27 marzo 2016

El secreto


Ya recuperado de su mano a mano con el salmón, Dicky se mostraba en plena forma; es decir, atento y encantador. Nunca hasta entonces había yo entendido tan bien el éxito de Dicky en todo lo que emprendía. Se dedicó a contar chistes –buenos– y a reírles las anécdotas a sus invitados. Se esmeró en que todos tuviesen lo que les apetecía, desde licores a habanos, y hasta se mostró cordial con Daphne [su esposa].

En Len Deighton, Sedal para espías, capítulo 11.