27 junio 2017

Encuentro en Misericordia, de Galdós,

la palabra fisno, con lo cual resulta más antiguo de lo que yo pensaba este adjetivo jocoso con que los meridionales califican el habla de los castellanos. Hablar fino, según ellos, es, por ejemplo, pronunciar todas las consonantes que se escriben, como las s final de sílaba, de ahí la ultracorrección chistosa hablar fisno.


23 junio 2017

Tres días de julio

Luis Romero es famoso por La noria, novela de protagonista colectivo al estilo de La colmena de Cela.  Pero creo que lo mejor que pudo hacer con semejante esquema era aplicarlo a algo nuevo, como hizo efectivamente en Tres días de julio: algo nuevo, en este caso un reportaje novelado. Fenomenal reportaje, que podríamos calificar de “novela de no ficción”, como esa que dicen que inventó Truman Capote y cultivaron con éxito los del Nuevo periodismo norteamericano, Tom Wolfe y demás.

Los tres días son, por supuesto, los del inicio de la guerra española: 18, 19 y 20. Seiscientas páginas narradas en tiempo presente (como en La colmena) desde la conciencia de los personajes secundarios del drama, a veces ni siquiera secundarios sino comparsas que acabaron encontrando la muerte propia o de algún allegado en aquella tragedia. La mayor parte con sus nombres, otros con nombre cambiado. De su encuentro personal con ellos o con quienes los conocieron nos da cumplida cuenta el autor al principio y al final del libro.

Aquí no hay apología de nada, salvo de la humanidad, ni alegato contra nada, salvo contra una carnicería salvaje cuya repetición hay que evitar “a cualquier precio”, porque “cuando la máquina de matar se pone en marcha, es difícil detenerla”. Lo dice alguien que participó en aquella guerra y en la División Azul, seguro de actuar de buena fe, como todos (casi todos) los personajes que aquí aparecen, cuyas razones se nos muestran con sencillez y sin caricatura. Romero, uno de esos raros especímenes que (por lo que deduzco) ni mantuvieron contra viento y marea sus ardores juveniles ni renegaron cínicamente de ellos cuando no eran cool, se pone en el corazón de la gente de izquierdas y de derechas con toda naturalidad. El resultado quizá no tenga la sugestión de Oh, Jerusalén y puede pecar a veces de repetitivo, pero las escenas del asalto al Cuartel de la Montaña, en Madrid, al final de la obra, compensan lo que nos puedan impacientar otros pasajes.


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21 junio 2017

Históricamente incorrecto

Tenemos una notable tendencia a hacer de la historia un cuento de buenos y malos, así que no vienen mal libros como este, que tratan de hacer de abogados del diablo, es decir, de los malos. Como el autor (Jean Sévillia) es un periodista de Le Figaro, los malos por los que se intercede son las derechas o lo que las izquierdas han demonizado: el feudalismo, las cruzadas, la inquisición, el absolutismo, el colonialismo, la Iglesia como supuesta aliada del poder establecido... En definitiva, se trata de tomar conciencia de que hay menos lobos de lo que se cree en una de las partes y más de los que se cree en la otra; vamos, que los cátaros, los protestantes, los revolucionarios franceses o los de la comuna de París dieron más estopa de lo que se cuenta y viceversa.

Como digo, no viene mal recordarlo, pero la conclusión es lo de siempre: que el hombre está inclinado al pecado y en cuanto le dan la menor oportunidad se comporta como un salvaje, católico o protestante, absolutista o revolucionario. Que unos cortaran más o menos cabezas que los otros no exculpa a nadie. Solo cabe exigir a los estados que dejen de tratar de imponer una historia oficial y dejen campo libre a los del oficio.


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07 junio 2017

Repasando el correo

me encuentro dos citas en cierto modo coincidentes, por el tema y los autores.

¿Era Goethe un reaccionario? No, padre, era masón. Sin embargo...

