Se organizó un gran alboroto. En medio de él Millán Astray lanzó un ¡muera la intelectualidad!, y a continuación uno de sus conocidos ¡viva la muerte! El alboroto se convirtió en conato de tumulto. Unamuno estuvo a punto de ser agredido. El propio Millán Astray, para protegerle, tuvo que indicarle que saliera del local dándole el brazo a la señora de Franco.
Diez días después, el
22 de octubre, se disponía el cese del Rector de la Universidad de Salamanca. Pero
conforme a una regla que había de convertirse en costumbre a lo largo del
régimen de Franco, de no inclinarse nunca, en caso de cualquier discordia, en
favor de ninguna de las partes, se cesó también al general Millán Astray [como
director de la oficina de prensa y propaganda].
En Así empezó…, de
José Ignacio Escobar, capítulo X.