06 septiembre 2019

La ciudad de los prodigios


Onofre Bouvila tiene algo de Vito Corleone, o quizá Corleone lo tiene de Bouvila, depende de con qué figura nos hayamos topado antes, en la realidad o en la ficción. Si los Corleone de Coppola resultan estilizados, de tal modo que pensamos en los gangsters reales como forzosamente más cochambrosos, Onofre y su entorno no pierden nunca un cierto aire de peleles, como para que no perdamos tampoco la sensación de que nos hallamos ante una ficción. Este toque es muy de Mendoza (en lo poco que le conozco) y se halla tanto en los nombres como en las situaciones. Tal vez sea este toque lo que le otorga su sitio en el Olimpo narrativo español.

La protagonista, junto con Onofre, es, en efecto, la ciudad. Otra cuestión es que esa ciudad sea realmente Barcelona, como la cuestión es si Vetusta era en verdad Oviedo. Porque tengo la seguridad de que en la Barcelona real hay, al menos, algunas personas capaces de actos de virtud…
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26 julio 2019

El don de la fiebre


Este Mario Cuenca Sandoval es un descubrimiento. Ahora mismo no recuerdo si este don de la fiebre es su primera novela pero, en todo caso, si continúa a esa altura, estamos ante lo que se llama un valor seguro*. Es la memoria ficticia de Olivier Messiaen, uno de los compositores contemporáneos de mayor reputación, desde un presente en que el personaje se encuentra hospitalizado en fase terminal. El autor centra las memorias en el campo de concentración donde fue internado durante la guerra mundial, escenario cuyo horror él y varios compañeros trataron de atemperar mediante la música. Su fe cristiana angustiada, muy a lo francés, y su capacidad de sinestesia, es decir, de asociar colores y sonidos, son motivos permanentes en la narración, por supuesto, morosa y psicológica, llevada con el acreditado procedimiento Ciudadano Kane, de flashbacks aparentemente caóticos que nos llevan ahora a la infancia ahora a la madurez triunfante, pero predominando, como digo, ese momento crucial del internamiento en el que lo mejor y lo peor del ser humano se dieron cita. En sus últimos momentos, el anciano entubado vuelve a ser el niño que pedía a Dios saber leer los sonidos, a punto de contemplar el sentido de todo.

*Ojeando luego por Amazon me encuentro otro título suyo con una portada completamente disuasoria. En todo caso, permaneceremos atentos a su trayectoria.


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23 julio 2019

La vida de Santa Teresa de Jesús


Marcelle Auclair fue una hispanista bien relacionada con las personalidades de la cultura española de la primera mitad del XX, como Ignacio Sánchez Mejías, por ejemplo. Entre las cosas que hay que agradecerle de esta biografía está el que quite importancia al hecho de que Teresa tuviera sangre judía, algo tan explotado por el americocastrismo. “El mismo rey Fernando el Católico tenía sangre judía por parte de su madre... Las uniones entre cristianos y judíos no escandalizaban en los siglos XIV y XV”. Lo que permitió a muchos judíos ostentar títulos de nobleza. En cuanto a la afición de Teresa a los libros de caballerías, donde menudeaban también las aventuras amorosas, me alegra que la autora constate que “...en aquella época no se hacía un misterio del modo de perpetuar la especie, y para aquellos robustos cristianos no eran los de la carne los pecados más graves”. La hija de Alonso de Cepeda no era una tipa rara, sino una joven físicamente atractiva y con una recia personalidad, que “no hubiese consentido ser señalada con el dedo [por acceder a tonteos con cualquier galán] ni desposada por obligación”.

Hay cosas que no cambian: “El que se había comprometido por contrato a entregar anualmente varias fanegas de trigo a los pobres se resistía a entregar a Dios su hija preferida...”. Sin embargo, lo que temía Teresa a la hora de tomar su decisión irrevocable era “a mí y a mi flaqueza”. Que no se impusieron sobre la gracia, por fortuna. De hecho, su carácter recio le sirvió para exigir igual reciedumbre a sus monjas: vamos, que no podía apalancar con churros. “Aquellas esposas de Cristo debían tener por lo menos las cualidades que los hombres piden para las suyas”. Tuvieron más, como el amor a la pobreza (hasta el punto de echarla de menos cuando tenían de todo) y el buen humor: “A una monja descontenta yo la temo más que a muchos demonios”. Por eso aconsejaba reírse de los que las calumniaban y “dejarlos decir”.

