19 julio 2017

"Novela paralítica"

Así llama Ortega* a En busca del tiempo perdido. Mola, ¿eh?


*Ideas sobre la novela, final del capítulo “Acción y contemplación”


12 julio 2017

Qué chasco, Blasco

Gonzalo Sobejano (Nietzsche en España, 1890-1970), caracteriza así Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez:

...descripción de la batalla del Marne, apología de los franceses (valientes, patriotas, liberales, espirituales, sensibles) y diatriba furibunda contra los alemanes (arrogantes, agresivos, vanagloriosos de su estéril “Kultur”, crueles, depredadores, borrachos y homosexuales).

Otro progresista que se me cae. Y otro libro para la hoguera del consenso LGBTIetc.

(Negrita mía)



07 julio 2017

Dos brindis bien distintos


Y yo buscando por todas partes la edición de Cartas del diablo a su sobrino que leí hace años, y poniendo en Google cartas diablo sobrino trieste carmen martín gaite. Pero no. No era la editorial Trieste ni Carmen Martín Gaite era la traductora. Esos datos corresponden a otro título de Lewis, Una pena observada. Gracias a Iberlibro descubro que la edición de marras era de Espasa-Calpe y su traductor Miguel Marías.

Y es este el que se lleva el mérito de haberme hecho disfrutar como un tonto con El diablo propone un brindis, el opúsculo de Lewis que iba de relleno y que describe en alta definición el espíritu de la Logse, mil años antes de que la parieran los del PSOE. Fue como un buen baño tras una caminata bajo el sol o como conducir por una carretera llena de curvas y sin camiones. Cuando la editorial Rialp lo publicó en volumen aparte ya no era lo mismo, algo fallaba, no llegaba al corazón. Experiencia parecida a la que tuve con Antígona, al pasar de la traducción de Labor a otras: el meollo de la tragedia quedaba oscurecido, perdía toda su gracia, no podía recomendarlas a los muchachos. Lo que puede un traductor...

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05 julio 2017

La nueva ciencia de la política

Cada vez que leo a pensadores alemanes pienso que habitan otra galaxia, desde Jünger hasta los lingüistas. Otra galaxia intelectual desde donde las cosas se ven de modo diferente, alternativo diríamos hoy, y en términos que a los mediterráneos nos resultan totalmente ajenos. He tardado en comprender, por ejemplo, que cuando Eric Voegelin habla de símbolos se refiere sencillamente a conceptos, o así creo haberlo entendido, a no ser que sus símbolos tengan un alcance mayor que el mero concepto. También puede ser cosa de la traducción, no sé...

Y es curioso, porque parte de la obra se dedica a la diferencia y la interacción entre la idea que una sociedad se hace de sí misma y la que de ella dan los politólogos. Pero si la obra es famosa es por su teoría, que se hace visible a partir del capítulo IV, según la cual la modernidad europea está definida por el predominio del gnosticismo, siendo gnósticos tanto el Renacimiento como la Ilustración y las formas políticas derivadas de ella, liberalismo y socialismo. Y son gnósticos por haber tratado de redivinizar el mundo, es decir, situar lo divino aquí abajo, absolutizar lo terreno, podríamos decir. Pero, por eso mismo, lejos de ser realistas, dibujan un mapa ideal del mundo en el que se mueven (como los pensadores alemanes, je, pero de otro modo) y mueven a los demás. Así,

...las sociedades gnósticas y sus líderes reconocerán los peligros que amenazan su existencia cuando estos aparezcan, pero no se los abordará con acciones apropiadas en el mundo de la realidad. En lugar de ello, se les hará frente con operaciones mágicas en el mundo soñado, tales como la desaprobación, la condena moral, declaraciones de intención, resoluciones, apelaciones a la opinión de la humanidad, caracterización de los enemigos como agresores, proscripción de la guerra, propaganda a favor de la paz mundial y un gobierno mundial, etc. La corrupción intelectual y moral que se manifiesta en la incorporación de tales operaciones mágicas puede invadir a la sociedad con la atmósfera extraña y fantasmal de un manicomio, como lo experimentamos en la crisis occidental.

Suena, ¿eh?

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03 julio 2017

Vamos, vamos, Perich...

Curiosidad científica
El inventor del supositorio decidió permanecer el resto de su vida en el anonimato.

Vamos… Un progre afamado como tú, haciendo gracietas homófobas… Como salga la ley de Podemos, los ejemplares de Autopista que queden van a ir a la trituradora. Si levantaras la cabeza, tú que publicaste aquello cuando solo se podía hacer humor “dentro de lo que cabe” 



27 junio 2017

Encuentro en Misericordia, de Galdós,

la palabra fisno, con lo cual resulta más antiguo de lo que yo pensaba este adjetivo jocoso con que los meridionales califican el habla de los castellanos. Hablar fino, según ellos, es, por ejemplo, pronunciar todas las consonantes que se escriben, como las s final de sílaba, de ahí la ultracorrección chistosa hablar fisno.


23 junio 2017

Tres días de julio

Luis Romero es famoso por La noria, novela de protagonista colectivo al estilo de La colmena de Cela.  Pero creo que lo mejor que pudo hacer con semejante esquema era aplicarlo a algo nuevo, como hizo efectivamente en Tres días de julio: algo nuevo, en este caso un reportaje novelado. Fenomenal reportaje, que podríamos calificar de “novela de no ficción”, como esa que dicen que inventó Truman Capote y cultivaron con éxito los del Nuevo periodismo norteamericano, Tom Wolfe y demás.

Los tres días son, por supuesto, los del inicio de la guerra española: 18, 19 y 20. Seiscientas páginas narradas en tiempo presente (como en La colmena) desde la conciencia de los personajes secundarios del drama, a veces ni siquiera secundarios sino comparsas que acabaron encontrando la muerte propia o de algún allegado en aquella tragedia. La mayor parte con sus nombres, otros con nombre cambiado. De su encuentro personal con ellos o con quienes los conocieron nos da cumplida cuenta el autor al principio y al final del libro.

Aquí no hay apología de nada, salvo de la humanidad, ni alegato contra nada, salvo contra una carnicería salvaje cuya repetición hay que evitar “a cualquier precio”, porque “cuando la máquina de matar se pone en marcha, es difícil detenerla”. Lo dice alguien que participó en aquella guerra y en la División Azul, seguro de actuar de buena fe, como todos (casi todos) los personajes que aquí aparecen, cuyas razones se nos muestran con sencillez y sin caricatura. Romero, uno de esos raros especímenes que (por lo que deduzco) ni mantuvieron contra viento y marea sus ardores juveniles ni renegaron cínicamente de ellos cuando no eran cool, se pone en el corazón de la gente de izquierdas y de derechas con toda naturalidad. El resultado quizá no tenga la sugestión de Oh, Jerusalén y puede pecar a veces de repetitivo, pero las escenas del asalto al Cuartel de la Montaña, en Madrid, al final de la obra, compensan lo que nos puedan impacientar otros pasajes.


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