29 diciembre 2013

La Sagrada Familia del Cielo





El Dios trino habría podido infundir su luz al niño Kafka: en vez del "dios" solitario, todopoderoso, enigmáticamente inclinado sobre él, al que veía en el rostro de su padre, habría encontrado, en el intercambio de vida que es la vida del Padre y del Hijo y del Espíritu, la transparencia interior, el desarrollo de las personas en el don y olvido de sí. En la Trinidad no hay más que una sola vida, numéricamente, pero esta vida es amor, porque "Dios es amor", es decir, el brotar permanente, eterno, que es el Padre, la generación eterna, que es el Hijo, y la comunicación, el amor eterno, que es el Espíritu. La verdadera paternidad en la tierra, reflejo vivo de la de arriba, es bastante rica, bastante amplia para recibir a Kafka y a millones más de hijos, y es bastante poderosa y generosa para conceder a estos millones de hijos el llegar a ser, espiritual o carnalmente, también ellos, padres

Charles Moeller, "Franz Kafka o la tierra prometida sin esperanza", en Literatura del siglo XX y cristianismo, III

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27 diciembre 2013

Leticia Valle, de nuevo

En Las mil y una noches hay un cuento sobre dos graciosos, los de mayor reputación del país, que un día quisieron conocerse para ver quién se llevaba la palma. La prueba fue: ¿qué harías tú para burlarte con esa fila de ciudadanos que están ahí acuclillados en las letrinas? El primero propone: yo pasaría por detrás simulando barrer y les pincharía el trasero con la escoba. Por Alá que tienes poca imaginación, replica el segundo. Mira lo que hago yo. Y, recogiendo unas flores, les entrega ceremoniosamente una a cada uno de los acuclillados, que reaccionan airadamente: ¿Por ventura piensas que estamos aquí celebrando una fiesta? La escena hace desternillarse a los presentes y el primero de los zumbones no puede sino otorgarle la primacía al otro.

Si en lugar de burlas hablamos de historias perversas, Stieg Larsson vendría a ser el tipo de la escoba, y no tendría más remedio que darle la palma a Rosa Chacel. El relato de Leticia Valle es como uno de esos letreros en que sólo se trazan los perfiles, y encima en letra gótica. En él todo queda a nuestra capacidad de lectura entre líneas. Parapetada tras sus once años, Leticia puede permitirse fingir, incluso ante sí misma, que lo ignora todo sobre el lado oscuro de la dimensión afectivo-sexual (como dicen los pedagogos) del ser humano, a la vez que la utiliza de modo casi diabólico. Su superdotación intelectual es su sex-appeal de cara a su víctima y su excusa de cara al lector, pues, si es tan inteligente, piensa uno, es raro que no sea capaz de hacer explícitos sus sentimientos. Y, de hecho, el lector puede pensar que es él el perverso hasta las últimas secuencias, que, sin ser tampoco explícitas, constituyen el factor que faltaba para sacar la suma, el perfil que da la clave del letrero.



24 diciembre 2013

Canción de cuna



Hay preguntas de entrevista muy socorridas, que no se hacen necesariamente porque el periodista sea un inútil o el espacio no dé para más. Una de ellas es qué libro le hubiera gustado escribir, o tal vez qué pieza musical componer, o película realizar. No tengo entrada en la Wikipedia y no creo que nunca me hagan una de esas preguntas, ni ninguna otra del tipo qué virtud admira más en los hombres o quién le gustaría ser si no fuera usted. Por suerte, porque con la mayoría de ellas me quedaría en blanco.

Pero hoy, Nochebuena, vuelvo a pensar lo mucho que me hubiera gustado componer la Canción de Cuna de Brahms para la mejor película que se hubiera realizado jamás sobre la Navidad. Y la imagino empezando a sonar mientras José escucha el primer llanto de Jesús desde el exterior del portal, donde se ha refugiado pudoroso durante el magno acontecimiento. Y alcanzaría su clímax con los dos esposos mirando extasiados a la Criatura. Lullaby for Jesus, podrían haberla llamado si la producción fuese hollywoodense.

Mataiotes mataioteton, que decía el predicador (Eclesiastés: vanidad de vanidades). Pero hay una conclusión ascética que se impone, y que no voy a escribir también por pudor. Al fin y al cabo, eso de componer o ejecutar una sinfonía tiene una gran potencialidad metafórica. 




23 diciembre 2013

Reproches


Leo:

A los defensores de "la ortodoxia" se dirige a veces el reproche de pasividad , de indulgencia o de complicidad culpables respecto a situaciones de injusticia intolerables y a los regímenes políticos que las mantienen.

Quizá. Pero me pregunto si quienes "dirigen el reproche" no han sido los mismos que, arrinconando la "ortodoxia" en pro de una ostentosa defensa de "los pobres", han acabado en una actitud pasiva, indulgente y cómplice respecto a los regímenes más antihumanos del pasado siglo, creadores de pobreza material, intelectual y moral. Porque eso sí ha sucedido. Y eso no lo leo.

Y lo han adivinado: me molesta.

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22 diciembre 2013

A la chica que le están birlando:

No soy blando, muñeca, sólo un poco sentimental. Me gusta apostar a los caballos, jugar a las cartas y echar unos cubos rojos con puntos blancos. Me gustan los juegos de azar, incluyendo a las mujeres. Pero cuando pierdo, no me desespero ni hago trampas. Paso a la mesa siguiente. Hasta la vista.


En Raymond Chandler, Gas de nevada


18 diciembre 2013

Advenimientos


En Advenimientos domina la postura reaccionaria que se observa también en Los cuadernos de Rembrandt, y yo diría que más acentuada. Aquí Jiménez Lozano se preocupa menos de afilar los dardos. Dardos dirigidos contra todos los tipos de personajillos que nuestra época ha producido, siempre sin citar nombres, delicadeza que esta sí se permite el autor. Abunda la cita, así que esta obra puede considerarse tanto un diario como un florilegio, una antología de lo que debe ser y de lo que no. Entre esto último, por ejemplo, tenemos el famoso artículo en que Juan Benet se cubrió y no de gloria al decir que los campos de concentración tenían su razón de ser si servían para dar lo suyo a personas como Solzhenitsin. Ser un escritor de moda (y no a lo Vizcaíno Casas, claro) autorizaba para desahogarse de ese modo, al parecer. No creo que la intelectualidad necesite un silencio político de mil años, como dice don José, pero unos doscientos no vendrían mal.

Y vuelve a destacar aquí también la faceta paisajística, que arranca a los atardeceres de Castilla matices exquisitos. Atardeceres que vuelven a estar habitados por santa Teresa y san Juan de la Cruz, gente que sólo rompía el silencio cuando lo que decían era más valioso que él, y por eso merece la pena volver a ellos con frecuencia.

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08 diciembre 2013

Retorno al pudor

Leyendo este trabajo de Wendy Shalit uno llega a la conclusión de que en España aún no hemos caído tan bajo, por lo que respecta a moral conyugal y sexual, como en los Estados Unidos de América. O sea, que aún es posible la recuperación sin llegar a ese fondo, o bien hemos de llegar cuando ellos estén volviendo. En fin, el caso es que Wendy Shalit considera que la pérdida del pudor femenino ha sumido a las mujeres en la desorientación, cuando no en la depresión y por supuesto en la infelicidad. De sus indagaciones se desprende que muchas de ellas no querrían hacer lo que hacen, pero se ven presionadas por una ideología que ha hecho del pudor una rareza, casi una minusvalía moral o emocional. En una sociedad que ha desvinculado por completo la actividad sexual de la familia y la vida, no ser tan promiscua como los varones (como tienden a ser los varones a poco que les aflojen) te condena a la soledad, a no ser (añado yo) que topes con varones que aún caminan sobre dos extremidades; pero se ve que eso es una rarissima avis en el mundo en que la autora se ha desenvuelto.

