24 enero 2023

Feria

He de reconocer que lo que más me ha divertido de este libro es ver escrita la muletilla “¡te paece que…!”, que solía usar José Mota (la autora también es manchega). Bueno, eso junto al placer de ver a alguien que viene de familia rojeras reflexionar con tanta sensatez. Ya me lo habían anunciado en Aceprensa y en otros lugares, y por eso cogí el libro, claro. Es una especie de memorias familiares, por parte de la hija de unos feriantes, con lo que hay también el atractivo añadido de contemplar ese tipo de vida, del que los clientes solo vemos la parte más superficial. Ana Iris Simón no rompe con nada, estamos ante lo más alejado de un ajuste de cuentas. Simplemente piensa y llega a la conclusión de que los modelos de vida que le están proponiendo por ahí dejan mucho que desear.

La muerte, sin ir más lejos, enseña mucho. A su padre, cuando muere la abuela (su madre) le da por quedarse a velarla por la noche: “Se había olvidado de que éramos ateos de la pena y de los nervios”. Queda meridianamente claro que el abandono de la religión no es fruto de una reflexión consciente, sino de una vida que fue poco a poco abandonando la práctica religiosa. Es fácil ver, para quien piense con serenidad, que la religión cristiana es mucho más racional que las chatas ideologías que tratan de imponer hogaño. Lo mejor del libro, de hecho, es esa apuesta por la familia y por la diversidad entre hombre y mujer que está en su base:

…que nuestros padres no podrían ser jamás llamados hombres deconstruidos, pero que cocinaban y limpiaban y trabajaban y cuidaban más y mejor y tenían las cosas más claras que los niños disgenésicos que salían en el Tinder.

Y alguna otra perla que traeré en días sucesivos. Por cierto, algo que me incomodó un tanto fue comprobar que cuando se refería a “sus padres” se trataba de mi generación, porque inconscientemente tendía yo a pensar en los míos, cuya generación es ya la de los abuelos de ella. En fin. No me resisto tampoco a reproducir este diagnóstico inmisericorde:

…un mundo que se parece cada vez más a una competición de plañideras.

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21 enero 2023

Intelectuales

Paul Johnson nos presenta una galería de tiparracos, a cual más egoísta, ingrato, lujurioso y violento, que tuvieron el don de la palabra y el de hacerse escuchar por muchos. Se llamaban Rousseau, Sartre, Ibsen, Marx, Fassbinder, RussellTolstoi…y se erigieron en maîtres a penser, que dicen los franceses, para una o muchas generaciones.  Uno se siente a veces incómodo leyendo semejante exposición de trapos sucios, porque a uno le han educado de una manera… Pero, bien mirado, no está mal que alguien haga esa exposición, si vemos que algunos siguen equiparando arte (o ingenio, o cultura) y bondad personal. Lo que dicen los intelectuales sigue siendo considerado tantas veces como la nueva palabra de Dios... Clercs los llaman, de hecho, los franceses, creo: los nuevos clérigos. Lo que pretende Paul Johnson, como dice de modo explícito en el prólogo, es dar la réplica a quien aduce poca ejemplaridad en los clérigos, o incoherencia entre doctrina y resultados:

Una de las características más marcadas de los nuevos intelectuales laicos fue el deleite con que sometían a la religión y a sus protagonistas al escrutinio crítico… Ahora, después de dos siglos durante los cuales la influencia de la religión ha seguido decayendo y los intelectuales laicos han desempeñado un papel mayor en la formación de nuestras actitudes e instituciones, ha llegado el momento de examinar sus antecedentes tanto públicos como personales… ¿Cómo condujeron sus propias vidas?... ¿Y cómo han soportado sus propios sistemas la prueba del tiempo y la praxis?

De esto último se encargan mejor otros libros, si atendemos a que muchos de estos clercs eran socialistas. Johnson, como digo, incide más en lo personal. Uno no se sorprende, viendo la cara de Marx, de que fuese violento, o viendo la de Hemingway de que fuese un tarambana, y de Tolstoi ya sabíamos que andaba un poco chiflado… Sorprende más ver a Ibsen, tan adusto él, pirrándose por las condecoraciones, o cómo las mujeres se rifaban a Sartre, cuya cara debían de envidiar en el carnaval… Y está el capítulo de las mentiras: Lillian Hellman parece la protagonista de Vamos a contar mentiras, de Alfonso Paso, pero ya se ve que todos ellos, si en algo eran coherentes, era en su escepticismo con respecto a la verdad.

Creo que el mayor mérito de esta obra es haber abierto el camino a la desmitificación: en las últimas décadas hemos visto aparecer libros en la misma línea, ya de modo más monográfico: Che Guevara, Giner de los Ríos y otros de los que ahora no me voy a acordar, vacas sagradas del progresismo, han encontrado su biógrafo negro. Yo mismo haría el Intelectuales español, si tuviera tiempo y me hubieran educado de otra manera…

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18 enero 2023

La esfinge maragata

Quien habla de la mujer trabajadora como un adjetivo clasificador no entiende nada, sobre todo cuando la expresión se emplea como sugiriendo un tipo de mujer superior, emancipada de las servidumbres de la familia. La mujer ha trabajado siempre, y muy duro en ocasiones. La esfinge maragata no es una denuncia de las condiciones de la mujer campesina en aquel lugar y en aquel tiempo, ni un canto a la abnegación femenina capaz de sacrificar el amor en el altar de la familia, sino quizá ambas cosas a la vez. Es una pena que el tiempo haya tratado tan mal, o así me lo parece a mí, el estilo de esta novela, demasiado enfático o engolado para nuestro gusto actual, aunque a tono con el modernismo que imperaba entonces. Es una lástima porque no andamos sobrados de himnos a las auténticas virtudes femeninas, por encima de victimismos e igualitarismos prefabricados.

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16 enero 2023

Feminismo inteligente y feminismo necio,

dice Ignacio Sánchez Cámara… Estoy de acuerdo en lo fundamental. De hecho el artículo me parece tan bueno como todos los suyos. Y es cierto que el feminismo fue, en cierto modo, necesario, porque los usos sociales tienden a anquilosarse y el rol familiar de la mujer fue siempre tan apreciado y protegido, como es natural que sea, que verla en otras actividades pudo resultar chocante a muchos, hasta el punto de dificultarles el acceso a ciertos ámbitos profesionales, al arte, a la participación política…

Sin embargo, no deja de producirme resquemor el hecho de que, históricamente, las defensoras de los derechos de las mujeres hayan sido con frecuencia personas fracasadas en su matrimonio o incluso de sexualidad dudosa… No me acordaré ahora de todos los nombres, pero recuerdo siempre los de Emilia Pardo Bazán o Mercedes Formica, por ser las que más cercanas me resultan en cuanto a creencias o ideas. Estas no eran de sexualidad dudosa, por supuesto, pero sí que naufragaron en la cuestión familiar. No las condeno por ello (“quién soy yo”, y todo eso), pero me inquieta, digo, que el feminismo surja siempre como en confrontación a la vida familiar y conyugal, o que al menos lo parezca…

Por eso, el feminismo, así, tout court, necio o inteligente, no puede menos de resultarme antipático. Siempre nos quedará doña Concepción Arenal, claro…

 


14 enero 2023

Termino El canto del gallo,

 de Rafael Gil. Buena película católica, con reminiscencias de La última del cadalso y de El poder y la gloria y con el perdón como protagonista. Basada al parecer en una novela de Giménez-Arnau (no el jeta sino el padre que le engendró), que tendré que buscar por esos Iberlibros, a ver qué tal.