Por su parte, decía que solo la habían calumniado tres veces: en su mocedad, cuando la llamaban hermosa; más tarde, cuando decían que era lista, y, la que le resultaba más insufrible, cuando le decían que era buena. Hoy la calumnia viene de los libros de texto, donde suelen presentarla como una mujer liberada que fue perseguida por obrar por libre en un mundo de hombres, como si actuase por cuenta propia. La realidad es que “... solo era capaz de amar y de actuar para el Señor, porque el administrador que obra por cuenta de un dueño todopoderoso no tiene en cuenta su propio interés: actúa sin nerviosismo ni codicia, castiga sin odio... compra como si no poseyese y usa las cosas sin apegarse a ellas; por eso tiene sosiego”.


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08 julio 2019

Bárbara injusticia


[Luis Buñuel, tras reconocer que no le gusta Eugenio d´Ors]

Y es de los pocos españoles, de los poquísimos –con esa enorme, bárbara injusticia con la que el mundo, después de la victoria protestante, ha ignorado a España– que traspuso las fronteras y del que ¡todavía! se leen y traducen libros.*

Max Aub, Luis Buñuel, novela, p. 102


Vaya, ya se ve que no son solo ocurrencias de Elvira Roca Barea...


03 julio 2019

Es preciso amar a los semejantes


para tener el derecho de decirles, duramente si es necesario, las verdades que les salvarán.*

Es decir, una apologética que no provenga del amor al prójimo se dirige únicamente a la propia gloria, y no se diferencia de lo que Pierre de Boisdeffre reprocha en Montherlant, “una moral construida únicamente para la glorificación del individuo”. Pero, a la vez, se deduce que el amor al semejante lleva a afirmar esas verdades con toda la “dureza” necesaria, como hace un buen padre o un buen hermano. Reírles las gracias es, por contra, propio del simple amigote o del cómplice.

*En Pierre de Boisdeffre, Metamorfosis de la literatura, II, “Montherlant en cuarentena”



01 julio 2019

A ras de las sombras


Él y yo, nosotros tres, a pesar de lo pretencioso del título, me pareció una novela muy estimable. No volví a tener ningún contacto con la novelística de Marta Portal hasta este A ras de las sombras, su segunda novela, creo. Es también de corte existencial, por utilizar la etiqueta al uso, aunque muy inferior a la que he citado. “No aporta nada”, o algo así, dice el Pedraza, y he de darle la razón. Trata de las vicisitudes de un extranjero en un pueblo de Mallorca, un desencantado tras unas relaciones sentimentales fracasadas y cuyo vacío no hace sino ahondarse con nuevos escarceos. Será al fin su asistenta Margalida, una sencilla joven del lugar, quien de algún modo termine iluminándole con su bondad. Termina bien y dan ganas de pasar una temporada allí.

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22 junio 2019

Siete novelas cortas


Hay que agradecer a Carmen Laforet que haya reivindicado la figura de la viejecita piadosa, tan maltratada en la literatura y especialmente en la nuestra. En tiempos en que el desertor, el homosexual, el adúltero o el hereje pueden aparecer como los buenos de una ficción, no está mal que alguien rompa una lanza por esas señoras de las que, según Ibáñez Langlois, depende la vida de la Iglesia (“dulces clavos, dulce cruz...”).

Bueno, lo cierto es que no son siempre beatas las que protagonizan estos relatos, a pesar de los dos prologuistas, que utilizan con reiteración este término. Por lo menos, si lo entendemos como “una señora de edad que frecuenta mucho la iglesia y los rezos”. Se trata de cuentos cristianos, desde luego, en los que es casi siempre una mujer quien lleva la iniciativa en la cooperación con la gracia, podríamos decir. Como en La mujer nueva, la ejemplaridad es bastante explícita, a diferencia, por ejemplo, de los cuentos de Flannery O´Connor, pero eso no les resta mérito. Y esa ejemplaridad suele consistir en una alabanza de la virtud: la joven cónyuge de El piano muestra a su marido la importancia del desprendimiento del dinero; la anciana de La llamada realiza con su antigua vecina un acto de caridad que puede calificarse de heroico, al poner al tablero su reputación; caridad heroica hay también en la joven maestra de Los emplazados que no denuncia al rojo escondido, pero igualmente en el soldado nacional que se juega la piel al defenderla; dos mujeres, en El viaje divertido, tienen ocasión de enseñarse mutuamente cosas decisivas, desafiando la incomprensión de los maridos; y qué decir de los hijos de El último verano, tan mezquinos en sus pequeños egoísmos hasta que llega el momento de echar el resto por su madre; incluso la solterona algo tocada de El noviazgo resulta agrandada por su rasgo de dignidad al rechazar a quien solo la solicitó cuando necesitó un báculo para su vejez...

