01 diciembre 2007

Negociad, negociad... malditos.


Lamentable accidente en Francia: miembros del sector duro de ETA, esos reacios a la negociación y a la paz (y por tanto equiparables a Alcaraz o a Mayor Oreja) han disparado contra dos guardias civiles que se cruzaron lamentablemente en su camino.


Y hablando en serio: ya está ahí el gesto que el GAL esperaba por parte de ETA. Oh, sí, esto funciona así. ¿O acaso no se votó a Zapatero en el 2004 para que saliera pitando de Irak y nos ahorrara este tipo de molestias? ¿Qué diferencia a ETA del terrorismo islámico? El mensaje es ahora: negociad, negociad, por favor. Salid pitando del país vasco si es necesario, pero no nos amarguéis la digestión en Zamora, o en Getafe, o en Peraleda del Zaucejo. Y dará resultado.


27 noviembre 2007

No pidas sardina fuera de temporada


Andreu Martín sabe que es un narrador ágil y brillante. Y sabe también que es muy difícil que sólo con esas cualidades consiga componer una obra maestra, ni siquiera aportar algo nuevo a la novela. Así que lo que hace (y no se lo censuro, sino al contrario) es aprovechar al máximo esas cualidades que he citado, y ha elegido un doble camino: primero, el de las novelas para adultos, dando a esta expresión su sentido más lamentable: es decir, explotando el gusto por lo obsceno y lo sangriento; así en Prótesis y otras que no siento desconocer. La segunda vía, más amable, es la de escribir para el público adolescente, campo que hoy tiene salida segura, aunque sus clientes sean obligados en su mayor parte. En la serie sobre Flanagan Martín da lo mejor de sí mismo como narrador (es una delicia perder el tiempo con estos nuevos folletines que muestran rasgos aislados de genio) y aprovecha otra de sus cualidades: la de ser un gran conocedor de los resortes de la novela negra norteamericana. Juan Anguera es un Marlowe reconvertido en adolescente porque el personaje ya no da mucho más de sí, ajado hasta el ensañamiento por tantos imitadores; pero siguen siendo eficaces esos resortes: pistas que se dosifican hábilmente a lo largo del relato, revelaciones inesperadas, alguna escaramuza en los capítulos finales, que espolea el deseo de conocer el desenlace... e, incluso, el gesto heroico del protagonista, dispuesto a sacrificar el amor de su dama en aras de la verdad.


Nota redactada en enero del 2000. Por cierto, de los relatos de Flanagan responde también Jaume Ribera, guionista de historietas, discreto sustituto de Ibáñez cuando la demanda era superior a las fuerzas del genio.


23 noviembre 2007

La vida política española sigue gravitando en torno a Franco.


Se diría un juego que consistiera en evitar a toda costa un coco con el nombre del caudillo, y el que lo rozara perdiera, ante el alborozo del adversario. Los medios, por su parte, actuarían como jaleadores, gritando caliente o frío. Difícil es hallar un día en que ninguna columna periodística se refiera de algún modo a Franco o al franquismo.

Hace poco, alguien se refería a las relaciones exteriores del gobierno Z evocando las buenas relaciones entre Franco y Fidel Castro. Normal: "todo quedaba entre dictadores". Pero tú, presidente de un gobierno democrático...

Eso me hizo recordar que Gonzalo Redondo (por cierto, compañero de universidad del firmante), en su monumental e inconclusa obra sobre el franquismo, afirmaba que este no fue una dictadura, sino un típico régimen tradicionalista. Por mi parte añadiría que el de Fidel tampoco, sino un típico régimen de socialismo real. Ambos pueden tener alguna coincidencia, como la ausencia de partidos o la marginación de la sociedad civil, pero sobre sus respectivos resultados en el orden social y humano hablen las diferentes evoluciones posteriores de España y del bloque soviético.

Claro que estas distinciones quizá sean demasiado sutiles para los toscos esquemas que impuso la transición. De esos esquemas sigue viviendo la izquierda española, y permiten que una punta de degenerados se vea alzada, desde el punto de vista moral, sobre "la espada más limpia de Europa", que dijo Pétain.


20 noviembre 2007

Se ha privado al hombre de la vid


¿Por qué en este lugar de nuestras consideraciones sobre Europa nos referimos a la parábola de Cristo sobre la vid y los sarmientos? Quizás porque precisamente esta parábola nos permite explicar de la mejor manera el drama de la ilustración europea. Rechazando a Cristo, o por lo menos poniendo entre paréntesis su actuación en la historia del hombre y de la cultura, ciertas corrientes del pensamiento europeo han cambiado de rumbo. Se ha privado al hombre de "la vid", del injerto en esa vid que permite lograr la plenitud de la humanidad. Se puede decir que se abrió el camino a las demoledoras experiencias del mal que vendrían más tarde de una forma cualitativamente nueva, jamás conocida antes o, al menos, no con tal magnitud.

Juan Pablo II, Memoria e identidad


16 noviembre 2007

El viaje de Jonás

José Jiménez Lozano ha hecho una caricatura, pero no en el mal sentido que suele darse a esta palabra cuando se la saca de su acepción primaria. Es la misma historia bíblica contada con desenfado, jocosamente, atribuyendo al profeta caracteres, relaciones y hechos que quizá no tienen base real, pero sirven para darle un aspecto humano en lo que la humanidad tiene de más risible, y que no se contradicen con lo que de Jonás refiere la Escritura. Presenta, en efecto, la historia bíblica de Jonás chispas del sentido del humor de Dios, que juega con su creación. Las referencias a nuestro tiempo no hacen sino contribuir a ese acercamiento jocoso del personaje a nuestra entraña humana: la esposa de Jonás se dedica a desconstruir todo lo que Jonás hace o dice, el profeta compra su báculo lujoso en Tiffany´s... La referencia a la deconstrucción no puede por menos de caerme especialmente en gracia, por lo que tiene de burla de la pedantería de ciertas filosofías, claro.

En fin, en este Jonás de Jiménez Lozano vemos algunas de nuestras más flagrantes caídas en el ridículo: ese utilizar la propia y objetiva pequeñez como excusa para no emprender lo que Dios le encarga; ese confundir la justicia de Dios con la suya propia (al utilizar las amenazas divinas para satisfacer su ansia de venganza contra quienes le pegaron); esas setenta y siete semanas que los cónyuges permanecen enfadados, por convención... Catártico.

Nota redactada en octubre de 2003

12 noviembre 2007

Federico Jiménez Losantos


está disfrutando en los últimos tiempos de una publicidad que ya quisiera yo para lo poco bueno que hago. Políticos y plumíferos echan pestes de los excesos de "un locutor", "cierto comunicador", "una voz de la COPE"... así, sin citar el nombre por lo general, lo que añade misterio al asunto y el prestigio del malditismo para el interesado. Eso le está proporcionando jugosos incrementos de audiencia, incluso de no adictos a su línea. Ya hace años un mi compañero, nada sospechoso de fachismo, contaba como un gran descubrimiento el de FJL y lo pasaba en grande escuchándolo por la mañana.

Por otro lado, resulta chocante que, cuando desde el gobierno se legislan barbaridades que serían la envidia de Calígula y se cocinan traiciones no vistas desde don Julián, muchas conciencias hipercristianas se escandalicen ante una de las voces que más ha denunciado tales tropelías, sólo porque tal o cual vez se excede en sus calificativos. Hay quien no dormirá a gusto hasta que en la COPE no bauticen hasta a los clips y los pendrives. Y aquí hay que recordar que la COPE no es Radio María, sino una emisora generalista donde se hace apostolado, sí, pero también periodismo de opinión donde la crítica al poder se ejerce con la contundencia requerida en cada caso.

Cada vez más, incluso, se permiten exhortar a los obispos a que silencien esa y otras voces, en uno de las exhibiciones de mentalidad totalitaria más flagrantes que han visto estos ojitos. Eso son compañeros de viaje para el GAL, vive Dios, y no los de los bolcheviques.