Por cierto que el malote (es un decir, en una historia de estas características no hay buenos ni malos) dice odiar a Dios, no descreer de él. Le odia por quitarle a una novia. Ahora que estoy leyendo el Intelectuales de Paul Johnson, me resulta fácil concluir que entre los famosos ateos hay muchos en las parecidas circunstancias, incapaces de superar su odio a Dios. Solo cabe desear que acaben, o hayan acabado, encontrando a su padre Müller, que era el bueno (otro decir, claro) de la película.




12 enero 2023

Ibsen

Dice de él Paul Johnson, en Intelectuales*:

Fue quizá el primer escritor –el explorador que precedió a lo que iba a ser un ejército enorme– que convenció a un gobierno conservador de que subsidiara una vida literaria dedicada a atacar todo lo que le era valioso.

Flipas: un siglo antes y a tres mil kilómetros de distancia del PP…

*Página 108 de la edición de 1990, Vergara editor.



10 enero 2023

La Nardo

Es una historia “galante” convencional pero iluminada por el ingenio verbal de Ramón: es como si fuese una historia contada en otro idioma, el idioma de las greguerías o ramoniano, a veces deslumbrante, otras veces menos, algunas pretencioso, pero que no cede nunca terreno a lo convencional. Aurelia, la Nardo, es una Margarita Gautier proletaria, nada dada a la melancolía como la de Dumas, antes al contrario, ambiciosa en su trepar por su triste mundo arriba, que en la ficción de Ramón no es nada triste. La que fue vendedora del Rastro se deja seducir por el buscavidas Samuel y emprende una carrera triunfal por el mundo de la liviandad [destripe] hasta que es vencida por una fuerza superior a la de la “voluntad de poder” (estamos en eso, en el fondo) cual es la de Eros.  La historia termina románticamente, con una doble inmolación en aras del amor-pasión: [fin del destripe]

Vieron, unidos en su abrazo de juramentación, que la vida tenía gesto de acantilado y que todos eran enemigos del amor que al fin se encuentra y que no es culpable de llegar a deshora ni de que haya otros compromisos hechos cuando llega. Si el verdadero amor ha llegado, todo pierde sentido menos su existencia, todo debe caducar en vez de pedir que caduque él, que es lo único vivo y supremo.

Claro que, tratándose de Ramón, es difícil decir si esto va en serio o si estamos haciendo malabares con los tópicos, una vez más…

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08 enero 2023

Antropología. Del Concilio Vaticano II a Juan Pablo II

La claridad es la cortesía del filósofo, decía Ortega. Debo agradecerle, ciertamente, a Juan Luis Lorda su estilo siempre claro, porque la materia se puede prestar a lo abstruso. Antropología del CV II y de JP II. Como lo claro no quita lo riguroso, Lorda empieza por los antecedentes: tendencias y autores que constituyeron el caldo de cultivo intelectual del Concilio por antonomasia. Autores franceses, sobre todo, en lo que se refiere a la Teología (Lubac, Congar, Maritain) y alemanes o centroeuropeos en lo filosófico (Buber, la fenomenología, Kierkegaard). Ya metidos en el Concilio, explica Lorda que se trató de dialogar con el mundo moderno sin comprometerse en lo opinable ni ceder en lo inamovible de la doctrina. Por eso, la Gaudium et spes, quizá el documento más conocido y representativo de los que emanaron los padres conciliares, se propuso en una primera parte afirmar lo doctrinal y en una segunda arriesgar, por así decirlo, posiciones en materias más sujetas a discusión. En todo caso, en esta, como en Dignitatis humanae, se trató de dejar claro el compromiso de la Iglesia con el ser humano, por la vía de mostrarle a Cristo como cabeza y modelo.

Al pasar a Juan Pablo II, Lorda no deja de observar que decir Juan Pablo II es, en gran parte, decir Concilio y viceversa. Nos muestra la amplia participación del cardenal polaco en los documentos que hemos señalado, y cómo tanto su pontificado como su pensamiento tomaron pie de la afirmación lapidaria de Gaudium…: “Cristo revela al hombre al propio hombre”. Repasa la filosofía personalista del papa, según la cual la persona se define por su capacidad (y necesidad) de relacionarse, lo cual la asemeja (“a Su imagen y semejanza” fue creado el hombre) a la Trinidad. Y hace ver cómo su personalismo da paso con facilidad a su doctrina social, según la cual el capital está subordinado al trabajo, por ser este, el trabajo, una dimensión fundamental de la persona, de la que carece el mundo animal.

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07 enero 2023

El cansancio de ser libres

Es una selección de artículos de Aquilino Duque editada por la Universidad de Sevilla, con el título de uno de ellos. La sociedad, la política y la cultura son asunto de estos artículos, en los que se pone de manifiesto le elegancia con que don Aquilino sabía dirigir sus críticas, en el fondo aceradas, contra los vicios de nuestro tiempo. Temas recurrentes son los separatismos en España y la inversión de valores de nuestra época, pero también hay espacio para lo literario, siempre en relación con la realidad española: así los artículos finales sobre Camoens, de cuyos Lusíadas Duque realizó una edición bilingüe.

Sobre esto último, llama la atención cómo don Aquilino era partidario de una unidad hispánica, partiendo simbólicamente de la base de que la Península Ibérica es una cabeza (cabeza de Europa) cuyo cráneo es España y Portugal su rostro. Por lo mismo, insiste, siguiendo a Unamuno, en que todo español culto debería tender a conocer lo mejor posible todas las lenguas peninsulares. Destaca también cómo Camoens hablaba de sí como un español (“gente muy brava de España”, o algo así, eran los portugueses según un verso de los Lusíadas), pero cuidaba de distinguirse de los castellanos, con los que Portugal entraría en conflicto al poco de la muerte del poeta. Poeta que lo fue también en castellano, por cierto.