Como digo, esta ejemplaridad no resta valor a unas novelas cortas que podrían reclamar su ascendencia cervantina, aunque en su factura recuerdan más a los cuentos decimonónicos y en concreto a Alarcón.

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19 junio 2019

Explicar la obra por el hombre


equivale, en resumidas cuentas, a explicar lo conocido por lo desconocido.

No deja de tener razón, el tal Boris de Schloezer. Lo cita Max Aub en Luis Buñuel, novela.


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02 junio 2019

Diario de un jubilado


Qué triste se me hace ver a Lorenzo colgado de la tele, suspirando por una parcela y permitiéndose escarceos extramatrimoniales. Pero a fin de cuentas lo que hace Delibes no es más que crítica social, una vez más, como en la oprobiosa, cuando la censura no le dejaba hacerlo en el periódico. En los 90 tocaba criticar ese consumismo y ese permisivismo que nos afligen. Solo que aquí Delibes hace predominar el humor sobre los tonos oscuros de Las ratas o Los santos inocentes, y la cosa termina a lo Paco Martínez Soria, con el matrimonio reconciliado y los pecados aborrecidos, tras unos lances de carcajeo con algo de intriga policíaca incluso. Divierte también el español coloquial de Lorenzo, así como su relación “profesional” con el poeta bujarrón, contribución de Delibes al temita, aunque también en plan satírico. Obra menor, en definitiva, que no hacía presagiar El hereje.

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31 mayo 2019

De las Memorias de un detective privado



[Me voy a deshacer del tomo de “Club del misterio”, de Bruguera, que contenía este texto como prólogo; pero me interesa mantenerlo, así que lo estampo aquí. Dashiell Hammett, su autor, lo publicó al parecer en la revista Smart Set, en marzo de 1923, cuando empezaba a publicar sus primeras historias policíacas en Black Mash)]

1
Deseando obtener cierta información de miembros de la WCTU (una asociación moralista de mujeres) en una ciudad de Oregón, me presenté como secretario de la Liga de Pureza Cívica. Una de ellas me leyó un largo discurso acerca de los efectos eróticos de los cigarrillos en las jovencitas. Experimentos posteriores demostraron que este viaje era inútil.

2
Un hombre al que estaba siguiendo salió al campo a dar un paseo un domingo por la tarde y se perdió por completo. Tuve que indicarle el camino de vuelta a la ciudad.

3
El robo con escalo es probablemente el trabajo peor pagado del mundo. Nunca he conocido a nadie que pudiera vivir de ello.
Pero, a decir verdad, pocos delincuentes, sea cual fuere su especialidad, logran mantenerse, a no ser que de vez en cuando consigan algún trabajo legal. La mayoría de ellos vive de sus mujeres.

4
Conozco a un detective a quien, mientras andaba a la caza de carteristas en el hipódromo, le robaron la cartera. Más tarde llegó a ser agente en una empresa de detectives del este.

5
Me confundieron tres veces con un agente de la Prohibición, pero nunca tuve problemas para aclarar el malentendido.

6
Una noche, cuando llevaba a un detenido desde un rancho cerca de Gilt Edge, en Montana, a Lewistone, se averió mi automóvil y tuvimos que quedarnos allí sentados hasta el amanecer. El prisionero, que sostenía con firmeza su inocencia, solo llevaba unos pantalones ligeros y una camisa. Después de pasarse toda la noche tiritando en el asiento delantero, su moral cayó por los suelos y a la mañana siguiente no tuve dificultad para conseguir una confesión completa mientras caminábamos hacia el rancho más cercano.

7
De todos los empleados desfalcadores con los que he tenido contacto, no puedo recordar ni una docena que fumaran, bebieran o tuvieran alguno de los vicios en los que las compañías de seguros se fijan tanto.

8
Una vez fui falsamente acusado de perjurio y tuve que jurar en falso para evitar el arresto.

9
El agente de una empresa de detectives en San Francisco sustituyó una vez la palabra verdadero por voraz en uno de mis informes, con la excusa de que el cliente no iba a poder entender el texto.
Pocos días más tarde, en otro informe, simular se convirtió en apresurar por la misma razón.

