27 septiembre 2007

Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes


Es curioso, pero resulta difícil leer algo tan divertido y al mismo tiempo tan amargo. Quiero decir que es curioso este contraste. Uno asocia con frecuencia el humor a la alegría. Pero ya sabemos que existe algo denominado humor negro. Y en este aspecto Cela es un maestro. Aquí hay humor de la mejor ley y negrura hasta el hartazgo. Estoy por decir que el Lazarillo auténtico es una novela más positiva de lo que habitualmente se piensa. Porque ni de lejos encontramos esta desolación ante la humanidad que vemos en la historia de Cela.
Lo primero que asombra es el virtuosismo verbal del de Iria Flavia, unido a su genial asimilación del español clásico y del estoicismo que impregna la picaresca. Esta riqueza verbal en boca de los peleles que pueblan su relato es lo que produce la hilaridad. Y al mismo tiempo el horror. El horror ante el cuadro esperpéntico que se nos presenta. Hay gente buena aquí, sí; el penitente Felipe, y alguno que otro, quizá el mismo Lázaro. Pero la bondad aparece tan inútil, tan ridícula y contraproducente, que no inspira más que compasión. No es que se haga una apología de la maldad. Al contrario esta se nos muestra como es, aborrecible. Pero es lo que hay. Ahí está el fondo desolado de los relatos de Cela, que, en el fondo, hace siempre la misma comida con distintas salsas, aunque eso sí, muy sabrosas.

Nota redactada en octubre de 1999.

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26 septiembre 2007

Crossovers


Al parecer, se llama crossover books a aquellos libros que tienen la pretensión de ser degustados por toda clase de público, o que consiguen efectivamente llegar a todas las edades. Hoy he comenzado el ya famoso Niño con el pijama de rayas, que me ha venido recomendado desde tres diversos ámbitos de mi diario vivir, y que tiene todo el aspecto de pertenecer a esa categoría.

Mientras ejercitaba las cervicales me he puesto el primer Greatest hits de Abba (1975 o por ahí). Creo que este grupo puede presumir de haber sido uno de los pocos crossovers de la música pop. Sin ir más lejos, recuerdo haber oído a mi abuela (q. e. p. d.), ya pasados los ochenta, un "qué bonita es esta canción", ante Chiquitita, mientras que un mi compañero de colegio, asiduo del Popular 1 y gran devoto de Deep Purple y otras brutalidades, disfrutaba con Fernando o Arrival. No recuerdo semejante proeza de ningún otro grupo.


25 septiembre 2007

La desolación del suicida potencial


Si quiero bien, si quiero el bien para el otro -para cada uno de todos-, uso rectamente de la libertad que Dios me ha dado. Si quiero mal, no la uso, y me repliego sobre el amor necesario que me tengo a mí mismo (es el "egoísmo racional" de la posmodernidad), me reduzco a cosa, pierdo mi dignidad personal. El amor benevolente es la vida misma del alma, la vida del espíritu. La pérdida de ese amor es la muerte, es lo que el Apocalipsis llama la "muerte segunda", cuando se hace definitiva. Ese estado de "muerte espiritual" se experimenta psíquicamente como vacío e inanidad, impotencia, carencia de sentido, aherrojamiento y desolación: la soledad inmensa de un yo insustancial, errabundo, relativo sin punto de referencia, como reduplicación disolutoria de la relatividad. Es aquel "mi vida no tiene sentido" del suicida potencial.


Carlos Cardona, Ética del quehacer educativo.

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18 septiembre 2007

Elogio de la pieza ausente


La vida es un puzzle; la novela es un puzzle. Dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí. De este modo parece Antoine Bello resolver la vieja cuestión en torno a la novela y la vida. Uno se pregunta, conforme lee los capítulos (piezas) de esta obra, si el desenlace será policíaco o no. Todo el material contiene la suficiente carga de burla para hacernos sospechar que no. Pero lo es, aunque pronto nos damos cuenta de que no es lo esencial la solución. Lo esencial es la metáfora, el puzzle como pretexto para caricaturizar la sociedad. Un mundo donde el puzzle de velocidad es el deporte rey y una narración que se toma eso en serio, con detalles propios de reportaje periodístico, no puede por menos de recordarnos los universos de Borges. Y borgiano es también el homenaje al relato policíaco, que se nos muestra con un desarrollo poco usual, a base de documentos escritos (actas, cartas, artículos periodísticos, un fragmento de tesis doctoral) que contienen en conjunto la solución del caso, o al menos eso se pretende. La novela se constituye así en puzzle, y el autor no descuida el detalle de disponerlos en desorden cronológico, para que la impresión quede más clara. Bello parece pertenecer a esa subespecie de novelistas burlones, que juegan con el lector como con un muñeco y, así, uno nunca sabe si realmente valdrá la pena tratar de retener nombres, datos y algunas páginas anodinas.

Nota redactada en julio del 2001

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13 septiembre 2007

Lecciones de ciudadanía

Hay una íntima contradicción en el enfado del gobierno por las movilizaciones contra su asignatura estrella. En realidad, la mejor prueba de que en España hay conciencia ciudadana está en esas movilizaciones. Un pueblo que dice sí, bwana a todo lo que disponen sus dirigentes carece de la virtud de la ciudadanía. Ser capaces de pensar por sí mismos y plantar cara a medidas que se estiman erróneas es, por el contrario, un testimonio de mayoría de edad. Reprimiendo la objeción de conciencia y amenazando a los disconformes, los socialistas demuestran que prefieren una masa moldeable a un pueblo soberano.

El Foro de la Familia está dispuesto a todo por la vía jurídica. Falta saber si las personas individuales están también dispuestas a sufrir incomodidades para mostrar a unos políticos indignos lo que es una sociedad libre. Ellos pensaban que nos habían enseñado lo que era democracia y participación ciudadana, pero al parecer somos nosotros quienes hemos de darles lecciones. Y no a bajo precio, porque el zapaterismo ha venido aquí a ganar la guerra civil a setenta años vista, y una vez más habrá que cantar, con distinta tonada, aquello de “no hay un hombre que se precie que no esté presto a morir”. Aunque ahora las balas lleven forma de expedientes.

El camino hacia Cuba, sí, se empieza a andar entrando en clase de Educación para la Ciudadanía. Y los objetores habrán de tenerlo claro, porque van soportar artillería pesada en forma de retórica tramposa. Tratarán de hacerles ver que son ellos los intolerantes, la minoría fanatizada que quisiera poner un burka a nuestra democracia, los teocon, como empiezan a decir por ahí con dudoso ingenio. Y no. El año pasado, en Madrid, al término de la impresionante marcha contra la LOE, una fea canción llamada Libertad sin ira sonó como cantada por ángeles. Habíamos cobrado una bandera que nos pertenecía. Y no la soltaremos.

(También en El Manifiesto)

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12 septiembre 2007

La Política (de Aristóteles)


El filósofo del "sentido común codificado", esa inmensa cabeza que surgió en la Grecia de Filipo, el cerebro humano puesto a funcionar a pleno rendimiento, no tenía talento literario, al menos a juzgar por esta obra, que es la única que conozco de primera mano, por el momento. Es penosísimo seguir sus razonamientos, es un estilo árido donde los haya. Y, por otra parte, sus consideraciones sobre el gobierno de la ciudad son hoy una curiosidad arqueológica, carentes de interés para el ciudadano de hoy día, si exceptuamos alguna aguda observación sobre puntos tangenciales; pero estas vienen contrapesadas por un volumen excesivo de pensamientos peregrinos, insostenibles de todo punto, sobre las mujeres, sobre los esclavos y otras cuestiones que ahora no recuerdo.

De resaltar algún hallazgo aún válido, señalaría esa definición de la tiranía como gobierno en interés propio, frente al gobierno recto, que es el que se ejerce con miras al bien común. Hoy podríamos añadir también otra modalidad de tiranía, que es aquella que se lleva a cabo con la vista puesta, no ya en el interés del gobernante, sino de la ideología. Los tiempos mudan las cosas, que decía Lope.

Sorprende también que un hombre de tan aguda intuición para todas las cosas, y en concreto para la moral, propugne el aborto cuando el número de hijos sea excesivo para la comunidad. Claro es que él consideraba que no había vida hasta que no se formaban ciertos tejidos. Y, en todo caso, nuestra época le aventaja en salvajismo.


Nota redactada en noviembre de 1999. Entre esa fecha y la que corre, alguien me dijo que las obras que conservamos de Aristóteles no se deben a su propio puño, sino a notas de sus discípulos. Si es así, me la envaino (pero en pequeñito, como los periódicos).

