Interesante esta precisión de Ángel Sánchez Rivero:
Cuando se llama
antivital a una moral como la cristiana –lo mismo se podría decir del budismo o
del estoicismo—es que se habla de una vitalidad puramente animal o de animales.
No es extraño que Nietzsche hablase con delectación de la famosa bestia rubia. Pero
esta vitalidad no es la humana. La vitalidad humana es la posibilidad de un
estado de ánimo afirmativo, positivo, en el seno de una conciencia penetrante del
destino humano […]. Lo humano es la expectativa, la anticipación. El hombre es
movido no sólo por el instinto puro, sino también por su imaginación racional,
puesta en ejercicio por el instinto. Es imposible volver al puro instinto.
(Citado por Gonzalo Sobejano, Nietzsche en España)