10
De todos los hombres de distintas nacionalidades que frecuentan los juzgados criminales, los griegos son los más difíciles de condenar.
Simplemente se limitan a negarlo todo, no importa lo concluyentes que puedan ser las pruebas; y nada impresiona más a un jurado que la escueta afirmación de un hecho, aunque ese hecho sea claramente improbable y absurdo frente a la abrumadora evidencia de lo contrario.

11
Conozco a un hombre que puede falsificar cualquier tipo de huella dactilar por 50 dólares.

12
Nunca he conocido a nadie capaz de convertir un buen trabajo en un negocio, profesión o arte, que fuera al mismo tiempo un criminal profesional.

13
Conozco a un detective que una vez quiso disfrazarse a la perfección. El primer policía con quien se tropezó lo detuvo.

14
Conozco a un sheriff de Montana que en cierta ocasión fue a arrestar a un ranchero. Este salió al porche empuñando un rifle. El sheriff sacó su revólver y trató de disparar por encima de la cabeza del otro, para asustarle.
La bala arrancó el rifle de las manos del ranchero. Con el paso del tiempo, el sheriff acabó creyéndose la reputación de puntería que este incidente le dio, y no solo permitió a sus amigos que le inscribieran en un concurso de tiro, sino que se jugó todo lo que tenía confiando en su destreza.
En el concurso sus seis tiros no dieron ni una sola vez en el blanco.

15
Una vez, en Seattle, la esposa de un estafador fugitivo me ofreció una fotografía de su marido por 15 dólares. Yo sabía dónde podía conseguir una gratis, así que no la compré.

16
Una vez fui contratado para ayudar a una mujer en las tareas de su casa.

17
El argot usado entre delincuentes es en general un código utilizado adrede y además sectario, destinado más que nada a confundir a la gente, pero a veces es singularmente expresivo; por ejemplo, perdedor en dos tiempos: uno que ha sido condenado dos veces; y el más antiguo irse a leer y escribir: encontrar conveniente alejarse por un tiempo.

18
La del carterista es la práctica delictiva más fácil de aprender: basta no ser inválido para ser experto en un solo día.

19
En 1917, en Washington, conocí a una chica que no me dijo que mi trabajo “debía de ser muy interesante”

20
Incluso cuando el criminal no hace ningún esfuerzo por borrar sus huellas dactilares y las deja esparcidas por todo el escenario del crimen, la posibilidad de encontrar una huella lo bastante clara para ser de algún valor es una sobre diez.

21
El jefe de policía de una ciudad del sur me proporcionó una vez la descripción de un hombre, completa hasta incluir el detalle de un lunar en el cuello, pero olvidó mencionarme que solo tenía un brazo.

22
Conozco a un falsificador que dejó a su mujer porque había aprendido a fumar mientras él cumplía condena en prisión.

23
La terminología de la prensa diaria utiliza el apodo de “Raffles” inmediatamente después del de “Doctor Jekyll y Mr. Hyde”. Los periodistas, en cuanto pueden, utilizan la expresión “ladrón caballeroso”.
Un retrato aproximado del personaje al que los periódicos atribuyen este apodo nos mostraría a un bebedor de láudano, con una herradura de diamantes que reluciera en su pecho bajo un lazo de terciopelo, mientras sonríe a su víctima y exclama: “No se asuste, señorita, no le voy a hacer mucho daño. ¡No soy un manazas!”

24
El detective más inteligente y de más éxito que conozco es muy miope.

25
Si se hace un itinerario desde las ciudades más grandes hasta las aldeas rurales más remotas, se descubre un porcentaje constantemente decreciente de crímenes que tienen que ver con el dinero y un aumento proporcional en la frecuencia del sexo como motivo criminal.

26
Un noche, mientras trataba de espiar el interior del piso superior de un albergue en el norte de California –el hombre que andaba buscando estaba en Seattle en esos momentos– parte del techo del porche cedió bajo mis pies y me caí, torciéndome un tobillo. El propietario de la casa me dio agua caliente para hacerme una cura.

27
La principal diferencia entre el problema excepcionalmente enredado al que se enfrenta el detective de ficción y el que tiene que resolver un detective real es que, generalmente, al primero le faltan pistas, mientras el segundo encuentra demasiadas.

