01 abril 2026

El gatopardo

La frase más famosa de El gatopardo es la que dice Tancredi en el primer capítulo, en conversación con el príncipe Salina: “... si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”. Pero el escepticismo de fondo de esta novela va más allá aún. Los capítulos finales son de una negrura que ya se atisba en los precedentes, pero que tiene aquí su precipitado final. Ni el viejo orden ni la revolución merecen que se invierta algún esfuerzo vital. Si solo esperamos en esta vida, somos los más desgraciados de los hombres todos. Solo queda la esperanza individual en el más allá, representada por la confesión y absolución final del príncipe, que tiene mucho de convención también, sí, pero que recibe como quien se retira por fin al descanso. Qué se hizo de la belleza, de la lozanía, de los amores, aquellos valses, aquellas bravatas entre compañeros de armas. Todo lanzado por la ventana como el perro Bendicò, disecado, al final del drama. En ese sentido, Lampedusa fue mucho más lúcido que sus contemporáneos aún seducidos por la ilusión marxista, y no es extraño que la novela inspirara rechazo en los editores más notables del momento, como lo inspiró Rebelión en la granja, por ejemplo. Hoy miramos con más objetividad y podemos apreciar este primer y casi único fruto de un artista cuya temprana muerte lamentamos.

__

27 marzo 2026

Epistolario español

Jaime Ferreiro Alemparte reúne las cartas que escribió Rilke desde Toledo y Ronda, alguna desde Sevilla y alguna desde Madrid. Toledo fue, según nos explica el editor, como una revelación largamente buscada y sentida, y un punto de partida para su obra posterior. La ciudad malagueña, cuyo pintoresco emplazamiento no deja de suscitar tampoco en el poeta praguense profundas consideraciones de orden metafísico, viene a completar de modo satisfactorio la experiencia toledana. Sevilla, en cambio, como no deja de hacer notar, fue una gran decepción.

Dejo algunas de las impresiones que Toledo produce en Rilke. Ni que decir tiene que a todos nos gustaría poder reproducirlas en nuestras visitas a la ciudad imperial.

 

Si usted se imagina una cosa visible al mismo tiempo a los vivos, a los muertos y a los ángeles, es esta. Créame.

...una ciudad que es para mí de una importancia sencillamente indescriptible, algo así como si todo mi interior la hubiera presentido y esperado hace muchos años. La tierra se me ha hecho más grandiosa en muchos sentidos desde que sé que existe tal ciudad.

Es maravilloso pensar que una ciudad tan incomparable como Toledo me resulta tan afín, porque en modo alguno se resuelve en lo humano, sino que, situada a la manera de un astro […], se alza a través de todas las dimensiones de lo visible como una aparición que va desde la mirada del animal hasta la contemplación del ángel.

…no, no es posible salir de esta ciudad, a no ser derechamente al cielo en una huracanada Asunción.

__

 

 

23 marzo 2026

Puedo contar contigo

De la abundante correspondencia que mantuvieron Carmen Laforet y Ramón J. Sender tenemos aquí más muestras de lo escrito por el segundo que por la primera. Es un caso raro de amistad por correspondencia: surgió cuando Sender escribió a doña Carmen para felicitarla por Nada, y el intercambio epistolar no se detuvo hasta prácticamente el final de la vida de don Ramón. Para este llegó a tratarse de un auténtico amor platónico, como lo apreciamos por el tono de sus misivas. Pero en ella había también un real aprecio personal y literario. Puede haber mucho de cumplido en los elogios que ambos se tributan, pero estos llegan hasta el punto de estimarse mutuamente como el mejor novelista español vivo. Sender no hace sino aguijar a la autora de Nada para que escriba, pues ya sabemos lo difícil que le resultaba a ella culminar cada obra, mientras que don Ramón era toda una factoría de novelas. Carmen Laforet llegó a escribirle el prólogo a una (la Aventura equinoccial…)

De la literatura de otros apenas hablan, y eso es de lo más frustrante que tiene este libro. Surgen otros temas: Sender trata en varias ocasiones de hacer que ella se declare políticamente, y ella no deja de insistir en que política, cero. Él aprecia la fe religiosa de su corresponsal y él, como con cierto complejo, se dice “religioso a su manera” (esta contradicción no debía de estar entonces tan vulgarizada, de otro modo dudo que un tipo como él la hubiera utilizado). La añoranza de España, por otro lado, se hacía en él cada vez más apremiante, y en contraste no dejan de resultar molestas las apreciaciones negativas de ella hacia su propio país. En fin, “y si habla mal de España…”

__

21 marzo 2026

Más testigos que teólogos

…las personas de esa organización [el Opus Dei] que traté son las más dignas de estimación y respeto que he conocido en mi vida. Liberales, tolerantes, generosos, sabios, discretos. Yo discutí con ellos sobre religión y me escucharon con interés, aunque yo debía parecerles obviamente un endemoniado. No me cabe la menor duda de que, al margen de partidos y tendencias, y de rótulos y banderas, son la mejor gente de España.

