17 febrero 2024

Cancionero y romancero de ausencias

Sabido es que las “Nanas de la cebolla”, aun siendo una obra maestra, resultan aún más patéticas conociendo el contexto. Los editores (Jauralde, el quevedista, y otro) nos reproducen la carta que acompañaba el poema, de Hernández a su mujer. Es enternecedor oírle hablar de “unas coplillas que le he hecho”, no solo porque parece que no fuera consciente de la magnitud de la obra y que lo que le importa es hacer un regalo al niño, sino porque te imaginas al ilusionado papá dando lo mejor de sí mismo en homenaje al rorro, como quien fabrica un juguete sacando la lengua. A estas alturas has perdonado al poeta su complicidad con asesinos para fijarte solo en el padrazo.

Aunque hay expresiones herméticas en las Nanas, en su mayor parte son transparentes y llegan al corazón. Más intrincado resulta “Hijo de la luz y de la sombra”, aunque se transparente el homenaje al amor fecundo (“te quiero en tu ascendencia y en cuanto de tu vientre descenderá mañana”). “Llegó con tres heridas” siempre me pareció un prodigio de condensación expresiva, siglos de poesía y abismos de meditación concentrados en tres coplas prácticamente iguales. El resto me ha parecido muy ajustado a lo que dice el título, si entendemos “cancionero” en el sentido medieval, puesto que se trata en su mayoría de coplas de arte menor con abundancia de reiteraciones y paralelismos (salvo cuando le da por el alejandrino, que también maneja a la perfección). Eso sí, las imágenes y la adjetivación resultan plenamente herederas de las vanguardias. Puro 27.

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