Lo que confirma lo que he dicho muchas veces: que el feminismo no es más que una trampa machista. Miré una vez la primera página de una novela de Lucía Etxeberría (o como lo quiera ella escribir), donde la narradora hacía esfuerzos patéticos por contar sus experiencias sexuales como si se tratara de un soldado fanfarrón en la cantina. Esta es también la autora de una novela que llevaba el prozac en su título: en su libro, justamente, Wendy Shalit relaciona el consumo de prozac con la frustración a la que aboca en las mujeres el ahogo de su natural pudor y la entrega de la intimidad al primer maromo que te propone un rollito. Sí, unas son débiles y acaban en el prozac. Otras, como la tal Etxeberría (o como se escriba) se suman por ideología a esa situación y acaban con cara, no de soldado en la cantina, sino de una mezcla bastante repulsiva de mujer y soldado en la cantina.

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05 diciembre 2013

El señor presidente


Es posible que lo más parecido a una muerte en vida sea la existencia bajo un régimen totalitario. Camila "había muerto sin dejar de existir, como en un sueño", cuando todo a su alrededor se vuelve hostil, siendo su único delito el ser hija de una persona caída en desgracia del déspota. Me resulta inevitable pensar en Nicolae Steinhardt, cuando al principio de su Diario de la felicidad propone, como una de las tres salidas para aguantar en una de tales situaciones, el pensar, de modo irrevocable, que estás muerto. Uno piensa, también, en los campos de concentración, donde uno acaba convertido en algo peor que un animal, en algo más cercano a un zombie, si tiene suerte de asumir esa condición.

Al comenzar El señor presidente, uno tiene la sensación de volver a Tirano Banderas, y tal vez sin esta obra Miguel Ángel Asturias no hubiera concebido su novela. Al avanzar en la lectura, sin embargo, aquello se vuelve mucho más horrible, porque la novela de Valle-Inclán se recrea en la caricatura, es como un retablo de marionetas, mientras que lo de Asturias da una fría y odiosa sensación de realidad, sobre todo cuando uno conoce relatos, tristemente realistas, como los de Steinhardt. Y es curioso que cuando un autor más o menos escorado a la izquierda trata de satirizar el ambiente de las dictaduras mediante el esperpento, no hace sino retratar en alta definición los regímenes socialistas. Cualquiera que haya tratado de moverse en Cuba podría reconocer como las suyas las cadenas que atenazan a los infortunados personajes de El señor presidente.

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26 noviembre 2013

Dios existe


¿Es posible afirmar o negar la existencia de Dios con razones meramente intelectuales? Si hemos de creer a Antony Flew (y no hay motivos para no hacerlo), se puede. Pero eso no elimina el hecho de que la existencia o no existencia de Dios tiene implicaciones de peso para la vida particular de cada ser humano. De ahí que Flew termine con ese "Quizás algún día pueda oír una Voz que dice: ¿Me oyes ahora?" Afirmar a Dios implica buscar el contacto con Él. Si no se desea ese contacto, se desea negar su existencia. Esa es la razón de que Flew perciba con frecuencia cierta agresividad en la dialéctica de los ateos.

Este no es el testimonio de una conversión, como el libro homónimo de André Frossard, sino de un cambio de opinión, de opinión filosófica. Para Flew, hay que seguir todo razonamiento hasta donde te lleve, y los suyos le llevaron al teísmo, a través de unas preguntas elementales: ¿quién escribió las leyes de la naturaleza?, ¿sabía el universo que nosotros veníamos?, ¿cómo llegó a existir la vida?, ¿salió algo de la nada? Todo esto ocupa unas cien páginas, pero los prólogos y los apéndices (aunque tal vez añadidos para "hinchar el perro") son igualmente interesantes. 

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21 noviembre 2013

Mal trago


Me he echado al coleto tres capítulos de Federico Moccia. No me han quedado ganas de seguir. Es como papar una cucharada de natillas en mal estado. Es la estupidez recreándose en sí misma. Volver a Miguel Ángel Asturias es saborear un amaretto después de la susodicha cucharada. Amargo, pero estupendamente elaborado; un recreo para el paladar.

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19 noviembre 2013

No tiene cara de bruto


Maurice y Joseph (Un saco de canicas) están a la espera de ser interrogados por la Gestapo a causa de su posible condición de judíos.

Nuestros dos guardias siguen ahí. El que me golpeó está fumando. Le miro de reojo. Lo increíble es que tiene una cara como la de todo el mundo, no tiene nada de cara de bruto, entonces ¿por qué?

Amigo, se han escrito libros y libros sobre ello. Pero es cierto: aunque intelectualmente se llegue a explicar, emocionalmente seguirá siendo un misterio. Mysterium iniquitatis, lo llamaron algunos.

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17 noviembre 2013

Un saco de canicas


Joseph Joffo dejó de ser niño a los diez años, cuando su padre les tuvo que pedir, a él y su hermano mayor, que huyeran de casa para pasar a la Francia libre a la mayor brevedad: era peligroso ser judío en el París de 1943. Y aquí empieza una peripecia de esas que hacen bueno lo de que "la realidad supera a la ficción". Anda que no llevaba años conociendo el título de este libro, y siempre pensando en él como una novelita juvenil con su cuota de ñoñez, de esas que se quedan en deplorar lo malos que son algunos seres humanos. En lugar de eso, me encuentro con una magnífica historia de supervivencia y reciedumbre, que me recordó a Primera sangre, la novela que inspiró lo de Rambo, no porque los personajes se parezcan, que afortunadamente no, sino porque en ambas asistimos a una implacable caza del hombre que choca con una inquebrantable voluntad de vivir. Pero esta se ve aderezada por el encanto de los protagonistas, niños al fin, pero obligados a dar todo lo que pueden dar como hombres; y por las virtudes de que hacen gala: valientes, avispados, fieles el uno al otro y a sus padres, aunque se peleen de vez en cuando como tienen que pelearse dos chicos. Como diría un conocido mío, que gustaba de medir las cosas de este modo: cero lagrimones, máxima virtus.

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15 noviembre 2013

Totalitarismo


¡No se pregunte, general, si es culpable o inocente: pregúntese si cuenta o no con el favor del amo, que un inocente a mal con el gobierno es peor que si fuera culpable!

En Miguel Ángel Asturias, El señor presidente

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14 noviembre 2013

Tradicionalismo


Tal vez nadie haya expresado mejor este concepto, en su acepción política, que Agustín de Foxá en su artículo "La política del boomerang".

... Porque ya es hora de proclamar que nacemos dentro de una cultura, como dentro de un seno materno, y que el hombre, lleno de raíces históricas, no tiene libertad para escoger una ideología. Y que aunque se sea ateo o antimilitarista, quien nace en España -que es una teología militar- la traiciona si por coquetería intelectual se determina por ideas que sirven a otras fuerzas.