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09 noviembre 2007

Con frecuencia se afirma la licitud del aborto


cuando se juzga que probablemente el que va a nacer (el que iba a nacer) sería anormal, física o psíquicamente. Pero esto implica que el que es anormal no debe vivir, ya que esa condición no es probable, sino segura. Y habría que extender la misma norma al que llega a ser anormal, por accidente, enfermedad o vejez. Si se tiene esa convicción, hay que mantenerla con todas sus consecuencias; otra cosa es actuar como Hamlet en el drama de Shakespeare, que hiere a Polonio con su espada cuando está oculto detrás de la cortina. Hay quienes no se atreven a herir al niño más que cuando está oculto -se pensaría que protegido- en el seno materno; lo cual añade gravedad al hecho: en una época en que cuando se encuentra a un terrorista con una metralleta en la mano, todavía humeante, junto al cadáver de un hombre acribillado a balazos, se dice que es "el presunto asesino", la mera probabilidad de una anormalidad se considera suficiente para decretar la muerte del que está expuesto al riesgo de ser más o menos anormal.


Julián Marías, Sobre el Cristianismo.


07 noviembre 2007

Porque soy realista


creo que el 11M fue lo que parece: una trama de la entente GAL-ETA para asaltar el poder. "No fue la ETA", dicen. Por supuesto. Que la ETA diera el golpe sería una torpeza indigna incluso del GAL. Eso no habría hecho sino reforzar al gobierno que había que tumbar. La ETA no estaba en la mano de obra, sino en la tramoya: en el pacto de Perpignan, en los coches cargados de explosivos que fueron convenientemente interceptados... En todo aquello que iba a crear el ambiente de que ETA lo intentaba y que en algunos sitios se los habían quitado de enmedio sin disparar un tiro.


Pero no me causaría un trauma el que, en efecto, hubiese sido obra de islamistas. Algunos parecen pensar que eso daría la razón a los socialistas. Y no. En buena lógica, la autoría islamista no debería haber perjudicado al gobierno de Aznar, sino haberlo reforzado, como hizo en otros lugares. Si a los islamistas les molestaba la guerra de Irak, señal de que era acertada. Pero aquí se impuso otra lógica: la de los torturadores ("¿es que queréis que os maten a todos?") y la de los cobardes ("¿es que no veis que nos van a matar?"). Es lo que me tiene deprimido desde entonces.


06 noviembre 2007

Perseguid a Boecio


Una de las obsesiones de Vintila Horia fue siempre la revolución que la física cuántica provocó en el mundo del pensamiento. Según expresó en muchos artículos y en algún libro, la sociedad de nuestro tiempo está viciada porque se basa en sistemas de pensamiento ya caducos, como es caduca también la física newtoniana, porque (y esta es otra de las constantes de su obra) no podemos aislar la ciencia de una época de su filosofía y su arte, pues todo ello no es sino una diversidad de técnicas de conocimiento. Para la nueva Física, no todo es predecible de acuerdo con unas leyes, sino que el comportamiento de las partículas se rige por la indeterminación. Esto, según Vintila Horia, da el golpe mortal al materialismo dialéctico, y así lo creyeron también los jerarcas de la URSS, por lo que prohibieron en el país las teorías de Planck y de Heisenberg. El protagonista de Perseguid a Boecio se encientra de repente iluminado por la verdad al descubrir los papeles de un viejo pensador muerto en el universo concentracionario soviético. Por pequeño que él pueda ser (como una partícula) posee la "conciencia de este desierto" y podrán matarle pero no seguir engañándole. La iluminación en el destierro es otro de los temas favoritos de nuestro autor. Todo, pues, resulta familiar a sus lectores, incluso la técnica del entrelazamiento de historias en tiempos diversos pero unidos por unos personajes que comparten el mismo destino. Por fortuna, no decae la exquisita sensibilidad de este hombre, capaz de encontrar significados hasta en la más banal de las situaciones.
Nota redactada en noviembre del 2000.

01 noviembre 2007

Once


Decía Ricardo Piglia que el cráter, la clave de la eficacia de un relato breve está en el punto de encuentro de dos historias, de las cuales una se nos cuenta y otra se deja a nuestra intuición. Quizá sea exagerado, pero algo tiene que ver esto con lo que Vargas Llosa llamaba el dato escondido, algún elemento de la historia que no se nos dice claramente. Alguno de los mejores relatos de esta colección de Patricia Highsmith se basa en esa técnica: es el caso de "La heroína", donde vamos poco a poco atisbando la enfermedad de la protagonista, hasta que algún hecho confirma nuestras sospechas, pero de un modo brusco y que no esperábamos. De algún modo el dato escondido nos hace despertar la tensión, nos pone en situación de esperar algo raro, como en esos trenes de feria que te meten por recovecos oscuros.

También podríamos describir su técnica como el desvelarnos poco a poco un paisaje que al principio se muestra apacible para después, pasando del primer plano al plano general, desasosegarnos con la presencia de algo que "no debería estar ahí", hasta que nuestra inquietud se vuelve desolación al contemplar todo el cuadro. Todos los cuentos de este volumen se resuelven, sí, en desesperanza, al quitarnos progresivamente las posibilidades de que algo pueda terminar bien. A veces el desenlace no existe, y la primitiva decepción que sufre nuestra curiosidad se transmuta en la conciencia de que esa falta de un final es aún más desoladora que, por ejemplo, el horrible fin del profesor Clavering.


Nota redactada en julio de 2001.


31 octubre 2007

La Madelón


¿Así que esto es una soldado (o soldada)? Pensé que lo de la incorporación de la mujer al ejército era algo nuevo.

30 octubre 2007

Selva enmarañada


En Conversación sobre la guerra, lírica novela de José Asenjo Sedano premiada con el Nadal en 1977, aparece esta definición que anoté en su día, no sé muy bien por qué:


La vida es la verdad que avanza a través de una selva enmarañada. A cada paso de la vida, sucede el asalto de la cizaña, cegando los caminos.


Bueno.



27 octubre 2007

Alain Finkielkraut

termina La humanidad perdida con una pregunta terrible: "¿ha sido inútil el siglo XX?" Los quinientos mártires españoles dicen que no lo ha sido. La gran aportación del socialismo a la humanidad será el ejemplo de sus víctimas. Su sal y su luz.

26 octubre 2007

Diario de Paula


Creo que puedo perdonarle a José Ramón Ayllón su ingenuidad desmesurada en cuanto al alumnado de instituto: "algunos siempre con un libro en la mano, aprovechando un tiempo muerto entre clase y clase. De vez en cuando, alguien queda deslumbrado por un hallazgo literario inesperado, y entonces vienen los préstamos, las colas de lectores a la espera". En fin, soñar es gratis y, al cabo, él aspira a hacer una novela ejemplar, siguiendo el uso de la literatura juvenil de ahora.


Estoy hablando de la última novela* de Ayllón, publicada en la colección juvenil Paralelo Cero, de Editorial Bruño. Se titula Diario de Paula y quien conozca Vigo es Vivaldi puede suponer que se trata de una nueva entrega de los chicos del Instituto Cunqueiro de Vigo. De hecho, es la misma historia narrada desde la perspectiva de la chica, y prescindiendo del sorprendente desenlace de aquella.


Novela ejemplar, digo, pues sus mensajes, su lección moral, se hallan descaradamente explícitos, y el autor lo sabe y no le importa. También es consciente de que la carga sentimental (melosa, a veces) es mucho más fuerte que en Vigo es Vivaldi, pues no en vano la narradora es una adolescente, con sus emociones a la intemperie por partida triple, debido a la edad, la crisis familiar y el cambio de residencia. Y, por otro lado, Ayllón sabe lo que les gusta a sus potenciales lectores.


Por eso, digo, porque el autor lo sabe y porque no la ha escrito para un quisquilloso profesor de literatura con más conchas que un crustáceo de la ría de Vigo, le perdono lo ingenuo, lo meloso y lo ejemplar. Y también por otra razón.