Ramón J. Sender, carta a Carmen Laforet, 9 de diciembre de 1975 (recogida en Puedo contar contigo)

Era la primera visita de Sender a España desde 1939. La observación es doblemente interesante porque en una carta muy anterior había emitido otra opinión sobre el Opus Dei, obviamente lastrada por el prejuicio. No hay como tomar contacto con la realidad.



 

 

 

19 marzo 2026

Cuentos de humor y de horror

Son breves piezas en las que predomina el humor sobre el horror, que, cuando existe, se concreta en la narración de sucesos macabros y violentos como si se tratase de narrar una comida familiar: es decir, humor negro, más que horror. Un humor británico a carta cabal, donde cada diálogo se recubre de una exquisitez de té con pastas, con circunloquios que disimulan la tirantez, la agresividad o el desgarro.

Me gustaría que la cocinera aprendiera a preparar el curry o que tuviera el buen tino de no intentarlo.

La señora Momeby apretó contra sí al Erik genuino, como si temiera que su terrible vecina, por resentimiento, pudiera transformarlo en un acuario de peces dorados.

Lo que más se asemejaba a su ideal de un sedante nervioso era un music-hall atestado donde una ruidosa orquesta brindara una interpretación exuberante de 1812 [después de asistir a una serie de sucesos alucinantes en una granja].

…en cierta ocasión se había comido cuatro manzanas verdes en el jardín botánico, de modo que se le atribuía en general un ingenio bastante áspero. Las malas lenguas murmuraban que dormía en una hamaca y que entendía los poemas de Yeats, pero su familia negaba ambas acusaciones.

Y así. La lectura resulta deliciosa, aunque algunos finales te dejen de un aire, hasta que los pillas. Pasa a veces con los chistes.  

__

 

16 marzo 2026

La transición de cristal

No se habla del cristal en parte alguna de este libro, salvo en el título. Cabe deducir que dicha transición estuvo amenazada siempre de destrucción, que era sumamente frágil, opinión en la cual, desde luego, Pío Moa no está solo. Se trata de una crónica de los hechos, más que de un análisis politológico. No está ausente, sin embargo, la opinión. Moa nos habla de tres diseños para la transición: el de Manuel Fraga, el de TorcuatoFernández Miranda y el de Adolfo Suárez. Este último, en rigor, no fue sino una enmienda al segundo, ya que Suárez fue un instrumento de Fernández Miranda que le salió díscolo. El autor se muestra partidario del diseño de Torcuato (así suele conocérsele). En efecto, éste suponía (de la ley a la ley) la legitimación histórica del franquismo, ya que de una ley fundamental del régimen salió la ley para la reforma política aprobada en 1976. Suárez, en cambio, se empeñó en conceder la legitimidad a las izquierdas, con la palabra y con los hechos, y así hemos podido llegar a donde hoy estamos. El plan Fraga, por su parte, le parece al autor que prolongaba demasiado las viejas instituciones.

Un dato que me llama la atención (ya no recordaba, si alguna vez me interesó, el juego de alianzas en la vida parlamentaria de aquellos años) es que UCD, capitaneada por Suárez, se negara en redondo a pactar con Alianza Popular, siempre con el objetivo de captar votos en la izquierda y con la desdichada idea aquella de que “ustedes (la izquierda) tienen la legitimidad”. Me recuerda, claro, los asquitos del PP hacia Vox. Si me hicieran la manida pregunta vargasllosiana, ¿en qué momento se jostidió España?, probablemente contestara que en el momento en que a Suárez se le ocurrió aquella enormidad.

__

10 marzo 2026

Tenía un talento especial para la propaganda,

 pero de un tipo especial. Porque Willi Münzenberg fue el primer gran maestro de dos clases bastante novedosas de espionaje, de importancia decisiva en este siglo y muy útiles para los soviéticos: la operación secreta de propaganda y el simpatizante secretamente manipulado. Su objetivo era crear en el Occidente bienpensante y no comunista el prejuicio político predominante en la época: la creencia de que cualquier opinión que pudiera servir a la política exterior de la Unión Soviética provenía de los elementos más esenciales de la decencia humana. Quería esparcir la sensación, como una ley de la naturaleza, de que criticar en serio o desafiar la política soviética era prueba inequívoca de ser una mala persona, intolerante y posiblemente inculto, mientras que apoyarla era prueba infalible de poseer un espíritu progresista, comprometido con todo lo que era mejor para la humanidad, sin duda marcado por una sensibilidad refinada y profunda.

El fin de la inocencia, capítulo 1 (“Mintiendo por la verdad”). Subrayado mío.



09 marzo 2026

¿Debió morir Jesús?