La lengua materna de Europa es el cristianismo. (Cita de un tal Juan Robles en Actuall)

¿Era Gustave Flaubert un clericalote? No, por cierto. Creo que más bien formaba en el ala izquierda de eso que llaman el “espectro político”. Pero...

Las fases de la historia de Europa han sido el paganismo, el cristianismo y el estupidismo. (Tuit de Enrique García-Máiquez)

Descontextualizadas como todas las citas. Pero indican algo de lo que deberían tomar nota los comecuras actuales: las convicciones personales no han de impedir el reconocimiento de la realidad ni los aportes culturales del cristianismo.


02 junio 2017

Tuñón de Lara sería lo que fuera,

pero aquí me cae simpático.

Debiera ser innecesario recordar que conmociones como las guerras de religión, la Revolución Inglesa, la Revolución Francesa, la Guerra de Secesión de los Estados Unidos, la Comuna de París y su represión, la guerra civil rusa, etc., fuesen acompañadas de violencias análogas [a las de la Guerra Civil española]. Nada digamos de las invasiones hitlerianas, ni de los exterminios colonialistas durante decenios y decenios. En verdad, si en aquel verano de 1936 se perpetraron en España crímenes execrables, hay que decir que los criminales fueron una exigua minoría. No era eso lo que caracterizaba a los españoles, y si pasión había —que sí la hubo—se manifestaba en el arrojo, en la valentía, en el heroísmo. En ambos bandos hubo muchos más héroes que criminales.

Así me gustaría creerlo, aunque no estoy muy seguro. (Cita de La España del siglo XX, en Luis Romero, Tres días de julio



26 mayo 2017

¿Acaso no matan a los caballos?

Esta es una novela de terror, por cuanto resulta terrorífico que una persona se haga matar con la firme resolución de quien ve cerrados todos los caminos; como alguien a quien no se le concede ni se le va a conceder la más mínima oportunidad de hacer algo con su vida; alguien completamente descartado de su sociedad, como diría el Papa; sin miedo ni esperanza, según la vieja máxima. Y también sin nadie que pensase que era bueno que existiera, a pesar de todo,

La historia está narrada por el matarife, de modo circular; doblemente circular, podríamos decir, puesto que comienza con el juicio por asesinato y cada capítulo está encabezado por una de las frases protocolarias de la sentencia: “Que el acusado se ponga en pie”, “¿Hay algún motivo que impida dictar sentencia?”, “No habiendo motivo alguno que impida dictar sentencia...” Pero a la vez el asesino, que narra desde el banquillo, empieza su historia con el momento en que descerraja un tiro en la cabeza de Gloria, para después hacer su largo flashback, que se desarrolla en gran parte en esos maratones de baile a los que acudían los parias en los años de la depresión para divertir a los epulones ociosos, una especie de arcaico Gran hermano con la salvedad de que estos necesitaban realmente las perras. La película que hicieron sobre la novela la titularon en España Danzad, danzad, malditos, quizá porque el original era demasiado fuerte en un momento en que esas cosas se cuidaban.

Horace McCoy hizo causa de novelar la gran depresión, ya que muchas de sus obras se desarrollan en ese contexto, siempre con sus víctimas como protagonistas. En el tomo de “Club del Misterio” (?) en que leí esta iba también I should have stayed home, que titularon Luces de Hollywood enmascarando ese desesperanzado Debí quedarme en casa, muy expresivo del mundo novelesco del autor. No nos vendría mal alguien con talento para novelar la existencia de los descartados de hoy. 

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18 mayo 2017

Toque de distinción


Me deshice del mozo y conté las rosas que provenían de Wally. Catorce. Eso me complació. Siempre me ha gustado recibir rosas, pero la habitual docena me suena demasiado a encargo de floristería. Si son catorce las que se envían es que realmente se lo ha pensado.




                                                             

16 mayo 2017

Arte moderno

es lo que se originó cuando los pintores dejaron de mirar a las mujeres.