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11 septiembre 2007

El capitán Nemo


Nadie me ha dado un premio. A Nadie le gusta lo que publico. Y me alegro, porque Nadie piensa lo que dice, Nadie tiene amplias inquietudes, Nadie sabe expresarlas con agudeza y brillantez.


Nadie está aquí.

09 septiembre 2007

Salvajes


Es un niño deforme, robusto y feroz, en quien la llama de la inteligencia no arroja sino una luz pálida e intermitente... El salvaje corta el árbol para coger el fruto, desunce el buey que los misioneros acaban de entregarle, y lo guisa, sirviéndole de leña la madera del arado; desde hace más de tres siglos nos contempla sin haber querido tomar nada de nosotros, excepto la pólvora para matar a sus semejantes, y el aguardiente para matarse a sí mismo; no ha imaginado jamás el fabricar estas cosas; descansa en nuestra avaricia, que no le faltará jamás. Así como las sustancias más abyectas y violentas son, sin embargo, susceptibles de cierta degeneración, así también los vicios naturales de la humanidad están más arraigados en el salvaje. Es ladrón, es cruel, es desenvuelto de costumbres... Mientras que el hijo mata a su padre para eximirle de las molestias de la vejez, la mujer destruye en su propio seno el fruto de sus brutales amores para liberarse de las fatigas de la lactancia. Arranca los sangrientos cabellos de su enemigo vivo todavía; lo desgarra, lo asa y lo devora cantando; si llega a apoderarse de nuestras bebidas fuertes, bebe hasta la embriaguez, hasta la fiebre, hasta la muerte, privado igualmente de la razón, que le impone al hombre por el temor, y del instinto, que advierte al criminal por el disgusto.


Joseph de Maistre, Las veladas de San Petersburgo. (Subrayado mío, claro.)

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07 septiembre 2007

8 de septiembre


Fiestas patronales. Los orcos dominan la calle. Corretean, ensucian y, sobre todo, gritan. Envueltos en harapos y empujando carritos de supermercado, tratan a duras penas de divertirse.
8 de septiembre. Dejo la ventana y abro a Lope:


Canten hoy, pues nacéis vos,
los ángeles, gran Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

Canten hoy, pues a ver vienen
nacida su Reina bella,
que el fruto que esperan de ella
es por quien la gracia tienen.

Digan, Señora, de vos,
que habéis de ser su Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

Pues de aquí a catorce años,
que en buena hora cumpláis,
verán el bien que nos dais,
remedio de tantos daños.

Canten y digan, por vos,
que desde hoy tienen Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

Y nosotros, que esperamos
que llegue pronto Belén,
preparemos también,
el corazón y las manos.

Vete sembrando, Señora,
de paz nuestro corazón,
y ensayemos, desde ahora,
para cuando nazca Dios. Amén.

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Diálogos del conocimiento

Como cabía esperar, se trata de una obra tan desconcertante como las demás de Aleixandre, y con la misma tremenda belleza. En esta ocasión, don Vicente elige la forma dialogada para dar expresión a sus oscuras intuiciones. Por lo general alternan dos voces, diversas sólo para quien se ha parado a penetrar en esa selva que es el mundo poético aleixandrino. Son, como dice el editor, monodiálogos, pues no se dirigen la palabra el uno al otro, sino que realizan por turno eso que llaman función expresiva del lenguaje. La cosa se divide en capítulos, agrupados a su vez en partes, Aleixandre sabrá por qué. "Sonido de la guerra" reúne a el soldado y el brujo; "Los amantes viejos" a él y a ella; "La maja y la vieja" a estas; "El lazarilo y el mendigo" a estos, y así hasta completar catorce diálogos. El saber y el conocer (distintos en la poética aleixandrina) , la juventud y la vejez, el amor como conocimiento o como destrucción en el otro, la luz y la sombra, los elementos naturales más elementales (luna, fuego, mar, noche, ramas) son motivos que se entrecruzan con arcano simbolismo. Resurge aquí algún procedimiento poético del primer Aleixandre, como la o identificativa. La métrica es más regular que en los otros poemarios aleixandrinos y poco más soy capaz de decir sobre esta creación subyugante. Las profundidades, en la introducción de D. José Mas, que ha hecho un buen trabajo.

Nota redactada en agosto de 2005

Otras referencias a Aleixandre:

Sombra del paraíso
Nosotros
Ámbito

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06 septiembre 2007

Pensé, ocasional y torpemente desdeñoso,

que el sabio Catón tenía razón cuando afirmaba que era una debilidad enamorarse y que lo conveniente era tener una rápida aventura, gozarla al máximo, y huir totalmente de ella a la espera de otra.

-Pero yo -discrepé en voz alta- necesito amar, sentirme amor.

Stavros sonrió. Había seguido mi oculto pensamiento y comprendía mi voz. Casi no necesitaba hablar para que él supiera por dónde iba la imaginación.

-Sí -me dijo-, la persona necesita amar, no temer la inquietud del amor. Sin embargo, nos están poniendo tan fácil la libertad que vamos rehusando la cálida atadura de amar y dejarnos amar.


Antonio Prieto, Dolabella


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04 septiembre 2007

El aborto "a posteriori" de Arthur Miller


Había un libro escolar de los años 40 titulado Santos españoles, un conjunto de breves semblanzas con propósito edificante. En él se decía, a propósito de san Juan de la Cruz, que “los grandes poetas suelen ser también hombres muy buenos”. Y uno no podía por menos de sonreír al leerlo, alabando al autor la buena intención ya que no era imaginable tanta candidez. Rara vez han ido paralelas la santidad o simplemente la ejemplaridad humana con el genio literario. A lo sumo, hay que reconocer en los poetas una cierta tendencia a lo extremo, a compaginar actos heroicos con bajezas notorias.

Estos días hemos asistido a otra pillada en renuncio de un VIP de las letras: dicen los periódicos (no quiero acogerlo sin reservas, en atención al derecho al honor que a todos ampara) que Arthur Miller se deshizo de un hijo con síndrome de Down, internándolo en un centro asistencial y olvidándolo hasta el extremo de no mencionarlo en sus memorias. Escándalo: el comprometido, el fustigador del capitalismo, el defensor de los humildes... desatiende a sus compromisos más cercanos y acuciantes. Bueno, una vez más, sorprende que sorprenda. Nos hemos acostumbrado a otorgar a los intelectuales una autoridad moral que rara vez han merecido, pues, como bien sabemos, nada hay más fácil que comprometerse de palabra con colectivos, sobre todo si son colectivos alejados de la propia mansión. Otra cosa es asumir las propias cargas y estar a las duras en el matrimonio, ya que desposar a Marilyn Monroe entra de lleno en las maduras.

Además, supongamos que Arthur Miller hubiera decidido abortar a su hijo en lugar de arrinconarlo en vida: ¿no hubiera sido alabada esa actitud por el laicismo establecido, que niega en casi todas sus legislaciones el derecho a la vida del discapacitado mental? En realidad, no hizo sino abortarlo a posteriori. Para él fue lo mismo: vivió con un estorbo menos. Y encima le perdonó la vida al chaval. ¿Qué más quieren?
(También en El Manifiesto)

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02 septiembre 2007

La mirada de un niño


El niño es él, el propio Aguirre Bellver, y lo que mira es lo que Tarín Iglesias llamaba los años rojos, es decir, el estado de terror que padeció Madrid desde la victoria del Frente Popular. No desde que se sublevó Franco, porque la relación causa-efecto se invierte con frecuencia. Desde febrero de 1936, los frentepopulistas se entregaron con ahínco a implantar la democracia tal como ellos la concebían, o sea, como el poder omnímodo del pueblo, que eran ellos. Joaquín Aguirre andaba entonces por los diez años, vivía en Madrid con sus padres y sus cinco hermanos y sufrió el hambre y el miedo, atenuados por una edad en que todo se lleva mejor pero recordados por la fuerza con que esa misma edad fija las vivencias. "Novela memoria de la guerra civil" llama Aguirre a esta narración, y es imposible saber cuánto hay de cada una de esas cosas, memoria y novela, pues el autor ha renunciado a dar referencias y datos que apoyen cada suceso. No obstante, todo da una fuerte sensación de cosa vivida.

Sorprende la declaración inicial: "En las páginas siguientes no hay política". Pero es cierto. Podrá decirse que se seleccionan los hechos, que no hay rojos buenos ni nacionales malos..., pero nunca se vierte una opinión (atribuible al autor, quiero decir) que indique una toma de partido o una interpretación política. Son hechos, hechos crudos.


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30 agosto 2007

Bien, se nota que acaba agosto.