 Cuestión teológica debatida donde las haya. D. Stephen Long cita a Gerhard Lohfink:

El plan de Dios no era que Jesús muriera. ¿cómo podía Dios querer la muerte de Jesús? Lo que Dios quiere es la nueva sociedad, el Israel escatológico. Pero, porque Jesús permanece fiel a ese plan divino, morirá, porque los hombres no quieren lo que Dios quiere. La muerte de Jesús en la cruz era inevitable.


(La bondad de Dios, p. 301)

07 marzo 2026

Carta colectiva

 En Así empezó, José Ignacio Escobar transcribe algunos párrafos de la Carta colectiva de los obispos españoles con motivo de la guerra civil, que me parecen del mayor interés.


 Fue cruelísima la revolución. Las formas de asesinato revistieron caracteres de barbarie horrenda. En su número, se calcula en más de 300 000 los seglares que han sucumbido asesinados sólo por sus ideas políticas y especialmente religiosas; en Madrid, y en los tres meses primeros, fueron asesinados más de 22 000. Apenas hay pueblo en que no se haya eliminado a sus hijos más conspicuos, sin acusación, las más de las veces sin juicio. A muchos se les han amputado los miembros o se les ha mutilado espantosamente antes de matarlos; se les han vaciado los ojos, cortado la lengua, abierto en canal, quemado o enterrados vivos, matado a hachazos. Algunas formas de martirio suponen la subversión o supresión del sentido de humanidad.

La crueldad máxima se ha ejercido con los Ministros de Dios. Se les cazó con perros; fueron buscados con afán en todo escondrijo. Se les mató sin juicio, las más de las veces sobre la marcha, sin más razón que su oficio social.

La revolución fue inhumana. No se ha respetado el pudor de la mujer, ni aun la consagrada a Dios por sus votos. Se han profanado las tumbas y cementerios. Se han abierto centenares de sepulcros para despojar a los cadáveres de sus dientes o de sus sortijas.

La revolución fue bárbara en cuanto intentó aniquilar la obra de civilización de siglos. Destruyó millares de obras de arte, muchas de ellas de fama universal. Saqueó e incendió los archivos. Quedan centenares de telas pictóricas acuchilladas, de esculturas mutiladas, de maravillas arquitectónicas para siempre deshechas. Un caudal de arte, sobre todo religioso, ha sido estúpidamente destrozado. Ninguna guerra, ninguna invasión bárbara, ninguna conmoción social en ningún siglo ha causado en España ruinas semejantes, juntándose para ello factores de que no se dispuso en ningún tiempo: una organización puesta al servicio de un terrible propósito de aniquilamiento, y los modernos medios de destrucción, al alcance de toda mano criminal.

Conculcó la revolución los más elementales principios del derecho de gentes. En forma inhumana, centenares de presos fueron asesinados, atados e irrigados con el chorro de balas de las ametralladoras.

Contamos los mártires por millares; su testimonio es una esperanza para nuestra pobre Patria; pero casi no hallaríamos en el Martirologio romano una forma de martirio no usada por el marxismo sin exceptuar la crucifixión; y, en cambio, hay formas nuevas de tormento que han consentido las técnicas y máquinas modernas.




 

 

 

 

 

02 marzo 2026

Narciso y Goldmundo

No conozco mucho de la espiritualidad oriental y en concreto eso del yin y el yang, pero esta novela de Hermann Hesse parece la mejor ilustración de esa idea: tenemos dos personajes, uno asceta, racional, aventajado cultivador de las ciencias y de la madre de todas, la Teología; y otro sensual, errabundo, hipersensible, con imperiosa vocación de artista. Narciso y Goldmundo: ambos se profesan una amistad rayana en lo erótico, se necesitan de algún modo el uno al otro, pero desde la absoluta complementariedad. Ninguno es el bueno o el malo, sino que las dos figuras, la ciencia y el arte, pero también los estilos de vida anejos a ellas según esta fábula, pueden ser camino hacia Dios, signifique esto lo que signifique en esta fantasía seudomedieval, ya que lo cristiano, si bien está presente, queda como parte del decorado y la espiritualidad que está realmente al fondo es de tipo inmanente, con una deidad femenina, la ansiada Eva-Madre de Goldmundo, principio y fin del cosmos (en la que "conviven todas las grandes, irreductibles oposiciones del mundo"), a la que uno vuelve a la hora de la muerte. Hermann Hesse podría ser el padre de todas las new ages que hoy día son.