(En Artículos selectos, prólogo y selección de Jaime Siles)

09 noviembre 2013

El noventa y tres

Desde el principio le perdoné a Víctor Hugo que dedicara un capítulo entero a exaltar a los terroristas de la Convención como si fueran apóstoles de un tiempo nuevo. Te lo crees, le sigues el juego, y basta: uno de los libros de texto que utilizo este año define la ficción como "el mundo literario que recrea el autor partiendo de la realidad", y la verosimilitud como "la ilusión de realidad que provoca una obra en el lector". Pues eso, y además estoy hablando de una novela de alta literatura tan emocionante como una buena novela policíaca.

Los realistas aparecen aquí como bárbaros, con las connotaciones negativas de esta palabra pero también con las positivas, ya que en el bárbaro subsiste un sentido del bien y del mal mezclado con todas las impurezas que se quiera, y que incluye una muy acendrada idea de la justicia, aplicada con un rigor que hoy nos eriza el pelo. Es lo que sucede con una de las grandes figuras de esta novela, el marqués de Lantenac, capaz de heroísmos y de crueldades, siempre firme en sus creencias, frente a la mayor inseguridad de los revolucionarios, que dista de ser aquí un defecto, claro. No desdeña Víctor Hugo el toque comercial, por así decir, que es como yo veo el personaje del sargento Radoub, una especie de gracioso de Lope.

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07 noviembre 2013

Sólo uno es bueno


Cada uno tiene su idea del Bien y del Mal y debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como él los concibe. Bastaría esto para mejorar el mundo.

Cuando Francisco contestaba así a Eugenio Scalfari, muchos se preguntaron cómo se conciliaba eso con la evangelización tan urgida por el propio Papa. Tal vez Francisco tenía en mente estas otras palabras del padre Ambrosio McNicoll, O. P., a propósito de la Gaudium et spes.

...cuando un hombre busca de verdad lo bueno, encuentra la ayuda de la gracia, aunque no se dé cuenta. Amar lo que es bueno es amar, al menos implícitamente, a Dios; y dirigir la propia vida a hacer el bien es, en opinión de muchos teólogos, escoger implícitamente lo sobrenatural. De aquí que urgir al hombre a seguir su propia conciencia y llevar una nueva vida sea prepararle para recibir el Evangelio, si no empezar a predicarlo.*

El Papa conoce bien el alma humana. Un "ataque directo", en las circunstancias de personas como Scalfari, es, en verdad, una tontería. Pero incluso en personas como Scalfari subsiste el anhelo de verdad y de bien. La evangelización no es tarea para discípulos de Warren Sánchez.

*Citado por José M. de Torre, La Iglesia y la cuestión social
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27 octubre 2013

Plagios


Yo diría que el síntoma de un gran poeta es contarnos algo que nadie nos había contado, pero que no es nuevo para nosotros [...]. Diríase que llevamos dentro, inadvertida, toda futura poesía, y que el poeta, al llegar, no hace más que subrayarnos, destacar a nuestros ojos lo que ya poseíamos. Ello es que el descubrimiento lírico tiene para nosotros un sabor de reminiscencia, de cosa que supimos y habíamos olvidado [...]. Todo gran poeta nos plagia.

José Ortega y Gasset, "Un poeta indio", citado por Fernando Lázaro Carreter, De poética y poéticas

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24 octubre 2013

Luz del mundo


De Benedicto XVI me interesa tanto su magisterio como sus opiniones, como me sucedía con Juan Pablo II. Se trata de dos cabezas de primer orden, tan grandes como sus corazones. En Luz del mundo se transparenta además una gran sencillez, que es virtud tanto más estimable, justamente, en cuanto que se transparenta en vez de ostentarse. Y como la sencillez, o la humildad, es la verdad, no niega el hoy papa emérito los logros de su pontificado. Tampoco su dolor por esa sombra que le tocó afrontar, la de los abusos sexuales por parte de curas, a la que dio respuesta contundente en el documento que aquí se agrega como apéndice.

Es fácil decirlo ahora, pero parece que algo se atisba también aquí de su futura renuncia al pontificado. En varias ocasiones se refiere a esa posibilidad y a su falta de fuerzas. Sin embargo, es optimista con el futuro de la Iglesia, a la que ve crecer ostensiblemente fuera de Europa y dar nuevos frutos en el viejo continente. Las preguntas de Seewald son incisivas y se dirigen a las cuestiones que los media han convertido en polémicas, pero Benedicto XVI convierte siempre sus respuestas en una meditación de mucho mayor alcance que lo que cualquier periódico es capaz de encajar.

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21 octubre 2013

No tan triste

Es cosa triste que hayamos de reconocer a nuestros mejores discípulos en nuestros contradictores, a veces en nuestros enemigos, que todo magisterio sea, a última hora, cría de cuervos, que vengan un día a sacarnos los ojos.




Esta idea de Antonio Machado (Juan de Mairena, XVIII) es la mejor confirmación de que para ejercer la crítica hay que tener algo en la cabeza. Para poder contradecir a nuestro maestro, este tiene que habernos enseñado algo, y no sólo a aprender, je. Ya pueden enseñarnos muy bien a aprender, si es que eso significa algo, que los manipuladores de masas se dan mucha más prisa en su tarea que el propio individuo en poner en acto su competencia de aprendizaje. Otro gallo canta a los que salen aprendidos, con perdón del barbarismo.

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19 octubre 2013

Conspiranoia


Recibo un mensaje de Hazte oír, invitándome a sumarme a la manifestación pro vida que tendrá lugar el mes que viene, titulado "O las Femen o nosotros", o algo así. Y ese título me trae un pensamiento conspiranoico: ¿acaso la irrupción de las putas* en el Congreso, el otro día, fue preparada, o facilitada, con vistas a esa manifestación, de modo que la gente piense en dos extremos viciosos? A un lado, las putas; a otro, los manifestantes pro vida; y en medio nosotros, la moderación, la ley tal como está y que no pensamos tocar a pesar de nuestras promesas "imprescindibles para conseguir la victoria", que decía Lenin de la mentira.

Después del 11M pienso así con todo, qué le vamos a hacer.

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*Utilizo el término más aproximado en castellano, consciente de que aún no se ha inventado la palabra que designe a una mujer que se exhibe in puribus ante medio mundo pidiendo aborto libre; en todo caso, alguien que ha asumido su condición de objeto y que disfruta con ello.

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13 octubre 2013

La dama del lago


Hay elementos en las novelas de Chandler que se han convertido en tópicos. Personajes, situaciones, es fácil imitarlos e incluso parodiarlos (recuerdo al pato Lucas ataviado con sombrero y gabardina, mirada grave y manos en los bolsillos, a las puertas de una mansión señorial donde será recibido por la mujer fatal de guardia, narrando él mismo en off). Pero el toque de genio no se reproduce así como así. Está en todo: diálogos, descripciones, comentarios al margen, presentación de personajes, dosificación del sarcasmo.

Y hablando de sarcasmo, la dama del lago no es aquí una pálida aparición rubia con una espada en la mano, sino el repulsivo cadáver de una mujer de dudosa identidad, por más que la identifique un borrachín de fiabilidad más dudosa aún. La trama avanza, como siempre, a golpe de intuiciones del protagonista y de fisuras en el comportamiento de los malos. Y como siempre, al final, Marlowe acaba destapando los sepulcros blanqueados para que quede al descubierto la podre y nadie se llame al autoengaño. Ese parece ser el sentido de su vida, no por modesto y sucio menos necesario.