Acabo de regresar de este inmerecido descanso (las cosas como son) y ya tenemos materia abundante para el palique. Claro que Francisco Umbral podría haberla diñado otro día, como Pedro de Miguel, que tuvo a mal sobresaltarnos en la hamaca (uno siempre se pregunta por qué son los mejores los que..., en fin, dejémoslo). Pero ahí están Rosa Díez poniendo sus principios encima de la mesa, Fraga removiendo el agua como cada sazón... y el rayo que no cesa, la ETA, claro.

¿Qué digo de Umbral? Que era el mejor, en efecto, y que es una pena que siendo el mejor tuviera tan poco que decir. Que lean ustedes Mortal y rosa y corran un pudoroso velo sobre el resto. En aquel libro contó la pérdida de su esperanza con una prosa increíble y después invirtió su talento en jugar a ser dios, perdonando una vida en cada línea y logrando que se lo agradecieran. Pudo suscitar odios y temores reverenciales: la muerte viene a cambiar todo eso por algo que seguramente es lo último que él habría querido inspirar: compasión.

03 agosto 2007

Me voy


Nada tan anodino como la prensa en agosto. Hasta Luis del Pino tiene que tirar de sellos al revés para llevarse algo al blog. A veces me pregunto si no serán los periodistas quienes queman los bosques. Pero no quiero frivolizar: sé bien que los canarios hubieran preferido mil dejuanas y otros tantos sobresaltos a cuenta del origen del zapaterismo, antes que semejante prueba.

Pero en fin, esta aridez es un incentivo para largarse lejos, prescindir de la red una temporada y cambiar la blogosfera por medios más clásicos de contraste de pareceres, cual son la barra y la terraza. Vuelvo en septiembre.
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01 agosto 2007

Compañeros de paseo


Carmen de Zulueta es hija de un político republicano, don Luis, embajador de España en la Santa Sede en la época en que estalló la guerra civil. Ha escrito (quizá para dejar una constancia antes de su muerte) una serie de memorias de personajes a los que trató en su juventud, casi todos relacionados con el exilio. Está ausente, por lo general, el juicio político, y cuando lo hay es enteramente favorable. Comparecen en estas páginas Américo Castro, Fernando de los Ríos, los escritores del 98 y unas cuantas mujeres. Doña Carmen es una mujer culta y de mundo y lo que más llama la atención en su libro es este conjunto de figuras femeninas, enlazadas por una amistad que se reforzó con la experiencia de la expatriación: Laura de los Ríos, Mabel Marañón, Nieves de Madariaga, Victoria Kent, hijas la mayoría, como se ve, de ilustres personalidades de la República. Llaman la atención, digo, por su distancia tanto de la señora de derechas como de las tristemente famosas milicianas de la guerra civil, por poner dos ejemplos extremos. Si el estilo es el hombre, del modo de escribir de Carmen de Zulueta, elegante, contenido, podemos deducir, no sé hasta qué punto con justicia, el clima de aquellas tertulias, el tono de aquellas conversaciones entre unas mujeres que figuran entre lo más valioso que se perdió con la guerra.


Nota redactada en junio del 2001.

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31 julio 2007

Mi Bergman


Hay películas de Ingmar Bergman de las que no conservo huella: Fresas salvajes es una de ellas. Ahí sólo vi al cineasta pedante y pelmazo. Sonata de otoño es otra. Con Gritos y susurros, cómo no quedar marcado: salvo en C´est la vie (Jean-Pierre Améris, 2001), nunca había visto una agonía humana tan impresionante, sólo que en Bergman es más horrible por lo solitaria. El huevo de la serpiente contiene la secuencia de sexo explícito más repugnante que recuerdo, hecha así adrede, claro, con sensualidad cero y máxima deshumanización. Las secuencias de violencia tampoco son mancas y tienen la misma finalidad. El manantial de la doncella es desconcertante porque parece halagar la querencia del público a ver castigados a los malos; pero lo que más recuerda el profano es el aire mítico de la historia, muy nórdico, muy de balada. Los comulgantes permanece unida a la voz de mi padre advirtiéndonos (tiernos niños aún) sobre el carácter fuertecillo de "estas películas" (cuando la prota dijo algo así como "Dios no existe").

¿Y El séptimo sello? La vi por fin hace nada, unos años, y me pareció menos metafísica y menos críptica de lo que tenía oído. Son personajes contemporáneos, claro, disfrazados de medievales. El asunto era muy explícito: cómo librarse del terror a la muerte, que, según uno de ellos (el más volteriano) sólo servía para engordar a los curas. La pregunta quedaba en el aire pero la respuesta (y esto me resultó lo más llamativo) también: esa familia que aparece al principio y al final de la película, silenciosa y feliz. Ella tenía el secreto de la victoria.
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30 julio 2007

Nosotros


Mucho debió de ser el miedo a una inminente sociedad totalitaria, cuando tres novelistas (cuatro, porque olvido injustamente a Bradbury) urdieron tramas tan semejantes que puede decirse que cada uno no hizo sino añadir matices de su propia visión del asunto. Así que es bueno conocer al primero, que fue quien puso lo esencial: nos encontramos en una sociedad de números, tan perfectamente controlada por el poder central que nadie es capaz de pensar en una alteración del statu quo. ¿Nadie? Como la aldea de los irreductibles galos de Astérix, siempre surge alguien que se decide a pensar por su cuenta, y de aquí arranca propiamente la trama. Como Huxley, como Orwell, Yevgueni Zamiatin es pesimista, y su héroe, foco cancerígeno, es eliminado o curado, quiero decir reintegrado a la situación normal. El propio D-503, a quien los médicos diagnostican que "se le ha formado un alma", toma conciencia de estar enfermo, "enfermo de conciencia personal" (la ironía no es menos sangrienta que en Huxley) y acaba traicionando a su cómplice, I-330, de la que se había enamorado, pero este amor no es capaz (como lo fue en el Raskolnikov de Crimen y castigo) de hacerle pensar como un humano. El lavado de cerebro colectivo ha triunfado.


Y sin embargo (y este es uno de los matices originales que aporta Zamiatin) hay un modo de despersonalizarse que es el que nos hace auténticamente humanos y es justamente el amor. Cuando 503 abraza las piernas de 330 y se siente disolver en el universo, creemos reconocer algo del Aleixandre de La destrucción o el amor.

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Nota redactada en agosto del 2000.


28 julio 2007

Homófobo asqueroso


En Siberia se criaba una raza muy apreciada de vacas suizas... Los animales no estaban menos expuestos a las privaciones que los hombres, a causa de los largos recorridos y el insoportable apretujamiento. Este era el principal motivo de sus enfermedades. Pegadas una a otra, olvidaban, en su estupidez, cuál era su sexo y, mugiendo, montaban como toros una encima de otra, levantando fatigosamente las grandes y pesadas ubres. Las terneras así cubiertas levantaban la cola y, destrozando ramas y arbustos, se refugiaban en el bosque...


Borís Pasternak, El doctor Zhivago

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26 julio 2007

Por decoro

Hoy me llamo Fernando Ferrín.

Cartas a un joven novelista


Cuando uno se apasiona por un objeto, le da por destriparlo, intentando conocer su mecanismo, los secretos de todas y cada una de sus partes, aunque no esté enamorado de las partes, sino del conjunto. Es lo que le sucede a Vargas Llosa con la novela. La mayor parte de las cosas que dice en este libro las había dicho ya con anterioridad, pero no puede por menos de repetirlas, entusiasmado como está con esa modalidad de arte que llamamos novela. En todo caso, el libro es sumamente útil para los estudiantes de teoría literaria; podría servir incluso como manual de apoyo en Filología. Porque lo que hace don Mario es explicar con amenidad los procedimientos típicos del novelista, en lo que se refiere al punto de vista, el tiempo, el nivel de realidad... con su ya conocida terminología: la caja china, los vasos comunicantes... Uno de esos conceptos, sin embargo, me resultaba desconocido y me ha llamado la atención: el dato escondido. Se trata de un hecho que no se nos cuenta, pero que está ahí, en la trama, como dato fundamental. Y la consideración de este procedimiento le lleva a Vargas llosa a una teoría sugestiva: que la novela consiste no sólo en lo que dice, sino en lo que calla. Idea que lleva de la mano a esta otra: la pretensión stendhaliana de que la novela fuese "espejo de la realidad" es pura quimera. La realidad no se deja atrapar en los estrechos límites de una novela.

Nota redactada en julio de 1999.

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25 julio 2007

De género y tiempo


Expresiones como "han sido, son y serán" (que he leído esta mañana), usadas sin tacto, chillan como un energúmeno. ¿Por qué? Porque el presente se basta solo para indicar que lo que decimos vale para todos los tiempos. Es, como se dice en gramática, la forma no marcada en cuanto al tiempo. Es lo que sucede con el masculino con respecto al género: sólo cuando queremos enfatizar, o dar un matiz especial, debemos usar aquello de hermanos y hermanas.