Goldmundo es el personaje que lleva casi todo el paso de la obra: desde que sale del monasterio de Mariabronn, donde le internó su padre y donde conoce a Narciso, asistimos a una especie de novela picaresca despojada de humor negro e impregnada de naturalismo romántico: el joven Goldmundo recorre los bosques y aldeas en un afán de desvelar el misterio de la vida y expresarlo como artista, guiado por la evocación de una madre que no conoció y que identifica con la madre del universo. Perfecciona su arte con un buen maestro; conoce el placer venéreo (y en este aspecto, todo hay que decirlo, es donde más chirría la novela: las aldeanas se le entregan como lo harían sus propias bestias a los machos; cosa a todas luces inverosímil en el contexto en que se sitúa la obra y por más que se vista de ternura y delicadeza); conoce la intemperie, el frío, el hambre, la cárcel, mata en defensa propia. Pero todo eso, insisto, es, para él y para el cronista de su peripecia, no males morales o males físicos sino la misma vida que hay que experimentar para ser en plenitud, y con esta convicción acaba muriendo Goldmundo a pesar de algún arrepentimiento que más es pena por quien tuvo que matar, y de una confesión general que más es abrir el corazón al amigo del alma. Una avanzadilla, como vemos, de muchas cosas que han venido después a asentarse en amplias zonas de nuestra agonizante civilización.

01 marzo 2026

De qué me suena

Sin la agresión comunista las cosas se hubieran planteado de muy distinta manera. Pero la agresión comunista era un hecho. La voluntad de resistirla no era debida a un espíritu intolerante, sino a un natural deseo de seguir viviendo. […] También es falso que el aumento de la tensión entre los dos bandos españoles tuviera por causa un miedo reciproco. Dos de los puntos del programa comunista, el exterminio de los llamados enemigos de clase –por el solo hecho del nacimiento o de la cultura adquirida—y la implantación de un régimen general de terror, incluso sobre los propios adeptos, no dejaba de ser razonable que provocara un cierto temor en las presuntas víctimas. Pero no había nada semejante en ningún programa anticomunista. Ni siquiera la palabra “anticomunismo” gozaba de general aceptación, a diferencia de lo que sucedía con la de “antifascismo” convertida en consigna suprema, no ya del comunismo en general, sino de sus compañeros de viaje, para arrojarla indistintamente sobre todos los adversarios, incluidos lo comunistas de cualquier otra cepa. Encontrar un justo término medio, en estas circunstancias, entre las dos conductas aparecía tan difícil como encontrarlo entre un orden jurídico y el delito, o entre la justicia y la parcialidad. El que mata en legítima defensa no es un extremista, ni se defiende sólo a sí mismo, sino al Derecho y a la sociedad contra los que atenta el agresor. Los consejos de no detener con demasiada brusquedad el brazo asesino se parecen demasiado a un propósito de complicidad. Fue el efecto que nos hicieron siempre, a los que nos empeñábamos en no meter la cabeza debajo del ala, los diferentes sectores republicanos “moderados y centristas”, desde los de Alcalá Zamora y Miguel Maura, con sus promesas iniciales de “república bajo la advocación de San Vicente Ferrer, con mucha compostura y mucha Guardia Civil”, hasta el de Gil Robles con su tópico tenazmente repetido “de que la república era el régimen que el pueblo se había dado”, por lo que “había que retorcerse el corazón” y defenderla.

(Juan Ignacio Escobar, Así empezó, pp. 292-293)

Y no te digo nada si hubieran conocido la palabra polarización



24 febrero 2026

La bondad de Dios

D. Stephen Long es un teólogo metodista y por tanto no vamos a encontrar aquí un desarrollo de la Doctrina social de la Iglesia, entendiendo por Iglesia la católica romana, sino el personal punto de vista del autor, eso sí, ampliamente contrastado con otras muchas visiones del asunto, tanto católicas como de otras confesiones. Dije “entendiendo por Iglesia” y es que aquí el autor se refiere continuamente a la Iglesia tal como nosotros los católicos estamos acostumbrados a oírlo, pero cuidado, porque, sin duda, su idea de Iglesia es otra, ya sea el conjunto de las confesiones cristianas o la Iglesia escatológica, la de los elegidos cuyo número solo Dios conoce. Por el contexto, cabe optar por lo primero. Deduzco que entre los metodistas es normal hablar así, frente a los protestantes que se refieren a “las Iglesias”, identificadas con cada comunidad local. O puede que hable de la Iglesia como unidad de convivencia, como quien dice la nación o el municipio, cosa que también apoya el contexto. En cuestiones ecuménicas ando un poco en la inopia.

El asunto es “Teología, Iglesia y orden social”, tal como reza el subtítulo. Pero se parte de la idea del bien y del mal, de cómo seguimos “atrapados” en el bien, de cómo el bien nos sigue “fascinando” a pesar del “más allá” al que quiso llegar Nietzsche y a pesar del relativismo imperante. La primera parte del libro (la menos atractiva, creo) se dedica a criticar la idea kantiana de que el bien es un ente de razón que subsistiría más allá de la religión. Establecido que no hay más bien que la bondad de Dios, la segunda parte se dedica a pensar las relaciones entre la Iglesia y las comunidades naturales que él denomina en griego abriendo cada capítulo: oikos, ágora, polis: familia, patria chica, patria extensa. Long parece entender la Iglesia como una comunidad realmente actuante en la sociedad, a la que se debe prestar oído, cosa que parece normal en un país (los Estados Unidos) en que una gran parte de la población se sigue identificando con su confesión cristiana, pero lejos de la laicidad (aun sana) de que nos preciamos en Europa. De hecho, el argumentar con la ley natural, como solemos hacer por aquí los cristianos, le parece a Long contraproducente, puro kantismo, si lo he entendido bien, y puro colaboracionismo con el sistema capitalista, producto de aquel error de partida y del cual no deja el autor de dejar clara su desaprobación.