Dentro de esa elegancia de estilo que antes señalaba, entra esa ironía muy característica de Duque, ornada con una creatividad verbal que envuelve en plata sus críticas más mordaces. Me refiero a expresiones como las “minorías abyectas”, los “listos útiles”, el “fascismo ilustrado”, o la que prefiero sobre todas, “la censura del sector privado”: una censura que ha funcionado a pleno rendimiento contra ciertos sectores ideológicos desde el fin del franquismo y a la que, merced a su buen desempeño, ha llegado la hora de extenderse al sector público, como bien pudo experimentar el propio Aquilino Duque en sus últimos años.

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01 enero 2023

Año nuevo

En este día, el tránsito al Padre de Benedicto XVI suple la ausencia de noticias. Entre muchos otros, me tropiezo con este artículo de Martin Rhonheimer, que al parecer (es de acceso restringido) denuncia los intentos de involucrar al difunto papa, como encubridor, en el asunto de los abusos a menores. Ha sido este, desde que comenzó el siglo, la manera en que el poder ha intentado, y logrado, reducir al silencio a una institución con la que uno podía, en años anteriores, contar para proclamar en voz bien alta la recta doctrina y la recta moral. Hace tiempo que son los “católicos culturales” (buenistas de Gustavo, comunicadores liberales o conservadores, desengañados del rojerío) los que dan la batalla en su lugar, lo que no deja de ser un fenómeno digno de análisis.

                                                                            

Esta conferencia de Jesús Laínz muestra hasta qué punto las políticas lingüísticas están unidas al nacionalismo. No se preocupa uno por normalizar una lengua minoritaria si no está buscando un objetivo político de independencia. Se ha inventado un euskera, se ha inventado un asturiano y se está imponiendo a valencianos y baleares una lengua que no es la que hablan los paisaninos, que dicen en Asturias. Es este, el del asturiano, el caso más lamentable, porque no tiene raíces históricas y se reduce a un fenómeno de imitación.



Y habrá que seguir a este David Cerdá que no cierra los ojos ante el panorama devastador, por utilizar su propio calificativo, de la enseñanza, sobre todo la secundaria, en España. Estoy a media entrevista y habrá que ver si aparte de ver los males tiene alguna posible solución en perspectiva, lo que no es fácil, claro.

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31 diciembre 2022

Bonum certamen certavi,

 cursum consummavi, Fidem servavi.

Qué gran balance de fin de año. Que lo podamos decir nosotros cuando toque, amén. 

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29 diciembre 2022

La libertad en el pensamiento

Este librito de don Antonio Orozco no trata de lo que parece sugerir su título, es decir, de la libre circulación de ideas en un país y su reconocimiento o no por el poder. Es, más bien, un breve tratado de gnoseología que, al adoptar un punto de vista cristiano, afirma el libre albedrío de la persona. Es decir, que uno encuentra la verdad no solo si puede, sino también si quiere. Y, cuando uno no quiere, surgen las filosofías no realistas o sus retoños, las ideologías.

Que uno no pueda vivir sin la verdad lo muestra el que los que la niegan sean incapaces de ser consecuentes hasta el final:

Se cuenta la anécdota que sucedió estando J.-P. Sartre –el filósofo del absurdo– en petit comité, defendiendo con particular vehemencia, argumentando con toda suerte de efectismos dialécticos que la verdad no existía. En esto, una discípula, enardecida por el entusiasmo, exclamó: “¡Qué gran verdad es esta!”. No deja de ser una esperanzadora respuesta. (p. 30, edición 1977)

Decir que en la negación de la verdad, o en la afirmación del error, influyen las pasiones humanas, y en concreto la soberbia, sería hoy una proposición indecente, casi delito de odio. Y, sin embargo, es fácil ver hoy que cuanto más desquiciado es un punto de vista –lgtbismo, animalismo, etc.– con más cabezonería se defiende. Es tan viejo como san Agustín: …et error meus erat deus meus (p. 133, edición citada).

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27 diciembre 2022

Política sin Dios

Este libro surge a raíz de la polémica sobre la mención o no mención del cristianismo en el proyecto de Constitución europea, felizmente olvidada, la constitución, digo. El título original es El cubo y la catedral, mientras que Política sin Dios iba en el subtítulo, al contrario que aquí. Antojos de los editores. El cubo es la Grande Arche, un monumento parisino al que GeorgeWeigel erige en símbolo de la Europa laicista frente a la catedral de Notre-Dame, que, decían, cabía entera en el cubo de marras.

Lo que consiguió aquella polémica fue poner de manifiesto la catadura de los gobernantes europeos, que negando, u ocultando, la matriz cristiana de Europa, hacían una declaración de intenciones. El caso es que la dichosa constitución se ha olvidado, pero el proyecto de descarte de Dios sigue adelante a grandes pasos. Weigel repasa los principales fenómenos concomitantes de esa descristianización (o que él considera tales, desde su postura de conservador norteamericano), los autores que han venido haciendo de profetas (Solzhenitsyn, LubacEl drama del humanismo ateo–, Dawson y, más modernamente, J. H. H. Weiler, de cuyas ideas este libro viene a ser en parte una glosa), defiende el origen cristiano de los derechos humanos y la democracia, encomia el papel de Europa del Este, sobre todo Polonia, en su lucha contra el comunismo y, por supuesto, destaca el papel de Juan Pablo II (de quien, por cierto, es biógrafo), que, como de costumbre, no dejó entonces de afirmar las raíces cristianas de Europa con voz recia y clara.

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25 diciembre 2022

¿Qué fue de aquellos pastores,

con el paso del tiempo? Supongo que no nos hemos merecido un Evangelio más novelístico, al estilo de Dickens, donde todos los personajes hallan su lugar en el desenlace y hasta el último cabo queda anudado. O no ha sido voluntad del Padre el inspirarlo, por lo que sea. Supongo que todos ellos acabaron bautizados, al menos de deseo. Como esos otros que salen de paso: enfermos, menesterosos, tal vez incluso el joven rico.

Encontraron a un niño envuelto en pañales en un pesebre. Y seguro que no tenía cara de niño bueno de Enciclopedia Álvarez, como lo pintan a veces. Apenas tendría cara, como no la tienen los recién nacidos. En todo caso, mis niños jesuses preferidos son esos de pocos meses, con cara de susto, prestos a sonreír o a llorar en cualquier momento, una monada.

Nunca olvidaron al coro celestial, eso seguro. ¿Cómo lo contarían a sus nietos? Ni ojo vio, ni oído oyó… Esa catequesis capilar de los comparsas del Evangelio… “Paz en la tierra a los hombres en los que Él se complace”… que no son los perfectos (no los hay) sino los que le buscan…



24 diciembre 2022

24 de diciembre

Me desayuno con la anécdota del pastor que no tenía nada y a quien la Virgen le confió al Niño, contada por Francisco. Me quedo con la moraleja extraída por el Papa: “Si tus manos te parecen vacías, si ves tu corazón pobre en amor, esta noche es para ti”.  Lo relaciono inmediatamente con el pasaje de Knox que repasaba ayer, de sus Sermones pastorales: si te cuesta creer, venía a decir, que Jesús pensaba en ti cuando se entregó a la pasión y la muerte, considera la Eucaristía: allí está realmente, contigo, como lo está con todos los demás, íntimamente.