Por eso, cuando alguien se empeña en prodigar los alumnos y alumnas, profesores y profesoras, padres y madres, se me ocurre que también serían capaces de decir, por ejemplo: "el agua se ha compuesto, se compone y se compondrá de hidrógeno y oxígeno".

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24 julio 2007

... la inmensa caridad del sacerdocio católico

ha transmitido muchas veces, al hablarnos de estos hombres, sus deseos en lugar de las realidades. Había demasiada verdad en el primer impulso de los europeos que se negaron, en el siglo de Colón, a reconocer por semejantes suyos a los hombres degradados que poblaban el Nuevo Mundo. Los sacerdotes emplearon toda su influencia en contrarrestar esa opinión, que fomentaba demasiado el bárbaro despotismo de los nuevos señores... En fin, Robertson, que no es sospechoso, nos advierte en su Historia de América "que debe desconfiarse sobre esta materia de todos los escritores que han pertenecido al clero, visto que son demasiado favorables a los indígenas".

Joseph de Maistre, Las veladas de San Petersburgo

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23 julio 2007

Literaturas europeas de vanguardia

Para el no iniciado (yo no acabo nunca de iniciarme) resulta sorprendente el ver cómo alguien puede orientarse en la selva vanguardista de principios del XX. Guillermo de Torre lo hacía con soltura, de modo que al parecer era capaz de distinguir lo que era un poema creacionista, uno dadá y uno futurista. Al menos podía historiar todos esos movimientos cuando (1925) aún se hallaban en su apogeo o hacía poco que declinaban.

El esfuerzo es meritorio, no cabe duda. Pero a esta obra hay que ir como quien busca un producto de la época, pues quien quiera saberlo todo de las vanguardias quedará decepcionado, sobre todo por la falta del surrealismo, en mantillas por entonces. Y, sin embargo, la antena de Guillermo de Torre ya captaba la sintonía del nuevo movimiento, y alcanza a dedicarle un apartado, bien que marginal. Sorprende también el escaso espacio dedicado al expresionismo alemán. En cambio, el ismo autóctono, el Ultra, junto con el Creacionismo, de gran arraigo también por aquí, son ampliamente tratados, lo cual es perfectamente legítimo siendo el autor español, claro.

Categoría de arte de vanguardia tiene para Guillermo de Torre el cine, y como tal lo trata en el último capítulo. Y sin embargo se diría que sólo ahora, con el videoarte, está siguiendo el arte de la imagen los derroteros que preveían los vanguardistas de entonces. Cosas que pasan.

Nota redactada en diciembre de 2006.

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22 julio 2007

De arte y provocación


Veo en el blog Compostela una cruz hecha con piezas de Lego (ya saben, el clásico juego de construcción para niños y grandes) en cuyo centro se atraviesa un camioncito del mismo material. La pieza, según nos explica el autor de la bitácora, forma parte de una exposición de arte contemporáneo en una iglesia de Viena.

La cosa no es para llevar al escultor ante los tribunales, ciertamente. Comparado con otras cosas que se han exhibido por ahí, resulta incluso ingenuo. Eso sí, uno se plantea el porqué de esa querencia de los artistas contemporáneos hacia la iconografía cristiana, casi siempre deformada. Es difícil pasearse por una exposición de arte actual y no toparse con algo así. Incluso, en uno de los centros educativos donde trabajé, entre la multitud de contribuciones a una muestra de trabajos plásticos, pudo verse una cruz en la que el chaval había pegado la foto de una joven de busto maternal. Con lo que se ve que la cosa ha trascendido del selecto círculo de los creadores.

Sin duda, el arte posee mil modos de expresar la inquietud metafísica. Si los personajes de François Mauriac buscaban a Dios entre gemidos, otros pueden hacerlo entre irreverencias y desplantes, y pienso en el cine de Ingmar Bergman o en las novelas de Carlos Rojas, por ejemplo. Pero incluso para eso hay que tener talento. Por lo general, estos bodrios de que venimos hablando sólo resisten la comparación con el peor Almodóvar o con el último y más decadente Antonio Gala, cuando no con los bufones que perpetraron el anuncio del Getafe. Se diría que han tomado en el sentido más grosero posible aquello de Kafka de que la literatura (el arte) consiste en dar en el cráneo. Pero siempre eligen las mismas cabezas.

Otro asunto es que el montaje en cuestión se exhiba en una iglesia. Sería fácil hacer mil comentarios de escasa caridad. Baste decir que el clero europeo lleva muchos años haciendo acuse de recibo de los peores cargos de su pasado y hoy tiende a pasarse por el extremo contrario, el de la tolerancia. Pero la purificación de la memoria ya está hecha. Es momento de recordar, sin perder la humildad, que en el balance de la Iglesia las luces superan infinitamente a las sombras.

(También el El Manifiesto)

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20 julio 2007

La mirada inocente

Novela biográfica, o novela de aprendizaje, si queremos utilizar un término más o menos técnico, es esta que Tusquets resucita para el público español. Es un momento en que el creador del comisario Maigret está siendo recuperado como novelista no sólo policíaco. En esta ocasión, Georges Simenon nos propone el punto de vista de un pintor expresionista que llega a serlo gracias a su extrema sensibilidad. Louis Cuchas crece en un entorno de gran sordidez, con una madre soltera que no sabe vivir sin un hombre a su lado, claro que siempre cambiante y por la noche, que durante el día se gana bien la vida. Sus hermanos lo son de padres diferentes y la intimidad (y por tanto, el pudor) en su modesta vivienda brilla por su ausencia. Con el tiempo, tanto el hermano mayor (Vladimir) como los gemelos (Olivier y Guy) se marcharán de casa y sobrevivirán de modos no siempre confesables. Louis contempla todo ello no con horror ni asco, como se atribuye a los pintores expresionistas, sino con esa inocencia que da título al libro y que no consiste tanto en ausencia de malicia como en la renuncia a emitir un dictamen moral. El Angelito (le petit saint, título original de la obra) es como llaman a Louis en la escuela, ya que nunca se defiende de las agresiones de sus compañeros y simplemente ve: ve a través de su inocencia, de su cinismo inconsciente, que luego se convertirá en infancia voluntaria.

Nota redactada en octubre del 2003

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18 julio 2007

La sangre de los inocentes

(Ante el éxito continuado del adoquín de Julia Navarro, inserto aquí la versión íntegra de esta reseña, que en Aceprensa apareció acortada por razones de espacio)

El grupo Mondadori ha apostado fuerte por la última novela de Julia Navarro, La sangre de los inocentes. Dividida en tres partes, esta extensa narración comienza en el otoño de la Edad Media, en plena cruzada contra los albigenses, para pasar luego a los años de la persecución nazi contra los judíos y terminar en la época actual, con la crónica de un ficticio atentado múltiple que ha de provocar una guerra de cristianos contra musulmanes. El hilo conductor es el manuscrito de un fraile horrorizado por la represión contra los cátaros, rescatado siglos después. Y la tesis recorre el volumen con tal insistencia que quien buscara sólo una peripecia novelesca tendría que quitársela de encima a machetazos, como quien avanza por la selva amazónica. Dicha tesis podría enunciarse así: el fanatismo es un cáncer de la humanidad que rebrota con nombres diversos y contra el que la tolerancia libra un combate decisivo. Lo único que varía en la cantinela es que el cáncer se llama primero inquisición, después fascismo y luego fundamentalismo islámico. Una bonita manera de simplificar la historia, pero a costa de no entender nada.
Vaya por delante una cosa: el producto es malo, muy malo. Los personajes exhiben sin pudor los hilos y la cachiporra: así malvados como el inquisidor Ferrer, “ansioso por mandar a la hoguera a aquellos desgraciados”; fascistas que tienen “la maldad aflorando en cada poro de su rostro”, o islamistas que no dudan en acuchillar a sus parientes; y buenos con media aureola sobre su cabeza, como la cátara doña María (“repartió cuanto tenía entre los pobres”) o que exudan corrección política hasta el hedor, como el profesor Arnaud (“lo que yo crea pertenece a mi ámbito privado”) o la musulmana moderna Laila. Como es de esperar, todo ello viene servido con un estilo a ras de suelo cuando no ramplón: nunca olvidaré ese “ensimismados en sus propios pensamientos”, o aquel sintagma: “la proximidad de la festividad de la Semana Santa”, con ritmo de viejo autobús parado. Ni que decir tiene que los diálogos vuelan a la misma altura, abandonando sólo la vaciedad para sumirse en la moralina. Y que los argumentos de fondo no superan el ¿por qué hemos de matarnos, con lo fácil que es llevarse bien? Tan sólo la estructura tripartita y su vuelo a través de los siglos puede fascinar al lector novel (siempre lo es el lector de best-sellers). Pero esta estructura se tambalea por su desigualdad, y no me refiero a la diversa extensión, lo cual resulta lícito. Es que la última parte presenta un formato de thriller que es ajeno al resto de la obra de tal modo que parece otra cosa: incluso se diría que esta es la novela original y que después la autora, por iniciativa propia o ajena, pegó el resto con cola para darle el toque moralizante (tan pesado, reitero).
No hablamos, pues, de un fenómeno literario, sino del alarde de un departamento de promoción y marketing. Lo que da que pensar es por qué se elige precisamente este producto, que tampoco emplea los típicos reclamos de la literatura de masas, pues se halla en las antípodas de todo exceso erótico o violento. Bien es cierto que está ahí la tríada de moda: templarios, cátaros, grial. Y que explota la renacida tendencia popular a buscar culpables ocultos en la política internacional: es un personaje sin rostro el que maneja los hilos de varias tramas criminales aparentemente inconexas, con el fin de provocar una guerra global que reportaría no se sabe qué beneficios. Pero eso por sí solo no explica semejante despliegue propagandístico. Así que me temo que la clave hay que buscarla en el mensaje. O el masaje, como decía McLuhan.

