20 septiembre 2026

El corazón aventurero

Si lo hubiera titulado “El cerebro aventurero” me habría parecido más cercano al contenido. Porque lo que hace Jünger es poner a dar vueltas a la máquina cerebral para sacar punta de cualquier cosa que ve u oye, un poco como Ortega, pero sin la “cortesía del filósofo” que es la claridad, según ocurrencia del propio Ortega. La comparación más exacta, sin embargo, sería con las glosas de Eugenio d´Ors, a veces tan crípticas como las meditaciones de Jünger. Él lo llama “figuras y caprichos”. A veces se trata de meras reflexiones, otras de auténticas historias, con frecuencia tomando pie del comportamiento de animales y plantas, tema del gusto del autor. Le compro esto:

...donde las cosas han llegado al extremo y donde las fuerzas –por lo común profundamente reprimidas— se liberan y se oponen no a una determinada forma de orden, sino al orden en sí. En tales desórdenes, además de abrir las cárceles y las plazas fuertes, se llega también a incendiar las bibliotecas y colecciones, en las que la plebe ve el palladium de la civilización. La iconoclastia indiscriminada es siempre síntoma de que vacilan los fundamentos. En relación con ella obtenemos ciertas revelaciones que anuncian que la levadura comienza a espumar. El  culto al fuego es una de estas revelaciones, no como fuente de luz sino como poder incendiario, y a lo largo de la historia se presenta bajo formas diversas [...] síntoma infalible de ese estado es la noticia de que se han profanado tumbas y se han expuesto cadáveres en la plaza pública. Tales espectáculos no representan únicamente capriccios lóbregos en que se complace el desenfreno del espíritu, sino un pàroli, una triplicación de la apuesta lanzada a ese espíritu que se lo juega todo. Pues la condición humana se basa precisamente en el entierro de los muertos y quien comienza a bromear en ese aspecto ya no retrocederá ante nada.

España, 1936.

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17 septiembre 2026

Genitrix

[Voy a destripar el escaso argumento, eh] Fernand es un hombre sometido a una madre posesiva, casado con una mujer que muere al poco de sufrir un aborto y a la que, deducimos, su suegra no le ha dejado vivir en paz. Félicité, la madre, acaba también muriendo y Fernand queda un poco por haber de todo en la vida, atormentado por su complicidad, por omisión, en la ruina moral de su esposa y por el afán imposible de reparación. De este modo, su clamor final hacia la criada (el cuarto actor del drama), ¡Marie!, me gusta interpretarlo, como dicen los biblistas, por acomodación, como un clamor hacia Nuestra Señora, refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos.

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15 septiembre 2026

Tsk, tsk, don Benito...

Galdós reseña unas conferencias de Emilia Pardo-Bazán y alaba

el talento poderoso y el mágico estilo de la escritora y novelista que tan alto puesto ocupa en las letras españolas. En verdad es cosa que a todos maravilla que una mujer posea aptitudes tan relevantes en todos los órdenes.

En Carmen Bravo-Villasante.



13 septiembre 2026

El coche fúnebre a rayas

El arranque habitual: una mujer va a ver a Lew Archer con un asunto del que no parece querer dar todos los datos. En este caso, la mujer va a prevenirle sobre su marido, con quien Archer estaba citado una hora más tarde. El marido, un militar autoritario y algo neurótico, lo que quiere es que Archer investigue al tipo del que su hija se ha encaprichado y con el que piensa casarse. Pronto el detective descubre que sobre el tipo en cuestión, un pintor, recae la sospecha de haber asesinado a su anterior esposa...

Nada nuevo, afortunadamente. Como es habitual en Ross Macdonald, Archer va descubriendo pormenores cada vez más turbios en el pasado de los actores del drama a la vez que trata de ajustar las piezas de un rompecabezas que incluye objetos delatores, falsas identidades y sorpresivas relaciones de amor-odio, y nada estará resuelto, aunque lo parezca, hasta el último capítulo. Como tiene que ser.

