08 febrero 2010

El hombre delgado


Volver a Dashiell Hammett siempre es una delicia, incluso aunque desconectes del juego policíaco y te limites a disfrutar de los diálogos de esa narración rebosante de ironía. Tampoco importa, en este caso, que hubiera visto hace tiempo la película, porque William Powell no da ni de lejos el tipo de Nick Charles, no porque actúe mal, sino porque le han dado otro papel. Además, maldito lo que recordaba del argumento.

Aquí el duro está felizmente casado, lo que introduce una novedad en este género de personajes. Tal vez el hecho de que ya no se dedique profesionalmente a la investigación tenga que ver con el hecho de que la señora le aguante; pero también es verdad que se trata de una esposa encantadora y que una cosa como los celos parece quedarles a ambos a años luz de distancia. Ni siquiera el impenitente alcoholismo de Nick parece abrir la menor brecha de separación entre ambos; hay que decir que ella también sopla de lo lindo.

Por lo demás, es Hammett: si en los diálogos podría confundirse con Chandler, las descropciones no ofrecen la menor duda.

Nota redactada en abril del 2009

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05 febrero 2010

Víctor Alcázar


Víctor Mora, el creador del Capitán Trueno, ha piado mucho contra el régimen anterior con la misma lengua que antaño utilizó, aunque no hablando, para mostrarle sumisión. Siempre me hizo gracia el seudónimo que utilizaba para firmar sus historietas, Víctor Alcázar, testimonial donde los haya. Más sorpresa me causó aún descubrir que ese, Víctor Alcázar, era el nombre del protagonista de Camisa azul, hoy olvidada novela de Felipe Ximénez de Sandoval, que como puede imaginarse es una exaltación apasionada del falangismo.

A Fernando Vizcaíno Casas le gustaba referir a Franco esto que decía Tácito del emperador Vitelio: "fue ultrajado a su muerte con la misma bajeza con que había sido adulado en vida". Muy propio.

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04 febrero 2010

El héroe



Por lo visto, hay puntos en el espacio que, aun de pequeño tamaño, concentran en sí una gravedad inconcebible, agujeros negros creo que los llaman. Así son los opúsculos de Gracián. En sus cuarenta y cuatro páginas, el discurso sobre El héroe encierra tal intensidad de pensamiento que vale por uno de doscientas. Ya conocemos el laconismo típico del padre Baltasar. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Hay que pararse en cada frase y pensarla, es imposible leer de corrido, y aun así a veces hay que rendirse, porque el paso del tiempo y la sutileza conceptual del autor juegan en contra del lector moderno.

Por lo que respecta al fondo, yo lo recomendaría sin dudar para la educación: Gracián en las escuelas. Más falta que el comer, hace. Es un auténtico compendio de virtudes humanas. Sólo un reproche que hacerle en este aspecto, y es la importancia que concede a la desconfianza, casi a la simulación. Se echa de menos un elogio de la sinceridad, de la llaneza. Por lo demás, si alguien pensaba que el Capitán Trueno, Tintín, el Guerrero del Antifaz (¡Alix!), eran sueños infantiles, quimeras del pasado, aquí los encontrará teorizados, hechos asequibles. Hemos pasado demasiado tiempo lamiéndonos las miserias, me parece.


Nota redactada en noviembre de 1998


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03 febrero 2010

Estupidez de la semana


O del año, y no arriesgo mucho porque llevamos un mes. Estupidez del año, y a gran distancia de todas las demás, incluidas las que pueda haber proferido el jefe del ejecutivo de nochevieja para acá, y aquí sí que estoy apostando fuerte.

Dice Martín Prieto* que el aniversario de la liberación de Auschwitz sirve para no olvidar un momento de la historia en que "una parte de Europa retornó al medievo".

Como desagravio a la inteligencia, puede releerse esta cita.


*Oído en la radio, en una de esas secciones en que te resumen las columnas del día.


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02 febrero 2010

Hay un truco muy socorrido

para presumir de experto en literatura, y en concreto en ese autor del que se habla por el motivo que sea (muerte, premio, aniversario). La pega es que sólo se puede utilizar cuando el autor de marras tiene una obra muy popular y más conocida que las demás.

El truco, por supuesto, consiste en decir que esa obra que todos conocen no es la mejor de su autor.

Sucedió el otro día en una tertulia radiofónica sobre Salinger (q. e. p. d.). Era cuestión de tiempo que alguien dijera que El guardián entre el centeno no le parecía su mejor obra, y, en efecto, uno cayó en la tentación. Tentación un poco vulgar, porque el truco empieza a estar un poco visto. Pero se perdona porque ya es de agradecer una tertulia literaria en la radio a las seis de la tarde. Y a lo mejor el tío era sincero y todo.

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01 febrero 2010

Democracia:

El nombre que se da a las buenas intenciones que a los gobernantes les gustaría hacernos creer que poseen.

John Dunn, La agonía del pensamiento político occidental.

Hay que fastidiarse, qué bien dicen los demás lo que yo pienso.

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29 enero 2010

La lengua oculta


Si no está completa, poco le faltaba ya. Bien es cierto que se nos anuncia de modo explícito una laguna en el manuscrito y que no vemos (yo, al menos, no lo he localizado) el momento, o las páginas, en que Arieca pasa de la adolescencia a la vejez. Pero puede leerse con la satisfacción de una obra completa. Es el testamento literario de William Golding y ya desde el principio se advierte la garra del genio, esa agradable comezón que te lleva a querer saber más y más de esos personajes, a medida que estos te van haciendo revelaciones. En este caso es la protagonista quien se nos revela a sí misma, con el talento suficiente como para hacernos cómplices de su drama, ya desde la primera página: Arieca, la "cara de bárbara", la niña fea a quien el destino (¿los dioses?) convierte en portavoz del Oráculo de Delfos, el "centro de lmundo", vive, con más curiosidad que resignación, sin alegría pero tampoco amargura, para descubrir de modo paulatino que su tutor Iónides, sacerdote sin fe, ha hecho del oráculo un instrumento con fines políticos. Los dominadores romanos, tan odiados, han contagiado su espíritu pragmático a este hombre desengañado, creación tan atractiva como la propia Arieca, y que presta renovado interés al tema de la caída de los viejos dioses y su sustitución por el Dios definitivo, con cuya alusión termina la novela.

Nota redactada en julio de 1999

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