Resulta sugestivo, para la mentalidad dominante, el mezclar a la Iglesia con el nacionalsocialismo y con Al-Qaeda en el saco de la intolerancia. Tiene la ventaja de desacreditar la voz de la Iglesia como garante de la dignidad humana en esas polémicas que hoy están en el tablero. Lo que sucede es que es un planteamiento falso de raíz. Si alguien dijera hoy que la Inquisición fue algo así como un tribunal de derechos humanos de la época, seguramente le llamarían algo peor que cínico. Y, sin embargo, se acerca más a la realidad que lo que expone la novela, teniendo en cuenta que a la altura del siglo XV era sencillamente impensable una separación entre la moral religiosa (cristiana, en este caso) y una especie de ética civil. No estamos, como en los otros casos, ante la imposición de una ideología por la fuerza, sino de la defensa de los valores compartidos por la comunidad, valores que incluían la salvación del alma y que eran también responsabilidad de los príncipes. Ser hereje era algo peor que ser hoy día terrorista y si las penas incluían la muerte (práctica habitual hasta ayer en toda sociedad) también es cierto que fue de la Iglesia de quien partió siempre la tendencia a suavizar los castigos. La palabra hoguera, repetida de modo obsesivo en la primera parte de la novela, parece llevar a pensar que esa fue la única aportación de la Iglesia medieval a la humanidad, lo que no voy a rebatir ahora por puro pudor.

Pero, para ser justos, hay que reconocer que la Iglesia contemporánea resulta bien tratada en la tercera (y más extensa) parte de la novela. De hecho, es un jesuita quien da con la clave de los atentados y tanto este como los demás sacerdotes que aparecen en esta parte se nos muestran como honrados creyentes y hombres razonables. Incluso podría decirse que la autora sintoniza con el Papa en su discurso armonizador de la fe y la razón: “Le aseguro que ese es el camino, el mejor camino para llegar a Dios”, dice el padre Aguirre, uno de los buenos de la película. Y, a pesar de la primera parte, “no creas que juzgo a la Iglesia, la formamos hombres y su historia hay que leerla a la luz de cada momento. Eso no justifica los errores, sólo los explica”. Por otro lado, algunos de los protagonistas por el lado negativo, los fascistas, son enemigos acérrimos de la cruz, con la misma pasión de fray Ferrer.

Erraría, pues, quien pensase que estamos ante una obra esencialmente sectaria o antieclesiástica. Por más que el conocimiento del cristianismo por parte de la autora no sea cabal (un cargo del Vaticano ansía dejar aquella tarea “para vivir de acuerdo con el Evangelio”), hay un loable esfuerzo de imparcialidad y comprensión que empieza a ser infrecuente en el tratamiento de estos temas por parte de la narrativa. No, lo que convierte a esta novela en promocionable se halla más al fondo.

“Temo a los hombres que no dudan”, dice la cátara doña María, una de las buenas más buenas de la obra. Y Julián, el fraile en crisis por culpa de las hogueras, acaba confesando: “No sé qué Dios es el verdadero”. A lo largo de toda la novela encontramos un planteamiento similar: “No te olvides de que no importa cómo se llame a Dios ni de qué manera se le rece. No te vuelvas un fanático”. “... ¡qué más le daba a Él cómo le rezaran, cómo le sintieran!” Es la confusión radical, el equívoco que está en el origen del laicismo y que lleva a muchos a pensar, como al profesor Arnaud, que la religión solo sirve para dividir a los hombres. La confusión entre el estar convencido de algo y el imponerlo por la fuerza. Entre la tolerancia y el relativismo. Pensar que cualquier convicción es susceptible de desembocar en las hogueras. Para no ser fanático conviene que la fe no sea excesiva. Nadie tiene la verdad en el culto a Dios. Es el mal que ha denunciado Benedicto XVI desde el comienzo de su pontificado y la convicción más extendida en nuestras sociedades de los años 2000. Ese es el mensaje (el masaje) profundo de La sangre de los inocentes, lo quisiera o no su autora, y temo que es lo que resulta grato a sus promotores. En ese sentido, La sangre de los inocentes, con su tosquedad de lenguaje, con la puerilidad de sus razones, es un manual para catecúmenos del relativismo. Sencillo, práctico, como la enciclopedia Álvarez. Quizá haga furor como lectura escolar en Educación para la Ciudadanía. Sólo los que aún sigan escogiendo Religión podrán saber que la sangre del Inocente por antonomasia fue derramada por el primer relativista del que se tiene noticia.
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16 julio 2007

Este por lo menos lo decía claro


Miguel de Unamuno habla del discurso que ha de leer ante Alfonso XIII:


Es mi tesis contraria a la libertad de enseñanza, que aquí se reduciría a la libertad de ignorancia... El dilema es: o enseña el Estado o enseña la Iglesia (mejor dicho, hace que enseña), y para evitar que la Iglesia enseñe, proclamar cierto socialismo pedagógico y el Estado docente. Hay entre otras una cosa que escocerá a los neo[católico]s y es esta: "[...] pues desgraciadamente no son los padres siempre quienes mejor saben lo que a sus hijos conviene aprender, y sobre todo lo que la patria de ellos necesita y tiene derecho a exigir".


(Cartas íntimas, 24-IV-1902)


O sea, lo mismo que dicen Marina, Peces-Barba y Savater ("que se quiten los curas, que me pongo yo"), pero cambiando democracia por patria. Y más clarito.

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13 julio 2007

Aquellas manos blancas


¿No fueron ellas las que iniciaron la rendición? En estos días de memoria y homenaje, una comentarista radiofónica ha dicho que, cuando los españoles salieron a la calle tras la atrocidad cometida con Miguel Ángel (así, ya, sin apellido, para tantos), le devolvimos a ETA el miedo que ella había sembrado. Sin embargo, ¿qué es lo que pudo ver ETA? No hablo, claro, de la admirable actitud del Foro de Ermua, de la propia familia de Miguel Ángel y del Partido Popular vasco. Me refiero al símbolo que se eligió por las masas para expresar la protesta y que como todo símbolo emite un mensaje, o no es tal. Esa ocurrencia de alzar al viento unas manos pringadas de blanco. Eso es lo que vio ETA. Pero (lo que es peor) lo vio también el GAL. Y tomó buena nota.

La auténtica rendición no es la que ha llevado a cabo el gobierno socialista en su entente con la banda. Ahí estamos hablando de complicidad, de manejos inconfesables de un partido trasmutado en mafia que tan pronto remeda los numeritos sangrientos de El Padrino como dramatiza acuerdos de paz de esos en que acaba saliendo de la tarta un tío con metralleta. Para que esos acuerdos tengan un mínimo de respaldo social, hace falta una sociedad que haya abdicado de toda bandera salvo de la del estómago. Las manos blancas no decían Viva España ni muerte a la ETA; si acaso, dejadnos en paz, por favor, que nosotros no os mataremos. Los ansiosos de paz que diría luego Zapatero, vaya. Un entreguismo que nada tiene que oponer a la violencia socialista (tal se definen ellos, que conste), un pueblo alimentado espiritualmente con John Lennon era el mejor caldo de cultivo para ir diseñando el régimen del 13 de marzo. No, la rendición no ha empezado ahora.