23 diciembre 2022

El misterio de la caridad de Juana de Arco

Es este una especie de poema dramático donde una Juana aún no investida de su misión dialoga con diferentes interlocutores acerca de cuestiones relacionadas con lo que indica el título, es decir, la virtud capital del cristianismo. De esas cuestiones, me parece, dos son las más relevantes, también en extensión. La primera, acerca de la licitud de rezar o de preocuparse por las almas de los condenados. Juana se siente impelida a ello por más que su interlocutora le insista en la buena doctrina según la cual ya los condenados han hecho su elección definitiva y es ociosa toda solicitud por ellos. La segunda, lo que podríamos llamar el misterio de la huida de los apóstoles. “Yo nunca le abandonaría”, insiste Juana una y otra vez, mientras que, una vez más, la otra voz la insta a no hacer un Simón Pedro, como hoy se diría, recordando de mil modos lo que es, también, buena doctrina, es decir, que somos capaces, naturaleza caída, de lo más abyecto. Se diría, pues, un enfrentamiento entre la virtud desbordada y la razón teológica, el impulso del corazón metido en cintura por la recta inteligencia de la verdad revelada.

Desde el punto de vista formal, lo que más sorprende en esta obra es el estilo repetitivo, insistente, que recuerda mucho al Evangelio según san Juan, con esas ideas que se repiten una y otra vez con matices o con variantes, como en una maniobra envolvente para acabar atrapando la verdad.

A raíz de su lectura, volví a escuchar el programa de José Javier Esparza dedicado a Charles Péguy, de su serie Disidentes. Y tendré que revisitar al autor con alguna otra obra.

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19 diciembre 2022

Parábola de la esponja

 Chateaubriand, en El genio del cristianismo, parte III:

El corazón del hombre se asemeja a la esponja del río, que ora bebe unas aguas puras en los días bonancibles, ora se impregna de unas aguas cenagosas cuando el cielo ha removido las corrientes. ¿Tiene acaso la esponja el derecho de decir: Creía que nunca habría tormentas y que nunca el sol se mostraría abrasador? 

(En la pagina 433 de la edición de Ciudadela, 2008)



17 diciembre 2022

Agustín

De ¿Qué es la verdad?, el diálogo entre los dos Fabrice, me quedo con esto de San Agustín:

 Los hombres aman la verdad cuando se les anuncia, y la odian cuando les denuncia.

No es que sea un hallazgo, pero es un modo ingenioso de decir. Qui dira les torts de la rime, decía aquel, pero quién dirá, también, las virtudes de la rima a la hora de aprender las cuestiones esenciales.



16 diciembre 2022

La piel

La piel es la narración, a medias real y a medias fantástica, de la peripecia militar del propio Curzio Malaparte al mando de unos hombres en la Italia ya pasada a los aliados y enfrentada con los alemanes. Medio fantástica, pero, ¿quién puede decir lo que es fantástico en esas circunstancias donde ves muertes y atrocidades a cada paso y te juegas la vida en cada lance? Suena fantástica la cabalgada de Curzio (que mantiene el nombre en la novela) entre árboles que poco a poco se transforman en judíos crucificados por los nacionalsocialistas, y suena fantástico el episodio del pescado con figura humana que algunos comensales, por eso mismo, se niegan a comer. Pero podría sonarnos a fantástico también aquel grupo de mozos que esperan su fusilamiento con un temple aterrador, entre desplantes que suenan a un nihilismo escalofriante en ellos. Una bajada a los infiernos, sí, como la de Dante, aunque en la tierra, en la propia patria, una patria desaparecida quizá y sustituida por la piel, la piel que hay que salvar de la embestida de todas las furias.

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12 diciembre 2022

Pasado de moda

Elisabeth Mulder en Solidaridad Nacional, 7-8-1949:

La mujer no es la musa ni el diablo. En fin eso ya está olvidado. Hoy en día no existen los derechos del hombre ni los de la mujer. Existen los del ser humano. Si algún tema me aburre soberanamente y considero pasado de moda es el del feminismo[,] sobre el que ya está todo dicho y de una manera magistral precisamente en España, por un cerebro femenino tan agudo, tan ponderado y bien informado, como es el de la Condesa de Campo Alange[,] que ha estudiado en su admirable libro La secreta guerra de los sexos todos los aspectos de esta así llamada cuestión del feminismo.

Citado, en la introducción a Alba Grey, por María del Mar Mañas, que luego trata de salvarla para la causa matizando lo que ella nunca matizó, que yo sepa.



11 diciembre 2022

Fantasmas y personajes

Del prólogo de María del Mar Mañas a Alba Grey extraigo dos citas de Elisabeth Mulder. La primera, de un artículo (“Interpretación novelística de la realidad”) aparecido en el número 122 de Ínsula (enero de 1957):

Para el novelista las ideas pasan a ser verdaderamente claras cuando adquieren ojos, boca, alma, circunstancias, atmósfera. Es decir, cuando se transforman en personajes. Y no al revés. El personaje esclavizado a una idea para servirla tiene siempre algo de fantasma, y las novelas, las buenas novelas, no se escriben con apariciones fantasmales, sino valiéndose de los más “vivos” y “sanguíneos” en el sentido de la vitalidad novelesca, claro está, de robustez literaria.

Es bueno saber, en efecto, cuándo una novela nos gusta por sus ideas (y puede ser un producto mediocre) y cuándo porque ha conseguido crear unos personajes interesantes, aunque puedan encarnar ideas discutibles. Fantasmas son, a mi modo de ver, los personajes de Unamuno; y son sus personajes “vivos y sanguíneos”, aunque encarnen ideas, los que elevan al Olimpo a Tolstoi o a Dostoievski, por ejemplo.

La segunda cita, para otro día.

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09 diciembre 2022

Azaña

¿Cuánto hay de los diarios de Azaña y cuánto y qué del propio Rojas en este producto? He sido incapaz de verlo, pero supongo que eso le habría gustado al autor. O no. Porque lo de mezclar los diarios de Azaña con su propia creación era, según confesión propia, una técnica narrativa más, una técnica narrativa atrevida, de esas que él se gasta. Y que le valió los palos que eran de esperar: “Azaña gana el premio Planeta”, y tal.

