01 diciembre 2018

Opus nigrum


Este es un retrato de uno de esos hombres que dieron a la Edad Moderna su fisonomía: el hombre de ciencia que, ya embalado en su ánimo innovador, se pone a sacar conclusiones de tipo filosófico y teológico que le ponen en conflicto con la autoridad eclesiástica. En honor a su excelente reputación como escritora, Marguerite Yourcenar no nos pinta uno de esos cuadros con escépticos buenos, listos y guapos frente a creyentes malos, bobos y feos, es decir, no hace el Ken Follett. Zenón nos resulta simpático, es cierto, pero también, por ejemplo, el prior franciscano con quien sostiene algunos diálogos que dan a la obra su calidad de obra maestra. Eso sí, cae en el tópico de condenarlo a la hoguera, que, vaya, para un burro que maté me pusieron mataburros, porque, entre los posibles modelos de Zenón, solo encuentro a Giordano Bruno, por parte católica, que fuera objeto de tal salvajada (a Servet, por supuesto, le pongo en la cuenta que corresponde).

Por lo demás, estamos ante una novela histórica realmente modélica, por el cuadro vivísimo que nos ofrece de la Europa del XVI, con sus luchas políticas, sus controversias filosóficas y sus estilos de vida en los diversos estamentos sociales. Como broche de oro se hallan esos diálogos a los que me he referido, no solo el mantenido con el prior sino también, por ejemplo, el de Zenón con su hermanastro (“La conversación en Innsbruck”, capítulo noveno de la primera parte). Y qué decir de la narración, bien aderezada con el punto justo de ironía, que confirma que la amenidad nunca estuvo reñida con la alta literatura.

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24 noviembre 2018

La progresión de Aquitania


Al hablar de El cero y el infinito me referí a esas novelas que contaban conspiraciones fascistas en un mundo donde el comunismo era la mayor amenaza. En realidad no sé si hay muchas, pero una de ellas es esta de Robert Ludlum, con la que he pasado buenísimos ratos, a pesar de la ingenuidad de sus planteamientos. En efecto, se trata de una entente de militares prestigiosos de varios países que buscan la instauración de una especie de globalización fascista. Para neutralizarla, un solo hombre, un James Bond sobrevenido, al que recluta otra entente de buenos aprovechando que en Vietnam tuvo que soportar las tropelías del jefe de la trama, general George Marcus Delavane. Joel Converse se llama el galán, y es abogado. Tendrá que ir contra reloj, pues la trama, por nombre en clave Aquitania, progresa (de ahí el título) minuto a minuto. Ludlum maneja estupendamente los resortes de este tipo de relatos, y nos mueve por escenarios internacionales de alto copete, alternando diálogos tensos con acción galopante: la parte central es realmente agotadora, con un Converse tratando de abandonar Alemania entre enemigos invisibles que se materializan de repente y de los que se libra por pelos, como está mandado, mientras los buenos van muriendo y los malos nos muestran cada vez más su fea cara: un depravado francés, un fanático israelí, un criptonazi alemán y un torturador sudafricano que acabarán, por supuesto, recibiendo lo suyo gracias a las buenas artes del prota, un auténtico todoterreno. Que, por cierto, acaba rehaciendo su vida con su ex esposa, la gentil Valerie Charpentier, cosa que a los carcundas nos encanta.

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20 noviembre 2018

Otra de bibliotecas


En una de mi barrio montan una miniexposición sobre cómic medieval y, entre otros vistosos paneles, veo uno dedicado a Conan el Bárbaro, cuyas aventuras, como sabe cualquier aficionado, se desarrollan en el año la pera antes de Cristo.

Bien es cierto que, con los fondos que tienen, tampoco era cuestión de acotar mucho...



10 noviembre 2018

Busco "Chekas de Madrid",


de Tomás Borrás, en la Biblioteca de Castilla y León. Tres ejemplares, todos con la etiqueta “no prestable”.

Benditos poderes públicos, que nos preservan de las mentiras de los enemigos de la democracia...