Bernard Samson, en Len Deighton, Sedal para espías



14 mayo 2017

La ventana daba al río

La guerra: “Usted la lleva puesta, amigo. Es usted joven, ama a su Patria [sic], tiene fe en algo, probablemente le gusta el peligro y no habrá poder humano que le detenga. Y si existe algún poder por encima del poder humano, usted gana, porque ese cae de su parte. Tranquilícese, tendrá usted su dosis de heroísmo, quién lo duda…”

Este podría ser el retrato de todos los protagonistas de Rafael García Serrano y también del narrador que está detrás de ellos. Convencidos de que Dios está de su parte, no se plantean dudas a la hora de disparar ni de morir, tampoco a la hora de descalificar al adversario con los más duros epítetos, pero lejos de parecer unas bestias fanáticas inspiran simpatía por su capacidad de enamorarse y de darlo todo por el camarada (“yo tenía un camarada…”). Incluso el enemigo, si se bate bien, es visto con buenos ojos.

En esta entrega de la “Ópera Carrasclás” se confrontan dos actores colectivos que no son los nacionales y los rojos, sino los combatientes españoles y los curiosos que desde Francia acudían a contemplar la contienda, bien parapetados tras las ventanas de los hoteles fronterizos. Porque, al parecer, tal cosa era factible. Dentro de este segundo universo, compuesto de gente frívola y degenerada, hay sin embargo una donna angelicata, una Michele (sic, aunque creo que en francés va con dos eles) que cual Beatriz acompaña al protagonista, Alberto (nombre de novela rosa, pequeño fallo), hasta la línea de su amada patria en guerra, para que pueda incorporarse a las filas nacionales. Contar esta historia sin una mano maestra habría significado caer en la ñoñez más impresentable. Por fortuna, estamos ante el García Serrano de siempre, con su narrativa recia, salpicada de humor, con la metáfora justa y el coloquialismo bien plantado. No será la mejor de las suyas, pero qué buenos ratos.

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12 mayo 2017

Las palabras no son inocentes

F. J. de Vicente, El catolicismo liberal en España (negrita mía):

Para hacerse aceptable en el exterior, en donde gobernaban no pocos democratacristianos, Franco buscó la complicidad de los católicos formados bajo el patrocinio de Herrera Oria…

Por supuesto, Franco buscaba siempre complicidades, no colaboración, si ustedes me entienden…



11 mayo 2017

Cuando nos prohibieron ser mujeres

¿Leer un libro que afirma aquello de lo que ya estás convencido? Pues sí, es un ejercicio de relax, es como una ducha reconfortante. Sobre todo cuando compruebas con placer que no estás solo viendo al rey desnudo, que no todos son unos chiflados que ven rebaños de ovejas en unos ejércitos al galope. En fin, que me lo he pasado en grande leyendo a la autora proscrita de moda. Temía yo que fuese el típico libro bienintencionado pero regularmente escrito e hinchado con textos de las leyes de género que funcionan aquí y allá. No hay tal. Implacable en su exposición ordenada del tema y con una expresión tan correcta como mordaz, Alicia Rubio repasa una a una todas las manifestaciones de esa desquiciada antropología que quiere imponerse con exclusividad haciendo frente a la evidencia. Efectivamente, no es solo el intento de normalizar las relaciones homosexuales equiparándolas al matrimonio, o el destruir el sexo natural convirtiéndolo en un arbitrario género que uno elige a voluntad. Forman parte de esta construcción ideológica las campañas que tratan de forzar la igualdad hombre/mujer más allá de lo que les es común, su humanidad; el concepto de violencia de género, que no hace sino ahondar en el mal que dice combatir; el adoctrinamiento sexual de los escolares y la cuidadosa separación entre sexo y reproducción, con la promoción del aborto hasta el punto de reprimir la difusión de alternativas. La documentación de la autora es notable pero no la exhibe con citas enojosas a pie de página sino que la integra en un discurso fluido. Interesantes también los lemas que encabezan cada capítulo, donde se dan cita Hesíodo, Chesterton, Camus, Mark Twain, Orwell, Lincoln y muchos otros, incluido alguno tan olvidado como José Bergamín, lo que muestra que estamos ante una persona culta y nada bisoña en esto de la escritura, aunque su especialidad sea la Educación Física. Solo le pondría dos pegas, una de contenido y otra de forma: la argumentación quizá excesivamente biológica, que insiste en la semejanza del ser humano con el chimpancé y su diferencia con el bonobo (mono al parecer muy promiscuo), y el abuso de las comillas cuando emplea algún término coloquial o figurado: denota inseguridad.