En todo caso, está claro que lo que es de Rojas es todo aquello que nos presenta al personaje como un meditador en torno a la verdad o mentira de este mundo, es decir, todo aquello que le identifica con su re-creador, el novelista “metafísico” que dicen los críticos. Rojas suele presentarnos a sus personajes históricos en una situación determinada de su vida, real o inventada. En este caso, ya moribundo, en conversación con un obispo, un obispo escéptico en cuanto a la vida eterna, como el San Manuel de Unamuno. Mientras que Azaña, el Azaña personaje, repite hasta la saciedad que en lo que no cree es en esta vida, lo que hace que el obispo se resista a absolverle. En fin, Carlos Rojas.

Y, como de costumbre en el autor, el trance en cuestión se simultanea con una panorámica de los hechos históricos. Azaña conversa, en largas analepsis, con diversos políticos e intelectuales de su tiempo, y aquí, claro, es donde probablemente se sitúen esos plagios de los diarios del ex presidente de la República, no sabemos hasta qué punto alterados o respetados por el de Emory.

Al parecer la novela se vendió bastante; era un premio Planeta, al fin y al cabo. Lo que no sé es cuántos de los que la adquirieron la leyeron hasta el final. La impresión, en efecto, es de una obra repetitiva, no solo porque se repitan una y otra vez las citadas ideas de Azaña y el obispo sobre esta vida y la otra, o el olvido por parte de “Azaña” del nombre de la república de la que fue presidente, efectos estos tal vez buscados por el autor, sino porque las miradas al pasado no parece que hagan avanzar la trama en ningún sentido. En todo caso, la calidad de la escritura de Rojas te mantiene el libro en las manos.

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07 diciembre 2022

Alba Grey

 

Alba Grey es toda una novela rosa, lo que no quiere decir que sea una novela mala, claro. Hay novelas policíacas excelentes desde el punto de vista literario, y lo mismo de aventuras, de ciencia-ficción e incluso del Oeste, supongo. La tal Alba es una figura misteriosa casi durante toda la primera mitad de la novela, puesto que apenas aparece; solo se la nombra, y eso hace crecer la expectación hacia ella. Este juego es peligroso, porque si luego el personaje no colma tus expectativas, pues eso. Es lo que creo que pasa aquí. Bien, Alba Grey es la nieta de un viejo aristócrata que se pasa muriéndose la primera parte de las tres de que consta la novela. De hecho, es que no le da la gana morirse hasta que no vea a su nieta, cosa que al fin consigue: las dos cosas, ver a la nieta y morirse. La segunda parte se centra más en el primo Lorenzo y en sus conversaciones en Egipto con una tía de ella, mujer de mundo. Alba termina por hacerse dueña del relato y la vemos oscilar amorosamente entre su primo Lorenzo y su otro primo Gian-Carlo [sic], venido a menos y residente en Nápoles (la familia, por cierto, es italoespañola). [destripe] Mulder nos muestra bastante bien el proceso de enamoramiento entre Gian-Carlo y Alba, que acaban casándose. Pero el italiano resulta ser un tipo supersusceptible, patético tras su máscara de bohemio cínico, y sus celos le llevan a una muerte violenta. Alba matrimonia de nuevo con Lorenzo, de modo que se cumplen inopinadamente los deseos del abuelo, quien en su lecho de muerte había pedido alternativamente a Alba que se casara con Lorenzo y con Gian-Carlo, lo segundo para saldar una deuda que tenía contraída con la madre del tal. [fin del destripe]

En mi primera experiencia con Elisabeth Mulder me encuentro con una novela que, si impecablemente escrita, se queda como en un resumen de lo que podía haber sido un novelón estilo XIX. La protagonista ya digo, no me parece muy definida, a pesar de que la trama nos la hace intuir como un carácter fuerte, y otros personajes me dan la impresión de que podían haber dado mucho más de sí, como esa pariente egiptóloga o alguna otra figura femenina cuyo relieve en algún momento de la historia (la institutriz) no llega a ligarse de modo convincente con la trama principal. Dickens lo habría logrado.

En todo caso, la autora de la introducción, María del Mar Mañas Martínez, nos hace un análisis tan bueno que te acaba convenciendo. Y, es cierto, Mulder describe los sentimientos como se espera de un buen novelista y como suelen hacerlo las escritoras, por lo general. No es Jane Austen ni George Eliot, pero pasa el examen.

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04 noviembre 2022

¿Qué es la verdad?


Es un librito (un folleto, sin casi) que recoge un debate entre Fabrice Hadjadj y Fabrice Midal. ¿Quién es este? Al parecer, un filósofo budista francés. El evento tuvo lugar en la catedral de Ruan y constó de dos intervenciones extensas de cada contendiente para luego abrir coloquio. Coloquio, en efecto, más que debate, aunque haya hablado de contendientes. El guante blanco predomina por ambas partes, que se esfuerzan en dar la razón al otro en lo que pueden, para luego matizar y acercarse a su propio punto de vista. Hadjadj insiste en que la Verdad no puede desvincularse de las personas, y late en su discurso que la Verdad es, de hecho, una persona, la de Jesucristo. Por su parte, Midal hace lo que puede por mostrar que su budismo no consiste en un mirarse el ombligo sino en una apertura hacia lo otro o los otros, signifique eso lo que signifique. En verdad, todo se mueve en unos niveles de abstracción que a los profanos nos deja perplejos. El prólogo de Enrique García-Máiquez sirve para hinchar un poco más este perro, pero lo cierto es que supone un buen tráiler de la película, anticipándonos puntos de la intervención de cada uno a la vez que alaba a ambos.

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04 agosto 2022

Esa censura franquista...

Wikipedia: 

Debido al contenido truculento de esta película [¿Quién puede matar a un niño?, España 1976], en algunos países la misma fue estrenada con cortes (como por ejemplo Argentina, Australia, Francia, Suecia y Estados Unidos) cuando no fue prohibida (como sucedió en Islandia y Finlandia aunque, en el país escandinavo, la película finalmente se estrenó en 2006 como parte del Night visions film Festival de ese año).



 

22 julio 2022

A contrapelo

Esta novela es una especie de “manual del perfecto decadentista”, con un protagonista, d´Esseintes, que solo una vez, que yo recuerde, se mueve de su casa para visitar Inglaterra y volver desengañado. Asistimos a un inventario de objetos para uso de decadentes: decoración, gastronomía, devociones literarias… Huysmans se muestra como un experto en este tipo de merchandising. Pero hay también una sección teológico-literaria, con un desfile de autores católicos de los cuales nos da su versión, para acabar, a propósito de Barbey d´Aurevilly, en esa mezcla de pasión por lo erótico y por lo religioso tan caro a esta tendencia, y que vemos en Rubén Darío, por ejemplo.

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21 julio 2022

La condición femenina en el Nuevo Testamento

El libro se divide en dos partes y unas conclusiones. La primera parte analiza en primer lugar el simbolismo de lo masculino y lo femenino en la Escritura, que para el Nuevo Testamento se traduce en la visión de Jesucristo y la Iglesia como unas nupcias. Se refiere también ampliamente a lo que el Nuevo Testamento refleja, sobre todo en las cartas paulinas, sobre las normas de vida práctica referidas a las mujeres. La segunda parte trata el tema de las funciones pastorales de las mujeres en la Iglesia.

