15 julio 2022

Coloquio en Sicilia

Silvestre, que vive en Milán, decide volver a su Sicilia natal para ver a su madre, toda vez que ha recibido una carta de su padre en la que le comunica que ha abandonado el hogar. En el viaje, Silvestre conoce a varios sicilianos. Una vez en su aldea, mantiene curiosas conversaciones con su madre, la acompaña en su tarea de poner inyecciones a los paisanos y paisanas. Luego traba amistad con un afilador y otros personajes del pueblo, con los que mantiene no menos extrañas conversaciones a la vez que evoca, bajo los efectos del vino, a su difunto hermano que murió en la guerra, transformado, en medio del cementerio, en un soldado que repite ejem, ejem.

Iba con la idea de encontrarme con una novela socialrealista, tal me la presentaron en la facultad hace varios eones. Pero no sé de dónde sacan las etiquetas, a veces, estos señores profesores. Solo superficialmente podemos comparar esto con algo como Los bravos de Fernández Santos, como no sea en las descripciones del paisaje. Estos personajes me recuerdan más bien a una película de Fellini, cuando no a Esperando a Godot o alguna otra obra de teatro del absurdo. Con qué intención, el autor lo sabe. Elio Vittorini, se llamaba.

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