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09 mayo 2017

Don Francisco y los duelos

A propósito de una alusión, en un soneto de Quevedo, a los libros del duelo, anota José Manuel Blecua: “Las reglas observadas en los duelos, de los que nunca fue muy partidario Quevedo”. Y aduce en su apoyo esta cita de su obra Providencia de Dios: “Este disparate sangriento, esta rabia facinorosa, esta furia delincuente en lo divino y humano, que se intitula Libro del duelo, tiene la infamia de su decendencia tan antigua como el mundo.”

Vaya, vaya. Ya veo lo que puede uno fiarse de Arturo Pérez-Reverte en cuando a fidelidad histórica. En sus Alatristes, Quevedo es un pendenciero que saca la espada a la mínima, sobre todo cuando ha soplado del tinto. No deja de tener simpatía el personaje, pero me complace sacar por mentirosillo al bocachanclas de Cartagena.




08 mayo 2017

El primero es Gonzalo de Berceo llamado


Qué feliz coincidencia que Ángel Ruiz nos hable de Berceo. Acabo de leer (por motivos que no vienen al caso) unos capítulos de una de esas novelas sobre colegiales con indigesta moralina progre, donde aparece un profesor guay de esos que dicen que hay que enseñar a pensar en vez de enseñar cosas. Pensar sobre la nada, supongo. En fin, el profe guay, original el tío, decía que él pasaba muy rápido por los autores medievales porque a ver qué les iba a decir a los chicos un tipo como Berceo, si él mismo se aburría con él. Donde estuvieran Kavafis o Cernuda

Es lo que tienen estos profesores guay, que además suelen ser profesores paletos. Recuerdo que hablamos de aquel poeta a quien Antonio Machado consideraba uno de sus maestros, y uno de los que están en los cimientos de las prosas de Rubén Darío, por ejemplo. En fin, dejé el libro cuando el guay se puso a contar pormenorizadamente cómo dio por el culo a un amigote de su misma acera (porque además de guay es gay), para olvidar el mal rato de su primera clase; pero llevaba ya mucho tiempo pugnando por caérseme de las manos. La edad de la ira se titula, para que no se equivoquen. Y pienso en lo que me dicen a veces de que publicar una novela no es tan difícil, que no tengo más que plasmar mis experiencias en la enseñanza, y tiemblo al pensar que podría parir algo como esto aunque fuese sin orgías rectales. Dios me libre.