Por supuesto, Grelot trata de aclarar los datos de supuesta misoginia que pueden deducirse tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. En el caso de la simbología, hay que recordar que la mujer representa la situación de la humanidad frente a Cristo, caída y redimida. En lo que se refiere a las normas de vida práctica, el autor deja bastante claro qué cosas forman parte del derecho civil de la época romana y de las costumbres de Israel y cuáles responden a la visión cristiana del hombre. Como Pablo no vino a hacer una revolución, respeta esas normas del derecho vigente en lo que estas son compatibles con la dignidad humana: el vestido, los usos sobre el matrimonio, las funciones respectivas en la asamblea litúrgica… La visión cristiana del hombre, sin embargo, pone en pie de igualdad a hombre y mujer como a “judío y griego” y “libre y esclavo”, pero afirmando su diferencia, pues “hombre y mujer los creó” Dios en el principio.

Termina el libro con un apartado sobre los ministerios en la Iglesia y la famosa cuestión de las “diaconisas”. No entra en la cuestión de si deberían acceder las mujeres al primer grado del orden sacerdotal, pero deja claro que, si bien “las mujeres participaron activamente en la vida de las iglesias” y “cooperaron notablemente al servicio de la palabra evangélica”, “no tuvieron acceso a las funciones ministeriales de presbiterado y episcopado, de pastoría y de presidencia´”. Mantenerlo así es cuestión de fidelidad a la tradición apostólica.

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15 julio 2022

Coloquio en Sicilia

Silvestre, que vive en Milán, decide volver a su Sicilia natal para ver a su madre, toda vez que ha recibido una carta de su padre en la que le comunica que ha abandonado el hogar. En el viaje, Silvestre conoce a varios sicilianos. Una vez en su aldea, mantiene curiosas conversaciones con su madre, la acompaña en su tarea de poner inyecciones a los paisanos y paisanas. Luego traba amistad con un afilador y otros personajes del pueblo, con los que mantiene no menos extrañas conversaciones a la vez que evoca, bajo los efectos del vino, a su difunto hermano que murió en la guerra, transformado, en medio del cementerio, en un soldado que repite ejem, ejem.

Iba con la idea de encontrarme con una novela socialrealista, tal me la presentaron en la facultad hace varios eones. Pero no sé de dónde sacan las etiquetas, a veces, estos señores profesores. Solo superficialmente podemos comparar esto con algo como Los bravos de Fernández Santos, como no sea en las descripciones del paisaje. Estos personajes me recuerdan más bien a una película de Fellini, cuando no a Esperando a Godot o alguna otra obra de teatro del absurdo. Con qué intención, el autor lo sabe. Elio Vittorini, se llamaba.

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10 julio 2022

Carta del más allá

Es una historia policíaca que podría haberse sostenido sola, pero a Torcuato Luca de Tena le dio por mezclarla con una catequesis sobre el purgatorio, lo que ya es original. Sale airoso del experimento, aunque no se trate, quizá, de una de sus mejores obras.

Pues es que el protagonista es asesinado al llegar a su casa e inmediatamente lo tenemos reducido a su alma en pena, pero “viendo” y “oyendo” todo lo que sucede alrededor de su asesinato. De hecho, es consciente de que su pena va a consistir en penetrar las mentes de sus parientes y amigos y darse cuenta de todo lo que hay de sucio en ellas, al tiempo que contempla la resolución de su caso. Don Torcuato es explícito al dar, por boca del difunto, pelos y señales sobre la suerte de las ánimas del purgatorio, y de ahí lo de la catequesis: el muerto sabe que está destinado a la gloria y eso le quita toda tristeza pero siente que debe purificarse antes de acceder a la visión de Dios, lo que hace de buena gana. A la vez, es capaz de sugerir actitudes a aquellos con los que se relacionó en vida, sin que estos sean conscientes de que son movidos por una presencia espiritual.

Creo que el personaje más atractivo de la novela es la detective que se encarga de su caso, a la que él ya había conocido en vida, cuando le encargó que le facilitara visitas a su hija natural, que le había vedado su padre adoptivo. La resolución de uno y otro caso revela un talento fuera de lo común pero en los límites de lo real. Alguna situación límite roza lo inverosímil, pero en qué novela policíaca no pasa eso.

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29 junio 2022

Una mujer llega al pueblo

El dedo que señala y el juicio que hacemos de los demás son a menudo un signo de nuestra incapacidad para aceptar nuestra propia debilidad, nuestra propia fragilidad.

Esto que dice el papa Francisco lo puso en forma de novela Mercedes Salisachs en esta Una mujer llega al pueblo. De hecho sería un lema aún más certero que el de Kafka que puso ella*. En efecto, la mujer que “llega al pueblo”, Eulalia, es objeto de los más atroces desprecios por parte de sus convecinos por el hecho de llegar embarazada y soltera. Bueno, ya se fue así, pero el hecho de que vuelva es interpretado como un atrevimiento intolerable. Y esta falta de caridad, que llega al extremo de negarle un techo, parece desatar lo peor de cada uno de los paisanos, de modo que asistimos a un crescendo de violencias, de pasiones más o menos reprimidas hasta entonces. Ninguno de los vecinos de Eulalia podría tirar la primera piedra, ni la segunda ni la tercera. Como glosa el anónimo autor de donde saqué la cita papal: “Detrás de un juicio demasiado severo con los demás, no es raro encontrarnos con errores personales no descubiertos del todo”.

Salisachs contrapuntea los hechos subsiguientes a la llegada de Eulalia con el pasado de esta, desde su infancia desgraciada hasta el “desliz” fatal, con el fin de hacernos conocer el origen, no solo del drama de la protagonista, sino de los conflictos que vemos estallar en el presente. Conflictos que se muestran con una crudeza naturalista al tiempo que con toques de humor, mezcla que no sé si me acaba de convencer pero que no quita a la narración un ápice de interés.

Me causó cierto mosqueo, al principio de la lectura, el comprobar que el tema era (¡una vez más!) el puritanismo, tema tan grato al enemigo. Pero frases como esta del cura mosén Roque, definiendo a estas víboras bienpensantes, compensan ampliamente:

Había seres que no solo lucían su fe como un motivo de orgullo, sino que la inutilizaban para enseñarla como un objeto de lujo.

El propio mosén Roque ofrecerá también, al final de la novela, la clave del asunto:

Habéis querido buscar el mal en todo y no os dais cuenta de que buscándolo lo habéis creado…

En fin, bien está lo que bien acaba, o, mejor dicho, lo que bien se explica, ya que, una vez más, Mercedes Salisachs no hace concesiones al final feliz; si acaso, al final ejemplar.