Al hablar de La dama del lago es inevitable recordar su adaptación cinematográfica, esa de la cámara subjetiva, donde vemos por los ojos del protagonista. Robert Montgomery hace un buen Marlowe, a pesar de su apariencia campechana. Me convencen menos las mujeres, en las que no hay visos de esos cabellos que "brillaban  con un lustre perverso", por ejemplo.

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11 octubre 2013

Hoy como ayer


Villefort está a punto de enterrar injustamente a Dantés en la cárcel. Dumas hace de conciencia.

Si en aquel momento hubiera resonado en sus oídos la dulce voz de Renée para pedirle piedad, si la heremosa Mercedes hubiera entrado y le hubiera dicho: "En nombre de Dios que nos mira y juzga, devuélvame a mi novio", sí, aquella cabeza medio doblegada por la necesidad se habría inclinado del todo, y con sus heladas manos habría firmado sin duda, a riesgo de aceptar todas las consecuencias que aquello podía acarrearle, la orden de poner a Dantés en libertad, pero ninguna voz murmuró en aquel silencio y la puerta se abrió sólo para dejar entrar al ayuda de cámara de Villefort, que llegó a decirle que los caballos de posta estaban enganchados al calesín de viaje.

(En El conde de Montecristo, por supuesto)

Oh, no, ninguna voz murmuró. A los inocentes suele faltarles esa resolución, y así las injusticias se consuman.

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09 octubre 2013

Crítica

Es curioso, en efecto, el concepto que tiene Daniel Cassany de la lectura crítica: identificar la ideología subyacente a un escrito. Y ya está. Nada de cuestionar las afirmaciones vertidas en el texto contrastándolas con la realidad y debatiéndolas para buscar su mayor o menor fundamento. Eso se queda, supongo, para quien piensa que existe una verdad.

No lo ha inventado él, es cierto. Es muy típico de la nueva izquierda. No hay más que ideologías. Si utiliza términos como matar o similares hablando del aborto, eureka: se trata de un ultracatólico.


Al final, estamos ante lo menos parecido a una lectura crítica: la descalificación previa. Etiqueta y a otra cosa. Y si la etiqueta es homófobo, sexista o franquista, cárcel a poder ser.  

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08 octubre 2013

En_línea

He de reconocer que Daniel Cassany expone bastante bien todo lo relacionado con los nuevos medios llamados digitales. Tal vez sea un libro condenado a la caducidad más o menos próxima; porque esos medios evolucionan a un ritmo tremendamente rápido, como él mismo admite. De hecho, el whats app no aparece aquí, porque el libro es de 2011. Y lo que vendrá.

Sin embargo, uno se pierde fácilmente si no tiene al lado un ordenador y un tutor (humano) que le vaya orientando en esa selva. Si conoces los blog, la wikipedia, facebook o twitter, el libro puede contribuir a mejorar tus habilidades. Otra cosa son las plataformas educativas, los eportafolios, los webquest y otras diabólicas herramientas que apenas me sonaban.

Cassany insiste mucho en que la enseñanza está atrasada en cuanto al uso de estas técnicas, anclada en el papel. Y sí, sería maravilloso contar con todo el equipo necesario para implementar, como ahora dicen, una enseñanza cibernetizada a la altura de los tiempos.  Ah, pero lamentablemente hay dos factores con los que Cassany no cuenta: las pelas y el civismo. Si su libro hubiera salido hace diez años, no dudo de que no se habrían escatimado fondos para dotar a cada mesa de su ordenador, a cada aula de su pizarra digital… Pero ahora hay que economizar hasta las fotocopias. Y, por otra parte, los medios materiales habrán evolucionado mucho, pero el alumnado, en treinta años, ha dado pasos importantes hacia la tribu prerromana, en cuanto a sus modales, de modo que resulta temerario dejar cualquier dispositivo frágil en sus manos.

Otra pega: su concepto de la lectura crítica. Pero esto lo dejo para otra ocasión.

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06 octubre 2013

Leyendo blogues


¿Sabía Adolfo Suárez lo que iba a acarrear el café para todos? ¿Fue posible otra transición, sin autonomías? En todo caso, muy caro el café. Diecisiete niños malcriados, unos más que otros, por más consentidos. La malcrianza fue el mal de la España democrática, quizá como golpe pendular frente a los pasados años de paternalismo, no sé.

Caín, dice Quiñonero. Pero no conozco política sin cainismo. No creo que sean más sangrientas las puñaladas de la España plural que las de la Francia realista o la Roma imperial.

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"Los que se van ya volverán", dice Aréchaga, aunque no con las palabras de Juan Erasmo Mochi. Lo que me gusta de este hombre (de Aréchaga, no de Mochi) es el toque optimista en que desembocan siempre sus ironías. Todo el mundo lamentando que los jóvenes talentos se van de España. Ya volverán, hombre, y volverán cualificados.

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Daría dos nóminas por conocer el nombre del Embajador. Es hombre prudente y sutil y da gusto leerle aunque no compartas su fidelidad a la causa legitimista. Sus reflexiones sobre la renuncia de Benedicto XVI, que leo a deshora, subyugan, aunque nada más sea por el aire misterioso que les imprime. Yo creo que lo de Benedicto XVI fue más un ejercicio de responsabilidad que unas banderillas de fuego en el lomo de la Iglesia: no me parece propio del emérito papa. Pero, si fuese así, las llamadas de Francisco a la pobreza y al apostolado serían una recogida del guante: hala, todos en cuatro latas y a predicar oportune et importune hasta nueva orden. Menos samba y más travallar.

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03 octubre 2013

I. A.


 
Muchas concepciones erróneas sobre la naturaleza del pensamiento derivan de concepciones erróneas sobre los ordenadores. Imaginemos que nos las habemos [sic] con un superordenador como Blue Gene, capaz de hacer más de doscientos billones de cálculos por segundo. Nuestro primer error consiste en presumir que Blue Gene es un "algo", como una bacteria o un abejorro. En el caso de la bacteria o el abejorro nos las habemos [sic] con un agente, un centro de acción que es una totalidad orgánicamente unificada, un organismo. Todas sus acciones están orientadas hacia las finalidades de mantenerse en la existencia y reproducirse. Blue Gene, en cambio, es un agregado de elementos que, conjunta o separadamente, realiza funciones "implantadas" y dirigidas por los creadores del artefacto.

En segundo lugar, dicho agregado no sabe lo que está haciendo cuando se realiza una operación. Los cálculos y operaciones centrales que los ordenadores llevan a cabo en respuesta a ciertos datos e instrucciones son, pura y simplemente, una cuestión de impulsos eléctricos, circuitos y transistores. Los mismos cálculos y operaciones, cuando son realizados por una persona, implican, por supuesto, la intervención de la maquinaria del cerebro, pero son llevados a cabo por un centro inteligente que es consciente de lo que está ocurriendo, comprende lo que se está haciendo y hace lo que hace de manera intencional. Cuando el ordenador realiza esas mismas operaciones, no hay conciencia, ni comprensión, ni significado, ni intención, aunque tenga múltiples procesadores que operan a velocidades sobrehumanas. Lo producido por el ordenador tiene "significado" para nosostros (por ejemplo, el pronóstico meteorológico de mañana o los movimientos de nuestra cuenta bancaria), pero, desde el punto de vista del agregado de circuitos llamado "ordenador", sólo hay dígitos binarios, ceros y unos, que impulsan ciertas actividades mecánicas. Sugerir que el ordenador "entiende" lo que está haciendo es como decir que un cable alimentador puede meditar sobre la cuestión del libre albedrío y el determinismo, o que las sustancias químicas en un tubo de ensayo pueden aplicar el principio de no contradicción a la resolución de un problema, o que un reproductor de CD comprende y disfruta la música que hace sonar.