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06 mayo 2017

Los vecinos de enfrente

Hay obras analíticas (páginas y páginas) sobre el infierno soviético, como El vértigo de Evgenia Ginzburg o Archipiélago Gulag de Solzhenitsin. Otras son sintéticas, como esta de Georges Simenon, el novelista belga que es mucho más que el padre de Maigret. En 160 páginas uno palpa el hielo del último círculo dantesco: la sospecha continua, la ocultación de sentimientos, la prostitución cotidiana. El homo sovieticus es el principal personaje de este relato inquietante, donde solo progresa la sensación de agobio y el temor de ser despachado a la tumba en cualquier instante; el homo sovieticus como antagonista de este Adil Bey muy siglo XX, desorientado e inseguro ya antes de aterrizar en Batum como cónsul de Turquía. El ojo del Gran hermano se llama aquí la ventana de enfrente, que es otra de las traducciones que se ha dado al título, Les gens d´en face. Tras esa ventana viven los parientes de Sonia, la secretaria, tan hecha a vivir en la mentira como todos sus conciudadanos. Un “rastro reluciente” en su mejilla abre una esperanza a Adil Bey, pero Sonia no quiere llorar, ni hablar. Ha perdido toda esperanza hace tiempo (Contra toda esperanza se titula otra de esas obras voluminosas sobre el mismo asunto, la de Nadiezhda Mandelstam) y sin ella acabará la novela, aunque Adil Bey escape materialmente de aquella desolación donde uno solo puede subsistir a base de cinismo, como John el de la Standard. 

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09 abril 2017

Quevedo medita sobre el Domingo de Ramos



¿Alégrate, Señor, el ruido ronco
deste recibimiento que miramos?
pues mira que hoy, mi Dios, te dan los ramos
por darte el viernes más desnudo el tronco.

Hoy te reciben con los ramos bellos;
aplauso sospechoso, si se advierte;
pues de aquí a poco, para darte muerte,
te irán con armas a buscar entre ellos.

Y porque la malicia más se arguya
de nación a su propio Rey tirana,
hoy te ofrecen las capas, y mañana
suertes verás echar sobre la tuya. 






25 marzo 2017

Merodeando con aviesa intención


Original relato metaficcional, este de Muriel Spark, que muestra cómo se pueden hallar nuevos cauces al realismo. "Un poco siniestro y disparatadamente divertido", dice la solapa. Bueno, no es que me haya partido el bazo leyéndolo, pero sí que sorprende ese jugueteo con la muerte y con la maldad que se gasta aquí la autora, dentro de un argumento, si bien realista, como digo, en los límites de lo verosímil. Parodia, humor negro, diversos matices del humor están aquí presentes en dosis discretas.

Digo lo de parodia porque me parece encontrar algo de eso en lo que tiene la novela de metaficción, tan de moda de unos años a esta parte. Resulta que a Fleur Talbot la contratan para que supervise las autobiografías de un club de chiflados empeñados en que quede algo por escrito de sus tristes vidas. Ella aprovecha algo de su experiencia para la novela que está escribiendo, y queda perpleja cuando observa que los autobiografiados parecen estar copiando también su novela. No sé si a un Carlos Rojas, tan aficionado a estos juegos de espejos, le habría hecho gracia o le habría parecido, como a mí, que se toma un poco a choteo estas cosas.

Sorprende también la protagonista, (que por otra parte parece reflejar el pensamiento de la autora en muchas cosas) de moral más bien relajada pero capaz de apreciar a John Henry Newman, citado muchas veces en su relato.

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18 marzo 2017

...pertenecía a esa categoría social,


no tiene por qué entenderse la de los menos cultos, compuesta por esos que siempre andan interrogando sobre el modo de obtener un libro; saben bien que unos zapatos se adquieren en una zapatería, y los alimentos en un colmado, pero los umbrales de su imaginación dejan fuera la posibilidad de dar con una librería y entrar en ella a comprar un libro.

En Muriel Spark, Merodeando con aviesa intención

El que esté libre de pecado...


08 marzo 2017

Tsk, tsk, Lutero...


Ubi non est mulier, ibi ingemiscit aeger, quia est nata ad ministrandum. (Conversaciones de sobremesa, negrita mía)

Anda que si lo dice un obispo en este año de gracia... Y, sin embargo, es cierto. La disposición a servir (al olvido de sí, a la entrega) forma parte de ese plus que Álvaro d´Ors atribuye a la mujer como ser humano (aquí la exquisita glosa de Enrique García Máiquez sobre la cuestión). Es parte de su patrimonio como potencial madre. El feminismo, al reducir el hecho diferencial femenino a la posibilidad de ser ministra por el sexo o a no ser nunca culpable de violencia de género, no hace sino amputar esa cualidad en cuyo ejercicio la mujer se realiza (por emplear un término algo desfasado) mejor que en un consejo de administración o en un comando de elite (y ello aparte de lo que de servicio puedan tener también estas actividades, claro).