También en El Manifiesto

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12 julio 2007

Tierra de hombres


Tierra de hombres es, ante todo, una narración optimista. En una época de hundimiento moral y de devaluación del ser humano como fue el siglo XX, Saint-Exupéry trae una inyección de confianza en las posibilidades del hombre. En él, la guerra puede ser no sólo la prueba de nuestro fracaso como especie, sino, bien al contrario, un espacio de superación. De hecho, el título parece inspirado por lo que dice uno de los camaradas del autor, en trance de sobrevivir en el medio inhóspito donde le había tirado su avión: “lo que yo he hecho, te lo juro, jamás lo habría hecho ningún animal”. Es como una nueva teoría del heroísmo, o de la caballería, donde el caballo viene a ser sustituido por el avión. La máquina adquiere aquí, en efecto, rasgos de compañero fiel y de armadura al mismo tiempo.

A quien puede decepcionar el libro es a quien busque una novela. Estamos ante una colección de recuerdos personales del autor, entreverados con sus reflexiones. Es muy importante también el homenaje a los compañeros: alguno de los capítulos está redactado en segunda persona, evocando el comportamiento heroico del camarada Guillaumet, en concreto. Y podríamos destacar el relato impresionante de la travesía a pie por el desierto de Saint-Exupéry y Prévot, perdidos; un relato alejado de todo patetismo y de todo encarecimiento, hecho con la serenidad de quien sabe que la vida del hombre es milicia.

Nota redactada en agosto de 2005

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03 julio 2007

Algunos no llegamos a conocer la vieja FEN,


que no era una rama de Falange sino una asignatura, la Formación del Espíritu Nacional. En el colegio sólo cursé una Educación Cívica que llamábamos Política y que se aprobaba, creo recordar, metiendo rollo en los exámenes. El currículo, como hoy se dice, de la tal FEN me es por ello desconocido. Pienso, con todo, que lo peor que podía tener era su propio nombre, rimbombante donde los haya. Al fin y al cabo, por lo que parece, se trataba de explicar los fundamentos ideológicos e institucionales de aquel Estado. Algo perfectamente normal y que no ha dejado de hacerse después, cuando los escolares han recibido puntual información de lo que significa la democracia y estudiado la Constitución como parte de alguna disciplina, fuese Ciencias Sociales, Ética o Historia, o incluso como materia específica, tal el Ordenamiento constitucional en la antigua FP.

Por eso, me parece una ligereza la habitual comparación entre la FEN y la Educación para la Ciudadanía del PSOE; ligereza atribuible a esa norma no escrita de nuestra democracia que erige el franquismo en canon de la maldad y en punto de referencia inexcusable con el que cotejar todo comportamiento censurable en política. Decía Olegario González, en tercera de ABC, que si la Iglesia no protestó contra la FEN, no es motivo para que no lo haga ahora contra la nueva asignatura. Hay en la frase un matiz que indica que debió haberlo hecho también entonces. Pero tengo más bien la impresión de que si la Iglesia dio su conformidad implícita fue porque la FEN no intentó inmiscuirse en asuntos morales. Fue un adoctrinamiento de carácter meramente político, y tan superficial que, a los siete años de su desaparición, los españoles alzaron al poder al PSOE. La asignatura perpetrada por el actual Gobierno, en cambio, apunta a lo antropológico, propone un cambio radical en la percepción del hombre, en la línea de una ideología de nuevo cuño inventada para satisfacer los caprichos de unos pocos. No digo que eso no se esté haciendo también en la escuela de otros mil modos, y ahí lleva razón don Olegario. Pero eso no es motivo para no plantar cara a una agresión directa como es el engendro educativo de marras.

También en
El Manifiesto.

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02 julio 2007

Cada vez que decimos adiós


No sé qué es lo que sucede cada vez que decimos adiós. Habría que buscar la letra de la canción de Cole Porter para saberlo. Pero con ese título construye Carlos Pujol esta parodia del relato policíaco clásico. Conforme avanza el texto nos damos cuenta de que difícilmente tendrá un desenlace serio el cúmulo de misteriosos asesinatos que se van sucediendo. De las novelas a lo Agatha Christie se queda Pujol con lo que más se aviene a su talante como autor: la elegancia de los comportamientos y la fina gracia de los diálogos. La acción tiene lugar en Escocia y, aunque el protagonista es español, es este quien acapara mayormente la flema británica y el humor. Como contraste, algunos escoceses son muestra de vulgaridad y mal gusto.

En su conjunto, Cada vez que decimos adiós me parece una buena muestra de ese relato posmoderno donde se toman a la ligera las cosas tradicionalmente serias. Hay una manera cristiana de hacerlo, por supuesto, y yo diría que la más auténtica: la de quien sitúa las tempestades en su justo punto porque sabe quién gobierna la barca. Digo esto porque, conociendo cómo Pujol se halla en la misma fe que Bernanos o Mauriac, sus modos de hacer literatura son tan diversos como las modas de cada tiempo. Es posible cristianizar tanto a Esquilo como a Aristófanes.


Nota redactada en diciembre de 2006.

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30 junio 2007

Memoria histórica


Tanto en ABC como en estas columnas, se ha hablado de la revisión de valores emprendida por el diario de la izquierda socialista Claridad, y de la que hasta ahora han sido víctimas principales don Miguel de Unamuno y don José Ortega y Gasset, acompañados de los señores Baroja, Azorín, Pemán, Díez Canedo y demás miembros de la Academia Española [...] Hay que hacerse, señores escritores, al porvenir que nos espera.

Cualquiera (Ramiro de Maeztu) en ABC, abril de 1936.



El miedo que tenía mi padre en los últimos tiempos de la República se concretaba a que mis hermanos y yo saliéramos a la calle y volviéramos tarde. Normalmente iba yo a la tertulia de la Revista de Occidente y regresaba con él. Entonces no había problema. Pero si no pasaba a recogerle y volvía un poco tarde, se ponía nerviosísimo. Con toda razón, porque no había ninguna seguridad personal en la calle y, en aquel momento, podía ocurrir cualquier cosa. Mi padre no me ha chillado nunca más que por esto, por llegar tarde en aquella época. Realmente, en nuestra casa, el último año de la República vivimos en un continuo "toque de queda".

Un día se encontró en la calle a Carmencita, hija de sus viejos amigos los Cabezuelo, con su novio José María Alfaro, compañero de José Antonio Primo de Rivera en la Falange. Papá les dijo: "Váyanse ustedes pronto de Madrid porque los van a matar". Alfaro después del 18 de julio pudo refugiarse; pero a Carmencita la asesinaron.


Miguel Ortega, Ortega y Gasset, mi padre, 1983.

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28 junio 2007

Me alegro de haber oído a Steve Earle.


Lo imaginaba como uno de esos trovadores rojeras que salmodian injusticias y desamores y que suenan igual, los muy pelmas, sean de Texas o de Portugalete. En cambio, me topo con un country crudo y elemental, lo que esperas oír en el patio de la prisión de San Quintín, por ejemplo.


Dice César Vidal que Steve Earle está sobrevalorado por razones políticas. Quién sabe. ¿Están sobrevaloradas Faith Hill o Carrie Underwood por su gentil continente? En ese mundo la competencia es dura y cada cual se busca sus propios reclamos aparte de lo musical, ya sea la propia anatomía, la propia (des)orientación sexual, como k. d. lang*, o una ideología más bien impopular en la escena country, como Steve Earle. Digo yo.


*No es errata: la tía lo escribe así, con minúsculas, como e. e. cummings. Otro reclamo.

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26 junio 2007

Curso superior de ignorancia

El poema final de este libro, en que se enfrenta la poesía (al menos, esta poesía) con la historia y con la ciencia, viene a enlazar con el título, sugiriendo una sabiduría que no tiene nada que ver con el saber convencional, y que parece tener su origen más remoto en el lema socrático, "sólo sé que no sé nada". Aprender a ignorar, o aprender que ignoras, sería así el camino de una iniciación en los secretos del corazón, que ya sabemos que tiene razones que la mente desconoce.

Y Miguel d´Ors practica esta iniciación por la vía de evocar el pasado. En un principio, con irónica resignación: en su autobiografía, él sale de extra, tantas son las cargas que ha de sobrellevar; se queja con sarcasmo de la providencia divina, como lo haría uno de esos macabros humoristas gráficos... pero siempre se advierte que esas quejas son todas de tipo teresiano ("por eso tienes tan pocos amigos, Señor"), animadas de un humor amable y nunca desesperadas. De hecho, "juro que fui feliz", titula uno de sus poemas para mí más gratos, ya que supone un ajuste de cuentas con tanta llantina hipócrita sobre la época (esa época) en que el autor fue niño. Y, junto con el humor, el amor vivifica este camino hacia la ignorancia, nombre que el poeta da a la humildad, quizá porque presumir de humilde (como indica en un poema) es la peor de las vanidades.