28
Conozco un hombre que robó una vez un tiovivo.

29
Uno de los mitos menos controvertidos es el de que tarde o temprano se detiene al malhechor. Y, sin embargo, en todas las agencias de detectives del mundo los ficheros rebosan de datos sobre misterios irresueltos y criminales sin capturar.



17 mayo 2019

El gran Duque de Alba


Don Fernando Álvarez de Toledo murió convencido de que no había ahorcado a nadie que no lo hubiese merecido, lo cual le daba la necesaria tranquilidad de conciencia para afrontar el trance. Es lo que me sorprende de cualquier época pasada: la facilidad con que se daba el pasaporte al prójimo, incluso por delitos menores que el asesinato. ¿Fue cruel el Duque de Alba? No más que cualquiera en su lugar, encargado de reprimir una rebelión de semejante alcance como la de los Países Bajos. Creo que habría ido a la muerte con menos paz si se hubiera retraído en ejercer esa represión, como era su deber.

Los rebeldes se encargaron de magnificar su maldad hasta el punto de representarlo como una especie de Vlad el empalador o de ogro comeniños. Y sin embargo sus enemigos no daban caramelos a nadie, como supieron a su tiempo los católicos de los Países Bajos. Alguna vez, para asustar, hicieron correr el rumor de que Felipe II quería implantar en Flandes una inquisición al estilo español, pero, como ya había advertido el rey, “la que tienen allí es más despiadada que la de aquí”.

El libro de William S. Maltby, cuya reedición, corregida y aumentada, corrió a cargo de la editorial Atalanta (cuyo propietario es Jacobo Siruela, descendiente del Duque) en 2007, me parece un modelo de equilibrio y ponderación. Consta de catorce capítulos, cada uno con un título orientador, más un epílogo y un prefacio del propio Siruela, que aporta algunos retratos del biografiado. Buen trabajo por parte de autor y editor.

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22 abril 2019

El método


Hay que hacer científica la revolución... La GPU tiene agentes especializados. Solo se entra en las casas y se detiene de noche, para evitar reacciones y ayudas posibles, y no se hace pública jamás su actuación. Se recoge, y no se devuelve nunca, todo papel que se encuentra en casa del detenido, y esos papeles se estudian en un laboratorio centralizado. Se vigila ocultamente a la familia. El comisario suprime la vida del reaccionario, pero aspira a extraer de el, antes de suprimirle, cuanto pueda ser útil para la obra de la revolución. En un pequeño calabozo queda incomunicado, bajo inspección incesante por el ventanillo. Después de varias horas se lleva al sospechoso a declarar ante el juez, que no le hace caso, durante largo tiempo. Cuando el sospechoso, deprimido física y moralmente, está maduro, el juez le interroga: le acusa concretamente, le hace sabe que tiene las pruebas de sus actividades contrarrevolucionarias, conspiración, sabotaje, antecedentes y labor burguesa. También le señala que es espía. No le deja contestar. Vuelven a encerrarlo en su minúsculo calabozo. Por la noche se le lleva a diferente cárcel, y allí medita, en otra celda peor, sin ventilación, sin luz y sin camastro. A los dos días le despojan del traje, le cortan el pelo, le visten de presidiario. Va a una sala con centenares de acusados, donde agentes provocadores obtienen confidencias, fingiéndose reos. Después de una alimentación de pan y agua vuelve a ser interrogado por el mismo juez, en el mismo sitio. Han pasado cuatro semanas. Se le aloja en el calabozo, pequeñito, como un armario, donde, por el ventanillo, la mirada vigilante no se aparta de él, exacerbando la tensión de su sistema nervioso. En el segundo interrogatorio el juez le procesa por fascista, término que comprende todo lo que se quiere que abarque, como hemos demostrado en nuestra revolución de España. Diez o doce horas, con relevos de jueces, duran las preguntas incesantes. Se le devuelve al calabazo. A los treinta minutos, otras ocho o diez horas de preguntas y asedio por varios jueces que se sustituyen y plantean el proceso desde puntos de vista diferentes, para trastornar la defensa que hubiese preparado el detenido. También se le ofrece la libertad y la protección del partido si proporciona datos o nombres suficientemente interesantes. Así durante el tiempo que sea necesario, y día y noche. Sólo cuando se da con un sujeto de tenacidad y energía extraordinarias o que se precise que diga rápidamente algo que se está seguro de que sabe, se emplean las torturas materiales. Pero las torturas materiales no se necesitan casi nunca, porque no son científicas.