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11 septiembre 2026

Todo lo que pueda tener

de contradictoria la figura de la Pardo Bazán, se explica muy fácilmente cuando se considera que su crítica negativa se asienta siempre sobre una raíz primitiva de afirmación. “Poda, pero no mata”, dice su lema. Así se comprenderá la antinomia de una condesa liberal, que ponía en solfa a la mala aristocracia, precisamente porque ella y otros lo eran buenos, y creía en una aristocracia selecta; de una católica que escribía a veces cuentos anticlericales de curas trabucaires, justo porque creía en la dignidad del sacerdocio y ella misma era dama de la Orden Tercera.

Si aún hoy para unos era atrevida y para otros reaccionaria, la explicación hay que buscarla en su valentía y sinceridad para criticar los defectos de sus propias creencias, y a la vez para aceptar los ataques.

En Carmen Bravo-Villasante, Vida y obra de Emilia Pardo-Bazán



 

04 septiembre 2026

Vida y obra de Emilia Pardo-Bazán

Una biografía con la amenidad de la mejor novela, lo que es de agradecer. Nos presenta a una Emilia Pardo-Bazán muy resolutiva, a la vez que con un victimismo que hoy nos resulta bastante familiar, aunque no siempre justificado: publicó lo que quiso, escandalizó cuanto le vino en gana y se murió pensando que no fue académica por ser mujer, lo que, cierto o no, consuela bastante. Es cierto que tuvo que tuvo que elegir entre su matrimonio y su vocación literaria, y eligió ésta: no se puede juzgar a nadie por no ser un héroe, sobre todo cuando el marido, apabullado por los prejuicios de sus amigotes, te viene con las ínfulas de “tú no escribes más”.

Carmen Bravo-Villasante analiza la obra de doña Emilia al hilo de su peripecia vital. Sus libros, sobre todo los primeros, levantaron la correspondiente polvareda en un momento en que el Naturalismo se identificaba con la depravación, bien que el suyo fuese un naturalismo “sólo en lo formal”. Pero el temperamento de nuestra autora, dado a la polémica, no sufría por ello. Lo que se hubieran reído sus enemigos si llegan a conocer sus cartas amorosas a Galdós, que su biógrafa nos transcribe aquí sin pudor. Lo digo no porque sean subidas de tono, que no lo son, sino, al contrario, por su insufrible cursilería. Lo que es capaz de hacer Eros con una mujerona de su talla...

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30 agosto 2026

Cantatas de mi mochila

Este libro fue compuesto a base de lo que dejó escrito Rafael García Serrano antes de morir y completado con fragmentos de otras obras suyas como el Diccionario para un macuto y de otros autores como Agustín de Foxá (el famoso capítulo sobre la composición del “Cara al sol”, en Madrid, de corte a cheka), amén de los homenajes tributados a don Rafael por colegas del periodismo. La idea del autor era hacer una antología comentada de las canciones que se escuchaban en los frentes desde los Tercios de Flandes para acá. La mayor parte se la lleva, por supuesto, la guerra civil española, seguida de las guerras carlistas. Las canciones ofrecen poco interés y lo que hace legible el libro son las glosas del autor: leer a García Serrano siempre merece la pena.

Pero es un libro mal editado, por falta de rigor en los epígrafes, en el que a veces no sabes a quién estás leyendo, si ha terminado la cita o no, si este texto es el mismo o es otro... Los editores dicen que querían concluir una proyectada tetralogía de autores navarros, de la que habían aparecido los tres primeros títulos en Ediciones Dyrsa (la editorial de El Alcázar). Éste que comentamos salió, al parecer, cuando esa editorial había desaparecido, y viene a nombre de “Ediciones Movierecord” (como los viejos anuncios de los cines). Ya digo, una chapuza salvada por los textos del autor de La fiel infantería.

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28 agosto 2026

La casa de los deseos

Borges reunió en un volumen de su Biblioteca de Babel cinco cuentos de Rudyard Kipling, que a su faceta de contador de aventuras unía esta otra de cuentista fantástico. Leyéndolos no es extraño que le gustaran a Borges. Lo cierto es que resultan bastante contemporáneos, en el sentido de que, lejos de darnos todo bien explicado, a lo XIX, el narrador deja que vayamos intuyendo e incluso nos deja de un aire en una primera lectura, de modo que tienes que volver atrás e incluso acudir a una fuente externa para comprender bien qué ha pasado allí. Es lo que me sucedió con “El jardinero”, por ejemplo. En todos ellos, lo fantástico aparece, como está mandado en este tipo de relatos, en medio de lo cotidiano, aunque lo cotidiano sea un convento medieval o, como sucede en varias de estas piezas, la guerra. Siendo Kipling masón (por cierto que la masonería aparece en uno de los cuentos, “La madonna de las trincheras”) no sería extraño que fuera espiritista: el elemento fantástico, en efecto, consiste la mayoría de las veces en la intervención de un espíritu, un muerto que interviene desde el más allá para acorrer a las debilidades humanas.