El Diario de Paula, como Vigo es Vivaldi, se parece externamente a tantas otras novelas juveniles de esta colección o de Espacio abierto, por ejemplo, que citábamos hace poco. Pero hay algo de nuevo. Nuevo y, diría, refrescante, como la portada del Diario, con esa ventana al mar abierto. Algo que yo llamaría vitalidad. Los personajes de Ayllón aman la vida y la reciben con un gesto gratificante, con un abrazo o una afirmación que llamaría guilleniana, si no fuera porque carecen del escepticismo que aletea en la poesía de Jorge Guillén. La muerte está ahí, sí, pero sólo como un pequeño susto que tras ser superado parece asumirse, no como un punto de llegada, sino como continuación del viaje, quizá de otro modo, pero en la misma vida. De ahí todos esos pasajes, quizá lo mejor de la obra, donde los personajes se dejan atrapar sensualmente de la lluvia, del color del cielo o del frescor de la mañana: morning has broken, no en vano aparece allí esa canción, que en tres palabras y una melodía parece sugerir el mismo despertar de la vida.


No es así en otros títulos de esta especie, donde los muchachos parecen acurrucados para proteger su cachito de felicidad, siempre amenazada por algún malvado. Y ese es otro de los rasgos de Vigo... y del Diario: no hay malos. No niego, por supuesto, la realidad del mal, ni que la literatura deba reflejarlo. Pero aquí la maldad aparece como una carencia, un fallo, en el sentido en que le decimos a alguien "me has fallado". Los malos son los propios personajes cuando, de algún modo, no dan la talla, se fallan a sí mismos o a los demás. Capaces de lo mejor y de lo peor, no son las pobres víctimas de una sociedad viciada que existe sólo para molestarles. Sufro bucho, podría ser, remedando a Millán Salcedo, el título común a tantas y tantas novelas juveniles que sólo tienen de tal el presunto destinatario y la ligereza de su lectura. La juventud, en los libros de Ayllón, la trasudan Borja y Maxi, Paula y Cristina. Y basta, que, más que una nota crítica, esto parece ya un prólogo.


*Esta nota apareció en el llorado Piensa un poco (luego Opina Digital), a raíz de la aparición del Diario de Paula (2003)


25 octubre 2007

Yo quiero un Maura

Están ciegos los que, con tal de suprimir los obstáculos en que tropiezan las reformas, propenden a destruir o amenguar el ascendiente de la Iglesia católica sobre la sociedad. Si esta luz se apagase, perdida o alterada la tradición de tantos siglos, se perdería también la ley moral que implantó el cristianismo, base de la cultura europea. No: quiero a la Iglesia fuera del Estado; pero imperante y viva en el seno de la sociedad, para que su espíritu sea expresado por las formas de la soberanía nacional, el espíritu de las leyes y la norma del Estado. Cúmplase el voto del pueblo conforme a las leyes de Dios.

Antonio Maura, citado por Vicente Cárcel Ortí

24 octubre 2007

La señora de pueblo


actuaba en una obra de teatro y en los ensayos se empeñaba en decir cetafe en lugar de Getafe porque "a mí no me gusta decir palabras feas" (jeta no significa en todas partes "cara" u "hocico").


Me pregunto si será un escrúpulo similar el que lleva a muchos curas a evitar la palabra perturbación ("... libres de pecado y protegidos de toda perturbación") y a sustituirla por adversidad, peligro, mal... Otra razón no se me alcanza.


23 octubre 2007

La educación en peligro


No deja de ser una grata sorpresa que la crítica más contundente del sistema educativo que padecemos venga de una extranjera. Cuando describe la situación en Suecia uno parece estar contemplando lo que pasa en España. El PSOE, en esto como en otras cosas, no hizo sino copiar las malas recetas que la izquierda había aplicado más allá de los Pirineos, y de las que en lugares como Inglaterra empiezan a estar de vuelta. En una esclarecedora primera parte, Inger Enkvist pasa revista a lo que ha sido la pedagogía del siglo XX, o, como ella dice, la antipedagogía. Nombres como los de Dewey, Piaget, Freire y otros han sido tan letales para la educación como los de Freud, Sartre o Marcuse en el campo del pensamiento y de la cultura, porque trataron de aplicar a la escuela unas medidas supuestamente científicas que estaban cimentadas sobre bases ideológicas. Su consecuencia fue la puesta en entredicho de la figura del profesor, reducido al mero papel de moderador de un debate, cuya figura es tanto más efectiva cuanto más desaparezca de escena. En estas condiciones, la desaparición del cuerpo de catedráticos y su paso a mera condición es sólo una anécdota en el panorama desolador de la escuela española. Con no menos implacable lucidez, Enkvist enumera en la segunda parte de su trabajo todos aquellos aspectos de la educación que han sido negados a las últimas generaciones, mostrando en todo momento, con datos, el empobrecimiento cultural que ha resultado de todo ello.
Nota redactada en marzo de 2001
Imagen: "Y... es algo incómodo, pero es la única manera de que nos presten algo de atención en clase"

19 octubre 2007

... pero, ante todo, bebamos.


(Los cazadores se disponen a emprender la búsqueda y captura del gran oso)


... Siempre había una botella presente, de forma que llegó a parecerle que aquellos bellos y fieros instantes de corazón y cerebro y valor y astucia y velocidad estaban concentrados y destilados en ese licor marrón que ni las mujeres, ni los chicos, ni los niños, sino solamente los cazadores bebían, bebiendo no la sangre que habían derramado sino alguna condensación del espíritu selvático e inmortal, bebiéndola con moderación, incluso con humildad, no con la esperanza vulgar y sin base del pagano de adquirir por medio de ella las virtudes del ingenio y la fuerza y la velocidad sino para saludarlas. Por eso le parecía en esta mañana de diciembre que era no sólo natural sino realmente lo adecuado, que esto hubiese empezado con whisky.


William Faulkner, El oso


17 octubre 2007

Desdobles


"Ellos tienen desdobles... tienen de todo". Así comentaba el director de mi IES las ventajas de los institutos de la capital sobre el nuestro.


Desdobles... Bueno, aquí tenemos atención a ACNEEs, ANCEs y otras especies. Tenemos diversificación, claro, como está mandado. Tenemos en regla las programaciones, con sus temporalizaciones y todo, y dinamizamos en lo posible la integración de los inmigrantes. La comisión de coordinación pedagógica se reúne este jueves.


Desdobles... Es curioso constatar la distancia entre la pomposa retórica que se gasta la enseñanza media en España y el estado piojoso de los centros. Es como un mundo de alucinados que viven en su limbo de esdrújulos y que, para mayor perplejidad, han conseguido convencer al profesional, al maestro que pisa cada día las ruinas, de que cada polisílabo responde a un logro efectivo; que los pronuncien sin risa floja o sin un gesto de desdén hacia los locos peligrosos que habitan los despachos.


¿Curioso? Más bien aterrador.


16 octubre 2007

Los documentos póstumos del club Pickwick


Se acababa el tiempo de los héroes. El éxito del Pickwick fue su puntilla. En su lugar entraba el hombre bueno, incapaz de acometer grandes hazañas (ni siquiera sabe patinar sobre hielo) pero dispuesto a todo por ser fiel a sus amigos y a sus principios; a todo, incluso a ir a la cárcel, como efectivamente hace, en un gesto que no desmerece de los de los grandes héroes. Todo ello sin que estén ausentes las situaciones ridículas y las meteduras de pata, tomadas con excelente buen humor, que es como los cristianos, y los hombres equilibrados en general, reciben las adversidades. Oh, sí, perder el buen humor es una cosa grave.


Cervantes había intuido ya esa transición del héroe al hombre bueno, que no buen hombre (o sea: bueno en el buen sentido de la palabra, ¿verdad, don Antonio?). Alonso Quijano está en Pickwick, no cabe duda, despojado ya de la ofuscación caballeresca. Pero se echa de menos en él cierto... atractivo mundano. Y es que el arquetipo de Pickwick aparece incompleto si no le sumamos a Samuel Weller, el dulce pícaro, longa manus de su amo en todos los asuntos que requieren su pizca de malicia, astuto como serpiente y sencillo cual paloma, cuya nobleza natural va tomando raíces profundas al contacto con su señor. Una pena que este nuevo arquetipo no prosperara, sustituido primero por el hombre determinado del Naturalismo y luego por el hombre sin atributos. Necesitamos un nuevo Dickens, pero ya.