Lo que no dice el autor (o se me ha pasado) es cómo se haría realidad esa eclesiocracia respetando la libertad individual en un mundo donde convive todo tipo de creencias y no creencias: ah, pero es que este concepto, el de libertad, es también mirado con recelo por el autor como kantianamente aspirante a sustituir a Dios. Sin embargo, las enseñanzas de los últimos pontífices nos han enseñado a ver como compatibles el cristianismo y las libertades cívicas. Por eso, me quedo con la sana laicidad, al menos hasta ver un Occidente de plena cristiandad, hoy por hoy utópico. Pero me alegro de conocer otros puntos de vista sobre la cuestión, alejados también del tradicionalismo al uso, a pesar de lo abstruso (para mí y otros gañanes como yo) del ensayo de Long.

__

 

20 febrero 2026

Más Steinhardt

…la fe en Dios me parece, en el pleno sentido de la palabra, el hecho más realista que puede existir: es la aceptación de la realidad y el abandono de las ilusiones. Por eso pide humildad; por eso la iglesia [sic] pone tanto énfasis en la humildad: no hay nada más difícil que renunciar a las fantasías. (Diario, p. 148)

…el consejo que lord Chesterfield le dio a su hijo: oirás muchos discursos bellos en la Cámara de los Comunes, algunos te harán cambiar de opinión, pero que ninguno cambie tu voto. (Diario, p. 153)

[Por supuesto, quien dice “oirás muchos discursos bellos en la Cámara… dice “leerás muchas informaciones bien contrastadas en los periódicos”]

Monseñor Hélder Câmara, arzobispo de la ciudad de Recife (también llamada Pernambuco), el cura “rojo”.

Se le aplica Mateo 24, 23-24:

“Entonces, si alguno os dice: ‘Mira, el Mesías está aquí o allí’, no lo creáis. Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas y harán grandes señales y prodigios con el propósito de engañar, si fuera posible, aun a los mismos elegidos”.

Creo que este alto prelado con la flor roja en el ojal es culpable de ese pecado de cuya existencia estoy plenamente convencido: el pecado de la estupidez. (Diario, p. 566)

 


17 febrero 2026

Un par de datos sobre Salamanca 12 de octubre 36

Se organizó un gran alboroto. En medio de él Millán Astray lanzó un ¡muera la intelectualidad!, y a continuación uno de sus conocidos ¡viva la muerte! El alboroto se convirtió en conato de tumulto. Unamuno estuvo a punto de ser agredido. El propio Millán Astray, para protegerle, tuvo que indicarle que saliera del local dándole el brazo a la señora de Franco.

Diez días después, el 22 de octubre, se disponía el cese del Rector de la Universidad de Salamanca. Pero conforme a una regla que había de convertirse en costumbre a lo largo del régimen de Franco, de no inclinarse nunca, en caso de cualquier discordia, en favor de ninguna de las partes, se cesó también al general Millán Astray [como director de la oficina de prensa y propaganda].

En Así empezó…, de José Ignacio Escobar, capítulo X.

 


13 febrero 2026

“El vuelo onírico acabó en el Gulag”,

sentenciaba Vintila Horia a propósito de la deriva comunista del surrealismo francés. Esa deriva fue obra, según Stephen Koch, de Louis Aragon,

supervisado en todo momento por su esposa Elsa Triolet, quien, al igual que Koudachova y Moura Budberg, era otra “dama del Kremlin”.



11 febrero 2026

El fin de la inocencia

Aviso para amantes de la literatura: este libro habla más de los agentes estalinistas que de los “intelectuales”. Si buscabas saber cómo este, el otro, el de más allá, escritores, iban cayendo bajo la fascinación del comunismo gracias a los oficios de Willi Münzenberg, puedes quedar decepcionado. Stephen Koch nos narra más bien la odisea no solo de Münzenberg, sino de Otto Katz, Karl Rädek, Dimitrov y otros que operaron en Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos, junto con las vidas y milagros de periodistas o autores hoy poco recordados. De los de primera fila, destacan Gide, Hemingway, Dos Passos, Lillian Hellman y Dashiell Hammett como los más comprometidos, pero tampoco se nos cuenta su trayectoria ideológica sino más bien su cooperación con los agentes estalinianos.

