27 marzo 2026

Epistolario español

Jaime Ferreiro Alemparte reúne las cartas que escribió Rilke desde Toledo y Ronda, alguna desde Sevilla y alguna desde Madrid. Toledo fue, según nos explica el editor, como una revelación largamente buscada y sentida, y un punto de partida para su obra posterior. La ciudad malagueña, cuyo pintoresco emplazamiento no deja de suscitar tampoco en el poeta praguense profundas consideraciones de orden metafísico, viene a completar de modo satisfactorio la experiencia toledana. Sevilla, en cambio, como no deja de hacer notar, fue una gran decepción.

Dejo algunas de las impresiones que Toledo produce en Rilke. Ni que decir tiene que a todos nos gustaría poder reproducirlas en nuestras visitas a la ciudad imperial.

 

Si usted se imagina una cosa visible al mismo tiempo a los vivos, a los muertos y a los ángeles, es esta. Créame.

...una ciudad que es para mí de una importancia sencillamente indescriptible, algo así como si todo mi interior la hubiera presentido y esperado hace muchos años. La tierra se me ha hecho más grandiosa en muchos sentidos desde que sé que existe tal ciudad.

Es maravilloso pensar que una ciudad tan incomparable como Toledo me resulta tan afín, porque en modo alguno se resuelve en lo humano, sino que, situada a la manera de un astro […], se alza a través de todas las dimensiones de lo visible como una aparición que va desde la mirada del animal hasta la contemplación del ángel.

…no, no es posible salir de esta ciudad, a no ser derechamente al cielo en una huracanada Asunción.

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23 marzo 2026

Puedo contar contigo

De la abundante correspondencia que mantuvieron Carmen Laforet y Ramón J. Sender tenemos aquí más muestras de lo escrito por el segundo que por la primera. Es un caso raro de amistad por correspondencia: surgió cuando Sender escribió a doña Carmen para felicitarla por Nada, y el intercambio epistolar no se detuvo hasta prácticamente el final de la vida de don Ramón. Para este llegó a tratarse de un auténtico amor platónico, como lo apreciamos por el tono de sus misivas. Pero en ella había también un real aprecio personal y literario. Puede haber mucho de cumplido en los elogios que ambos se tributan, pero estos llegan hasta el punto de estimarse mutuamente como el mejor novelista español vivo. Sender no hace sino aguijar a la autora de Nada para que escriba, pues ya sabemos lo difícil que le resultaba a ella culminar cada obra, mientras que don Ramón era toda una factoría de novelas. Carmen Laforet llegó a escribirle el prólogo a una (la Aventura equinoccial…)

De la literatura de otros apenas hablan, y eso es de lo más frustrante que tiene este libro. Surgen otros temas: Sender trata en varias ocasiones de hacer que ella se declare políticamente, y ella no deja de insistir en que política, cero. Él aprecia la fe religiosa de su corresponsal y él, como con cierto complejo, se dice “religioso a su manera” (esta contradicción no debía de estar entonces tan vulgarizada, de otro modo dudo que un tipo como él la hubiera utilizado). La añoranza de España, por otro lado, se hacía en él cada vez más apremiante, y en contraste no dejan de resultar molestas las apreciaciones negativas de ella hacia su propio país. En fin, “y si habla mal de España…”

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21 marzo 2026

Más testigos que teólogos

…las personas de esa organización [el Opus Dei] que traté son las más dignas de estimación y respeto que he conocido en mi vida. Liberales, tolerantes, generosos, sabios, discretos. Yo discutí con ellos sobre religión y me escucharon con interés, aunque yo debía parecerles obviamente un endemoniado. No me cabe la menor duda de que, al margen de partidos y tendencias, y de rótulos y banderas, son la mejor gente de España.

Ramón J. Sender, carta a Carmen Laforet, 9 de diciembre de 1975 (recogida en Puedo contar contigo)

Era la primera visita de Sender a España desde 1939. La observación es doblemente interesante porque en una carta muy anterior había emitido otra opinión sobre el Opus Dei, obviamente lastrada por el prejuicio. No hay como tomar contacto con la realidad.



 

 

 

19 marzo 2026

Cuentos de humor y de horror

Son breves piezas en las que predomina el humor sobre el horror, que, cuando existe, se concreta en la narración de sucesos macabros y violentos como si se tratase de narrar una comida familiar: es decir, humor negro, más que horror. Un humor británico a carta cabal, donde cada diálogo se recubre de una exquisitez de té con pastas, con circunloquios que disimulan la tirantez, la agresividad o el desgarro.