Nota redactada en marzo del 2000.


14 octubre 2007

Yo he cumplido mi deber de poeta


oponiendo una Mariana viva, cristiana y resplandeciente de heroísmo frente a la fría, vestida de forastera y libre-pensadora [sic] del pedestal.


Federico García Lorca, sobre Mariana Pineda.


11 octubre 2007

Madres y padres


Las antiguas APA (Asociaciones de padres de alumnos) son ahora AMPA, lo que, por cierto, se presta a chistes fáciles. Los movimientos educativos de inspiración cristiana hablan también a veces de padres y madres en semejantes contextos. A mí eso me parece, sin paliativos, cooperación al mal. Explico por qué.


La palabra padres, como plurale tantum (carente de singular) designa en español al matrimonio progenitor, lo que en francés e inglés se llama parents y en latín eran los parentes. Es bueno que las asociaciones de padres lo sean en este sentido, como modesta contribución lingüística a la defensa de la familia. Ya que, por el contrario, emplear padres y madres parece sugerir un padre por aquí, una madre por allá, dos madres más por acá... Modelos alternativos, vamos. Desestructuración. No sé si me explico. O si me estoy volviendo paranoico, que también cabe.

09 octubre 2007

Historias de cronopios y de famas


Cuando uno tiene en la cabeza ideas más bien escasas sobre sí mismo y sobre lo que ve y toca; cuando la cultura es algo que seduce pero no se sabe para qué sirve, surgen esta clase de libros, en que todo ello: el yo, el mundo, la cultura, se convierten en piezas de mecano, para armar según los modelos que la imaginación más o menos fértil del creador concibe. Es lo que, de un modo mucho más brillante, expone Cortázar en el prólogo de estas Historias, y por cierto que estamos ante uno de esos libros en que quizá el prólogo sea lo mejor. Pero eso no hace desmerecer al "manual de instrucciones", a las "ocupaciones raras", al "material plástico" y a las "historias de cronopios y de famas", que son las secciones que componen el volumen. "Lo fantástico surge para mí dentro de lo cotidiano", ha dicho Cortázar en muchas ocasiones y de muchas maneras; y ese eludir el tedio de la realidad mediante su transformación, mediante su continua manipulación poética, está en la génesis de todo ello. Hay algo del humor de Mihura en las "ocupaciones raras", en ese hacer montañas de azúcar sobre el mostrador del bar para luego escupir encima y oír cómo cruje el compuesto; hay creatividad borgiana en esa geografía de las hormigas, pero ayuna de trascendencia, llena en cambio de ánimo juguetón, del ánimo de un niño que hace monerías con unos materiales que ni siquiera imagina que puedan resultar patéticos.


Nota redactada en junio del 2000.


07 octubre 2007

No pasarán


En apariencia, en la historia moderna no existe ninguna otra ocasión en la que mil quinientos guerrilleros bien armados y -es lógico suponerlo- razonablemente bien adiestrados y determinados, hayan sido tan fácilmente derrotados.


George Hills, Franco, el hombre y su nación, en referencia al maquis.


05 octubre 2007

Chesterton abertzale


Las elucubraciones en torno a lo que habría hecho o dicho tal personaje de vivir hoy son más bien estériles. Ese personaje es él y su circunstancia, e imaginarlo en otra no tiene otra salida que escribir una novela macanuda o dejarlo correr.

Si acaso, nos sirve para meditar en cuántos factores intervienen en la génesis de una opinión y cuán errados andamos al estimarlas en más de lo debido. ¿Hubiera condenado Chesterton a la ETA?, polemizan Enrique e Ignacio. A ese hombre no le gustaban las ruedas de molino, pero habría que contar con la perversión del lenguaje, con la prensa de su país, con el ansia de notoriedad que en un momento dado le aquejase, con los matices que fueran del caso…

En todo caso Chesterton tuvo su circunstancia y su modo de encararla dio lugar a una obra que aún nos maravilla a muchos. ¿Para qué vamos a calentarnos el tarro rumiando imaginarios desacuerdos con nuestros piensodeque? Si acaso, como divertimento pueril, podemos imaginar acuerdos, como le comentaba hace poco a Gregorio Luri.

(Por cierto: el copyright de piensodeque como sinónimo jocoso de la doxá clásica pertenece a Tirso de Andrés. A cada uno lo suyo.)

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02 octubre 2007

Esperando a los bárbaros


Déjà vu: así dicen los amigos de los pedantemas cuando quieren referirse a algo que ya se ha visto, sobre todo en cuestión de obras de arte. Los castizos dicen que "está más visto que el tebeo". El caso es que es esa, justamente, la sensación que me produjo Esperando a los bárbaros, por más que su autor goce de la veneración de los enterados.

Vamos a ver: se trata de un funcionario de un poderoso imperio que adquiere poco a poco la conciencia de que quizá no esté viviendo en el más justo de los mundos. Porque sí, ese imperio se enorgullece, como todos, de ser el summum de la civilización y del progreso, y los que están frente a él, los bárbaros, no serían sino escoria de una forma de vida a abatir.

Pero ese civilizado imperio practica, a los ojos de nuestro prota, unos modos de represión que no dejan de hacerse acreedores al calificativo que da a sus enemigos. La convicción de que quizá estos tengan cosas interesantes que comunicar, desde el punto de vista humano, se afianza en el funcionario a medida que se cuela por una bárbara a quien sus compatriotas (los del funcionario) han dejado mutilada. Y así, hasta el punto de convertirse en un réprobo.

Y todo ello expresado de modo más bien poco sutil, a pesar de la belleza de su discurso, que recuerda con frecuencia (y para mí es elogio) a Vintila Horia.


Nota redactada en junio de 2004. Por cierto, el autor es J. M. Coetzee, a quien habían dado el Nobel el año anterior.






30 septiembre 2007

... pero Franco es el más malo, el más tonto.


Los cuentos orientales solían empezar con fórmulas como: "cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más)...; "cuentan (¡pero Alá es el más grande, el más sabio!)..." Era, supongo, un modo de guardarse la espalda frente a un Dios celoso, no fuera a pensar que dábamos más fe a un hombre que a Él. En España, los hombres de la derecha política tienen un extraño prurito en virtud del cual, cada vez que tienen que zurrar a los socialistas o similares, hacen alguna pirueta para que se la acabe cargando el franquismo. No vayan a pensar en la izquierda, espejo de demócratas, que nosotros tenemos algo que ver con Franco, qué va. En artículo de La Gaceta, Alejandro Llano (enorme cabeza, gran pluma) replica a un texto de Educación pra la Ciudadanía que afirma que los comunistas fueron una "minoría perseguida": no lo serían, dice Llano, en el franquismo, cuando la Universidad estaba repleta de ellos y campaban a sus anchas. Ah, pero...

... en la universidad franquista, los estudiantes represaliados eran sobre todo los socialdemócratas y cristianodemócratas, porque -así lo escuché a la sazón de labios de una relevante autoridad- éramos realmente más peligrosos para el régimen franquista.

Pues nada, don Alejandro. Esperamos con curiosidad el relato de sus experiencias en las cárceles franquistas. Y de las cargas de los grises en la Universidad de Navarra.

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28 septiembre 2007

Rictus Morte


es uno de los nombres más enigmáticos de la galaxia bloguera en que me muevo. Nombre con su punto macabro y que contrasta con el desenfado que anima su bitácora, especializada últimamente en poesía satírica rolando a lo picante. Rictus Morte ha tenido la gentileza de distinguirme con un Thinking Blogger Award, por lo que le doy las más efusivas gracias.

Es el segundo award de estos que me conceden, y ya le dije a Nadie que me veía incapaz de corresponder señalando cinco entre los blogues , tan talentosos todos, que orbitan junto al mío. Que, por cierto, diría más bien que pertenecen a dos galaxias: una de índole más literaria, otra más política. Pero con puntos de tangencia. Véanse comentarios.