El tiempo que abarca es desde el final de la primera guerra mundial hasta mediados de los años 30, cuando Münzenberg aparece muerto en un bosque suizo, probablemente asesinado en el contexto de las grandes purgas estalinianas. Asistimos a la creación de las organizaciones antifascistas, de los Frentes populares y de los congresos de escritores “por la libertad”, así como a la contumacia de unos seres que fueron capaces de orillar su “antifascismo” cuando la URSS y Alemania firman el tratado de no agresión o de confesar cualquier cosa cuando fueron llevados ante los “tribunales” del régimen. Y asistimos, sobre todo, a la inmensa capacidad de propaganda del aparato comunista, que consiguió que el caso Sacco y Vanzetti pareciera el summum de la injusticia universal mientras que en la propia URSS morían veinticinco mil presos políticos, estimación a la baja, en la construcción de un canal. Piensen en el caso Floyd o en lo de Minneapolis y luego en China, Irán y Venezuela y díganme si hemos cambiado tanto.

__

07 febrero 2026

Steinhardt, de nuevo

Releo parcialmente el Diario de la felicidad. Anoto unas cuantas cositas.

Miles de demonios me corroen cuando veo que se confunde el cristianismo con la estupidez, con una especie de beatería boba y cobarde, una bondieuserie (es la expresión de tante Alice), como si la finalidad del cristianismo consistiera en que las fuerzas del mal se burlen del mundo y hagan posible la injusticia, puesto que, por definición, el cristianismo estaría condenado a la ceguera y a la paraplejia.

Después de haber conocido a Cristo te es difícil pecar, te da una vergüenza terrible.

[Aquí cabría matizar que conocer a Cristo no es simplemente tener nociones de religión cristiana sino estar acostumbrado al trato con Jesucristo).

De la frase de Arthur Miller [“Ninguna píldora puede volvernos inocentes”] se deduce también que la felicidad y la tranquilidad no las podemos crear nosotros solos, por vía material --y que nos vienen dadas desde arriba--.

Una prueba más de la existencia de Dios.


 


 

01 febrero 2026

Inmaduros

 Vaya usted poniendo cruces:

…hay algunos parámetros que pueden ayudar a distinguir a una persona con posibles rasgos de inmadurez: suele tomar las decisiones en función de su estado de ánimo, le cuesta ir a contracorriente, su humor es voluble, es muy susceptible, suele ser esclavo… de la opinión de los demás, tolera mal las frustraciones y tiende a culpar a los otros de sus fracasos, tiene reacciones caprichosas que no se corresponden con su edad, es impaciente, no sabe fijarse metas ni aplazar la recompensa, le cuesta renunciar a sus deseos inmediatos, tiende a ser el centro de atención, etcétera.

J. Mª Contreras, en Amor humano y vida cristiana, libro electrónico.



31 enero 2026

Este tipo de hombre cristiano

…que, si bien había respondido a las exigencias de la sociedad medieval, no respondía ya a las de la sociedad actual y se revelaba ineficaz. De ahí que la sociedad moderna tuviera que crear el tipo de hombre que necesitaba fuera del cristianismo.

(En El rostro del Resucitado, de Marie-Joseph Le Guillou, capítulo décimo segundo [sic])

De acuerdo con el hecho, pero no con las causas. Dice que esto fue así porque los siglos XVI y XVII se apartaron de la senda de Santo Tomás y volvieron a un agustinismo decadente. ¿Fueron “agustinistas decadentes” Melchor Cano, Domingo de Soto, Francisco Suárez y demás?



28 enero 2026

Sobre la vitalidad

Interesante esta precisión de Ángel Sánchez Rivero:

Cuando se llama antivital a una moral como la cristiana –lo mismo se podría decir del budismo o del estoicismo—es que se habla de una vitalidad puramente animal o de animales. No es extraño que Nietzsche hablase con delectación de la famosa bestia rubia. Pero esta vitalidad no es la humana. La vitalidad humana es la posibilidad de un estado de ánimo afirmativo, positivo, en el seno de una conciencia penetrante del destino humano […]. Lo humano es la expectativa, la anticipación. El hombre es movido no sólo por el instinto puro, sino también por su imaginación racional, puesta en ejercicio por el instinto. Es imposible volver al puro instinto.

(Citado por Gonzalo Sobejano, Nietzsche en España)



24 enero 2026

Así empezó...

José Ignacio Escobar, marqués de Valdeiglesias, formaba en el grupo de Acción española, que nunca aceptó la república como forma de gobierno y se mostró partidario de cualquier acto de fuerza para derribarla. En ese sentido, se oponía a la CEDA y a su posibilismo, y no deja de manifestarlo así el autor, que en su libro repudia siempre como colaboracionistas a Gil-Robles y los suyos. Era un sector monárquico tradicionalista que solo se diferenciaba del carlismo en la cuestión dinástica, pues eran partidarios de Alfonso XIII y don Juan. Como tales, apoyaron el Alzamiento en la esperanza de que restauraría la monarquía, como así fue, aunque luego ésta se orientara por otros derroteros. Don José Ignacio permaneció como procurador en Cortes hasta la reforma política, a la que votó negativamente, y su fidelidad a Franco, al contrario que Sáinz Rodríguez y algún otro de su grupo, no conoció fisuras.

