambos; hay que decir que ella también sopla de lo lindo.

Por lo demás, es Hammett: si en los diálogos podría confundirse con Chandler, las descripciones no ofrecen la menor duda.

Nota redactada en abril del 2009

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05 febrero 2010

Víctor Alcázar


Víctor Mora, el creador del Capitán Trueno, ha piado mucho contra el régimen anterior con la misma lengua que antaño utilizó, aunque no hablando, para mostrarle sumisión. Siempre me hizo gracia el seudónimo que utilizaba para firmar sus historietas, Víctor Alcázar, testimonial donde los haya. Más sorpresa me causó aún descubrir que ese, Víctor Alcázar, era el nombre del protagonista de Camisa azul, hoy olvidada novela de Felipe Ximénez de Sandoval, que como puede imaginarse es una exaltación apasionada del falangismo.

A Fernando Vizcaíno Casas le gustaba referir a Franco esto que decía Tácito del emperador Vitelio: "fue ultrajado a su muerte con la misma bajeza con que había sido adulado en vida". Muy propio.

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04 febrero 2010

El héroe



Por lo visto, hay puntos en el espacio que, aun de pequeño tamaño, concentran en sí una gravedad inconcebible, agujeros negros creo que los llaman. Así son los opúsculos de Gracián. En sus cuarenta y cuatro páginas, el discurso sobre El héroe encierra tal intensidad de pensamiento que vale por uno de doscientas. Ya conocemos el laconismo típico del padre Baltasar. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Hay que pararse en cada frase y pensarla, es imposible leer de corrido, y aun así a veces hay que rendirse, porque el paso del tiempo y la sutileza conceptual del autor juegan en contra del lector moderno.

Por lo que respecta al fondo, yo lo recomendaría sin dudar para la educación: Gracián en las escuelas. Más falta que el comer, hace. Es un auténtico compendio de virtudes humanas. Sólo un reproche que hacerle en este aspecto, y es la importancia que concede a la desconfianza, casi a la simulación. Se echa de menos un elogio de la sinceridad, de la llaneza. Por lo demás, si alguien pensaba que el Capitán Trueno, Tintín, el Guerrero del Antifaz (¡Alix!), eran sueños infantiles, quimeras del pasado, aquí los encontrará teorizados, hechos asequibles. Hemos pasado demasiado tiempo lamiéndonos las miserias, me parece.


Nota redactada en noviembre de 1998


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03 febrero 2010

Estupidez de la semana


O del año, y no arriesgo mucho porque llevamos un mes. Estupidez del año, y a gran distancia de todas las demás, incluidas las que pueda haber proferido el jefe del ejecutivo de nochevieja para acá, y aquí sí que estoy apostando fuerte.

Dice Martín Prieto* que el aniversario de la liberación de Auschwitz sirve para no olvidar un momento de la historia en que "una parte de Europa retornó al medievo".

Como desagravio a la inteligencia, puede releerse esta cita.


*Oído en la radio, en una de esas secciones en que te resumen las columnas del día.


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02 febrero 2010

Hay un truco muy socorrido

para presumir de experto en literatura, y en concreto en ese autor del que se habla por el motivo que sea (muerte, premio, aniversario). La pega es que sólo se puede utilizar cuando el autor de marras tiene una obra muy popular y más conocida que las demás.

El truco, por supuesto, consiste en decir que esa obra que todos conocen no es la mejor de su autor.

Sucedió el otro día en una tertulia radiofónica sobre Salinger (q. e. p. d.). Era cuestión de tiempo que alguien dijera que El guardián entre el centeno no le parecía su mejor obra, y, en efecto, uno cayó en la tentación. Tentación un poco vulgar, porque el truco empieza a estar un poco visto. Pero se perdona porque ya es de agradecer una tertulia literaria en la radio a las seis de la tarde. Y a lo mejor el tío era sincero y todo.

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01 febrero 2010

Democracia:

El nombre que se da a las buenas intenciones que a los gobernantes les gustaría hacernos creer que poseen.

John Dunn, La agonía del pensamiento político occidental.

Hay que fastidiarse, qué bien dicen los demás lo que yo pienso.

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