Nota redactada en enero de 1999.

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24 junio 2007

Partidos en misa


En las parroquias españolas se ha producido un curioso fenómeno: hay partidos. Partidos que se definen por su opinión sobre cuándo hay que ponerse de pie tras el Ofertorio. Unos (los minoritarios) se levantan cuando el celebrante inicia el Orate fratres; otros (¿la oposición?) lo hacen al comenzar la Oración sobre las Ofrendas; por su parte, la facción mayoritaria no se yergue hasta el Dominus vobiscum. Si a ello sumamos el gran grupo de los indecisos, el efecto es similar al de la ola en los estadios o, mejor aún, al de aquel anuncio pionero donde unos estudiantes se levantaban, uno tras otro, para reivindicar, solidariamente, ser propietarios del condón que el profesor exhibía ceñudo.

Algo bastante cómico, si quieren que les diga. Algunos curas han optado por decir "de pie" en el momento oportuno. Es un ejemplo a seguir (aunque siempre hay recalcitrantes), por lo menos hasta que se templen los ánimos y vuelva el deseado consenso.

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22 junio 2007

Educación socialista



... son demasiadas las ocasiones en que el hecho de comprender al muchacho [conflictivo] tiene como consecuencia el desarrollo de una actitud negativamente paternalista hacia él, que normalmente consistirá en dispensarle de las exigencias académicas, o en permitirle conductas que a cualquier otro alumno se le reprenderían. Entender sus motivos ha conducido a justificar sus comportamientos. Y este es el fin de la historia y de las posibilidades de ese muchacho, porque la escuela, o sus profesores, actuando de esa manera han destinado al chico a permanecer amarrado a su problema y a seguir condicionado por él de modo permanente, en lugar de contrastar su realidad con otras realidades posibles y ofrecerle otras alternativas para su vida.
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20 junio 2007

Cuando fui mortal

El doble filo del cuento es que, siendo recomendable para principiantes que aún no se atreven con la extensión de una novela, su brevedad requiere mucho talento para que llegue a ser obra maestra. Es un género difícil en su aparente sencillez, esto se ha dicho muchas veces. Y aquí hay de todo: desde la rotunda belleza de "No más amores" o el espléndido retrato de "Todo mal vuelve" hasta la trivialidad de "En el viaje de novios" o el repelente neomoralismo de "Sangre de lanza". Marías se disculpa en el prólogo, en cierto modo, de que sean cuentos hechos por encargo, y recuerda eso tan sabido de que lo hecho por encargo no tiene por qué ser más malo, y que hay grandes obras en la historia que no respondieron a la iniciativa personal de sus autores. Cierto, pero aquí echo de menos la genialidad y acuso el lastre de la obsesión sexual, una de las dos patologías de la izquierda intelectual española en nuestro tiempo, junto con el rencor crónico contra Franco y los franquistas, también presente en este volumen. Javier Marías hablaba complacido, en un artículo, de que el pecado ya no tiene sentido. Pero, si no existe el pecado, tampoco el bien, y por tanto tampoco Dios. Y si Dios no existe, todo está permitido, sí, Iván, pero, además, todo se pierde, nada tiene sentido. De ahí que la postura más inteligente sea la de ese doctor Xavier Comella (qué gran retrato, insisto), que se suicida tras haber llamado a sí todo el dolor, todo el tedium vitae que pudo acumular para analizar esa única realidad que nos queda, pues "todo bien va, todo mal vuelve".

Nota redactada en abril del 2000.

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18 junio 2007

Historia de las religiones, I

Constantes religiosas
se subtitula este primer volumen de un total de tres, y se dedica a exponer, con precisión de manual y con lenguaje divulgativo, los diversos tipos de religiones. No sé si es contradictorio esto que he dicho, "precisión de manual y lenguaje divulgativo", pero me refiero a que no se trata de una obra para especialistas sino destinada a lo que suele llamarse público medio; pero Manuel Guerra se preocupa por taxonomizar con cierto rigor y por encontrar (por elegir, quiero decir) el término más apropiado en cada caso, incluso desde el punto de vista fonético. Es de destacar, por ejemplo, cómo distingue, al hablar de hinduísmo, entre Brahmán, Brahma y los brahmines, cosa que al parecer no siempre se tiene en cuenta. O cómo procura que diferenciemos al hindú, adepto del hinduísmo, del indio, nativo de la India.

Al Cristianismo le concede un lugar aparte, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta que Manuel Guerra es un sacerdote católico. No nos es difícil ver que, habiendo crecido el Cristianismo en un contexto de religiones étnico-políticas, se viera como algo natural durante muchos siglos la asociación entre el poder civil y el religioso; ni cómo la Iglesia supo deshacerse, con el tiempo, de esa servidumbre, por delante del islam o de algunas formas de protestantismo, como el anglicano.

Nota redactada en agosto de 2006. Creo que este libro está agotado, aunque hay versión en un solo volumen.

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15 junio 2007

El premio de Dylan

No importa que me guste escuchar Nashville skyline o que le alabe a Bob Dylan el modo como ha sacado partido de una voz y un rostro nada prometedores desde el punto de vista artístico y comercial. El cantante de Minnesota supo labrarse una imagen en la que se fundían el trovador, el bohemio moderno a lo Iris Murdoch y el espiritualista a lo Hesse; imagen que en cierto modo él mismo agotó, por lo que podía decirse que tenía ángel.

No me importa reconocer esos méritos, digo, ni otros, para considerar que el Premio Príncipe de Asturias de las Artes resulta un tanto degradado al concederse a quien no deja de ser un artista pop, por muy mito viviente que sea o por mucho que haya influido en una generación, o en tres. Me disgustaría igualmente que diesen el Nobel de Literatura al guionista de Sin rastro, teleserie policíaca que, no obstante, veo con sumo gusto por su espléndida realización. En Bob Dylan hay poesía y música, sí, pero esa poesía y esa música tienen sus galardones correspondientes y sus propios ámbitos de reconocimiento. En cuestiones de arte soy fuertemente segregacionista, lo siento.

Sin embargo, el premio no extraña teniendo en cuenta el oficialismo de los Príncipe de Asturias y sus vínculos con el grupo de comunicación que apoya a la facción gobernante en España. Se atisba algo así como un intento de logseizar las artes, igualando a Shoshtakovich con Bob Dylan o a Francisco Ayala con Hugo Pratt, por decir algo. Una especie de comprensividad fuera de la escuela, vaya. Por otro lado, también es coherente que se premien unos textos como el de Blowin´ in the wind, que como poesía están al alcance de cualquier principiante, pero cuyo buenismo poltrón y sólo en apariencia ingenuo constituye el alimento espiritual de todos los españoles de 45 para abajo, clases de Religión incluidas, y el caldo de cultivo del actual régimen. Quienes ponían su esperanza en aquel día en que “las balas fueran definitivamente prohibidas” incubaron el huevo de la serpiente zapateriana.

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14 junio 2007

Sobre la conveniencia de contrastar informaciones,


sobre todo cuando te llevan a pensar que algunas personas, pueblos o colectivos son tontos del haba o malos malísimos:

Voy y leo en La discoteca ideal de la música pop, de José Ramón Pardo, que Garth Brooks carga contra la violencia doméstica en su canción Thunder roll, que "alguna emisora no dudó en prohibir". ¿Cuál es la conclusión?

SOLUCIÓN (como no sé ponerlo del revés como en los cricugramas, lo pongo en pequeñito): los norteamericanos son partidarios del maltrato a las mujeres.

Luego abro el volumen Country, de Alfonso Trulls (incompleto y asistemático, pero a veces útil) y me aclara: el vídeo de Thunder roll fue censurado por presentar "de modo explícito la infidelidad matrimonial".

Ahora la conclusión es muy diferente, ¿verdad?

O sea: Puede usted hablar de mojigatería o de respeto al espectador, a su gusto. Pero el honor de los norteamericanos queda como más a salvo. Pues así con todo.

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13 junio 2007

Eugenio o Proclamación de la primavera

Debe de ser la madurez, y con ella el seny, pero encuentro un fuerte componente de disparate en esta especie de idilio guerrero. Sigue teniendo un gran atractivo esa primavera falangista que proclaman con ardor Eugenio y Rafael: hay un bonus odor de reconquista cantarina en todo el libro, y eso es un gran mérito. Pero a la vez amenaza cierta bravuconería que viene a emparentar con la visión negra del falangismo que alguna literatura ha difundido. Mezcla de disparate, barbarie e idealismo es, sí, este Eugenio, aunque, por fortuna, muy escorado hacia lo último.