El Así empezó de su libro es engañoso, puesto que nos cuenta no solo en comienzo de la guerra, sino todo su transcurso, siempre, por supuesto, desde su intervención en ella. Realizó gestiones en Berlín para conseguir armamento para Mola, fue capitán de requetés y se ocupó de la propaganda con escritos como el que nos cuela casi entero el su libro y recabando la colaboración de figuras intelectuales del momento simpatizantes con la causa. Dedica un amplio capítulo a la unificación de Falange y requetés en FET y de las JONS, de la que se muestra partidario, aunque le decepcionara la postergación que, según él, sufrió su propio grupo dentro del movimiento: hay que decir que, ahí, todos se sintieron postergados, pero era el predio a pagar por no echar a perder el movimiento a base de luchas partidistas. Llama la atención también el espacio que dedica a las andanzas de Agapito García Atadell, el socialista que asesinó y rapiñó en su propio beneficio hasta que, en trance de ejecución, manifestó un ejemplar arrepentimiento: “Muero como católico”, escribió a Indalecio Prieto. Los martirios empezaban a dar frutos…

__

21 enero 2026

Iglesia y poder en España

Sin abusar de las dicotomías al uso (conservadores/progresistas…), Serrano Oceja ofrece una visión muy periodística del tema, relacionando, por ejemplo, la transición política con una cierta transición eclesial, que la Iglesia habría realizado previamente a la otra para acomodarse a las directrices del Vaticano II; o hablando del mayo (del 68) de la Iglesia, para significar los movimientos más o menos rebeldes que por entonces comenzaron a producirse. No es un reproche, al contrario: se agradece, por parte del profano, que nos vaya guiando un poco por la selva del mundo clerical, distinguiendo en el episcopado cordadas o constelaciones (las metáforas son del autor) que van siendo creadas en un momento dado en torno a una personalidad descollante: don Marcelo, Tarancón, Suquía

Aunque dedica más espacio a la primera parte del título (Iglesia, esto es, jerarquía eclesiástica) que a la segunda (el poder), el libro se ciñe a lo anunciado, de un modo no diré superficial (pues al fin y al cabo es un escrito más bien divulgativo), pero sí objetivo (cosa bastante difícil en esta materia) y sin estridencias ni sensacionalismos. Quizá sepa a poco a quienes hemos vivido justamente en ese período (“del Vaticano II a nuestros días”), sobre todo a medida que se acerca al 2000, que es el límite que se marca el autor. Para jóvenes interesados en el tema (pocos, pero los hay) es un título recomendable.

Algunas cositas que me han llamado la atención:

 

Querer lo que se debe, hacer lo que se puede. [Era la “divisa política de Alejandro Pidal y Mon, ministro de Fomento con Alfonso XII]

…reclama unas exigencias de perfección que estarían más justificadas si fueran acompañadas de una actitud igualmente exigente de perfección propia. [Rector de la Pontificia, refiriéndose a los alumnos en 1969, tiempo de rebeldías estudiantiles]

Suele ocurrir que, en la historia de la Iglesia en España, cuando hay un suceso no aclarado, se le atribuya la responsabilidad al Opus Dei.

Lo que no puedo admitir es que quienes antes se quejaban de las relaciones entre la Iglesia y el régimen del generalísimo, se pasen ahora la vida en reuniones ocultas de obispos, vicarios, protovicarios, teólogos y moralistas, con ministros, subsecretarios, directores generales y expertos de la política para lograr también consensos y pactos, a espaldas de otros obispos de los sacerdotes y del pueblo católico. [D. Marcelo González al nuncio Dadaglio]

Seleccionar mejor a los futuros obispos. Es muy necesario, Santo Padre. Más fieles en la doctrina, en la disciplina, en las exigencias de la vida sobrenatural. ¿Por qué ha de haber una oposición sistemática a que sea nombrado obispo algún sacerdote del Opus Dei, cuando en el orden religioso están haciendo una labor espléndida? No pertenezco a esta Asociación, pero les conozco y les estimo. [De nuevo D. Marcelo, a Juan Pablo II]

Dedicado también [monseñor Omella] a acompañar a personas con heridas por su experiencia de Iglesia, en particular a la defensa de los exmiembros [sic] del Opus Dei

compleja digestión del Concilio. [Expresión afortunada del autor, referida a la “época de la confusión"].