Me gustaría que la cocinera aprendiera a preparar el curry o que tuviera el buen tino de no intentarlo.

La señora Momeby apretó contra sí al Erik genuino, como si temiera que su terrible vecina, por resentimiento, pudiera transformarlo en un acuario de peces dorados.

Lo que más se asemejaba a su ideal de un sedante nervioso era un music-hall atestado donde una ruidosa orquesta brindara una interpretación exuberante de 1812 [después de asistir a una serie de sucesos alucinantes en una granja].

…en cierta ocasión se había comido cuatro manzanas verdes en el jardín botánico, de modo que se le atribuía en general un ingenio bastante áspero. Las malas lenguas murmuraban que dormía en una hamaca y que entendía los poemas de Yeats, pero su familia negaba ambas acusaciones.

Y así. La lectura resulta deliciosa, aunque algunos finales te dejen de un aire, hasta que los pillas. Pasa a veces con los chistes.  

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16 marzo 2026

La transición de cristal

No se habla del cristal en parte alguna de este libro, salvo en el título. Cabe deducir que dicha transición estuvo amenazada siempre de destrucción, que era sumamente frágil, opinión en la cual, desde luego, Pío Moa no está solo. Se trata de una crónica de los hechos, más que de un análisis politológico. No está ausente, sin embargo, la opinión. Moa nos habla de tres diseños para la transición: el de Manuel Fraga, el de TorcuatoFernández Miranda y el de Adolfo Suárez. Este último, en rigor, no fue sino una enmienda al segundo, ya que Suárez fue un instrumento de Fernández Miranda que le salió díscolo. El autor se muestra partidario del diseño de Torcuato (así suele conocérsele). En efecto, éste suponía (de la ley a la ley) la legitimación histórica del franquismo, ya que de una ley fundamental del régimen salió la ley para la reforma política aprobada en 1976. Suárez, en cambio, se empeñó en conceder la legitimidad a las izquierdas, con la palabra y con los hechos, y así hemos podido llegar a donde hoy estamos. El plan Fraga, por su parte, le parece al autor que prolongaba demasiado las viejas instituciones.

Un dato que me llama la atención (ya no recordaba, si alguna vez me interesó, el juego de alianzas en la vida parlamentaria de aquellos años) es que UCD, capitaneada por Suárez, se negara en redondo a pactar con Alianza Popular, siempre con el objetivo de captar votos en la izquierda y con la desdichada idea aquella de que “ustedes (la izquierda) tienen la legitimidad”. Me recuerda, claro, los asquitos del PP hacia Vox. Si me hicieran la manida pregunta vargasllosiana, ¿en qué momento se jostidió España?, probablemente contestara que en el momento en que a Suárez se le ocurrió aquella enormidad.

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10 marzo 2026

Tenía un talento especial para la propaganda,

 pero de un tipo especial. Porque Willi Münzenberg fue el primer gran maestro de dos clases bastante novedosas de espionaje, de importancia decisiva en este siglo y muy útiles para los soviéticos: la operación secreta de propaganda y el simpatizante secretamente manipulado. Su objetivo era crear en el Occidente bienpensante y no comunista el prejuicio político predominante en la época: la creencia de que cualquier opinión que pudiera servir a la política exterior de la Unión Soviética provenía de los elementos más esenciales de la decencia humana. Quería esparcir la sensación, como una ley de la naturaleza, de que criticar en serio o desafiar la política soviética era prueba inequívoca de ser una mala persona, intolerante y posiblemente inculto, mientras que apoyarla era prueba infalible de poseer un espíritu progresista, comprometido con todo lo que era mejor para la humanidad, sin duda marcado por una sensibilidad refinada y profunda.

El fin de la inocencia, capítulo 1 (“Mintiendo por la verdad”). Subrayado mío.



09 marzo 2026

¿Debió morir Jesús?

 Cuestión teológica debatida donde las haya. D. Stephen Long cita a Gerhard Lohfink:

El plan de Dios no era que Jesús muriera. ¿cómo podía Dios querer la muerte de Jesús? Lo que Dios quiere es la nueva sociedad, el Israel escatológico. Pero, porque Jesús permanece fiel a ese plan divino, morirá, porque los hombres no quieren lo que Dios quiere. La muerte de Jesús en la cruz era inevitable.


(La bondad de Dios, p. 301)