11 febrero 2026

El fin de la inocencia

Aviso para amantes de la literatura: este libro habla más de los agentes estalinistas que de los “intelectuales”. Si buscabas saber cómo este, el otro, el de más allá, escritores, iban cayendo bajo la fascinación del comunismo gracias a los oficios de Willi Münzenberg, puedes quedar decepcionado. Stephen Koch nos narra más bien la odisea no solo de Münzenberg, sino de Otto Katz, Karl Rädek, Dimitrov y otros que operaron en Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos, junto con las vidas y milagros de periodistas o autores hoy poco recordados. De los de primera fila, destacan Gide, Hemingway, Dos Passos, Lillian Hellman y Dashiell Hammett como los más comprometidos, pero tampoco se nos cuenta su trayectoria ideológica sino más bien su cooperación con los agentes estalinianos.

El tiempo que abarca es desde el final de la primera guerra mundial hasta mediados de los años 30, cuando Münzenberg aparece muerto en un bosque suizo, probablemente asesinado en el contexto de las grandes purgas estalinianas. Asistimos a la creación de las organizaciones antifascistas, de los Frentes populares y de los congresos de escritores “por la libertad”, así como a la contumacia de unos seres que fueron capaces de orillar su “antifascismo” cuando la URSS y Alemania firman el tratado de no agresión o de confesar cualquier cosa cuando fueron llevados ante los “tribunales” del régimen. Y asistimos, sobre todo, a la inmensa capacidad de propaganda del aparato comunista, que consiguió que el caso Sacco y Vanzetti pareciera el summum de la injusticia universal mientras que en la propia URSS morían veinticinco mil presos políticos, estimación a la baja, en la construcción de un canal. Piensen en el caso Floyd o en lo de Minneapolis y luego en China, Irán y Venezuela y díganme si hemos cambiado tanto.

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