 

*El pecho que respira tranquilamente desconoce todo temor. Desconoce la diferencia entre el crimen consumado y el crimen planeado.

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17 junio 2022

El año en que un tipo se convirtió en mujer para ganar un premio literario.

Bueno, no es que estableciese una relación directa, pero es significativo. A José García Nieto se le puso entre las cejas ganar el premio Adonais de 1950 a pesar de ser miembro del jurado y para ello escribió un poemario como si fuera una mujer, lo tituló Dama de soledad, lo envió bajo el nombre de Juana García Noreña e incluso buscó una “autora” que recibiera el premio, en la persona de la asturiana Angelines de la Borbolla. Era 1950. Ganó.

Los detalles del contrato me son desconocidos. Me enteré hace poco del suceso por la exposición que conmemoraba los 75 años de Adonais, donde daban cuenta de la chusca anécdota, y lo traigo aquí por lo que revela sobre la “marginación de la mujer” en el franquismo y tal y tal, abundando en lo que dije aquí y en otras partes. 



12 junio 2022

Basada en el best-seller

 Recuerdo cuando uno de mis profesores de universidad nos hacía notar, no recuerdo a propósito de qué, que en cierto documento de la época de posguerra habían tachado el nombre de Tomás Navarro Tomás, lingüista desafecto, por lo visto, al régimen.

Y lo he recordado inmediatamente cuando he visto el tráiler, o como se llame, de Los renglones torcidos de Dios, que dice: “Basada en el best-seller”.

Que se escribió solo, al parecer.

Están empeñados en dar la razón a Blas Piñar, que decía que eso de la democracia no era más que la dictadura de los que perdieron la guerra.





28 mayo 2022

El fulgor y la sangre

 Cinco guardias civiles y sus mujeres en el ambiente opresivo de un castillo-cuartel. La noticia: uno de los guardias ha muerto en una refriega, pero aún no se sabe quién. Las horas se suceden tensas (mediodía, dos de la tarde, cuatro de la tarde…) mientras, en contrapunto, el narrador nos retrotrae a las vivencias de la guerra civil en cada una de las mujeres, que son las auténticas protagonistas, unas fuertes, otras más débiles, esta más frívola, aquella más grave. La muerte, que pareció pasar de largo para todas en aquella circunstancia, parece volver ahora como para cobrarse el crédito otorgado entonces.

Aldecoa no se ensaña con los lectores que se hubieran encariñado con los personajes y acude a un fácil expediente para facilitar el desenlace, que no es, desde luego, lo importante. Lo es el enfrentamiento contra la vida y la muerte de estas mujeres. Aldecoa lo sirve con una acertada construcción y con la prosa exquisita que le caracteriza.

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22 enero 2022

Un encuentro peligroso

La sensación tras la lectura de Un encuentro peligroso es la misma que tras la de Abejas de cristal: la de que se me ha querido comunicar algo pero no sé el qué. Es un relato policíaco bastante simple, protagonizado por personajes mundanos: un aristócrata y su esposa, un joven atontado que se deja conducir a una aventura amorosa con esta última por un vividor aburrido, un comisario de policía y su subordinado, una bailarina que resulta asesinada sin motivo aparente. La vida y la personalidad de todos ellos es narrada con precisión de científico, pero la resolución de los hechos no guarda con todo ello más que una relación superficial, como de un aprendiz que quisiera imitar a Simenon o a Agatha Christie. La interacción entre caracteres tan definidos habría debido dar lugar a algo más interesante. En fin, todavía no he encontrado el Jünger que me interese, pero vuelvo siempre a él por la simpatía que profeso a quienes le admiran.

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16 enero 2022

La incógnita

Sorprende desde el principio La incógnita por su forma epistolar, sin preámbulos; modo que se mantiene a lo largo de todo el volumen incluyendo el quiebro final. Sorprende luego a medida que nos maliciamos que el destinatario de las cartas probablemente no tenga entidad real y se reduzca a ser un invento del propio Manuel Infante, que se escribe a sí mismo. El tal Infante le cuenta a Equis sus impresiones sobre la política (se ha metido a diputado) y, sobre todo, sobre los supuestos amores de la hija de su tío, por la que él también ha concebido una fuerte pasión. La “incógnita” sobre el amante de Augusta, que así se llama, permanece a lo largo de toda la correspondencia novelesca, sucediéndose los “sospechosos” a medida que Infante escucha las variopintas opiniones de sus conocidos. La historia se complica, y se hace más apremiante, cuando el sospechoso número uno, Federico Viera, un veterano vividor, es asesinado.

Pero la mayor sorpresa se reserva para el final, pues la única carta de respuesta de Equis es para decirle a Infante que todas sus cartas se han metamorfoseado en una novela titulada Realidad, que desvela al fin, y por encima de las opiniones más o menos mentirosas, la verdad del caso. Y es la cosa que Realidad existe como novela, y que al parecer (aún no la he leído) muestra, en efecto, el sucederse real de los hechos narrados en La incógnita. Se trata, pues, de dos novelas complementarias.

En conclusión: que, cuando me pregunten por el mejor novelista español del siglo XX (digo veinte) voy a mencionar a Benito Pérez Galdós, pues tan bien se le dan esos experimentos narrativos (juego con la realidad y la fantasía, con los puntos de vista…) que se suponen propios de la novela de la pasada centuria. Esto de plantear una misma historia primero a través de los ojos engañosos de sus protagonistas y luego según los hechos objetivos es de una audacia que no se la salta un Faulkner, y además tiene los méritos de afirmar una realidad objetiva, al contrario que nuestros escépticos contemporáneos, y de lograr una amenidad, a base de “gestionar”, como hoy se diría, la lengua coloquial de su tiempo, con la que parecen estar reñidos los prousts, joyces y faulkners.

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07 enero 2022

La sinfonía de las moscas

Mercedes Salisachs narra despiadadamente la ruina moral y material de una familia barcelonesa de los 50. Al padre le toca una quiniela de catorce y el tipo se despide de su trabajo y se pone a echar canas al aire, resultando que la cantidad que le había tocado, que no era para tanto como pensaba, se va evaporando entre caprichos. El tipo vive en un barrio de mala nota con su poco ejemplar madre, con su mujer, una cuñada, dos hijos y una sobrina (que resultará también ser hija suya). Una hermana mantenida por un señorón viene a completar el cuadro. Los hijos son las víctimas de esta pandilla, más que familia. El chico quiere ser cura pero entre todos le arruinan la vocación y la vida. La chica es salvada de un intento de suicidio y comienza un limpio noviazgo que sin embargo se verá frustrado también por las ambiciones y los prejuicios de unos y otros. En un momento dado, la peste que inunda la casa, consecuencia de un atranque de agua fecal, se convierte en símbolo de toda aquella miseria. El título, tan cruel como el resto, hace alusión a la breve vida de estos insectos, de la que en el otoño ejecutan el último movimiento.