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27 septiembre 2007

Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes


Es curioso, pero resulta difícil leer algo tan divertido y al mismo tiempo tan amargo. Quiero decir que es curioso este contraste. Uno asocia con frecuencia el humor a la alegría. Pero ya sabemos que existe algo denominado humor negro. Y en este aspecto Cela es un maestro. Aquí hay humor de la mejor ley y negrura hasta el hartazgo. Estoy por decir que el Lazarillo auténtico es una novela más positiva de lo que habitualmente se piensa. Porque ni de lejos encontramos esta desolación ante la humanidad que vemos en la historia de Cela.
Lo primero que asombra es el virtuosismo verbal del de Iria Flavia, unido a su genial asimilación del español clásico y del estoicismo que impregna la picaresca. Esta riqueza verbal en boca de los peleles que pueblan su relato es lo que produce la hilaridad. Y al mismo tiempo el horror. El horror ante el cuadro esperpéntico que se nos presenta. Hay gente buena aquí, sí; el penitente Felipe, y alguno que otro, quizá el mismo Lázaro. Pero la bondad aparece tan inútil, tan ridícula y contraproducente, que no inspira más que compasión. No es que se haga una apología de la maldad. Al contrario esta se nos muestra como es, aborrecible. Pero es lo que hay. Ahí está el fondo desolado de los relatos de Cela, que, en el fondo, hace siempre la misma comida con distintas salsas, aunque eso sí, muy sabrosas.

Nota redactada en octubre de 1999.

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26 septiembre 2007

Crossovers


Al parecer, se llama crossover books a aquellos libros que tienen la pretensión de ser degustados por toda clase de público, o que consiguen efectivamente llegar a todas las edades. Hoy he comenzado el ya famoso Niño con el pijama de rayas, que me ha venido recomendado desde tres diversos ámbitos de mi diario vivir, y que tiene todo el aspecto de pertenecer a esa categoría.

Mientras ejercitaba las cervicales me he puesto el primer Greatest hits de Abba (1975 o por ahí). Creo que este grupo puede presumir de haber sido uno de los pocos crossovers de la música pop. Sin ir más lejos, recuerdo haber oído a mi abuela (q. e. p. d.), ya pasados los ochenta, un "qué bonita es esta canción", ante Chiquitita, mientras que un mi compañero de colegio, asiduo del Popular 1 y gran devoto de Deep Purple y otras brutalidades, disfrutaba con Fernando o Arrival. No recuerdo semejante proeza de ningún otro grupo.


25 septiembre 2007

La desolación del suicida potencial


Si quiero bien, si quiero el bien para el otro -para cada uno de todos-, uso rectamente de la libertad que Dios me ha dado. Si quiero mal, no la uso, y me repliego sobre el amor necesario que me tengo a mí mismo (es el "egoísmo racional" de la posmodernidad), me reduzco a cosa, pierdo mi dignidad personal. El amor benevolente es la vida misma del alma, la vida del espíritu. La pérdida de ese amor es la muerte, es lo que el Apocalipsis llama la "muerte segunda", cuando se hace definitiva. Ese estado de "muerte espiritual" se experimenta psíquicamente como vacío e inanidad, impotencia, carencia de sentido, aherrojamiento y desolación: la soledad inmensa de un yo insustancial, errabundo, relativo sin punto de referencia, como reduplicación disolutoria de la relatividad. Es aquel "mi vida no tiene sentido" del suicida potencial.


Carlos Cardona, Ética del quehacer educativo.

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18 septiembre 2007

Elogio de la pieza ausente


La vida es un puzzle; la novela es un puzzle. Dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí. De este modo parece Antoine Bello resolver la vieja cuestión en torno a la novela y la vida. Uno se pregunta, conforme lee los capítulos (piezas) de esta obra, si el desenlace será policíaco o no. Todo el material contiene la suficiente carga de burla para hacernos sospechar que no. Pero lo es, aunque pronto nos damos cuenta de que no es lo esencial la solución. Lo esencial es la metáfora, el puzzle como pretexto para caricaturizar la sociedad. Un mundo donde el puzzle de velocidad es el deporte rey y una narración que se toma eso en serio, con detalles propios de reportaje periodístico, no puede por menos de recordarnos los universos de Borges. Y borgiano es también el homenaje al relato policíaco, que se nos muestra con un desarrollo poco usual, a base de documentos escritos (actas, cartas, artículos periodísticos, un fragmento de tesis doctoral) que contienen en conjunto la solución del caso, o al menos eso se pretende. La novela se constituye así en puzzle, y el autor no descuida el detalle de disponerlos en desorden cronológico, para que la impresión quede más clara. Bello parece pertenecer a esa subespecie de novelistas burlones, que juegan con el lector como con un muñeco y, así, uno nunca sabe si realmente valdrá la pena tratar de retener nombres, datos y algunas páginas anodinas.

Nota redactada en julio del 2001

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13 septiembre 2007

Lecciones de ciudadanía

Hay una íntima contradicción en el enfado del gobierno por las movilizaciones contra su asignatura estrella. En realidad, la mejor prueba de que en España hay conciencia ciudadana está en esas movilizaciones. Un pueblo que dice sí, bwana a todo lo que disponen sus dirigentes carece de la virtud de la ciudadanía. Ser capaces de pensar por sí mismos y plantar cara a medidas que se estiman erróneas es, por el contrario, un testimonio de mayoría de edad. Reprimiendo la objeción de conciencia y amenazando a los disconformes, los socialistas demuestran que prefieren una masa moldeable a un pueblo soberano.

El Foro de la Familia está dispuesto a todo por la vía jurídica. Falta saber si las personas individuales están también dispuestas a sufrir incomodidades para mostrar a unos políticos indignos lo que es una sociedad libre. Ellos pensaban que nos habían enseñado lo que era democracia y participación ciudadana, pero al parecer somos nosotros quienes hemos de darles lecciones. Y no a bajo precio, porque el zapaterismo ha venido aquí a ganar la guerra civil a setenta años vista, y una vez más habrá que cantar, con distinta tonada, aquello de “no hay un hombre que se precie que no esté presto a morir”. Aunque ahora las balas lleven forma de expedientes.

El camino hacia Cuba, sí, se empieza a andar entrando en clase de Educación para la Ciudadanía. Y los objetores habrán de tenerlo claro, porque van soportar artillería pesada en forma de retórica tramposa. Tratarán de hacerles ver que son ellos los intolerantes, la minoría fanatizada que quisiera poner un burka a nuestra democracia, los teocon, como empiezan a decir por ahí con dudoso ingenio. Y no. El año pasado, en Madrid, al término de la impresionante marcha contra la LOE, una fea canción llamada Libertad sin ira sonó como cantada por ángeles. Habíamos cobrado una bandera que nos pertenecía. Y no la soltaremos.

(También en El Manifiesto)

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12 septiembre 2007

La Política (de Aristóteles)


El filósofo del "sentido común codificado", esa inmensa cabeza que surgió en la Grecia de Filipo, el cerebro humano puesto a funcionar a pleno rendimiento, no tenía talento literario, al menos a juzgar por esta obra, que es la única que conozco de primera mano, por el momento. Es penosísimo seguir sus razonamientos, es un estilo árido donde los haya. Y, por otra parte, sus consideraciones sobre el gobierno de la ciudad son hoy una curiosidad arqueológica, carentes de interés para el ciudadano de hoy día, si exceptuamos alguna aguda observación sobre puntos tangenciales; pero estas vienen contrapesadas por un volumen excesivo de pensamientos peregrinos, insostenibles de todo punto, sobre las mujeres, sobre los esclavos y otras cuestiones que ahora no recuerdo.

De resaltar algún hallazgo aún válido, señalaría esa definición de la tiranía como gobierno en interés propio, frente al gobierno recto, que es el que se ejerce con miras al bien común. Hoy podríamos añadir también otra modalidad de tiranía, que es aquella que se lleva a cabo con la vista puesta, no ya en el interés del gobernante, sino de la ideología. Los tiempos mudan las cosas, que decía Lope.