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26 agosto 2026

Historia de Mayta

Mario Vargas Llosa se puso a investigar sobre un revolucionario peruano de segunda fila y lo trasladó a la novela tomándose todas las licencias del mundo. Pero no se limitó a eso, qué vulgaridad, sino que lleva también a la novela sus propias pesquisas. En efecto, el narrador es el propio biógrafo (que tampoco se hace llamar Mario Vargas Llosa, claro) y la novela se articula en un contrapunto entre el presente de las investigaciones de éste y el pasado de las actividades subversivas de Mayta, a veces sin transición, vinculando dos conversaciones en diferentes tiempos, como haría un buen director de cine. El narrador deja claro a sus interlocutores que no quiere hacer una biografía sino una novela, cambiando lo que e él le parezca. Sus entrevistados (parientes, compinches y enemigos de Mayta) mantienen actitudes diversas ante el entrevistador pero siempre acaban mostrándose explícitos. Lo que sorprende es que sus versiones resultan con frecuencia contradictorias, e incluso el encuentro final con Mayta muestra una personalidad muy diversa de lo que se nos había permitido entrever. La novela, pues, es también un espejo de lo relativo de las opiniones humanas y del limitado crédito que nos ha de merecer una investigación basada en testimonios.

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05 agosto 2026

Orquídeas para la médium

Daniel se halla obsesionado con contactar con su difunta madre en el más allá, pues ella le aseguraba que tal cosa era posible y que ella recibía mensajes de su difunto marido. Acude a expertos, participa en sesiones de espiritismo, llega a oír la voz de su madre... Mientras tanto, se ha enamorado de la médium y se casa con ella...

La primera mitad de esta novela es casi un reportaje novelado, que nos lleva por el mundo del espiritismo al hilo de las indagaciones del protagonista, desde un punto de vista bastante favorable que no hay que olvidar que es el del personaje. Los últimos capítulos desarrollan una intriga bastante previsible. ¿Usted cree que a Daniel le están tomando el pelo?, pues eso.

El doble punto de vista (las confesiones directas del narrador y el relato que este escribe para el juicio de la posteridad) tampoco aporta gran cosa, me parece. La novela no llega al Otro árbol de Guernica ni de lejos.

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04 agosto 2026

Abarse

Sólo a mi padre he oído utilizar la voz ábate, para significar que aún había algo o alguien más digno de admiración (en el terreno que fuere) que aquello de que se trataba: “ábate el Antonio, ábate tu prima, ábate los del Aleti” (por ejemplo). Gracias a un diccionario aprendí que era el imperativo de un verbo defectivo, abarse, pero no miré la definición, que me debía de importar bastante poco. Lo encuentro en el Libro de buen amor, sin pronombre enclítico (“aba, aba”, estrofa 1188), y Julio Cejador me explica que vale por “quítate de ahí” y que funciona como “interjección que se dice en los peligros”.



02 agosto 2026

Cartas sobre la educación estética del hombre

Uno lee estas cartas y cree ver el origen tanto de la razón vital orteguiana como de la filosofía del hombre que trabaja y que juega de Eugenio d´Ors. En efecto, Schiller nos muestra al ser humano (y no es nada nuevo) como dividido en dos almas: la sensitiva, que él asocia con los instintos y con la materia, y la racional, vinculada, claro es, al juicio y a lo que él llama la forma. El hombre siempre estará oscilando entre estos dos polos hasta que domine uno sobre otro y su ser, por tanto, se vuelva incompleto, a no ser que... a no ser que medie una tercera alma, la estética, relacionada con el juego y la apariencia y que él llama a veces forma viva. Pero este sentido estético hay que educarlo. Es difícil, o es peligroso, pasar del alma sensible (que es primaria) al alma racional (que es secundaria en el tiempo) sin haber educado antes estéticamente al hombre. Esta forma viva (que participa tanto de lo racional como de lo sensible) es lo que recuerda inmediatamente a la razón vital de Ortega, concepto que él acuña también para salvar la antinomia (o lo que él entendía como antinomia) entre la vida y la razón. Por otra parte, si el juego es decisivo en esta configuración del ser humano, el cual no cabe duda de que es trabajador también por naturaleza, no es difícil acordarse de la obra fundamental, en lo filosófico, de Eugenio d´Ors.