(Y juro por Aragorn, hijo de Arathorn, heredero de Isildur, señor de los Dunedain, que esta reflexión me viene a la mente con independencia de que hoy Google celebre algo así como el día de la mujer o no sé qué)

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06 marzo 2017

Imagen


Imagen es el primer libro vanguardista de Gerardo Diego y hoy es accesible en dos ediciones agotadas, pero relativamente fáciles de conseguir en Iberlibro o en alguna biblioteca. La primera es la de la editorial Aguilar, en su simpática colección de libros enanos Crisolín, donde se halla en solitario. La segunda es el volumen de Seix Barral Poesía de creación, que incluye todos los libros de Gerardo Diego que él etiquetó de este modo, es decir, los vanguardistas, y cuya primera edición es de 1974. El ejemplar que yo he utilizado es una reimpresión de 1980.

Imagen se compone de tres secciones tituladas "Evasión", "Imagen múltiple" y "Limbo". La que más grata me resulta es la primera, porque aún conserva ritmos tradicionales junto a un tono juguetón que es característico de todo el libro. Las otras dos resultan más inasequibles a mi paladar poco hecho a estos lenguajes. El título puede tener que ver con la disposición tipográfica de los versos, juguetona también, siempre de acá para allá, como en el famoso "Columpio".

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03 marzo 2017

Un personaje de Chejov,


en el cuento "Luces":

...la gente fría, reconozcámoslo, no se preocupa de la castidad. Esa virtud solo la conocen las personas afectuosas, impulsivas y capaces de amar.

Me quedo con lo último, claro: ser poco afectuoso, o nada impulsivo (lo cual también es una virtud) no inhabilita a nadie para la castidad. Me alegra ver que la doctrina de la Iglesia en este punto, relacionando castidad y amor, no se queda sola. 



27 febrero 2017

¿No será cosa de preguntarse


si la centuria que agoniza [siglo XIX, por supuesto] ha transcurrido pugnando en vano por ajustar los hechos a una filosofía preconcebida, en lugar de derivar la filosofía de la sucesión aleccionadora de los hechos?

No le quedaba nada por ver a Ramiro de Maeztu ("El desarme", en Hacia otra España). La centuria siguiente convirtió la filosofía en ideología, y muchos intentaron embutir a los ciudadanos en esa camisa de fuerza con la complacencia de ellos en tantas ocasiones. Y en eso seguimos, aunque ahora con una ideología que no tiene nada que envidiar a los caprichos de Sigerico de Horría, el tiranuelo que inventó Víctor Mora para el Capitán Trueno, y que se empeñaba en que en su país todo se hiciera al revés.

Oigo con frecuencia que la famosa ideología de género tiene su raíz en el individualismo: que nadie intente coartarme con normas estúpidas cuyo origen es incierto y discutible. Vive a tu aire, pon las normas que te dé la gana que yo pongo las mías propias. Según eso, no estaríamos ante una ideología sino ante la exaltación de la libertad individual llevada al límite.

Algo hay, pero eso no explica por qué ellos buscan reprimir mediante leyes, y cuando no, mediante la coacción violenta, a quienes simplemente quieren expresar que tal vez ese modo de organizarse la vida no sea conveniente ni a los propios individuos ni a la sociedad. Quien dice que poner al burro mirando a la carreta no puede traer nada bueno, es reprimido como en el reino de Sigerico.

Estoy más bien con los que dicen que la IG no es más que otra vuelta de tuerca del marxismo: la historia de la humanidad no es sino la historia de la lucha de sexos, y el fin de esa historia es una sociedad sin géneros, o de géneros elegidos a discreción.

