08 enero 2023

Antropología. Del Concilio Vaticano II a Juan Pablo II

La claridad es la cortesía del filósofo, decía Ortega. Debo agradecerle, ciertamente, a Juan Luis Lorda su estilo siempre claro, porque la materia se puede prestar a lo abstruso. Antropología del CV II y de JP II. Como lo claro no quita lo riguroso, Lorda empieza por los antecedentes: tendencias y autores que constituyeron el caldo de cultivo intelectual del Concilio por antonomasia. Autores franceses, sobre todo, en lo que se refiere a la Teología (Lubac, Congar, Maritain) y alemanes o centroeuropeos en lo filosófico (Buber, la fenomenología, Kierkegaard). Ya metidos en el Concilio, explica Lorda que se trató de dialogar con el mundo moderno sin comprometerse en lo opinable ni ceder en lo inamovible de la doctrina. Por eso, la Gaudium et spes, quizá el documento más conocido y representativo de los que emanaron los padres conciliares, se propuso en una primera parte afirmar lo doctrinal y en una segunda arriesgar, por así decirlo, posiciones en materias más sujetas a discusión. En todo caso, en esta, como en Dignitatis humanae, se trató de dejar claro el compromiso de la Iglesia con el ser humano, por la vía de mostrarle a Cristo como cabeza y modelo.

Al pasar a Juan Pablo II, Lorda no deja de observar que decir Juan Pablo II es, en gran parte, decir Concilio y viceversa. Nos muestra la amplia participación del cardenal polaco en los documentos que hemos señalado, y cómo tanto su pontificado como su pensamiento tomaron pie de la afirmación lapidaria de Gaudium…: “Cristo revela al hombre al propio hombre”. Repasa la filosofía personalista del papa, según la cual la persona se define por su capacidad (y necesidad) de relacionarse, lo cual la asemeja (“a Su imagen y semejanza” fue creado el hombre) a la Trinidad. Y hace ver cómo su personalismo da paso con facilidad a su doctrina social, según la cual el capital está subordinado al trabajo, por ser este, el trabajo, una dimensión fundamental de la persona, de la que carece el mundo animal.

__