Se diría una novela de realismo social, al estilo de las de su tiempo, pero la diferencia es clara: aquí la ruina no la causan las estructuras injustas, sino los vicios de las personas. Tanto Paco como Julita (los hijos) intuyen dónde está la salida, pero sus propios familiares se empeñan en atraparles en la mala vida mientras malogran sus propios modestos empleos en un intento de evitar la caída en el precipicio.

Por otro lado, la narración, seca, en presente, sin el menor asomo de emoción, es mucho más artística que la media de las novelas socialrealistas. Podría haber ganado el Nadal pero se lo llevó un desconocido Vidal Cadellans y Salisachs no la publicó hasta los años 80.

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23 diciembre 2021

Annalena Bilsini

Esto es que Annalena se muda al campo con sus cinco hijos, bueno, con cuatro, porque el otro estaba haciendo el servicio militar, aunque luego vuelve a casa… Me adelanto. Osea está casado con Gina y tiene dos niños, Primo y Secundo. El resto de los hijos son Giovanni, Bardo y Baldo, y vive también con ellos el tío Dionisio. Las vicisitudes de esta familia tirando para adelante en un entorno rural constituyen la trama de esta novela realista con toques poéticos. Los hijos dan sus quehaceres respectivos, sobre todo el Pietro, el militar, egoísta de tomo y lomo que busca matrimoniar por interés con la hija del arrendador mientras trata de seducir a su insatisfecha cuñada. Por su parte, Annalena rechaza las pretensiones del arrendador, Giannini, casado con una enferma mental… Todo ello no conduce a un desenlace destructivo, como en las novelas naturalistas de su tiempo, porque los personajes saben, como la voz narradora, que el “instinto que el Señor ha concedido al hombre [es] solo para que este pueda vencerlo”.

Desconozco si hay antecedentes o consecuentes de esta historia, pero se presta a ello, por sus posibilidades de “saga”. La autora es Grazia Deledda, cuyo nombre simplemente me sonaba. Por lo visto, es la segunda mujer a la que dieron el Premio Nobel, dato que me trae bastante al fresco.

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Puer natus est nobis

 


18 diciembre 2021

No es propio de mujeres

Otra vez Nueva Revista, 178. En esta ocasión, Antonio Rubio comenta el libro La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexievich:

…los mandos militares exigían a las mujeres que no se compadecieran del enemigo. Por el contrario, deberían esforzarse por odiarlo. Pero, como bien recuerda la autora, odiar y matar no es propio de mujeres.

Las que acababan entrando en esa terrible dinámica tuvieron que hacerse violencia a sí mismas, y se convirtieron en mitad ser humano y mitad animal.

Pienso en las que abortan. Si esa mitad humana acaba predominando, se suicidan o cambian de vida en sentido cristiano; si predomina la mitad animal, se hacen militantes feministas, cuyo destino no es mucho mejor que el de las suicidas.



16 diciembre 2021

¿Tiene la derecha española

autoridad moral para criticar la ley de Memoria histórica? ¿Es que no han contribuido durante cuarenta años a hacerla posible no hablando del franquismo (el régimen en el que se formaron y que hizo posible el actualmente vigente) más que para denigrarlo?

La torpeza llega al colmo (del ridículo) cuando para atacar la dichosa ley empiezan metiéndose… ¡con el franquismo! Es lo que hace Emilio Lamo de Espinosa en Nueva Revista (número 178, “España, México y la leyenda negra”) cuando recuerda, al inicio de su artículo, y para mostrar su carácter totalitario, que un alcalde franquista utilizó ante Himmler la expresión memoria histórica

En fin, lasciate ogni speranza. O, en castizo, contento me tenéis…



12 diciembre 2021

Nihil novum

John Stuart Mill, en Sobre la libertad:

No es suficiente con una protección contra la tiranía del magistrado, también es necesaria otra contra la tiranía de la opinión y los sentimientos prevalecientes, y contra la tendencia de la sociedad a imponer, por medios distintos a las sanciones civiles, sus propias ideas y prácticas como normas de conducta a quienes disienten de ellas, y contra su propensión a obstaculizar el desarrollo y, si pueden, a impedir la formación de toda individualidad discordante.

(Citado por Juan José Lavilla Rubira en Nueva Revista, 178, “Nuevos retos para un derecho fundamental”)

Cuando aquellas “individualidades discordantes”, entonces llamadas librepensadores, prevalecieron, se hubiera dicho que esa “tiranía de la opinión” iba a acabar. Sin embargo, sus herederos se aplican a “imponer sus propias ideas y prácticas” con más fuerza si cabe que los viejos órdenes establecidos.



07 diciembre 2021

Cuerpos y almas

Que esta novela fuese best-seller en los años 60 dice mucho de los lectores de aquel tiempo, porque la verdad es que no resulta nada complaciente en sus primeros capítulos, dedicados a mostrar el ambiente de las facultades de medicina en la Francia de su tiempo (hacia 1940); ambiente poco recomendable desde el punto de vista de la ética profesional, con unas descripciones durísimas de operaciones quirúrgicas y sin que veas la trama prácticamente hasta la parte segunda.

Una trama que viene dada por el contraste entre los malos médicos y el protagonista, Michel, hijo del afamado doctor Doutreval, que se entrega a su profesión en ambientes de pobreza, padeciendo él mismo la pobreza en compañía de su esposa, una antigua paciente que suscitó en él una compasión sublimada en amor. Doutreval tiene otra hija que asestará una segunda bofetada moral al egoísmo del padre y sus colegas, pues Fabienne, que así se llama, acaba aceptando el hijo que concibió del doctor a quien admiraba, contra la opinión de un padre celoso del qué dirán. Al tiempo, la propia Fabienne abandona, aun amándolo, al padre de su hijo por no comprometerlo de cara a su familia.

Novela ejemplar, pues, donde imagino que los cuerpos es lo que ven los compañeros y maestros de Michel, tipos con pocos escrúpulos a la hora de experimentar con sus pacientes, con extremos que el autor nos muestra con un desgarro inmisericorde, siempre atentos a su carrera y a brillar por encima de los demás; y las almas, aquellas que son capaces de ver personas como Michel o Fabienne, sujetos de un amor que les predispone a recibir la gracia divina. De hecho, “detrás del amor al prójimo está el Bien, está Dios. Cada vez que el hombre ama algo que no está sujeto a él, es, conscientemente o no, un acto de fe en Dios. Solo existen dos amores: el amor a sí mismo y el amor a Dios”. Palabras con que Maxence van der Meersch cierra la novela, a modo de conclusión, por si no la habíamos sacado nosotros.

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