Las primeras cartas vienen a ser una exposición de motivos donde, entre otras cosas, se justifica por no tratar directamente de cuestiones sociales, siendo así que los tiempos parecen exigirlo. De esta parte le compro esto:

...la más perfecta de las obras de arte, la construcción de una verdadera libertad política.

Esto es así porque “la libertad nace cuando el hombre está completamente formado” y “la belleza es la consumación de la humanidad”. Por tanto, nulla politica sine aesthetica”, podríamos decir.

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29 julio 2026

La novela de un literato, I

Este título me recuerda inmediatamente a las Memorias de un dictador de Ernesto Giménez Caballero: es lo que hubiera querido ser cada uno. Lo digo porque, aunque Cansinos estuvo en medio de la efervescencia literaria del primer tercio del XX, animando los movimientos de vanguardia, no dejó una obra o unas obras dignas de renombre. Tan sólo estas memorias son citadas últimamente como un producto ameno y de gran interés para el conocimiento de aquella movida, como diríamos hoy, movida modernista-bohemia-vanguardista.

Este primer tomo abarca hasta el comienzo de la Primera guerra mundial. Al hilo
de su vida, Cansinos nos presenta una serie de personajes de la bohemia madrileña (poetas, periodistas, editores) a cuál más frívolo y petulante. Tan sólo los grandes (Juan Ramón, los Machado), retratados con respeto, nos libran de ver en aquel ambiente una charca de vanidades. No sé si el autor había leído mucho a Clarín, pero es quien se me viene a la mente al leer estos retratos inmisericordes. No es extraño que todos ellos hayan caído en el más justo de los olvidos. Cansinos es, en efecto, un gran retratista, y su narración es, sí, amena e incluso divertida. Probablemente le faltaron temas que llevarse a la pluma, pues (al menos en la prosa) parece que no supo salir de la crónica del mundillo en el que no tuvo más remedio que moverse si quería ser lo que nos dice en el título.

En esta novela de un literato vemos de primera mano el surgimiento del modernismo literario y su enfrentamiento con la incomprensión de los viejos, que no eran carcas desde el punto de vista político, sino republicanos y masones, como los redactores de El motín, donde hace Cansinos sus primeras armas. Pero esta incomprensión no los arredraba sino que recogían con gusto esa bandera de rebeldía que se les ofrecía. Nuestro autor hubiera querido vivir de la pluma pero al final no tuvo más remedio que acogerse al periodismo, y es en la redacción de La correspondencia española (“La Corres”) donde transcurren la mayor parte de las peripecias de la novela, junto al salón de Colombine (Carmen de Burgos), sede de la frivolidad intelectualoide de Madrid, y otros lugares de dudoso vivir por donde Cansinos pasea su mirada crítica, mostrándose (para eso es el autor) como lo más sensato que pasaba por allí.

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25 julio 2026

Agnóstico

Una de las críticas más mordaces del agnosticismo la realiza, sorprendentemente, Ortega y Gasset en el artículo “Dios a la vista”, incluido en El espectador, VI:


Es, por lo pronto, gracioso el sentido negativo del vocablo. Equivale a llamarse No-Pedro o No-Juan. Y, en efecto, agnóstico significa “el que no quiere saber ciertas cosas”. Se trata, por lo visto, de un alma que antepone a todo la cautela y la prudencia: al emprender, el evitar; al acertar, el no errar. Y el caso es que las cosas cuya ignorancia complace al agnóstico no son cualesquiera, sino precisamente las cosas ultimas y primeras; es decir, las decisivas.

Hoy empieza ya a sernos difícil revivir parejo estado de espíritu. Porque la actitud del agnóstico no consiste en proclamar la realidad inmediata y “positiva” como la única existente –cosa que no tendría sentido–, sino, al contrario: reconocer que la realidad inmediata no es la realidad completa; que más allá de lo visible tiene que haber algo, pero de condición tal, que no puede reducirse a experiencia. En vista de ello, vuelve la espalda al ultramundo y se desentiende de él.