Roy Abraham Varghese, "El nuevo ateísmo", en Antony Flew, Dios existe.

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29 septiembre 2013

La escuela que necesitamos


A través de este volumen de J. D. Hirsch descubrimos que la pedagogía implantada en España con la LOGSE tiene su origen en los Estados Unidos a principios del siglo XX. Hirsch acusa de ella a un tal Kilpatrick, por encima de John Dewey, a quien se suele tener por padre del invento. Hirsch la llama pedagogía romántica, con cierta razón, aunque quizá generalizando demasiado. Se trataría de liberar al alumno de trabas para que pueda llegar a aprender por sí mismo, construir sus propios aprendizajes, y todo eso que seguro les suena.

El ensayo tiene una parte negativa y otra positiva. La negativa se dedica a desmontar los principios fundantes de la pedagogía de marras. Era hora de que alguien dijera que eso de aprender a aprender no es más que un flatus vocis, aparte de un absurdo, porque si uno no sabe aprender, ¿cómo va a aprender a aprender?, a no ser que haya que aprender a aprender a aprender, y así hasta el infinito, si no es que a aprender a aprender a aprender ya viene uno aprendido.

La parte positiva es la recuperación de la enseñanza como transmisión de conocimientos, que no se reduce a la pura memorieta, aunque esta sea indispensable. Tal enseñanza va creando un capital intelectual (concepto básico en la obra) que sirve al estudiante para ir realizando posteriores aprendizajes y, de paso, a ejercer el espíritu crítico, del que tanto hablan los pedagogos románticos: pues este, lógicamente, debe ejercerse sobre algo, cosa que no se logra, por mucho que se pretenda, cuando se han dejado las cabezas vacías. 

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26 septiembre 2013

"Hasta los mejores alumnos le niegan el saludo"


Bueno, pues eso será problema de los mejores alumnos, que ya se ve que no son tan buenos, al menos en eso de la ciudadanía. "Esto es lo que me cabrea: yo digo blanco, tú dices negro y te pego un tiro", venía a decir el prota de la película Bajo las estrellas al oír la noticia de un atentado (lo que le costó acto seguido una paliza, por cierto). De negar el saludo a pegar un tiro hay sólo una diferencia de grado. Así que los mejores alumnos no hacían sino dar la razón a Wert en cuanto al fracaso de la educación socialista, hasta en su asignatura estrella. Y permiten atisbar cómo es la democracia de la generación indignada.

"Usted ha sido rechazado por los padres, los profesores y los rectores", dice además la Valenciano. Desde que a los socialistas les dio por decir el pueblo para referirse a ellos mismos, le han cogido gusto a esto de tomar el todo por la parte. Supongo que se refiere a ciertos padres (se le olvidó decir y madres, lo que aumentaría el número de colectivos), a ciertos profesores (idem con profesoras) y a ciertos rectores (idem), que si hay que juzgar por el número de los que se arrean de verde están en proporción de uno a cinco en el mejor de los casos. Pero es lo de siempre: ¿dónde estaban los otros cuatro quintos cuando arruinaron realmente la enseñanza pública?

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19 septiembre 2013

Ya que nadie más lo dice...


La experiencia ha demostrado de modo irrefragable que la gestión estatal es menos eficaz que la privada. ¿Qué sentido tienen, pues, las nacionalizaciones? Principalmente el de desposeer, o sea, el de satisfacer la envidia igualitaria. También es un hecho que la inversión particular es mucho más rentable e innovadora y crea más puestos de trabajo que la pública no subsidiaria. Entonces, ¿por qué se insiste en incrementar la participación estatal en la economía? En gran medida, para despersonalizar la propiedad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria. Es evidente que la mayor parte del gasto público no crea capital social, sino que se destina al consumo. ¿Por qué, entonces, arrebatar con una fiscalidad creciente a la inversión privada fracciones cada vez mayores de sus ahorros? También para que no haya ricos, es decir, para satisfacer la envidia igualitaria. Lo justo es que cada ciudadano tribute en proporción a sus rentas. Esto supuesto, ¿por qué, mediante la imposición progresiva, se hace pagar a unos hasta un porcentaje diez veces superior al de otros por la misma cantidad de ingresos? Para penalizar la superior capacidad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria. Lo equitativo es que las remuneraciones sean proporcionales a los rendimientos. En tal caso, ¿por qué se insiste en aproximar los salarios? Para que nadie gane más que otro y, de este modo, satisfacer la envidia igualitaria. El supremo incentivo para estimular la productividad son las primas de producción. ¿Por qué, entonces, se exige que los incrementos salariales sean lineales? Para castigar al más laborioso y preparado, con lo que se satisface la envidia igualitaria. Y así sucesivamente. 

Gonzalo Fernández de la Mora, La envidia igualitaria

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17 septiembre 2013

Sin miedo al futuro


Hace tiempo que tenía curiosidad por este libro, hoy completamente olvidado. El título viene a cifrar lo que para Joaquín Aguirre Bellver es una de las esencias del cristianismo, es decir, la virtud de la esperanza. La primera parte del libro, de hecho, se dedica a mostrar cómo el cristianismo vino a liberar al hombre de la prisión del eterno retorno, una creencia común a la mayor parte de las civilizaciones antiguas. Frente a ese eterno retorno, Cristo nos otorga la posibilidad de la salvación, de la vida eterna, constituido en definitivo sacerdote que entierra a los burócratas de la angustia, como llama el autor con feliz expresión a todos los sacerdotes de los viejos ritos. Nunca más, pues, encerrados en un círculo sin sentido, sino destinados a un trascendente más allá que nos ha de colmar (beatus significa colmado, realizado, dichoso, cosa que no dice el autor pero que me gusta recordar)

Aguirre Bellver, cronista político al fin, no puede evadirse de su circunstancia, la España de 1983, con el terrorismo de ETA en su apogeo, la cual le sirve para ilustrar sus reflexiones en torno a las virtudes cristianas y su reverso, llegando a veces al pegote, como sucede en un capítulo que es ampliación de una conferencia suya. Por otra parte, sus ideas tradicionalistas le juegan una mala pasada cuando critica la doctrina de la santificación del trabajo, que él entiende prácticamente como cooperación al mal, por coadyuvar al mantenimiento del capitalismo, enemigo, como el marxismo, de la religión de Cristo. Me pregunto qué idea tenía de la vida de los primeros cristianos.

Pero esto no es más que un pequeño bache en una exposición por lo general brillante, centrada en el vuelco que supusieron para la humanidad las tres virtudes teologales. La fe y la esperanza no serían sino adhesión a la vida, identificada con Cristo, vencedor de la muerte. Y la sustancia de esa vida es la caridad, que supera los guetos y las catacumbas para ir al encuentro de todo hombre. 