De hecho, comparado con aquel espíritu, resulta muy ramplón el que respiran los autores de los prólogos: porque este libro, en la edición de Nueva República del 2003, va engordado con unos cuantos prólogos, varios del autor a las sucesivas ediciones, uno de los editores y uno del hijo del autor, periodista. Son estos últimos los que dejan que desear, enquistados en posiciones que tienen más de odio que de idealismo.

Garcilaso adquiere un nuevo look cuando se inserta en esta primavera. ¡Qué sueño, poder transmitir esas resonancias a los propios alumnos! Qué pena, pensar que para ellos, y por mi culpa, no pasará de ser un nombre tedioso, evocador de horribles sesiones de pupitre. Como Garcilaso, Eugenio se lanzó a la muerte aún joven, tras haber conocido el amor. La Falange hizo vivir a sus mejores militantes un sueño hermoso mientras duró, una especie de matrix sólo superada en su belleza por otras aventuras que además tienen la ventaja de ser reales.


Nota redactada en marzo del 2004.

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11 junio 2007

... no hay que olvidar

que el mismo impulso revolucionario que ha llevado a la proliferación de personas jurídicas comerciales, políticas y de otros tipos, ha mostrado siempre su animadversión contra la familia. La razón profunda de esta animadversión democrática contra la familia está en que la familia, por su misma naturaleza, es siempre una reserva de desigualdad, empezando por la del sexo, contra la cual vienen luchando denodadamente las fuerzas del mal --muy especialmente con la difusión del erotismo, que acaba por sí mismo en homosexualidad...

Es posible que alguien tildara a don Álvaro d´Ors de exagerado, en el 1987 en que se publicó La violencia y el orden.

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08 junio 2007

Sartoris

En un momento dado, Faulkner emplea la expresión somnolencia arcádica para definir cómo encuentra un personaje la situación de su casa, y esa es la definición más justa que corresponde al ambiente de toda la obra. En ese estado, somnolencia arcádica, contempla Faulkner este Sur suyo. Sartoris (imagino que se habrá dicho muchas veces) es una elegía por un mundo, pero tiene, en efecto, mucho de égloga. Hay una quietud, casi modorra, que lo impregna todo, donde, como en las ficciones pastoriles, los dramas, los sucesos sangrientos, las muertes, se viven más como cosas contadas y escuchadas que como sucediendo realmente. Los actores son como fantasmas en su limbo particular viviendo eternamente su tragicomedia. El hecho de que los miembros de la dinastía Sartoris acostumbren a llevar los mismos nombres (John, Bayard) contribuye a esa impresión.

"Arcádica" es también la armonía que reina entre los estamentos que componen la sociedad sureña. Si la realidad se aproxima a lo que Faulkner nos presenta aquí, se entiende el desgarrón que la derrota de la Confederación debió de provocar en los espíritus, y esa siembra de discordia que supuso la imposición de las leyes de la Unión. Sin embargo, todo eso parece no haber llegado a esta Arcadia que todavía no se llama Yoknapathawpha, a la que no alteran las guerras ni las paces.

Nota redactada en enero del 2007.

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05 junio 2007

Cándido terror

El cándido terror con que se ha recibido el anuncio de ETA de “abrir todos los frentes” sólo halla parangón en el cándido gozo que provocó su famoso alto el fuego permanente. Se nos vendió ese alto el fuego como una victoria, o como una paz en ciernes, cuando el hecho es que la banda simplemente respondió a la bandera blanca alzada desde el otro lado. La petición de parlamentar es el primer indicio de rendición; es un síntoma de debilidad, y lo normal es acceder al ruego del enemigo y dejar de disparar. Si las condiciones de este no satisfacen, pues se reanudan las hostilidades. Y eso es lo que ha sucedido en España en el último año y medio, ni más ni menos. El auténtico alto el fuego ha sido el del Estado, cuando este se ha puesto en manos de una facción deseosa de reducir a la nada a sus adversarios políticos. La ETA no se ha movido un milímetro en sus aspiraciones, salvo quizá para aceptar plazos. Tengo dicho en todos los foros posibles que la única tregua que quiero de los etarras es que se pongan a trabajar como personas honradas mientras declaran su intención de vivir mil vidas, si las tuvieran, para reparar las que quitaron.

En los corrillos mediáticos se escuchan ahora voces que claman, de nuevo, por la unidad de los demócratas. Una vez más, la palabra mágica. Pero me pregunto qué poder de fascinación le queda ya cuando uno de esos demócratas ha mostrado hasta dónde es capaz de llegar con tal de aplastar al otro. “No podemos poner al mismo nivel moral al gobierno y a la ETA”, “unos demócratas no deben pasar factura a otros”... Pues bien, me da igual la vitola con que se adornen: lo que yo he vivido en los últimos años en mi patria es la entente de un gobierno con una banda terrorista, a espaldas del clamor de quienes han sufrido su zarpazo. Y eso tiene un nombre que no es el de error. Lo demás es beatería democrática, pura superstición política.

(El Manifiesto)

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Manantial oculto

...Unamuno, en carta a Jiménez Ilundáin:

La generación pasada pudo vivir en positivismo intelectual, porque, educada en la fe cristiana, llevaba ésta por debajo de aquél, como su inconsciente sostén. Pero una generación educada en positivismo ha de volver con fuerza a buscar el manantial oculto que sus padres le celaron.

Y añade Moeller en nota:

Estas profundas verdades, ¿no se verifican en la URSS, donde la "nueva ola", que ha crecido sin ninguna religión, va a volver a encontrar muy pronto la inquietud metafísica? Algunos indicios, a juicio de Boris Pasternak, así lo hacen creer.

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03 junio 2007

El suicidio de la modernidad


No sé por qué, tengo siempre una pequeña decepción cuando caigo en que el ensayo que he comprado (bueno, o cogido) es en realidad una compilación de artículos, o la novela una colección de cuentos. Digo, porque lógicamente no tiene por qué ser peor. Se disfruta con estos artículos de Aquilino Duque, sobre todo si compartes sus críticas a la mentalidad imperante. Las cosas a las que se tiene aversión crean complicidad, más aún que las que se comparten.

Me gusta, por ejemplo, esa apología de la sociedad represiva (así, sin reparos), que don Aquilino opone a la sociedad permisiva. Aquella reprime para conservarse, esta permite porque no le importa autodestruirse.

Me parece aguda también su visión de lo que llama la revolución cultural en Occidente, que consiste en que la juventud revolucionaria hace desprenderse a la burguesía capitalista de los valores que había adoptado para sostenerse: patria, familia, religión... y de los que "no sabía cómo desprenderse"; es decir, le facilitan echar por la borda lo que nunca había sido suyo. Pero esa burguesía no puede sustituir tales valores por los del socialismo, y se queda en un vacío de valores "con un vago fondo de utopías rojas" que abanderan los intelectuales orgánicos. Eso lo estamos viendo hoy en España con los Millases, los Vicents, los Umbrales, las Regases. Rojos conformistas convertidos en cómplices de los terroristas.


Nota redactada en octubre de 2006.

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02 junio 2007

Leer a Mercedes Rosúa

se parece mucho al trabajo de los buscadores de oro: es la pluma más verbosa que conozco, pero la misma pasión que le dicta sus largas parrafadas le lleva a hallazgos verbales que compensan ampliamente la espera. Su artículo sobre el último libro de la Fallaci, reproducido también por Pío Moa, es de por sí jugoso, pero valdría la pena llegar al final sólo para encontrarse con el concepto de rendición preventiva, aplicado a la retirada zapateriana de Irak.

01 junio 2007

Es una opinión

Cuando llegué a España, a su capital, me encontré una España encendida en pródigos diálogos. Hasta las esquinas parían diálogos políticos, sociales, taurinos o de cualquier índole. Era una mísera España festejada en parturientos diálogos bajo la augusta cabeza de un rey llamado Alfonso XIII. Me hace gracia escuchar o leer ahora que los españoles necesitamos dialogar, conocer el diálogo, ejercitarnos en el diálogo. ¡Santo cielo! ¿Qué son entonces, los millones de tabernas, bares, casinos y campos de fútbol? ¿Qué son sino prósperas plataformas para el diálogo? Lo que necesitan los españoles no es dialogar, sino monologar, esto es: pensar. Bastan un par de tontos para montar un diálogo. En cambio, ningún tonto puede montar un monólogo, ninguno. Pero a la gente, claro está, le gusta opinar, que no es un acto inteligente, y comunicarle esa opinión a alguien mediante demócratas diálogos. ¿O es que podías haber pensado que los diálogos de Platón son realmente unos diálogos en algo más que en su forma expositiva?

Antonio Prieto, Prólogo a una muerte.

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