Sorprende también que un hombre de tan aguda intuición para todas las cosas, y en concreto para la moral, propugne el aborto cuando el número de hijos sea excesivo para la comunidad. Claro es que él consideraba que no había vida hasta que no se formaban ciertos tejidos. Y, en todo caso, nuestra época le aventaja en salvajismo.


Nota redactada en noviembre de 1999. Entre esa fecha y la que corre, alguien me dijo que las obras que conservamos de Aristóteles no se deben a su propio puño, sino a notas de sus discípulos. Si es así, me la envaino (pero en pequeñito, como los periódicos).

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11 septiembre 2007

El capitán Nemo


Nadie me ha dado un premio. A Nadie le gusta lo que publico. Y me alegro, porque Nadie piensa lo que dice, Nadie tiene amplias inquietudes, Nadie sabe expresarlas con agudeza y brillantez.


Nadie está aquí.

09 septiembre 2007

Salvajes


Es un niño deforme, robusto y feroz, en quien la llama de la inteligencia no arroja sino una luz pálida e intermitente... El salvaje corta el árbol para coger el fruto, desunce el buey que los misioneros acaban de entregarle, y lo guisa, sirviéndole de leña la madera del arado; desde hace más de tres siglos nos contempla sin haber querido tomar nada de nosotros, excepto la pólvora para matar a sus semejantes, y el aguardiente para matarse a sí mismo; no ha imaginado jamás el fabricar estas cosas; descansa en nuestra avaricia, que no le faltará jamás. Así como las sustancias más abyectas y violentas son, sin embargo, susceptibles de cierta degeneración, así también los vicios naturales de la humanidad están más arraigados en el salvaje. Es ladrón, es cruel, es desenvuelto de costumbres... Mientras que el hijo mata a su padre para eximirle de las molestias de la vejez, la mujer destruye en su propio seno el fruto de sus brutales amores para liberarse de las fatigas de la lactancia. Arranca los sangrientos cabellos de su enemigo vivo todavía; lo desgarra, lo asa y lo devora cantando; si llega a apoderarse de nuestras bebidas fuertes, bebe hasta la embriaguez, hasta la fiebre, hasta la muerte, privado igualmente de la razón, que le impone al hombre por el temor, y del instinto, que advierte al criminal por el disgusto.


Joseph de Maistre, Las veladas de San Petersburgo. (Subrayado mío, claro.)

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07 septiembre 2007

8 de septiembre


Fiestas patronales. Los orcos dominan la calle. Corretean, ensucian y, sobre todo, gritan. Envueltos en harapos y empujando carritos de supermercado, tratan a duras penas de divertirse.
8 de septiembre. Dejo la ventana y abro a Lope:


Canten hoy, pues nacéis vos,
los ángeles, gran Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

Canten hoy, pues a ver vienen
nacida su Reina bella,
que el fruto que esperan de ella
es por quien la gracia tienen.

Digan, Señora, de vos,
que habéis de ser su Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

Pues de aquí a catorce años,
que en buena hora cumpláis,
verán el bien que nos dais,
remedio de tantos daños.

Canten y digan, por vos,
que desde hoy tienen Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

Y nosotros, que esperamos
que llegue pronto Belén,
preparemos también,
el corazón y las manos.

Vete sembrando, Señora,
de paz nuestro corazón,
y ensayemos, desde ahora,
para cuando nazca Dios. Amén.

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Diálogos del conocimiento

Como cabía esperar, se trata de una obra tan desconcertante como las demás de Aleixandre, y con la misma tremenda belleza. En esta ocasión, don Vicente elige la forma dialogada para dar expresión a sus oscuras intuiciones. Por lo general alternan dos voces, diversas sólo para quien se ha parado a penetrar en esa selva que es el mundo poético aleixandrino. Son, como dice el editor, monodiálogos, pues no se dirigen la palabra el uno al otro, sino que realizan por turno eso que llaman función expresiva del lenguaje. La cosa se divide en capítulos, agrupados a su vez en partes, Aleixandre sabrá por qué. "Sonido de la guerra" reúne a el soldado y el brujo; "Los amantes viejos" a él y a ella; "La maja y la vieja" a estas; "El lazarilo y el mendigo" a estos, y así hasta completar catorce diálogos. El saber y el conocer (distintos en la poética aleixandrina) , la juventud y la vejez, el amor como conocimiento o como destrucción en el otro, la luz y la sombra, los elementos naturales más elementales (luna, fuego, mar, noche, ramas) son motivos que se entrecruzan con arcano simbolismo. Resurge aquí algún procedimiento poético del primer Aleixandre, como la o identificativa. La métrica es más regular que en los otros poemarios aleixandrinos y poco más soy capaz de decir sobre esta creación subyugante. Las profundidades, en la introducción de D. José Mas, que ha hecho un buen trabajo.

Nota redactada en agosto de 2005

Otras referencias a Aleixandre:

Sombra del paraíso
Nosotros
Ámbito

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06 septiembre 2007

Pensé, ocasional y torpemente desdeñoso,

que el sabio Catón tenía razón cuando afirmaba que era una debilidad enamorarse y que lo conveniente era tener una rápida aventura, gozarla al máximo, y huir totalmente de ella a la espera de otra.

-Pero yo -discrepé en voz alta- necesito amar, sentirme amor.

Stavros sonrió. Había seguido mi oculto pensamiento y comprendía mi voz. Casi no necesitaba hablar para que él supiera por dónde iba la imaginación.

-Sí -me dijo-, la persona necesita amar, no temer la inquietud del amor. Sin embargo, nos están poniendo tan fácil la libertad que vamos rehusando la cálida atadura de amar y dejarnos amar.


Antonio Prieto, Dolabella


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04 septiembre 2007

El aborto "a posteriori" de Arthur Miller


Había un libro escolar de los años 40 titulado Santos españoles, un conjunto de breves semblanzas con propósito edificante. En él se decía, a propósito de san Juan de la Cruz, que “los grandes poetas suelen ser también hombres muy buenos”. Y uno no podía por menos de sonreír al leerlo, alabando al autor la buena intención ya que no era imaginable tanta candidez. Rara vez han ido paralelas la santidad o simplemente la ejemplaridad humana con el genio literario. A lo sumo, hay que reconocer en los poetas una cierta tendencia a lo extremo, a compaginar actos heroicos con bajezas notorias.

Estos días hemos asistido a otra pillada en renuncio de un VIP de las letras: dicen los periódicos (no quiero acogerlo sin reservas, en atención al derecho al honor que a todos ampara) que Arthur Miller se deshizo de un hijo con síndrome de Down, internándolo en un centro asistencial y olvidándolo hasta el extremo de no mencionarlo en sus memorias. Escándalo: el comprometido, el fustigador del capitalismo, el defensor de los humildes... desatiende a sus compromisos más cercanos y acuciantes. Bueno, una vez más, sorprende que sorprenda. Nos hemos acostumbrado a otorgar a los intelectuales una autoridad moral que rara vez han merecido, pues, como bien sabemos, nada hay más fácil que comprometerse de palabra con colectivos, sobre todo si son colectivos alejados de la propia mansión. Otra cosa es asumir las propias cargas y estar a las duras en el matrimonio, ya que desposar a Marilyn Monroe entra de lleno en las maduras.

Además, supongamos que Arthur Miller hubiera decidido abortar a su hijo en lugar de arrinconarlo en vida: ¿no hubiera sido alabada esa actitud por el laicismo establecido, que niega en casi todas sus legislaciones el derecho a la vida del discapacitado mental? En realidad, no hizo sino abortarlo a posteriori. Para él fue lo mismo: vivió con un estorbo menos. Y encima le perdonó la vida al chaval. ¿Qué más quieren?
(También en El Manifiesto)

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02 septiembre 2007

La mirada de un niño


El niño es él, el propio Aguirre Bellver, y lo que mira es lo que Tarín Iglesias llamaba los años rojos, es decir, el estado de terror que padeció Madrid desde la victoria del Frente Popular. No desde que se sublevó Franco, porque la relación causa-efecto se invierte con frecuencia. Desde febrero de 1936, los frentepopulistas se entregaron con ahínco a implantar la democracia tal como ellos la concebían, o sea, como el poder omnímodo del pueblo, que eran ellos. Joaquín Aguirre andaba entonces por los diez años, vivía en Madrid con sus padres y sus cinco hermanos y sufrió el hambre y el miedo, atenuados por una edad en que todo se lleva mejor pero recordados por la fuerza con que esa misma edad fija las vivencias. "Novela memoria de la guerra civil" llama Aguirre a esta narración, y es imposible saber cuánto hay de cada una de esas cosas, memoria y novela, pues el autor ha renunciado a dar referencias y datos que apoyen cada suceso. No obstante, todo da una fuerte sensación de cosa vivida.