Don Roque, en Checas de Madrid, acción primera, capítulo XIII



19 abril 2019

Donde no hay perdón


Interesante esta observación de Joseph Ratzinger, y muy actual.

El hombre no puede soportar la pura y simple moral, no puede vivir de ella; se convierte para él en una “ley” que provoca el deseo de contradecirla y genera el pecado. Por eso donde el perdón, el verdadero perdón lleno de eficacia, no es reconocido y no se cree en él, hay que tratar la moral de tal modo que las condiciones de pecar no pueden nunca verificarse propiamente para el individuo. A grandes rasgos puede decirse que la actual discusión moral tiende a librar a los hombres de la culpa, haciendo que no se den nunca las condiciones de su posibilidad. Viene a la mente la mordaz frase de Pascal: Ecce patres, qui tollunt peccata mundi! He aquí a los padres que quitan el pecado del mundo.

(En La Iglesia, capítulo 5, 4)



12 abril 2019

Creatividad al poder


Este es básicamente un libro sobre lo que se mueve detrás de las películas de Hollywood. Parte de la premisa de que cualquier idea entra mejor a través de una historia. Un producto hollywoodiano es ante todo una obra de arte, y una obra que mueve dinero a espuertas para su confección, así como precisa de talentos nada comunes que han de armonizarse si se quiere conseguir algo eficaz. Pero también es un modo de hacer llegar a la sociedad ideas que de otro modo no habrían calado con la misma facilidad. Basta pensar en la abundancia de homosexuales entre los productores y agentes para entender lo que queremos decir.

Algo que llama la atención en un mundo tan celoso de la independencia individual y tan dado al “no dejes que te digan lo que tienes que hacer” es lo que cuenta Fumagalli con respecto al mailroom. Así es como se llama en la jerga del medio al departamento de los chicos para todo, esos que llevan el correo pero también sacan cafés y todo lo que se les ocurra a los jefes. Es allí donde se gestan los futuros grandes hombres de la industria cinematográfica, y lo hacen a base de horarios de trabajo abrumadores, propios realmente de esclavos, y eso durante años. El que quiere descollar en el medio sabe que prácticamente no tendrá vida durante una larga temporada, pero luego será él el que dicte a muchos otros lo que han de hacer, con modos de sátrapa oriental. Y lo gordo es que hay muchos candidatos para eso, como los había para ser la secretaria de Miranda Priestly, la ogresa de El diablo viste de Prada, auténtico espejo de este mundillo. Es claro que tal maquinaria de poder no se sostiene con pilares de plástico.

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24 marzo 2019

El "homófobo" en antena


José Javier Esparza da a Fernando Paz la oportunidad de explicarse en El gato al agua. Me parece muy bien, pero tal vez el modo sea mejorable. Da la impresión de que Esparza le está sometiendo a un test de ortodoxia.

Por ejemplo: “¿Tú entiendes que la homosexualidad es una tara?”

Tal como está el patio, esa pregunta es una trampa farisea. Se entiende que el pobre Paz se líe un poco.

De hecho, esa pregunta solo se puede responder a lo gallego:

“Para empezar, ¿qué es la sexualidad?

a) El hecho de que dos personas pueden hallar placer metiéndose y sacándose mutuamente cosas del cuerpo? O

b) El hecho biológico que divide a ciertos seres en dos sexos, masculino y femenino, complementarios y con vistas a la reproducción?

Si tu concepto de la sexualidad es a), entonces no hay nada que decir sobre la conducta homosexual. Sería, en efecto, tan normal como la heterosexual y, por tanto, tan lícita.

Pero si es b), como lo ha sido para todos los seres humanos desde que el mundo es mundo, entonces no se trata de que la homosexualidad sea una tara, una anomalía o un pecado: es, para empezar, una contradicción en los términos, posible de hecho por la complejidad de la psique humana. Pero entonces no puede negarse que quien siente atracción sexual hacia el propio sexo posee, cuando menos, una peculiaridad psíquica que, en no pocos casos, le lleva a ejercer esa sexualidad de modo antinatural, empleando cauces que biológicamente no están preparados para esa función. Que esa condición y esa conducta sean compatibles con el equilibrio mental y emocional y que sean encauzables por la vía del matrimonio deberían ser, por lo menos, cuestiones abiertas a discusión.

No se trata, por tanto, de que yo odie a tales personas o que las considere enfermas o viciosas. Ni pido tal derecho. Solo pido el derecho a entender la sexualidad del modo b), como todos los seres humanos desde que el mundo es mundo. Y es eso lo que se me está negando, contra todo derecho y contra toda razón.

