22 abril 2018

La humildad es la verdad


Mira, Mattie, hace poco he descubierto algo. He tardado mucho tiempo en comprenderlo..., años. Es esto: Dios ha concedido fuerza e inteligencia a algunos. En cierto sentido, son los afortunados. La mayoría, en cambio, son necios, timoratos o eluden los problemas. Siempre acuden a los fuertes para descargar en ellos sus pesadumbres. He llegado a la conclusión de que debo de ser uno de los afortunados que pueden soportarlo casi todo. Es el precio que tengo que pagar por lo que Dios me ha dado... Y me ha dado mucho. No lo olvides... No importa lo que me haya sucedido en la vida. Si las personas como yo huyen, eluden su responsabilidad, y si eluden su responsabilidad les ocurre algo..., algo malo y destructivo. La fuerza las abandona. Si persisten en esa actitud, se destruyen a sí mismas porque hay una ley divina o natural que así lo establece. ¿No te das cuenta de que si huyera ahora... no habría descanso para mí? Sería desdichada siempre, porque pensaría en aquello de lo que había huido y me preocuparía lo que pudiera sucederles a Janie, a Jack, a la señora Stilham e incluso al señor Amory. Janie y Jack son demasiado jóvenes para saber cómo actuar si su padre fuera a la cárcel, y ni él ni la señora Stilham son lo bastante inteligentes para saber qué deben hacer. Ellos no tienen la culpa; Dios o la naturaleza no han sido generosos con ellos. Aunque yo no les diga lo que tienen que hacer, acudirán a mi como han hecho siempre ellos y otros muchos en cuanto se encuentran en un apuro. Porque hay una especie de ley que lo manda. No podemos hacer nada al respecto.

Susie Parkington, en Louis Bromfield, La señora Parkington, capítulo 9.



19 abril 2018

Huida

Buen documento en Radio Nacional sobre Zenobia Camprubí, mujer que debería estar ya en los altares.

En el Madrid rojo del 36 la vida de Juan Ramón estuvo en un hilo, una vez, una porque le confundieron con un fascista y siempre porque se le notaba su condición de señorito. Zenobia decidió que tenían que largarse. Dice una entrevistada, no recuerdo si de los herederos del poeta: “Yo no lo llamaría huida...”

Llamémoslo “discreta retirada”, pues.



14 abril 2018

El hombre eterno


El hombre eterno es un ensayo polémico, como es habitual en Chesterton, pero va mucho más allá. Sucede como en los viejos tratados de apologética, el de san Ireneo o el de Orígenes, que, concebidos como defensa de la fe frente a herejes o paganos, acaban siendo obras de referencia en la teología. La idea de Chesterton es tratar de mirar el cristianismo desde fuera para juzgarlo sin prejuicios, que es precisamente la actitud que no encuentra en los críticos de la fe. En estos suele advertirse una animosidad que están lejos de mostrar contra las religiones o las filosofías precristianas o ajenas a nuestro entorno. Si realmente el cristianismo no interpelase a su conciencia, su actitud debería ser muy otra. Por eso al autor, en la introducción, ruega “a dichos críticos que intenten hacer tanta justicia a los santos cristianos como si se tratara de sabios paganos”. De hecho, al él le “daría vergüenza decir acerca del lama del Tíbet estupideces tales como las que ellos dicen acerca del Papa, o tener tan poca comprensión con Juliano el Apóstata como la que ellos tienen con la Iglesia de Cristo”.

Sus dos partes configuran un tratado sobre el hombre viejo y el hombre nuevo, es decir, el hombre en su naturaleza y el hombre regenerado y elevado por Cristo. Lo que no es decir poco. De hecho, es decir todo un tratado de antropología, filosófica y teológica, sobre el que habrá que volver muchas veces. Pero es su perspectiva de polémica con el escepticismo moderno lo que le confiere su singularidad frente a las obras de teólogos contemporáneos. Ese tono polémico que le permite decir, por ejemplo, que “tras la llegada del cristianismo ningún pagano de nuestra civilización ha sido  capaz de ser realmente humano”, porque tras la era de gracia no hay vuelta atrás posible.