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13 septiembre 2013

Laura y el clic


Cómo se reía todo el mundo cuando una ganadora de Gran hermano fue incapaz de decir el nombre de los Reyes Católicos, el año en que empezó la guerra civil española o las naciones que componen la Península Ibérica. Y no sé de qué se reían. Al fin y al cabo, estamos ante una chica educada con métodos innovadores, alejados del aprendizaje memorístico y de la mera transmisión de conocimientos. ¿Por qué tendría que aprender esas cosas? Hoy "el conocimiento, con un clic, está al alcance de todos"; "cualquiera puede conocer en segundos la fecha de la muerte de Napoleón o la raíz cuadrada de 5360".

Tales estupideces vienen repitiéndose como un mantra desde hace años, pero no esperaba encontrármelas en la revista Misión, que las vende (es un decir, porque la revista es gratis) en un reportaje sobre "innovaciones educativas", en perfecta sintonía con las teorías pedagógicas norteamericanas de principios del siglo XX y con la LOGSE española, por supuesto. No enseñes contenidos, fomenta la creatividad y las destrezas (las competencias, se prefiere hoy). No me cabe duda de que las destrezas y competencias de Laura le permitieron ganar el concurso de marras y embolsarse una pasta bonita, ni de que en cuanto llegó a su casa corrió a hacer clic para informarse del nombre de los Reyes Católicos.

La fascinación paleta por las nuevas tecnologías está alcanzando cotas alarmantes. Seamos serios: los que estudiamos en la época pre-internet también teníamos información disponible, quizá no a un clic, pero sí a poco que nos molestáramos en consultar bibliotecas, hemerotecas o a alguno de esos viejos profesores (¿Dámaso Alonso, Menéndez Pidal?) idiotizados, hay que suponer, con aprendizajes memorísticos. Pero una cosa es la información y otra la formación, que incluye el estudio. Podríamos haber aprendido que 6 por 8 son 48 haciendo montoncitos de chinas en lugar de repetir como papagayos la tabla de multiplicar; sólo que habríamos tardado treinta años en terminar el bachillerato.

Sí, cuando me presenté a una oposición y me preguntaron por el Libro de Buen Amor pude haber respondido "déjeme usted quince minutos en la biblioteca del centro y le tengo resuelta esa cuestión". Tal vez las horas que pasé estudiando las características del estilo barroco me inhibieron las destrezas y las competencias. Esas que no me habrían servido para licenciarme en Filología pero sí para ganarme la vida como bufón de masas. Oh, Laura, producto acabado de la innovación educativa. Todos los pioneros son incomprendidos. 

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11 septiembre 2013

Italiano


...aquella lengua blanda y cantarina, que sonaba como música, y que si significaba algo quizá fuese como un añadido sin importancia a su sonoridad.

En Carlos Pujol, Dos historias romanas
 
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08 septiembre 2013

"Fanfic"


Mira por dónde resulta que me pasé media infancia haciendo fanfics, y yo sin enterarme. El fanfic consiste, al parecer, en inventarse nuevas historias del Señor de los Anillos, de Harry Potter, Idhun o personajes similares, y colgarlas en la red.

Mutatis mutandis (mutando sobre todo la red) lo mío era algo así. Cogía un cuaderno escolar de los de a duro, con rayas y todo, y con un rotulador y unos lápices Alpino me montaba unas historietas de campeonato, con héroes melenudos y villanos calvos, como los de mis tebeos favoritos. Eso sí, sólo las veía mi momó. Y mi hermano menor, que se dedicaba a lo mismo, qué remedio.

Lo de fan es por fan, y lo de fic por ficción. Yo era fan de algunos personajes de cómic incluso antes de conocer más que su nombre y su aspecto. Los de Marvel, por ejemplo, que tardaron en hacerse asequibles a mi peculio. Pero eso no me arredraba. A La Masa (The Hulk) lo convertí en un tipo hercúleo normal y lo monté en un barco con tres compañeros de aventuras, como el Capitán Trueno. Los cánones realistas de Víctor Mora pesaban.

En otra ocasión, y ya con holgura económica como para conocer vida y milagros de cualquier superhéroe, reuní a todos los de Marvel y los de DC (no tenía problemas de copyright) para una misión especialmente peligrosa. Acudieron al llamado del Capitán Marvel, que era el no va más en empresas de alcance cósmico.

Podría contar mil meteduras de pata históricas, geográficas, de argumento, de indumentaria, de nombres propios, que se dieron cita en aquellos cuadernos. Pero como dice Daniel Cassany en En_línea (que es donde me entero de esto de los fanfic) sólo los tipos cerrados de mente consideran superiores a Delibes o a Rulfo sobre estos creadores de fanfic. Lo dice así, se lo juro, con ese aplomo. A pesar de todo, seguiré leyéndole, porque explica muy bien todo lo referente a lectura y escritura en la red, y para eso no necesita la sensatez.



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07 septiembre 2013

Dos historias romanas


Dos historias protagonizadas por dos personajes que podrían haber sido el mismo: un personaje muy del gusto de Carlos Pujol, con una inteligencia superior a la media y unas maneras exquisitas, pero abúlico y escéptico, con un escepticismo que le lleva a quedar en un plácido anonimato. El don Pablo de la primera y el Manuel de la segunda ven pasar la historia y prefieren que no les salpique. Se diría que su visión es panorámica y saben lo que pueden dar de sí las aventuras, las revoluciones y las ideologías.

Viven de hecho en dos momentos fuertes de la historia contemporánea: la unificación italiana y la segunda guerra mundial. No sé hasta qué punto hay intención de sugerir un eterno retorno de las ambiciones políticas; lo cierto es que están ahí sirviendo de fondo a las historietas privadas. Que tampoco presentan grandes sobresaltos: don Pablo ha viajado a Roma para no hacer nada, su sueño dorado; y se relaciona con extranjeros como él que tampoco se matan: discuten, se enamoran, hasta juegan a espías alguna vez. Manuel huye de una España grandilocuente para encontrar una Italia similar y contemplar asombrado las excentricidades de su hermana. Son encantadores, todos. Les envidio la serenidad y la mirada amable sin ingenuidad y desengañada sin amargura. Al final, hacen más bien a sus prójimos que los figurones históricos del fondo.

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04 septiembre 2013

Lo que hay


-El problema que tiene el cuerpo de policía -dijo casi con suavidad- es muy complicado. Se parece a la política. Exige hombres de una honradez a toda prueba, pero tiene muy poco que ofrecer a ese tipo de personas. En consecuencia, tenemos que trabajar con lo que tenemos. Y lo que tenemos es esto.

Capitán Webber, en La dama del lago, de Raymond Chandler

01 septiembre 2013

Estilos


Aludiendo sin duda al Frente de Juventudes, declara Ignacio Gracia Noriega, para quien lo dudase, que "nunca fue un niño vestido de pijo en seguimiento de un pijo vestido de niño".

Está en su derecho. Tal vez sea más partidario de estos otros:

--He visto [en España] fiestas populares en directo y en televisión. Gente emborrachándose, consumiendo droga, danto saltos y gritos sin sentido, vomitando, bandas de música estridentes y con un rock muy bruto… todo con una euforia infantil. Me han parecido, en general, un espectáculo simiesco. ¿Son siempre así?