No he terminado de ver el vídeo de El gato al agua. Espero que Paz salga airoso de la pregunta. Si no, para la próxima, le brindo esta reflexión.

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09 marzo 2019

El enano


No tiene nombre (solo una vez lo llaman Piccolino, pero puede ser un mote) y es una criatura amoral a quien no le importa matar. En todo caso es fácil compararlo con el intelectual nihilista contemporáneo. No es un bufón (le falta por completo el sentido del humor) pero está al servicio de príncipes, a los que juzga desde la altura de su inteligencia. Su enanismo le inscribe en una casta que sabe que solo puede ser solidaria de sí misma. Con todo, admira a su príncipe, que podría ser figura a su vez del político moderno, no menos amoral que su confidente.

La novela, en efecto, se sitúa en la Italia del Renacimiento, donde Maquiavelo pudo teorizar sobre lo que había visto (el príncipe “da la impresión de comprenderlo y dominarlo todo, o por lo menos de aspirar a ello... Pero es muy hipócrita... En cierto sentido es inaccesible”). El enano nos da un panorama de la vida en aquella corte, siempre desde su prisma escéptico e incapaz de comprender el amor... y de ejercerlo, pues los escarceos eróticos le producen solo asco. En cambio, ama la guerra y se enorgullece de pelear como el que mejor, mientras aborrece la corrupción por dinero. Pero no desdeña el recurso a la traición para sobreponerse al enemigo...

Novela, pues, de personaje a la vez que de ambientación histórica. Pär Lagerkvist convence. Un día de estos me cogeré el Barrabás, a ver qué tal.

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04 marzo 2019

Versos de amor, conceptos esparcidos...


Discuten en perfectas décimas sobre si es mayor el dolor de ver muerta a la amada o el de saberla en poder de otro. Doy la victoria a Celia:

Querer por solo querer
es el más perfecto amor,
y a este no ofende el dolor
de verla en otro poder.
Luego el galán que (por ver
que otro goza lo que amaba)
tanto su paciencia acaba
que muerta quisiera verla,
no la quiso por quererla,
sino por lo que esperaba.

(En Agustín Moreto, Industrias contra finezas. acto I, escena III)



02 marzo 2019

Pistas


José Miguel Ibáñez Langlois, “Le defroqué”, vv. 1-3:

Después de diez años de mediocre continencia
y de mediocre piedad
el Reverendo se enamoró de su secretaria...

Pongan monaguillo donde dice secretaria y no harán falta más pistas. Y nos ahorraremos cumbres, declaraciones, vademecums y retórica.

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23 febrero 2019

Checas de Madrid


Checas de Madrid es una imitación de Tirano Banderas, aplicada al terror rojo del 36. A Andrés Trapiello no le gusta: “Si el autor tenia alguna razón, la pierde desde la primera página a causa del repulsivo tono, literario y moral, de la obra”. Ah, claro, es que el esperpento está muy bien cuando el blanco son los militares y los burgueses, pero cuando se dirige contra los heroicos milicianos hay que sacar maneras de censor eclesiástico. De páginas como las de la novela de Tomás Borrás están llenas las novelas sesenteras españolas y las americanas del boom, que nunca parecieron tan repulsivas ni tan inmorales.

Por supuesto, falta la imitación del castellano de América, pero en lo demás la asimilación del esperpento de Valle es patente: las frases nominales, las metáforas grotescas, la animalización, la estética de la crueldad. Que el referente de todo ello sea una realidad histórica es lo que estremece. El método chekista, soviético, se halla perfectamente retratado, como sabemos por los que lo sufrieron en el este de Europa. Lo describe un personaje en el capítulo XIII, después de lo cual “...respiró, atusándose el peinado, charol también. El andaluz no caía de sus gracias: --¡Si me gustas es porque te haces la permanente con cuchara!”.

Los últimos capítulos se inclinan, sin embargo, al melodrama, cuando adquiere protagonismo una joven de derechas que se dedica a labores de espionaje, quizá homenaje a las chicas del Socorro Azul y en particular a Paz Unciti. Antes, el esperpento ha adquirido a veces caracteres propios de Tarantino, como en un pasaje en que unas milicianas, de noche, se hallan desorientadas acerca de la dirección en que debían ir para detener a un tipo.

--Me he hecho un lío... Mañana venimos.
--¿Mañana? ¿Y vamos a perder la noche?
Junto al farol ciego discutían...