No hay vuelta de hoja: a día de hoy, o se es cristiano o se es totalitario. Solo Cristo revela al hombre al propio hombre, y fuera de él solo hay cadenas, pesadas como las de 1984 o dulces como las de Un mundo feliz. El demonio no se conforma con ser una opción entre otras: necesita imponerse. Y, para ello, la destrucción del matrimonio y de la familia es la mejor opción. Lo viene planeando con siglos de antelación. No tiene prisa.


25 febrero 2017

Adagio confidencial


No me extraña que todo el mundo diera de lado a Mercedes Salisachs, excepto sus numerosos lectores. Mira que ponerse a escribir sobre los problemas de los burgueses, con lo mal que lo estaba pasando el proletariado en la dictadura franquista. Y no es que hablara de su vida vacía e inútil, como los goytisolos o los garcía hortelanos, no. Es que se ponía a divagar sobre sus emociones, sus heridas íntimas, sus dudas, como si tuvieran alma, los puñeteros.

Bien, el caso es que el público respondía, y también parte de la crítica, puesto que Adagio confidencial fue finalista del Planeta, y dicen que el finalista es el bueno de verdad, porque el otro es un pasteleo. No sé; el caso es que respondían, como digo, a lo que en efecto es una novela redonda. Redonda por su construcción, por su desarrollo y su final perfecto, donde nadie come perdices porque esta vida es lo que es y no es más, pero tampoco nos quedamos con la típica sensación de vacío de la novela contemporánea más propiamente dicha.

"Me quedan siete horas de Germán de Alcántara", dice Marina con resignación. Siete horas que son las que median entre que llega su vuelo y parte el de Germán, el hombre de su vida que siempre vuelve para no quedarse. Pero de todo eso nos vamos enterando a lo largo de una confidencia dolorosa con algo de desahogo, similar a otras producciones de la época como Cinco horas con Mario o Prólogo a una muerte. Pero en este caso, yo diría que acertadamente, la autora no elige el monólogo continuo, sino un diálogo con el interlocutor (en este caso ni muerto ni sordo) y alternando además la confidencia directa de Marina con la voz narradora. El resultado es realmente sugestivo. Cierto que uno tiene a veces la dudosa sensación de estar disfrutando con una novela rosa, pero la calidad del producto aleja todo prejuicio.

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11 febrero 2017

El asiento del conductor


¿Quién es Lise? Uno se va a quedar con las ganas de saberlo, y eso que Muriel Spark nos da toda clase de detalles sobre su aspecto y sobre sus actividades en el breve espacio de tiempo en que transcurre la historia. Realmente, esto parece un cuento camuflado de novela. Tiene las características del cuento pero no tiene su extensión, aunque se trate de una novela breve. Es la crónica de un momento decisivo en la vida de un personaje, pero sin que se nos revelen antecedentes ni consecuentes. Tal vez le hubiera gustado a Chejov.

Aunque narra en presente, Spark no tiene empacho en revelarnos el final de su personaje casi desde el principio, al estilo de la Crónica de una muerte anunciada del otro. Se diría, como allí, una crónica periodística, llena de datos pero con ausencia del mundo interior de los actores. Es lo que me enseñaron a llamar técnica behaviorista o conductista en la novela. Uno quiere saber, uno trata casi de gritar, diciendo no lo hagas, preguntando cuál es el problema, puedo yo ayudar, pero le será negado todo apoyo. Ella coge lo que dice serán las vacaciones de su vida, se compra el modelito más hortera que encuentra, hace todo lo posible por dejar pistas y camina con paso seguro hacia su ligue macabro. ¿Una parábola? ¿Un experimento narrativo? Me quedo tan perplejo como con Flannery O´Connor, a pesar de las diferencias.

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07 febrero 2017

Guillaume Derville, sobre el pudor

La persona impúdica recuerda a ciertos monos de los que hablaba Chateaubriand: trepan a los más alto de los árboles, siempre más arriba, para mostrar allí lo que deberían ocultar.

