Jaime Ferreiro Alemparte reúne las cartas que escribió Rilke desde Toledo y Ronda, alguna desde Sevilla y alguna desde Madrid. Toledo fue, según nos explica el editor, como una revelación largamente buscada y sentida, y un punto de partida para su obra posterior. La ciudad malagueña, cuyo pintoresco emplazamiento no deja de suscitar tampoco en el poeta praguense profundas consideraciones de orden metafísico, viene a completar de modo satisfactorio la experiencia toledana. Sevilla, en cambio, como no deja de hacer notar, fue una gran decepción.
Dejo algunas de las impresiones que Toledo produce en Rilke. Ni que decir tiene que a todos
nos gustaría poder reproducirlas en nuestras visitas a la ciudad imperial.
Si usted se imagina
una cosa visible al mismo tiempo a los vivos, a los muertos y a los ángeles, es
esta. Créame.
…
...una ciudad que es
para mí de una importancia sencillamente indescriptible, algo así como si todo
mi interior la hubiera presentido y esperado hace muchos años. La tierra se me
ha hecho más grandiosa en muchos sentidos desde que sé que existe tal ciudad.
…
Es maravilloso pensar
que una ciudad tan incomparable como Toledo me resulta tan afín, porque en modo
alguno se resuelve en lo humano, sino que, situada a la manera de un astro […], se alza a través de todas las dimensiones
de lo visible como una aparición que va desde la mirada del animal hasta la
contemplación del ángel.
…
…no, no es posible
salir de esta ciudad, a no ser derechamente al cielo en una huracanada Asunción.
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