La consecuencia de ello es que el paisaje agnóstico no tiene últimos términos. Todo en él es primer plano, con lo cual falta a la ley elemental de la perspectiva. Es un paisaje de miope y un panorama mutilado. Se elimina todo lo primario y decisivo. La atención se fija exclusivamente en lo secundario y flotante.

Se renuncia con laudables pretextos de cordura a descubrir el secreto de las últimas cosas, de las cosas “fundamentales”, y se mantiene la mirada fija exclusivamente en “este mundo”. Porque “este mundo” es lo que queda del universo cuando le hemos extirpado todo lo fundamental; por tanto, un mundo sin fundamento, sin asiento, ni cimiento, islote que flota a la deriva sobre un misterioso elemento.



 

22 julio 2026

Primer Hipias

De esta obra platónica me voy a quedar con la filigrana esa de introducir un diálogo dentro del diálogo: en efecto, pues, al inicio de la conversación con Hipias, Sócrates le relata su previo coloquio con Eudico, discípulo de aquél, también en forma dialógica.

El diálogo principal, por así decir, es una refutación de ciertos errores acerca de la belleza (¿ha de tomarse a la mujer por referente?, ¿hay que identificarlo con la vida buena?, ¿tal vez con el oro?), pero acaba sin una respuesta concreta por parte de Sócrates. La belleza, ese misterio...

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19 julio 2026

La perla

No es Al este del Edén, pero es una gran novelita, que reúne dos temas eternos: el hombre que resiste a brazo partido contra la adversidad (como en El viejo y el mar o El coronel no tiene quién le escriba) y el objeto que te absorbe y pugna por llevarte a la perdición, como el tolkieniano anillo de poder. Feliz por haber hallado aquella perla que le serviría para pagar los servicios de un médico para su hijo moribundo, Kino ve atado su destino a ese objeto precioso que puede, en efecto, sacarle para siempre de la pobreza pero que es codiciado por mucha gente a la que no le importaría matar por poseerlo. Una mala venta podría proporcionarle una vida más que digna; sin embargo, ese comprensible sentido de la justicia que le lleva a no aceptar semejante trato hace que Kino se vea abocado a ser la víctima de una despiadada caza del hombre. La partida quedará en tablas, cuando la pérdida de lo más querido (el hijo) le convenza al fin de destruir la perla. Muy bien, como siempre, Steinbeck en la narración y en la descripción de ambientes.

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17 julio 2026

Un camino inesperado

Como sabe todo tolkieniano, el autor de El señor de los anillos no quiso que su obra se leyera como una alegoría. Diego Blanco Albarova acepta el envite y nos propone nada menos que “desvelar la parábola” latente en la obra: una interpretación en clave cristiana por supuesto, porque eso sí que lo dijo Tolkien, que se trataba de una obra religiosa y católica. La empresa de Frodo y sus socios sería una paráfrasis de la vida del cristiano, de la lucha por la santidad y contra el pecado. Frodo no es un héroe, sino un mortal común a quien en un momento dado se le encomienda una misión que, desde luego, supera ampliamente sus capacidades y sus disposiciones. Todo saldrá bien, sin embargo, mientras sea dócil a Jesucristo (Aragorn) y al Papa (Gandalf). La custodia del anillo no supone sino mantener a raya el fomes peccati (Blanco no utiliza esta expresión, pero se deduce) hasta hacerlo morir llegado el momento, dejando con un palmo de narices al enemigo (Sauron) y a sus secuaces (Saruman, jinetes negros, orcos...). Y así, Blanco hace partícipes de su interpretación alegórica a los principales personajes y elementos de la obra (Gimli, los judíos; elfos, la vieja cristiandad; Galadriel, María; Tom Bombadil, el monje...). Todo sorprende a los que no somos muy devotos de la saga, y en particular me encantó (ya no recordaba bien el final) el modo de acabar con el anillo: no merced a los esfuerzos de Frodo, pues en el momento culminante el hobbit está a punto de sucumbir, sino a través de un fallo de otro ente hostil como es Gollum; lo cual, aparte de darle a la historia una emoción muy hollywoodiana, muestra a la providencia divina actuando a través del mal, convirtiéndolo en bien y cortando de raíz todo posible engreimiento del héroe (o del santo).