(En Amor y desamor)


24 enero 2017

El Padre


Por supuesto, no pensé que llegaría a serlo este Fernando Ocáriz Braña que firmaba el folleto La resurrección de Cristo, de la colección Folletos Mundo Cristiano, hoy MC dbolsillo (una de las iniciativas editoriales más meritorias de la España del siglo XX, como nunca se dirá bastante). En la foto, un cura joven de cierta apostura, con una mirada firme como la de los héroes de mi infancia, pero al mismo tiempo feliz, si no soy demasiado fantasioso. Cuando fue nombrado vicario general del Opus Dei usaba gafas y el desierto había ganado casi todo el terreno sobre su cabeza, pero la mirada permanecía. Como el desierto también ha avanzado sobre mi cabeza, pero en sentido diverso, no recordaba que era él también el autor del libro sobre el Tratado de la tolerancia de Voltaire, el único título que me he leído de otra colección también muy meritoria de la editorial Magisterio Español, que se dedicaba a divulgar grandes obras de la filosofía.

Hoy por hoy, no sé ni cómo habla, siempre silencioso al lado de don Javier, aunque creo que escuché una meditación suya en Oviedo. Como sus predecesores, se ocultaba y desaparecía.

No le ha caído nada encima. Oremus pro Patre.

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15 enero 2017

Cuentos completos (Flannery O´Connor)


Decía Miguel Delibes que la novela no debía tener como fin entretener, sino inquietar. En ese sentido, los relatos de Flannery O´Connor son ejemplares. Inquietan en más de un sentido, ya que no solo nos dibujan unos seres humanos realmente monstruosos, muy cercanos al auténtico rostro del pecado, que solo Dios puede ver en su esencialidad, sino que nos dejan siempre con la duda ante el sentido del propio relato. Y esto lo digo como un dardo lanzado contra mí mismo, confesando mi impotencia como lector ante una artista que adivino muy superior a mis fuerzas.

Por suerte cuento con los artículos que nos enlaza Ángel Ruiz Pérez en su blog sobre la autora, que, aunque en inglés, lengua que comprendo a muy bajo nivel, me permiten aclararme un poco, como me sucede con esas películas de autor en que tras leer los comentarios me digo: "ah, claro, era eso". Y lo que más me sorprende es cómo todos estos exegetas encuentran el papel de la gracia divina, nada menos, en los relatos de la O´Connor. Bien es cierto que ella misma se ha encargado de revelárnoslo, en cartas y artículos. Pero yo, salvo en alguno como "Revelación", ni flores. Es cierto que se aprecia en la mayoría un algo que sucede en determinado momento y que parece influir en el protagonista. Veo que algo le sucede a Parker cuando ve arder su tractor, pero no imagino que a partir de ahí se le revela el valor de la encarnación de Dios que él buscaba a ciegas en sus tatuajes, y mucho menos me imagino cómo puede influir esa gracia en su conducta posterior, posterior al final del cuento, quiero decir. Final que, al menos aparentemente, es, como en muchos otros, de una tremenda desolación. En fin, una lección de humildad. 

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13 enero 2017

Tan simpático como anodino, sí.

Jean Guitton en diálgo ficticio con Henri Bergson.

¿No se ha dado usted cuenta, Bergson, cómo el cristianismo, una vez quitado lo sobrenatural real, se vuelve anodino? ¿Qué queda? Un moralismo respetable y bastante constriñente; un humanitarismo que parece que busca excusar a Dios de no haber suprimido las miserias humanas; un "solidarismo" simpático; una esperanza vaga en la mejora de los asuntos del siglo. Todo esto no es sólido, todo esto no es profundo. ¿Hay que desplazar a Dios en persona para enseñar esas banalidades virtuosas? Quite lo sobrenatural, el cristianismo es vacuidad.