08 septiembre 2006

Veinte años después

Estas nuevas aventuras de los tres mosqueteros son, por lo menos, tan apasionantes como deben de serlo las primeras para quien nunca había oído hablar de d´Artagnan y sus compañeros. Alejandro Dumas es un maestro de la narrativa, sí, pero además de esa narrativa que tiene como principal objeto cautivar al público, quedarse con él, como hoy diríamos. Se me ocurre compararlo con Alfred Hitchcock, salvando las distancias de los géneros.

Pues, señor, es el caso que nos hallamos en plena insurrección de la Fronda: nobles y pueblo, esta vez unidos, contra Mazarino, el cardenal lego de origen italiano que hace de primer ministro en sucesión de Richelieu. Han pasado, como el título indica, veinte años desde la famosa historia de los herretes de la reina y d´Artagnan sigue de teniente de mosqueteros, menesteroso teniente que se ve obligado a aceptar una misión al servicio del cardenal, al que Dumas nos pinta con trazos aún menos atractivos que Richelieu, pues el italiano no posee la astucia de su antecesor y lo que en este era ambición en Mazarino es roñería de lo más vulgar. La gracia del caso es que Athos y Aramis se hallan en el bando de la Fronda, y las disensiones políticas van a poner a prueba la amistad que los viejos espadachines se juraron. Esta, sin embargo, sale vencedora y los cuatro acaban, como siempre, codo con codo, jugándose la vida en las costuras de la historia de dos naciones.

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