(Un profesor norteamericano, citado por Pío Moa)

Son estilos.

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24 agosto 2013

Eichmann en Jerusalén


A un ser humano le resulta difícilmente comprensible que otro ser humano le odie por el mero hecho de haber nacido con una determinada nacionalidad, raza o cualquier otra característica ajena a la propia responsabilidad. Se entiende, pues, que este libro se dedique principalmente a indagar qué había en la conciencia de Eichmann, ya que no estábamos ante un psicópata ni un megalómano sin escrúpulos. La respuesta implícita, ya que Arendt no lo formula nunca así, es que había sustituido la conciencia por la ideología, como un personaje de Dashiell Hammett afirmaba ser capaz de sustituir el sueño por ginebra, pero esta vez de modo permanente. Ese fue el drama de todos los nacionalsocialistas, como también el de los comunistas, claro, y del totalitarismo en general. Que Eichmann se declarase kantiano, es decir, partidario de una moral autónoma frente a normas morales objetivas, no resulta tan descabellado como parece pensar la autora.

El bien y el mal tal como los había comprendido la humanidad hasta ese momento no contaban para los nazis, que inventaron un nuevo sistema de valores propio de la nueva Alemania, o de la raza aria también inventada. A ese nuevo sistema de valores correspondía un nuevo lenguaje, que eliminaba las connotaciones peyorativas de actos como matar o encarcelar a los presuntos enemigos, y del que el ejemplo típico es la famosa solución final. Bien podía tratarse de un mero lenguaje en clave para despistar al enemigo de guerra, pero uno no puede por menos de compararlo con los eufemismos con los que hoy se encubren atrocidades no menores.

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22 agosto 2013

Frase de calendario (pero me gusta)

El aprendizaje puede y debe ser un placer, pero se ha de asemejar más al que se siente cuando se asciende una montaña que al que se experimenta sentándose en su cima para contemplar el paisaje.

M. Schneider y E. Stern, citado por Eric D. Hirsch, La escuela que necesitamos

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19 agosto 2013

El grito de la lechuza


A Robert le llaman loco, y Patricia Highsmith se pasa buena parte del relato haciéndonos sospechar que quizá lo esté. En el fondo, mantener esa incertidumbre (ese suspense) es una de las notas de todo buen narrador de thriller. Sólo que aquí, como en Crímenes imaginarios, la Highsmith abusa de situaciones anodinas, amenizadas con whisky, que desesperan un poco. Y como de costumbre, la tela de araña se va tejiendo en torno al inocente protagonista para terminar del modo más absurdo posible. Bueno, en este caso, para gozo del lector vulgar (como yo, quiero decir), acaban dando para el pelo al personaje más odioso.

Y no, Robert no está loco; tan solo es un pobre hombre y un imprudente de marca. Puedes verte en embrollos con mujeres sin buscarlo, pero quien busca encuentra. Esta es la historia de un depresivo que se casó con una arpía y al que le da por merodear por la casa de una jovencita sin más objeto que imaginársela feliz. Ese es su primer error, y el segundo, aceptar sus invitaciones e invitarla a su vez. Resulta que no todo era equilibrio en la joven de la ventana y que tenía uno de los novios más imbéciles de la novela negra. Y empieza la telaraña. No me parece una estupenda novela, pero con esta mujer siempre vuelvo a picar. Algo tendrá.

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18 agosto 2013

Ortega, antiintelectual



Mientras en Madrid los comunistas y sus afines obligaban, bajo las más graves amenazas, a escritores y profesores a firmar manifiestos, a hablar por radio, etc., cómodamente sentados en sus despachos o en sus clubs, exentos de toda presión, algunos de los principales escritores ingleses firmaban otro manifiesto donde se garantizaba que esos comunistas y sus afines eran los defensores de la libertad. Evitemos los aspavientos y las frases, pero déjeseme invitar al lector inglés a que imagine cuál pudo ser mi primer movimiento ante hecho semejante que oscila entre lo grotesco y lo trágico. Porque no es fácil encontrarse con mayor incongruencia. [...] Desde hace muchos años me ocupo en hacer notar la frivolidad y la irresponsabilidad frecuentes en el intelectual europeo, que he denunciado como un factor de primera magnitud entre las causas del presente desorden [...]

Hace unos días, Alberto Einstein se ha creído con "derecho" a opinar sobre la guerra civil española y tomar posición ante ella. Ahora bien: Alberto Einstein usufructúa una ignorancia radical sobre lo que ha pasado en España ahora, hace siglos y siempre. El espíritu que le lleva a esta insolente intervención es el mismo que desde hace mucho tiempo viene causando el desprestigio universal del hombre intelectual, el cual, a su vez, hace que hoy vaya el mundo a la deriva, falto de pouvoir spirituel.

En cuanto al pacifismo, junio de 1938

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14 agosto 2013

Desnudo y disponible


La página en blanco es uno de los temas favoritos del Líder [totalitario], que suspira por el espacio raso, el individuo sin experiencia, memoria ni historia, el ser colectivo, anónimo, tan desnudo y disponible como en la infancia.

Mercedes Rosúa, El archipiélago Orwell

Pero, por supuesto, esto no tiene nada que ver con la guerra a los contenidos en la pedagogía progresista. Claro.

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13 agosto 2013

Cultura política y conciencia cristiana


No sé si sirve de algo emplear la razón frente a una clase dirigente instalada en el prejuicio. Cuando lees que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dice que la Ley de Defensa del Matrimonio obedece al "puro deseo de perjudicar a un grupo" te preguntas si no sería mejor pasarte directamente a otra civilización, de esas de la alianza, la gloriosa. Pero, ya que la razón es lo que nos configura como humanos, al menos servirá para "dar razón de nuestra esperanza" cuando nos lleven al martirio, de un modo u  otro.

Justamente el matrimonio, y su actual redefinición por parte de unos locos peligrosos con escaño, es uno de los temas que toca Ángel Rodríguez Luño en este Cultura política y conciencia cristiana. Dos conceptos cuya relación ha sido, cuando menos, problemática desde el asalto al poder por el laicismo a partir del siglo XIX. Para reconciliarlos no sirve ya el recurso a los partidos católicos, que constreñían a una opción política la libre actuación de los fieles en la esfera pública. Por eso, libros como este, junto a otros como el de Martin Rhonheimer ya comentado aquí, resultan imprescindibles para abrir nuevos caminos en esa dirección. Por supuesto, no son un cuerpo de doctrina, y se puede disentir todo lo que se quiera, pero son puntos de luz en un panorama bastante oscuro.

Estos Ensayos de ética política son en concreto nueve y fueron publicados en diversos lugares. Aparte del matrimonio, están presentes, como cabía esperar, cuestiones candentes como la del respeto a la vida, la laicidad y el relativismo, siempre siguiendo de cerca, como cabe esperar, las enseñanzas de los recientes pontificados. 

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11 agosto 2013

Nihil novum



Acudió Melanio entonces a recordar tiempos de su lejana historia griega, cuando la democracia iba construyéndose, y señaló una época en la que entre los que atracaban en las callejas de Atenas y el comportamiento de algunos del erario, la diferencia estaba en que aquéllos te hablaban de tú y los del erario de vuesa merced. Matizó Melanio que dado que en la lengua griega no existía el tú y el vuesarced para distinguir en el tratamiento, sino que éste se hacía mediante el uso del plural o de la interjección, lo más preciso sería decir que el del erario exclamaba: "Oh, contribuyente, venid a mí!", mientras que el rudo asaltador exigiría: "¡Contribuyente, descarga la bolsa!"

