20 septiembre 2026

El corazón aventurero

Si lo hubiera titulado “El cerebro aventurero” me habría parecido más cercano al contenido. Porque lo que hace Jünger es poner a dar vueltas a la máquina cerebral para sacar punta de cualquier cosa que ve u oye, un poco como Ortega, pero sin la “cortesía del filósofo” que es la claridad, según ocurrencia del propio Ortega. La comparación más exacta, sin embargo, sería con las glosas de Eugenio d´Ors, a veces tan crípticas como las meditaciones de Jünger. Él lo llama “figuras y caprichos”. A veces se trata de meras reflexiones, otras de auténticas historias, con frecuencia tomando pie del comportamiento de animales y plantas, tema del gusto del autor. Le compro esto:

...donde las cosas han llegado al extremo y donde las fuerzas –por lo común profundamente reprimidas— se liberan y se oponen no a una determinada forma de orden, sino al orden en sí. En tales desórdenes, además de abrir las cárceles y las plazas fuertes, se llega también a incendiar las bibliotecas y colecciones, en las que la plebe ve el palladium de la civilización. La iconoclastia indiscriminada es siempre síntoma de que vacilan los fundamentos. En relación con ella obtenemos ciertas revelaciones que anuncian que la levadura comienza a espumar. El  culto al fuego es una de estas revelaciones, no como fuente de luz sino como poder incendiario, y a lo largo de la historia se presenta bajo formas diversas [...] síntoma infalible de ese estado es la noticia de que se han profanado tumbas y se han expuesto cadáveres en la plaza pública. Tales espectáculos no representan únicamente capriccios lóbregos en que se complace el desenfreno del espíritu, sino un pàroli, una triplicación de la apuesta lanzada a ese espíritu que se lo juega todo. Pues la condición humana se basa precisamente en el entierro de los muertos y quien comienza a bromear en ese aspecto ya no retrocederá ante nada.

España, 1936.

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