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11 febrero 2019

Perlas periodísticas


O, más bien, tertulianas. Primera:

“... no solo pueril, sino infantil e inmaduro”

No lo habrían mejorado ni Hernández y Fernández, los de Tintín. Segunda, en la misma tertulia, y tal vez de la misma persona:

“...los egos personales...”

Ya se ve que existe el ego corporativo. No anda descaminado, no crean.

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09 febrero 2019

Curioso intertexto


Josemaría Escrivá, Camino, 818:

Las almas grandes tienen muy en cuenta las cosas pequeñas.

Robert Musil, El hombre sin atributos, 1ª parte, capítulo 88:

...las almas grandes, para las que no existen cosas pequeñas...

Y un ejemplo de cómo dos frases pueden expresar lo mismo a pesar de que el significado sea literalmente opuesto.

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29 enero 2019

Me entero de que la universidad que tapa los cuadros de Colón


es nada menos que católica. Y que quien manda taparlos es su presidente, un cura. Un cura heredero de los que mandaron al Braghettone poner calzoncillos a las figuras de la Sixtina, supongo. Un cura que no puede liberarse de unos genes censores hoy muy mal vistos según y para qué.


"Son degradantes para el nativo americano", dice. Arrodillarse ante un crucifijo es degradante para este clérigo. Que me cuelguen si lo entiendo.

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16 enero 2019

Lenin en la calle


“Contra los cuerpos, la violencia; contra la almas, la mentira”. No sé si era este el tenor literal de la proclama leninista, pero sus discípulos de hoy lo practican con aplicación.

La mujer, los derechos de la mujer… La mujer les interesa lo justo, como muestra el hecho de que no levantan la voz contra los regímenes que realmente las someten, como los islámicos. Antes bien, los apoyan en la medida en que pueden contribuir a la desestabilización de las sociedades abiertas.

Les importan las mujeres como pretexto para hacer leyes que introducen la sospecha y el conflicto en la relación matrimonial y en la unidad familiar. Ese tipo de vínculos estorban a los totalitarios. Reforzarlos es el auténtico modo de promocionar a la mujer y afianzar sus derechos. No confío en que el nuevo gobierno andaluz lo entienda así. Pero, al menos, alguien ha abierto la primera brecha.



13 enero 2019

A propósito de Cinco sombras,


Vicente Aleixandre salió de nuevo de su exilio interior, je, para publicar en Ínsula un artículo, deliciosamente sexista, dedicado a Eulalia Galvarriato y a su novela. Lo podemos ver en este sitio, y con seguridad será lo mejor que se haya escrito sobre la novela en cuestión. La ternura y el tiempo como claves. Fue también muy bien recibida (como vemos en el mismo sitio) por la crítica más solvente. Ellos vieron lo que había que ver por encima de lo ñoño, que se me imponía a mí, habitante de estos tiempos bárbaros.



06 enero 2019

Cinco sombras


El viejo enseña el piso a los interesados; un piso vetusto, de apariencia casi gótica, en el sentido popular del término. Y los interesados en el piso acaban interesándose también en la larga historia que les cuenta el viejo, acerca de los antiguos habitantes del lugar. Cinco hermanas y un costurero de cinco lados. Cinco jóvenes virtuosas viviendo una vida más bien fantasmal, cuyas inquietudes, vagas esperanzas, aprensiones, son confesadas solo a medias al narrador, el amigo de su padre, que alegra sus vidas hasta el punto en que pueden, o quieren, ser alegradas. Las cinco se sostienen mutuamente, pero no carece cada cual de su propia personalidad, que se va revelando a medida que avanza el relato. Rompen la monotonía primero el matrimonio y luego la muerte, con tormentas que no afloran a la superficie y se diría son la causa de las dolencias que las van llevando, una a una, a la tumba.

Eulalia Galvarriato fue finalista del Nadal en 1947 con esta novela. La verdad es que se salva de la ñoñez por la calidad de la escritura y, concomitantemente, por lo que de la interioridad de estas jóvenes queda solo sugerido, como en una media luz. A veces piensas en una Casa de Bernarda Alba donde la madre es sustituida por un padre que no grita y donde las niñas tampoco levantan la voz, contenidas en un savoir faire y en un saber sentir, por así decirlo, en que el amor fraternal hace imposible toda tragedia, de modo que nos quedamos en un drama silencioso, cuajado de preguntas.


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