En Antonio Prieto, El embajador

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08 agosto 2013

Teléfonos espabilaos


Andaba yo pensando qué sería eso de smartphone cuando me acordé de una canción de un grupo de ska, creo, de los 80, Smart boys. Mi diccionario Everest me traducía smart como "listo, hábil, ingenioso, despierto, astuto"; vamos, eso que mi padre siempre me decía que tenía que ser en la vida. No es exactamente "inteligente". En castellano coloquial hay un término que creo que lo traduce con precisión: espabilado. 

No sé si es así como yo llamaría a mi teléfono. Es cierto que me sugiere palabras, que me avisa de todo puntualmente, que se desbloquea en un decir Jesús, pero, caramba, podría ser más rápido con internet, que es para lo que más le uso. Si esperaran tanto las liebres ya no las habría. Ahí será inteligente, pero smart...

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06 agosto 2013

Rendez-vous en negro


Uno tarda, y tarda mucho, en darse cuenta de que esta es la novela que inspiró La novia vestía de negro, no solo porque Truffaut cambia el sexo del protagonista y el resto de personajes y circunstancias, incluyendo el desenlace; sino porque el modo que tiene Woolrich de encadenar los acontecimientos te hace preguntarte qué está pasando, si el primer capítulo tiene unidad y si la tiene el primero con el segundo o este con el tercero... o es que los editores te están tomando el pelo. En eso, el formato electrónico es una ventaja, porque no caes en la tentación de leer la sinopsis de la contraportada, que disipa el encanto. Woolrich maneja con mano de maestro la elipsis, con igual destreza dosifica los datos, juega con el lector como lo haría un Hitchcock con sus espectadores... Bien es cierto que roza lo inverosímil y quizá haga más que rozarlo, pero el lector admite eso como parte del juego y lo sigue encantado. Importa poco que el protagonista reúna en sí los caracteres de un neurótico y de diez agentes de la CIA juntos, que le salga todo tan milimétricamente perfecto, o que el narrador recurra a un tono terrorífico y fatalista, sobre todo porque sabe compensarlo con otras secuencias de aire costumbrista donde se palpa una suave ironía contra costumbres y vicios intemporales.

Vamos, un thriller como Dios manda, quiero decir con auténtico talento narrativo. Genio, más bien. Tendría que remontarme al Tuareg de Alberto Vázquez-Figueroa para encontrar una novela que me mantuviese de tal modo pegado al asiento.

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30 julio 2013

¿Antiintelectuales? Pues bueno.


Va uno y se marca un libro con el título Los (anti)intelectuales de la derecha española. La intención ya se ve, pero el tío tiene que justificarlo, así que acude a un dato histórico cierto: el término intelectual, como sustantivo, nace en los años del asunto Dreyfus, designando a aquellos escritores, por lo general de izquierdas, que defendieron la inocencia del capitán frente a las gentes de orden (derechas) que le acusaban, movidos en parte por el muy extendido prejuicio antijudío de la época. Con el tiempo, el término se liberó de esa restricción significativa y pasó a designar a todo aquel que trabajaba con el intelecto: lo que en los tiempos antiguos era un filósofo, en la Edad Media un clérigo, en el Renacimiento un humanista y en el siglo XVIII español un literato. Y ello con independencia de las ideas del sujeto en cuestión. Pero ¿a qué dejar que la realidad te estropee un buen argumento, sobre todo si te permite sugerir, como quien no quiere la cosa, que los de derechas no piensan?

De todos modos, ¿por qué no seguirle el juego? Antiintelectuales: ¿y qué? Al fin y al cabo, una constante de los movimientos subversivos del pasado siglo ha sido el orgullo de contrariar los valores establecidos: se glorificó al antihéroe, se habló de la contracultura… Poco hay de vergonzoso en llevar la contraria a unos intelectuales que apoyaron el sistema político más sangriento de la historia y a otros que hoy son más orgánicos que los Pemanes o los Laínes de los 40: hoy los valores establecidos son los de la izquierda, hasta el punto de que lo que llamamos corrección política se basa en buena parte en ellos. Asi que, si yo viviera de escribir, no lo dudaría: he aquí un antiintelectual.

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23 julio 2013

Lección magistral


El soldado Bucky Paige está desolado porque su mujer le escribe diciendo que se ha enamorado de otro tío. Le deniegan el permiso para ir a casa. Su amigo le lee la cartilla.


--Entonces ve allí de todos modos. ¿Qué tienes en los extremos de tus brazos, nenúfares? –Levantó una de las muñecas de Paige y la dejó caer de nuevo--. Te pusieron los puños aquí para algo, ¿no crees? Lucha por ella. Tienes que pelear para separarlos. Tal como yo lo veo, si no lo haces, eres un gallina. Probablemente el tipo ni siquiera valga la pena. A mí me pasó algo parecido. Al principio de nuestra relación, tuve que partirle la cara a un tipo que tonteaba con mi Sadie en el paseo de Coney Island. Desde entonces –concluyó, dándose un puñetazo en la palma de la mano--, no hemos tenido el menor problema. Todo lo que ella hace es quedarse en casa y parir hijos.

En Cornell Woolrich, Rendez-vous en negro.

La última frase puede parecer desafortunada: hablamos de una mujer, no de un animal doméstico. Pero si ella se comporta como tal…

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18 julio 2013

Aventuras del bachiller Trapaza

“Quintaesencia de embusteros y maestro de embelecadores”. La picaresca del siglo XVII rivalizaba en buscar subtítulos que ponderasen el arte de sus protagonistas a la hora de engañar al prójimo. Esto ponía de los nervios a Gregorio Marañón, que lamentaba que estas novelas diesen de España una visión tan lamentable. En todo caso, quien piense que España era lo que la picaresca transmite habrá olvidado que toda novela aplica un foco a la realidad y con frecuencia transfigura, en mejor o en peor, lo que capta el foco.

Pero mucha vida real del siglo XVII sí que está presente allí, y leer a Castillo Solórzano, como a Espinel o a Salas Barbadillo, es un ejercicio de documentación sobre costumbres, vestuarios, tipos humanos del momento.  Hernando Trapaza es natural de Zamarramala, “a media legua de Segovia” (hoy están prácticamente juntas), villa que al parecer era famosa por sus natas, y es hijo de Pedro de la Trampa y Olalla Tramoya.  Castillo era así, ingenuo en sus planteamientos, porque con él nacía la novela comercial, y el lector tenía que carcajearse con los personajes desde su mismo nombre, bien alusivo en este caso a lo que iba a ser su vástago. Ya el autor del Lazarillo, que no se negaba a una lectura superficial de su obra, había hecho a su héroe hijo de Tomé González.

Y el resto podemos imaginarlo: trapacerías, desengaños, enredos amorosos, ir de un amo a otro, de un socio al siguiente… y también, siguiendo el uso del momento, novelas y poemas intercalados. Y empezaban a hacer su aparición las sagas: Castillo termina con el anuncio de las próximas aventuras de la hija de Trapaza, polilla de la corte, dice, aunque acabó siendo La Garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas.
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