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12 abril 2018

Encarnación

Que hoy bajó Dios a la tierra,
es cierto, pero más cierto
es que, bajando a María,
bajó Dios a mejor cielo.

Sor Juana Inés de la Cruz, citado por Rosa Chacel en “Sor Juana Inés, poeta de la circunstancia”, recogido en Rebañaduras, selección de Moisés Mori.

(Habría sido estupendo ponerlo el lunes, que celebrábamos la Anunciación, pero topé con ello ayer.)



10 abril 2018

Oigo una tertulia de radio sobre Leni Riefenstahl.

El que lleva la voz cantante se deshace en elogios de su labor artística, de gran innovadora del lenguaje cinematográfico, con independencia de que hubiese servido a una causa como la del nacionalsocialismo.

Pero en la tertulia estaba Tartufo.

--Yo me admiro de esa capacidad de abstracción que tienes. Yo soy incapaz de tomar esas distancias, etc. etc.

Sí, están en todas partes. Aparentar virtud es para ellos una segunda piel. Pueden contar con que nunca serán reprobados porque les falta tiempo para afirmar su sintonía con lo que en cada tiempo se considera correcto, decente, democrático. Te harán quedar mal si pueden. Ojo. 



07 abril 2018

Igualdad


Veo en el periódico una imagen de la exposición “Vive la moto”, en el IFEMA. Cuento unos cincuenta hombres y unas seis mujeres, dos de ellas (probablemente de la organización) postureando en uno de los vehículos.

Va a ser que las entradas eran mucho más caras para ellas.

Evidentemente, aún queda mucho trecho por recorrer en el camino hacia la igualdad real.



05 abril 2018

El drama del humanismo ateo


Encuentro 2008, tercera edición. Esta es la que no deben coger si quieren leer este clásico de Henri de Lubac, a pesar de lo bonito de la cubierta. Lleno no solo de erratas, sino de fallos de puntuación, de tal modo que la mayor parte de las veces no sabes dónde acaba una cita y empieza a hablar de nuevo Lubac. Te deja además en francés ciertos títulos que leemos en español desde hace siglos, como Les frères Karamazov o Ainsi parlait Zarathoustra, entre otras lindezas. Si añadimos el tamaño enano de la letra, da gusto, ya digo.

Por lo demás, muy interesante, claro, aunque yo hubiera preferido que abultara menos la parte dedicada a Comte. Es la segunda, y abarca unas noventa páginas. La primera se dedica a Feuerbach, Nietzsche y Kierkegaard, y la tercera a Dostoievski. El “drama del humanismo ateo” es, básicamente, que precipitara al ser humano de nuevo en la incertidumbre y la nada, después de que el cristianismo le había dado una esperanza:

¡Se acabó el ciego destino! ¡Se acabó el fatum! El Dios trascendente, Dios amigo de los hombres, revelado en Jesús, abría a todos un camino que no se cerraría jamás. De ahí ese sentimiento de intensa alegría y de novedad radiante que se extiende por todos los primeros escritos cristianos. [...]

Pero si seguimos el curso de los siglos para llegar hasta los “tiempos modernos”, haremos un descubrimiento extraño. He ahí que ahora esta idea cristiana del hombre, que había sido recibida como una liberación, comienza a sentirse como un yugo. He ahí que este mismo Dios, en el que el hombre había aprendido a ver el sello de su propia grandeza, comienza a aparecérsele como un antagonista, como el adversario de su dignidad.


La parte dedicada a Dostoievski hila fino, tanto que recuerda a Moeller y sus famosos tomos. Sería muy conveniente releerse sus novelas antes de abordar esta parte, pero a ver quién es el majo.

Valioso también el prólogo de Valentí Puig, que, por cierto, aparece antes del índice, para redondear un fino trabajo de edición.

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