__

 

 

11 enero 2026

La alegoría del amor

Se trata de una serie de estudios unidos por el tema común de la alegoría y no solo acerca del amor. C. S. Lewis analiza pormenorizadamente el Roman de la Rose, los poemas de Chaucer, de Spenser (La reina de las hadas) y otros autores menos conocidos por aquí. Por supuesto, de autores españoles ni pum. ¿Mena, Santillana, Arciqué?, ¿de qué me está usted hablando, sir? Emprendí ilusionado su lectura pensando que se trataba de una tesis acerca del amor cortés, quizá relacionada con su teoría sobre “los cuatro amores”, pero no. El amor cortés está presente a lo largo de toda la obra y el capítulo primero se dedica a los trovadores, pero no avanza nada nuevo en torno al tema. Solo enfatiza que el amor (eros) llegó a convertirse en una religión alternativa en una sociedad donde el matrimonio se contraía por interés. El resto de los capítulos, insisto, es de una minuciosidad extrema y supone en el interlocutor un conocimiento más que superficial del tema tratado. El estilo es como el traje de un gentleman, pulido, discreto, impecable, muchas veces cercano a la ironía sin incurrir en ella. Lo que, desde luego, hace que los gañanes perdamos mucho en la lectura.

08 enero 2026

Bloc de otoño

Es un libro que contiene poemas escritos entre 2013 y 2017. La tónica es la de otros libros de LuisAlberto de Cuenca, en lo poco que le conozco: culturalismo, culto a Eros, visión desdramatizada e irónica de la vida. También, como de costumbre, poemas breves, muchos inspirados en los clásicos (Variación sobre un tema de Catulo, de Alcmán, de Safo…). Alusiones frecuentes a la vida cotidiana, cierto prosaísmo que, si lo miras bien, no es tal pues se halla servido en perfectas formas clásicas (endecasílabos, alejandrinos). Como ilustración, valga una recopilación de primeras palabras, sin referencia a límite de verso.

Desde que tú te fuiste, ya no pace en hartura el ganado, nunca llueve, la tierra no da frutos.

De las mitologías que inventaron los hombres para embrollar las cosas, prefiero la germánica.

Tiene Rusia el añejo sabor de la madera del inhóspito bosque del medievo.

Soñé con Paco Rico la pasada noche, precisamente la de Reyes.

Eres un tipo que anda siempre poniendo pegas al destino, echando un pulso a los fantasmas, a las brujas y a los vampiros.

Me es imposible concebir el mundo si no es con tu dibujo, con tu trazo, con la magia de tu imaginación.

Mi alma es un libro abierto para ti.

Otra vez ese niño insoportable, Eros, me apunta con su flecha y da en el blanco.

Cinco gatos en casa y tres maridos a tus espaldas: un buen historial.

Pronto olvidarás todo. Pronto te olvidarán. Nuestra materia prima es el olvido.

Me parece que el tiempo que no paso contigo se mide solo en evos.

__

 

 

04 enero 2026

Ramuncho

Su madre se llama Franchita y su novia Graciosa. Él vive en medio de ásperas montañas y habla una misteriosa lengua milenaria. Es un recio contrabandista y un pelotari consumado, y por la noche salta la tapia de la casa de su novia para pasar largos ratos en su compañía, en el banco de piedra del jardincillo. Pero cuando se va al servicio militar, la madre de ella, que se opone a la relación por ser él hijo ilegítimo, va y la mete en un convento…

Pierre Loti escribía en un tiempo en que una narración con semejantes elementos podía leerse sin provocar carcajadas o erupciones cutáneas. Se entiende que Emilia Pardo Bazán, en el prólogo, saque a colación el Pablo y Virginia de Saint-Pierre, cosa que me chocó hablando de un hombre a quien tenía por una especie de Conrad o de Baroja. En todo caso, Loti salva los muebles gracias a que sabe qué hacer con una pluma. Las dichosas montañas y los atardeceres, los sencillos lugareños y la remota lengua vasca vienen servidos con una estupenda prosa a lo Pereda que resulta más interesante que la propia historia.

__

02 enero 2026

El precio era alto

La editorial Eterna cadencia recoge los cuentos de Francis Scott Fitzgerald que habían sido reunidos previamente por Bruguera en la colección Libro amigo, en dos tomos. Son piezas publicadas en el Saturday evening post y otras revistas de la época. Piezas de gran calidad, muchas veces con finales sorprendentes que no lo serían tanto si uno fuese lo suficientemente sagaz como para inferirlos de los datos que previamente se nos ofrecen. Los protagonistas pertenecen a esa clase media adinerada que suele poblar las obras de este autor, siempre en medio de cócteles y música de jazz, y los conflictos pertenecen a la esfera, digamos, sentimental o familiar: matrimonios en crisis, novias que se van o son sustituidas, flechazos inoportunos…, muchas veces resueltos, es justo decirlo, por la vía de la sensatez. De hecho, si en los cuentos de Flannery O´Connor siempre hay, dicen, un golpe de gracia divina que decide el desenlace, aquí el protagonista suele recibir como una moción que lo dispone a la salida menos fácil pero más responsable y que lo aleja de la frivolidad propia del ambiente, esos locos años veinte a los que puso fin la gran depresión.

__