Sorprende la declaración inicial: "En las páginas siguientes no hay política". Pero es cierto. Podrá decirse que se seleccionan los hechos, que no hay rojos buenos ni nacionales malos..., pero nunca se vierte una opinión (atribuible al autor, quiero decir) que indique una toma de partido o una interpretación política. Son hechos, hechos crudos.


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30 agosto 2007

Bien, se nota que acaba agosto.

Acabo de regresar de este inmerecido descanso (las cosas como son) y ya tenemos materia abundante para el palique. Claro que Francisco Umbral podría haberla diñado otro día, como Pedro de Miguel, que tuvo a mal sobresaltarnos en la hamaca (uno siempre se pregunta por qué son los mejores los que..., en fin, dejémoslo). Pero ahí están Rosa Díez poniendo sus principios encima de la mesa, Fraga removiendo el agua como cada sazón... y el rayo que no cesa, la ETA, claro.

¿Qué digo de Umbral? Que era el mejor, en efecto, y que es una pena que siendo el mejor tuviera tan poco que decir. Que lean ustedes Mortal y rosa y corran un pudoroso velo sobre el resto. En aquel libro contó la pérdida de su esperanza con una prosa increíble y después invirtió su talento en jugar a ser dios, perdonando una vida en cada línea y logrando que se lo agradecieran. Pudo suscitar odios y temores reverenciales: la muerte viene a cambiar todo eso por algo que seguramente es lo último que él habría querido inspirar: compasión.

03 agosto 2007

Me voy


Nada tan anodino como la prensa en agosto. Hasta Luis del Pino tiene que tirar de sellos al revés para llevarse algo al blog. A veces me pregunto si no serán los periodistas quienes queman los bosques. Pero no quiero frivolizar: sé bien que los canarios hubieran preferido mil dejuanas y otros tantos sobresaltos a cuenta del origen del zapaterismo, antes que semejante prueba.

Pero en fin, esta aridez es un incentivo para largarse lejos, prescindir de la red una temporada y cambiar la blogosfera por medios más clásicos de contraste de pareceres, cual son la barra y la terraza. Vuelvo en septiembre.
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01 agosto 2007

Compañeros de paseo


Carmen de Zulueta es hija de un político republicano, don Luis, embajador de España en la Santa Sede en la época en que estalló la guerra civil. Ha escrito (quizá para dejar una constancia antes de su muerte) una serie de memorias de personajes a los que trató en su juventud, casi todos relacionados con el exilio. Está ausente, por lo general, el juicio político, y cuando lo hay es enteramente favorable. Comparecen en estas páginas Américo Castro, Fernando de los Ríos, los escritores del 98 y unas cuantas mujeres. Doña Carmen es una mujer culta y de mundo y lo que más llama la atención en su libro es este conjunto de figuras femeninas, enlazadas por una amistad que se reforzó con la experiencia de la expatriación: Laura de los Ríos, Mabel Marañón, Nieves de Madariaga, Victoria Kent, hijas la mayoría, como se ve, de ilustres personalidades de la República. Llaman la atención, digo, por su distancia tanto de la señora de derechas como de las tristemente famosas milicianas de la guerra civil, por poner dos ejemplos extremos. Si el estilo es el hombre, del modo de escribir de Carmen de Zulueta, elegante, contenido, podemos deducir, no sé hasta qué punto con justicia, el clima de aquellas tertulias, el tono de aquellas conversaciones entre unas mujeres que figuran entre lo más valioso que se perdió con la guerra.


Nota redactada en junio del 2001.

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31 julio 2007

Mi Bergman


Hay películas de Ingmar Bergman de las que no conservo huella: Fresas salvajes es una de ellas. Ahí sólo vi al cineasta pedante y pelmazo. Sonata de otoño es otra. Con Gritos y susurros, cómo no quedar marcado: salvo en C´est la vie (Jean-Pierre Améris, 2001), nunca había visto una agonía humana tan impresionante, sólo que en Bergman es más horrible por lo solitaria. El huevo de la serpiente contiene la secuencia de sexo explícito más repugnante que recuerdo, hecha así adrede, claro, con sensualidad cero y máxima deshumanización. Las secuencias de violencia tampoco son mancas y tienen la misma finalidad. El manantial de la doncella es desconcertante porque parece halagar la querencia del público a ver castigados a los malos; pero lo que más recuerda el profano es el aire mítico de la historia, muy nórdico, muy de balada. Los comulgantes permanece unida a la voz de mi padre advirtiéndonos (tiernos niños aún) sobre el carácter fuertecillo de "estas películas" (cuando la prota dijo algo así como "Dios no existe").

¿Y El séptimo sello? La vi por fin hace nada, unos años, y me pareció menos metafísica y menos críptica de lo que tenía oído. Son personajes contemporáneos, claro, disfrazados de medievales. El asunto era muy explícito: cómo librarse del terror a la muerte, que, según uno de ellos (el más volteriano) sólo servía para engordar a los curas. La pregunta quedaba en el aire pero la respuesta (y esto me resultó lo más llamativo) también: esa familia que aparece al principio y al final de la película, silenciosa y feliz. Ella tenía el secreto de la victoria.
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30 julio 2007

Nosotros


Mucho debió de ser el miedo a una inminente sociedad totalitaria, cuando tres novelistas (cuatro, porque olvido injustamente a Bradbury) urdieron tramas tan semejantes que puede decirse que cada uno no hizo sino añadir matices de su propia visión del asunto. Así que es bueno conocer al primero, que fue quien puso lo esencial: nos encontramos en una sociedad de números, tan perfectamente controlada por el poder central que nadie es capaz de pensar en una alteración del statu quo. ¿Nadie? Como la aldea de los irreductibles galos de Astérix, siempre surge alguien que se decide a pensar por su cuenta, y de aquí arranca propiamente la trama. Como Huxley, como Orwell, Yevgueni Zamiatin es pesimista, y su héroe, foco cancerígeno, es eliminado o curado, quiero decir reintegrado a la situación normal. El propio D-503, a quien los médicos diagnostican que "se le ha formado un alma", toma conciencia de estar enfermo, "enfermo de conciencia personal" (la ironía no es menos sangrienta que en Huxley) y acaba traicionando a su cómplice, I-330, de la que se había enamorado, pero este amor no es capaz (como lo fue en el Raskolnikov de Crimen y castigo) de hacerle pensar como un humano. El lavado de cerebro colectivo ha triunfado.


Y sin embargo (y este es uno de los matices originales que aporta Zamiatin) hay un modo de despersonalizarse que es el que nos hace auténticamente humanos y es justamente el amor. Cuando 503 abraza las piernas de 330 y se siente disolver en el universo, creemos reconocer algo del Aleixandre de La destrucción o el amor.

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Nota redactada en agosto del 2000.


28 julio 2007

Homófobo asqueroso


En Siberia se criaba una raza muy apreciada de vacas suizas... Los animales no estaban menos expuestos a las privaciones que los hombres, a causa de los largos recorridos y el insoportable apretujamiento. Este era el principal motivo de sus enfermedades. Pegadas una a otra, olvidaban, en su estupidez, cuál era su sexo y, mugiendo, montaban como toros una encima de otra, levantando fatigosamente las grandes y pesadas ubres. Las terneras así cubiertas levantaban la cola y, destrozando ramas y arbustos, se refugiaban en el bosque...


Borís Pasternak, El doctor Zhivago

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26 julio 2007

Por decoro

Hoy me llamo Fernando Ferrín.