07 noviembre 2018

Lo que el infierno no es


Federico conoce la labor educativa que está llevando a cabo don Pino, su profesor de religión, en el barrio marginal de Brancaccio, en Palermo; y un día decide que no irá a Inglaterra en verano, sino que se quedará en la ciudad para cooperar con el sacerdote. El “poeta” descubre que puede llenar la poesía de sustancia vital y que su ciudad, la “todo puerto”, que ha conocido demasiado infierno, es un buen escenario para ir haciendo sitio al cielo. Cosa que implica golpes de los de verdad, e incomodidades incluso con la propia familia. Don Pino llegará a su personal final feliz, y Federico se queda en el campo de batalla, donde ya ha empezado a recibir satisfacciones en forma de ilusiones infantiles y de almas que empiezan a comprender que hay un camino fuera de la senda marcada por los príncipes de aquel mundo.

Don Pino Puglisi existió realmente, y desde luego un tipo como él se merece una novela, una película, una estatua e incluso un poema épico. Alessandro d´Avenia, que le conoció personalmente y que tal vez se retrate en parte en Federico, le hace aquí su personal homenaje. Don Pino es, en efecto, el auténtico protagonista, y d´Avenia consigue meternos de lleno en el ambiente opresivo de un barrio dominado por la mafia, con niños y jóvenes abocados a la delincuencia y la prostitución. No menos palpable es la índole de la esperanza que anima a don Pino, un Cristo que pasó por allí para bien de muchos. Por eso se le pueden perdonar al autor los excesos líricos y los toques de melodrama, y ese colorante que es la historia de amor. Las frecuentes panorámicas del mar y del cielo palermitanos cumplen su función de evocar el bien, el amor, la gracia, aquello que “el infierno no es”.

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03 noviembre 2018

En rada


Resultado de imagen de huysmans en radaExtraña novela, dicho sea para empezar. Es de un naturalismo crudo (el tipo nos hace contemplar apareamientos y partos difíciles de reses) y al mismo tiempo te relata ensueños mágicos como si fuera Michael Ende. No es esta, al parecer, su producción más apreciada, pues en todas partes te mencionan a Huysmans ligado a Au rebours, que figura como monumento del decadentismo. Y es curioso que después de esa incursión decadente regrese al naturalismo. Bueno.

Podría decirse, volviendo el tópico al revés, que es un menosprecio de aldea (aunque no alabanza de corte), ya que los protagonistas se refugian, por necesidades económicas, en el campo, en el vetusto castillo que administra un tío de ella. Uno casi se ríe viendo su penosa adaptación a este medio casi salvaje, de la mano del tío Antonio y la tía Norina. Salvaje por el medio y por sus habitantes, toscos hasta decir basta. Jacques (Santiago, en la traducción que utilizo) tiene además que pechar con la enfermedad nerviosa de su mujer.

Lo que sorprende para bien es la maestría descriptiva de Huysmans, que no te da reposo intentando imaginar las galerías del castillo que se cae a pedazos, la masa viscosa del ternero que nace, la vegetación agobiante de agosto e incluso los paisajes lunares que sueña Jacques, con enumeraciones casi caóticas. Al final deben regresar a la ciudad y nos quedamos con los dos bestias de los tíos en un rasgo chusco de tosquedad pueblerina.


26 octubre 2018

Semillas


Interesante observación esta de Joseph Ratzinger:

Los Padres de la Iglesia no han encontrado las semillas del Verbo en las religiones del mundo, sino en la filosofía, es decir, en el proceso de la razón crítica frente a las religiones, en la historia progresiva de la razón, no en la historia de las religiones. Los Padres de la Iglesia vieron allí la prehistoria auténtica del cristianismo, allí donde el hombre ha suministrado costumbres y tradiciones para el Logos, es decir, para la comprensión del mundo y de lo divino a partir de la potencia de la razón. En este sentido, ellos no han añadido primariamente el cristianismo al ámbito de la religión, porque no lo consideraban como una de las religiones, sino que lo han agregado al proceso concluyente de la razón.

En Caminos de Jesucristo, Ediciones Cristiandad, segunda edición, pp. 71-72