El libro sirve, también, para recordar los episodios principales de una historia que algunos leímos a marchas forzadas, como la propia comunidad del anillo.

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13 julio 2026

Cuanto sé de mí

Me refiero, no a la compilación que publicó Hierro con el mismo título, sino al volumen así titulado aparecido en 1957. Comienza muy juanramonianamente, sugiriendo como su oficio el nombrar las cosas para poseerlas, aunque él insiste en lo perecedero de las cosas frente al anhelo de eternidad del de Moguer. Maneja bien los metros tradicionales y llama la atención su maestría con el eneasílabo, esa rareza. Divide su libro en cuatro partes encabezadas por versos de La vida es sueño, lo que debería ser una pista para el contenido de sus poemas, supongo. De ese contenido no puedo hablar más que de “Requiem”, quizá la más famosa de las piezas aquí contenidas, y lo digo porque lo he visto reproducido en otro sitio, ahora no recuerdo dónde. Creo que lo relacionaban con la poesía social. En todo caso, es un poema más existencial que otra cosa, el enésimo planto sobre el sinsentido de la muerte, partiendo de la de un ciudadano español fallecido en accidente en New Jersey.

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10 julio 2026

Dictaduras y democracias

En ¡Viva Franco! (con perdón), Fernando Vizcaíno Casas reproduce las palabras de Antonio Reol, ex fiscal del Tribunal Supremo, en ABC de 12 de mayo de 1978, en las que recuerda, entre otras cosas, que durante el régimen de Franco tuvo lugar el “hecho insólito en la Historia de España” del proceso a unos ministros.

Hoy, en democracia, el partido del gobierno reacciona ante el mismo hecho como un adolescente que dice que el profesor (los jueces) le tiene manía y le denuncia por ello (al profesor, o sea a los jueces). Pero la cosa viene de antiguo:

¿Es que, además de la moderación, estamos perdiendo el sentido de las proporciones, si no lo hemos perdido ya irremisiblemente? ¿Ha visto usted a lo que ha dado lugar la absolución de la duquesa de Franco? Un partido, con ciento y pico, mucho pico, de diputados, aquél al que los votos han hecho el segundo del país, el partido al que el sistema político le ha otorgado el papel de pieza de recambio en el procedimiento de turno a que pretendemos someter nuestro devenir, el partido que representa el contraseguro de nuestra democracia, lanzado a denunciar una sentencia judicial y a pretender que el Parlamento la desvirtúe o contradiga, ¿puede haber nada más descabellado? ¿Pero esto qué es, señor Director, una democracia constitucional o una convención? ¿No se da cuenta el Partido Socialista Obrero Español de la incongruencia entre su enorme poder como el segundo partido de España que puede ser mañana el primero, y su empresa contra una sentencia judicial?

Era Augusto Assía en La Vanguardia, 15-V-80, citado en el mismo libro. Muy atinado lo de Convención, por cierto. Es a lo que vamos, ahora mismo.



 

05 julio 2026

¡Viva Franco! (con perdón)

Hacia 1980 había llegado ya a altas cotas esa propaganda antifranquista que cuarenta y seis años después no ha remitido y que es la principal arma con que la deleznable casta que se alzó al poder con pretexto de democracia ha tratado de ocultar su propia endeblez humana y política. Esa casta le daba hechos sus éxitos editoriales a Vizcaíno Casas, que no tenía más que poner negro sobre blanco lo que todos habíamos experimentado, es decir, el próspero balance de lo que llamaban la dictadura y la escasa altura de quienes estaban pilotando el cambio de rumbo.

Este ¡Viva Franco! (con perdón) consta de dos partes: una apología del régimen de Franco y una colección de meteduras de pata, casos de corrupción, despilfarros, salidas de tono y estupideces varias protagonizadas por los demócratas. Podría aducirse que muchas de éstas podrían encontrarse, al menos parecidas, en la etapa anterior, pero el objetivo claro es mostrar la verdadera dimensión de quienes pretendían (siguen pretendiendo) lucir un aura de auténticos libertadores.

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