Cartas a un joven novelista


Cuando uno se apasiona por un objeto, le da por destriparlo, intentando conocer su mecanismo, los secretos de todas y cada una de sus partes, aunque no esté enamorado de las partes, sino del conjunto. Es lo que le sucede a Vargas Llosa con la novela. La mayor parte de las cosas que dice en este libro las había dicho ya con anterioridad, pero no puede por menos de repetirlas, entusiasmado como está con esa modalidad de arte que llamamos novela. En todo caso, el libro es sumamente útil para los estudiantes de teoría literaria; podría servir incluso como manual de apoyo en Filología. Porque lo que hace don Mario es explicar con amenidad los procedimientos típicos del novelista, en lo que se refiere al punto de vista, el tiempo, el nivel de realidad... con su ya conocida terminología: la caja china, los vasos comunicantes... Uno de esos conceptos, sin embargo, me resultaba desconocido y me ha llamado la atención: el dato escondido. Se trata de un hecho que no se nos cuenta, pero que está ahí, en la trama, como dato fundamental. Y la consideración de este procedimiento le lleva a Vargas llosa a una teoría sugestiva: que la novela consiste no sólo en lo que dice, sino en lo que calla. Idea que lleva de la mano a esta otra: la pretensión stendhaliana de que la novela fuese "espejo de la realidad" es pura quimera. La realidad no se deja atrapar en los estrechos límites de una novela.

Nota redactada en julio de 1999.

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25 julio 2007

De género y tiempo


Expresiones como "han sido, son y serán" (que he leído esta mañana), usadas sin tacto, chillan como un energúmeno. ¿Por qué? Porque el presente se basta solo para indicar que lo que decimos vale para todos los tiempos. Es, como se dice en gramática, la forma no marcada en cuanto al tiempo. Es lo que sucede con el masculino con respecto al género: sólo cuando queremos enfatizar, o dar un matiz especial, debemos usar aquello de hermanos y hermanas.

Por eso, cuando alguien se empeña en prodigar los alumnos y alumnas, profesores y profesoras, padres y madres, se me ocurre que también serían capaces de decir, por ejemplo: "el agua se ha compuesto, se compone y se compondrá de hidrógeno y oxígeno".

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24 julio 2007

... la inmensa caridad del sacerdocio católico

ha transmitido muchas veces, al hablarnos de estos hombres, sus deseos en lugar de las realidades. Había demasiada verdad en el primer impulso de los europeos que se negaron, en el siglo de Colón, a reconocer por semejantes suyos a los hombres degradados que poblaban el Nuevo Mundo. Los sacerdotes emplearon toda su influencia en contrarrestar esa opinión, que fomentaba demasiado el bárbaro despotismo de los nuevos señores... En fin, Robertson, que no es sospechoso, nos advierte en su Historia de América "que debe desconfiarse sobre esta materia de todos los escritores que han pertenecido al clero, visto que son demasiado favorables a los indígenas".

Joseph de Maistre, Las veladas de San Petersburgo

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23 julio 2007

Literaturas europeas de vanguardia

Para el no iniciado (yo no acabo nunca de iniciarme) resulta sorprendente el ver cómo alguien puede orientarse en la selva vanguardista de principios del XX. Guillermo de Torre lo hacía con soltura, de modo que al parecer era capaz de distinguir lo que era un poema creacionista, uno dadá y uno futurista. Al menos podía historiar todos esos movimientos cuando (1925) aún se hallaban en su apogeo o hacía poco que declinaban.

El esfuerzo es meritorio, no cabe duda. Pero a esta obra hay que ir como quien busca un producto de la época, pues quien quiera saberlo todo de las vanguardias quedará decepcionado, sobre todo por la falta del surrealismo, en mantillas por entonces. Y, sin embargo, la antena de Guillermo de Torre ya captaba la sintonía del nuevo movimiento, y alcanza a dedicarle un apartado, bien que marginal. Sorprende también el escaso espacio dedicado al expresionismo alemán. En cambio, el ismo autóctono, el Ultra, junto con el Creacionismo, de gran arraigo también por aquí, son ampliamente tratados, lo cual es perfectamente legítimo siendo el autor español, claro.

Categoría de arte de vanguardia tiene para Guillermo de Torre el cine, y como tal lo trata en el último capítulo. Y sin embargo se diría que sólo ahora, con el videoarte, está siguiendo el arte de la imagen los derroteros que preveían los vanguardistas de entonces. Cosas que pasan.

Nota redactada en diciembre de 2006.

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22 julio 2007

De arte y provocación


Veo en el blog Compostela una cruz hecha con piezas de Lego (ya saben, el clásico juego de construcción para niños y grandes) en cuyo centro se atraviesa un camioncito del mismo material. La pieza, según nos explica el autor de la bitácora, forma parte de una exposición de arte contemporáneo en una iglesia de Viena.

La cosa no es para llevar al escultor ante los tribunales, ciertamente. Comparado con otras cosas que se han exhibido por ahí, resulta incluso ingenuo. Eso sí, uno se plantea el porqué de esa querencia de los artistas contemporáneos hacia la iconografía cristiana, casi siempre deformada. Es difícil pasearse por una exposición de arte actual y no toparse con algo así. Incluso, en uno de los centros educativos donde trabajé, entre la multitud de contribuciones a una muestra de trabajos plásticos, pudo verse una cruz en la que el chaval había pegado la foto de una joven de busto maternal. Con lo que se ve que la cosa ha trascendido del selecto círculo de los creadores.

Sin duda, el arte posee mil modos de expresar la inquietud metafísica. Si los personajes de François Mauriac buscaban a Dios entre gemidos, otros pueden hacerlo entre irreverencias y desplantes, y pienso en el cine de Ingmar Bergman o en las novelas de Carlos Rojas, por ejemplo. Pero incluso para eso hay que tener talento. Por lo general, estos bodrios de que venimos hablando sólo resisten la comparación con el peor Almodóvar o con el último y más decadente Antonio Gala, cuando no con los bufones que perpetraron el anuncio del Getafe. Se diría que han tomado en el sentido más grosero posible aquello de Kafka de que la literatura (el arte) consiste en dar en el cráneo. Pero siempre eligen las mismas cabezas.

Otro asunto es que el montaje en cuestión se exhiba en una iglesia. Sería fácil hacer mil comentarios de escasa caridad. Baste decir que el clero europeo lleva muchos años haciendo acuse de recibo de los peores cargos de su pasado y hoy tiende a pasarse por el extremo contrario, el de la tolerancia. Pero la purificación de la memoria ya está hecha. Es momento de recordar, sin perder la humildad, que en el balance de la Iglesia las luces superan infinitamente a las sombras.

(También el El Manifiesto)

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20 julio 2007

La mirada inocente

Novela biográfica, o novela de aprendizaje, si queremos utilizar un término más o menos técnico, es esta que Tusquets resucita para el público español. Es un momento en que el creador del comisario Maigret está siendo recuperado como novelista no sólo policíaco. En esta ocasión, Georges Simenon nos propone el punto de vista de un pintor expresionista que llega a serlo gracias a su extrema sensibilidad. Louis Cuchas crece en un entorno de gran sordidez, con una madre soltera que no sabe vivir sin un hombre a su lado, claro que siempre cambiante y por la noche, que durante el día se gana bien la vida. Sus hermanos lo son de padres diferentes y la intimidad (y por tanto, el pudor) en su modesta vivienda brilla por su ausencia. Con el tiempo, tanto el hermano mayor (Vladimir) como los gemelos (Olivier y Guy) se marcharán de casa y sobrevivirán de modos no siempre confesables. Louis contempla todo ello no con horror ni asco, como se atribuye a los pintores expresionistas, sino con esa inocencia que da título al libro y que no consiste tanto en ausencia de malicia como en la renuncia a emitir un dictamen moral. El Angelito (le petit saint, título original de la obra) es como llaman a Louis en la escuela, ya que nunca se defiende de las agresiones de sus compañeros y simplemente ve: ve a través de su inocencia, de su cinismo inconsciente, que luego se convertirá en infancia voluntaria.

Nota redactada en octubre del 2003

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